- ¡Harry, ven aquí! - ¿Sí, Tío Siri?- Harry llega corriendo a donde su padrino está sentado en uno de los regios sillones de la sala de estar de la antigua mansión Black. - Ven aquí, quiero jugar- dice Sirius a su pequeño ahijado en una voz rasposa, que suena casi gastada, mientras admira las mejillas sonrojadas y el cabello revuelto de su ahijado, mientras este le da una mirada de anhelo a la puerta por donde había venido entrado. - Sí, Tío Siri- respondió Harry con la voz apagada mientras se dirigía lentamente a su padrino, con la cabeza gacha, mientras las lágrimas comenzaban a agruparse en sus ojos. El odiaba el juego que Tío Sirius prefiere cuando su voz suena así, él se sentía mal, se sentía estúpido y sobre todo se sentía terriblemente usado. Pero su padre había sido toda su vida muy claro con él, siempre obedece a Canuto como si fuese papá. - Buen muchacho- dijo Sirius con la voz ronca, mientras sentaba al dulce niño con las piernas extendidas en su regazo de modo que el pequeño culo perfecto quedara justo sobre su polla endurecida- Eres un buen chico Harry, ¿sabes eso?- le murmuro con los labios presionados en su frente, antes de deslizar su boca al pequeño botón rosa, lamiendo los finos labios antes de usar su lengua para obligar a su ahijado a darle entrada, de modo que podía usar su lengua para delinear la pequeña boca por dentro, tratando de probar movimiento a pesar de que sabía de que su ahijado de seis años no le devolvería el beso- Vamos a jugar, Harry, ¿Te gusta jugar con el tío Siri, verdad? - Sí, Tío- susurraría Harry con la voz trémula sabiendo que era una mentira porque él odiaba este juego, mientras inclinaba la cabeza contra el hombro de su padrino para ahogar sus sollozos y esconder su boca de la del tío. - Sí, lo sé nena, a ti te encanta montar la escoba del tío Sirius, ¿no?- dijo Sirius de forma lasciva mientras presionaba sus manos en las estrechas caderas para obtener un ritmo de frote, a él le encantaba este pequeño juego inocente, el poder sentir su polla enderezarse y endurecerse mientras se acomodaba en la apertura de Harry, mientras se frotaba a lo largo de la hendidura- Dilo Harry, dile a Tío Sirius como te gusta montar la escoba, dilo Harry- susurro mientras aumentaba el ritmo con el que prácticamente estaba arrastrando al niño sobre su polla. - Yo…, yo…, a mí…, me… gusta….montar…la…la….la escoba- sollozo Harry mientras sentía a su tío meterle en su trasero, Harry tenía miedo de esto, de cuando su padrino actuaba así, le aterrorizaba que su tío dijera algo más, él odiaba este juego. - Sí, lo sé…lo sé nena- dijo Sirius mientras aumentaba la velocidad con la que estaba moviendo sus propias caderas y con la que balanceaba a Harry sobre él, la fricción de su polla con su túnica era enloquecedora, y el saber que esa presión deliciosa sobre él era el culo de Harry era bastante placentero- yo sé que te encanta. Mírame, Harry, mírame cariño- ordeno Sirius. Aprovechando el momento justo cuando Harry sacaba el rostro de su hombro, para capturar la boquita sonrosada y tentadora en sus propios labios, para chupar y jugar con su lengua, antes de ahogar su propio grito de placer contra los labios inocentes a la vez que sentía la humedad de su semilla extenderse dentro de su ropa. - ¿Qué es lo que dices Harry?- pregunto después de recuperar su respiración. - Gra…gracias…Tío Sirius…por jugar conmigo- diría Harry con la voz baja sin mirar a los ojos a su padrino, mientras se bajaba de las piernas del mago más viejo tratando de ignorar la humedad en la parte de atrás de su pantalón. - No es un problema nena- respondió Sirius con una sonrisa ladeada mientras veía a su ahijado alejarse de nuevo hacia donde había dejado sus juguetes, con la cara sonrosada manchada de lágrimas. Sí ayudar a criar a un niño pequeño no era precisamente lo que había imaginado para su vida, pero sin duda tenía sus ventajas.