Empate a 1
—Muy graciosas, queridas—dijo un molesto Sirius entrando por la puerta de la Dama Gorda.
—¿De que hablas, Sirius?—preguntó inocentemente Rose.
—Eso, capullo, ¿acaso nos ves cara de payasas?—le gritó Val.
—Ya se tuvo que meter la otra—comentó molesto— ¿A ti quien te hablo?
—De otra nada, y yo me meto donde me da la gana.
—¿Ah, sí? ¿Y cuando te vas a meter en mi cama, querida?
—Cuando te crezca un poco, querido.
—¿Aún más? No cabría en los pantalones, querida.
—Eso lo arreglo yo, querido—dijo sacando rápidamente su varita y apuntando a sus partes nobles. Sin embargo, el chico ya estaba preparado y se protegió del Reducto que le lanzaba la chica justo a tiempo. Cuando iban a lanzar nuevos hechizos, sus varitas volaron de sus manos hasta las de Remus y Rose respectivamente que los miraban con desaprobación. Además de las suyas también volaron las de James y Lily quienes, sorprendidos, los miraron y preguntaron.
—¿Y nosotros que hicimos ahora?
—Por si acaso—contestaron al unísono.
—Sois insoportablemente correctos—criticó Sirius.
—Bueno, da igual. Ya los criticaremos luego. Ahora hemos venido a hablar de otra cosa—terció James.
—Ya, pero no va a ser ahora porque es hora de dormir así que ¡todo el mundo a cama!—gritó a los pocos rezagados de la Sala Común con una sonrisa. Los alumnos fueron despejando la sala lentamente—y eso también va por vosotros, cretinos y Remus. ¡A cama!
—¿Vienes conmigo?—preguntó James con una sonrisa pícara.
—¡Que te largues ya!—gritó ella.
—Me encanta cuando te pones mandona, estás tan morbosa…
—Y tú tan gilipollas… ¡Fuera de mi vista!
—Shhh, vas a despertar a tus compañeros, ¿Qué clase de prefecta eres?
—Me pones enferma.
—Podrías dejarlo en "me pones." Ambos sabemos que es verdad.
—Potter…—previno perdiendo la paciencia
—Vale, amor, ya me voy. ¡Que sueñes conmigo!
—Entonces en, el mejor de los casos sería una horrorosa pesadilla—y enfadada, se dirigió a su habitación seguida por sus amigas.
—Algo habrá que hacerles. Nuestra reputación no puede sufrir esta enorme ofensa…—dijo Sirius una vez las chicas hubieron subido.
—Tranquilos, tengo un plan—dijo James con su particular cara de venganza. Tras escuchar el plan de James y ponerlo en práctica (lo cual les llevo bastante tiempo por la complejidad de los hechizos y el tiempo que tuvieron que esperar) subieron a sus habitaciones para, por fin, descansar de un largo día.
A la mañana siguiente, una pelirroja, una morena y una castaña llenas de legañas se despertaron al notar los rayos de sol sobre sus ojos. En un idéntico movimiento se incorporaron sin abrir los ojos y se destaparon, acto seguido, en perfecta sincronización movieron sus piernas hacia un lateral de la cama y se incorporaron pero… en vez de tocar el cómodo y calentito suelo, sus pies fueron lo primero de sus cuerpos en tocar una superficie mojada. A los pocos segundos estaban completamente sumergidas en el lago.
Tras salir a la superficie se quedaron mirándose alucinadas.
—POTTER
—BLACK
—LUPIN
Gritaron las tres al mismo tiempo. Se habían pasado. Miraron al cielo y vieron, como sospechaban, sus camas suspendidas encima de la superficie del lago formando un triángulo. Y en el medio de las tres una M plateada daba vueltas sobre sí misma.
Completamente mojadas y enfadadas salieron del agua.
En un silencioso acuerdo se dirigieron iracundas hacia su Sala Común.
Por los pasillos, los alumnos madrugadores del sexo masculino se detenían mirándolas embobados. Desgraciadamente para ellas, había sido una noche de calor en la que se habían visto obligadas a dormir con cortos y ajustados pijamas. Muy cortos y muy ajustados pijamas. Añadiendo el hecho de que estaban empapadas y la ropa se pegaba a sus cuerpos como a Merlín su barba, los resultados no eran aptos para cardíacos.
Al llegar a su Sala Común se dirigieron directamente a los dormitorios de los chicos. Lo de llamar a la puerta no era su fuerte así que decidieron pasar golpeándola fuertemente contra la pared. Los chicos de la habitación se incorporaron alertados.
—¿A VOSOTROS ESTO OS PARECE NORMAL, PEDAZO DE ANORMALES?—gritaron al unísono. Los chicos no respondieron… estaban ocupados comiéndoselas con los ojos.
—¿Qué? ¿Falta mucho para que vuestras dos neuronas conecten?—preguntó Rose hecha una furia.
—¿Sois un sueño o sois reales?—preguntó Sirius aún boquiabierto.
—¡Que te jodan, cretino!—le gritó Val justo antes de darle una bofetada.
—Mierda, me parece que son reales… la Val de mis sueños es más dócil.
—Tíos, me encanta estar en vuestra habitación…—comentó Frank Longbottom alucinado. Las chicas lo miraron con odio y se calló.
—Esta la vais a pagar, capullos unineuronales—gritó Lily antes de darle un bofetón a James.
—¿No era que os gustaba tanto el lago?—comentó Remus divertido. Rose se acercó y le dio un bofetón. Acto seguido las tres chicas profundamente indignadas salieron de la habitación y se dirigieron a la suya, sin embargo, y para tremenda vergüenza para ellas, en la Sala Común se encontraba un divertido Dumbledore.
—Buenos días señoritas… ¿algo que debería saber?—las chicas se miraron preocupadas—bueno, no todos los días salen de la habitación de los chicos unas chicas… bueno, con ese atuendo.
—¿No creerá que…?
—Sinceramente me da igual… Bueno, venía a preguntarles si sabían algo al respecto de las camas que están flotando en el lago pero veo que están ocupadas, así que primero se cambian y luego me comentan. Aunque, señorita Evans, me parece que ese pijama le quedaría mejor en color marrón, aunque ese no le queda nada mal.
—Vaya, esto… gracias, profesor…—dijo la pelirroja cuyo rostro empezaba a adquirir el color de su cabello. Las tres chicas corrieron hacia su habitación y tras darse una ducha y cambiarse salieron a la Sala Común.
—Bueno, me parece que a los señores Black, Lupin y Potter no les agradará mucho su cambio pero así están… más… abrigaditas… que ya empieza a haber corriente—dijo el anciano director sonriendo. Las chicas se sonrojaron y tomaron asiento delante de la chimenea, donde el director las esperaba—Bien, supongo que a estas alturas no cabe duda de quienes son los causantes de esta original broma… lo que vengo a preguntarles es si van a tomar ustedes la justicia por su mano o si por el contrario y maduramente deciden dejarle ese trabajo al cuerpo docente.
—Profesor, creo que ya sabe la respuesta.
—Bueno, sí, me lo supongo. ¡No se hable más! Pásenselo bien y no machaquen mucho a los chicos, que luego sufren grandes problemas de autoestima.
—¿Problemas de autoestima? ¿Los Merodeadores alias: somos—los—mejores—del—universo—y—nadie—nos—podrá—vencer—nunca? Permítame que discrepe, profesor—comentó Val.
—Tiene usted razón, señorita White, no se en qué estaba pensando… Aún así, recuerden que no todo es lo que parece ser—las chicas se quedaron extrañadas con la contestación pero no le dieron más vueltas.
Después de un apetitoso desayuno cortesía de ElfosDeHogwarts SA, las tres amigas se dirigieron tranquilamente a su primera clase del día; Doble de Transformaciones con Ravenclaw.
Tras llegar, sentarse y hablar un rato, hicieron su aparición estelar los James y Sirius.
—¡OH! ¿Se puede saber por qué os cambiasteis?—preguntó indignado Sirius.
—¿Algún problema, señor Black? ¿No le gustan mis nuevas mechas?—preguntó la profesora McGonagall entrando en la clase.
—No profesora, usted está perfecta, como siempre—dijo Sirius sonriendo.
—Gracias, Black, ahora haga el favor de sentarse si no quiere ganarse el primer castigo del año.
—Bueno, sería un honor, pero prefiero ceder el puesto a otro… yo ya batí el record.
—Estará orgulloso, señor Black…
—Puff, no sabe usted cuanto, profesora.
—Black, ya está bien—y Sirius se sentó.
—Bueno, empecemos…—antes de que pudiera seguir, entraron por la puerta Remus y la Ravenclaw del tren. Rose, ya picada, soltó:
—¿Qué, un polvo mañanero?
—¿Cómo dice, señorita Swam?—preguntó la profesora incrédula de las palabras que llegaban a sus oídos.
—Nada, profesora, que algunos tienen la testosterona por las nubes.
—Sí, y algunas cuando se ponen a ovular están insoportables…—contraatacó.
—¡Que plastas estáis con la regla! Yo soy de la segunda quincena, joder.
—Joder, pues si estás así sin la regla…
—¡Que te den!
—¡Que estamos en clase! Cállense de una vez. Y miren, ustedes van a ser los primeros castigados del año, enhorabuena.
—¡No es justo! Yo no hice nada—gritó Rose—es culpa de esa zorra que se engancha en el brazo del "Remusín" y no lo suelta.
—¿Remusín?—preguntó la profesora— ¿Eso no era una marca de detergente?
—¡POR FIN ALGUIEN QUE ME ENTIENDE!—dijo Rose a voz de gritó y comenzando a bailar.
—¡Señorita Swam, contrólese!
—Perdón, profesora—dijo resignada sentándose.
—Aún así, su comportamiento ha sido… extraño por decir poco, en esta clase así que está castigada… y usted señor Lupin, también.
—¡Empezó ella!
—Eso sí que es una razón de peso, señor Lupin. Y además muy madura. Ahora siéntense todos antes de que empiece a descontar puntos.
Y la clase empezó sin más interrupciones.
Tras unos minutos, curiosamente silenciosos, empezaron los problemas.
—¡Potter, deja de transformar mi araña en cosas extrañas!—gritó Lily.
—No son cosas extrañas, amor, son flores—replicó James indignado
—¿Llamas a esto flor?
—¿Me meto yo con tu burdo intento de peluche?
—¡Que te den!
—Si le das tú, no hay problema—se inmiscuyó Sirius.
—Black siempre tan gilipollas…—añadió Val molesta.
—¿Ya estás metiéndote donde no te llaman?—preguntó Sirius.
—Deja a Val en paz—la defendió Rose.
—Sí, que si no la chica de la segunda quincena se nos enfada y se le adelanta el período.
—¡Que te den!
—Si le das tú, no hay problema—repitió Sirius.
—¿Tu neurona no es capaz de discurrir nada más?—preguntó Val irónica.
—Cosas guarras contigo.
—¡Que te den!
—Si le das tú, no hay problema—dijeron Remus y James al unísono.
—Yo si que les voy a dar a todos… ¡un buen castigo! los espero esta tarde a todos en mi despacho—dijo McGonagall enfadada.
—Bueno, chicas, empatamos 1 a 1 en lo de las venganzas… ¿ya estamos en paz?—preguntó Remus cuando salieron de clase.
—¿Lupin, querido, de verdad te crees que vamos a dejar pasar así porque sí que hicierais que tuviéramos que ir por todo el castillo enseñando todo? Mucho Merodeadores seréis pero algo cortos de luces si que andáis.
—Bueno, podría haber sido peor… Para vosotras, claro, para nosotros habría sido genial.
—Eres un cerdo gilipollas—comentó seria.
—Y tú eres una histérica—Rose lo miró con odio—Me encanta cuando me miras así. Te pones súper sexy.
—Esto no se queda así, Lupin—terminó mosqueada dándose la vuelta y yéndose.
