CAPÍTULO 3»
Un mes después, desde el último escalón de la escalinata de Lady Goodridge, Darien Chiba, marqués de Blackburn, sacó su impertinente de plata del bolsillo de su chaleco azul oscuro y se lo llevó a la cara. Abajo, en la planta principal donde se hallaba el extravagante salón de baile pintado de rosa, una brillante multitud se volcaba hacia el interior y circulaba en torno a la columna. Se asomaban a la galería, iban y venían entre el comedor y los salones donde se jugaba. Sólo la pista de baile estaba despejada, esperando a que la orquesta comenzara a tocar.
La hermana de Darien, Rei, estaría extasiada, pues no sólo había abierto la temporada con el primer gran éxito sino que también había convencido a su insoportable hermano para que asistiera.
O, al menos, así debía creerlo; él no tenía intenciones de desilusionarla. Él tenía sus propios motivos para dejarse convencer, y éstos no guardaban ninguna relación con la alegría de su hermana.
▬¡Blackburn!▬ Nicholas Fitzgerald se acercó a él desde atrás▬. ¿Qué estas haciendo aquí? Pensé que habías abandonado estas cosas.
▬Yo también lo pensé, pero es obvio que me equivoqué.
Sin apartar de sus ojos el impertinente, Blackburn inspeccionó brevemente al antiguo jefe de caballería.
Se habían conocido en Eton, donde Nicholas había sido enviado por su madre viuda, que lo había sacrificado todo para brindar una educación a su hijo, y Darien, a su vez, por un padre decidido a procurar que su hijo pasara por todas las etapas de la educación que correspondían al hijo de un noble. Pese a la disparidad de sus procedencias o, quizá precisamente a causa de ellas, se habían hecho amigos muy pronto. Y habían seguido siendo compañeros cuando ocurrió la muerte del padre de Darien, durante los primeros años frívolos en sociedad, durante la decadencia de la señora Fitzgerald que, finalmente, había llegado a la invalidez.
Como de costumbre, Nicholas iba vestido con un traje bien cortado: una chaqueta de terciopelo borravino con altas hombreras, un resplandeciente chaleco dorado, pantalones negros y botas relucientes con borlas doradas. Si bien el atuendo era un tanto llamativo, Nicholas lo llevaba con elegancia. Y lo mas importante:
▬Pareces saludable▬ dijo Darien, como un modo delicado de averiguarlo.
Nicholas se dio una palmada en el muslo.
▬Casi no me dolió. Es bueno el cirujano que tenías en tu unidad. Gracias por dejármelo.
Retiró el impertinente de la cara de Darien, abusando del privilegio que le confería la amistad.
Darien se lo preemitió y volvió la cara hacia Nicholas de modo que pudiese observarlo cuanto quisiera. Después de todo, era la primera vez que se encontraban desde la batalla de Talavera, hacía diez meses.
Nicolas era casi tan alto como Darien y, evidentemente, tan apuesto como él, a juzgar por las reacciones de las señoras que pasaban. Sin embargo, la última vez que Darien lo había visto, fue en una harapienta tienda de campaña que hacía las veces de hospital, en esa ocasión había temido perder la pierna a causa de su «maldito heroísmo», como él lo llamaba. No lo había perdido, y Blackburn se alegraba de verlo vigoroso y saludable.
Son duda Nicholas sentía lo mismo.
▬La granada casi no te dejó cicatriz▬ observó.
▬El cirujano me salvó el ojo▬ dijo Blackburn, manteniendo la expresión impasible▬. Eso era lo único que importaba.
▬Es lógico▬ Nicholas inspeccionó el salón, tal como lo había hecho su amigo unos momentos antes▬. ¡Que amontonamiento! Aquí es casi imposible moverse.
▬Cuando comience el baile, se dispersará la muchedumbre▬ Blackburn alzó el impertinente de nuevo y contempló a la bullente concurrencia de abajo con el mismo afecto que reservaba para los españoles y las cucarachas▬. Claro que yo no bailaré, y mi hermana se afligirá por eso.
▬Desde cuándo te importa lo que diga Lady Goodridge?
Blackburn conjeturó que su amigo hablaba así porque no tenía hermanos.
▬Ella es mi hermana y es cinco años mayor que yo. Siempre se las ingenia para hacerme sentir incómodo.
▬Pero a ti no. Tu nunca le has temido.
▬Nicholas rió francamente, esta vez echando atrás la cabeza de nodo que su cabello rizado se balanceara y las personas elegantes que pasaban por allí que quedaran mirándolo.
▬Me alegro de poder divertirte▬ dijo Blackburn con frialdad, pero sin dejar de observar con atención a su amigo.
Nicholas se traía algo entre manos. Ese brillo febril en su mirada indicaba que tramaba alguna broma o algo peor.
▬¡Cuánto lo siento! Es de suponer que yo sea el que te divierte a ti▬ Nic dio un manotazo a Blackburn en el brazo▬. ¿Qué excusa darás para no bailar?
Blackburn se inclinó más hacia él.
▬Préstame tú herida en el muslo.
▬Por Dios que no lo haré▬ dijo Nic sin alterarse▬. Yo la utilizo para suscitar compasión de las damas.
Darien lanzó una risotada.
▬Eres un bribón.
▬Eso es mejor que ser demasiado hosco▬ replicó Nic, mirando a su amigo con aire significativo.
▬¿Yo?▬ Blackburn se señaló el pecho con un dedo▬. ¿Hosco? Prefiero considerarme discreto.
Nic paseó la mirada sobre el sombrío traje de noche de Blackburn; una chaqueta y pantalones, cotas negras, camisa y corbata tan blancas como la nieve, la corbata anudada en ese estilo conocido como caída de agua.
▬Discreto. Ya lo creo. He oído rumores de que has estado en el Foreign Office todos los días▬ se puso ceñudo▬. Trabajando.
▬¿En serio?▬ Darien olvidó que debía alentar las habladurías y dio a su voz un tono helado▬. ¿Quién ha estado contando cosas sobre mi?
▬Todos. Has sido la comidilla de Londres. Usando ropa de la temporada anterior y entrenando a tu caballo a horas inusuales. ¡Temprano por la mañana!
Blackburn jugueteó con la cadena de plata de su impertinente.
▬Mientras estuve en el continente descubrí que existían horas antes del medio día.
▬Se especula con la posibilidad de que estés cumpliendo el papel de espía.
La fina cadena de plata se rompió entre los dedos de Blackburn, se quebró con tanta limpieza como el cuello de un traidor en el tajo del verdugo.
▬¿Un espía?
Nic vio como Blackburn desenganchaba la cadena.
▬Eso mismo dije yo. «¿Blackburn, espía?», dije. «¡Imposible! Él es demasiado correcto.»
▬Muy cierto.
▬Demasiado bien educado.
▬Soy un Chiba.
▬Demasiado… aburrido.
Unos ojos de un azul desteñido. Una voz vieja y trémula.
«Inglaterra depende de usted, Lord Blackburn. Ese maldito traidor está por ahí, en algún sitio.»
Con la entonación mas odiosa de que era capaz, y era bastante capaz en eso de ser odioso, Blackburn dijo:
▬Si ser aburrido es conceder valor a la corrección, entonces sí; soy aburrido.
▬Con excepción de aquello de trabajar en el Foreign Office.
▬Ése fue un capricho que se esfumó hace mucho tiempo▬ Blackburn deslizó la cadena en el bolsillo de su chaleco▬. ¿Es que, acaso, los rumores no se referían a eso?
▬Oí decir que estuviste en la fiesta en la casa de Stockfish, en Sussex, y de caza con los MacLeod, en Escocia.
«Mantenga los ojos abiertos y quítese las anteojeras. Sabemos de De Sainte-Amand, pero al que realmente queremos es al que planeó toda la operación. Por lo tanto, vigile. Descubra como se filtra la información del Foreign Office. Descubra quien es el jefe.»
Esas instrucciones resonaron en el cerebro de Blackburn y lo instaron a barrer la habitación con la mirada. Intentó enfocar la vista con claridad y no pudo. La granada que le había estallado cerca del ojo había destruido algo más que sus impecables facciones. No había perdido la vista; oh, claro, podía ver. Pero había perdido la agudeza de su visión. Ya no podía usar de guía el cañón de un arma para hacer puntería. Nunca mas volvería a cazar ciervos un su propiedad de Escocia.
Nunca más volvería a atravesar la península Ibérica y abatir con perfecta precisión a algún soldado de Napoleón.
Por eso ahora, como un caballo de carrera al que se sofrenara tirándole de la brida, trabajaba para el señor Artemis Smith.
Que sabor amargo le dejaba en la boca pensar que un miembro de una de las familias más antiguas y patricias de Inglaterra tuviese que rebajarse a tan innoble engaño. Sin embargo, no podía negarse a ello. Sobre todo por no romper la promesa hecha al muchacho que había muerto en sus brazos.
▬Madre casamentera acercándose por la izquierda▬ advirtió Nic.
Blackburn miró en la dirección indicada. Lady Kinnard, antes señorita Galaxia Fairchild, avanzaba hacia ellos. A ella, él podía verla bien: el ancho haz que proyectaba la figura de Lady Kinnard rielaba ante él como un barco en el mar. Iba remolcando a otra de sus bellas hijas comehombres, de ojos grandes; Blackburn dijo:
▬Muévete.
Nicholas se demoraba, con una alegre mueca en su boca.
▬¿Pero, por qué? La hija de los Kinnard te vendría bien.
Blackburn dio un empellón a Nicholas; ese incorregible bribón bajó corriendo las escaleras sin dejar de reír. Cuando llegaron abajo, Nicholas le clavó un codo en las costillas.
▬Blackburn, pensaba decirte que hay otro rumor dando vueltas.
▬¿Qué?▬ preguntó Blackburn en tono amenazador.
▬Que no son espías lo que persigues sino una esposa.
▬¡Maldición!
Blackburn no esperaba eso.
«Debe ser evitada toda apariencia de furtividad. Al contrario, debe usted causar impacto en la sociedad. Atraer la atención hacia usted como lo hizo hace años. Provocar otro escándalo. Sin duda, aquello dio materia de habladurías a la sociedad elegante. O si no quiere hacerlo, diga que está buscando esposa.»
El semblante de Nicholas se había convertido en una cómica mezcla de indignación, pesadumbre y malicioso deleite.
▬¡Yo no dije que fuera verdad, hombre!
El señor Smith había decidido echar a correr ese rumor, y Blackburn sabía que sería imposible detenerlo.
Nic ínterpetró su silencio como quiso.
▬Por Dios, es verdad. Al fin, el gran Blackburn va a caer.
Como prefería un rumor y no otro escándalo, Blackburn concedió:
▬Así parece.
▬Al menos, no tendrás dificultades en elegir a la heredera de tus sueños▬ Nic dio a su discurso un atisbo del acento irlandés que había copiado de su padre▬. Pero, ¿en qué estoy pensando? Tú no necesitas otra fortuna. Deberías desechar a las herederas y dejarlas para los que, como yo, las queremos.
▬¿Así que tu también estás buscando una esposa?▬ se burló Blackburn.
Nic detuvo a un lacayo que pasaba, recogió una copa de coñac de su bandeja y la bebió.
▬Para sufrir, quiero decir que el matrimonio es la carga del hombre en la vida.
Antes, Nicholas había jurado que por mucho que se vaciaran sus bolsillos, no se casaría.
▬¿Acaso te persiguen los acreedores?▬ preguntó Blackburn.
▬Como siempre▬ Nic hizo una mueca un poco mas desdeñosa que de costumbre▬. Parásitos.▬ Devolvió la copa▬. Eso significa que estamos participando en la más tierna, la más dulce de las cacerías▬. rumió.
▬Esto no es una cacería▬ replicó Blackburn en tono cortante▬. No es más que una manada de yeguas a la que se hace desfilar de delante de los sementales. Cuando el potro percibe el olor de la yegua mas apta, golpea el suelo con los cascos, y el jefe del establo los encierra juntos para que cumplan su tarea.
▬Cínico pero certero.▬ Nicholas ya lo había oído antes▬. Y si eso es lo que sientes, ¿por qué lo haces?
Podría haber otras personas que también se extrañasen de su repentina búsqueda de esposa; Blackburn tenía que presentar alguna explicación razonable.
▬Allá lejos, estuve demasiado cerca de la muerte. Se me ocurrió que mi hermana tenía razón. La vida es corta y el apellido Chiba, precioso. Necesito un heredero.
▬El apellido Chiba. Debí haberlo adivinado▬ Nic rió, luego se puso serio▬. Sí. La guerra nos ha cambiado a todos.
Asombrado, Darien miró a su amigo; él no parecía haber cambiado, salvo que…quizá Nic mostrase cierto grado de descontento.
Entonces, la expresión de Nic se transformó en un semblante de alegre preocupación.
▬Oh, maldición, todo lo que haces se pone de moda. Eso significa que todos los caballeros se casarán este año. Habrá pocas posibilidades de elegir.
Darien nunca había dicho algo con tanta sinceridad:
▬No tengo interés en lo que hacen los demás.
▬Y por eso te imitan tan a menudo. Tú haz lo que quieras y no te preocupes de lo que opinen. Como tu hermana▬ Nicholas hizo un gesto hacia el salón de naipes, donde los hombres se sentaban en sillas mullidas, tapizadas de rojo, el color preferido de Lady Goodridge. Al ver a una joven soltera, dijo▬: Ésa es tu tipo. La ruborizada, con la cofia de color marfil.
Darien cerró los ojos, adolorido. Hacía mucho tiempo que no tenía una mujer. Pero esas muchachas rosadas y blancas lo dejaban frío. No tenían pasión, no tenían profundidad. No estaban preparadas, habían sido consentidas; ese sistema que no exigía nada de ellas las convertía en unas inútiles… tal como lo había sido él antes de la guerra.
Alguien usó su codo para hacerle aun lado, y él abrió los ojos.
▬No.
▬Solían gustarte las muchachas con grandes…▬ Nic completó con un gesto.
▬No.
Blackburn se apartó.
Nic se puso a la par de él.
▬Escúchame. Necesito de tu prestigio para mantenerme en primera fila de la sociedad londinense, y no puedo lograrlo si te alejas de mí.
Blackburn aminoró el paso. ¿Cómo podía menospreciar a un hombre de tan alegre ligereza?
▬Rei tiene razón cuando dice que eres un sinvergüenza.
Muy satisfecho de sí mismo, Nic dijo:
▬Pero lo dice con cariño, ¿no es así?
▬Con mucho cariño; Dios sabrá por qué.
▬ Porque es una viuda solitaria y sabe apreciar a un hombre encantador. Cuando uno es pobre, tiene que serlo, a diferencia de ustedes, los refulgentes señores que tienen a todas las mujeres festejándolos ▬Nic giñó a través de la niebla formada por miles de velas▬. Hay una muchedumbre allá.
Blackburn nunca había tenido paciencia con las tontuelas debutantes, las bellas reverentes, las madres peligrosas. Pero ahora tenía el deber de estar con ellas, de conversar con ellas.
▬Una muchedumbre.
Nic captó los recelos de Blackburn y los interpretó como una retracción.
▬ Si, una muchedumbre con una mujer en su seno, una bella mujer digna hasta del marqués de Blackburn.
Su maldito deber.
Escudriñó la multitud, viendo que el tumulto aumentaba. Se decidió y, tomando a Nic por sus anchos hombros, dijo:
▬Vamos, hombre.
Nicholas le dedicó una sonrisa, luego se abrió paso en medio de la gente. Cumplía con gran eficacia la función de abrir camino; Blackburn lo siguió, sin hacer caso de los saludos dichos en voz alta, con el desdén por ellos que le era reconocido. Si quería hablar con alguien, lo haría; no era necesario que trataran de atraer su atención.
▬Tú eres más alto que yo. ¿Puedes ver a la más nueva de las bellas?▬ preguntó Nic.
Blackburn examinó a dos hijos menores, mejor vestido de lo que tenían derecho estar, de acuerdo con sus ingresos.
«Él está ocultándose en la sociedad, donde el único pecado que puede cometerse es una vestimenta pasada de moda o la falta de dinero. ¿Y qué mejor manera de ganar dinero que trabajar como espía de los franceses?»
▬¿Por qué sigues observando a esos hombres? ▬lo interrogó Nic▬. ¡Las mujeres están allí! Mujeres, Blackburn, mujeres. ¿Las recuerdas? Suaves, perfumadas, con todas esas artes tan interesantes ▬Nic gesticuló con las manos, dibujando la curva de las caderas y a cintura▬. Maravillosas, caprichosas criaturas, que huyen ante el diestro cazador.
El deleite que percibió en la voz de Nic provocó en Blackburn una punzada de envidia. Nunca había sentido esa clase de cosas por una mujer. Siempre habían sido fáciles para él; cuando hubo comprendido que eran fáciles con cualquier hombre bendecido por la fortuna, había ganado en desprecio lo que había perdido en ingenuidad.
¿Alguna de ellas había sido diferente? ¿Había él pasado por alto a aquella que era especial?
Pero no, eso no podía ser. Si eso resultara cierto, tendría que admitir que había sido un tonto ciego. Esas mujeres parecían todas iguales, sonaban igual, decían las mismas cosas.
▬Aquí no hay nada que valga la pena.
▬Si buscas, encontrarás un diamante. ¡Un diamante, Blackburn! ▬Nic detuvo un momento su avance▬. Observa a esa banda de grandulones babeantes. Se amontonan, hombro con hombro, pateando el suelo.
▬Sementales ▬le recordó Blackburn.
Nicholas levantó la voz:
▬Déjennos pasar. Ahí tienen. No pueden reservarla para ustedes ▬el agolpamiento cedió cuando los hombres se dieron la vuelta y Nic se metió en la multitud, burlándose de cada uno a medida de que iba pasando▬. Southwick, ¿sabe tu esposa que estás cortejando a una muchacha? Lord Mallery, usted no es lo bastante astuto como para competir con este exaltado grupo.
Blackburn iba pegado a los talones de Nic, protegiendo la espalda de su amigo y preguntándose por qué lo haría.
▬Brockway, viejo empelucado, usted es demasiado venerable para este juego. Ninguna mujer de buen gusto lo querría… ▬se abrió una brecha y Nic se quedó paralizado▬… a usted.
No había terminado de exhalar la última palabra cuando Blackburn se acercó a él.
▬Perdóneme, anciano, pero…
▬¡Su servidor señora! ▬exclamó Nicholas, de repente, luego hizo una inclinación, permitiéndole a Blackburn una clara perspectiva, no del diamante sino del perfil de una dama alta y de aire digno.
Las elegantes líneas de su vestido verde acentuaban su excesiva altura. Un chal de encaje cubría un busto discreto y tenía las manos enguantadas unidas a la altura de la cintura, como una cantante esperando una nota que jamás llegaría. Encasquetada sobre el pelo oscuro, que estaba cortado y que dejaba finos mechones sobre el rostro, llevaba una cofia de solterona, como atavío de guerra. Su boca sobria jamás había recibido a un hombre con mohines incitantes. Era evidente que se trataba de una solterona. La carabina.
Blackburn empezó a darse la vuelta.
Entonces, la mujer sonrió a la que estaba junto a ella, una rubia debutante de pechos generosos. La sonrisa de la solterona, llena de orgullo y placer, iluminó sus facciones sencillas y arrancó una chispa de jade a sus bellos ojos… y el recordó que ya había visto antes aquellos ojos.
Blackburn se detuvo de golpe. Clavó la vista. No podía ser ella. Tenía que ser una fantasía de su mente perturbada y suspicaz.
Parpadeó y volvió a mirar.
Maldición era ella. La señorita Serena Higgenbothem, el Escándalo en persona, surgido de las profundidades del pasado… para convertir otra vez su vida en un infierno.
Creo que en este capítulo queda aclarado quien es Lord Blackburn, por otra parte si cometo algún error en la publicación no me crucifiquen jajaja estoy adaptándome a estas cosas y bueno sean pacientes jajaja, espero sus comentarios sean buenos o no eso sirve para mejorar y no cometer los mismos errores
