EL PLAN
Autora: Yakumo Kaiba
Fandom: Thor, Avengers, Marvel

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece. Actualmente son propiedad de Marvel Comics, Disney; teniéndose en cuenta de que originalmente son parte de la Mitología Nórdica. Solo me pertenece la trama y redacción de este fanfic. Post Thor, Avengers y Thor: Mundo Oscuro.

Notas: Tercer Shot y Final (a menos que haya muchos deseos de un epílogo). Entre que me gusta y no, aunque me provoca muchos feelings, siento que Loki está muy niña… pero me defiendo en que está en modo "mamá" xD lamento si les decepciona :c pero ojalá les guste, en conjunto. ¡Adelante!


EL PLAN
Tre-3-Tre

Cada vez son más y más aburridos los asuntos de Estado para ti. Lo que en guerra y reconstrucción fue una aventura, en paz no es más que una retahíla de eventos sin importancia que ocupan todo tu tiempo condenándote a una letanía sin fin. La fuerza de Asgard es incomparable una vez que Jötunheim ha pactado la paz y Malekith ha desaparecido, y no hay nadie que no quiera entablar relaciones amistosas con el reino.

¿De qué sirven tus habilidades convenciendo si ya todo el mundo llega a tus pies totalmente convencido?

Ya ni siquiera debes esforzarte en tratar de ser Odín; te sale naturalmente, y si algo de Loki se te escapa, todo el mundo lo asocia a un pequeño cambio de personalidad producto de la pérdida de la Reina Madre. Y quizás no sea tan equivocado decir eso.

¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Tres, cuatro años midgardianos? Los nueve reinos están en paz y reestablecidos una vez más después del desastre de la Convergencia, o al menos lo más en paz que se pueden estar. Las revueltas de enanos continúan en algunos sectores de Svartalfheim, y en Midgard como siempre siguen con sus guerras civiles sin importancia. Pero Yggdrasil no sería Yggdrasil si no hubiese un par de problemas por allí.

Cada día te molesta más y más esa apatía. A veces piensas en que haría Thor si estuviese en tu lugar y te sonríes a medias, porque seguro que el rubio acabaría azotando su enorme cabeza contra el Hlidskjalf o golpeando un par de nobles con Mjolnir. Y Odín quería dejarlo a él como rey, no puedes evitar reírte un poco ante la idea.

—Mi señor… no creo que la profecía que trae el soldado sea para reírse —habló con amarga seriedad uno de los ases del Consejo, llamando tu atención.

Tu mirada se enfocó nuevamente en el salón, notando que recibías miradas penetrantes del Consejo y del ás con una rodilla en el suelo frente a él. «Oh, de acuerdo. Vamos a escuchar esta estupidez» gruñiste mentalmente, odiando como siempre todo lo que tenía que ver con profecías y adivinación. La única rama de la magia que los asgardianos amaban, y la que tú más despreciabas.

—Repite tus palabras, soldado —le ordenaste con un ademán poco interesado, mucho más tuyo que de Odín.

El soldado pareció dudar y tú ya estabas preparado para pedirle que se retirase, cuando comenzó a entonar bajo.

El sueño al espíritu adormecerá
y el heredero marcha lejos y más allá.

La calma pareciera que por fin se contemplará,
pero los nueve mundos condenados caerán.

Al nieto de Odín nada lo frenará,
y la cabeza del Padre de Todos finalmente rodará,

Pues el Lobo al árbol de Yggdrasil devorará,
y nadie, ni lengua de plata, se salvará.

Lo escuchaste en silencio, mientras los sabios del consejo cuchicheaban entre ellos, horrorizados ante esa profecía. Tú querías reír, por la absoluta absurdez de realmente haber oído eso, pero tu corazón se apretó mientras apretabas los labios mirando al soldado que miraba al suelo. Su armadura estaba en perfecto estado y parecía haber venido corriendo apenas hubo escuchado eso. No venía de Svartalfheim, entonces, y tampoco de Vanaheim, o hubiesen sido los mismos Vanir quienes hubiesen solicitado audiencia, obviamente deseosos de que el Padre de Todos les debiese más favores.

Solo quedaba… Midgard.

—¿Dónde escuchaste eso, soldado? ¿Y quién fue el vaticinador que te lo reveló?

—Fue en Midgard, su majestad, y fue… una niña —confesó el ás mirando a tu rostro, el que ahora aparentaba ser el de Odín—. Solo era una niña pequeña, y entró en trance cuando la rescaté de unos hombres. Me apresuré a regresar a informaros de inmediato.

—Los dones de los Midgardianos en adivinaciones sin duda se han ido diluyendo con el paso de los siglos —habló uno de los Consejeros, intentando quitarle importancia a tu parecer—. Sus predicciones son cada vez más escasas y menos precisas. Su majestad, yo no creo que usted deba…

—¡Soldado! —hablaste fuerte en dirección al hombre, que se puso de pie de inmediato. El Consejo guardó silencio mientras tú los ignorabas— Dirígete de inmediato en dirección a Bifrost y pregunta al Guardián si es de su conocimiento si la pareja de mi hijo está encinta. Luego regresa con tu informe a mi paje. Eso es todo.

—Pero majestad —hablaron los Consejeros mientras te ponías de pie.

El soldado simplemente hizo una reverencia pronunciada ante ti, antes de girarse y salir del salón del trono. Si conocías bien las intrigas de la Corte, sin duda la profecía ya se había extendido por todo el palacio. Seguramente pronto se conocería en los nueve mundos también. E inevitablemente llegaría a los oídos de aquel que hubieses deseado no lo escuchase.

Saliste del salón por una puerta lateral, ignorando del todo al Consejo, mientras caminabas sin detenerte hasta las habitaciones reales. Los guardias apostados en las puertas te hicieron una reverencia que apenas contestaste con un asentimiento. La puerta fue cerrada tras de ti y seguiste caminando hasta que alcanzaste las pesadas puertas de oro que daban al dormitorio de Odín.

Una por una quitaste todas las protecciones mágicas, sin quitar aún tu disfraz. Tu mente llena de Thor y llena de esa estúpida profecía, cuando las puertas se abrieron.

Un bajo gruñido animal te alcanzó, mientras veías como un lobo de oscuro pelaje y ojos brillantes como el cielo te amenazaba con sus afilados colmillos. Su tamaño era el de un lobo adulto normal, pero este era un lobo Huargo y su tamaño era apenas un tercio de lo que sería en su adultez. No pudiste evitar sonreír mientras cerrabas las protecciones tras de ti junto con la puerta, permitiendo por fin caer tu disfraz y dejando ver tus afilados rasgos.

—Hola Fenrir.

El lobo no tardó nada en correr y saltar hacia ti, pero cuando le recibiste ya no era puro pelo y colmillos asesinos, sino que tu pequeño hijo que te abrazaba lleno de aquella alegría infantil que llenaba tu corazón día tras día y te daba las energías para continuar con tu plan, maquinado hacía ya tantos años atrás.

—¡Padre!

Negros y alborotados cabellos, ojos del color más puro de un cielo de verano, la sonrisa de auténtica felicidad en el rostro de tu retoño no pudo más que calmar un poco tus preocupaciones. ¿Cómo podía ser que este inocente niño fuese a ser quien provocase el Ocaso de los Dioses? ¿Cómo es que tu pequeño príncipe iba a acabar siendo la desolación de los nueve mundos? Mientras te sentabas en uno de los divanes, con Fenrir en tus brazos, supiste que no podías creer en esa absurda profecía. Porque quizás Fenrir si iba a dominar los nueve mundos, era su destino al final, pero eso no significaba que iba a destruir a Yggdrasil en el camino.

—Padre. Te amo mucho —suspiró Fenrir contra tu cuello mientras lo abrazabas contra ti, viendo como en la cama del centro del cuarto Odín dormía profundamente rodeado de un haz dorado.

No, Fenrir sería el mejor rey que Asgard y Yggdrasil podrían desear. Hijo de Thor e hijo tuyo, te encargarías de que jamás le faltase nada, ni poder, ni justicia, ni amor.

—Yo también te amo mucho, Fenrir.


—Padre ¿por qué no puedo salir de esta habitación? —preguntó una vez más Fenrir, mirando por la ventana que daba hacia el mar calmo de Asgard. El Bifrost brillaba al este, y tú tuviste que darte energías una vez más para no mirar en esa dirección. Seguías esperando una presencia que sabías no tardaría en llegar.

—Porque necesito que protejas a tu abuelo, Fenrir. Además, estás muy pequeño para las intrigas de la Corte. Es más seguro que estés aquí hasta que seas lo suficientemente mayor para tomar el control del reino.

Te encontrabas firmando varios documentos que requerían de la firma de Odín para ser autorizados. Cosas estúpidas como la comida para las bestias de los soldados, o las cuentas en ropajes de los Sabios del Consejo. Tareas demasiado absurdas que dejaban suficiente tiempo en tu mente como para perderlo en pensamientos que no deberías tener sobre personas a las que no deberías extrañar.

—¿Y qué si prefiriera no tomar el control del reino?

Las palabras de Fenrir de pronto te golpearon como un mazo, haciéndote dejar quieta la pluma sobre uno de los documentos, provocando una fea mancha de tinta en ella. Moviste la mano, quitando la gota de tinta mágicamente, antes de mirar fijamente a tu hijo. Se había recostado contra el costado de Odín, retomando un libro que tú mismo le hubieses dado el día anterior. Su posición te recordó por un momento a Frigga, mirando con tristeza y adoración a su marido durmiendo. El solo pensar en ella te llenó de una añoranza que preferirías no sentir.

—Fenrir, hijo, tú puedes hacer lo que desees. Sin embargo Asgard te pertenece por derecho propio —le repetiste, como solías hacer, observando esos ojos gemelos a aquellos que adorabas hacía tiempo—; Asgard te pertenece, y si lo deseas, los nueve mundos podrían ser tuyos para dominarlos.

—No lo sé, Padre. Ser un guerrero me parece mucho más emocionante y heroico que ser rey —sonríe Fenrir mientras gira el libro y te muestra una ilustración de una gran batalla en Jötunheim—; firmar documentos y recibir a los diplomáticos no es muy excitante por lo que me cuentas, Padre.

¿Cómo puedes rebatirle eso? Ves en sus ojos y en su melena alborotada la sangre Aesir que corre por sus venas. A pesar de que a temprana edad demostró su facilidad como cambiaformas, los hechizos se le resisten mucho más que las mazas y las espadas. Y lo sabes, en el fondo. Si tú eras el hechicero y Thor el guerrero, vuestro hijo será el mejor hechicero guerrero que haya existido en los nueve mundos. Tiene casi cuatro años midgardianos, pero aparenta ocho, y estás seguro de que antes de que pasen en Midgard diez veces el calendario, Fenrir estará en plenas facultades para dominar el universo.

—Ya veremos, hijo. Ya veremos —le sonreíste con suavidad, cuando de pronto un gran trueno se escuchó en la distancia. Te pusiste de pie de inmediato, viendo como el Bifrost brillaba con fuerza. Tu corazón se agitó y te giraste hacia Fenrir, que demostraba sorpresa—. Transfórmate, Fenrir. Y recuerda, no salgas por nada de aquí. Protege a tu abuelo.

—Sí, padre —asintió el pequeño, dócil como una oveja, aunque tú no tenías dudas de que en algún momento el lobo iba a ser capaz de arrancarte una mano si decidías algo que a él no le agradaba.

Saliste de la habitación de Odín con tu disfraz perfectamente puesto. No debía tardar y sentías que tu corazón iba a salirse en cuanto cruzase esa puerta. Sabías que jamás permitiría ser anunciado, por lo que le esperaste de pie con los brazos cruzados tras la espalda mientras miraba por un ventanal como el cielo se nublaba y la lluvia comenzaba a caer raudamente sobre palacio y toda Asgard.

El príncipe del trueno había llegado. Las puertas de las habitaciones reales se abrieron de golpe, y tú supiste que ya estaba allí.

—Hola Thor.


Muchas cosas esperabas de esa reunión. Un puñetazo, un dedo acusador. Preocupación o incluso lágrimas.

Nunca imaginaste que Thor iba a decir tu nombre con desesperación apenas cruzó el portal.

—Loki. Padre, Loki.

Te giraste con inquietud, observando el rostro del padre de tu hijo con atención. Naturalmente no había cambiado nada, su cabello se veía igual de desprolijo, su barba rala se mantenía en la misma forma, y vestía su uniforme de batalla. Por un momento creíste que podría llegar con ropa midgardiana, cabello corto y afeitado, pero al parecer Jane Foster no había podido domesticarlo tanto.

Y ahí estaba, diciendo tu nombre, pero llamándote Padre. ¿No era irónico?

—¿Loki? ¿Por qué hablas de tu fallecido hermano apenas…?

—¡Padre! ¿Fallecido? Tú has oído la profecía, Padre. Se ha esparcido por los nueve mundos e incluso ha llegado hasta mí. No puede ser que no lo veas. Loki está vivo.

Te volviste a girar para darle la espalda, mientras apretabas las manos. ¿De verdad Thor era tan tonto? La profecía era bastante explícita respecto al sueño y a la partida del heredero. Creías que Thor vendría con la seguridad del engaño, sabiendo que habías sido tú quien habías tomado el lugar de Padre de Todo el día de la despedida. Jamás pensaste en que tomaría esa última línea como una muestra de esperanza de que estuvieras vivo. Definitivamente Thor era único en su especie.

—Que la profecía mencionase a "Lengua de Plata" no demuestra nada, Thor. Puede y hay más mentirosos en el mundo.

—No solo eso habla de Loki, Padre.

El tono mortalmente serio de Thor hizo que volteases nuevamente a verlo, notando las arrugas de preocupación en su frente. Pocas veces habías sido capaz de verlas y la verdad no te agradaba. Lo preferías enfadado o risueño. No preocupado. Te provocaba deseos de fastidiarlo hasta que te golpease… o hasta que te diese un beso.

Desviaste tu mirada una vez más e hiciste un gesto de que continuase, típicamente de Odín. Thor lo aceptó, mirando al suelo.

—No quise creerlo cuando lo oí. Quise creer que la condena de Loki había sido cambiada por clemencia, por amor. No simplemente porque había vida creciendo dentro de él, Padre —la voz de Thor mantenía la ira contenida, y de pronto no pudiste evitar sentir ternura por él. Por su inocencia. «Así que siempre lo supiste, pero no quisiste creerlo»—; es mi hermano, creí que tú o madre tendrían la condescendencia de decirme algo. Una pista. Un "Hey, tu hermano está embarazado". ¡ALGO!

Relámpagos, rayos y relámpagos cayeron por todo Asgard mientras la lluvia azotaba con fuerza las ventanas del palacio. La furia de Thor se sentía como electricidad en el aire y de pronto tenías miedo de siquiera respirar para no provocar ser electrocutado.

Siguieron en silencio por unos momentos antes de Thor mismo se calmase pasando una mano por sus cabellos, despejando su rostro oscurecido. La tormenta amainó ligeramente en el exterior, cuando esos ojos tan iguales a los de Fenrir te observaron.

—Creí que era mentira, hasta que oí la profecía. Loki estaba bien… o al menos lo bien que se puede estar en prisión. No parecía… encinta. Sin embargo, una vez más, olvidé el gran hechicero que es. Tú debes saberlo, tú debes saber dónde está. Su hijo es aquel a quien mencionan. Él es…

—¿El hijo de Loki? Tú bien sabes que él no es mi hijo. Su vástago no sería jamás mi nieto. Es de tus hijos de los que debemos temer, Thor. La profecía es imperfecta y amplia. Como puede ocurrir en un año, puede ocurrir en un milenio. No le des más importancia de la que tiene. Pero avísame si esa Jane Foster acaba esperando un ás en su interior, porque entonces si voy a…

—¡ESCÚCHAME, PADRE! —gritó con furia Thor silenciándote de golpe.

Los ojos celestes brillaban con fuerza mientras el príncipe guerrero se adelantaba dos pasos. Algo oscuro se removía en lo profundo de esos pozos y no creías poder comprenderlo del todo. ¿A qué temía Thor? ¿Por qué no hablaba de todo de una vez? La inquietud te envolvía y observaste inconscientemente hacia la puerta detrás de la cual se ocultaba el verdadero Padre de Todo y tu pequeño.

—Loki el hechicero. Dos veces se ha hecho pasar por muerto, pero me ha engañado mucho más allá. Su vástago, como le llamas tú, el devorador del árbol de Yggdrasil, no es más que mi propio hijo.

Una bofetada fue lo que sentiste en ese mismo momento. El frío caló tus huesos mientras mirabas fijamente los ojos oscuros de Thor. No podía ser que él lo supiera, no podía ser que simplemente hubiese adivinado por sí mismo todo tan solo por una estúpida profecía. ¿Tres versos y tu plan había sido revelado? Imposible.

Tragaste saliva y negaste con la cabeza, casi olvidando a quien representabas. No, simplemente no.

—Estás hablando tonterías, hijo mío. Solo estás confuso por…

Un potente rayo cayó justo en el patio del Palacio, y la expresión oscura de Thor te silenció.

—La travesura final de Loki la realizó sin que ni siquiera supiese que era él. Casi lo había olvidado, hasta hace poco. Las piezas poco a poco fueron uniéndose y finalmente lo comprendí todo. Loki es alguien perfectamente capaz de planear cada paso de su futuro para conseguir su objetivo. Ser atrapado, ser liberado, morir una vez más, y luego escapar. O aparentar hacerlo, ¿no es así, Padre? —mirada oscurecida y pasos firmes. Temiste por tu vida cuando Thor levantó su mano hacia ti, y ya ibas a convocar algún hechizo rápido cuando un fuerte golpe llamó la atención de ustedes dos.

Rápida carrera y pronto Thor estuvo luchando contra las feroces fauces de Fenrir que se había lanzado a protegerte sin pensar en nada. Te estremeciste ante la imagen, y justo cuando Thor llamaba a Mjolnir, te quitaste el disfraz y extendiste tus brazos hacia tu hijo mientras te arrodillabas.

—¡Ven aquí, Fenrir!

Las mandíbulas de Fenrir dejaron de hacer presión en el fuerte muslo de Thor, mientras la sangre aesir chorreaba por sus colmillos. Mjolnir volaba rápido hacia la mano extendida del rubio, pero cuando llegó el lobo ya había liberado a su presa y había corrido hacia ti, dejándote acariciarle el morro sangrante, sin dejar de mirar de manera amenazante a aquel que había atemorizado a su padre.

Los ojos de Thor no mostraban sorpresa en verdad, mientras bajaba el martillo sagrado sin soltarlo. Su pierna sangraba y su ceño se encontraba fruncido, pero miraba profundamente a los dos frente a él. Tú te sentías molesto por tu propia debilidad. Por haberte asustado de la expresión de tu antiguo hermano habías ocasionado que tu hijo saltase a defenderte, exponiéndose a sí mismo y a ambos. Fenrir no sentía miedo, pero si curiosidad hacia aquel que le miraba sin aterrarse ni un poco.

—Así que yo tenía razón ¿no es verdad, hermano? —preguntó Thor de pronto, con una mueca que probablemente quería parecer una sonrisa burlona, pero que solo consiguió transmitir algo de tristeza— Yo tenía razón.

—¿No te parece extraño llamarme hermano después de… todo? —preguntaste lleno de sarcasmo, mientras tu mente se llenaba de aquella noche. Los dedos cálidos, la hombría dura, la sensación áspera de la barba y las sábanas viejas, mientras las lunas los espiaban. Cuando tú creías que el resultado de eso solo sería un escape a una condena eterna, y no que acabarías prefiriendo morir a dejar sufrir al resultado de esa unión.

¿Cómo ibas a imaginar que acabarías amando tanto al hijo de Thor?

—Siempre serás mi hermano, aunque no compartamos sangre. Aunque creo que ahora compartimos algo más importante —murmuró el dios del trueno mientras observaba a los salvajes ojos celestes de Fenrir.

Sentiste un tirón en el lobo entre tus brazos, y aunque trataste de retenerlo, Fenrir se liberó. La frustración te embargó, pero la verdad no te sorprendías. Desde que lo tuviste en tu vientre supiste que Fenrir, así como su otro padre, era indomable y jamás podrías retenerlo contra su voluntad. Observaste como lentamente tu hijo se acercaba al dios rubio quien no se defendió ni cambio la expresión analítica. Tragaste saliva y separaste tus labios con intención de pronunciar el nombre de tu hijo, pero fuiste interrumpido.

—Él lo sabe —murmuró Thor. Quisiste gritar que no, que Fenrir no sabía nada de nada, pero entonces la lengua rosada pasó por las heridas sangrantes del muslo de Thor y la magia de curación emergió con naturalidad antes de que la figura del lobo desapareciese para surgir la del pequeño niño.

La melena negra, revuelta como la de Thor, y esos ojos idénticos. Facciones redondas de niño, pero que dejaban ver el nacimiento de un rostro fuerte, no estilizado. Había tanto del Dios del Trueno en él, que tú supiste que habías perdido esa batalla.

—Padre.


Fenrir guió a Thor hacia la habitación de Odín, para mostrarle al Padre de Todo en su sueño, ignorando la orden de no permitir que nadie entrase, como si tú jamás la hubieses pronunciado. Naturalmente consideraba que Thor estaba por encima de las reglas para el común de la gente, porque le habló sin temor ni timidez. Y tú pasaste a ser un simple adorno en la habitación.

Thor escuchó con atención como Fenrir hablaba con seguridad impropia de actos que no debería haber sabido, porque ni siquiera tú le habías hablado de ello. De cómo el sueño de Odín lo atacó apenas tú diste a luz, de cómo habías tomado el control del reino y habías hecho prosperar los nueve reinos con tu mandato. Fenrir habló de su encierro moderadamente, de los libros que había estudiado, de los entrenamientos en magia y en el arte de la guerra que habías inculcado en él desde que tuvo la fuerza suficiente para exigirte una espada. Porque fue él quien la exigió.

—Pareces mucho mayor de lo que debes ser en verdad —reconoció Thor, haciendo una pequeña trenza en los oscuros cabellos de Fenrir tal como Frigga había hecho en los rubios hacía tiempo, mientras tú clavabas tus uñas en tu piel ante la imagen familiar.

—La magia de padre me hizo pequeño y grande a la vez. Su magia me embutió poder y sabiduría, mi consciencia va más allá de mi nacimiento, Padre. Quizás más allá de mi concepción.

Te encogiste en la silla que habías escogido cuando Thor y Fenrir se habían sentado a un lado de Odín, con una cercanía que no debería existir. Tu corazón se apretaba ante la idea de que estabas perdiendo a tu hijo, y que de paso Thor debía odiarte. Aunque eso no debería importarme. «Que me odie. Yo lo odio más» pensaste con furia, mientras en tu mente sonaba la voz de Frigga diciendo tu nombre de manera reprobadora.

—Padre.

La voz de Fenrir llamó tu atención, observando que el niño estaba de pie ante ti. Una sonrisa en sus labios, antes de abrazarte con fuerza. No puedes resistirte a eso, cobijándole entre tus brazos, dándole todo tu amor mientras no puedes darle los nueve mundos; dándole tu amor mientras aún no puedes darle el reino que merece.

Thor te observa a la distancia y tu corazón se detiene, cerrando los ojos y apretando más a Fenrir contra tu pecho.

—¿Qué planeas hacer, Thor? ¿Vas a tratar de asesinar a Fenrir para que no pueda devorar Yggdrasil? ¿Vas a tratar de salvar a tu padre matando a tu hijo? Porque tienes que saber, y sé que lo sabes, que no dejaré que lo toques si es que sigo con vida.

—Pues ya me has dejado tocarlo, Loki —te recordó Thor, mientras sentías contra tu nariz la trenza en el cabello de Fenrir, quitándote el aliento y la seguridad.

Los tres permanecieron en silencio por un largo rato, antes de que Fenrir mismo fuese quien se liberase de tus brazos, alejándose un par de pasos, observando a ambos hombres. Una sonrisa completamente como las tuyas se posó en sus labios, antes de que riera un poco negando con la cabeza.

—Ambos tienen mucho de qué hablar.

Y fueron despedidos de la alcoba.

Temiste que Thor no quisiera alejarse de su dormido padre, y menos dejarlo al cuidado de aquel que la profecía midgardiana indicaba como aquel que haría que su cabeza rodase, pero Thor salió simplemente de la habitación a tu lado, guardando silencio una vez estuvieron solos de nuevo. Las preguntas giraban en tu cabeza sin control, los planes alternativos, mientras te recordabas que no iba a durar para siempre. Pero nunca imaginaste que Thor simplemente lo sabría todo y no tenías un plan para eso.

—¿Y tu mortal? ¿Qué pensará cuando sepa de tu hijo?

Nuestro hijo, Loki. Y Jane no tiene nada que pensar. Hace años que no estamos juntos.

La noticia te sorprende, haciéndote fruncir el ceño. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo es que no lo sabías? ¿Por qué Thor no había regresado antes? Heimdall debió haberle informado de esa separación. Debió haberle dicho algo más que "La mortal no está encinta"… a menos que Heimdall también supiese que él no era quien aseguraba ser.

—¿Por qué…?

—¿… no volví? —se adelantó Thor, callándote— porque nada tenía Asgard para mí, y nada tenía yo para Asgard. Si hubiesen habido problemas no hubiese tardado en regresar, pero tú y los soldados manejaron todo a la perfección.

No pudiste refutar esa afirmación, pues era cierto. Te mordiste la lengua mientras mirabas con molesta dignidad más allá de la ventana de la habitación. El tiempo había mejorado mientras permanecían en compañía del dormido Odín y Fenrir, alejando la tormenta y trayendo débiles rayos de luz a través de las nubes oscuras, creando patrones bellos sobre el mar de Asgard. Así debía sentirse Thor, pensaste, con el ánimo nublado pero pequeños rayos de luz, de esperanza.

Te giraste para mirar al rostro de tu antiguo hermano, pero no habías alcanzado a decir ni una palabra cuando tu boca fue atrapada por la ajena en un beso que te robó el aliento desde el primer segundo. Trataste de resistirte mientras uno de los brazos de Thor rodeaba tu cintura y su otra mano se aferraba a tu nuca. Quisiste morderlo, gruñir y alejarlo, pero te encontraste con tus brazos envolviendo su cuello y jalando sus rubios cabellos mientras le correspondías.

«Te odio. Te odio. Te odio». Tu mirada intentó transmitir el profundo desprecio que deseabas sentir por el rubio príncipe de Asgard, pero no pudiste. Los ojos celestes de Thor te debilitaron las piernas y el espíritu. Es Thor, al final, el padre de tu hijo, el hombre al que siempre has amado, aunque nunca lo hayas reconocido. Y no lo reconocerás jamás, si de ti depende.

La lengua de Thor te robó la capacidad de razonamiento por unos momentos, pero cuando te recuperaste no te costó –demasiado– alejarte de esa boca cálida. Tus labios y los suyos enrojecidos, y el condenado rubio no te dejaba ir. Había humedad en sus ojos y trataste de no darle importancia, pero no lo conseguiste.

—Dos veces te he llorado, Loki. No permitiré que me hagas llorarte una tercera vez.

Separaste tus labios para decir algo, defenderte probablemente en que Thor era el estúpido que se dejaba engañar, pero tu argumento quedó atascado en tu garganta cuando el hombre volvió a robarte el aliento con un beso.

Se besaron hasta que sentiste tus labios adormecidos y aún entonces Thor no te liberó. Tuviste que apretar con fuerza la piel delicada de su nuca para que con un quejido de dolor te permitiese alejarte de su boca, con la mirada nublada y el cuerpo caliente. Y el brazo del dueño de Mjolnir aún en tu cintura, impidiendo una huida indeseada.

—Lo que dices no tiene sentido. Eventualmente moriré de verdad, tú sabes que eso es así, y llorarás, eso no depende de mí —hablaste tratando de mantener tu compostura y arrogancia, aunque probablemente eso quedaba totalmente desperfilado con del suspiro anhelante que no pudiste evitar liberar. «Llora por mí», pediste mentalmente, odiándote por ello.

La mano de Thor que sujetaba tu nuca se movió y pronto acunó tu mejilla, haciéndote chasquear la lengua un segundo antes de que su respuesta te alcanzase, sabiendo que estabas perdido. Cerraste tus ojos y apoyaste tu frente en el pecho del príncipe mientras preguntabas en silencio porque es que Frigga seguía teniendo la razón, aun estando muerta. Tú jamás podrías dejar de amar a Thor y tu madre siempre lo supo.

—Iré a buscarte al mismísimo Niflheim de ser necesario, pero te prometo que no te dejaré escapar de mi lado nunca más, Loki. Nunca más —había respondido Thor y te resignaste a que necesitabas un plan alternativo, porque sabías que Thor nunca rompía una promesa.


Cuando fuiste echado del dormitorio de Odín por Fenrir, pensaste que lo primero que Thor haría sería pedir explicaciones extendidas de todo lo que tu hijo le había contado moderadamente. Creíste que reclamaría por los engaños, por el estado del Padre de Todos y por la existencia del niño.

No pensaste que lo primero que haría (o casi) sería besarte y declarar su posesividad contigo. No lo esperabas, pero en el fondo no te sorprende. Siempre existió eso entre tú y él, de todas formas. Esa necesidad primaria de sentirse juntos, el uno con el otro. Un abrazo, un roce, un golpe. Un beso.

Tu primer beso fue con él, cuando eras un niño y te gustó por primera vez una chica. Estabas asustado de no saber cómo besarla llegado el momento, y Thor, por supuesto, se ofreció a ayudarte para que no pasases la vergüenza de hacerlo mal. A ninguno le pareció extraño practicar juntos. Se besaron una y otra vez, aun después que tú notaste que la niña ya no te gustaba nada y que preferías seguir besando a Thor. Se besaron hasta que un día ya no lo hicieron y tú no te atreviste a pedir un beso más.

No se besaron de nuevo hasta que en una celebración en la que bebiste demasiado decidiste besar a cualquier doncella que donase una joya para armar a las tropas que partían a la guerra en los días siguientes. No es que el ejército de Asgard necesitase donaciones, pero a tu mente adolescente y embebecida le pareció una buena manera de ganar la admiración de Odín. Habías dado más de cuarenta besos cuando notaste que el 43 era Thor. Tenía en sus ojos esa mirada enrarecida producto del alcohol y de un enojo que no comprendiste en su momento, y que cuando comprendiste quisiste convencerte de que estabas equivocado. Reconocer que tu hermano estaba celoso solo te haría crear falsas esperanzas de cualquier modo. Thor había dejado caer en la fuente donde recogían las joyas una pulsera que jamás le habías visto y luego supiste que era de Sif, todo antes de tomarte por los hombros y besarte con más pasión de lo que jamás te había besado cuando eran niños. Con más pasión de la que cualquiera jamás te hubiese besado y punto. Aún puedes recordar los gritos de ánimo de Fandral mientras sentías la lengua de tu hermano hasta la garganta y ver por el rabillo del ojo la expresión de molestia de la valkiria y la resignación de Hogun y Volstagg. Lo último que recuerdas de esa noche es que correspondiste el beso rodeando por la cintura a Thor, antes de que todo se ponga oscuro. Esa fue la última celebración en la que te embriagaste. Ellos jamás hablaron de eso.

Fueron muchos más los besos que no se dieron que los que se dieron, al menos desde que se hicieron adultos. En Midgard, en medio del enfrentamiento contra los midgardianos, más de una vez quisiste besar los dulces labios de Thor, decirle sobre lo que crecía en tu vientre y el por qué hacías lo que hacías. Lo odiabas, sí, pero también lo amabas, y odiabas la contradicción que eso significaba en tu vida. Thor parecía querer besarte también, pero nunca lo hizo. Solo miraba tus labios y luego te llamaba «Hermano», casi con dolor, como si fuese una tortura física pronunciar esa palabra.

El «no somos hermanos» era veneno en tu lengua también. Al final no se sabía cuál de los dos era más idiota. Si Thor por querer mantener ese vínculo o tú por querer destruirlo.

Pero Thor tenía razón hoy, mientras impedía con su fuerza que te alejases del círculo cálido de protección de sus brazos. Hoy ya no importaba la ausencia de vínculo de sangre entre ellos, o que ya no fuesen hermanos; ahora tenían alguien que creaba un vínculo aún más valioso entre ellos y quizás ya no pudiesen ser hermanos… pero eso no impedía que pudiesen ser algo más.

—¿Cómo fue que pariste a Fenrir? —preguntó de pronto Thor, arrancándote un respingo y haciendo que empujases ese pecho tratando de alejarte. Los brazos de Thor te lo volvieron a impedir, apretándote más hacia él, y solo pudiste gruñir, sintiendo irritación porque el otro creyese que su fuerza física podía retenerte. Te quedaste contra él de todas formas, aunque tu magia podría haberte liberado fácilmente, insististe para ti.

—¿En serio? De todas las cosas importantes ¿eso es lo que te preocupa? Realmente, Thor…

—¿Cómo? —insistió el rubio, silenciándote. Había un pellizco en su frente que no pudiste entender de todo— Padre te ayudó, dijo Fenrir, antes de entrar al sueño. ¿Ocupó magia? ¿No te supervisó un curandero? Porque…

Solo rodaste los ojos un segundo antes de pronunciar algunas palabras en un idioma antiguo que bien sabías Thor no conocía. El rubio se quedó callado al instante, mientras soltaba un poco sus brazos del agarre a tu cintura. Cuando levantaste la vista solo sonreíste al ver la mirada impresionada en los ojos celestes, cruzando tus brazos bajo tus excepcionales senos con el largo cabello negro rodando por tu espalda. Estabas satisfecho de la expresión pasmada en el rostro ajeno, retrocediendo hasta que te liberaste del agarre de Thor, encogiéndote de hombros de forma casi desinteresada.

—¿Eres idiota? Soy un hechicero maestro de las transformaciones. No me es difícil cambiar mi cuerpo a voluntad ¿cómo crees que concebí a Fenrir? —el tono agudo de tu voz y el gesto de tu mano para quitarle importancia al asunto parecieron molestar de pronto a Thor, que sujetó tu muñeca y se te acercó con una nebulosa peligrosa en la mirada.

Estuviste a punto de asustarte y miraste hacia la puerta, temiendo que tu hijo sintiese tu miedo y volviese a saltar a tu defensa, pero el rubio habló antes, interrumpiendo tus pensamientos.

—Cambia. No me gusta ¡cambia!

Tu preocupación se calmó, mientras la tensión de tus hombros disminuía hasta que casi desapareció. Tus ojos verdes se clavaron en los celestes buscando en ellos hasta que encontraste lo que querías encontrar. Ah, ahí estaba. Celos.

—¿Por qué no te gusta mi apariencia femenina? Sigo siendo yo, solo que con más… curvas —sonreíste casi burlón mientras contorneabas ligeramente tus caderas anchas, parpadeando con lentitud mientras agitabas tus largas pestañas, esas que no necesitabas modificar porque tu apariencia real ya las tenía—. A Fandral solía gustarle, recuerdo…

Un beso violento fue lo que te robó Thor, mientras envolvía su mano en tu cabello negro jalándolo sin piedad. Gemiste, dándole la entrada a la lengua del rubio al interior de tu boca, mientras eras empujado contra un muro. La plateada armadura de Thor se presionaba contra sus pechos blandos y volviste a gemir mientras una de las poderosas piernas del dios se metía entre las tuyas torneadas.

Su mirada estaba enfebrecida y llena de enfado. Querías seguir molestándole con esa apariencia como lo habías hecho hacia tanto tiempo, cuando sedujiste a la mitad de sus tropas, incluido Fandral, antes de que Thor descubriera que era por tus senos y culo que sus hombres babeaban y te dejase en evidencia humillándote en público. Tu broma se había arruinado, pero en los ojos de Thor habías podido ver lo mismo que ves hoy. Todo lleno de celos.

—Si te follo con ese cuerpo seguramente te dejaré preñado de nuevo —susurró Thor contra tu oído mientras mordía el lóbulo de tu oreja, estremeciéndote—; cambia o lo haré, y tú te lo habrás buscado.

Retomaste a tu cuerpo de inmediato, intimidado por la fuerza de esas palabras. Thor no estaba bromeando y quizás habías ido demasiado lejos en tu demostración. Quisiste mostrarte enfadado, tu ceño fruncido y los labios apretados, pero Thor se abrió paso a través de tu enfado, besándote con tranquilidad ahora que tenías tu apariencia real.

«Bastardo», le insultaste mentalmente mientras cerrabas tus ojos y te dejabas besar, con las manos fuertemente apretadas a tus lados, para contener tus deseos de volver a aferrarte a él, «Condenado bastardo».

El solo pensamiento de ser el padre de otro hijo de Thor te hacía estremecerte. El problema es que no sabías si era de disgusto o no.

Thor besó con suavidad tus labios, la línea de tu barbilla y hasta se atrevió a depositar besos sobre tus párpados, aprovechando que los mantenías cerrados. Cuando los abriste sentiste un golpe en el pecho al ver esa sonrisa en las facciones masculinas del rubio. Te picaban las mejillas por la barba áspera… pero eso te encantaba. Por otro lado, obviamente jamás lo reconocerías.

—Soy feliz de que esa noche hayas sido tú —dijo de pronto Thor, sorprendiéndote. Le miraste a los ojos, que habías evitado por un momento, y viste la felicidad allí. ¿Cómo podía ser Thor así? Pasar de la furia de los celos a la alegría completa. ¿Cómo podía besarte de esa manera si tú le habías traicionado de la peor manera? En el fondo sabías que ni aunque pasasen mil millones de años podrías entender del todo a este hombre—. Deseaba que fueras tú y lo creí varias veces. Cuando me quitaste la armadura con magia, lo fácil que entraste en el "personaje", las pocas preguntas que hiciste. Quería creer que eras tú, pero a la vez… no quería ilusionarme —confesó, mientras depositaba un beso sobre tu frente, rompiendo una de tus últimas barreras—. Te escuché marchar y mandé a buscar por todo Asgard a ese trovador pero nadie le conocía… y más me sorprendí al saber que Heimdall no había podido verme en toda la noche. Todo apuntaba a ti y a tus barreras… pero seguía sin querer ilusionarme… y entonces apareciste en Midgard.

Thor besó tus labios de nuevo y tú simplemente no pudiste resistirte, abrazándolo. Tu tonto Thor al final no resultó tan tonto como creías. Siempre sospechando, pero tan puro y noble que no alcanzaba todos los extremos de la maldad que tu mente si alcanzaba. Lo amaste más por eso.

—Hoy lo pienso y me estremezco ¿Estuviste esperando a Fenrir todo ese tiempo? —jadeó de horror el rubio mientras tú sonreías apenas, dando tu respuesta con tu silencio. Thor lo comprendió, porque continuó su soliloquio— Te golpeamos tanto, tuviste tantas heridas y enfrentamientos… y tú… tú… maldición, Loki ¿por qué no me dijiste nada?

Su mirada se veía herida, y supiste que tenía derecho a estarlo. Había puesto en peligro a su propio hijo sin saberlo y se había marchado dejándolo atrás, perdiéndose la más dulce infancia de Fenrir. Y todo porque tú no le dijiste nada. Pero de hecho, si lo hiciste.

—Te lo dije, mientras salía de la sala del Consejo —insinuaste en voz suave, sin querer alterar más los ánimos de Thor. Pero eso no pareció funcionar. Su ceño se frunció más y una de sus manos volvió a enredarse en tu cabello, acercándote pero sin besarte.

—Me dijiste un acertijo que no tenía de ninguna manera forma de explicar lo que realmente ocultaba —se quejó Thor sacudiendo la cabeza, con sus rubios cabellos moviéndose con él—. Apenas oí tus palabras esa noche, y aunque me las dijiste ese día antes de irte a prisión, no pude hacer la asociación… hasta ahora —murmuró taciturno.

Lo observaste en silencio un momento antes de rendirte a tu propia necesidad y envolver tus brazos alrededor de la cintura del poderoso dios. Lo abrazaste, sintiendo la reticencia de un segundo en el cuerpo ajeno antes de que Thor reaccionase y te abrazase también.

Permanecieron en silencio por un largo rato. La habitación se había puesto más oscura, a medida que el día se iba marchitando en Asgard. Sus calores se mezclaron y ambos se olieron mutuamente, solo reconociendo internamente cuanto se habían necesitado. Había tanto de que hablar, tanto que disculpar. Había tanto que hacer para poder declarar de una vez que todo estaría bien. Aunque tú en el fondo sabías que eso era una ilusión… nunca se podía estar seguro de que todo estaría bien.

Pero mientras Thor estuviese a tu lado, podías engañarte un poco creyendo que eso sería así.

—¿Qué haremos ahora? —preguntó Thor, sin soltarte ni un milímetro, sorprendiéndote más de lo que te gustaría reconocer.

—¿Por qué me preguntas? ¿Por qué tendría que saber? —preguntaste algo a la defensiva, solo para sentir un apretón de los brazos ajenos, ahogándote en el cuello del rubio príncipe. Amabas su olor. Otra cosa para nunca reconocer.

—Porque eres Loki —rió Thor, haciendo que su pecho vibrase y enviase esas vibraciones cálidas por todo tu cuerpo—, y tú siempre tienes un plan.

No pudiste evitar tragar saliva ante la seguridad de las palabras ajenas. Cerraste tus ojos y abrazaste con más fuerza aún a ese hombre que hacía tantos siglos tenía tu corazón en su puño, suspirando ahogadamente. No se podía vivir así, con toda esa presión. Tú no era un dios todopoderoso, aunque te gustase pensar que si y los midgardianos soliesen creerlo hacía mucho. No podías soportar el peso de la confianza de Thor y mantener siempre planes alternativos para todo, porque en sus planes no cabía ese rubio idiota, noble e impredecible. Simplemente no había espacio para él, porque las acciones de Thor no se podían calcular en ningún plan.

—Pues no. Esta vez no tengo ninguno —dijiste mientras alejabas tu rostro de ese lugar cálido justo bajo la oreja de Thor, buscando sus ojos y estremeciéndote por el calor que se extendía de tu pecho al verle frente a ti, sonriéndote como si nada malo hubiese pasado.

Como si no le hubieses engañado con tu muerte dos veces, como si no le hubieses ocultado la existencia del hijo de ambos, como si no hubiese una profecía que indicaba que ese hijo sería la ruina de Asgard y todo el Yggdrasil, partiendo por su abuelo Odín.

Con Thor sonriendo con el alma abierta como si no hubiesen pasado siglos, casi milenios ocultando celos y soñando con besos, separados por un lazo de sangre que al final resultó no existir; como si no se estuviesen diciendo «Te amo» un millón de veces en cada silencio porque no se atrevían a decirlo en voz alta, pero teniendo una prueba física de lo que compartían. Una prueba que ahora se asomaba por la puerta que daba al cuarto de Odín, con el cabello negro suelto sujeto apenas por una trenza y unos grandes ojos celestes, llenos de una sabiduría poco adecuada para un niño tan pequeño.

—Pues si no tienes un plan, padre, quizás podamos planear uno los tres juntos.

Observaste a tu pequeño hijo con un tirón en el estómago mientras esa maldita profecía se repetía en tu mente. ¿Cómo un niño tan dulce como era Fenrir podría ocasionar todo lo que ella decía? No lo creías posible y jamás lo harías. Te torturaste en el pensamiento hasta que recordaste que tú rechazabas con pasión todo el arte profético y de la adivinación, enviando el pensamiento hasta el fondo de tu mente, olvidándolo para algún otro momento. Porque en este solo te importaba que Thor te había soltado para llamar a Fenrir al abrazo, agachándose y tomándolo en brazos para luego levantarse con él.

Fenrir les echó los brazos al cuello a ustedes dos y les apretó contra su cuerpo pequeño, respirando profundamente como tú jamás le habías escuchado hacer. Como aliviado de tener de pronto a sus dos padres con él. Nunca notaste cuanta falta le hacía Thor en su vida, y no pudiste evitar suspirar algo adolorido mientras acariciabas su espalda con el corazón apretado. Fenrir amaba a Thor, pero eso no significaba que dejaría de amarte a ti, te recordaste. Solo esperabas que eso fuese así para siempre.

—Pensemos juntos un buen plan entonces —sonrió Thor mientras te miraba a los ojos. Sentiste un latigazo de culpa mientras recordabas que tú jamás pensaste en planificar algo con Thor, pero pronto te recuperaste del pensamiento—, seguro que nos ocurre algo genial.

—Mientras pueda practicar contigo a la espada en el exterior y mis transformaciones con mi padre, me doy por satisfecho —reconoció Fenrir mientras sonreía lobunamente, ganando una risa estruendosa de Thor.

—Pues si realmente quieres aprender la espada, tendrás que recibir lecciones de Fandral, él es el mejor con ella…

—Mi nieto no tomará lecciones de espada con Fandral si es que yo puedo evitarlo.

Los tres en la habitación se paralizaron cuando escucharon la voz, girándose de golpe a mirar hacia la puerta de la alcoba donde Odín se encontraba de pie apoyado en la manilla dorada. Tú habías quedado boquiabierto, apunto de hacer la misma amenaza a Thor sobre Fandral, pero el Padre de Todo se te había adelantado.

Ninguno de los mayores reaccionó hasta que fue Fenrir quien saltó de los brazos del rubio y corrió hacia el viejo Ás con los brazos abiertos. Mientras exclamaba alegremente para tu sorpresa.

—¡Abuelo!

Thor y tú reaccionaron al mismo instante, soltando el aire que habían estado reteniendo solo cuando Odín se agachó ligeramente para tomar en brazos a Fenrir como si el niño no pesase nada. El rubio te dio una mirada iluminada antes de acercarse a grandes zancadas hacia su padre, mientras tú te quedabas de pie sintiendo frío de pronto.

Tus brazos se enroscaron en tu cintura, temiendo acercarte a romper la escena de las tres generaciones Reales de Asgard reunidas. Thor abrazó como pudo a Odín, mientras el anciano no soltaba a tu hijo, el cual parecía perfectamente cómodo sentado en uno de los aún fuertes brazos de su abuelo.

Tú solo estorbarías, sabías. Así que te quedaste allí, alejado. Sintiéndote de pronto otra vez como ese bebé jotun abandonado en el hielo, el hijo menos querido, el príncipe que nunca sería rey. Ni siquiera sabías si Odín aprobaría como habías manejado el reino mientras él dormía, y trataste de convencerte de que no te interesaba su opinión, pero en el fondo, muy en el fondo, sabías que eso no era así. Odín era… Odín era tu rey. Era el único padre que conociste, y siempre quisiste hacerle orgulloso.

Al verle con Fenrir no pudiste evitar sonreír sarcásticamente. Al menos hiciste algo que, al parecer, le hace feliz. «Quizás no estés tan feliz cuando sepas que él será el causante del Ragnarök y tu muerte» pensaste con un estremecimiento, queriendo alcanzar a Fenrir y desaparecer ambos de Asgard, pero tuviste la impresión de haberlo dicho en voz alta porque de pronto los tres estaban mirándote fijamente.

Thor fue el primero que regresó a ti y antes de que pudieses decir algo, te besó. Así, nada más. En frente de su padre.

—¡Thor! —exclamaste en un chillido que a tus propios oídos fue demasiado femenino. Quisiste golpearlo, convertirlo en rana ¡algo! Pero de pronto la risa de Fenrir te alcanzó, borrando tus instintos asesinos.

Volteaste a mirar a tu hijo y a Odín y te sorprendiste al verlos a ambos sonreír cálidamente. Odín no se veía impresionado ni asqueado. Quizás algo resignado, pero no molesto. Tu corazón se apretó y de pronto miraste al suelo no pudiendo resistir eso. Mordiste tus labios, odiando la situación, hasta que la voz del anciano Ás se escuchó.

—Lo sé todo, Loki. Has hecho un buen trabajo cuidando a Asgard y criando a Fenrir. Quizás sea momento que descanses —tu respiración se cortó mientras volvías a mirar hacia arriba, levantando apenas las manos, queriendo alcanzar a tu niño, horrorizado en la mera idea que Odín quisiera arrebatártelo, pero el hombre viejo frunció el ceño, mientras te miraba con severidad con su único ojo—. Descansar de la administración del reino, hijo. La crianza de Fenrir está por ti por mucho tiempo más, hasta que él no la necesite. Aunque supongo que ahora tendrás a Thor para que te apoye con ella.

—Y mientras nosotros le criamos bien, tú seguro lo malcriarás, abuelo —habló con sorna Thor, ocasionando una carcajada en su padre, casi idéntica a la del rubio, sin negar la afirmación. Fue entonces que notaste que te habías quedado paralizado una vez más.

Fenrir fue depositado en el suelo por su abuelo y caminó directamente hacia ti. Una de sus pequeñas manos cogió la tuya y te hizo mirarle a los ojos. Te estremeciste y quisiste llorar de frustración, porque… porque no mentías cuando dijiste que no tenías ya un plan, y odiabas sentirte perdido.

—No lo necesitas, padre. Los mejores planes son los que se van haciendo por el camino.

Ahogaste el sentimiento de angustia que apretó tu garganta y levantaste la vista. Observaste los ojos llenos de amor de Thor, llenos de confianza y fe en el futuro. Viste luego la tranquilidad y fortaleza en Odín, luego de todo ese tiempo en el sueño. Recordaste como te había dicho que sabía Todo, y que habías hecho un buen trabajo. El orgullo tiñendo levemente sus palabras.

Y finalmente bajaste tus ojos verdes hasta los celestes cielo de tu pequeño lobo, la desolación futura de los dioses, que brillaba lleno de inocencia infantil y adoración hacia ti. Te agachaste y lo envolviste entre tus brazos mientras sonreías un poco al sentir como eras correspondido.

Tu plan inicial jamás había contemplado amar con toda tu alma al ser que surgiese de tu traición a Thor para ser el mero objeto de tu salvación, cómo tampoco había sido regir sabiamente Asgard desde las sombras para luego cederlo con facilidad a Odín cuando despertase de su sueño, y mucho menos había sido finalmente quitar el velo de tus sentimientos mutuos con el dios del trueno, pero… pero al final todo eso había ocurrido.

Tu plan inicial había mutado, pero el objetivo inherente tras él se había mantenido ¿no? Sentirte feliz, completo. Aunque hacía no tanto habías pensado que para tener eso necesitabas un trono y el poder de dominar a, al menos, uno o dos mundos, hoy te das cuenta de que solo necesitas el abrazo de tu hijo para sentirte de esa manera. Lo que no quita que desees la dominación de Yggdrasil para Fenrir en el futuro… pero eso puede esperar.

—Un nuevo plan. Me gusta la idea —susurraste contra el cuello de tu lobo mientras cruzabas una mirada llena de sentimientos con Thor, sonriendo de medio lado.

»EnDeLiG«


¡Lo terminé! La verdad me costó 2 meses concluirlo, y todo porque estaba atrapada en la escena justo de cuando Fenrir echa a sus papás de la alcoba de Odín. Estuve dos meses cabeceándome de que hablarían, que qué sería lo primero que Thor preguntaría, si pelearían… y al final, luego de dos meses, me di cuenta de que Thor simplemente, luego de 4 años creyéndolo muerto, no querría hablar ni pelear… solo querría besarlo :c

Así que lo besa. Mucho xD

Les juro que quería poner algo más subido de tono, pero el espacio no me dio (por eso dejo abierto para epílogo porno (?)). Odín me sorprendió hasta a mí con su aparición, pero supongo que su sueño ya se había prolongado lo suficiente y con el regreso de Thor puede tomar él el control de Asgard para darle a estos dos algo parecido a una Luna de Miel… si es que Fenrir les deja.

Ay, ¿qué puedo decir? No le den una segunda lectura a la profecía, porque sucks, ni las rimas ni la poesía es lo mío, así que me fui con lo más simple mientras tuviese un sentido. El Thor engañando a Loki al llegar y hablándole como "Padre" cuando sabía que era Loki fue simplemente un gusto personal. Me gusta que Thor engañe a Loki xD. Y por qué Thor nunca creyó los rumores sobre que Loki estaba esperando un hijo fue porque Thor realmente pensó que Frigga o Odín le hubiesen contado si algo tan importante había ocurrido y también porque mentalmente no quería creerlo, o los celos y la preocupación lo hubiesen matado. Por eso no fue nunca a verlo a prisión :c

¿Qué más puede no haber quedado claro? Oh, el mpreg. Bueno, para la concepción, Loki transformó el interior de su cuerpo solamente, volviéndolo "femenino", para poder quedar encinta, y mantuvo la transformación interna durante todo el tiempo. Por eso sufría dolores durante Avengers (en mi headcanon xD), porque su cuerpo aún no se acostumbraba del todo al interior cambiado, junto con la presencia de Fenrir. Así, cuando llegó el momento del nacimiento, Loki simplemente tomó su forma femenina completa y tuvo al pequeño de la manera tradicional (Auch) con el apoyo psicológico de Odín, el cual no resistió mucho más luego de eso (ver a tu hijo parir a tu nieto no debe ser fácil xD) y poco después cayó al sueño. A diferencia de una cesárea, el parto natural, aunque doloroso, hace que las mujeres estén "bien" casi de inmediato, sin post operatorio prácticamente. Por eso Loki pudo ir poco después (días, horas) a sentarse en el trono para hablar con Thor, sin problemas.

Hum… que más… ¿Por qué Fenrir es tan grande y maduro, a pesar de tener 4 años midgardianos? No sé cómo crecen los aesir ni los jotun, probablemente más lento que los midgardianos, si es que viven tanto. Sin embargo Fenrir tiene un crecimiento excepcional debido a la cantidad de magia que almacenó mientras habitaba dentro de Loki. Loki estiró su embarazo lo más que pudo, con ayuda de su magia, y ella se embutió en Fenrir. Se mantuvo pequeño dentro de Loki, pero cuando nació su crecimiento se vio exacerbado, al igual que sus capacidades cognitivas, ya que como dice, tiene consciencia más allá de su nacimiento. Lo de tenerla más allá de la concepción puede ir en que sea un vidente o quien sabe. Yo no xD

Bueno, y finalmente (si tienen otras dudas estaré feliz de responderla por mensaje o en el epílogo) ¿por qué Odín es tan amoroso? Bueno, no es taaan amoroso, pero su actitud cambia por la muerte de Frigga. Odín, a pesar de todo, quiere a Loki como quiere a Thor. Lo que pasa es que el tipo es un hdp, y no sabe cómo expresarlo. No es un buen padre, pero quizás sea un buen abuelo. Si Frigga sabía que Thor era el padre del hijo de Loki, no dudo que Odín lo supiese también. No es feliz con que sus hijos queden juntos, pero no le queda más que resignarse. Sobre la profecía, Odín SABE. Se lo dijo a Loki. Cuando está en el Sueño, creo que está en un estado de metaconsciencia (no estoy segura, pero creo que algo así es, por cuando supo que Thor había "muerto" en Midgard), así que es consciente de todo eso. Pero ya verá cómo enfrentarlo, no por eso quiere menos a Fenrir, y que le ha velado por 4 años amorosamente.

Y eso es todo. Perdón las notas tan largas. Quiero darle un super agradecimiento a todas las que me dejaron un review en el capítul quienes han leído el fic sin comentar (me harían feliz si solo ponen una pequeña carita sonriente, por último ;A;), pero especialmente gracias a las maravillosas Cuencas Vacías y a Ophelia Wells que son unas escritoras maravillosas y sus comentarios hacen saltar mi corazón. Esto es para ustedes, como agradecimiento por todo su trabajo en De Ardides y Mentiras, fic que amo y me hacía sonreír cada semana con sus capítulos. Al leer el capítulo extra me bajó finalmente la inspiración y aquí está. Espero que les agrade, aunque no sé qué hijo de estos dos es más lindo, si Fenrir o Hërin –muere de amor– mejor que se queden con ambos.

Gracias a todos quienes han llegado hasta aquí. Recuerden que agradezco desde el fondo de mi corazón cada comentario que me dejan y me animan para seguir. Tengo toda la intención de hacer un epílogo que cierre esto (con algo de "acción", si entienden a qué me refiero), pero como no tengo grandes ideas las suyas me servirían mucho c:

¡Un beso grande a todos y millones de gracias por leer!