La serie Once Upon a Time, Downton Abbey y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.

Nuevo capítulo! Y este va dedicado a FannyBrice, a lizdm7, GreenApple86, Macabricet, venus1485 e invitado, gracias por el review. Y por supuesto gracias a todos los que amablemente se han tomado la molestia de leer esta historia y la están siguiendo.

Con éste capítulo sabremos que piensa nuestra querida Regina, cerrando nuestra trilogía de introducción; y al final del capítulo encontrarán el primer giro ¿bueno o malo? No sean curiosos y lean en orden. Abrazos.

ADVERTENCIA: Si alguien ve Downton Abbey, y está muy atrasado en la serie, advertencia de spoiler. Lea bajo su propio riesgo.

De antemano disculpa por cualquier error, lo he revisado pero mis neuronas estaban medias dormidas.


CAPÍTULO 3

REGINA

¡Al fin! Después de haber tenido que pasar veinticuatro horas exactas adolorida a causa de esa rubia molesta, que sólo sirve para hacerme la vida imposible, mi magia estaba de vuelta, y lo mejor es que en mis piernas no tenía ninguna cicatriz de haber sido atacada por aquella mujer.

No es que haya algo mal en Storybrooke que esté haciendo la magia inestable, es ella y su facilidad para hacer de todo un desastre. ¿Cómo alguien puede ser tan torpe? Es como si simplemente ella decidiera no pensar cada vez que habla o actúa, y las consecuencias siempre las pago yo; sería maravilloso si los idiotas de sus padres lidiaran con las consecuencias de los actos de su hija, pero qué se puede esperar cuando tienes los genes de una demente con complejo de mártir que habla con los pájaros y un imbécil con complejo de héroe que no es más útil que un felpudo. Necesito esforzarme el doble para que mi pequeño príncipe no adopte ninguna de sus terribles imperfecciones, y prefiero no dedicar ni uno sólo de mis pensamientos en el hijo bastardo de Gold. No puede haber mayor castigo para mí, que Henry y yo estemos ligados a todos esos inútiles de por vida.

Si mi madre estuviera… no. Es mejor no ir allí.

Terminé de preparar una ensalada, me serví una copa de vino, y aunque no debería comer en pijama y menos aún sentada en mi cama acompañada de el televisor encendido, he encontrado que no hay mejor plan para mí que éste, en especial cuando Henry no está. Lo que más tengo es tiempo de sobra y hay un significativo número de material visual con el que puedo distraerme. Debo hacer una lista de todos los libros que debo comprar por internet para que mi intelecto no se vea afectado; no puedo arriesgarme a terminar como esa rubia insufrible, bebiendo cerveza y terriblemente mal vestida.

Esta semana he decidido empezar con una serie nueva, después de haber sido decepcionada terriblemente por Downton Abbey tras la muerte de Sybil, intenté seguir viéndola porque no me gusta dejar nada inconcluso, pero en qué estaba pensando Jullian Fellowes al matarla. No merece más minutos de mi tiempo. En lugar de eso veré una que escuché a Henry comentar el otro día por teléfono, debe ser muy buena porque estaba cediendo sus dulces a cambio. Los libros y la televisión es algo que siempre hemos compartido, cuando era más pequeño yo vería semanas enteras El Rey León una y otra vez y él vería Orgullo y Prejuicio conmigo, y un montón de otras series y películas, como The Big Bang Theory que ha resultado muy refrescante, o la Guerra de las Galaxias la cual vi primero que él para asegurarme que era algo admisible para un niño de ocho años.

No soy tonta, sé que una serie que tiene por nombre The Walking Dead no debe ser nada infantil, pero si la ve en casa de los dos idiotas no debe ser más que un cementerio de mascotas o algo parecido, al menos eso era lo que creí antes de verla.

Ingenua y terriblemente estúpida es lo que soy, confiar en que alguien como Emma Swan tiene la menor idea de lo que es criar a un niño de diez años es cómo creer que un hombre gordo con barba baja por chimeneas para entregarles regalos a los niños. Vi toda la primera temporada de esa asquerosidad y a penas el sol salió me dirigí a la estación para prenderle fuego, es que debería ser legal poder matarla.

—¡Buenos días Regina! —Dijo el idiota de David.

Seguí de largo directo a la oficina dónde el fruto de la idiotez se atragantaba de grasas saturadas, y seguro seré yo la que va a terminar muerta de una afección cardiaca.

—¡En qué demonios estabas pensando al permitirle ver a mi hijo esa atrocidad!

—Buenos días para ti también, que lindo verte por aquí, ya estaba extrañando tu presencia. —Dijo con la boca llena de migajas—. Y es nuestro hijo.

—¡Mío! ¡Porque estás haciendo méritos para que te deje exactamente como esos cadáveres que acabo de ver!

—¿Qué está pasando aquí? ¿De qué cadáveres estás hablando? —Dijo el falso príncipe, interrumpiendo como siempre.

—Nada que sea de tu incumbencia. Puedes volver a fingir que trabajas.

—Tranquilo David, puedo manejarla.

—Creo que no escuché bien. —Por suerte el idiota nos dejó solas, no quería a nadie en mi camino para matarla—. ¿Puedes manejarme? ¿Eso es lo que crees?

—Me he acostumbrado a tus ataques hormonales, ellas y yo nos conocemos muy bien. —Dijo levantando las botas sucias sobre el escritorio y recostándose en la silla con una sonrisa en su cara. Ella no es la mezcla de sus padres, es la suma de ellos y sus defectos están multiplicados por mil.

Caminé directo hacia ella, me temblaban las manos con lo mucho que tenía que luchar para contenerme de no prenderle fuego. Empujé sus botas haciéndola perder un poco el equilibrio y acerqué mi rostro al de ella.

—Vuelves a dejar que Henry vea alguno de tus programas asquerosos y pornográficos y no necesitaré de mi magia para prenderte fuego. Y te aseguro que voy a disfrutar tomándome mi tiempo para verte morir lenta y dolorosamente. Puedes apuntarlo en tu agenda.

Di media vuelta para marcharme.

—Lo pondré junto a tu ciclo menstrual para saber qué días debo alejarme de ti, su majestad.

"Respira Regina, cuenta hasta un millón y aléjate de esa mujer". Repetí ese mantra todo el camino hasta llegar de nuevo a casa.


XXXSQXXX

Pasé toda la mañana en mi jardín, las plantas siempre me han ayudado a calmar mi temperamento, en especial cuando me siento muy enojada y tengo ganas de explotar. Lo hago desde mucho antes de llegar a Storybrooke. No siempre fue así. Cuando era pequeña y en los pocos ratos libres que tenía sólo para mí, solía acostarme debajo de los árboles, porque si entrecierras los ojos la luz que los atraviesa hace que puedas ver estrellas, era mágico.

No puedes ser brusca con las plantas, porque entonces sólo conseguirás arruinarlas, así que en cierta forma la jardinería me calma, y me recuerda a Henry, era algo más que solíamos compartir. Él arrancaba flores para mí y luego me las regalaba; también adoraba recoger manzanas porque sabía que con ellas siempre le hacía postres y él nunca desaprovechaba la oportunidad de comer dulces; hasta que todo cambió y ya no teníamos más cosas en común.

Con todo el tiempo libre que tengo no necesito magia para mantener el jardín floreciente, o limpiar la casa. He decidido seguir un curso online para aprender a preparar comida vegetariana, Henry necesita una dieta más saludable para que no termine enfermo por comer tantas hamburguesas.

La noche de insomnio que pasé viendo todos esos muertos terminó por cobrar factura en mí, y a media tarde me quedé dormida en el sofá, a mitad de mi lectura de Jane Eyre, fue lo mejor, porque si importar las muchas veces que he leído ese libro siempre me deja muy enojada y hoy ya no podía enojarme más.

Debo haber estado realmente agotada porque no desperté sino hasta el día siguiente, y más allá de las ocho, y eso es algo que yo no suelo hacer. Los jueves por lo general me hacen sentir muy ansiosa, porque sé que la semana está por acabarse y que sólo debo esperar que pase el fin de semana, y el domingo en la noche Henry estará de vuelta en casa.

Me di un baño tan largo que cuando salí mi piel estaba toda arrugada; mi madre solía decir que… No importa.

Mientras arreglaba los libros en mi biblioteca, porque he considerado volverlos a organizar según el género para poder acceder a ellos con más facilidad según mi estado de ánimo, escuché el sonido de pasos que me es imposible no reconocer. Dejé lo que estaba haciendo y corrí a encontrarme con Henry en la sala.

—¡Mamá!

—¿Qué estás haciendo aquí? —Pregunté sorprendida. No es normal que Henry venga a verme cuando no le toca estar aquí, y era la segunda vez en la semana que lo hacía. Algo muy malo debe haber ocurrido—. ¿Estás bien?

—Sí —Dijo con una gran sonrisa y me abrazó por un momento—, tengo hambre, ¿qué hay para comer? —dijo con total naturalidad mientras dejaba su mochila en el sofá y corría hacia la cocina.

Lo seguí de cerca. No podía evitar sonreír mientras ponía un plato con pastel de durazno y un vaso de leche frente a él. Comió como si alguien iba a quitarle el plato pero no lo regañé. Al menos la comida era algo que aún sumaba puntos a mi favor. Después de comer continuamos en la cocina conversando un poco, él no podía dejar de reír mientras me contaba que Emma le había dicho que yo había visto The Walking Dead. Me dijo que no era cosa de Emma y que él había visto la serie en internet porque todos en la escuela hablaban de ella; pero lo conozco bien y sé que su mentira es un intento de proteger a su otra madre. Seguía sin creer que yo había visto una temporada completa y sugirió que podíamos ver la segunda temporada juntos, que era muy buena.

Me sentí tan tentada a decir que no, porque eso es lo que hacen los buenos padres, y me sentí tan terriblemente mal por decir que sí; estaba comportándome como ella, siendo irresponsable e intentando ganarme el amor de mi hijo cediendo a sus caprichos. Si seguimos así, entre ella y yo vamos a terminar por arruinar a nuestro hijo. Pero tengo tantas ganas de que volvamos a ser nosotros, como cuando él creía que yo era la mejor persona del mundo, a pesar de que en la realidad siempre ha sido totalmente lo contrario. Y no es ella quién es una mala influencia para Henry, soy yo, nunca voy a poder librarme de mi pasado, nunca voy a poder ser la madre que él se merece.

Pero por qué no puedo ser yo la madre que lo consiente, la divertida. Es ella quién tiene que ponerse al día con diez años de maternidad, y si quiere compartir entonces es ella quién debe aprender a ser estricta y responsable, a poner horarios para hacer las tareas escolares y recordarle comer todas sus verduras. Yo también puedo hacer misiones encubiertas y ver series prohibidas.

Entrelacé mi meñique con el suyo y le hice prometer que sería nuestro secreto, y que después de ver esa temporada juntos no volvería a ver ningún capítulo más. Él prometió. Y luego hicimos palomitas de maíz y nos acomodamos en la sala frente al televisor.

Antes de ver el segundo capítulo Henry puso pausa por un momento porque se le ocurrió una idea que quería compartir conmigo, y yo no podía ser más feliz.

—Creo que debemos hacer un viaje. Tener una aventura, como las que querías tener en el bosque encantado y nunca las pudiste hacer.

Estaba sorprendida.

—Podemos salir de la ciudad, puede ser algo cerca para poder hacerlo este fin de semana. Salimos mañana después de la escuela y podemos volver el domingo en la noche. Prometo que no tengo tarea para el lunes. ¿Qué dices? —Él estaba radiante y sus ojos brillaban con tanta esperanza.

—Sí. —Ni siquiera lo dudé. Era la mejor idea del mundo y era justo lo que necesitaba. No sé cómo no se me ocurrió eso a mí, lo cierto es que no creí que fuera posible. Pero Henry adora las aventuras desde que era un bebé y qué mejor forma de acercarme a él que compartiendo algo que nos permite un poco de unión familiar.

—¡Genial! Me ocuparé de todo. Mañana después de la escuela vendré aquí y podemos irnos. Voy a diseñar todo un plan para poder divertirnos.

—Está bien.

Besé su frente y vimos un capítulo más. Emma llegó por Henry antes de que mi estomago se diera por vencido y vaciara su contenido en mi alfombra, no sé por qué a la gente le puede gustar ver algo tan grotesco y de mal gusto. Quería hablar con Emma sobre el viaje, ella había dicho que nuestro acuerdo no era estricto pero una cosa es Henry pasando parte de su tiempo conmigo y otra muy distinta salir de la ciudad los dos solos. Pero Henry creía que era mejor si era él quién hablaba con ella, que él sabía cómo convencerla; tenía razón, sobretodo después de nuestro último encuentro; lo dejé hacerlo porque si alguien tiene más posibilidades de convencerla es él.

Me pasé la noche entera empacando, tanto para mí como para Henry, aunque no demasiado porque es una buena idea ir de compras fuera de Storybrooke. Henry necesita renovar su guardarropa al igual que yo, y necesito unos cuantos zapatos nuevos también.

Dormí profundamente, quería descansar bien porque necesitaba estar alerta para manejar. No tenía idea de qué no más Henry tenía planeado para nosotros.


XXXSQXXX

A la mañana siguiente, después de recibir un mensaje de Henry del teléfono de Emma asegurándome que el plan seguía en pie, aproveché para comprar algunas provisiones y llenar el tanque de mi auto. Aunque me la pasé inquieta porque Emma no se había comunicado conmigo. Me repetí una y otra vez que ella no tiene ninguna autoridad para prohibirme ir de paseo con mi hijo, legalmente todo seguía estando a mi favor, es ella quién puede terminar de vuelta en una cárcel si se lleva a Henry sin mi consentimiento. Pero Henry había dicho que todo estaba bien, y a pesar de todo ella siempre ha sido muy comprensiva conmigo, ha confiado en mí cuando nadie más lo ha hecho; su silencio debía ser una buena señal, así que por primera vez decidí ser paciente y confiar en ella. De seguro Henry la tuvo que haber vuelto loca para convencerla, y cuando venga a dejarlo después de la escuela va a colocar algún dispositivo rastreador enterrado en mi piel, sólo para asegurarse que no huiré para siempre con nuestro hijo.

Había tenido tiempo para imaginar un sin número de hipótesis excepto una.

Emma Swan llegó en su trampa mortal amarilla, se bajó, invadió mi porche, mi sala, y cómo si fuera la cosa más normal del mundo me preguntó si estaba lista para un poco de unión familiar. Henry corrió a abrazarse a mi cintura. Y antes de poder preguntar a qué se refería él contestó, con una sonrisa extraordinaria plasmada en su rostro.

—¡Soy él más feliz del mundo mamá! —Exclamó con alegría—. Vamos a tener un viaje como todas las familias normales, tú, yo y ma.

Ella venía con nosotros, o mejor dicho yo iba con ellos. Emma me miró con esa mirada en su rostro que decía más que mil palabras. Ese instante en que nos quedamos colgadas en los ojos de la otra, mientras Henry daba brincos de alegría a nuestro alrededor, sabíamos que cualquiera de nosotras que se opusiera al plan de nuestro hijo sería la villana de su historia que estaba dispuesta a romper su burbuja mágica de felicidad.

Y cómo si los nuevos acontecimientos no fueran suficientes, Henry y Emma tomaron mis maletas y las subieron en la trampa mortal de color amarillo, haciendo que mis horas de sueño no sirvieran de nada porque Emma Swan es quien iba a estar al volante.

¿Era esto en lo que se había convertido mi vida? Cada vez más cerca de la hija de la mujer a la que había jurado venganza tantos años atrás. Henry era mi todo, mi hogar, mi única familia, y a pesar de todas las cosas por las que hemos pasado, por primera vez soy consciente de mi nueva realidad: Emma Swan es parte de mi familia, y me guste o no mi vida está ligada a la suya. No sé si estar decepcionada o aterrada.

El carro arranca y mientras tanto siento que estoy emprendiendo un viaje sin retorno.