La luz se apaga eternamente

Entro como cualquier otra persona que se aparecía allí para visitar a algún huésped de ese hospital, lo cual no era del todo falso, una de las últimas visitas que recibiría. Pero claro, no podía dejar su nombre escrito en los registros de visita, tampoco que le vieran. El lugar era enorme, de los mejores hospitales de la ciudad, esa persona recibía el mejor tratamiento posible a costa del sufrimiento de otras.

Bueno, pero su estancia allí pronto llegaría a su final, saldría de ese lugar con un ligero cambio de temperatura corporal.

No podía cuidarse de cada mirada curiosa hasta llegar al tercer piso de aquel edificio, habría que pasarse primero por los "fusibles" de ese lugar. Su calzado no hacía el más mínimo ruido al caminar, andaba con el sigilo de un felino a la caza, sus pupilas dilatadas tomando conciencia de cada detalle y rostro en ese lugar. No fue mucho problema llegar donde los interruptores, sólo fue necesario mancharse las manos con asquerosa sangre de un viejo conserje, como odiaba mancharse de sangre prefería ahogar a sus objetivos, pero no había remedio.

Bajó todas las palancas e inmediatamente el generador de emergencia comenzó a trabajar, le dio una ojeada rápida y desconecto un par de válvulas, escucho algo de ruido y jaleo, mujeres gritando por la falta de luz, enfermeras llamando a gritos a los doctores; con algo de suerte ese pequeño apagón cumpliría su cometido, pero lo confirmaría de todas formas, no dejaría eso al azar. Aseguró la puerta con seguro y coloco una silla, para que tardaran en entrar al lugar, antes de meterse por el conducto de ventilación.

Las habitaciones del tercer piso estaban en completa tranquilidad, no se escuchaban los sonidos de los corazones hechos un frio pitido, quienes necesitaban de una máquina para seguir como huéspedes se iban antes de tiempo.

Omuro Makoto, un hombre con su cabello cano, padre de tres hijos y abuelo de siete pequeños que lo visitaban cada fin de semana, despertó aterrado de no poder respirar, manoteaba en el aire y oprimía afanosamente el botón tratando de llamar a la enfermera pidiendo auxilio, sentía como sus pulmones se contraían y secaban dentro de su pecho, volviéndose hojas marchitas. Escucho con un alivio desbordante como la cortina que le daba un poco de privacidad de los otros huéspedes se corría un poco, una cabellera rosa se asomaba en la oscuridad, su cara azul con la desesperación en el rostro le gritaba que lo ayudara, alargo una mano en señal de auxilio a quien se asomaba dentro.

— ¡Oh! Lo siento, Isuke se equivocó de cortina~3—dijo la adolecente brindándole una dulce sonrisa, el hombre estaba muriendo asfixiado manoteando el aire tan lejos de su alcance y la chica se despedida moviendo la mano antes de irse y cerrar las cortinas—entonces…si no es esta, la que Isuke busca debe ser…—abrió la que le seguía encontrado a una mujer dormida en una cama de un pulcro y puro blanco—Esta.

Entró cerrando con dedicación la cortina para ahorrarse miradas curiosas.

La suerte no estaba de su lado, la mujer no necesitaba de ninguna máquina para respirar, sólo usaba una mascarilla de oxígeno. La chica tenía una mirada seria mientras observaba a la mujer acostada en un tranquilo mundo donde lo único de lo que necesitaba preocuparse era de mejorar, algo difícil de hacer luego que su primogénita le comunicara con lágrimas y desespero que su angelito, la pequeña Mei, había sido arrebatada de su lado por algún monstruo en un callejón cerca de casa. La mujer casi muere al enterarse…casi, un casi no le servía a Isuke.

—O al menos es lo que Haruki siempre le repite…que debe descansara…—tomó una de las almohadas y con su navaja corto las ligas que mantenían asegurada la mascarilla, la cual aparto con un simple movimiento de muñeca y cuchilla—pero Isuke opina que no es justo que su única preocupación sea sanar…mientras su hija le sigue las huellas hasta la cama del hospital…—puso cuidadosa y dulcemente la almohada sobre esa cara que desde hacía mucho conocía, que tantas sonrisas maternales le había brindado llenando su corazón de cariño, comenzó a apretar por un tiempo indeterminado, pensaba de manera lenta en lo que hacía casi sumida en un trance, mataba a la madre de su novia…no, no lo hacía, no era un asesinato, Isuke no lo podía considerar como tal, aquello se llamaba eutanasia.

Sintió un pequeño movimiento, esperó a la lucha de quien no quiere irse aún de este mundo, pero sólo hubo un pequeño espasmo y después…nada, se había ido, aun cuando no percibía movimiento no aflojo la presión que ejercía.

—Entiende que es por su hija…alguien debe cuidarla…incluso de usted y sus hermanos—dijo por último, acomodo un mecho de cabello café oscuro, la mujer parecía dormida. Le saco la funda a la almohada y la dejo en la cama del viejo que ya no se movía, doblo la funda y la escondió en uno de sus bolsillos—Isuke le agradece que no diera pelea…—dio una inclinación al cuerpo de la madre de la chica a la que amaba—no debe preocuparse, ahora yo cuidare de Haruki—dijo en despedida antes de salir. En la calle, a sus espaldas, el hospital volvía a encender sus luces…quizás tuvieran unos cuantos huéspedes menos…pero nadie sospecharía que fue Isuke quien hizo que uno de ellos se fuera antes de tiempo.

Dos horas después Haruki llamó a su celular, Isuke tomaba un baño cuando escucho el tono de celular de Haruki. Descolgó escuchando al principio un silencio sepulcral.

—Isuke-sama… ¿puedes venir?—su voz se escuchaba muy seria, un escalofrío de miedo por ser descubierta le hizo temblar pese al agua caliente. Pero a ella jamás la descubrirían. Haruki jamás se enteraría de lo que hizo…no debía hacerlo nunca.

DD: Y con esto arrancamos definitivamente, el pequeño está creciendo sano y fuerte, eso es para celebrar pero…en lo personal nos preocupa los pocos comentarios que recibe, ¿no les gusta la idea?

Alex: es lo que se teme, en el pensamiento de la señorita podrían estar en disgusto con la idea. Pero no podemos saberlo más por sus comentarios. No hay mucho de mí en esta ocasión, pero los incito a que den su opinión, nos vemos pronto.