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Observo atentamente el gran ventanal y el cristal limpio. Brisas de nieve empapan los bordes.

Una figura de negro se apareció de pronto por la ventana. Kurama quito el seguro congelado y permitió que el intruso ingresara. Su cabellera y ropa cargaban copos de nieve y humedad, pero su dueño no parecía afectado. Alzo una mano y se atrevió a pasarla por encima de los cabellos oscuros, quitando la mayor parte de nieve. Bajo un poco más de las puntas y rozo su oreja derecha. Deslizo sus dedos hacia las mejillas pálidas y sorpresivamente calientes, para consecutivamente cubrir ambos pómulos con sus manos. Se inclinó hacia ese rostro inexpresivo y acerco sus labios a los ajenos.

Kurama parpadeo repetidamente y su mente sintió otra migraña.

- Déjalo tranquilo- murmuro, molesto- ¡Ya basta!

- ¿Acaso es imaginación mía? Idiota, de serlo sería yo el que lo tuviera besando, mi cuerpo encima del de ese pequeño adonis- Youko se quejó- Esa es tu imaginación, tu mente también fantasea, "humano decente"- enfatizo con sarcasmo.

Kurama se froto la cabeza. Dolía.

- No es verdad.

- ¿Estas negando la belleza ante nosotros? Entiendo tus razones pero no me importan. Quiero probar ese deseo por mí mismo.

Kurama volteo bruscamente. El dolor de cabeza persistía pero Youko tenía su particular forma de despertarlo.

- ¡No te atrevas!

- ¿Lo quieres para ti?- Youko le entrego una de sus miradas descaradas y maliciosas que gustaba usar cuando su otro yo caía en su trampa.

- No será de ninguno. Ni se te ocurra aparecer ante él. Te sellare si le haces algo.

Youko se calló y el silencio inundo la habitación. Miro a Kurama con desprecio.

- ¿Y si tú lo haces?- Kurama se sorprendió- Cuando lo hagas yo terminare el trabajo- Empezó a desaparecer con una sonrisa nueva en los labios- Tú no eres lo suficientemente hombre para hacerlo, mírate, solo conteniéndote...Cuando te atrevas, déjame a mí el resto.

- ¡Youko, tu...!

El ladrón desapareció por completo de su visión pero todavía podía oírlo en su mente.

- Duérmete- gruño, golpeando la pared.

Comenzaba a perder el control. Estaba en las altas montañas por una razón y esa era una misión. Debía encontrar la calma pronto, dormir a Youko y acabar con todo de una vez.

- ¡Cállate, Youko, ya basta!

Y alejarse de ese demonio al que su otro yo hacía lista de todo lo que quería hacerle.

Necesitando distraerse, salió de la habitación y paseo por toda la posada. En su camino, encontró a Hakudo tratando de abrir una compuerta del piso. Prefirió ignorarlo, imaginando lo que estaría tramando a tales horas de la noche y con tanto ahínco.

Sus pies lo llevaron a la cocina. Encendió las luces y vio el orden pulcro del lugar. El sirviente era hábil con la limpieza. Pensó en que hacer, tal vez buscar que cocinar para la mañana, pues no tenía interés en dormirse o descansar. Pensando en olvidar esos impuros pensamientos de su yo demoníaco, no intuyo cuando alguien se colo por la ventana de la cocina. Para Hiei, quien había sido un criminal muy escurridizo en el pasado, no le era problemático violar las cerraduras o cualquier tipo de intento de seguridad hecha por humanos.

A su aparición, Kurama no disimulo su asombro.

- Vaya, ¿Qué haces por aquí?- Tratando que no se evidenciara la incomodidad que su presencia le producía, busco que decir para sonar oportuno- ¿Has encontrado algo de la bestia?

Su mirada evasiva y un gesto de descontento le respondieron.

- Esta bien, no es problema. Todos iremos al pueblo mañana.

- Lo revise. No hay nada.

El pelirrojo cavilo unos segundos.

- Pero Koenma nos dijo que estaba aquí. No pudo escapar por esta área tan rápido, menos sin que nosotros lo advirtiéramos.

- ¿Que encontraste tú?- le reto Hiei a contestarle. Detestaba cuando las cosas se atrasaban y le fastidiaban a ese punto. Le frustraba, pero más aún le intrigaba saber porque su Jagan no podía encontrar a una bestia demoníaca en la nieve, cuando podía hasta distinguir el plumaje de una paloma en esa zona gélida gracias a su Ojo.

- Yo no encontré nada.

- Pues no reclames.

Entendió su enfado y le pareció gracioso. Se contuvo una sonrisa de gracia mientras lo veía pasearse por la cocina, ligeramente curioso.

- ¿Y esos holgazanes están descansando de no hacer nada?

- Para algunos, el estar en la nieve y a sus temperaturas es como un ejercicio- le explico, entregándole una sonrisa- ¿Puedes estar en ellas mucho tiempo? ¿No te estas excediendo?

- Puedo estar cuanto quiera- Fue su burda respuesta.

Kurama deseo decirle algo más, pero callo.

- ¿Qué haces tú? ¿Espiando por los rincones como el pervertido?

- No, para nada. Es que...La nieve es invierno. El invierno no suele tratarme bien- confeso, casi en un susurro, cabizbajo.

Hiei no lo entendió. A veces aquel híbrido, humano y kitsune, se le hacía misterioso y extraño, a la vez que le era tan insoportable como los ningen.

- ¿Has comido algo?

-...Unos pájaros hace rato.

- Siéntate- Señalo una silla frente de la mesada- Preparare algo, necesito distraerme.

- ¿Acaso tienes miedo de una bestia, kitsune?- provoco el demonio, un poco vacilante en tomar o no posesión de la silla indicada, viendo al pelirrojo tomar rápidamente autoridad de la cocina, buscando entre los cajones algunos elementos.

- No- respondió, encontrando un delantal de color lila. Se lo coloco, procurando no ver a Hiei más tiempo- No diría que es miedo, realmente...Quizás... ¿Ser prudente?...

El yokai de fuego lo miro con confusión, ya sentado en la silla.

Kurama opto por negar con la cabeza, esperando a que no le dijera palabra más para no hundirse en la tontería. Por fortuna, Hiei no era muy comunicativo y no hablo por el resto de la media hora. Ese silencio no era pesado, ni siquiera distante. Era un apacible y armonioso silencio que solo era interrumpido por los efectos de los instrumentos de la cocina que Kurama movía y usaba para preparar algún bocadillo sencillo.

Se atrevió a mirarlo y su fascinación aumento hacia los ojos rojos del menor, que brillaban intensamente. De inmediato desvió la vista, temiendo ser descubierto. La sensación de vacío regreso. ¿Porque sucedía cuando Hiei estaba cerca?

El Maestro del Jagan recibió un plato típicamente japonés de vapores exquisitos.

- ¿Y esto?

- Come.

Curiosamente, Hiei accedió sin miramientos ni una mueca siquiera. No queriendo volver a perderse en la contemplación de su persona, Kurama se apresuró en ir al lavador y limpiar los utensilios utilizados, que al ser pocos solo tardo un minuto y los guardo donde sabía que era el lugar correcto, a excepción de cierto empleado que debía creer que era un sitio para guardar sus tesoros de contenido erótico. Cogió lo que suponía que era una revista de cocina y se revelo ante sus ojos como la revista más obscena que había visto (aunque, que recordase, no había visto ninguna hasta ahora) con la portada de una mujer desnuda, ligeramente agachada a una silla y de sonrisa impúdica. El botones era coleccionista de pornografía.

- Espero que no las guarde todas aquí.

Negando con la cabeza, guardo la indecente publicación en uno de los cajones de abajo. Pese a que Hakudo fuera el encargado de la cocina, muy probablemente se encontraría su colección si a las muchachas se les ocurría hacerse de cocineras. Mejor no imaginar el resultado.

Se fijó en Hiei de nuevo. Tuvo la sensación que ya lo había visto antes, vivido la misma escena, y que lo siguiente que diría seria...

- Le falta sal.

Dio un paso atrás, tocando la mesada con sus manos. Sus ojos se ampliaron. ¿Eso fue una adivinación, una coincidencia o producto de la imaginación que Youko le implantaba a su realidad?

- Ss...Te lo paso.

Encontró rápido la salera y se la acerco. Tampoco se sorprendió de las cinco agitadas que Hiei imponía sobre su plato al que, recordaba, había puesto la sal justa.

- Debe gustarte la comida de condimentos fuertes...

- Tu comida ningen apenas se siente. Es como comer arena y el alcohol se siente a agua.

El kitsune lo miro por unos segundos. Hiei chasqueo la lengua.

- ¿Eres realmente el ladrón legendario? Si no fuera por eso, por el yoki que hay en ti, serias otro ningen.

- Soy Youko pero también Shuichi, entiendo tu confusión. Somos una fusión de almas un poco extravagante...

- Es lo mismo.

Kurama parpadeo, confundido.

- Hiei, ¿Podrías explicarme a que te refieres?

- Que ambos son patéticos. Seas el humano o el ladrón, por quedarse aquí han demostrado que fueron derrotados por esta especie hipócrita y contradictoria.

- ¿El mundo humano es tan despreciable para ti?

El demonio de fuego se cruzó de brazos y lo miro de manera fulminadora pero Kurama no se intimido, había tenido mucha experiencia en sostener miradas asesinas y de las más furiosas, por lo que no le era nuevo enfrentar otra. Y aun así, de alguna forma, sentía que ya había visto a Hiei así de molesto y que no era realmente nuevo ser perforado por sus ojos de color sangre.

- No pensé que alguien como tú, de tu clase, pudiese caer tan bajo.

El Maestro del Jagan estaba preparado por si acaso el pacifico muchacho lo atacaba en ese mismo momento. Nada paso por unos tensos segundos y Hiei se impaciento. Quería una reacción, necesitaba saber que tanto podía esconder o mostrar aquel sujeto, para así asegurarse de poder confiar en él, si llegaba el caso.

Kurama tomo asiento frente a él y su expresión tranquila, nula de intenciones violentas, sorprendió e irrito al demonio.

- Tienes razón.

- ¿Eh? ¿Confiesas que eres un frágil ningen sentimental como todos estos? ¿Qué prefieres la diplomacia antes que una batalla de verdad, no volver a ser alguien temible porque no es una virtud honorable? ¿Dejaste de sentirte vivo y por eso ahora eres la máscara de lo que supuestamente representas?

Kurama apoyo sus brazos sobre la mesada.

- No he cambiado, realmente. Este camino es el único que difiere con todo lo que he hecho antes. Este camino fue mi decisión, estoy bien con eso y sigo siendo yo mismo. Soy libre.

Hiei se habría reído de el, en cambio lo miro con burla y volvió a hablar, todo con intención de herirlo.

- ¿Libre? ¿Esconder tu yoki, fingir entre humanos, actuar como ellos y "sentir" como ellos te hace libre? Nadie te obligo a eso, idiota- le contradijo- Usas una máscara, incluso ahora.

- No, te lo explicare- dijo el pelirrojo en voz serena- Te aseguro que no pensaba ni estaba entre mis opciones acabar aquí. A mí no me gustaban los humanos, de encontrarlos los usaba para mi diversión y los olvidaba- admitió con un leve sonrojo, era Youko quien tenía que dar esa versión de la historia, aunque eso no significaba que no fuera su historia también- Jamás quise nada de ellos. En una persecución, en la que me encontraba demasiado debilitado para defenderme, logre huir... Youko se fusiono conmigo, no solo porque no tenía muchas oportunidades, era porque se estaba arriesgando, siendo arrogante en creer que se saldría con la suya, y adherirse a mi alma fue uno de sus pasos. Yo...No puedo opinar mucho, dado que no puedo deshacerlo ni el tampoco. Pero, con el tiempo, él ha reflexionado y yo también, dándonos cuenta que este camino fue el correcto, no solo por la trayectoria nueva o el desafío que corríamos, fue porque no nos arrepentimos de nada de lo sucedido...Es, simplemente, lo que nosotros pensamos. Estamos viviendo del modo correcto, aunque suene tonto diciéndolo un demonio.

Hiei le quedo mirando, dudando si creerle o no.

- Soy libre, Hiei, porque este camino, el Ningenkai, mi familia y lo que vino después, son parte de mí y de mis decisiones. Yo vote por esto. Está bien que digas que son tonterías pero cada libertad y cada decisión, por más egoísta que sea, tiene sus compromisos y consecuencias, ¿no crees eso?... ¿Tú eres libre?

- Por supuesto- respondió de inmediato- ¿Tu dignidad está en tus decisiones?

- No importa lo que digan o lo que hagan de mí, mi dignidad jamás se verá afectada por lo que la gente juzgue. No me ofendes, Hiei, solo me recuerdas el viejo dicho de que el amor propio es la opinión de todos* y yo, honestamente, no lo deseo porque me basto y estoy completamente seguro de lo que quiero.

Sonrió ligero al ver a Hiei reprimiéndose un bufido de indignación… le parecía adorable.

- A veces, los caminos que jamás pensamos cruzar son los caminos que necesitamos o…a los que pertenecemos.

- Definitivamente eres un ningen. Poético y estúpido.

- Hiei, creo que...

- ¡Ya voy, ya voy!... Ustedes dos, apresúrense si quieren irse- Se escuchó la conocida voz de Yusuke en la puerta de la cocina, que fue abierta abruptamente, portando una faz fastidiada y nada descansada.

- No grites, idiota, porque si ese loco despierta las chicas mostraran las uñas- le reprocho Kuwuabara, entrando a la cocina como su compañero, encontrándose con una inaudita escena.

Kurama y Hiei sentados frente al otro, como camaradas de años que hablan en secreto.

- ¿Que hacen ustedes aquí, a esta hora?- inquirió, sumamente curioso.

- Charlando- respondió el pelirrojo con naturalidad- ¿Qué ocurre?

- Las chicas están locas- informo Kuwuabara, tomando una silla a distancia de Hiei para sentarse como si la simple acción le fuera necesaria. Se sobo los ojos y Kurama dedujo que no había dormido bien, o que directamente no había dormido nada- Quieren que nos vayamos lo más temprano posible para quitarse a Hakudo de encima.

- Por lo que dijeron- agrego Yusuke, acercándose a la mesada y bostezando por el sueño- El vio a Botan en los baños por un tipo de pasadizo secreto. ¿Pueden creerlo?

- Si, me lo creo- contesto Kurama, recordando su caminata nocturna.

- De modo- Nuevo bostezo de Yusuke- Ahora Keiko tiene una escoba y creo que Botan puso una silla contra la puerta porque empezó a gritar que las llaves no funcionaban. El tal Hakudo las acosa.

- Tu pareces muy animado, Yusuke.

El detective se encogió de hombros.

- No me gusta tener a dos mujeres paranoicas y gritonas en el mismo lugar donde descanso, pero tiene sus partes buenas: jamás vi a Botan tan tensa y Keiko por primera vez no me culpa a mí de revisar sus cajones o de espiarla, ya sabes, cualquier cosa tonta por la que me de golpes, que ahora recibe Hakudo.

- Me sorprende que soporte las bofeteadas de Keiko- opino Kuwuabara, bastante interesado en ese asunto.

- Sí, es cierto, seguro que se acostumbró con muchas abofeteadas de otras "nenas"- Yusuke hizo una mueca de risa que tuvo que detener por otro bostezo en su boca.

- Oigan, ¿acaso huelen a...?- Los sentidos de Kuwuabara se estaban regulando y tardó para darse cuenta que había un platillo de exquisito aroma muy cerca del demonio de cabellos negros- ¿Robaste comida, enano?

- ¿Qué es?- Se metió Yusuke. Al ver el plato todavía con comida cogió una cuchara mientras Hiei y Kuwuabara intercambiaban miradas de desprecio. Con la cuchara llena de caldo se la llevo directamente la boca- Con la prisa no vamos a poder comer- Y probo la comida.

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- … ¿Yusuke?

El detective quedo petrificado unos segundos, con los ojos entreabiertos y sin soltar el utensilio entre sus labios. Cuando reacciono, tiro la cuchara a un lado y saco la lengua.

- ¡¿Qué te pasa, Urameshi?!

Con la lengua afuera, apenas pudo hablar hasta tomar un vaso de agua fría. Al beber todo el líquido, suspiro de alivio.

- ¿Qué fue lo que paso?- pregunto Kuwuabara preocupado, viendo a su compañero reponerse. Volvió la vista hacia Hiei- ¡¿Esa cosa era veneno, enano?!

- Pi...pica...- hablo al fin Yusuke, débilmente y entre dientes- Picante. ¡Eso estaba muy picante!

Kurama miro asombrado a Hiei;, este se encogió de hombros despreocupadamente. Kuwuabara se acercó al plato para oler los vapores poderosamente fuertes que desprendía.

- Urameshi, ¿de verdad estas así por una comida?

- Jamás en mi vida probé algo tan condimentado.

Kurama estaba desconcertado. Que el supiera, cocinaba a medida justa y calculando los condimentos fuertes, que apenas usaba. Pero… hacia algunos meses que se inclinaba por platillos extremos para paladares sensibles. Había tenido dudas sobre lo que había cocinado pero como Hiei no había mencionado nada al respecto pensó que lo había hecho bien esta vez. Hasta se había quejado de que le faltaba sal.

- Chicos, vayámonos ahora, antes que despierte- Apareció Botan, vestida a estilo polar, con Keiko siguiéndola detrás.

Definitivamente Hakudo era insoportable como para que aquellas dos reaccionaran de esa forma y se entregaran tan imprudentemente al peligro que albergaba una simple inspección al pueblo vecino.

- Si, si- murmuraron Yusuke y Kuwuabara de mala gana.

Antes de acompañarlos, Hiei se detuvo un instante y le dirigió una mirada enigmática a Kurama, que el capto como si sus ojos intentasen decirle algo en código debido a que de su boca no oiría nada semejante. Y sonrió. El demonio de fuego se sorprendió. ¿El entendió su gesto? ¿Cómo lo supo?


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Como era de esperar, un pueblo invernal era pura nieve blanca, abrigos por doquier y poca disposición de habitantes en la ruta. Sin embargo, la habilidad social de todos, especialmente de Kurama y Keiko, quienes no traían un aspecto sospechoso como los otros detectives y preguntaban muy discretamente, los hizo conocer algunos datos que, aunque comunes en un sitio como al que habían llegado, tenían su peso.

Se decía que hubieron apariciones de extraños personajes por la zona. En plural porque cada aldeano vio en distintos momentos a las presencias y los describían muy distinto, contradiciéndose entre ellos. Dado que era un pueblo en donde las supersticiones y los dichos urbanos estaban en vigencia, muchos tenían ideas absurdas de esas "apariciones" y dificultaban la investigación del equipo.

También, habían quejas sobre el principal panel solar de electricidad que poseían. Una poderosa, simple y fundamental fuente de energía eléctrica que daba abasto a los pueblerinos en el peor caso, dado que su mayoría estaba acostumbrada al frió gélido. Muchos decían que era cuidado pero la Naturaleza siempre lograba cubrirlo de nieve, imposibilitando sus funciones unas horas que resultaban esenciales para algún enfermo o necesitado de ese tipo de energía. Sin embargo, era cosa normal de suceder, así que el equipo no le presto mucha atención a excepción de Kuwuabara, cuyos presentimientos lo condujeron a investigar el recurso de los habitantes. Le tenía mala sensación. Nadie podía desmentir que Kuwuabara era el más intuitivo si de presencias malignas se tratase, ya que desde el principio se había destacado como un humano ultramente sensible a las entidades espirituales, especialmente de fantasmas. Yusuke confiaba en su instinto, aunque careciese de fundamento, porque el tener que observar el panel le parecía una pérdida de tiempo, más que para congelarse. Cuando Keiko tomo una de sus manos heladas sintió un calor dentro de si que cubría sus mejillas.

Botan se arrodillo y acerco el reloj especial de detective espiritual, un medidor de yoki, hacia la fuente de energía del pueblo para después negar con la cabeza.

- De todas formas, es incoherente- Opino Kurama- ¿Porque habría de aparecer la bestia aquí, especialmente en este sector, el centro del pueblo, donde cualquiera que pase pudiese verlo?

- Podría ser una bestia resistente al frió, ya sabes, aquí todos son unos pueblerinos supersticiosos pero hablarían si ven algo raro- dijo Yusuke.

- Si, podría pasar por aquí muy fácil, por ejemplo- agrego Kuwuabara, seguro en sus palabras.

- No sé, Kuwuabara, probablemente el frió esté afectando tus sentidos- intento decir Kurama, sin ofenderlo.

- No es así. Estoy diciendo la verdad, siento que algo paso por aquí. ¿En serio ese reloj no capto nada? Esa cosa debe estar congelada, porque yo tengo mis sentidos muy activos.

Yusuke medito unos instantes.

- Separémonos y busquemos.

- Oigan, parece que Hiei ya se nos adelanto- anuncio Botan, frotándose las manos enguantadas. Para cuando el equipo miro a su alrededor, el aludido no se encontraba junto a ellos.

- ¿No que nos venía siguiendo?- pregunto Yusuke, volteando hacia Kurama. Este no emitió respuesta y el líder suspiro- Da igual, seguro vendrá cuando empiece la acción.

- Urameshi- llamo Kuwuabara, con el rostro tenso, y no por el frió. Su tono alerto a sus compañeros- Siento una energía demoníaca acercarse. Pero, también...

- ¿También que?- apresuro Yusuke, sintiendo algo similar.

Kuwuabara miro el cielo atónito, entreabriendo los labios. Había otra energía, y era... ¿Podía ser?

- ¿Humanos?- Kurama capto lo mismo y giro sobre sí mismo, fijando su mirada hacia el norte- Es una mezcla. ¿Serán híbridos?

- No puede ser. ¿Masoku?- La faz de Yusuke se volcó en ansiedad- Diablos, si son Masoku aquí...

- No. Se siente...- Kuwuabara conocía el tipo de energía de Yusuke, por lo tanto, sabía que no eran Masoku, eran de otra raza, no eran demonios completos pero tampoco humanos.

¿Cuál era esa energía que sentía en el cielo?

- ¿Alguien viene para acá?- Quiso saber la peliazul, presa del pánico, viendo en que sitio poderse esconder por las dudas.

- Si, y son...dos.

- No, Urameshi- negó Kuwuabara, muy seguro- Son tres.

De súbito, oyeron el rugir de un lobo gris que emergió de la nieve, a apenas tres metros de distancia de ellos. Su tamaño podía compararse con el de un león adulto, con un agregado de dientes afilados. El más sensitivo del equipo noto que no era un animal cualquiera; su aura emanaba una energía espiritual abrumadora.

- Sera uno de los lobos guardianes de por aquí...- empezó a decir Botan, en un intento de engañarse a sí misma para apaciguar su propio miedo.

- No. Este no es un lobo ordinario- contradijo Kurama, viendo al animal…al que en sus costados se aparecieron dos individuos.

A la derecha del lobo gris, se ubicó un adolescente entre diecisiete o veinte, cabello gris corto con flequillos atractivos al frente. Llevaba botas, un pantalón simple y chaqueta negra bajo una camisa sin mangas. Su nariz era curvada, su piel casi morena y sus ojos negros. Traía una capa negra sobre sus hombros. Sus ojos sobre el equipo Urameshi destellaban un leve interés y hasta un indicio de locura.

Por su parte, a la izquierda, se presentaba una joven muy voluptuosa de cabellos rojos hasta la cintura. Como su compañero, iba vestida como si el invierno no le afectase y traía una capa muy similar. Los ojos de intenso marrón de ella examinaron a los integrantes del equipo de Yusuke con arrogancia.

- Nuevos demonios...- hablo el joven muchacho, volteándose hacia su compañera.

- No nos avisaron de esto pero será un buen ejercicio.

- ¿Que te ha dicho la Jefa sobre esperar el momento?

- ¡Oigan!- grito Yusuke, al ver que los ignoraban- ¿Quiénes diablos son ustedes?

- Somos la Fuerza de Hike- le contesto la pelirroja- Y ustedes son escoria.

- ¿Que dices? Ahora sí...

- Aguarda, Yusuke- lo detuvo Kurama, imponiendo un brazo en su camino- ¿Que buscan seres como ustedes en este lugar?

La mujer fue la primera en responder, parecía ser la más impulsiva y atrevida.

- Buscamos a una Bestia- El equipo Urameshi tomo la novedad con estupefacción- Ha estado escondiéndose en esta área, pero sabemos que está debilitado.

- Hablando de eso- interfirió el muchacho- Samuri, ¿no piensas que la Bestia podría tener hambre y por eso paso por este lugar?

- Uh- La chica que respondía al nombre Samuri pareció reflexionarlo unos momentos- Tienes razón. El rastro nos lleva hasta aquí pero por lo visto este pueblo persiste con su escasa electricidad todavía.

- Podemos usarlos como carnada. Se ven muy apetitosos- comento su compañero, contemplando al equipo.

- Urameshi, esto no me gusta- musito Kuwuabara, viendo temeroso al lobo, el cual gruñía recelosamente, tal como una mascota que esperaba la orden de ataque.

- Vienen por la Bestia, como nosotros, ¿Que está pasando aquí? ¡Oigan! ¿Porque buscan a esa Bestia?

- Eso no te incube- exclamo la mujer- Las Fuerzas de Hike dieron la orden y su mandato es absoluto. Sakuro y yo nos encargaremos de la Bestia, y ustedes pueden sernos de utilidad como su carnada.

Kuwuabara miro hacia a las chicas para que huyeran lo más pronto posible. Kurama examino con nueva mirada a los individuos de capa oscura y se acercó a Kuwuabara.

- No son demonios, pero tampoco humanos. Parecen híbridos.

- Ahora mismo no me importa qué tipo de seres sean, Kurama. Quieren tratarnos como pescado para el gato.

- Eso lo veremos- exclamo Yusuke, viendo intensamente a los nuevos personajes- Vamos a pelear.

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* "El amor propio es la opinión de todos", se refiere a cuando uno solo puede tener reconocimiento o una atención especial cuando la gente habla bien de esa persona. Es lo mismo que decir "porque todos hablan de él, todos creen saber quién es", porque la identidad de la gente, su "amor propio" empieza donde comienzan los rumores.

¡Drama y acción!

Muchas gracias por esperar, por los comentarios y por seguir la historia.

Nos leemos la próxima semana, Lugarth3.


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