Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling. Solo la trama me pertenece.


Hermione estaba observando su imagen frente a un espejo de cuerpo completo, en su casa ubicada en el Lower Garden District en New Orleans. Llevaba viviendo en esa ciudad desde un par de semanas después de haber regresado de Londres, tres años atrás. La había visitado anteriormente junto con Elvira y Matt cuando estaban huyendo, pero solo habían conseguido quedarse un par de semanas, la paranoia casi había acabado con ambas; después de todo, era la ciudad de mayor población mágica en Estados Unidos.

Pocos sabían que el verdadero causante del Huracán Katrina, había sido el resultado de una disputa bastante agerrida entre dos familias antiguas, los Gasp y Mandronis, los cuales, según había escuchado, no tenían nada que envidiarle a la historia de Romeo y Julieta, incluso el Ministerio de Magia tuvo que interceder en el asunto para evitar nuevos siniestros. Alguien le había dicho una vez que Shakespeare se había inspirado de ellos para crear esa historia, en uno de sus viajes mágicos. Pero ella no quiso escuchar nada al respecto.

Había varias razones por la que habían elegido esa ciudad para habitar cuando habían dejado de huir; en primer lugar, Matt, quería que tuviese algo de sus raíces. Ciertamente, Elvira y ella le mostraban parte de ese mundo, le enseñaban de magia y lo educaban lo mejor que podían para que la entendiera y protegiera su don, sobretodo que lo mantuviera en secreto, resguardado de ojos curiosos y personas que no lo entenderían; pero él necesitaba tener también personas de su edad que estuviesen pasando por su misma situación.

En segundo lugar; Elvira, quería que su amiga continuara con su vida, y no iba a conseguirlo si seguía ocultándose de mundo, aunque en ese aspecto aún no había tenido éxito y no sabía cuánto le tomaría para que ocurriera, si alguna vez lo hiciese. Incluso había tenido la esperanza que congeniara con Harry, se veía que él sentía interés por ella, y a veces los encontraba hablando, solo que eso no pasaba de allí y ya estaba perdiendo hasta las esperanzas.

En tercer lugar; por todos ellos, incluyéndose a sí misma; habían pasado tanto tiempo huyendo sin poder separar el amigo del enemigo, que temía que sino paraban nunca iban a poder hacerlo. Así que escogió una ciudad con alto volumen de población mágica, dónde podrían volver a confiar y vivir finalmente.

Habían comenzado con lo pequeño, una visita a la casa de un niño que asistía a la misma escuela elemental muggle propenso a desastres del tipo "toqué un papel y se incendió sin querer"; una reunión en el grupo Magos por la libertad; un trabajo normal y estable; Elvira de ayudante en una floristería y ella de asistente en una librería, era una especie de trabajo mediocre; pero el dueño había resultado no serlo, Joshua, mago, tenía una sección secreta de libros mágicos, unos ojos negros que la cautivaban cada vez que la veía, un cuerpo de infarto que le hacía bastante dudoso pensar que en realidad era un total nerd y… agradecidamente para su libido, ninguna acompañante. Hasta que llegó ella.

Le había costado dar el siguiente paso con él, había estado más de seis meses insistiéndole por una cita, cada vez se había negado porque le parecía extraño hacer algo tan normal después de todo lo que había ocurrido con su vida. Todo el resentimiento que albergaba en su interior se había liberado un poco cuando había pagado a Malfoy, pero igual una parte quedaba allí; sin embargo una noche había claudicado y lo había besado después de cerrar la librería. Ella no era una cobarde, merecía ser feliz y continuar con su vida, así que había dado ese paso.

Habían tenido dos años de relaciones antes de que le propusiera matrimonio, lo cual conllevó a una decisión calculada donde había analizado los pros y los contras.

Entre los pros estaba que la amaba a ella y a su hijo, siendo lo último una de las cosas más importantes, ese siempre iba a ser un temor que iba a albergar en su ser, que no quisieran a Matt, así que le encantaba no preocuparse más por ello. También se había ganado el cariño del rubio, Dios, eso era lo más importante que todo, nunca obligaría a su hijo a estar con alguien al que no apreciara, lo que agradecidamente, no era el caso. Estaba bien establecido económicamente con su librería, y aunque podría sonar frío valorar eso como un pro en una decisión para casarse, había que tomar en cuenta que había habido veces en todos esos años de huida que habían pasado días sin comer, cuando no habían podido conseguir unas monedas o habían tenido que salir despavoridas de un sitio sin poder siquiera recoger las pocas cosas que habían conseguido recopilar. Incluso con su cartera hechizada donde tenía lo imprescindible pasaban necesidades. La comida no se mantenía por siempre y el dinero se acababa eventualmente.

Entre los contra estaba que él no sabía su pasado, la procedencia de Matt, nunca pudo contárselo, así que más o menos había asumido como un contra que no la conocía realmente. Aunque se había excusado en que su vida actual era distinta a años atrás, y que no quería que Joshua la mirara como algunas veces encontraba a Harry o Ron haciéndolo, con compasión, como si fuera peor lo que ella vivió a lo que ellos sobrevivieron, ¡ellos fueron los que lucharon contra Voldemort y salvaron a la comunidad mágica de Europa! Lo que ella había vivido no era nada, nada, comparado con eso.

Imbéciles… por eso no podía decirle nada a Joshua, lo asesinaría si la miraba de esa forma aunque fuera por un segundo.

De resto no había muchos contras; era amable, la hacia sentir deseada y apreciada; podían discutir horas sobre libros y poseían muchas afinidades. Ella lo quería, mucho, así que en ese punto había dejado de analizar todo y había contestado que sí.

Así que ahora se encontraba aquí, viendo su vestido de novia, bastante simple en realidad, como era toda esa ceremonia que se realizaría en pocos minutos. Donde se convertiría en la señora de Joshua McClaude.

-¿Hermione? –Giró su cabeza al escuchar la voz que Elvira y sonrió ligeramente.

-Te ves hermosa… -le comentó al verla usando su vestido lila y con su cabello negro ondulado cayendo alrededor de su cara.

El vestido era recatado y con corte alto, lo suficiente para que solo se viera una línea de las cicatrices que rodeaban su pecho, las cuales nunca había observado en su totalidad. Sus ojos azules brillaban de la emoción aunque sabía que también estaba asustada. Llevaba asustada desde que le había dicho que se casaba un par de meses atrás.

-Tú también –le respondió Elvira sonriendo ligeramente-. Ya es hora de irnos…

Hermione asintió y miró los alrededores de su habitación, ahora vivirían con Joshua en su casa en French Quarter, pero esa casa siempre sería apreciada por ella, fue la primera en la que vivió por más de una temporada después de casi diez años.

-¿Está todo empacado? –le preguntó mirándola fijamente.

-Lo está… -contestó Elvira apartando la mirada-. Lo de ustedes…

-¿Y lo tuyo? –insistió.

-No creo que Joshua quiera…

-Elvira… -le interrumpió caminando a su lado y colocando una mano sobre su mejilla-. Tú eres mi familia, junto con Matt y ahora Joshua, vivirás en mi casa…

-No es correcto… -refunfuñó bajando la mirada.

-Lo es… Joshua y yo hablamos y él está más que de acuerdo, tenemos una habitación para ti esperándote, ¿y quién quita? Quizás la próxima seas tú, conseguirás un buen hombre que te quiera, solo tienes un año más que yo, Elvi, eres joven y hermosa y…

-Y arruinada… no se te olvide eso. Con cicatrices que nadie podría ver sin sentir nauseas…

-No digas eso… -le rogó bajando su mano para entrelazarla con la suya.

-Harry está abajo esperándote… Los demás ya están en el sitio de la ceremonia.

-¿Es por eso por lo que subiste? ¿Para huir de él? –le preguntó directamente y la sintió dar un brinco sobresaltada-. Elvi…

-Iré por polvo Flu hacia la casa de Joshua para ver que todo esté bien organizado, me llevaré a Matt conmigo… No tardes…

Hermione se quedó allí por unos segundos viendo cómo su mejor amiga desaparecía. Negó con la cabeza sabiendo que no había nada que pudiera hacer por ella, odió a los Mortifagos hasta lo indecible por el daño que le habían causado. No había sido justo para ella, aunque ninguna parte de esa situación lo había sido.

Por lo menos fue rescatada de una muerte inminente, ese pensamiento causó que arrugara la cara, ya que sabía quién la había rescatado de ello, y trataba, insistentemente, que no ocupara ni un pensamiento de su cabeza, no valía la pena ni lo necesitaba.

Bajó las escaleras y sonrió ligeramente al llegar al final y encontrar a Harry esperándola vestido de gala.

-Tengo un amigo tan apuesto… -comentó y él sonrió más ampliamente.

-Eres la novia más hermosa que he visto en mi vida… -respondió y ella le rodó los ojos.

-Estás tan lleno de… -se calló y soltó una risilla-. Gracias por estar aquí…

-¿Crees que me perdería esto? –le preguntó acercándose a ella y abrazándola con fuerza.

De verdad debería agradecerle, sabía lo fuerte que había estado trabajando de vuelta a Londres para terminar de restablecer el orden, como tanto había repetido una y otra vez. La verdad la había ido a visitar pocas veces, pero cada una de ellas más significativa que otra, en su cumpleaños, había pasado una navidad con ellas, aunque debió ausentarse mucho antes de lo pensado al principio por una emergencia y en algunas vacaciones. Incluso las había acompañado a Disney World con Matt, lo cual fue muy emocionante para el niño, se tomaba muy en serio su papel de tío.

-No creí que este día llegaría… -le comentó Hermione y lo sintió asentir, la sensación de normalidad los atormentaba a ambos y estaba asfixiándolos-. ¿Y Ron? –le preguntó liberándolo.

Su amigo pelirrojo tenía una relación desde unos años atrás con Hannah, pero aún no habían formalizado nada.

-Está ya en casa de Joshua con todos, incluso los pequeños Bill y Fred te están esperando…

Ella asintió mirando fijamente a Harry mientras pronunciaba esas palabras. Cuando los hijos de Ginny habían nacido, dos años atrás, él había aparecido en su casa sin aviso, solo unas horas después de haber recibido una carta de la lechuza del correo conectado entre el Ministerio Americano y Europa, contándole sobre la buena nueva. Había estado borracho y deprimido, al principio no había dicho nada, nunca dijo mucho en realidad, aunque ella lo había sabido sin duda. Y lo había abrazado en silencio, esperando que él se decidiera a confesar lo que fuera. No lo había hecho. Había estado callado, abrazándola y después había llorado en su hombro hasta que quedó agotado.

-Me encantará conocerlos por fin… -comentó besando su mejilla y apartándose un paso-. Ya es hora de irnos… Elvira y Matt nos están esperando.

-Claro, es lo que mejor hace… Huir –comentó Harry sin humor.

-Sé bueno… -le reprendió golpeando su mano-. Sabes que para ella no es sencillo…

-Lo sé… -contestó asintiendo y tomó su mano-. Vamos a llevarla a su matrimonio, señorita Granger.

Sonrió y ambos usaron la conexión de las chimeneas para trasladarse hasta la casa de Joshua, en el patio ya estaba arreglado todo para la ceremonia.

Cuando llegaron encontró todo un revuelo y miró hacia los lados hasta que encontró a su rubio favorito.

-¡Matt! –le llamó y sonrió cuando el niño se adelantó hacia donde se encontraba.

Se veía tan guapo con su traje de gala, había colocado su cabello hacia atrás, pegado con una gomina, de una forma que le había hecho estremecer cuando lo observó por primera vez, incluso había intentado alborotarle el cabello pero el niño había alzado su barbilla y negado con la cabeza, diciéndole que quería llevarlo de esa manera. Ella le había sonreído y asentido, acariciando su mejilla.

Su hijo era hermoso y perfecto, solo que algunas veces también maravillosamente altivo y testarudo, lo cual le recordaba que algunas cosas simplemente se llevaban en la sangre.

-¿Lista, madre? –le preguntó y ella bajó para besar sus mejillas sin importarle mancharlas con lápiz de labio-. ¡Mamá! –se quejó limpiándose profusamente.

-Deja, yo lo hago… -le pidió usando un par de dedos en cada lado-. Estoy lista si tú lo estás…

El niño sonrió ampliamente.

-Joshua me dijo que después que vuelvan de la luna de miel me enseñará un hechizo con su varita… -dijo ilusionado.

Hermione abrió los ojos desmesuradamente, pensando exactamente en las razones en que eso sería una muy mala idea; sin embargo, sabía que no tenía mala intensión, era solo que quería tranquilizar al niño para que pudieran irse sin ningún imprevisto.

-Solo no se tarden mucho… ¿eh? –pidió en voz más tímida, un ruego que no quería dar totalmente, porque le encantaba pensar que ya era grande.

Hermione asintió solemnemente.

-Solo un par de semanas, y siempre llevaré mi teléfono para que me localices… y tendrás a Elvira… ¿Está bien?

Matt la observó fijamente con sus ojos grises como si quisiese traspasarla y saber cada uno de sus pensamientos e intensiones. Eso solo hizo que se estremeciera de nuevo, aunque le sonrió con cariño.

-¿Está bien? –le repreguntó. Matt asintió y la abrazó lanzándosele encima-. Vale…, creo que ya es hora…

Ambos se acomodaron y escucharon como la música comenzaba, una tonada de arpa que les encantaba a ambos, sonrió cuando se notó que el instrumento sonaba libremente sin que nadie lo tocara. Observó a todos alrededor, amigos de Joshua, los Weasley y sintió la nostalgia de sus propios padres, y cuánto añoraba que estuvieran allí, a pesar que sabía que los había perdido años atrás cuando les borró la memoria.

Apretó la mano de Matt recomponiéndose y ambos caminaron uno al lado del otro hacia donde se encontraba Joshua, así lo habían elegido ambos, ya que él no se estaba casando solo con Hermione, también lo hacía con su hijo.

Observó al hombre de cabello oscuro y ojos negros que la esperaba al final del pasillo y sonrió, deseando por fin tener la felicidad junto con la libertad. Dejó de sonreír ya que ese pensamiento le hizo recordar algo que era mejor mantener olvidado, pero que igual se filtró en su cerebro.

Draco Malfoy.

Detuvo por un segundo su andar ante ese nombre, bajando la mirada confundida, no debería pensar en él, debería mantenerse aparte de su memoria, ya que no valía la pena regresar a pesares de antaño. Sintió que Matt apretaba su mano y parpadeó recordando dónde estaba y lo que estaba haciendo. Retomó su camino y poco tiempo después estaba frente al hombre que había elegido para pasar el resto de su vida.

Le sonrió cuando sintió que le acariciaba su mejilla, se encontraba tan ansioso que su mano temblaba contra su mejilla.

-Hola, hermosa, bienvenida a casa… -le susurró acercándose para besar su cuello.

Hermione sonrió aunque no contestó nada.

-¿Lista? –le preguntó acariciando su brazo debajo de su codo. Se apartó para que ambos se miraran fijamente.

Ella lo detalló por unos segundos, era un muy buen hombre y la haría feliz. Quizás incluso con él olvidara cosas que pertenecían al pasado para siempre.

-Lista… -respondió contenta por comenzar una nueva etapa de su vida, una que esperaba por fin le diera la satisfacción y el amor que tanto ella como su familia merecían.

Escuchó que el mago comenzaba la ceremonia y sonrió ampliamente, bajando su mirada para encontrar los ojos grises y emocionados de su hijo.


Harry observó a su amiga besar a su ahora esposo y sonrió ligeramente, mientras a su alrededor todos los demás aplaudían. Se sintió, como normalmente hacía desde que la guerra había acabado, como un intruso.

Había hecho tanto a causa del "bien mayor" que cada vez se le hacía más difusa la línea divisoria entre el bien y el mal. Había visto demasiado, participado en muchas batallas como para que eso no ocurriera, y cada noche cuando iba a intentar dormir, ya que generalmente no lo conseguía, se repetía a sí mismo que todo lo hacía por el beneficio de alguien más. Para que no vuelva a ocurrir algo tan terriblemente malo, para que el daño y el odio no volvieran a imperar. Para no volver a perder a alguien importante en su vida, o incluso, una voz en su interior le repetía que era su cuota de pago por toda su responsabilidad que llevaba en esa guerra, cuántas muertes que fueron por la idea de él y por seguirlo, las cuales pudieron ser evitadas de alguna manera.

Simplemente, que algunas veces se le olvidaban esas razones, y poco a poco eran más difusas, dejándolo un poco más perdido.

Al ver a su amiga caminar por el simulado camino de alfombra entendió que ahora era imposible que Hermione regresara a casa, estaba casada con un americano, así que ya no la tendría jamás cerca. Igual, cuando sentía que la fuerza decaía un poco pensaba en ella, en lo que había pasado y en lo que ansiaba. En su hijo. También pensaba en todas las mujeres, que como ella, sufrieron por una maldita guerra.

Sus ojos volaron hacia Elvira que sonreía mirando emocionada hacia su amiga y su nueva familia, inmediatamente frunció el ceño al detallarla. Su reacción con ella había sido de por más diversa.

La había conocido seis meses después de haber recuperado a Hermione, en una visita relámpago que había hecho en New Orleans para verificar que estaban a salvo, y como entendió ahora que era su intención, había pasado totalmente desapercibida ante sus ojos, solo sabía que fue comprada y usada como su amiga había sido y que tenía el cabello oscuro.

El momento en que todo cambió, fue el día del nacimiento de los gemelos de Ginny y Dean, sabía que pasaría, había asistido a ese matrimonio y los veía continuamente porque pertenecía a esa familia. Incluso estuvo allí cuando anunciaron su embarazo. No se estaba engañando a sí mismo, la había dejado ir años atrás y aunque no fue feliz porque continuó con su vida, no pudo culparla. Él no era la misma persona que después de un partido de Quiddich le había robado un beso. Había perdido mucho, su inocencia estaba ida desde hacía tiempo, así como su capacidad de ver todo en blanco y negro.

Siendo todo eso cierto, no había esperado que ese nacimiento lo golpeara como lo hizo, la exigencia en su interior que esos niños deberían ser suyos casi lo habían vuelto loco, así que había huido lejos de allí, por primera vez había dejado de preocuparse por el gobierno, el orden y los rastros de sus enemigos, solo quería salir del mundo y explotar.

En cambió, había parado en la casa de Hermione.

Su amiga había hecho lo mejor posible para consolarlo, pero fue Elvira la que había terminado el trabajo.

Después de haber estado deprimido por horas y haberse ido a la cama para intentar dormir, sin ningún éxito, había salido de su habitación en búsqueda de un trago y la había encontrado en la cocina con un vaso de agua entre sus manos y el cabello largo cayendo a sus lados.

Demonios, era hermosa. Aún lo recuerda y se estremece.

Sin embargo, no lo había notado antes, era su intensión que no lo hiciera, estaba seguro de eso, pero su cabello negro que caía en ondas hasta su cintura, solo la envolvían haciendo que se concentrara en sus ojos azules casi agua marina. Si a eso se le incluía sus labios carnosos y su piel pálida… Harry había creído por un instante que estaba en presencia de un ángel.

Un ángel roto… se había dado cuenta poco después, no esa misma noche, sino en las veces posteriores que habían hablado, cuando visitaba a Hermione o salían de viaje. Pero eso estaba bien, porque él estaba bastante quebrado por su cuenta, así que eran ambos lados de una misma moneda.

Esa noche lo había acompañado por un rato, ambos sentados en un puesto frente a la mesa de la cocina, ella con un vaso de agua, él con un vaso lleno de whisky de fuego que había traído consigo. De repente, antes de levantarse del asiento y dirigido a su cama, le había tomado su mano y dicho que los pesares nunca se superaban, que no lo intentara, solo viviera con ello.

Él lo había hecho, llevaba haciéndolo prácticamente toda su vida, continuó haciéndolo después de la guerra; pero de igual manera le maravilló que se lo recordada, quizás lo hubiera olvidado por un segundo.

Desde ese día había prestado más atención a esa mujer, la había visto sonreír y la forma en como se comportaba con Matt; hablar con Hermione y aconsejarla como si fuera su madre, aunque no parecía de ninguna forma mayor a ella; como hablaba con él de cualquier cosa aunque también le temía, era más cómodo para ella cuando estaban acompañados, cuando estaban solos le huía, como si le afectara tenerlo cerca. Eso le intrigaba. Sabía para lo que había sido usada en el pasado pero no le importaba, fue obligada a ello, y tal vez le sirviera mejor que una mujer tranquila y risueña. Ella sí sabría los huecos que había en su alma, los que nadie conseguía vislumbrar o tratar de mejorar.

Cuando había terminado la guerra, y todo se comenzó a llenar a una calma ficticia, él había intentado algo normal, seguro, por lo que había escogido a Angelina Johnson. Salieron unos cuantos meses; era hermosa, tenían gustos comunes, se le percibía una paz que él tenía años sin experimentar. Una paz de conciencia y de alma. Sin embargo; Angelina no entendía sus silencios, ni su seriedad, mucho menos su responsabilidad hacia la causa, sus constantes ausencias y su obsesión… No funcionó al final.

Después lo intentó con Luna, ambos habían pasado por lo mismo, la guerra, las pérdidas, pero tenía el mismo problema, ella era pura luz, felicidad, calma, de la que él no formaba parte y aunque lo había intentado, eso no podría satisfacerlo. Ya no.

Al igual que tampoco habría funcionado con Ginny.

Sabía qué necesitaba ahora, lo que quería, lo que le haría sentir lleno, un ángel roto, como él, que lo entendería, así como lo había hecho esa noche sin siquiera proponérselo.

Ese pensamiento lo había atormentado y era lo que le motivaba a atraerla, aunque era bastante escurridiza.

Dejó sus pensamientos al lado cuando vio a los novios llegar a su lado, se levantó para abrazar a Hermione y estrechar la mano de Joshua, era un buen hombre, la haría feliz, lo cual merecía.

Media hora después, habían organizado todo y estaba sonando un grupo de música. La castaña estaba bailando con Joshua y se acercó para interrumpirlos.

-¿Puedo bailar con la novia? –preguntó a Joshua sonriéndole ligeramente.

-Por supuesto –dijo el hombre antes de apartarse dejando que estrechara a Hermione.

-¿Estás feliz? –le preguntó Harry y ella asintió, inmediatamente giró hacia la izquierda y él siguió su mirada, para encontrarse a Matt bailando con Elvira.

-Mucho… -le respondió Hermione abrazándolo ligeramente.

Él asintió, ya que eso era lo importante. Bailaron por unos instantes en silencio.

-¿Harry? –le preguntó en voz baja.

-Dime… -dijo dándole una vuelta, ella sonrió y volvió a acercarse a él.

-¿Qué sabes de… él? –Se detuvo y la miró fijamente, sin decir ninguna palabra. Midiéndola. Al final, suspiró y volvió a comenzar a bailar de nuevo.

Aún quería matarlo, así supiera que él la había protegido, y a Matt, además de sospechar que ese imbécil sentía algo por ella. Igual así, quería acabar con Draco Malfoy por haberle hecho daño.

-Ya sabes que hace un año terminó la condicional con un aprobado general… Después de tener el aprobado general se fue de Londres, dejó el trabajo que ayudé que consiguiera en el Ministerio. Ahora nadie sabe dónde está…

Ella se tensó y asintió lentamente.

-Hubiese sabido si se acercaba a ti… -comentó Harry y ella sonrió ligeramente.

-No lo hará… no le importo lo suficiente –respondió encogiéndose de hombros-. Gracias, Harry…

Él asintió y volvió a mirar hacia Matt con Elvira, sonrió al ver como ella le daba la vuelta, jugando.

-¿Te gusta, verdad? –escuchó que Hermione decía y giró al observarla-. A ella también le gustas, lo sé…

-¿Sí? –interrogó confundido-. ¿Qué te hizo saber eso? ¿La forma en cómo me ignora o cómo ni siquiera me mira?

-Exacto… -respondió divertida. Harry se detuvo y la miró más confundido que antes-. Ella no ha tenido una vida fácil, y… no es mi historia para contar; pero solo sé que merece ser feliz, tú también, y noto la forma en que se ven cuando ninguno de los dos está prestando atención…

Harry la miró fijamente y sonrió ligeramente, en ese momento llegó Ron a interrumpirlos y liberó a su amiga, dirigiéndose directamente a donde Matt y Elvira estaban bailando.

-¿Me permites esta pieza, Matt?

Vio cómo Elvira se tensaba pero se concentró en el niño, quien sonrió y salió corriendo hacia donde estaba una niña de su edad. Quedó frente a ella, mirándola fijamente, notando cómo miraba hacia todos lados para no encararlo.

Harry miró hacia atrás, sentía que alguien lo vigilaba, pero no podía descifrar de dónde venía, no era una mirada amenazadora, por eso su paranoia no había explotado; aunque aun así resultaba molesto.

-Debería ver si todo está bien… -contestó ella apartándose un paso. Él se acercó y colocó una mano sobre su cintura atrayéndola a su cuerpo.

-Baila conmigo… -pidió acercándola un poco más.

Elvira suspiró por lo bajo y colocó sus manos sobre sus hombros, ya que él había atrapado su cintura con sus dos manos. Dieron dos vueltas a ritmo de la música, antes de que ambos conectaran sus miradas.

-Hermione me dijo que vivirás con ella y Joshua… -comentó y la observó asentir-. ¿No has pensado en buscar un sitio para ti sola?

-Yo… quería, pero Hermione insistió en que fuera a vivir con ella y no quiero dejar a Matt –contestó y él asintió, observando sus ojos casi aguamarinas llenos de incertidumbre.

-Eventualmente tendrás que hacerlo, cuando decidas formar tu familia…

-Eso no va a suceder…

Harry la miró frunciendo el ceño, extrañado por esas palabras.

-Elvira eres una mujer joven, hermosa… Cualquier hombre… -se detuvo y afianzó más el agarre de su cintura-. Incluso yo… estaría…

Ella se apartó y lo miró aturdida antes de salir corriendo hacia la casa dejándolo en la pista de baile solo. La miró confundido y observó alrededor cómo habían dejado de bailar algunas parejas para mirarlo, se encontró a Ginny con los ojos muy abiertos y salió caminando hacia donde la mujer se había ido.

-Elvira… -llamó cuando entró en la casa, no había nadie alrededor y escuchó un ruido en el lado izquierdo, hacia la sala.

Al llegar la observó de espaldas y frunció el ceño.

-¿Qué sucede?

-Eres un buen hombre, Harry –susurró ella y él frunció el ceño, quiso decir que no lo era, que ya no sabía lo qué era; pero prefirió quedarse callado-. Estuvimos en Howgarts en el mismo tiempo…

-¿Qué…? ¿Cómo…?

-Yo era de Hufflepuff y un año mayor que ustedes; sin embargo, estuve presente cuando tuviste tu primer juego de Quiddicth; la piedra filosofal; cuando tuviste el duelo con Malfoy que hablaste con aquella serpiente… Te vi en el torneo del Cáliz de Fuego… Eras tan hermoso y valiente… E idiota, sobre todo eso…

Él sonrió y negó con la cabeza.

-Te encanta ir por las cosas perdidas, eres un héroe y quieres salvarnos a todos… Es para lo que existes…

-Elvira… -intentó interrumpirla.

-No pierdas el tiempo conmigo, Harry –declaró firmemente-. No valgo la pena.

-Creo que estás equivocada –declaró él.

-Sé lo que quieres y no puedo dártelo…

-Ni siquiera me has dejado intentar algo… ¿Cómo? -comentó. Ella sonrió.

-Por supuesto que lo sé, está allí desde que te acompañé esa noche, latente de tu parte con tanta fuerza que a veces siento que me traspasa, lamento haberte dado entender que podría… No sé, algo… -Negó con la cabeza-. No pude evitarlo, Hermione me contó sobre Ginny y sus hijos, después llegaste tú y… lo supe, estabas destrozado por ello y tuve que hacer algo, sé lo que es que tus sueños se destruyan y te quedes sin nada…

-Sé que lo sabes… -le interrumpió acercándose un paso-. Por eso eres perfecta…

-Soy todo menos perfecta…

-Y hermosa…

-No, eso mucho menos…-contestó apartándose un paso, alejándose la distancia que él se acercaba.

-¿No te has visto en un espejo? –le preguntó y ella asintió.

-Lamentablemente lo he hecho –comentó y él frunció el ceño. Ella apretó los labios con dolor y algo parecido a lástima, después lo miró con resolución-. Yo no tuve la suerte de Hermione, no tuve un amo que me protegió o me salvó… O que solo me usaba cuando era obligatorio sin hacerme daño… Solo conté con ello al final, cuando mi destino era la muerte, y créeme, aún ahora, después de tantos años, hay noches que me despierto rogando haberlo culminado.

Harry la miró paralizado por esas palabras, sintió que el odio por esos malditos aumentaba, sobre todo al ver sus ojos humedecidos y escuchar la derrota con la que hablaba.

-No me importa… -masculló frustrado. Elvira sonrió con tristeza.

-Estoy destrozada, Harry, y doy asco… No lo dudes. No hay nada aquí que alguien pueda querer…

-Elvira, la guerra nos cambia a todos, yo tampoco soy el mismo niño que era antes, ni siquiera sé qué hacer ahora con mi vida. No dejo de perseguir fantasmas y siento que nunca tendré paz de nuevo, tanto que ya no la quiero; tú sabes a lo que me refiero, tú tienes tus demonios persiguiéndote, como los míos vienen cada noche… Los conoces y puedes lidiar con los míos, podemos lidiar con ellos…

Ella negó con la cabeza y comenzó a desabrocharse los botones posteriores de su vestido. Él frunció el ceño quedando sin voz por esa opción, hasta que el silencio se convirtió en jadeó cuando ella apartó los lados y mostró la parte superior de su cuerpo.

Querría regresar el tiempo y tener a cada Mortifago que había acabado frente a él, en ese instante no se conformaría con que la llamada justicia los atacara; esa vez sus ansias de destrucción eran tales que los rompería uno a uno con sus manos. Solo para terminar con las personas que le hicieron eso a ella.

No había parte de su cuerpo posterior que no estuviera marcada. Sus pechos… estaban tan destrozados y mutilados que ni siquiera necesitaba usar brasier, simplemente no estaban allí; su piel se veía cuarteada y seca, como la de los quemados y parecía que hubiese sido levantada en algunas partes. Él solo podría imaginarse el dolor que cada una de sus heridas le había causado y sintió su estómago enfermo.

Literalmente, sintió que iba a vomitar al pensar en ello.

-Lo sé… doy asco… -comentó ella cerrando su vestido-. Lo siento… Tenía que mostrártelo, no quería que esa ilusión aumentara, porque sé que nadie cuerdo querría tocarme, y estoy segura que nunca permitiría que alguien me tocara de nuevo… Perdóname, Harry…

Ella salió corriendo pero él no pudo moverse, estaba impactado aún por esa visión, por esas palabras, y en ese instante su resolución estuvo más afianzada que nunca, quizás dudara de sí mismo y pensara que se estaba volviendo un monstruo por el bien mayor. O tal vez sintiera que iba perdiendo su alma cada vez que ordenaba una redada y cazaba a todos los que pudieron estar involucrados en la guerra.

Pero todo tenía sentido si eso significaba que nunca jamás alguien pudiera recibir ese trato de nuevo… Si eso significaba que con sus acciones pudiera salvar a las Elviras y Hermiones del mundo.

Ellas merecían que él perdiera hasta su alma…


¿Les gustó?

Después de la tardanza imperdonable, les traigo otro capitulo, es transitorio, lo sé, pero hemos tenido un periodo demasiado largo de ausencia y necesitamos adecuación al trama, además que tenía que mostrar estas cosas, para que sigamos adelante... Bien, nos leemos en la próxima...

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