Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya—sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.

Personajes: Rusia, Mexico, Francia, Prusia, España, América, Canadá, otros.

Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene YAOI, UA (Universo Alterno), humor, Lemon, mpreg, fantasía y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.

Este fanfic está basado en la película y libro del mismo nombre: Lady Águila.

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Lord Águila

Capítulo 3.- Historia parte I

El rey de Aquila se encontraba en sus aposentos. Ese día era su cumpleaños número veintitrés; su regalo se encontraba sobre la cama. Se trataba de un niño de piel morenita; no sobrepasaba los cinco o seis años, vestía una túnica que en algún momento había sido blanca y que ahora estaba sucia.

Dormía profundamente en el lecho real; cansado de llorar.

Alfred se sentó en la orilla del colchón, cuidando de no despertar al infante. Sonrió al recordar la fiera mirada en esos ojos verdes a pesar que las lágrimas que surcaban sus mejillas; acarició los castaños cabellos, sucios por el lodo y hojas, pero eso no impedía que el rey de Aquila pudiese percibir el dulce olorcito a bebé que aún conservaba el niño.

Algunas doncellas entraron a las habitaciones de su rey Hicieron una reverencia, aguardaron las órdenes de su señor, pero éste parecía muy entretenido jugando con la cabellera del niño.

¿Nos llamó su excelencia? —habló una de las jóvenes. Era una chica rubia de cabellos cortos y ojos verdes.

¡Ah! Lyli —exclamó el monarca ocasionando que el niño se despertara de un sobresalto. Alfred sonrió cuando el pequeño frunció el ceño e intentó alejarse de él, pero no se lo permitió.

Alfred atrapó al niño entre sus brazos sin importarle que sus finas ropas se ensuciaran o que el infante lo estuviese mordiendo para que lo soltara.

Quiero que aseen a mi nuevo esclavo —las doncellas planeaban llevárselo a los sótanos donde estaban los otros siervos, pero se sorprendieron cuando Alfred les ordenó usar su baño privado.

Una doncella es una joven usaba un vestido rosa con un delantal blanco. Su cabello era largo y castaño con un ahoge. Su cabeza estaba adornada con flores rosas. El niño al verla dejó de forcejear; levantó las manos dándole a entender que deseaba que lo cargara.

Hola —le dijo la joven mientras lo cargaba —Me llamo Meimei, ¿Y tú?

El niño abrió la boca con intención de responder, pero solo pudo decir "A" antes de ser interrumpido por el soberano.

Itzamma, se llama Itzamma y es un regalo que la tribu de Vetala me envió por mi cumpleaños —dijo sonriendo ante la mirada molesta del infante.

Desde ese día, Itzamma viviría en el palacio. La habitación del rey sería la suya y aún siendo un esclavo, tendría la educación de un príncipe.

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—¿Dijiste que te llamas Itzamma? —cuestionó Francis. El joven asintió —Que curioso, así se llama el águila de Iván.

El joven parpadeó un par de veces, sonrió y con la naturalidad de quien habla del clima dijo:

—El águila soy yo…

Los tres se quedaron callados; estuvieron tentados a reírse a carcajada limpia, pero la expresión triste del menor les hizo abstenerse.

Una lágrima surcó la mejilla derecha de Itzamma y al rey de Hispania se le encogió el alma. El joven tenía la misma edad que su hijo hubiera tenido actualmente… si Alfred no hubiera…

Antonio lo atrajo en un abrazo, tratando de reconfortarlo; el rugido de un tigre se escuchó e Itzamma se separó bruscamente del monarca, montó en Goliat.

—¡Espera!, es peligroso que te vayas solo con un tigre rondando los alrededores —le dijo el rey de Hispania preocupado. Itzamma sonrió con melancolía.

—No me hará nada —dijo mirando algún punto perdido —, él jamás me dañaría…

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Iván había regresado a Aquila después de dos años de ausencia. Estaba dando un pequeño paseo por los jardines del palacio; algo llamó su atención. Sentado bajo el abrigo de un frondoso árbol se encontraba un niño de unos diez años de edad, sus ropas eran finas pero al cuello llevaba un collar que lo delataba como esclavo. Tenía un girasol entre las manos que admiraba casi con adoración; se acercó lentamente a él, no quería asustarlo.

El niño levantó la cabeza; unas bellas esmeraldas se posaron en el capitán. Iván jamás había visto tal mirada en un esclavo; no existía ningún atisbo de miedo o sumisión, al contrario, eran fieros pero al mismo tiempo tenían un brillo de inocencia propia de un infante.

Hola, ¿Quién eres? —preguntó el niño frunciendo ligeramente el ceño, ladeó la cabeza adoptando una pose interrogante.

Iván… —dijo por inercia. El niño sonrió, el adulto no le parecía malo, al contrario, tenía algo que le agradaba.

Mucho gusto Iván, yo soy Itzamma —el pequeño le extendió el girasol y él lo aceptó casi por auto reflejo.

Itzamma lo invitó a sentarse a su lado. Pasaron largo rato hablando; el niño se sorprendía con cada historia que Iván le contaba sobre sus experiencias en el campo de batalla. Itzamma soñaba con ser un soldado, ser fuerte y poder liberarse de Alfred.

Tuvieron que despedirse cuando una doncella, acompañada de dos guardias apareció para llevarse a Itzamma.

Tú, mocoso, el rey quiere verte —le dijo la mujer con desprecio. Iván frunció el ceño en el momento que la doncella jaló al niño para que se levantara.

Kolkolkol —la mujer dio un respingo; fingiendo no haberlo visto le pidió disculpas y le aseguró que castigaría al niño por molestarle.

Iván enfureció de sobremanera cuando la doncella osó levantar la mano contra Itzamma, quien se encogió para protegerse del golpe.

Si le tocas un solo cabello no tendré consideración contigo —dijo aprisionándola por la muñeca, lastimándola.

La mujer asintió aterrada. El capitán la soltó con tal brusquedad que cayó al suelo dándose un fuerte golpe; para sorpresa de Iván, Itzamma se acercó a ella para ayudarla a levantarse.

Ella te lastimó, ¿Por qué la ayudas? —le preguntó confundido. Itzamma sonrió con la inocencia de un niño.

No importa, ella no merece que la trates mal —Iván abrió la boca pero no dijo nada, quedo impresionado con la bondad de Itzamma.

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Esa noche tampoco pudieron dormir, pensando en aquel joven extraño. Se sentían culpables por haber dejado a Itzamma solo con el tigre. ¿Y si le pasaba algo?

Cuando amaneció, encontraron que Iván ya estaba ensillando a Goliat como si nada.

—Buenos días —saludó Antonio en tono cansado. El ex capitán le devolvió el gesto.

Gilbert gruñó a modo de saludo. Le dolía todo el cuerpo a causa del precario descanso. Francis comenzó a recoger sus cosas con prisas al ver que Iván montaba su caballo.

Se encontraban cerca de las tierras de Vetala, un pequeño país conformado por tribus nómadas; la mayoría de ellas estaban bajo el yugo del reino de Aquila.

Algo rondaba la mente de Francis desde que Iván les pidió unírseles.

—¿Por qué quieres vengarte del rey de Aquila? —preguntó después de algunos minutos de cabalgata.

Tenemos un asunto pendiente, da —contestó Iván con tono duro. El trió esperaba que continuara, pero él no dijo más.

—¿Qué te ha hecho Alfred? —preguntó Antonio sin poder ocultar el odio que sentía por el monarca de Aquila.

—Alfred le quitó a Iván lo que más ama, da —contestó suspirando Iván. Como si le hubieran llamado, el águila se posó sobre el hombro de Iván. Los tres los observaron sorprendidos; parecía haber entre ellos una extraña conexión, pues el águila siempre bajaba cuando Iván se sentía triste mientras hablaba.

—Ayer vimos al chico de la vez anterior —comentó Antonio. Iván lo miró enigmático —. Nos dijo que se llamaba Itzamma.

—Cuando le dijimos que su nombre era el mismo que el de tu águila, dijo que era él —agregó Francis. Iván se sorprendió, miró al ave que estaba posada en su hombro, ¿Por qué lo había hecho?

—Si quieres nuestra ayuda, mas te vale que nos digas la verdad —habló Gilbert con seriedad, pero Iván no respondió y aunque el príncipe de Almenia quiso sacarle la respuesta, Antonio creía que era mejor esperar a que estuviese listo.

Siguieron caminando, parando solo para comer y descansar un poco.

—Estamos cerca de Hispania —dijo Antonio, su voz, una mezcla de melancolía y añoranza —, podremos descansar y conseguir hombres.

Iván asintió con la cabeza, tenía la certeza de que los tres nobles descubrirían tarde o temprano su pasado como capitán de las fuerzas de Aquila. Solo esperaba tener el tiempo suficiente para consumar su venganza.

Continuará…