Idyllic Rather:

Departamento #69-18

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.: Shatara-Hele :.

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.: Capitulo 3 :.

De Trabajo y Casualidades

Un río de electricidad estática se paseó sin pudor por su columna. Sin darse cuenta, un brazo rodeó su cintura al tiempo que, otra más soslayaba incluso su respiración, la estrecha espalda se encontraba aproximada al pecho del otro hombre y no le quedó otra salida más que mantenerse inmóvil aun muerto de pánico; supo al instante que forcejear no tendrían ningún efecto positivo.

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-Largo… - ordenó Gobber.

-Oblíganos…-

-¡Maldita sea! Travis, vámonos amigo… se acabó-

-No sean imbéciles, ¡No podríamos estar más cerca! –

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-Veo que no lo recuerdas- hablo de nuevo Dorian. Hiccup entrecerró sus ojos y hurgó en el rostro del otro con paciencia, curiosidad y nerviosismo… sus ojos se abrieron de golpe enganchado por los recuerdos

-No me digas que… -

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-Nunca pude olvidar esa noche… - mencionó al borde del llanto, Toothless se alarmó.

-¿Qué fue lo que ocurrió? –

-Esa noche, después de conocerte yo…- seco sus lágrimas con la manga del suéter -Camine por los árboles del parque y… encontré a mi madre… muerta –

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Daley Plaza, Chicago - Estados Unidos

Toothless se volvió paranoico, no sabía dónde estaban o por qué razón exactamente se había detenido en esa plaza, ni la lógica de ese silencio tan gélido entre ambos… sencillamente lo había acompañado. No presionó a Hiccup, no habló, ni le insistió. Solo se retiraron de la cafetería y, sin rumbo, caminaron a donde sus pies los guiaban; para cuando Toothless recobró su conciencia todo dejo de importarle.

El celular, dentro de uno de los bolsillos de su camisa deportiva, vibró por doceava vez en todo el transcurso de la mañana, sin embargo, no estaba dispuesto a contestar el mensaje, es más, el mismo se comprometió a no sacar el móvil teniendo a Hiccup en ese estado tan desalentador a un lado suyo. Después de que el joven había vivido aquel áspero ataque de sentimientos encontrados Toothless le sugirió salir a dar una caminata tranquila, con un intento inmenso de confortarlo; tal parecía que tenía resultado.

El café que Hiccup sostenía entre sus manos desprendía un vaho perfumado y cálido que le sosegaba al tener un suave contacto con su rostro cabizbajo; con impíos intentos, trató de regular su respiración, sorbió las lágrimas y encorvó su espalda dejando caer sus parpados con aparente tranquilidad. Todo lo que se encontraba escondido y bajo llave dentro de la Caja de Pandora había salido volando después de diez largos y embusteros años. Los recuerdos sometidos y los sentimientos pasados se liberaron de un salto atacándolo con golpes intangibles.

Sin poder evitarlo, Toothless lanzaba miradillas fugaces a los hombros acongojados de Hiccup anhelando ser más que solo una compañía; se sentía culpable, desesperado. Suspiró con avidez y se permitió viajar al pasado, al único que de verdad le importaba; recordó cada frase, cada movimiento, cada sonrisa y cada lamento.

-¿Recuerdas lo que me dijiste hace tiempo? – Hiccup no iba a mentir, no lo recordaba, ni siquiera le llegaba una vaga idea; todo terminaba estancado en la imagen del rostro pacifico de su madre sin vida ni color. Se limitó a negar con la cabeza y enredarse más en el abrigo marrón con el que cargaba su cuerpo –"¿Por qué lloras?"… ¿Lo recuerdas? – Hiccup volvió a negar.

…Tal vez… sea mejor dejarlo así…

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-¿Entonces? ¿Qué dices muchacho? – El modelador finalizó su presentación mirando a Toothless con ojos brillantes y convincentes. Su postura era recta y elegante, sobrevestía un esmoquin negro y un aceptable mogote de gel le sostenía la melena oscura en un formal peinado, que más bien parecía el lengüetazo de un animal descomunal; sin embargo, ni siquiera eso llamo la atención del motociclista -¿Joven? –

-Como sea… - fue su respuesta. Después de un suspiro que descargó todo su aburrimiento, deslizó la silla cromada decidido a salir de la oficina. El vicepresidente de la línea aérea SkyWest había comisionado una reunión por medio del paquete que Hiccup le entregó el día anterior, que termino siendo un modelo a escala de uno de los aviones de la compañía. Toothless se sintió ultrajado, al parecer, a los ojos de la mayoría de hombres cuarentones, él seguía siendo un novato en las relaciones sociales y económicas.

-¿Qué? – El mohín de ingenuidad en el hombre irritó a Dagur; bufó con fuerza y siguió los mismos pasos de Toothless para salir de la sala. Las manos del vicepresidente golpearon la mesa donde descansaba el proyector diminuto -¡Esperen! – Toothless se giró con hastío –No lo han considerado aun… por favor, piénselo –

-No es necesario pensarlo, es sencillo, su petición ha sido negada – proclamo burlón Toothless. El vicepresidente afónico con sus palabras, chirrió los dientes furioso al darse cuenta de la jocosa y despreocupada actitud que el muchacho había tomado hacia la "negociación" que había propuesto –Después de todo… soy solo un novato ¿No?- Una rencorosa sonrisa partió sus labios y se encamino a la salida siendo perdido de vista por el hombre de apariencia elegante.

-Maldito… - fue rabia, tal vez rencor, lo que le hiso perder la cabeza y lanzar con furia la taza de café que estalló contra la pared inmaculada alborotando a la joven secretaria que se adentró sin pedir permiso a la oficina. Los dedos huesudos de sus manos se hundieron en su cabellera desarreglando el peinado con decepción y furia. Vagó por la oficina, golpeó la mesa, los muros, todo para descargase, la pobre mujer también se obligó a soportar los insultos y gritos de su jefe hasta que este mismo le reprendió por entrar a la sala.

-¡Comunícame con el otro corredor! ¡Date prisa y llama al imbécil de Travis! -

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"Bien, estas aquí, solo relájate" Agitó su cabeza de un lado a otro como si echara a volar cualquier pensamiento relacionado con el fracaso en su primer día de trabajo. Pasó la palma de su mano sobre su camisola y pantalones asegurándose de mantenlos lisos y sobrios, por ultimo peinó con los dedos su cabellera castaña ¡Perfecto! Ahora solo faltaba esperar a que…

La tienda abriera…

"Vine demasiado temprano" Hiccup sentía que una espesa aura de incompetencia lo rodeaba, tan espesa que llegó a creer que las personas eran capaces de verla. No era su culpa, durante toda la noche el dormir fue más una guerra entre su cuerpo y su sub-consiente en la que ninguno venció; era desalentador. El viento comenzó a soplar alborotando sus cabellos y atacando la calidez en su cuerpo, colocó una de sus manos en el cuello de la chaqueta con un agarre firme y esperó.

Los pasos resonantes de tacones femeninos llegaron a sus oídos alertando a Hiccup y rezó porque se tratara de una de las demás asistentes de mostrador. Según le había dicho, aquella tienda de música era, tal vez, la más conocida en aquella área de Illinois y el esperaba a que eso le trajera un buen dinero a sus manos por que no pensaba mantenerse de su padre por toda su vida.

-Creo que estas entusiasmado ¿No? – La voz de la joven fue opacada por el sonido de las llaves al abrir la puerta del establecimiento. Hiccup contestó con un continuo "Si" que se fue debilitando conforme se adentraba en el local; se detuvo un momento a observar las decenas de posters exhibidos por dentro del vitral, explosiones de colores e imágenes alocadas parecían más bien el papel tapiz en la habitación de un adolecente rebelde… vaya que si… ¿Ejemplo? Su primo.

-Mi nombre es Astrid… mucho gusto – extendió su mano en señal de saludo e Hiccup contestó alegre de que no hubiera silencios incomodos entre ambos; podría adaptarse.

-Hiccup… - dijo el mientras Astrid se paseaba por los estantes de discos buscando el mando de las luces; se veía tan… vacío -¿Hay más asistentes? – el fulgor de las bombillas encendidas le caló en los ojos y una vez con la vista optimada pudo apreciar la verdadera bodega de la que se trataba, no por nada los Records World Music era la tienda musical más concurrida.

-Si… hay muchos más trabajadores en este local, con dos no bastaría… espera a que pase de las doce y me entenderás – Hiccup asintió y sin poder evitarlo vago entre los estantes deduciendo así, que se trataba de un laberinto en el que necesitaba desesperadamente hacerse experto. Había de todo tipo de música, desde rock hasta pop y de ahí al jazz, nombres de artistas que no conocía que parecían más trabalenguas que nombres en sí y en las portadas de discos se lograba apreciar la extravagancia, simpleza o elegancia de cada uno.

-¿Vienes novato? – Hiccup se extrañó ante el sobrenombre pero después se rio a la par con Astrid y siguió el camino por donde ella le indicaba –Este es el aparador donde se cobran a los clientes, a ti te toca estar aquí mientras te acostumbras al ambiente- para el chico era incluso apto decir que aquel estante traspasaba incluso el largo de su sala del living, Astrid le dio un toque a su hombro indicándole que continuaran, así lo hiso. Entraron a una especie de vestidores con gises casilleros numerados y bancas luengas de madera –Aquí podrás cambiarte de ropa por el uniforme, tu casillero será el número doce… te daré un consejo, es preferible que llegues temprano porque después de eso el vestidor de hombres se vuelve un completo desorden, por no mencionar el terrible olor a sudor –

-Gracias, lo tendré en cuenta – continuaron caminando por el pasillo. Cada pared cargaba con un posters, sino es que más, con un estilo diferente al ser separado por las puertas del depósito de intendente, la sala del comedor, los baños de dama y caballero, el vestidor de mujeres y hasta un estudio de música. –Astrid ¿Por qué…?-

-¿Los dibujos en las paredes…? – Hiccup asintió –El dueño de la tienda está obsesionado con la imaginación, si se puede decir así, según parece ha permitido a sus trabajadores dibujar cualquier loca ocurrencia para que no parezca un negocio solo de "imagen" ¿Comprendes? – Hiccup negó con la cabeza y se detuvo frente a un grafiti. Las letras eran combinaciones de estilos distintos, con colores roqueros y vivaces:

Idyllic Rather

-¿Idílico? ¿Qué quiere decir? – Astrid alzo sus hombros compartiendo la duda, sin embargo la fascinación no bajó de nivel y aun después de perderlo de vista sus ojos imprimían la imagen en su mente -¿Y tú siempre abres cada mañana? – preguntó recordando que Astrid fue la única que había llegado para darle inicio a la jornada.

-No, cada semana le toca a alguien distinto… bien, hemos terminado, ve a cambiarte y nos vemos en el aparador, no han de tardar los demás – Hiccup asintió y se retiró completamente ofuscado de información.

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1: 30 p.m. y la bodega parecía más un mercado callejero donde vendían fruslerías y trastos baratos que una tienda de música en medio de Chicago "Astrid tenía razón" pensó mientras mantenía una fila de no más de diez personas aguardando a ser atendidas, nunca llegó a creer que un negocio musical ganaría más que uno de comida rápida. Entregó la bolsa con el logotipo de "Records World Music" a un muchacho veinteañero y agradeció su visita; este se fue irradiando felicidad.

-¿Cómo te va muchacho? – preguntó Mulch, el gerente principal del establecimiento, supo enseguida que lo ponía a prueba teniendo cara a cara a uno de los clientes. Era una regla, no mostrar agotamiento, enojo, tristeza, inconformidad o aburrición frente a los clientes. Fingió una sonrisa y evadió por todos lo medio ser sarcástico.

-¡Oh! Muy, muy bien, esto es entretenido y divertido, espero y nunca acabe- al parecer su intento fatídico de no usar un tono sarcástico falló rotundamente; Mulch sonrió y regresó a su oficina como si nada. La señora a la que Hiccup atendía mantenía sus ojos fuera de órbita y le arrancó con molestia la bolsa con el CD Thriller de Michael Jackson. Hiccup pidió disculpas antes de ver como la mujer salía furiosa marcando cada uno de los pasos; suspiro resignado y continuó su trabajo.

-No te preocupes chico, esa mujer siempre regresa… -habló Tuffnut, un trabajador más en la tienda –Lo extraño es que siempre se lleva el álbum Thriller de Michael Jackson… - Hiccup rió. Un hombre de actitud altiva entró por la puerta llamando la atención de los jóvenes; Tuffnut bufó –El deber llama – dijo antes de volar como superman barato hasta el recién llegado.

A pesar de tratarse de un trabajo bastante arduo había compañeros que aligeraba el ambiente como Tuffnut y su gemela, incluso ese muchacho llamado Fishlegs que para nada encajaba con la actitud rebelde de los hermanos. Astrid también había sacado su instinto alegre pero ese mismo día descubrió, gracias a los jueguitos de los gemelos, era mejor mantenerse alejado de la joven a un radio de dos metro para no salir lastimado en sus peores días.

Así paso el tiempo; treinta minutos, dos horas, cuatro horas y justo antes de retirarse un muchacho pasados de los veinte años lanzó al mostrador un par de discos. Hiccup estaba a punto de reclamar su salvajismo, que extrañamente le recordó a Toothless, sin embargo, prefirió reflexionar las posibilidades de salir lastimado al darse cuenta de semejante tamaño corporal.

-Dame esto dos… -Hiccup contesto con un "Por supuesto" suave y contenido, marco el número de serie de cada uno en la computadora, sumo lo precios y engrapo el tiquete a la bolsa. Antes de mencionarle el precio el timbre de un celular interrumpió la compra y el joven, a regañadientes, contestó, sin tener la decencia de quitar el altavoz.

-¡Travis! ¡Maldita sea! ¡¿Dónde te has metido pedazo de idiota?! – Travis, se veía divertido con la molestia de la persona del otro lado de la línea -¡¿Sabes que he tratado de contactarte desde hace horas?! –

-Tranquilo viejo, solo estoy comprando un CD… ¿Cuánto va a ser? – Hiccup le hecho una segunda mirada al marcador de precios.

-Cuarenta dólares – Travis tomó su cartera de uno de los bolsillos de su pantalón y le entregó un billete de cincuenta aun escuchando los insultos a través del teléfono móvil. Arranco la bolsa del mostrador y se encamino a la salida.

-Quédate con el cambio – Hiccup abrió los ojos de pura sorpresa "Pero si son diez dólares" –Hay más de donde salió eso… - contesto el otro con un guiño, como si le hubiera leído la mente. Hiccup se inmovilizo con el dinero en sus manos "¿Qué le pasa a este gente?"

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Desistió ante el cansancio dejándose caer en su cama y convenciéndose de que se trataba del mismo paraíso abrazó una blanca y mullida almohada. Se regañó así mismo porque solo eran las siete de la tarde y ya estaba hundido entre las cobijas, sonrió al recordar que solo tendría que trabajar tres días por semana, eso quería decir que al día siguiente podría dedicarse al descanso… que terrible condición física.

Uno toque, dos toques, tres toques a la puerta y su humor descendió considerablemente al punto de querer desaparecer de la faz de la tierra. Hiso un puchero y golpeo su cabeza contra la almohada esperando a que la persona desistiera y se marchara. Cuatro toque, cinco toques, seis toques y bufo antes de tomar asiento asiendo decidía entra abrir o no hacerlo. Siete toques, ocho toques, nueve toques, diez toques… su paciencia se terminó.

"Solo quiero descansar" chilló y arrastró los pies hasta el umbral… cantó gloria al no escuchar otro golpe pero se sorprendió al ver como un pequeño papel era deslizado por la abertura entre la puerta y el suelo del departamento, en cuanto la sombra se retiró, Hiccup se apresuró a tomar la nota y leerla:

"Te espero en la orilla de Harbor

A las 8:30 p.m.

Toothless"


!Gracias por sus review!

DraculaN666

Guest

Lauleed (te amo :3)

Loti-miko (Gracias)

Es un honor que les guste mi fic, y se que no tengo perdón por el abandono pero es que tuve un ligero trauma*aun lo tengo :3* con una serie nueva que se acabo ¡POR QUE! ¡TORITOOOO!

Tiene que haber una segunda temporada de Free! por favor, el que no se imagino por lo menos una sola pareja yaoi en este anime... ¡NO ES FUGOSHI! estubo muy entretenida y dramtica... en serio. En ninguna otra serie grite, llore, reí, brinque como en Free! me atrapo, de verdad que me atrapo y la musa pervertida que tengo me ataco con rayos pervertidores(?) de RinHaru.

¡Pero no abandonare este fic! *todos la abuchean por mentirosa*

TT-TT yo tambien los quiero.

Gracias por darle a fovoritos y seguir la historia ^-^

Matta-ne