DEJEN REVIEWS.
Otro largo suspiro, y de nuevo a cerrar sus ojos para tratar de dormir, nada. De nuevo lo mismo, nada. Respira hastiada y fastidiada, bebé, implora silenciosamente, déjame dormir, le dice, mañana te recompensaré, negocia, esperando que el bebé acepte el trato. Pero este parece no aceptar sus términos. Dos meses y ya sabe cómo negociar. Bromea.
Lleva alrededor de dos horas intentando dormir y olvidar sus antojos, pera nada ha funcionado, no recordaba que con Trunks hubiese sido así, él no solía ser tan caprichoso. Este bebé sí que le estaba dando problemas, y su problema ahora era un maldito antojo, tanto era así que no podía dormir. Su bebé pedía gritos su anhelada comida. Nunca creí que fuera verdad eso de que un embarazo a esta edad sí que sería fastidioso, se decía a sí misma. Tratando de cerrar los ojos y dormir un poco, tenía junta en la mañana y no quería llegar ojerosa y cansada, sabía muy bien que si continuaba así, alguien pagaría los platos rotos mañana, alguien desafortunado se llevaría todo su enojo.
Abre los ojos y solo ve oscuridad, hasta eso le molesta, maldita oscuridad y yo no puedo dormir. Piensa. Había dormido apenas media hora, después de llegar de la inauguración de los nuevos laboratorios de Capsule y llegó casi a la medianoche. Ya eran las 3:30 y nada, trató por todos los medios de olvidar sus antojos y dormir, pero nada, nada funcionó, ni siquiera el agotamiento que sentía por haber hecho el amor con su esposo, también había hecho lo que acostumbraba en el embarazo de Trunks, idear nuevos artefactos e inventos en su cabeza hasta caer rendida, pero ahora nada de eso funcionaba, a este bebé nada lo calmaba, reclamaba su ansiada y apetecible comida, que con solo pensarlo otra vez, se le hacía agua la boca y el rugido de su estómago era evidente. Trunks nunca había sido tan exigente, y aparte de ello, no recordaba que hubiese sido así. Tan complicado.
Diablos, pensó.
Cerró sus ojos. Piensa en otra cosa, piensa en otra cosa se dice a sí misma, pero las imágenes suculentas de una hamburguesa de doble carne con papas fritas, una porción de aros de cebolla, unas rebanadas de pizza con queso derretido por doquier, y un batido de galleta oreo decorado con nata batida, trozos de galleta y sirope de chocolate no la dejaban en paz, desfilan por su mente y su boca, provocándola y atormentándola, como diciendo. "Vamos cómenos".
Ya podía sentir el sabor del helado de vainilla batida con chocolate en su boca. Meneó la cabeza en negación tratando de que esas suculentas imágenes dejaran de desfilar seductoramente por su mente. Ya duérmete Bulma, olvida eso. Se dice ya al borde del cansancio y molesta con ella misma, y para sumarle a su molestia, su esposo profundamente dormido como si nada, Vegeta siempre solía despertarse ante el más mínimo movimiento, pero hoy, justamente hoy, para su maldita suerte tenía que dormir como un tronco.
Suspira pesadamente, por qué justo hoy tiene que dormir como un maldito tronco, grita enojada dentro de sí misma, esperando que él la pudiese escuchar y para colmo la tiene prisionera, aferrándose a ella con brazos y piernas y no dejándola que baje a la cocina para que vacié la nevera. Pero sabía que sería inútil, su bebé era exigente y no se conformaría hasta obtener su comida. Vegeta suspira a su lado, y este gesto le molesta. Claro, el señor sí que puede dormir plácidamente, dice con todo el sarcasmo del mundo y como si estuviera hablando con él.
Bufa otra vez. Compréndelo Bulma, compréndelo, se dice. Ha ido a entrenar con Wiss-San todo el día, después te ha acompañado a la inauguración, bueno, técnicamente lo obligaste a ir, se dice, bueno el punto es que fue. Aclara. Y viéndolo dormir así tan despreocupadamente no creía que si lo levantaba a esas horas, él estaría de un buen humor. Intenta dormir, intenta dormir y Kamisama sabe que lo intentó, pero ya no pudo más.
Una estrategia. Sí, eso era, una estrategia. Tenía que empezar a mostrarse fastidiosa, no es que no lo hubiese hecho durante esas dos horas, sino que ahora ya no lo aguantaba más, su bebé pedía comida y ella se la daría, así que, debería moverse inquieta y un poco más fuerte y él accidentalmente apropósito despertaría, para preguntarle que necesitaba, y ella tomaría esa oportunidad y lo enviaría a por la preciada comida que su bebé y ella pedían.
Lo intento, nada. Un poco más fuerte, nada. Vegeta realmente debía estar muy cansado, ¿qué clase de entrenamiento le daba Wiss-San? No despertaba con nada, por más que pataleara y se mostrara inquieta. Al no lograrlo, una vena se asomó en su frente. Estaba a punto de estallar. Maldito seas Vegeta, lo maldijo mentalmente. Este ajeno a la situación solo la apretaba a su agarre más fuerte mientras dormía plácidamente.
Kamisama sabe que ya había tenido suficiente. Kamisama sabe que había intentado todo pero su paciencia se había agotado. Así que respiro profundamente, ya nada la pararía ahora.
-maldita sea, Vegeta, levántate – gritó con todo el aire en sus pulmones. – si no te despiertas ahora lo lamentarás toda tu perra vida. – amenazó.
Este se despertó sumamente asustado y desubicado por ese estruendoso grito, sin asimilar lo dicho, en unos cuantos segundos él ya se encontraba al pie de la cama con posición de batalla, enfocando su visión aún borrosa, adaptándola a la oscuridad, tratando de sentir alguna amenaza en el ambiente pero nada. No había amenaza. No había nada. Solo allí había caído en cuenta de lo que Bulma le había dicho.
-maldita sea Bulma, ¿por qué demonios gritas así? – también había gritado, mientras se acercaba al velador para encender la lámpara.
Bulma se había asustado por el tono de voz de su esposo, y simplemente había tomado las sábanas para cubrirse a manera de protección contra la ira de Vegeta.
-es que, es que. – un nudo en su garganta se había formado, eres una maldita Bulma, se dijo a sí misma.
-¿tú qué? – preguntó furioso. – maldita sea, Bulma. – miró el reloj de velador. – son casi las cuatro de la mañana ¿qué demonios quieres? - preguntó irritado. – espero que tengas una buena razón para despertarme a gritos. – dijo Vegeta, mientras se sentaba en la cama mirándola.
Eso había llegado de pleno al corazón de la científica, soy una egoísta, pensó. Había despertado a su esposo. A su cansado esposo. Soy una maldita, se repitió. Mientras jugaba con la sábana en sus dedos.
-habla Bulma. – dijo ya calmado. Le había sorprendido que Bulma diera esos gritos a esas horas de la madrugada. Sinceramente se había asustado y mucho. Pensó que podría ser un enemigo buscando venganza por él, poco le había faltado para convertirse en Súper Saiyajin y lanzar un Galick Gun en la oscuridad. – dilo ya mujer. – dijo tocando el muslo de su esposa por sobre la sábana que la cubría.
-yo. – sorbió un poco su húmeda nariz predispuesta para el llanto. – lo siento. –dijo con la voz llorosa y lastimera. – no quise despertarte así, pero es que. – lo había mirado a los ojos, solo en ese entonces Vegeta se sintió el peor desgraciado de este mundo, le había gritado y ahora los ojos de su esposa tenían lágrimas y estaban un poco rojos. – no pude hacerlo, créeme que traté, pero no pude. – se disculpó, por su parte Vegeta no entendía nada. ¿Qué había tratado de hacer su esposa? Su ceño se frunció confundido.
-¿qué dices? – preguntó ante no encontrar respuesta a su propia pregunta.
-tengo un antojo. – le había dicho.
-¿un antojo? – repitió, como no entendiendo la pregunta.
-sí Vegeta, un antojo. – le frunció el ceño a su esposo. - tu hijo quiere comer y no me deja dormir por eso. – se había sentado en la cama y cruzado de brazos, enojada al tener que explicar algo tan obvio. – intenté de todo, pero no te despertabas con nada. ¿Qué demonios hiciste hoy eh? - Le reclamó enojada.
-así que era eso. – dijo mientras pasaba una mano por su desafiante cabello. – me asusté, pensé que alguien había entrado. – dijo. – y entonces. – ella lo miró.- ¿qué quieres que haga?
Bulma tuvo que contenerse de girar exageradamente los ojos. Ante la pregunta tan estúpida, según ella, que le había hecho su esposo.
-cómo qué. – se acomodó mejor. – quiero que me traigas comida. – dijo.
Él sonrío satisfecho, su hijo desde ya se comportaba como un auténtico saiyajin.
-¿de qué te ríes? – preguntó un tanto irritada Bulma.
-de nada mujer, de nada. Entonces. – la miró. - ¿qué quieres que te traiga de la cocina? – oferto.
-sí hubiese en la casa ya habría ido a por él. – dice. Un tanto molesta por tener que explicar todo. – quiero otra cosa y solo lo venden en un restaurant de comida rápida. – dice.
-¿Qué quieres? – dice Vegeta, como aceptando que tendrá que ir por la comida.
Una sonrisa se posa en la cara de la científica, al fin después de casi tres horas, su bebé y ella tendrán la comida que tanto anhelan. Se acerca a él con el ceño más relajado y con la coquetería que caracteriza a Bulma Briefs, le suelta su pequeño menú de madrugada.
-Bueno. – Vegeta ya se espera una súper orden de comida, no es tonto. – quiero. – se muerde los labios para frenar la excesiva salivación que se forma en su boca, ante casi alcanzar su tan anhelada comida. – quiero una hamburguesa con doble carne y papas fritas, aparte de ello también quiero una porción de aros de cebolla, unas rebanadas de pizza con queso derretido, y un batido de galleta oreo con nata batida y trozos de galleta, ah. – dice como si olvidara algo más. – y no olvides, no olvides el sirope de chocolate. – le cuenta entusiasmada.
Vegeta ya lo veía venir. Así que, qué remedio se dijo. Se levantó de la cama con rumbo al armario para colocarse sus pantalones de franela, una sudadera y sus zapatos Converse. Mientras él hacía eso, Bulma ya había encendido la televisión que se desplazaba desde techo hasta la altura que ella quería, todo por control remoto. Cambiaba y cambiaba de canales, sin hallar algo que le gustara, bueno, el fin de todo eso era entretenerse un poco, hasta que Vegeta llegue con su apetecible comida.
Al fin encontró un canal. Una película de acción se estaba proyectando, las escenas eran increíbles, a Bulma siempre le había gustado las películas de acción, aunque también disfrutaba las de romance, pero las de acción siempre ganaban, los altavoces incorporados de la habitación daban la apariencia de una sala de cine, y ella estaba más que encantada con eso. Ya se lo agradecería a su padre, los sonidos de los balazos de la película se escuchaban casi reales, en ese preciso momento Vegeta salió cambiado del armario. Humanos, había murmurado. Sin prestar ni la más mínima atención a la pantalla, él había tomado la tarjeta de crédito que Bulma le había dado, de la cajonera justo al lado de la cama. Prometiendo regresar pronto. Justo en ese momento, Trunks, aún con sus ojitos semi cerrados estaba golpeando la puerta de la habitación, Bulma direccionó el control remoto y dejó entrar a Trunks.
-Buenos días papá, hola mamá. – dijo el pequeñín. - ¿por qué tanto escándalo? – dijo fregándose su ojitos. – y ¿por qué papá está vestido así? – preguntó cuándo vio a Vegeta cambiado, como si fuese a ir a correr, como solían estar vestidas las personas todas las mañanas alrededor del parque.
-amor. – dijo Bulma llamándolo a la cama con ella, él encanto accedió y se sentó cerca de su madre. – el bebé tiene hambre. – dijo. – tu padre irá por la comida.
-¿pero ahora? – preguntó un tanto confundido. – ¿no puede esperar hasta mañana? – dijo inquisidor ante lo exigente que estaba siendo el bebé. Bulma solo pudo reír ante lo gracioso que se había visto Trunks con el ceño fruncido por la exigencia de su hermano.
-Trunks. – llamó su padre. – ¿tú no puedes dejar de comer cuando tienes hambre cierto? – el niño asintió enérgicamente. – pues el bebé tampoco y quiere su comida ahora.
-ya veo. – dijo resignado viendo el vientre de su madre, y a ella cubriéndose con la sábana. - ¿puedo ir contigo papá? – le había propuesto.
-tienes que. –dijo su padre. – ve a ponerte una sudadera. Te espero aquí. – no tuvo que decir más, el niño salió literalmente volando a su habitación, en pocos minutos ya se encontraba de vuelta con su sudadera y colocada la capucha sobre su cabeza.
-ya estoy listo. – dijo. – vámonos papá.
Ambos salieron por la ventana de la habitación matrimonial, esperando realmente que hubiese un lugar que tuviera todo lo que necesitaban.
-¿papá?
-sí. – había contestado el mayor, estaba cansado y se había estado quedando dormido, ese día había sido muy agotador, primero Wiss-San le había hecho entrenar realmente duro ¿cómo? Deshierbando el infinito jardín donde la hierba nunca dejaba de crecer por más que este la cortara de raíz, luego la limpieza de toda la morada de Bills- Sama, después el entrenamiento con la pesada carga sobre sus brazos y piernas, luego una pequeña visita a un planeta lejano donde había enfrentado viejos enemigos, espejismos, pero viejos enemigos.
Esa había sido la mejor parte, en verdad había disfrutado golpeando innumerables veces a Freezer, así hubiese sido un espejismo. Esa lagartija había tenido su merecido, no le molestaría el volver a ese planeta. Hasta Kakaroto había sido aniquilado innumerables veces también. La diferencia de tiempo y espacio en el planeta de Bills-Sama era abismal, un día tenía 72 horas.
Es decir que él había estado despierto 72 horas, entrenando de hecho, por lo que no había sentido el cansancio y para cuando regresó a la Tierra y creía poder dormir por fin, tuvo que acompañar a su esposa al dichoso evento ese de la inauguración, ella lo había obligado ¿cómo? Un vestido revelador de color azul, había bastado, y es que el condenado vestido con corte en V dejaba ver el mediastino del tórax de su esposa tanto en frente como en su espalda, había sido demasiado como para dejarla irse sola, sumándole a eso un corte en un lado de su pierna izquierda, que dejaba ver sus largas y hermosas piernas, que solo a él le pertenecían, y eran solo para sus ojos. Todo eso lo había hecho vestirse a toda prisa y de etiqueta, todo con tal de acompañarla y por qué no, marcar su territorio.
Y se felicitó haberlo hecho, habían algunos insectos que no le quitaban la mirada a su esposa, luego la fastidiosa prensa y paparazis. ¿Qué tenían lo humanos por saber de la vida de los demás? Era irritante, la prensa los acosaba para que dieran alguna declaración oficial, pero como siempre era Bulma la que hablaba, él como siempre los dejaba con los micrófonos en alto y pasaba de ellos, era divertido ver sus caras decepcionadas, a fin de cuentas, tanto Bulma como él disfrutaban de ese pequeño juego con la prensa.
¿Qué les importa a ellos? Era lo que siempre le decía a Bulma. Reían cada vez que recordaban cuando la prensa, lo había descrito como un multimillonario empresario.
Aunque ella le había dicho que como CEO de seguro tendría éxito, pero solo la idea de un traje ejecutivo era asfixiante. Luego de eso ella se había echado a reír ante la cara que él había puesto ante ese comentario.
Después de la fiesta habían llegado a casa y por fin para su alivio, había podido quitar el estorboso vestido de su esposa que tanto descontrol le había causado. Después de haber hecho el amor, por fin iría a dormir y así lo hizo, pero nunca podría haber adivinado que su esposa lo levantaría a gritos. Y ahora se encontraba volando por el cielo, buscando un lugar para comprar comida para su caprichoso y nada paciente bebé ¿cómo lo sabía? Su ki había fluctuado, aumentaba como diciendo "quiero comer ya" Apenas 2 meses y ya era tan exigente, no pudo evitar sonreír orgulloso.
-papá, allí. – dijo Trunks señalando un lugar a la distancia.
Ambos bajaron al lugar, y efectivamente estaba desierto, la mesera se estaba durmiendo, pero al ver a clientes enseguida se incorporó. Hicieron el pedido y esperaron hasta que estuviera listo.
-¿puedo también pedir el batido de oreo? – preguntó Trunks. Vegeta no tenía ánimos de hablar, estaba muy cansado.
-dele lo que pida el niño.- le dijo a la cajera, y ella no podía estar más que feliz por eso.
Menos mal no tardó mucho.
-espero que disfruten su fiesta. – les había dicho la cajera, mientras colocaba unos empaques que contenía diferentes tipos de salsas.
-es para mi mamá. – le había dicho Trunks, aclarando la situación.
-ya veo.- dijo la cajera. - ¿antojos, cierto? – había dicho, por lo que esta vez captó la completa atención de Vegeta. Quien no evitó preguntar.
-¿y cuánto tiempo dura? – le pregunto Vegeta, expectante de la respuesta. La cajera simplemente le había dado una sonrisa reconfortante, como compadeciéndose de su situación.
-todo el embarazo. – le dijo. Eso sí que lo había sorprendido.
Justo en ese momento Trunks contestó su celular. Y se giró para ver a su padre.
-es mamá. – dijo como si fuese secreto nacional. – dice que también quiere unas donas.- le dijo el pequeño, por su parte Vegeta solo pudo suspirar. Definitivamente serían meses muy largos.
Pobre príncipe saiyajin ¿qué creen?
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