Cuando las vacaciones de Navidad pasan sobre ellos, Chris se debate entre el alivio y un profundo anhelo que se instala profundamente en sus huesos. En el último día de rodaje Darren lo abraza, y por un instante, lo único que importa son las manos de Darren sobre sus hombros, presionando suavemente, acercándolo mas hacia él. Se siente íntimo y familiar, se siente como en los sueños que Chris está cansado de perseguir a distancia.
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Darren está sentado en el avión, que se remonta a San Francisco, y no puede estar quieto. Sigue balanceando su pierna, mordiendo su labio inferior, pero nada ayuda, el recuerdo de la sonrisa de Chris cuando se despidieron arde en su interior. Siempre es así entre ellos... Los toques, las miradas, todo dice mucho y nada al mismo tiempo. Es confuso, claro, pero también se siente bien, de una manera que Darren no ha experimentado antes.
Él nunca ha sido un hombre de etiquetas, pero esto no es un asunto de etiquetas. Lo que siente por Chris es algo que solo Chris puede inspirar y eso asusta un poco, porque se ha convertido en uno de sus mejores amigos sin pedir permiso, sin aviso, y Darren no quiere arruinar eso. Es por eso que ha tratado de convencerse a sí mismo de que las miradas robadas, los abrazos, las manos entrelazadas cuando tienen mucho alcohol en su sistema, son suficientes... ¡Pero nunca lo han sido! ¡No lo son!
Darren mira las nubes a traves de la ventanilla del avión y, a pesar de lo complicada que se está volviendo su relación, realmente extraña a Chris.
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Los días van pasando y Chris sigue sintiéndose roto, como siempre que está de vuelta en Clovis. Cuando está aquí a veces se pregunta cómo habría sido su adolescencia si Darren hubiera estado con él, si hubieran crecido juntos, ¿qué habría sido de ellos? Seguramente no estarían participando de este baile estúpido y peligroso en el que ambos se envolvieron, un revoloteo de las cosas que no se dijeron y gestos que dicen mucho.
Está sentado en la encimera de la cocina mientras su madre prepara unos vegetales para la cena, cuando su celular vibra en su bolsillo. Chris mantiene su mirada fija en la blanca superficie de la encimera. Su corazón se acelera y lo hace querer golpearse a sí mismo. Y otra vez esa sonrisa sincera que se extiende en sus labios de manera inconsciente cuando mira la pantalla y lee "Nuevo mensaje de Darren." Como siempre, Chris no tuvo la fuerza necesaria para impedir esa emoción.
De Darren:
¡Estoy a punto de volver a ver Harry Potter y el prisionero de Azkaban con Chuck!
¡Ojalá estuvieras aquí!
Y en realidad, los mensajes de Darren siempre han sido así, desde el día en que se conocieron, nunca tuvieron la necesidad de establecer fronteras y límites; incluso si los hubieran necesitado, no habría habido forma de que esos límites pudieran existir entre ellos.
Chris parpadea, desearía poder estar allí también, porque estar cerca de Darren algunas veces duele y lo confunde, pero también hace que todo sea más brillante y más real.
De Chris:
Haremos un maratón de HP cuando regresemos a Los Ángeles.
¡Desearía estar ahí también!
Chris guarda su teléfono y sabe que nada ha sido nunca tan cierto.
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Darren sostiene el teléfono un poco más fuerte, su mirada centrada en esas pocas palabras, algo tiembla dentro de él, como cada vez que se da cuenta de que ha conseguido llegar mas cerca de Chris.
Y si, su corazón se balancea extrañamente en su caja torácica; si, su piel cosquillea con el recuerdo de otras películas vistas, acurrucado en el sofá con la calidez de Chris alrededor de él.
Se lo guarda todo y lo atesora donde guarda todas las fantasías que él mismo no se ha permitido tener, en espera de su tiempo correcto.
