Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pero la trama es totalmente mía.

Lo que está escrito entre "comitas" son los pensamientos de la gente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la lejanía o telefónicas.

La historia está escrita desde el punto de vista de Renesmee.

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CAPÍTULO 3. Me quiere, no me quiere.

Una semana ha pasado desde que sucedió lo peor que podría haberme pasado en la vida. Y solo llevábamos dos días en casa de Sarah. La primera noche, durante la cena, nos había contado que estaba casada y que tenía un hijo de nuestra edad, pero aun no había visto a ninguno de los dos, lo cual no entendía en absoluto, pero tampoco me sentía cómoda haciendo preguntas.

Al fin era fin de año. Tenía muchas ganas de dejar atrás ese año de mierda. Y sobretodo, tenía muchas ganas de que llegara la noche, por que esa noche, Seth vendría a buscarme y pasaríamos la noche juntos. Aunque no en plan sexual, nosotros aun no teníamos ese tipo de relación, pero tenia muchas ganas de cenar, charlar y dormir con él.

- Renesmee…

- ¿Qué? – dije, mirando hacia la puerta de la cocina. Emmett me estaba mirando, aunque ya no me miraba como esos dos últimos días, sino que me miraba con ternura. Me sentí mal por haberle respondido tan mal. – Dime, Emmett.

- ¿Al final te vas a ir esta noche?

- Si. Seth me va a hacer la cena y nos quedaremos en su casa. – dije, centrándome de nuevo en lo que estaba haciendo, escribir en mi diario. - ¿Quieres venir?

Emmett no dijo nada, aunque por la expresión de su rostro supe que se estaba conteniendo para no hablar mal de él. Simplemente dijo que no con un gesto de la cabeza.

- Esta noche vendrán el marido y el hijo de Sarah. – dijo, acercándose. Se sentó en la silla que tenía delante.

- Genial.

- Renesmee…

- ¿Qué?

- No me gusta que nos peleemos. – puso su mano sobre la mesa y tomó la mía.

- A mi tampoco me gusta estar peleada contigo. – dije, alzando la vista para mirarle. Estaba hablando muy en serio, y yo también. – Emmett, ¿Cuándo aceptarás que estoy saliendo con un chico un poco mayor que yo?

- No creo que pueda hacerlo. – murmuró. Fingí no haberle escuchado. – He pensado que mañana podríamos ir a buscar nuestra ropa.

- Yo no voy a ir. – dije, apartando mi mano. "Ya vuelve a sacar el temita."

- Renesmee, ya hace una semana que…

- No quiero oírlo. – dije, poniéndome en pie. Fui hacia la nevera y cogí una botella de agua. No tenía sed, pero era para hacer algo.

- Por favor, madura.

- ¿Cómo quieres que estemos sin pelear si me hablas de esa forma? – dije, volviéndome de nuevo para mirarle. Emmett no dijo nada. - ¿Es que no entiendes que me duele siquiera pensar en volver?

- A mí también me duele.

- Pues a mí me parece que tienes muchas ganas de volver.

Emmett no dijo nada. Le miré bien y vi que pasaba la mano por donde tenía la cicatriz del pecho. Aun no me había contado lo que había pasado y como le habían herido, lo que aun me ponía más nerviosa.

- ¿Qué es lo que pasó, Emmett? – dije, acercándome a él, poniéndome de rodillas a su lado. - ¿Qué es lo que pasó aquella tarde?

- No puedo… - dijo. Solo con decir esas dos simples palabras, pude notar como se le atragantaban. – Renesmee, no me hagas esto, por favor.

- Lo siento. – me entristecí al verle así y le abracé con cuidado de no tocarle la herida. – Lo siento. No quiero pensar en ello, pero es que cada día me pregunto qué es lo que pasó.

- Te entiendo. – dijo, acariciando mi pelo. – Pero aun no puedo hablar.

- Vale. – me puse en pie y besé su frente. – Voy a ir a prepararme para mi cena con Seth.

Emmett hizo una mueca, aunque no dijo nada. Besé de nuevo su frente y fue hacia el dormitorio que se me había asignado.

Mientras me vestía con un vestido que me había regalado Seth ese mismo día, no pude evitar pensar en Sarah y su familia. La casa tenía solo tres habitaciones, supongo que por eso no habían ido a vivir con nosotros. Era todo muy extraño. Nada tenía sentido. Esa mujer no podía abandonar de su familia por cuidar de la mía.

-Estás muy guapa.

Miré hacia la puerta. Ahí estaba Emmett. Sonreía.

- Gracias.

- No pareces tú. – dijo, sonriendo de nuevo.

- Que gracioso, cocotero. – dije, haciendo que su sonrisa que ampliara. - ¿Ya ha llegado la familia de Sarah? – dije. Quería conocerles.

- No.

- Bueno. Mañana les veré. – dije, acabando de ponerme los pendientes. Fui hacia donde estaba Emmett y le abracé. – Espero que lo paséis muy bien esta noche.

- Y tú.

- Gracias.

- Pero sin sexo.

- Emmett! – exclamé, sintiendo como me sonrojaba.

- ¿Qué pasa?

- Sabes que yo no hago… eso. – dije, dándome la vuelta. No quería que viera lo roja que estaba.

- ¿Ah no? ¿Llevas seis meses con tu novio y aun no os habéis acostado?

- Claro que no! – exclamé. Me sonrojé aun más. No era que yo no lo quisieras hacer, es que Seth no quería hacer nada, porque decía que era demasiado joven para saber lo que quería. – Seth no quiere.

- ¿Por qué?

- Porque soy muy joven. – murmuré.

- Ese Seth comienza a caerme un poco mejor. – me di la vuelta y vi que Emmett sonreía. Realmente, esa revelación le había dejado más tranquilo. - ¿va a venir a buscarte?

- Quería, pero le dije que mejor iba en autobús. – cogí mi bolso y fui hacia la puerta. – Y debo irme ya si no lo quiero perder. No vemos mañana.

Besé su mejilla y, antes de que pudiera hacer o decir nada, me fui.

Mientras iba hacia la parada del autobús, que estaba a doscientos metros de la casa, recordé lo último que Emmett me había dicho. Que Seth ya le caía un poco mejor. Sonreí. Eso era lo que yo quería. Que Emmett y Seth se llevaran bien.

Miré el barrio en el que ahora vivía. Era parecido a la urbanización en la que había vivido con mis padres, pero un poco más pobre. No me acostumbraba a mi cambio de vida. Todo era tan… diferente. Y echaba de menos a mis padres. Muchísimo de menos.

Cuando estaba llegando a la parada del autobús, me encontré con la última persona que quería encontrarme. "Por Dios. ¿Es que no me libro de él ni en este barrio?"

Fingí no haberle visto bajarse del coche de un chico y me senté en el banco de la parada del autobús. Me di cuenta de que, al verme, se quedó un poco sorprendido, pero al momento se recuperó. Volvía a ser el mismo gilipollas de siempre.

- ¿Qué haces tú aquí?

- Lo que se suele hacer en las paradas de autobús. Esperar el autobús. – dije, aun sin mirarle.

- ¿No llevas uno de esos coches pijos que tiene tu familia?

- Solo tengo quince años, gilipollas. – dije, apretando los dientes.

Estaba claro que no sabía lo que les había pasado a mis padres, pero ello no impidió que me cabreara con él. Aun más de lo habitual.

- ¿Desde cuando a los tuyos les importa eso?

- ¿Desde cuanto a ti te importa que sepan que eres gay?

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Hola, hola.

Espero que el capi os haya gustado.

Besitos.