OCHO DÍAS

Esta historia es continuación directa de dos fanfic, en primer lugar al que evidentemente pertenece: «La mirada de cristal». Sin embargo también es continuación del especial navideño «El corazón de un tirano». En esta ocasión aparecerán los puntos de vista de cuatro personajes. Gemma como Kunihiro y Tetsuhiro y Laura Paty como Souichi y Masaki. Todos son protagonistas así que disfruten y esperamos sea de su completo agrado.

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Morinaga Kunihiro

El paisaje se deslizaba deprisa junto a mí, como una flecha en la ventana; árboles, casas y montañas que ya indicaban que la ciudad iba quedando atrás. Miré en ese momento por encima de mi hombro para echarle un último vistazo a Tokyo y, al hacerlo, Masaki se deslizó de mi abrazo y tuve que sujetarle para que no se diera de cabeza con el reposabrazos de su asiento. Afortunadamente, no se despertó; se me ocurrió pensar que su sueño es muy pesado y ni una bomba nuclear lograría arrancarle de él. Más teniendo en cuenta que la noche anterior había resultado agotadora; mi hermano y su senpai habían pasado la noche de Navidad en nuestra casa, dos días atrás, con lo que no nos atrevimos a tener sexo, lo cuál, naturalmente, nos llevó a discutir profusamente en cuanto ellos se fueron, justo ayer. Y es que Masaki no es sólo un cabezota orgulloso e infantil, si no que además es una especie de máquina sexual que nunca se pone en modo "off", así que es trabajoso para mí estar siempre a la altura de sus expectativas, con lo cuál se pone de mal humor y la testosterona no le deja pensar. Por todo eso, le adoro. Por su carácter tan difícil, por su eterno sentimiento de autocompasión, por su egoísmo. Por todas las cosas que le hacen tan humano, tan lejos de mi propia realidad y del mundo en el que mis padres me hicieron crecer, pensando en mi propia perfección, con mis maravillosas notas, mis impecables trajes y mi reluciente empleo. Gilipolleces. Ahora, por primera vez en mi vida, estaba vivo. Y lo estaba porque mi compañero era insoportable, porque me ponía de los nervios y porque me volvía loco de amor y de pasión.

Así que, lejos de Tetsuhiro y su senpai, habíamos pasado toda la noche teniendo sexo salvaje, sin importar quién estaba arriba y quién abajo, y apenas nos dormíamos cuando ya sonó el despertador que nos indicaba que, si no nos dábamos prisa, íbamos a perder el tren a Nagoya.

Lo cierto era que no le había dicho nada a mi nii-chan sobre esta visita, pero estaba seguro de que se alegraría de ella. Yo pensaba que, probablemente, pasaría el Año Nuevo en casa de los Tatsumi que, por lo que sabía, eran una gran familia muy unida. Además, se habían reunido en Nagoya por Navidad, incluso el hermano de Souichi que vivía en Estados Unidos, y no tenía duda de que seguían ahí para celebrar en familia la fiesta más importante del año. Pero, precisamente por eso, pensé que sería buena idea que la cena fuera nuestra; al fin y al cabo, mi hermano también tenía familia: yo, ya que no había otra cosa. Para bien o para mal. Se lo dije a Masaki y discutimos (tiene demasiado miedo de Tatsumi-san), pero acabamos en la cama, como de costumbre, y ahí sanaron todas nuestras heridas.

–Oye, ¿dónde nos alojaremos? Necesito un café...

–Yo también, ahora nos paramos. He reservado hotel, no te preocupes.

–Genial –dijo Masaki, prendiéndose de mi brazo. Yo lo alcé un poco para facilitarle el gesto. Me importaba un wasabi lo que nadie pudiese pensar. Y así, tomados del brazo, llegamos a una cafetería y nos sentamos.

–Kunihiro –me dijo, con la boca llena– ¿ya le has dicho a Tetsu que estamos aquí?

–Todavía no, le llamaré más tarde.

–Oye –me miró, pensativo– no termino de comprender a esa pareja. ¿Tú sí?

–Naturalmente que no. No creo que se comprendan ni ellos mismos. Y la verdad es que me inquietan.

–A mí me inquieta Tatsumi. Está loco.

–Sólo es un mar de confusiones, y no seré yo el que critique eso.

–Pero mira, la otra noche se presentó en casa a las doce, sin aliento, muerto de frío, pero sudando de tanto correr. Tiene unas reacciones extrañas.

–No logré hablar a solas con Tetsuhiro, así que no sé lo que les pasó. Pero es fácil: debieron de discutir y Tatsumi se arrepintió y vino a pedirle disculpas.

–Pues en el desayuno no parecía tener muchas ganas de disculparse...

–Eso es porque tiene un carácter horrible. Y por eso quiero hablar con mi hermano, no estoy seguro de que alguien tan voluble como Tatsumi sea lo que más le conviene.

–¡Como si fuera a escucharte! Créeme, yo lo he intentado, hablé con él; ya sabes, cuando vine hace algún tiempo y tú viniste a buscarme...

–Me acuerdo perfectamente, Pies En Polvorosa-san –Masaki sonrió.

–Pues eso, me di cuenta de que Tetsu siente devoción por ese loco de atar, pero no me quedó tan claro lo que él siente por Tetsu-chan. Y sabes, tu onii-chan es alguien con tendencia a dejarse maltratar...

–Lo sé –dije, avergonzado–. Por eso creo que es mi obligación verles en su casa, juntos, saber si de verdad están bien.

–¿Y si llegas a la conclusión de que no es así?

–En ese caso, haré lo que sea por ayudar a mi hermano. Al fin y al cabo, se lo debo.

Cuando llegamos al hotel era entrada la mañana. Yo estaba convencido de que Masaki desearía con toda su alma dormir en una cama blandita, después de haber dormitado sobre mi hombro incómodamente en el tren. Me equivocaba: tal y como cerré la puerta del cuarto sentí sus manos rodear mi cintura y meterse una bajo mi camisa, ascendiendo; la otra, en mis pantalones, descendiendo.

–Masaki, haz el favor...necesitas descansar...unnnn poco...

No me hizo ni caso. Antes de darme cuenta, mis pantalones estaban en el suelo, mi camisa abierta y sus manos agarraban mi pene, mientras su boca recorría mi cuello. Pensé que ser de la misma estatura era un inconveniente. De haber sido Masaki más menudo, habría podido detenerle con mayor facilidad. Pero éramos demasiado iguales. En todo. Así que no tardé en prenderme con sus besos, en comenzar a desnudarle también y llevarnos uno al otro a la cama. Desde que vivíamos juntos, algunas cosas se habían relajado, pero todavía nos perdíamos frecuentemente entre nuestros deseos, tanto tiempo dormidos. Y, aunque nuestra relación estaba madurando deprisa y concedíamos tiempo a todo, también es cierto que el trabajo no nos permitía pasar juntos las suficientes horas como para tener demasiado desgaste, de manera que unas vacaciones eran la excusa perfecta para dejarnos caer el uno en brazos del otro.

–¿Y qué vas a hacer? –me preguntó una hora más tarde, mirando al techo y con la respiración todavía algo acelerada–. ¿Vas a llamarle?

–No –le dije, con una media sonrisa–. Voy a hacerlo de otro modo. ¿Confías en mí? –me miró con cara de susto.

–Sí...supongo.

Solté una carcajada.

–Tengo que hacer esto, cariño –le dije, dándole un suave beso en los labios–. Es mi hermano, es importante que yo pueda entender todo lo que le pasa y, si es necesario, ayudarle.

–Está bien... Pero si tienes algún problema llámame, ¿vale?

Caía la tarde sobre Nagoya cuando salí del hotel y pasé por la cafetería en que Masaki y yo habíamos desayunado aquella mañana. Me sobrecogí al observar sobre mi cabeza la enorme esfera metálica del Museo de la Ciéncia, la dejé atrás y me adentré en el parque despejado en dirección a casa de mi hermano. Siempre me había llamado la atención aquella sensación de espacio que daba la ciudad. En comparación con Tokyo, uno tenía la impresión de ser un ser humano, con su propio espacio que nadie iba a quitarle. Caminando plácidamente, saqué mi teléfono móvil del bolsillo y marqué un número que nunca había marcado antes.

–¿Mmm? –me contestó una voz molesta al otro lado.

–¿Tatsumi-san? Soy Morinaga Kunihiro. ¿Podemos hablar?

–¿Y qué demonios quieres hablar conmigo, si puede saberse?

–Bueno, no esperaba tu gratitud por mi hospitalidad, pero al menos podrías escucharme antes de empezar a renegar, ¿no te parece?

Se hizo el silencio. Tatsumi senpai podía ser muchas cosas, como un maleducado o un tirano, pero jamás fue un hombre innoble ni hipócrita (eso lo aprendí con sangre), así que dijera lo que dijese, lo diría de corazón.

–Es cierto, disculpa. Gracias por haberme aceptado en tu casa. ¿Qué quieres de mí? –dijo ásperamente, pero tratando de medir sus palabras.

–Verte. ¿Dónde estás?

–¡¿Verme?! ¿Para qué diablos...? –calló de nuevo– ¿A ver, qué te pasa? –añadió, bajando la voz– No tenemos nada que hablarnos, ¿no? Y no voy a volver a Tokyo, faltan sólo cuatro días para Año Nuevo, y mi familia...

–Estoy en Nagoya. He venido con Masaki, pero ahora estoy solo, y a pocos pasos de tu casa. Te espero.

–¡Pues puedes esperar toda la noche, me importa bien poco! –Su voz seguía baja–. ¡No voy a salir ahora!

–Por que mi hermano está contigo, ¿no? Bien –dije, con una sonrisa maquiavélica–. En ese caso, tienes dos opciones. Primera, te inventas una excusa y sales para que podamos hablar. Segunda, pico a tu puerta, mi hermano me ve y me hace pasar y te digo delante de él lo que tengo que decirte. Y créeme, no creo que eso te gustase.

Aguanté sin respirar el silencio que se formó de nuevo. En un minuto, Tatsumi soltó un profundo suspiro.

–De acuerdo, ahora mismo voy.

Era increíble lo bien que respondía ese hombre a los chantajes, pensé sonriendo. No tardé más que un instante en verle salir de su casa.

–¿Qué demonios quieres?, suéltalo ya y lárgate –me dijo, con todo el vinagre que pudo en su gesto y en su voz.

–Supongo –contesté– que no querrás que mi hermano nos vea hablando aquí, ¿no? –Su mirada de odio se avivó aún más.

–Y qué se supone que tenemos que hacer, ¿eh?

–Vamos al café bajo el Museo de la Ciéncia –dije, y me giré, comenzando a caminar hacia ese lugar, sin mirar atrás, seguro de que Tatsumi-san me estaba siguiendo.

Me senté y él frente a mí, sin quitarme los ojos de encima y sin abrir la boca.

–¿Y bien? –acertó a decir al fin. Decidí no andarme con ambajes.

–Tatsumi-san, ¿tú eres feliz con mi hermano?

El color de su cara cambió varias veces en pocos segundos.

–¿Qué diablos...qué clase de pregunta es esa?

Le clavé la mirada en sus ojos verdes como la miel de romero, tratando de mirar dentro de ellos tanto como pude. Y me di cuenta por primera vez de que era un hombre hermoso, aunque demasiado andrógino para mi gusto. Como si yo tuviera gusto con los hombres.

–Es una pregunta que me preocupa mucho. Necesito saber si mi hermano es feliz, y sólo lo puede ser si tú lo eres.

–Escucha, Mori-baka, esas son cosas privadas, ¿no te parece?

–Es mi hermano –le corté–. Me importa mucho su bienestar, y no estoy seguro de que lo tenga contigo.

–¿Te preocupa...? ¡No me hagas reír! ¡Tú, que le diste la espalda cuando más te necesitaba, te preocupas por su bienestar! ¡Pues atiende bien: él está perfectamente, es un hombre adulto y no necesita que nadie se ande preocupando de "su seguridad", menos un hermano que le rechazó ¿está claro?

–Tatsumi-san –le dije, bajando el tono que él había subido– ¿no has cometido nunca ningún error?

–Cientos, sin duda, pero...

–Yo también. Y lo bueno es darse cuenta y hacer lo posible por enmendarlos. Por eso quiero que mi hermano esté bien, ¿lo pillas?

–¿Y qué tiene eso que ver conmigo? –me dijo, refunfuñando. Ya era suficiente; no podía perder toda la noche dando más y más vueltas alrededor de la enmarañada mente de aquel senpai testarudo. No con mi hermano preocupado por su furtiva salida de la casa; no con Masaki esperándome en la cama, sin saber a dónde había ido ni a qué. Así que fui al grano.

–Tatsumi, ¿tú amas a mi hermano?

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Tatsumi Souichi

La navidad pasó como tantas fechas, compromisos que cumplir, familia que ver en casa y por supuesto el amoroso y meloso hombre que no deja de fastidiar. Todo el tiempo tiene que ser él, tan encimoso y desagradable, pero detesto verlo con esa cara tan amarga con la que intenta sonreír sin que quiera hacerlo realmente, supongo que se aprovecha de ello para forzarme a hacer cualquier cosa.

Si, lo hice marcharse lejos y en el último minuto me fui tras él. No sé en realidad en que rayos pensé aquella noche cuando la tía me dio el boleto de avión hasta Tokio. Ahora no sólo Isogai lo sabía, sino mi Tía conocía el hecho de que me enamoré de un hombre… No iba a decirlo más veces, el lapsus de locura en el que lo dije se deslizó de mis labios, mucho más por obtener esa estupidez suya en la que me hizo los pies de gelatina. ¿Cómo era posible? Lo mandé lejos y de todas formas al verme parecía olvidar sus rencores y abrazarme con esa sentida calidez de sus brazos que saben destrozar mis protecciones. Definitivamente prefiero llevarlo a casa para las festividades que volver a pasar por aquello, pues esa noche en que las palabras más absurdas y sin sentido salieron de mi boca descubrí que consumían mi corazón y aunque eran ciertas, me molestaba tener que decirlas.

Si bien he comprendido que no quiero que se marche, tampoco estoy dispuesto a dejarlo hacerme todas esas cosas muy frecuentemente, aunque luego debo pagar las consecuencias y puesto que es demasiado animoso termina por dejarme rendido en cama por de acceder a sus demandas.

Tantas veces he querido terminar con todo esto, no estoy seguro si es porque me encanta estar solo o a razón de que prefiero evadir el hecho de que es algo desagradable el tener un amante masculino. No obstante esos besos tan extraños que pueden mermar mi cordura, mi capacidad de pensar y aun estando enojado me hacen olvidar que cualquier cosa existe en el mundo, son capaces de filtrarse dentro de mí, de hacerme entender que simplemente no quiero que se aleje, pero a la vez quisiera que me diera un poco de espacio.

En medio de mis reflexiones mientras yacía en la cama justo después de un orgasmo. No uno en realidad, ese insaciable hombre había sido capaz de hacerme venir cuatro veces esa noche, nunca tuve tanta energía sexual y ahora que podía obligarme a correrme demasiadas veces, no tenía ánimo para discutir o golpearlo si quiera. Mi cama parecía un buen lugar alejado de ese calor que podía hacerme hervir la sangre, pero mi cuerpo decía que prefería quedarme inmóvil escuchando su respiración en mi hombro con esa sucia y desagradable sonrisa boba que pude observar al moverme un poco.

— Te amo… — Expresó su voz mascullando las palabras.

Nunca entenderé en qué momento me quedo sobre su hombro, no entiendo si es a razón de que los orgasmos me vuelven un completo imbécil o el hecho que se siente confortable de cierta forma. Al intentar pensar en qué momento me atrapó hasta la cama, recordé que al llegar luego de la celebración de navidad, habíamos estado besándonos a escondidas en todos lados. A decir verdad no era culpa mía, sin embargo mi cuerpo reacciona estrepitosamente cuando han pasado demasiados días sin tener alivio sexual. Además me sentía realmente incómodo luego de decirle esas palabras que volvieron a rebotar en mis pensamientos «Estoy enamorado de ti».

En resumidas cuentas, luego de decirlo volteó a besarme en aquella cama donde estábamos invitados. Pretendía avanzar y tomarme justo ahí, en una casa ajena con su hermano en el cuarto contiguo. ¡Dios! No iba a permitir aquello. Suelo hacer demasiado ruido cuando el idiota me hace esas cosas sucias. Entonces como era de esperarse lo aparté y me susurró al oído:

—Sabré esperar a que lleguemos a casa mi amor…

Esas simples palabras casi me hacían vomitar el hígado por lo empalagosas que sonaron, pero no iba a pelear y discutir luego de pensar que la navidad sin él era bastante deprimente. Simplemente me voltee de espaldas con tal de no verlo, y no demostrarle que yo estaba ansioso por continuar con las caricias que me había dado. ¿Cómo demonios se suponía que yo podría dormir con una erección? Pero así fue, finalmente pude descansar luego de pasar un largo rato pensando en mis acciones y palabras absurdas.

La mañana siguiente no podía soportar el hecho de que yo había actuado impulsivamente, ahora qué pasaría con nosotros si yo le había dicho aquello, ¿se aprovecharía cada vez más de mí? Entonces actué indiferente, pero en el vuelo del avión mientras una de sus manos se deslizó hasta la mía, me intimidó tanto, que me bebí casi medio carrito de los frascos de alcohol que repartían, posteriormente saqué la botella de vino de su maleta, la cual había sido regalada por su hermano mayor y también la bebí discretamente. Lo malo de aquello es que varias veces al ir a orinar, Morinaga me siguió para besuquearme, razón por la que al llegar a casa terminé en su cama.

No voy a negar que fue placentero, lo acepté entrando y saliendo apresuradamente, todo estaba tan caliente que sin duda… ¡Pero que rayos estoy pensando!

Nuestra piel sudada casi pegada no era del todo desagradable, sentir también el calor de su cuerpo junto con las mantas que nos cubrían me hizo pensar un par de veces en tocar su pecho pues necesitaba girarme un poco para dormir y suelo recargarme en la almohada. Sin notarlo mis ojos comenzaron a cerrarse lentamente y me dejé llevar hasta el mundo de los sueños.

¡La cabeza me iba a explotar! ¿En qué momento había llegado a casa? De inmediato las náuseas se apresuraron desde mi estómago y corrí veloz hasta el baño. Luego de vomitar todo el ácido y el alcohol que excesivamente había bebido, me percaté de mi desnudez. El dolor en mi espalda baja me hizo de pronto recordar las escenas más vergonzosas de mi vida, yo lo había montado, y me moví arriba y abajo con él dentro de mí. Sin duda todo el alcohol había hecho estragos en mi cabeza y el sexo fue una respuesta natural de mi cuerpo ante esas exigencias de Morinaga. Abrí la regadera y me asee pues me sentí la molestia de siempre, el imbécil se corría dentro de mí a pesar de dejarme sucio e incómodo. Intenté evadir el hecho de que yo mismo, por acciones del alcohol le había impedido salir cuando estábamos por tener el orgasmo.

Esa tarde justo antes de la comida, la llamada del hermano de Morinaga, me hizo salir del departamento con la justificación de ir a comprar medicina para la resaca y algunos cigarrillos. El miserable tipo no le bastaba hacer evidente nuestra relación sino que se atrevió a decirlo:

—Tatsumi, ¿tú amas a mi hermano?

Primero tosí un par de veces pues le acababa de dar un trago al café y luego respondí con enfado:

— ¡Con un carajo! ¡Quién te crees para preguntar esas cosas que no te conciernen!

Las miradas asustadas de los clientes del café, obligaron a uno de los meseros a regañarnos. Se suponía debíamos bajar la voz pero yo alterado como un demonio por esas estúpidas palabras casi me ahogo con el asqueroso café.

—Ya veo, así es que no lo amas, pero lo mantienes a tu lado por lastima quizá.

Nuevamente a pesar de las advertencias del mesero grité enfadado:

— ¡No es lástima! Te repito que son cosas entre él y yo, a nadie más le incumbe.

El mesero nos pidió marcharnos, no podíamos hacer tanto escándalo y decidimos irnos antes de seguir peleando ahí. Una vez fuera del lugar nos sentamos en el parque que estaba cerca del departamento.

— Tatsumi… sólo quiero que Tetsuhiro sea feliz, no me iré de Nagoya hasta no saber que por fin tiene las cosas que le fueron negadas. Él ha sufrido demasiado ya, no tienes idea.

Recordé las cosas que Morinaga me había contado y su mirada de nostalgia que parecía desaparecer cuando yo escuché sus historias, cuando dijo aquella vez que su amor por mí le había devuelto la vida.

— Él es un adulto, no tienes que preocuparte por él, así que vuelve a Tokio que no tienes que resolverle la vida, pues él la tiene resuelta.

— Esta vez no puedo, no voy a abandonarlo y tú deberías entenderlo. Recuerdo que dijiste que tienes un hermano menor que se volvió homosexual. ¿Permitirías que estuviera con alguien que lo trata como tú tratas a Tetsuhiro?

Entonces recordé la disculpa que le dio Kurokawa delante de todos en la fiesta de navidad a Tomoe por su altercado, es algo que no hubiera hecho yo. Si de verdad alguien golpeara a mi hermano o lo rechazara como lo hago con Morinaga yo…

— ¿Qué es lo quieres? Él dice que es feliz así y no deberías venir a preguntarme a mí sino preguntarle a él.

— Claro, yo podría hacerlo, sin embargo dirá que todo está bien, jamás ha sabido expresar su sufrimiento y procura que nadie se preocupe por él. ¿Sabes que en navidad parecía deprimido? Hasta que apareciste y de hecho creí que lo habías aceptado como tu pareja, pero por la mañana le gritoneas y lo apartas de ti que me haces pensar que te causa repulsión.

— ¡No se trata de eso! ¡Maldición! Es que tenemos distintos límites, y no soporto el contacto, me irrita.

— ¿En ese caso no sería mejor que lo dejaras ir?

— No… — Respondí al instante sin pensar.

— Está bien. Entiendo un poco, pero eso no me deja tranquilo. ¿Sería posible que nos quedemos con ustedes esta semana? De un hermano mayor a otro. Quiero saber si lo dejo en buenas manos o te prometo que estaré aquí cada fin de semana para hacerles la vida imposible, hasta llevármelo a Tokio.

¡Maldita sea! ¡Todo el mundo le gusta chantajearme! No tenía más remedio que acceder a sus demandas, entonces respondí luego de suspirar:

— De acuerdo…

— Sabía que entenderías Tatsumi. Hoy mismo vamos por las cosas a nuestro hotel, si no tienen habitación de huéspedes compraré un par de colchonetas. ¿Supongo que ustedes comparten una habitación como buena pareja no? Es fundamental compartir la cama pues los problemas crecen si nos apartamos.

Prácticamente quería arrancarme el cabello con las manos, ese hermano de Tetsuhiro es un dolor de cabeza. Si no aparentamos ser una buena pareja se lo llevará. Y lo peor de todo es que mientras lo hace tendré que aguantarlo hasta que lo convenza de irse. Algo debía hacer para que no viera que dormimos separados.

— ¿Por qué no vienen mejor mañana temprano? Tenemos una habitación de cosas que no usamos y debemos acondicionarla para ustedes.

— ¡Tenemos un trato! Espero que no intentes fingir, pues yo lo conozco bien y sé que no puede mentir. Su mirada lo delata. Una cosa más no le digas que iremos a verlos, quiero que sea sorpresa.

Alargó su mano hasta que yo la estreché pues me miró atento y condenador. No entiendo cómo logra intimidarme, me siento acosado y molesto.

De esa forma regresé a casa con Morinaga, al verme entrar de inmediato se aproximó hasta mí.

— ¿Sempai se siente bien?

— ¡Cómo me iba a sentir bien! ... Te mudarás en este instante a mi cuarto. Necesito hoy mismo esa habitación desocupada pues creo que invitaré a Tomoe a quedarse con Kurokawa. Más te vale portarte adecuadamente.

— Seguro sempai, no hay problema. Gracias por aceptarme en su habitación, pensé que tendría que irme al sillón.

¿Ahora que rayos haría para decirle que se quedará en la misma cama? No tenía una forma para comentárselo sin que sonara mal, o pudiera malinterpretarlo.

Morinaga Tetsuhiro

«Estoy enamorado de ti». No importaba las veces que lo repitiese, no podía parar de pensar que se trataba de un sueño, si no fuera porque se giró hacia mí y me perdí en su mirada brillante entre la oscuridad del cuarto. Me rechazó, lógicamente; estábamos en casa de mi hermano, pero Dios mío, ¿qué podía hacer? En tantos años, era la primera vez que mi senpai verbalizaba sus sentimientos, más allá de sus «Mori...» cuando lo hacíamos, incluso de aquella vez en que me dijo que me quedase a su lado. Enamorado. Llegué a hacerme un cardenal en el brazo de tanto pellizcarme, para despertar de aquel sueño. Pero, aunque su actitud y su carácter difícil habían regresado después de aquello (creo que nunca logrará cambiar, por más años que pasen), su declaración seguía rebotando en mis oídos y me daba nuevas energías, nuevas ilusiones. Aún así, me tomó de nuevo por sorpresa esta nueva petición: que me fuese con él a su cuarto, que Tomoe vendría con su esposo a nuestra casa por unos días. Me pregunté por qué; en casa de la tía Matsuda, ellos tenían un cuarto estupendo. Imaginé, no obstante, que Tomoe se sentiría más cómodo con nosotros, especialmente si le apetecía tener sexo. Y eso me hizo extrañar aún más: ¿Souichi secundaba algo así? Definitivamente, esta Navidad estaba yendo de una a otra sorpresa, a cuál más agradable.

De manera que aquella noche me mudé a su cuarto cuando él ya estaba acostado, llevando conmigo un futón del armario y dejándolo en el suelo. Y para colmo de surrealismo, mi senpai alzó un segundo la vista hacia mí desde su laptop, en la que estaba trabajando, y me dijo algo que me dejó helado.

—¿Qué haces, idiota?

—...Me has pedido que venga a tu cuarto.

—Pero no te he dicho que traigas la cama puesta. Suelta eso y ven. — Expresó volviendo a teclear.

No necesité soltar el futón, se me cayó solo al suelo. Me acerqué temeroso y levanté las mantas, me metí en la cama junto a él intentando no tocarle y le miré desde abajo. Si él mismo me lo había pedido, no obstante, sería por algo. Pero apenas me atrevía a preguntarle. Finalmente, me decidí.

—Senpai, tú...¿tienes ganas? —Ni siquiera me miró.

—¿De matarte? A menudo. Duérmete y no me molestes.

—Pero... —le dije. No quería molestarle, pero no entendía nada de nada y necesitaba saber qué estaba pasando.

—¡Pero, qué! —me contestó en un grito, dejando su tablet en su mesita de un golpe y mirándome iracundo.

—Me has pedido que venga, ¿no? Tengo miedo de no entender qué quieres de mí, no sé por qué me lo has pedido, estoy confundido.

—No hay nada que entender, necesitamos tu habitación para mi hermano y su esposo, eso es todo —dijo, metiéndose entre las mantas y quitándose las lentes y la ligadura de su coleta.

—Sí, pero si ellos vienen mañana...

—¡Oye! ¿Qué demonios te pasa? ¡Siempre me estás insistiendo, y ahora parece que dormir conmigo es para ti un gran problema!

—¡No es eso, senpai! ¡Es sólo que no lo entiendo! Tú nunca me quieres cerca...y ahora, de pronto, me pides que duerma contigo, ¿cómo quieres que no me extrañe?

—¡Porque no es nada raro, tan sólo un problema logístico, ¿vale?!

Ante tal argumento, guardé silencio y él se dio la vuelta.

—Buenas noches.

—Buenas noches... —le contesté. Dios, su pelo suelto sobre la almohada, el olor de su champú... ¿O era su olor natural? Su calor...su calor, su calor. Su figura delgada... Acerqué mi cara a su pelo, respiré con los ojos cerrados para robar el aroma que me volvía loco. Las manos se me fueron solas a su cintura y comenzaron a bajar hacia su cadera, mientras esperaba un grito, un golpe, cualquier desprecio por molestarle una vez más. Pero no se movió, no dijo nada. Era imposible que ya se hubiera dormido. Avancé mi mano, aparté su pelo y besé la base de su cuello. Tal y como lo hice, tuve una erección que traté de que no notase.

—Morinaga...Estate quieto.

«¿Estate quieto?» ¿Mi senpai notaba que le estaba tocando en su cama y me decía bajito «estate quieto»? ¿Ni un grito, ni una patada? Eso no era posible. Pero no podía dejar escapar una oportunidad como esa, sin duda. De manera que subí mi mano por su pecho y, ahora sí, me arrimé a él y apreté su cadera contra la mía, besándole el lóbulo de la oreja, pellizcando uno de sus pezones que, bajo mis dedos, se puso duro en el acto. Me fascinaba lo fácilmente que respondía siempre a mis caricias, llevando la contraria a sus palabras. Esa era la razón de que le amase tanto: lo mucho que me deseaba, aunque lo negase; la evidencia de las contradicciones entre sus palabras y sus hechos. No tardé en escuchar un gemido muy quedo, así que le giré boca arriba y le besé despacio, mordiendo sus labios, chupándolos con la punta de mi lengua, como si se los estuviera pintando. Y mi senpai abrió la boca, dándome acceso, pidiéndome que la penetrara con mi lengua. Le tomé la nuca para alzar su boca y la poseí con la mía, invadiéndola, penetrándola, enseñoreándome de ella. Y cómo me respondió; me dio todo lo que quise, se abrazó a mi espalda y se pegó contra mí, rodeándome con sus piernas. No pude más; le quité el pijama, colgué sus piernas en mis hombros y le penetré despacio, sin necesidad de dilatarle; no hallé dificultad, habíamos tenido sexo hacía muy pocos días, así que pude cabalgar sobre él y desbocarme, sujetando sus muslos abiertos y penetrándole una y otra vez, mientras mi senpai gemía rítmicamente, cada vez más fuerte, enloqueciéndome todavía más, haciéndome correrme y corriéndose conmigo.

Cuando le miré, con mi respiración agitada y mi corazón latiendo tan rápido como el de un colibrí, vi sus ojos cerrados, su cuerpo laxo. Le acaricié la cara y le hablé al oído.

—Te amo, te amaré siempre, hasta que me muera.

No me contestó, de manera que le di un beso en la mejilla y me dispuse a ir al baño para asearme. Siempre aquella sensación de desolación cada vez que terminábamos y me sentía tan solo, tan abandonado de sus brazos, de una caricia, una sonrisa, una palabra amable. Pero no podía pedirle mucho más de lo que ya me daba, no estaba en su naturaleza ser cariñoso, eso yo lo sabía bien. Así que me levanté y, justo al hacerlo, su mano tomó mi muñeca. Me giré, sorprendido, y le vi mirándome con fijeza.

— No te vayas...

En serio, que alguien me despierte. Sabía que, de no ser así, la caída sería más dura y dolorosa. ¿Pero qué quería? ¿Un beso? ¿Podría ser posible? Me acerqué a él preguntándome qué ser de qué planeta le había poseído, mientras depositaba suavemente un beso en sus labios. Entonces, mi senpai cerró los ojos, se giró y se durmió, dejándome más y más confundido con cada acción, con cada palabra.

Por la mañana, me despertó el timbre de la puerta. Tomoe, pensé, levantándome deprisa para abrir, tomando mi pijama y poniéndomelo apresuradamente. Pero no era Tomoe. Una franca sonrisa iluminó mi cara.

—¡Kunihiro! ¡Hermano, qué sorpresa!

Mi hermano me dio un abrazo y, al hacerlo, reparé en Masaki, justo a su lado, mirándome sonriente. Abrí mi abrazo y traté de abarcarles a los dos.

—¡Qué bueno!, ¿cómo es que habéis venido?

—Bueno, queríamos pasar el Año Nuevo con vosotros, aunque fuese la cena —dijo mi hermano. Parecía francamente feliz de verme. Y yo me sentía muy feliz de verle a él, y a Masaki. Era increíble que las cosas hubieran terminado así; ellos dos juntos, mi hermano aceptando una relación como esa abiertamente. Esperé en el fondo de mi corazón que mis padres no llegasen a saberlo; de ser así, sufrirían mucho. No me habían tratado bien, pero eso no quería decir que yo les desease nada malo. Al fin y al cabo, eran mis padres.

—¡Pues habéis hecho muy bien! —dije, dándome cuenta en el acto de la cruda realidad: ¿qué diría mi senpai? Seguramente se enfadaría, y bastante. Pero justo en ese momento, salió de su cuarto con su pijama, descalzo y con ropa limpia en la mano.

— Ya veo… son ustedes... adelante…

Decididamente, las reacciones de mi senpai estaban distando mucho de lo habitual. ¿Sería porque me había declarado su amor, que se mostraba tan comedido? No lo sabía, y desde luego no iba a preguntarlo.

—Gracias, Tatsumi-san. ¿Les molestaría que nos quedásemos aquí esta semana?

— Que más da… —dijo, y se fue al baño a darse una ducha, girándose antes de cerrar la puerta y hablándome— Morinaga, tu hermano me dijo que vendrían, pero me pidió que no te lo dijera porque era una sorpresa. Ahora ya lo sabes, por eso te dije que venía Tomoe— y, ahora sí, cerró la puerta.

Yo miré a mi hermano y su pareja con estupor.

—¿Le pediste a Souichi venir a casa?

—Sí, no me habría atrevido a venir sin su permiso. Y me lo dio.

Aquello era raro de verdad, pero en todo caso muy bueno. Sonreí.

—Bueno, pues entonces será cuestión de salir, ¿no? ¿Qué os apetece hacer?

—¿Qué tal el Planetario del Museo de la Ciencia? —dijo Masaki.

El día transcurrió con calma, sin que mi senpai me alzase la voz ni me golpease ni una sola vez. No parecía de buen humor, pero se estaba comportando bien conmigo. Yo deseaba llorar de felicidad, si no fuera porque había algo en él que no me cuadraba con su habitual forma de ser. Cuando mi senpai era totalmente sincero, se venía abajo delante de mí. Ahora estaba de mal humor, pero parecía contenerse para no reaccionar de mala manera a mis muestras de afecto. Y, en esas condiciones, llegó la hora de cenar. Masaki me pidió poner la televisión, y yo lo hice.

—¡Eh! —dijo mi hermano— No la pongas, Tetsuhiro, o no podremos hablar.

—Es que hoy sale una serie que me gusta, quiero verla —contestó Masaki.

—Pues te descargas el capítulo. Ahora no es momento de ver la tele.

—¡Joder, Kunihiro! ¡Dura media hora! ¿No puedo ver una cosa de media hora?

—¡Por supuesto que no! ¡Ni que durase diez minutos! Estamos juntos y la tele no se pone, es todo.

Masaki miró a mi hermano con enorme fastidio. Y mi senpai y yo miramos expectantes a Masaki.

—¡Me tienes harto! —dijo Masaki—. ¡Siempre tenemos que hacer todo lo que tú dices, Pluscuanperfecto-san! ¡Me pones enfermo!

Mi senpai y yo giramos la vista de él a mi hermano.

—¡Y tú a mí, con todas esas tonterías! ¡No importa los años que cumplas, siempre serás un niñato! ¿No entiendes que no estamos en nuestra casa? ¡No vas a crecer jamás! ¡Las cosas tienen un orden, no te lo puedes saltar constantemente!

Y nos giramos a mirar a Masaki.

—¡Claro, cómo no! ¡Siempre todo tiene que ser según las normas, ¿verdad?! ¡Normas de protocolo, normas sociales! ¡Normas y más normas! ¡Eres la persona más aburrida de este planeta! ¡Estoy empezando a cansarme mucho de ti!

Miramos entonces a mi hermano, que pareció empequeñecer y soltó todo el aire que tenía en los pulmones.

—Bueno, yo diría que me he saltado unas cuantas normas contigo, ¿no crees? Empezando por tomarte del brazo por la calle, o por dedicarte palabras que no dije jamás a nadie, y contigo me salen solas. Pero claro, soy aburrido. Será mejor que me vaya a la cama. Tetsuhiro, ¿dónde puedo dormir? Que no sea en el cuarto que nos habéis preparado, por favor.

—¡Ah, no! —intervino mi senpai—. ¡No os hemos preparado el cuarto para que ahora os peleéis y nos causéis más molestias! ¡Debéis dormir juntos, así que se acabó!

Mi hermano le clavó una mirada afilada como un puñal.

—¿Puedo hablar contigo?

—Desde luego —le dijo mi sempai. Ambos se levantaron, se metieron en mi cuarto y cerraron la puerta. Masaki y yo nos miramos, entonces de puntillas pero aprisa, corrimos a mi puerta y ambos pegamos la oreja en la puerta.

—No te metas en mis asuntos. Si me peleo con Masaki es problema mío, además nos peleamos muchas veces, es natural en las parejas —dijo mi hermano, continiendo la voz.

—¿Natural? —A pesar de intentar hablar bajo, mi senpai alzaba la voz más de la cuenta— Entonces, si te parece natural, ¿a qué vinieron tus amenzas?

—¡No es lo mismo! Lo nuestro son peleas normales, lo vuestro no.

—¡Ja! ¿Puedes explicarme la diferencia?

—Claro. Yo puedo gritar a Masaki y él a mí, podemos no estar de acuerdo en cosas, y después lo arreglamos todo en la cama, o dialogando, o saliendo. Tú le gritas a mi hermano y él no te grita jamás, le golpeas y no se vuelve, cedes ante él sólo cuando tú quieres, no importa si él tiene o no suficiente. Yo le he pedido perdón mil veces a Masaki después de una pelea, igual que él a mí. ¿Le has pedido perdón alguna vez tú a Tetsuhiro?

—Yo...bueno, eso no es asunto tuyo.

—Lo es. Por eso estoy aquí. Le insultas, le pegas. Le tiranizas. Y yo no quiero eso para él.

—¿Me has visto hoy gritarle una sola vez?

—¡No, claro! Pero eso ha sido por mi chantaje, por haberte amenazado con convencerle de dejarte si veía que le tratabas mal. Por eso te contienes.

De pronto, como los bloques del tetris, cada pieza cayó justo a su lugar. Su petición de que durmiese en su cuarto, el hecho de no haberse negado la noche anterior, el día sin gritos ni golpes. Y mi sensación de que algo no encajaba. Mi hermano le había hecho chantaje, le había dicho que me llevaría consigo si él me trataba mal. Por eso era tan amable, por eso fingía que todo estaba bien. Por eso me había dejado tocarle anoche. Anoche. Tan dulce, y todo mentira. Me sentí tan herido, tan desbordado que no pude más y abrí la puerta de mi cuarto de una patada, mientras Masaki me sujetaba el hombro, intentando contenerme.

—¿Cómo has podido? —dije entre lágrimas— ¿Cómo puedes ser tan...retorcido, tan terriblemente maquiavélico? ¡Yo...no puedo con esto, senpai! ¡Es demasiado! ¡Eres...odioso!

Me horrorizó escuchar aquellas palabras salir de mi boca, pero, por una vez, mis sentimientos hablaban por mí y no pude contenerlos. Todo el miedo, la angustia, el temor al rechazo cada vez que le tocaba, que le hablaba; todo lo que siempre contuve o justifiqué salió de pronto, rompiendo el dique e inundándolo todo. No pude mirarle, no pude seguir ahí. No podía ir a su cuarto, donde estaban mis cosas, ni quedarme en el mío, donde estaban todos ellos. Así que me fui del apartamento. Masaki me siguió, pero le detuve en la puerta.

—Déjame solo, por favor —le dije, y me fui corriendo por la escalera hasta la calle.

Aquello me resultaba familiar. No hacía mucho que había ido a aquel mismo parque, en aquel mismo columpio, planteándome de verdad romper con mi senpai. Pero él vino a mí, me juró que no volvería a irse corriendo de mi lado, me dijo que me quedase con él. Y yo cedí, como siempre, porque le amo más que a mi vida. Pero me estaba tomando el pelo de nuevo; todo era un chantaje de Kunihiro, mi hermano preocupado por mí, tratando de arreglar las cosas, de hacer que mi senpai fuera amable. Mi hermano, que tanto daño me hizo. Masaki, que me hirió en lo más hondo. Y ahora, las dos personas que empolvaron mi pasado venían a rescatarme de mi presente, rompiendo mi futuro para siempre. No podía parar de llorar cuando una mano me tomó del hombro. Pensé que era Masaki, o Kunihiro. Pero alcé la vista y, entre mis lágrimas, vi que se trataba de mi senpai. Volví a bajar la cabeza.

—No hace falta, senpai —le dije, tratando de cortar mis sollozos—. Esto no va a ningún lado, déjame. Lo mejor será que me vaya a Tokyo. O a donde sea, qué más da.

—No digas tonterías. Ven a casa —me dijo, tirando de mi mano para levantarme del columpio.

—No, senpai. No más, por favor. Ten piedad de mí, ya me has hecho bastante daño. No sabía que podías llegar tan lejos. Anoche estuviste...increíble. Y todo era mentira.

Me tomó la barbilla y me clavó su mirada.

—Te equivocas. No era mentira. Es cierto que me sirvió de excusa lo que tu hermano me dijo, sabes que necesito siempre ese tipo de cosas. Pero, ¿acaso te pareció que estaba fingiendo, que no me gustó? —No pude contestarle—. Además, el hecho de que yo cediera a su chantaje, ¿no te dice nada? Me dijo que te llevaría con él si no te trataba bien, y he intentado tratarte bien, ¿para qué? Para que no te aparte de mí —Tragué saliva; no lo había visto de ese modo, pero era cierto—. Yo...no soy muy bueno expresando sentimientos, qué te voy a contar a ti. Hago lo que puedo, te prometo que me esfuerzo. Pero no soy tan bueno como tú, ni nunca lo seré. Y sí, me da terror que te vayas, haría cualquier cosa para que no te fueras, como ceder ante cualquier chantaje. No sé más, Morinaga. No sé decir cosas bonitas, ni expresarme con caricias o miradas, o palabras dulces, como tú. Pero tú sabes bien, como te dije en Navidad, que te amo con toda mi alma. Ven a casa, duerme hoy también conmigo y tenme de nuevo, por favor.

Ocho días entre Navidad y Año Nuevo. Tan solo en cuatro, mi mundo había dado la vuelta. Aturdido con tantas emociones, caminé hacia casa de la mano de mi senpai, preguntándome qué más podía pasar en los cuatro días que aún faltaban para acabar el año.

Junya Masaki

Me levanté luego de una cansada mañana, el viajar nos sienta bien, nada como cambiar de ambiente para sentirme deseoso, tenía que hacerlo mío y regodearme de placer a su lado. Bostecé con flojera mientras me di una ducha, miré un rato el televisor y pensé en juguetear con Kunihiro al volver a verlo.

Al llegar se veía contento, su sonrisa radiante a la que me he acostumbrado, nada como esa mirada seria que solía darme en aquellos tiempos. Pero ha logrado fastidiarme con tantos mimos, no pensé que él fuera de esos tipos que les gustan los arrumacos luego del sexo y decir palabras melosas a cada rato. A veces me asquea tanta miel y su parte analítica que se la vive intentado psicoanalizarme, tantas veces lo he escuchado decirme que «la pareja debe hablar las cosas honestamente sin ofenderse» A veces quisiera decirle que es un imbécil cuando rompe las cosas o que me purga ese sonido que hace cuando se cepilla los dientes.

Aunque las cosas son demasiado tranquilas, me desespera y creo que me aburre en parte pensar que no hay desafíos en la vida y simplemente nos haremos viejos sentados uno al lado del otro compartiendo el sofá.

— ¿Y bien? ¿El loco tirano de tu cuñado te dijo que lo ama y nos podemos ir a vacacionar por Nagoya?

— Me temo que tendremos que intervenir un poco más. Pero alégrate corazón, te prometí vacacionar si todo iba bien, aunque de todas formas lo haremos.

Ya sabía que todo era demasiado bueno, no podía fiarme de que ese tipo loco que le había dicho cosas feas a Tetsuhiro aquella vez, pudiera reconocer su amor de una forma sencilla. Mis vacaciones parecían esfumarse de mis manos, imaginando que tendríamos que pasarlas al lado de ese desagradable hombre. No obstante sonreí ante sus palabras, había aprendido a tomarle la medida y si yo accedía a seguirlo era sólo porque después me esperaban sus concesiones, le pediría lo que fuera y no podría quejarse.

— ¿Entonces qué vamos a hacer?

— Desde mañana nos vamos a vivir con ellos por una semana, al menos hasta que les enseñemos a vivir como una pareja de verdad. ¿Te gusta la idea cariño?

Sólo pensé para mis adentros que esa forma controladora de Kunihiro, era lo que en un principio había hecho de Tetsuhiro una persona dependiente. Necesitaba que los demás le dijeran qué hacer y alguien que le dé ánimos para realizar todo, así solía ser en nuestra relación. Noté de inmediato que no deberíamos intervenir, aunque qué daño podemos hacer, quizá si les falte un empujón para acoplarse. Simplemente me guardé mis conjeturas y asentí.

Esa noche lo tenía justo como yo quería, tenía ganas otra vez de demostrarle que yo era un hombre, no una niña que le guste que le digan cosas melosas, entonces lo tomé haciéndolo gemir como una chica y finalmente me sentí poderoso.

Invadimos aquel departamento, con el tirano sempai mirando temeroso de sus acciones, me alegraba hacerlo sufrir un poco luego de haber presenciado sus palabras groseras para Tetsuhiro. Aunque de cierta forma no acababa de comprender la intervención nuestra directamente en la vida de ellos, después de todo, ambos eran dos adultos, no un par de chiquillos que no saben lo que hacen. No se notaba que hubiera problemas tan grandes para estar ahí vigilándolos, pero Kunihiro se sentía poderoso haciendo eso, lo notaba en su expresión crítica ante las acciones de Tatsumi. ¿Será verdad que lo hace por el bien de Tetsuhiro? ¿O son sólo esas ganas suyas de controlar las cosas?

Es cierto, habíamos ido al planetario como yo sugerí para pasar el día, sin embargo todo lo teníamos que hacer de acuerdo a los designios del señor perfecto, empezaba a agotar mi paciencia, mucho más por verlo sobreactuar con nosotros tres como si fuéramos sus títeres o sus hermanitos de diez años. No podía esperar a ver una de las reacciones groseras de Tatsumi con tal de hacer valer sus opiniones. Pero no logré ver que alguien se opusiera a sus designios e hicimos las cosas a su modo en el momento que lo quiso e incluso comimos algo que no quería.

Me guardé nuevamente mis opiniones groseras, como hacía un par de semanas. En un principio las cosas eran tan rosas y bellas que no tenía la necesidad de pedir nada, todo me era concedido al más mínimo ademán o gesto, parecía feliz de complacerme, no obstante, poco a poco surgió aquella forma controladora por la que traté ya varias veces de pedirle que no sea tan exagerado y procure relajarse.

Aunque no pretendo dar espectáculo con Tetsuhiro y su novio creo que mientras más tiempo pasamos los tres, estoy empezando a enloquecer de escuchar sus negativas y órdenes.

Al llegar al departamento sólo quería descansar un rato frente al televisor y perderme en la historia cómica que suelo seguir todos los jueves. Pero no, el señor perfecto atacó de nuevo con esos humos exagerados de hermano mayor y ahora quería impedirme relajarme un poco. Fue que no resistí más, olvidé que estábamos en casa ajena y liberé mis palabras:

—¡Me tienes harto! ¡Siempre tenemos que hacer todo lo que tú dices, Pluscuanperfecto-san! ¡Me pones enfermo!

—¡Y tú a mí, con todas esas tonterías! ¡No importa los años que cumplas, siempre serás un niñato! ¿No entiendes que no estamos en nuestra casa? ¡No vas a crecer jamás! ¡Las cosas tienen un orden, no te lo puedes saltar constantemente!

Liberé todo aquello que contenía desde hacía días, no soportaba un minuto más sin expresar mi sentir. Hasta que había decidido no dormir conmigo, pero las cosas no podían cambiar si estábamos en la casa de otra persona, no podía marcharse al otro cuarto sin mí.

De inmediato el sempai de Morinaga y Kunihiro partieron a hablar en privado. Tetsuhiro parecía totalmente asombrado ante nuestra discusión, pero lleno de curiosidad se aproximó a la puerta donde ambos discutían. Pegamos la oreja a la puerta y escuchamos cada palabra:

— ¡No, claro! Pero eso ha sido por mi chantaje, por haberte amenazado con convencerle de dejarte si veía que le tratabas mal. Por eso te contienes.

Aquellas palabras de Kunihiro habían hecho estragos en Tetsuhiro, pues todo se le vino abajo e ingresó forzadamente a la habitación. Su rostro desencajado como aquella vez que discutieron sin saber que yo los escuchaba. Procuré hacerle saber que podía contar conmigo pero la ira y la tristeza lo rodeaban, su llanto salió silencioso gritando:

—¿Cómo has podido? ¿Cómo puedes ser tan...retorcido, tan terriblemente maquiavélico? ¡Yo...no puedo con esto, senpai! ¡Es demasiado! ¡Eres...odioso!

No tardó nada en escapar a la calle y me detuvo de acompañarlo. Suspiré pensando que quizá lo mejor es dejarlo solo, no intervenir como Kunihiro ha hecho. En la habitación la discusión continuaba, de manera que me aproximé a ver en qué momento pararían:

— ¡Ves lo que has hecho! Por tu culpa Morinaga cree que soy un farsante. Si él se atreve a irse no te lo perdonaré y yo seré quien se mude a Tokio a hacerte la vida imposible. — Expresó Tatsumi conteniendo sus lágrimas. Luego de eso partió apresuradamente.

Nunca lo vi así, ahora creo que todo esto fue un grave error y ellos sin duda estaban bien sin nosotros. Esa mirada tan honesta y sus palabras de seguirnos a Tokio con tal de estar cerca de él, porque eso era, no se debía a molestar a Kunihiro. Después de todo, ese sempai de Morinaga parece ser que si lo ama.

— ¡Masaki, ves lo que ocasionas! — Me gritó Kunihiro entrado al cuarto de baño.

Por mi parte me senté en la sala y finalmente prendí el televisor, no tardaron ni diez minutos cuando aparecieron por la puerta Tetsuhiro y su sempai que ¿venían de la mano?

El tipo parecía un tomate al caminar a su lado, no podía dirigir su mirada a nada en concreto sólo agachaba la cabeza al suelo.

Se sentaron en la mesa y dispusieron de los alimentos, incluso me invitaron a sentarme con ellos, a lo cual simplemente me llevé algunas cosas de comer al sofá. Desde ahí a medias observé lo que ellos hacían.

Kunihiro salió al poco rato del sanitario y se metió a la habitación que nos habían dado, no sé por qué pero supongo que me habrá cerrado la puerta el malnacido. Aunque de todas formas no pensaba compartir la cama con él, sólo me quedaré en este sofá.

Las cosas se pusieron desagradables, unas risitas traviesas de Tetsuhiro, resonaban a pesar de los sonidos de la televisión, incluso cuando se fueron a la cocina a lavar los platos podía escuchar sus besos hasta la sala. ¡Lo que me faltaba! Lo mejor sería marcharme a casa, ¿pero a qué? Ir a casa significaba volver a escuchar sus tontos sermones. Sin olvidar que no he podido relajarme en estas vacaciones, sólo pretendía ir a bailar a cualquier lugar con él, supuse que podría convencerlo, pero ahora todo es desagradable.

De pronto los vi pasar, casi corrieron a la habitación. El tiránico sempai lucía totalmente sonrojado, creo que no es tan malo, mucho menos por esas miradas que se daban. Tetsuhiro bostezó fingidamente y me dio las buenas noches antes de entrar a su habitación tan sonriente que parecía un sol. Desde donde yo estaba escuché algunos quejidos y subí el volumen a la televisión con tal de no irrumpir en su intimidad.

Bastante tarde giré la perilla de la puerta, entré a hurtadillas y me recosté a su lado. Afortunadamente estaba profundamente dormido, de manera que no dijo nada y sólo le di la espalda.

Muy temprano como era su horrible costumbre, me despertó con sus rituales raros abriendo la cortina y dejando entrar la luz a la habitación.

— ¡Podrías dejarme dormir! — Le grité con enfado.

— Pues no es tu casa para que te quedes de haragán, deberías aprovechar el día.

— Tampoco es la tuya y a ellos no creo que les moleste.

Sin decir nada se marchó de la habitación, yo me levanté a colocar la cortina y pensé que ese tipo tiene un serio problema controlando las cosas. Suspiré imaginando que pronto volvería a estar solo, seguro al retornar a Tokio las cosas se acabarán ya. Pero así ha sido con todas las relaciones que he tenido, de hecho esta es de las más duraderas.

El calor de la tarde se sentía entrando por la ventana a pesar de la cortina, me levanté observando a Tetsuhiro y su sempai estudiando en la sala con algunos libros y apuntes.

— Hola Masaki, buenas tardes, tu desayuno está en la cocina, sólo caliéntalo.

Me froté los ojos y pregunté la cosa que más me preocupaba:

— ¿Dónde está Kunihiro?

— Salió a caminar y dijo que iría por algunas cosas al supermercado para la cena y los preparativos de año nuevo.

Me sorprendió aquello, ¿de verdad no se regresará a Tokio? Entonces respondí encogiendo mis hombros y me fui a la cocina a comer. Desde ahí los volví a ver besándose, me sorprendió que el tirano al ser tomado por sorpresa sólo se intimidaba ante esas acciones sin reaccionar agresivo. Simplemente le dio un leve empujón sin saber que yo los observaba.

Ese par no hacían mala pareja, de hecho me sentí envidioso pues Kunihiro debería ser un poco más recatado como son ellos, no tan explayado con sus frases melosas y sus demostraciones tan fuera de lugar. Una cosa era hacer todo en la privacidad y otra ser tan obvio. También me alegré que Tetsuhiro tenga al fin ese amor que tanto necesitaba.

Luego de un rato comprendí la razón de que su sempai golpeara a Tetsuhiro, pues se sobrepasaba con sus acciones, definitivamente los Morinaga son un par de empalagosos.

Bastante tarde llegó Kunihiro serio y con muchas bolsas de súper mercado. Tenía ropa nueva puesta y supongo que en las bolsas, también zapatos y la comida. Aunque desde lejos miré algunas cajas de regalo, nuevamente intentado presumir sus ingresos.

Cuando los Morinaga prepararon la cena, fuimos llamados Tatsumi y yo para cenar juntos los cuatro en la mesa. Volví a tomar el plato y marchar al sillón, defendería mi libertad de ser como yo quería. Kunihiro no dijo nada, sólo se limitó a dirigirme una de esas miraditas de papá regañón. Desde el sillón escuché la charla sobre la cena de año nuevo, a razón que ya mañana sería sábado treinta y uno de diciembre, por lo que Tetsuhiro se emocionaba con los platillos que pretendían preparar. El sempai no parecía molestarle escuchar sobre comida, de hecho casi pude ver una sonrisa en ese rostro adusto cuando mencionaron el plato principal. Ese día, también procuré dormir hasta muy tarde con tal de no hablarle, no pretendí volver a discutir cosas en las que yo tenía completa y absoluta razón.

La tarde me invitó a levantarme para escuchar música navideña y al par de melosos en la cocina cantando. Tatsumi parecía enfadado pues se tocó la cabeza un par de veces, entonces decidí hacerle un pequeño comentario:

— Los Morinaga son bastante fastidiosos a veces ¿no crees?

— ¡Todo el maldito tiempo! — Respondió tapando su boca al decir aquello.

— No te preocupes, yo tengo uno en casa que quisiera insultar y golpear, sólo me contengo porque somos adultos y debemos hablarlo antes que hacer cosas así. Aunque ganas no me faltan de decirle palabrotas, además creo que ya me viste discutiendo con él.

— Deberías hablar con el tonto hermano mayor. Morinaga está preocupado por ustedes y no me deja en paz con sus gimoteos.

— Claro que hablaremos pero será el domingo cuando lleguemos a Tokio. No funciona para mí. Creo que estamos mejor separados, no me gusta tener que seguir perdiendo mi tiempo en algo que es tan complicado.

— ¿Así que vas a escapar otra vez? La salida fácil no es la mejor. Sólo harás que las personas se preocupen por ti. Veo que sigues siendo un egoísta, pero no me incumbe lo que hagan un par de maricas como ustedes.

— ¿Egoísta yo? Por lo menos no mantengo en el closet mis sentimientos como lo haces tú.

Se levantó molesto como para golpearme, cuando de pronto sonó el timbre en la puerta y bajó el puño. Sin nada más qué hacer, me asomé a ver que un hombre idéntico al tipo gruñón, pero mucho más maduro y demasiado sonriente ingresó hablando con él. Los escuché un poco discutir por la cena de año nuevo y su falta de asistencia, supe que era su padre, sin olvidar que el tirano se notó muy incómodo al observar la cocina.

Tetsuhiro llegó corriendo animado y saludó al hombre mayor mientras caminaron hasta donde yo estaba. De inmediato me miraron.

— Él es la pareja de mi hermano mayor, Junya Masaki. Y él es el padre de mi… sempai, Tatsumi Soujin. — Nos presentó Tetsuhiro.

El amable hombre parecía asombrado con aquello, se sentó conmigo mientras los dos chicos se fueron a hablar en privado. Me preguntó si había una moda con los chicos, ya que su pequeño hijo también tenía una pareja masculina, de manera que le aclaré que ese tipo de sentimientos no son algo que se elija, sino que vienen adscritos en la persona. Al poco rato salió Tatsumi y se llevó a su padre para hablar en la habitación a solas, luego salieron y nuevamente me trajeron al señor Tatsumi a mi lado.

— Este par de chicos no sé dónde tienen la cabeza, olvidaron avisarnos que no vendrían en navidad. A la familia no le importaría que ustedes vinieran también, de hecho sería un gusto tener al hermano del joven Morinaga, seguro que es una agradable persona como tú. — Me dijo el señor Soujin sonriendo extrañamente. Ver ese rostro tan similar al que el tirano poseía sonreír, era todo un espectáculo.

Kunihiro fue traído por Tetsuhiro hasta la sala y lo sentaron a mi lado. Los dos chicos nos miraron cerca del señor Tatsumi y de inmediato Kunihiro en un ademan de cortesía se presentó:

— Buenas tardes señor, mi nombre es Morinaga Kunihiro y soy el hermano mayor de Tetsuhiro. Es un gusto conocer al padre del novio de mi hermano.

— ¿Perdón que ha dicho? — Preguntó el señor Soujin confundido.

Mientras tanto el sempai parecía hiperventilarse y casi desvanecerse al lado de Tetsuhiro. Se recompuso un poco y a prisa se levantó.

— Esto es un error, papá creo que debes irte. — Expresó en palabras desfallecientes el sempai jalando de la mano a su padre.

— No parece ser un error hijo, si estás con este chico deberías haberlo dicho.

— Yo… bueno… es que yo… No es lo que crees.

— No piense mal señor Tatsumi, su hijo y yo somos buenos amigos. — Afirmó Tetsuhiro intentando tranquilizar las cosas.

— ¡Así que ambos van a negarlo! No te puedes quedar con alguien que no acepta salir contigo, menos porque es su padre y no parece ser prejuicioso como los nuestros. — Irrumpió Kunihiro. Yo sentí hervir la sangre pues nuevamente metiendo su cuchara en asuntos que no le correspondían, estaba a punto de causar problemas más graves.

— ¡No te metas en lo que no te incumbe imbécil! — Refutó el sempai abalanzándose contra Kunihiro, sin embargo fue detenido a duras penas por Tetsuhiro.

Entonces intervine:

— Kunihiro no es tu asunto si ellos le dicen o no. Tu deberías limitarte a observar que ellos se llevan bien, creo que mucho mejor que nosotros. ¡Estoy cansado de que intentes controlar todo y a todos! ¡Sólo quiero irme lejos!

— Todo es porque tu no… — Intentó responder Kunihiro.

— ¡Silencio todos! — Se alzó la voz del señor Tatsumi.

Los jaloneos del sempai cesaron y todos lo miramos expectantes.

— Muy bien chicos, en realidad no importa si no quieren decir que son una pareja, lo dirán cuando se sientan listos, porque, Morinaga ya eres parte de la familia desde hace tiempo. — Tendió la mano hasta Tetsuhiro que emocionado tenía los ojos brillosos. Entonces continuó dirigiéndose a Kunihiro y a mí: — Respecto a ustedes dos, parece que tienen muchos problemas que tratar, mi hijo me ha hecho saber que han discutido a voces sus problemas, con acoplarse a las acciones del otro. Permítanme aconsejarlos, pues creo que la vida en pareja es bastante difícil. En primer lugar creo que ustedes no han respetado la individualidad del otro, todos somos distintos y al vivir con otro ser humano tenemos que aceptar que no hará las mismas cosas.

— Pero es que él tiene que madurar y aprender muchas cosas, yo sólo quería enseñarle y ayudarlo. — Explicó Kunihiro justificando su conducta.

— Creo que todos debemos aprender cosas y ser humildes es lo principal. Si es tu pareja, debes tratarlo como tú igual, ¿acaso te gustaría que él te dijera qué hacer? Y usted joven Junya creo que podría ser un poco más perseverante, abandonar algo a la primera señal de problemas no es algo prudente. En cualquier tipo de relaciones habrá pleitos y discusiones, lo importante es hablarlo, solucionar las cosas.

— Seguro… el problema es que hablar con Kunihiro no se puede, le encanta escuchar su propia voz.

— Esa actitud indica que jamás le dices todo de forma adecuada, hazle comprender con cariño que tú prefieres hacer las cosas de otro modo. Nunca te calles tu sentir pero tampoco seas grosero al expresarlo.

— Pero no me escucha. — Respondí con enfado.

— Ni tampoco tú me escuchas a mí. — Me refutó Kunihiro.

— Sólo hay una cosa importante aquí: ¿Usted Kunihiro está enamorado del joven Junya?

— ¿Cómo podría no amarlo? Él es tan hermoso y sólo quiero cuidarlo, nunca he pretendido alejarlo con mis acciones, quería verlo madurar y encontrar su camino en la vida a mi lado.

— ¿Y usted lo ama a él? — Me preguntó el señor Tatsumi.

— Sí. — Respondí sin pensarlo. Él podía ser un meloso aburrido muchas veces, pero había olvidado lo mucho que amaba ese par de ojos cafés.

— Mi amor. — Dijo Kunihiro sujetándome entre sus brazos.

— ¿Podrías no ser tan empalagoso? No soy una chica como te habrás dado cuenta, dime por mi nombre. — Expresé sin ser soltado, con ese cálido abrazo que había extrañado sin saber.

— Muy bien, debido a que se aman, entonces deben trabajar sus problemas ¿En ese caso sería posible que vinieran los cuatro a la casa?

De inmediato observé al sempai de Tetsuhiro que se había encogido en un rincón y tenía un ademán sujetando su rostro con incomodidad.

— Por mi está bien. ¿Tú qué piensas corazón? Digo … ¿Masaki tú que piensas? — Me preguntó Kunihiro, por lo que respondí:

— Sería bueno, pero ustedes han trabajado en la cocina, así que yo no tengo voto en esto.

— Pero podemos llevar todo a casa de la señora Matsuda, no creo que le moleste recibir más comida. — Aclaró con entusiasmo Tetsuhiro.

Todo parecía extraño, aquél inicio de año en una casa con una familia cálida y amorosa. Escuché al tiránico sempai hablar con su padre, todo por casualidad mientras me dirigí al baño y nervioso explicó sobre su relación. A final de cuentas esa misma noche el señor Soujin recibió a Tetsuhiro como su nuevo hijo a escondidas de los demás pero en presencia nuestra. Kunihiro también aceptó a Tatsumi Souichi como un hermano y decidió no entrometerse nuevamente a menos que su pequeño hermano se lo pidiera.

Las cosas no funcionaron fácilmente entre nosotros, pues todavía terminamos peleando varias veces por la televisión y una infinidad de cosas más, pero respiré profundo y continué a su lado.

En lo referente a Tetsuhiro, jamás había podido verlo tan feliz, ese hombre estaba hecho completamente de amor, pues continuó adorando a su sempai. Ambos siempre parecían un par de novios que se emocionaban con los toques de sus manos o la más mínima expresión de afecto, a pesar de que el tirano solía golpearlo cada que abusaba de las muestras de afecto. Sin embargo luego de todos estos años veo que ese par se amará hasta la inmensidad.

Morinaga Kunihiro

La mañana me halló dormido, con una agradable sensación de borrachera. No me atreví a abrir los ojos; la luz me resultaba molesta pero, a la vez, agradable y cálida en aquel primer día del año. Alargué mi mano por si lo había soñado, pero advertí que no al posarla sobre el muslo de Masaki. Me demoré en su dura musculatura por un momento con una sonrisa; si ascendía mi mano, lo más probable era que él se diese la vuelta enfadado. No soporta madrugar y no debían de ser, a juzgar por la luz, mucho más de las seis. Pero no pude evitarlo y la subí. Lejos de girarse, Masaki se arrimó a mi lado y puso su cabeza en mi pecho.

—Mmm...déjame dormir... —me dijo, mientras se restregaba contra mi pierna y su boca se alzaba hacia la mía. Así que le respondí a esos labios golosos. Dios, ¿cómo podía pelearme con él? Ciertamente, ambos tenemos mal carácter. Sé que el padre de Tatsumi tiene razón, tengo que soltar un poco las amarras con las que, más que atar a los demás a mí, me ato yo a ellos. Y Masaki tiene poca paciencia, de modo que tendré que aprender a callarme y a escucharle de vez en cuando. No quiero perderle. No, no quiero. Nunca. Así que le besé una y otra vez, alargando más y más nuestro beso, hasta que sentí sus manos acariciarme, su cuerpo sobre el mío; su peso, que me parecía libiano presionándome con suavidad.

—Kunihiro... —me dijo, en un susurro.

—Dime, mi am... —me callé de repente. Tragué saliva y retomé la frase—. Dime, Masaki.

Alzó la cara y me miró, y sus ojos, ya totalmente despejados del sueño, taladraron los míos con intensidad. Me sentí morir. Una sonrisa iluminó su rostro hermoso.

—Me gusta lo que estás haciendo.

—¿Qué cosa...? —le dije, algo contrariado y ruborizado de ver que estaba tan sereno mientras me profesaba el tipo de caricias que yo estaba sintiendo en todo mi cuerpo, de cintura para abajo, y que me estaban fundiendo completamente.

—Esforzándote para cambiar las cosas que no me gustan. Y sabes, será un reto para mí cambiar para ti también. Soujin Tatsumi tiene razón, debemos adaptarnos el uno al otro —Separó mis muslos e inició una suave penetración— ¿Qué me dices, amor, vas a adaptarte a mí? —me susurró al oído mientras entraba en mi cuerpo suavemente— Mmm...sí, ya veo lo bien que te adaptas...

Cerré los ojos. ¿Me había dicho amor? Preferí no pensarlo, no darle importancia. Si lo hacía, podía ser que el sueño se desvaneciera.

Mi hermano estaba guapísimo con su yukata; me divirtió ver el lindo aspecto que ofrecía su andrógina pareja, tan delicado con el suyo, que le hacía parecer un hermoso muñequito oriental. La familia Tatsumi resultó un encanto: su hermana Kanako no parecía tener nada que ver con su hermano que, aunque aquella mañana estaba radiante de felicidad, se veía menos expresivo que aquel pequeño y feliz terremoto. Y Tomoe, su hermano, junto a su pareja, también me pareció agradable. Pero quien más me gustó fue la tía Matsuda. Era justo la madre que nunca tuve, una mujer que rebosaba amor y comprensión. Sin conocerla, no me habría costado trabajo contarle mi vida entera, seguro de que me aceptaría por mí mismo. Y así pareció entenderlo ella también, con su admirable intuición, y no dudó en permanecer a mi lado todo el tiempo que pudo. Me prometí visitarla de vez en cuando.

Cuando llegamos al templo, Masaki tomó a Kanako para alzarla y lograr que llegara hasta el Garán-Garán, para golpearlo varias veces mientras pedía sus deseos de Año Nuevo. Tras ella, la tía Matsuda golpeó también la gran campana, y después Tomoe, su esposo y el padre de la familia. Llegó el turno de Souichi, que cedió amablemente el primer lugar a Tetsuhiro y este, con los ojos cerrados y una sonrisa hermosa, golpeó la campana para girarse inmediatamente a su rubio amante y cederle el tronco, que fue golpeado de nuevo. Le pedí a Masaki que fuese el siguiente, y él me sonrió y cerró los ojos, como había hecho Tetsuhiro. Y por último, yo mismo tomé aquel tronco y miré la campana. Habían pasado ocho días desde que, en Navidad, Tetsuhiro había llegado a mi casa aguantándose las lágrimas. Puede que yo fuera demasiado sobreprotector con él, pero lo cierto es que me negué rotundamente a verle sufrir más, tanto más cuanto que Masaki y yo le habíamos herido de aquel modo años atrás. Y ahora, no importa cómo, ocho días después de Navidad estábamos ahí Tetsuhiro y yo, con la familia Tatsumi, la única que ambos teníamos, y con mi pobre Masaki, que sólo nos tenía a nosotros. Y teníamos una mamá y un papá adoptivos, y hermanos, y una hermanita, y sobre todo, por encima de todo, nos teníamos el uno al otro y eso no iba a cambiar, nos pasara lo que nos pasase. Así que sonreí, cerré también los ojos y golpeé con fuerza el Garán-Garán mientras pensaba:

«Que en este Año Nuevo que hoy empieza, Tetsuhiro y yo volvamos a ser una familia de verdad y que así lo entendamos. Que siempre le acojan como hoy, que nunca le falten. Que su senpai le trate siempre con el amor que hoy le está demostrando. Que yo también tenga cerca a mi querido hermano. Y que los dioses me guien para cuidar y alimentar el amor que tengo por Masaki, para que cada día florezca en nuestro corazón con una nueva luz, la luz de su mirada de cristal».

FIN