Capítulo 3. Me rebota el corazón entre la espalda y el pecho.
Nada en la vida hubiera podido preparar a Yuri Katsuki para el tremendo impacto que estaba esperando por él a solo unos cuantos centímetros del lugar en el que se encontraba en aquel preciso instante.
El joven de los ojos marrones quien estaba preparando la cuenta de una de las mesas que le había tocado atender aquel día, estaba totalmente ausente del mundo sumando números sin pensar en nada más, ni siquiera en la presencia constante de aquel extranjero de ojos azules que parecía dispuesto a mirarlo desde lejos por toda la eternidad.
Y es que aunque Yuri era consciente de que el hombre aquel estaba una vez más en el bar como había estado prácticamente toda la semana, mientras Yuri cumplía con sus deberes y sumaba yenes, aquel extraño suceso en su vida estaba convertido en nada así que cuando la mano de Phichit se posó en su hombro causándole un susto de muerte, Yuri pegó un saltó que sin embargo era apenas un primer aviso de la impresión enorme que se llevaría minutos después.
-Yuri…- dijo su amigo con una voz preocupada que no era demasiado propia de él-. Hay alguien que necesita tu ayuda ¿Crees que puedas atenderlo? Se trata de una emergencia médica, yo le avisaré a Mari y cubriré tu turno esta tarde.
-¿Es Akai?- dijo Yuri sin darse cuenta de que a pocos pasos de él se encontraba el hombre de los ojos azules cuyo rostro era un poema lleno de sorpresa e impresión a partes iguales al darse cuenta de que el ángel que repartía bebidas era también el ángel salvador de las mascotas en peligro.
-No, no, es la mascota del señor Victor- dijo Phichit y el chico señaló al hombre quien intentó sonreír al joven Katsuki quien dejó caer la libreta de las cuentas al suelo de pura impresión.
Y es que los ojos azules que hace minutos estaban posados sobre su piel a través de la distancia, se posaban ahora en su mirada haciendo que Yuri sintiera que el aire se escapaba definitivamente de sus pulmones al tener al extranjero aquel tan cerca de él.
-Es Maccachin- dijo Victor deseando que su nuevo veterinario favorito pudiera quitar de sus ojos aquella mirada llena de espanto que estaba dedicándole.
Porque eso era lo que los ojos de Yuri estaban diciéndole, que el chico tenía miedo. Aquella mirada marrón le decía que el hermoso chico japonés estaba de verdad asustado de tenerlo frente a él y Victor no sabía muy bien qué más hacer en ese momento pero lo cierto era que tenía que enfocarse en Maccachin y no en repetirse una y otra vez lo perfecto que el hombre frente a él era.
Así pues, Victor decidió sonreír de forma tranquila intentando parecer el hombre que necesitaba urgentemente a un profesional de la salud canina y no el idiota deslumbrado que estaba demasiado cerca de lograr que su más reciente sueño se hiciera realidad.
Por otro lado, Yuri miraba alternativamente a su mejor amigo quien estaba dedicándole una mirada que quería decirle "no estoy jugando, esto es serio" y al hombre de los ojos azules que ahora tenía un nombre y que, a juzgar por el genuino dolor que había en su mirada azul, tampoco estaba inventando aquella historia.
Suspirando para intentar calmarse, Yuri decidió que ninguno de los dos estaba mintiéndole o gastándole una broma así que, armándose de valor y recordándose que era para enfrentar momentos como aquel que estaba estudiando medicina veterinaria, el chico suspiró y asintió mientras su amigo sonreía de forma deslumbrante y se alejaba con rumbo a la oficina de Mari y lo dejaba solo con aquel ser que estaba ocasionándole a Yuri cientos de emociones contradictorias: miedo, vergüenza, preocupación pero también simpatía porque era más que evidente que aquel hombre estaba genuinamente preocupado por su mascota y la gente que adoraba a los animales tanto como él, tenía un lugar especial en su corazón.
-Venga conmigo- dijo Yuri soltando el delantal negro que cubría su cintura y dejándolo sobre la mesa-. Cuénteme de qué se trata la emergencia mientras caminamos ¿quiere? Iremos a la clínica de la maestra Minako, ella me deja atender emergencias ahí, ella es también una de mis profesoras en la escuela de veterinaria. No debe preocuparse por eso, en realidad me falta un año de estudios para poder graduarme pero sé todo lo que hay que saber y la maestra Minako suele supervisarme. Así que ¿cuál es la emergencia? ¿Hay alguien con el animal? ¿De qué animal se trata?
-Es Maccachin, mi perro- dijo Victor maravillándose en seguida de la seguridad que Yuri tenía al tomar su papel como médico-. Mi agente Chris está con él.
-¿Tiene como transportarse el señor Chris?- preguntó Yuri sin cambiar el tono profesional de sus palabras-. Sería mejor que su agente lleve a Maccachin a la clínica y que nos espere allá. Llámelo e indíquele la dirección a la que debe llegar. Dígale que debe tomar a Maccachin con suavidad y cuando llegue a la clínica la maestra Minako lo recibirá, ya le he avisado que vamos para allá y en cuanto a usted…
-¿Yo?- dijo Victor sorprendiéndose de que en las mejillas de Yuri apareciera un suave rubor que parecía fuera de contexto en una situación como aquella.
-¿Le importa ir en bicicleta conmigo?- preguntó Yuri tratando de no sentirse como un imbécil pero aquella era la única forma de llegar en menos tiempo a la clínica-. Tendrá que sujetarse fuerte pero es la forma más rápida de llegar al menos que quiera tomar un taxi pero tomará más tiempo y las emergencias se llaman emergencias por una buena razón…
-La bicicleta está bien- dijo Victor sin poder evitar preguntarse cómo era posible sentirse tan afortunado y perdido al mismo tiempo porque aquel viaje en bicicleta significaba que tenía que estar cerca de Yuri, demasiado cerca-. Haré lo que usted me diga, doctor…
Yuri se estremeció al escuchar la resonancia de aquellas palabras y el muchacho se preguntó si acaso no había detrás de ellas el hecho irrefutable de que era verdad que el hombre de los ojos azules estaba dispuesto a hacer todo lo que él le pidiera hacer.
-Aun no soy un doctor- dijo Yuri sonriéndole de forma tímida al hombre que lo acompañaba, tratando de olvidar con aquella respuesta un poco del estremecimiento que le causaba la sola idea de sentir los brazos de aquel ser aferrados a su cintura-. Puede llamarme Yuri, soy Yuri Katsuki…
-Si me llamas Victor cerraremos el trato, me llamo Victor Nikiforov- dijo el hombre de los ojos azules provocando que el sonrojo de las mejillas de aquel ángel que también era médico, mesero y su futuro esposo, se profundizara de forma alarmante.
-Ok, Victor Nikiforov…- dijo Yuri sorprendiéndose incluso a él mismo de obedecer el pedido de su acompañante de forma inmediata-. Ven conmigo, sujétate fuerte y por favor dime de qué se trata todo ¿Qué le sucedió a Maccachin?
Yuri subió a una bicicleta de color azul que tenía un segundo asiento en la parte trasera en donde se suponía Victor tendría que sentarse. La verdad es que el hombre de los ojos azules sabía que aquel no era un buen momento para sentirse en la gloria cuando sus manos rodearon la cintura del otro chico quien empezó a pedalear sorprendiendo a Victor por la forma en la que Yuri manejaba la bicicleta sin resentir el peso extra ni el hecho de que el hombre de los ojos azules estuviera hablando prácticamente a su oído.
Y es que lo que los dos estaban viviendo en aquel instante era sin duda un paseo extraño y miles de mariposas revoloteaban en el estómago del pintor ruso al sentir el calor y la dureza de la espalda de Yuri pegada a su pecho o de la suavidad que había en el estómago del chico que estaba tratando con todas sus fuerzas de no morir de bochorno por la cercanía del otro hombre. Y es que aquella cercanía era agradable. Los brazos de Victor eran cómodos y cálidos y le recordaban a Yuri la sensación de paz y tranquilidad que las personas experimentan al volver a casa después de haber enfrentado un mundo helado y vacío.
Así que mientras Yuri seguía pedaleando y Victor intentaba comportarse a la altura de la situación, el corazón de los dos palpitaba con fuerza y Victor pensaba que sin duda alguna aquella situación era el modo en que el universo estaba pidiéndole disculpas por poner a Maccachin en peligro. Y es que mientras hablaba y le decía a Yuri la poca información que Chris le había hecho saber a él, Victor podía también aspirar el aroma fuerte y fresco del chico de los ojos marrones quien olía a brisa marina, cerveza y comida tradicional japonesa. Sin poder evitarlo, Victor pensó que sin duda alguna aquel era el aroma del amor y estuvo tentado de decírselo al muchacho que seguía haciéndole preguntas acerca de Maccachin.
Por otro lado, Yuri intentaba concentrarse en las palabras del hombre que seguía aferrado a su cuerpo con fuerza y no en la descarga eléctrica que estaba recorriendo su cuerpo al sentir el aliento de los labios del ruso pegado a su oído y las manos del mismo rodeándolo como si estuvieran protegiéndolo del mundo entero.
El corazón de Yuri empezó a latir con más fuerza cuando los labios de su acompañante rozaron la piel de su oído derecho sin querer y el muchacho pensó que el camino a la clínica de la maestra Minako jamás le había parecido tan largo y tan corto a la vez. Porque él sabía que estaban en una situación de emergencia pero la cercanía del hombre que se había presentado como Victor era tóxica y estaba adormeciendo sus sentidos.
Yuri jamás había pensado que alguien pudiera hacerte sentir tan agitado, curioso y temeroso a la vez pero Victor estaba logrando exactamente eso con él y el muchacho de los ojos marrones sabía que debía tratar de controlarse. Él era un veterinario con rumbo a atender un caso de vida o muerte, él no era un chico estúpido que se siente deslumbrado por la belleza y la proximidad de un hombre como Victor que parecía encontrarse en el mismo estado mitad éxtasis, mitad preocupación en el que estaba él.
-Llegaremos en un minuto- dijo el chico Katsuki intentando que sus palabras salieran seguras de sus labios.
-Creo que el auto de Chris ya está aquí- dijo Victor reconociendo en seguida el pequeño auto gris que su agente había rentado para poder movilizarse durante el tiempo en el que los dos se quedaran en Hasetsu que era el nombre del pequeño pueblo aquel.
-Maccachin ya debe estar con la maestra Minako- dijo Yuri deteniendo la bicicleta en frente de un edificio de aire tradicional que sin embargo estaba adornado con un letrero que dejaba en claro que era una clínica en toda regla-. Por lo general ella me deja llevar estos casos, es mi entrenamiento de la vida real, así lo llama ella. Por favor Victor, espera en la recepción. Te prometo que Maccachin está en buenas manos…
-Sé que está en las mejores manos posibles- dijo Victor mirando los ojos del médico con adoración y una confianza tal que Yuri se sintió un poco asustado por ella-. Cuida de él ¿quieres? Maccachin es el único amigo de verdad que tengo…
Las palabras salieron de la boca de Victor llenas de una extraña sinceridad que Yuri no se había esperado pues ¿Quién en el mundo hubiera imaginado que un hombre como Victor conociera la soledad al grado de declarar que un perro era su única compañía de verdad? Y en cierta medida, Yuri podía entender aquello porque dentro de su corazón él también se había sentido siempre más cómodo entre animales que entre sus congéneres humanos.
-No le pasará nada malo, lo juro…- dijo Yuri colocando su mano sobre el hombro de Victor, algo que definitivamente no era profesional hacer pero el chico se dejó llevar por la tristeza escondida en aquellas pupilas azules que necesitaban consuelo-. Dentro de unas horas todo esto habrá pasado, confía en mí…
-Gracias, Yuri- dijo el hombre de los ojos azules sintiendo que el toque de aquellas manos de verdad era curativo y entonces se sintió aún más seguro de que sin duda alguna Maccachin sería atendido por alguien que cuidaría de él hasta las últimas consecuencias.
Los dos hombres se quedaron en silencio un rato que pareció eterno mientras marrón y azul se encontraban de nuevo creando un mundo que cabía en una mirada y que se sentía de verdad correcto. Y es que ni Yuri ni Victor tenían idea de quién era realmente el hombre frente a ellos pero estar así, en silencio, regalándose una mirada que habría hecho sentirse como un intruso a cualquiera que mirara desde lejos, se sentía bien, aquello era lo correcto.
-¡Por fin llegas, Victor!- dijo una voz masculina que hizo que Yuri se apartara rápidamente de Victor con las mejillas sonrojadas-. La mujer que me recibió dijo que el medico encargado de las emergencias llegaría pronto ¿crees que tarde demasiado?
-Ya está aquí- dijo Victor dedicándole una mirada cálida a Yuri y Chris se quedó de una sola pieza al mirar al joven Katsuki con una mezcla de incredulidad y diversión que no pudo contener.
-¿Él?- dijo Chris sin saber qué más decir-. Así que sí es un ángel después de todo ¿eh?
-Iré a atender a Maccachin, por favor esperen aquí- dijo Yuri sintiendo que había llegado el momento de hacer lo que tenía que hacer y además aquella era una excusa maravillosa para desaparecer de la vista del agente aquel que lo miraba con aire divertido-. Por favor esperen aquí, les avisaré de cualquier eventualidad si es que la hay o quizá quieran volver a casa, nosotros les llamaremos cuando todo haya terminado…
-Me quedaré aquí, Yuri- dijo el hombre de los ojos azules sorprendiendo a Chris por aquella forma tan familiar de llamar a quien, si sus ojos verdes no estaban engañándolo, era el amor a primera vista de su pintor.
-Ok…- dijo el veterinario con una sonrisa amable-. Todo saldrá bien, regresaré en un rato…
El joven Katsuki se alejó de los dos hombres que lo siguieron con la mirada hasta que su figura desapareció detrás de una de las puertas que sin duda conducía al consultorio médico en el cual Yuri haría su magia curativa en pro de la salud de Maccachin.
-¿No crees que debí haber ido con él?- dijo Victor de pronto-. Es decir ¿no tenían que preguntarme ciertas cosas acerca de Maccachin?
-La medico encargada de recibirme ya me hizo miles de preguntas porque fui yo quien estuvo cerca de Maccachin- aseguró Chris sin apartar los ojos de su pintor-. Y creo que tú también has respondido ya a una exhaustiva entrevista ¿no es así? Parece que conoces perfectamente al doctor Yuri...
-No es lo que te imaginas- dijo Victor sin poder evitar sonreír de modo travieso en medio de su preocupación.
-¿Ah no?- dijo Chris sintiéndose bastante lleno de curiosidad en realidad-. Entonces Vitya… ¿qué demonios significó esa entrañable escena que interrumpí? Sé que de verdad necesitabas un médico, pero amigo, al verlos a ti y al doctor no sé cuál de los dos tenía más ganas de besar al otro, créeme…
-Ves lo que quieres ver, Christophe- dijo Victor recordando sin embargo la sensación del tacto de Yuri en su hombro y la fuerza de sus ojos perdidos en su mirada-. Él solo estaba diciéndome que haría un buen trabajo.
-¿Contigo o con Maccachin?- dijo Chris sin poder evitarlo-. Ok, ok, esto es serio, lo sé. Estamos en un hospital.
-Exacto, estamos en un hospital así que contrólate- dijo Victor intentando sonreír un poco-. Por cierto Chris, gracias por traer a Maccachin hasta acá…
-Hey, relájate, tu ángel lo cuidará bien- dijo Chris invitando a Victor a sentarse en uno de los sillones de la recepción desierta-. Lo que no entiendo es si ese chico tiene una doble vida o algo así. Si es un médico ¿qué demonios hace jugando al mesero sexy que se roba los corazones de los rusos idiotas a diestra y siniestra?
-Creo que es estudiante aun- dijo Victor suspirando al pensar en Yuri-. Quizá necesita trabajar para pagar sus estudios, no lo sé.
-¿No estuviste hablando con él antes de que todo pasara?- preguntó Chris realmente interesado-. Pensé que por eso estabas tan molesto cuando te llamé y además lo llamas con tanta familiaridad ahora. Por un momento creí que había interrumpido tu primera cita de amor.
-Solo me dejó llamarlo por su nombre porque no se siente cómodo con el título de doctor- dijo Victor pensando que hasta esas pequeñas cosas convertían a Yuri en alguien adorable-. En realidad Chris, mientras venía con él solo hablamos de Maccachin…
-Vitya… ¿te das cuenta de la cara de idiota que pones cuando hablas de él?- dijo Chris riendo divertido-. Tengo ganas de tomarte una fotografía, en serio…
-Estoy enamorado, déjame en paz- dijo Victor con la calma de quien declara un hecho irrefutable.
-Enamorado es poco, creo que acabas de redefinir el concepto- dijo Chris sintiéndose de algún modo conmovido por las palabras del pintor-. Y bueno ¿sigues enamorado después de hablar con él? Sé que es una situación de sobra extraña pero sigo insistiendo Victor, apenas lo conoces, creo que Yuri sabe más de Maccachin que de ti…
-Chris, esto es un comienzo trazado por el destino ¿no lo ves?- dijo Victor sin poder creer que su agente y amigo no viera la perfección del plan maestro que el universo había diseñado para él y para nadie más que él.
-Ok, ok, tengo que concederte que efectivamente es un comienzo- dijo Chris sin dejar de sonreír- ¿Qué sigue después?
-Te contaré cuando lo sepa- dijo Victor sintiéndose emocionado porque en aquel instante un comienzo para su historia con Yuri parecía más que suficiente-. Ahora solo quiero que Maccachin se ponga bien y créeme, le agradeceré a su doctor de la forma adecuada, haré que Yuri se sienta feliz de haberse encontrado con nosotros y quien sabe ¿crees que después de eso quiera ser mi futuro esposo?
-Lo más divertido de todo esto es que sé que me preguntas eso en serio- dijo Chris pensando en que para Victor jamás había sido problema expresar sus deseos en voz alta-. Pero no corras antes de caminar ¿quieres? Disfruta de tu comienzo, no lo eches a perder por apresurar las cosas y simplemente déjate llevar. Estas cosas simplemente pasan sin que tengas que forzarlas…
-Hablas como mi madre- dijo Victor sintiéndose feliz de contar con el apoyo de su agente en aquella aventura.
-Ya te dije que alguien tiene que cuidarte, eres mayor que yo y sin embargo siempre haces más idioteces de las que me gustaría que hicieras…
-No echaré a perder esto, Chris- dio Victor con calma-. Quiero conocer a Yuri ¿sabes? Quiero que él me conozca a mí. Solamente quiero enamorarme más y si tengo que abandonar todo en Rusia no me importa, vendré a vivir con él y en invierno tendremos una enorme boda y tú serás el padrino…
-Caminar, Victor, tienes que caminar…
-Ok, ok, caminar…- dijo Victor sin entender muy bien por qué su perfecto plan parecía apresurado- ¿Crees que yo le guste aunque sea solo un poco?
-Ya te lo dije, cuando los vi juntos no supe quién de los dos estaba peor- dijo Chris riendo divertido-. Sea lo que sea que pase con ese chico Vitya, ve despacio y no te olvides de pintar ¿quieres?
-Él es mi inspiración, Chris, no puedo olvidarme de pintar si pienso en él- dijo Victor con la mirada azul llena de luz-. Esta será una colección soberbia ¿No crees? Yuri es hermoso y…
-Si quieres responder a la pregunta que te hicieron los demás artistas, Vitya, no debes pintar solo lo visible, Yuri no es un paisaje y el amor tampoco lo es…
-¿Qué quieres decir?- preguntó Victor verdaderamente intrigado.
-Que para que tu colección sea verdaderamente perfecta no debes pintar solo lo que ves en Yuri, debes pintar lo que él te hace sentir…
-¿Lo que él me hace sentir?- susurró Victor pensando en que aquel era su problema precisamente.
Jamás había logrado plasmar algo incorpóreo con la magia de sus pinceles y sus tintas pero algo en su corazón le decía que él sería capaz de hacer lo imposible si los ojos de Yuri volvían a mirarlo, si el chico aquel que ahora atendía a Maccachin por quien Victor no dejaba de sentirse preocupado, le permitía quedarse cerca hasta descubrir cuáles eran los colores y las formas del latido de un corazón dispuesto a enamorarse, porque Victor de pronto se dio cuenta de que de verdad quería dibujar el amor, convocar el amor, conocer el amor.
Un suspiro escapó de los labios del hombre quien se sumió en un silencio apacible mientras Chris le decía que volvería a casa a realizar algunas llamadas y dejaba a Victor rodeado de soledad y silencio, un silencio que cubría a Victor regalándole unos instantes para pensar en todo lo que había sucedido en apenas una semana.
El hombre pensaba en la locura en la que se había convertido aquel día y no podía evitar considerar que no estaba listo para perder a Maccachin. Él sabía muy bien que no se trataba de un cachorro yapero él y el perro habían crecido juntos y Victor sentía que era aún demasiado pronto para decir adiós. A Victor jamás le había gustado decir adiós y él pensaba que aquella característica en él era lo que lo había acercado a la pintura: la permanencia de sus trazos, la eternidad que se insinuaba en cada una de sus obras.
Varias horas después de que Yuri entrara a atender a Maccachin y de que Victor caminara por la sala de espera de la clínica como un animal enjaulado y preocupado, el hombre de los ojos azules escuchó pasos sobre el linóleo blanco del recibidor, señal inequívoca de que Yuri estaba de nuevo con él y de que le llevaría por fin noticias acerca del estado de salud de su mascota.
-¿Cómo está?- dijo el hombre de los ojos azules tan pronto como Yuri se acercó a él y haciendo la nota mental de que el uniforme azul de cirujano le sentaba de maravilla al futuro médico que sonreía con aire cansado por todo el trabajo que había tenido que realizar aquella tarde.
-Maccachin está bien, es un chico valiente- dijo Yuri provocando con sus palabras una loca alegría que hizo que Victor sonriera de forma brillante, tan brillante, que Yuri temió quedarse ciego al ver tanta luz en los labios de alguien.
-¿Qué fue lo que pasó?- preguntó Victor acercándose más a Yuri.
-No debes dejar que robe manjus- dijo Yuri con una sonrisa llena de ternura-. No son buenos para el estómago de un perro, ocasionan obstrucciones como las que Maccachin tenía en el estómago. Lo hemos intervenido exitosamente, tendrás que dejarlo a mi cuidado un par de días y después volverá a casa. No te preocupes, la operación no fue complicada y la maestra Minako me prometió cuidar de él. Así que todo está bien Victor, todo está…
Las palabras de Yuri se interrumpieron en el justo momento en el que un par de brazos se aferraban a él con fuerza haciendo que el chico de los ojos marrones respirara una bocanada del perfume dulce del hombre aquel que parecía estar dispuesto a sostenerlo de aquel modo por toda la eternidad y Yuri no pudo evitar notar una vez más cómo su cuerpo precia encajar perfectamente en los brazos de aquel hombre quien parecía genuinamente feliz por las noticias que había escuchado.
-Tú lo salvaste…- dijo Victor aferrando con fuerza aquel cuerpo delgado cuya cercanía lo hacía sentirse feliz-. Tú salvaste a Maccachin ¿Cómo podré pagarte, Yuri? ¿Qué puedo hacer por ti para pagarte por salvar a Maccachin?
-Solo hice mi trabajo- contestó Yuri con calma, intentando recordarle a su corazón que debía calmarse porque sus latidos eran un concierto alocado de pura emoción en medio de aquel abrazo que parecía haberlo capturado-. El costo por la operación y los cuidados diarios no es mucho, le enviaremos la cuenta a tu agente si estás cómodo con ello, así que, uhm… Victor…
-¿Qué?- dijo el hombre sin darse cuenta de que quizá su abrazo ya había sido demasiado.
-¿Puedes soltarme?- dijo Yuri y Victor se alejó de él de forma lenta, como si en verdad no quisiera hacerlo.
-Perdona, me emocioné demasiado…- dijo el hombre de los ojos azules maravillándose por lo bien que Yuri lucia al tener las mejillas sonrojadas.
-Está bien emocionarse- dijo Yuri tratando de no morir de vergüenza-. Ahora mismo no puedes verlo pero confía en mi ¿quieres? Haremos que mejore pronto…
-Te confiaría mi vida, Yuri- dijo el hombre de los ojos azules provocando un sonrojo mil veces más profundo en las mejillas del veterinario quién temía sufrir un infarto de un momento a otro si Victor seguía tratándolo de aquel modo-. Por cierto, algo tan vulgar como el dinero no me parece suficiente para pagar lo que has hecho por Maccachin así que… ¿Me dejas invitarte a comer mañana? También me gustaría regalarte uno de mis cuadros porque soy pintor ¿sabes? Puedes elegir el que quieras y… Es decir, podemos hacer eso si tienes un rato libre, ya sé que debes estar ocupado y yo…
-Tengo la mañana libre- dijo Yuri antes de que su cerebro empezara a trabajar normalmente pero era evidente que sus neuronas se habían desconectado de la realidad y todo lo que había en ellas era el deseo de volver a reunirse con Victor Nikiforov y sus ojos azules una vez más.
-¿En serio?- dijo Victor con ganas de abrazar a Yuri una vez más pero conteniéndose porque no quería abusar de su buena suerte.
-Sí…- dijo el joven de los ojos marrones con una sonrisa nerviosa-. Después de todo creo que yo también tengo una deuda pendiente contigo y si me dejas invitarte a comer al bar de mi familia, prometo no derramar la cerveza sobre ti esta vez…
Victor sonrió como iluminado sin poder evitarlo al escuchar las palabras de Yuri. Palabras que significaban que Yuri sabía quién era él. Palabras que llevaban en sí la promesa de un comienzo afortunado. Palabras que sin duda alguna eran el primer trazo de un cuadro inmortal en el que Victor querría quedarse a vivir para siempre.
-Te veré mañana entonces- dijo Victor con el corazón lleno de alegría y la energía vibrante de un comienzo de verdad.
-Hasta mañana- dijo el joven Katsuki sonriendo también-. Ve a descansar ahora, seguiré cuidando bien de Maccachin.
Y mientras Yuri volvía a alejarse de él sin dejar de sonreírle, Victor pensó que no tendría que volver a preocuparse de nuevo por no saber cómo demonios pintar una emoción porque todas ellas rebotaban en su corazón en aquel instante y era su corazón el que le ayudaría a pintar lo que hasta ese momento no tenía forma pero que ahora estaba dibujando de forma perfecta en los ojos marrones y en todo el ser de Yuri Katsuki…
