Sailor Moon Naoko Takeuchi

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Nuevos compañeros

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oOoOoOoOoOoOo~"A pesar del tiempo, de la distancia y de nuestras vidas tan opuestas… Sigues siendo lo más importante de mi vida"~oOoOoOoOoOoOo

- Selyna Kou -

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No había podido dormir de la emoción, se encontraba tan excitada en su asiento que no podía prestar atención a la clase, su mente divagaba en lo que haría hoy al salir de clases. Deseaba que el tiempo trascurriera rápido para salir corriendo al aeropuerto a recibirlos, no podía esperar.

Seiya observaba a Serena con curiosidad. Estaba extraña, como si gran parte de la tristeza que había en su interior se hubiera esfumado de la noche a la mañana, literalmente. Tenía miedo de que, lo que más temía, se hiciera realidad.

¿Será por él que ella estaba así?

¿Por qué el destino era tan cruel?

¿Por qué no podía estar con su amada Bombón como él lo deseaba?

¿Qué error había cometido en el pasado que se le esta cobrando ahora de la peor manera?

No tenía respuesta para ninguna de esas preguntas que atormentaban su mente. Era masoquista, lo sabía, pero no podía evitarlo. La amaba más de lo que pudo haber deseado.

La mañana se le fue a cada uno sumergido en su propio pensamiento. Él quería saber que pensaba ella, mientras que ella no podía dejar de sentirte ansiosa por verlos nuevamente después de tanto tiempo.

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- Iremos al templo, - comentó Lita saliendo del instituto –, Rei nos esta esperando.

Tan sumergida había estado en sus pensamientos, que había olvidado por completo la reunión de hoy en el templo. Pero no podía faltar a su encuentro. Por esta vez, no iba a poder acompañar a las chicas.

- Lo siento – se disculpo Serena –, pero no voy a poder ir.

Todos la observaron con notoria sorpresa. Ella nunca faltaba, llegaba tarde es cierto, pero nunca faltaba.

- Tengo que hacer unas cosas, lo siento. – aclaro ella con una sonrisa nerviosa ante la mirada inquisidora.

- Te acompaño a tu casa – se ofreció Seiya.

- N-no, no, tranquilo. No será necesario. Salúdenme a las chicas de mi parte, ¡adiós! – sin esperar respuesta, Serena se aleja corriendo del lugar.

Nadie entendía el comportamiento de la Tsukino ese día, estaba actuando más extraño de lo normal. Un grito de alegría obligo a todos los presentes a fijar su vista en la otra rubia que permanecía con ellos. Mina brincaba como una niña pequeña exclamando cosas que eran difíciles de entender.

- ¡Oh, Dios! ¡Hoy llegan! – era lo único que exclamaba que podía entenderse.

- ¿De qué hablas Mina? – pregunto Amy en nombre de todos los presentes que no sabía que le sucedía. - ¿Quién llega hoy?

- ¡Los Shadow Night! – respondió abrazando a Amy sin dejar de brincar.

Un silencio por parte de las chicas que duro unos segundos. Todas procesaban la información que les fue dicha sin poder creerla, pero era cierto.

- ¿En serio? – dijeron todas, a lo que Mina afirmo cabeceando al cabeza.

- ¿Quiénes son esos Shadow Night? – pregunto Yaten con curiosidad.

- Es una banda juvenil integrada por tres chicas y un chico. – respondió Lita con voz diplomática. – Son el boom del momento.

- Tal parece que nos a salido algo de competencia. – confesó Taiki con una sonrisa.

- Tranquilo chicos, nosotras siempre seremos sus más fieles admiradoras. – dijo Mina con una sonrisa.

- Será por eso que Bombón se fue. – soltó Seiya de la nada llamando la atención de todos sus acompañantes.

- No lo creo – respondió Lita –.Serena es demasiado despistada para acordarse de una cosa así.

Eso no podía ser más verdad, pero rogaba que ella se marchara por ese motivo y no por el que tanto lo atormentaba.

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Había demasiada gente, era muy difícil caminar libremente sin que te empujaran o pisaran. Le resultaba molesto esa situación. Las voces de las chicas solicitando su atención la atormentaban, no podía creer lo infantil que resultaban ser su comportamiento solo por estar frente a alguien famoso. Ya la muñeca le dolía por tantos autógrafos que había firmado ya, pero podía jurar que aún no terminaban.

Le había dicho a ella que llegara temprano a recogerla y así no tener que soportar los chillidos de las molestas admiradoras que se gastaba. Una mano se posa sobre su hombro, voltea a ver a través de sus lentes oscuros unos ojos verdes como el mar que la observaban con serenidad. No hacía falta palabras para saber que él le pedía que fuera paciente que ella pronto llegara, pero con los gritos de todas las chicas que la rodeaban dudaba mucho que pudiera ser paciente.

Posa su vista a sus otros dos acompañantes que se encontraba interactuando con el público. Si no fuera por que las conocía, podía jurar que esas dos chicas pertenecían al club de fan's. Chasqueando la lengua con fastidio, murmura un "Tontas" para volver su vista a la entrada del aeropuerto. Un chillido de un grupo de chicas pronunciando su nombre la atormento por completo, casi se vio en la necesidad de arrancarse los oídos. Odiaba esperar.

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Sabía que era tarde, pero su madre la había retrasado demasiado con unos arreglos. La mataría. Sabía que odiaba esperar, que la poca paciencia que fue dotada se le esfumaría rápidamente, y que no valía el tiempo que estuvieron sin verse para ser condenada a una muerte segura.

Demasiada gente, pensó ella preocupada. Debía de hallar alguna forma de encontrarla. Pero le era difícilmente posible avanzar sin que la empujara y pisaran, se sentía indignada, todos la ignoraban.

No era para menos, el aeropuerto estaba lleno de los fan's que venía a ver a su banda favorita que recién llegaba. Cosa que Serena ignoraba por completo. Su mente solo estaba centrada en una sola cosa: Encontrar a su prima.

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Pudo ver dos moños dorados entrando al aeropuerto. Ya era hora, se dijo. Tomo sus cosas haciendo señas a sus acompañantes, y se adentro al mar de gente. Le había resultaba molesto esa situación, muchas veces tuvo que ahogar un insulto y un rugido en su garganta. Chicas tontas, pensó molesta cuando se vio librada de ese mar de gente que chillaban sus nombres.

Caminando con calma y contando hasta cien para no desahogar su frustración con ella, se dirigía hacia donde estaba la persona que la buscaba.

Le había llegado de espalda. Si no había cambiado todos estos años, que era lo más seguro, le haría pagar por todo que tuvo que esperar y aguantar de esas chicas tan chillonas. Acerca sus labios a los oídos de la chica dejando que su aliento rozara con la piel desnuda de su cuello, la vio tensarse. Sonríe. Esto iba tal cual como lo planeaba, solo faltaba decir las palabras correctas y ella estaría gritando del susto.

- Hola dulzura – su voz había sonado demasiado ronca, pero había sido perfecto para que ella brincara del susto.

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Esto era lo que le faltaba. No bastaba con no poder encontrar a su prima sino se le sumaba que un pervertido quisiera sobrepasarse con ella. Eso nunca lo permitiría. Envuelta en pánico, hace lo primero que se le ocurrió. Gritar y golpearlo.

Con su cartera fuertemente sujetada, trata de golpear a ese pervertido que osaba tratar de tocarla, pero el golpe solo rozo el rostro de esa persona lo suficiente para mandar a volar los lentes de sol que llevaba puesto.

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Había tenido el suficiente reflejo para evitar su golpe, pero no había sido suficiente para que sus lentes fueran a para quien sabe en dónde. Ahoga un gruñido de molestia que trataba de escapar de sus labios. Siempre tan impulsiva, pensó.

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Pega un respingo al ver esos ojos celestes análogos a los suyos que la miraban con un ligero deje de molestia. No sabía si gritarle que era una tonta por aparecérsele así o brincar de alegría por verla nuevamente. Pero opto por lo primero cuando vio aparecer una sonrisa arrogante y picara en los labios de ella. Eso fue el colmo.

- ¡Tonta! – le había gritado Serena a todo pulmón llamando la atención de las personas que pasaban junto a ellos, pero ella los ignoro por completo. - ¿Cómo te atreves hacerme algo así? ¡Me has asustado!

- Hmp, que linda forma de recibir a tu querida prima después de tanto tiempo. – se mofó ella al ver el resultado que esperaba obtener. – Además, te lo merecías por hacerme esperar tanto, y dejándome correr el riesgo de quedarme sorda por los chillidos de esas locas.

- ¡Si serás…!

- ¡Conejita! – una interrupción por parte de un chico, de cabello azul eléctrico semilargo sujetado por una coleta baja y unos ojos verde mar que brillaban de alegría, iba a su encuentro.

Basto solo eso para olvidar la discusión que previamente había tenido con su prima para sonreír con alegría por las tres personas que iban a su encuentro. Estaba llena de éxtasis. Nunca creyó el que volvería a ver a esas cuatro personas que resultaron ser los más importantes de su vida.

- Axel, Cassiel, Itzel – llamó Serena a cada uno. - ¡Qué alegría el verlos otra vez!

El abrazo para cada uno no se hizo esperar, en verdad estaba muy feliz. Su prima observaba detenidamente, no pudo impedir sonreír feliz por la luz calidad que transmitía Serena por la alegría que habitaba en su corazón. Pero eso no implicaba que no la molestaría un poco más.

- Parece que te es más agradable verlos a ellos que a mí, Conejita. A ellos los recibes con abrazos y besos, y a mí con un golpe y un insulto. ¡Qué mala eres! – dijo con fingiendo sentirse dolida e ignorada.

Serena se detiene bruscamente y voltea a ver a su rubia prima brindándole una sonrisa dulce que era solo para ella. Sonríe de regreso. Sabía que se merecía el recibimiento que le había dado, pero, después de todo, era su amada prima. De un solo salto se guinda del cuello, provocando que su prima de unos pasos hacia atrás para no caer por el repentino abrazo, la besa tiernamente en la mejilla.

- ¡Bienvenida, Cloe! – exclama Serena sin dejar de abrazarla.

- Este era el recibimiento al que me refería – comenta Cloe abrazando a su prima de vuelta. – Me alegro verte nuevamente. – susurra al oído de Serena.

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- Espero no haberte molestado, Conejita. – se disculpó Axel montando las maletas en un auto de alquiler. – Si tienes cosas que hacer…

- No te preocupes Axel – cortó Serena con una sonrisa. –, solo me perdí una reunión con mis amigas, pero yo les dije que tenía que buscarlos.

- Lo sentimos, linda conejita – la voz dulce de Cassiel sonó arrepentida. Su cabello rojo profundo hacía resaltar la piel blanca y sus ojos azul grisáceo. Ella le recordaba a una dulce muñeca de porcelana al igual que Itzel, su hermana gemela.

- Si hubiéramos sabido que tenías compromisos no te hubiéramos pedido el favor. – completo Itzel, como era la costumbre de ambas hermanas. Su cabello era de un color más claro que el de Cassiel, como de un suave magenta, pero sus ojos eran iguales.

Serena vuelve a negar con la cabeza. La reunión con sus amigas era una costumbre, que se podía decir, que era de todos los días. Pero la visita de los que consideraba sus primos, no lo era. La rubia vuelve a insistir que no había ningún problema, y que Ikuko los esperaba ansiosa en casa. Los chicos no pudieron más que acatar lo que Serena les había pedido y no insistieron más en el asunto.

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La luz de la Luna se colaba por la ventana iluminando tenuemente el ático. Desde que Rini había regresado al futuro, nadie había pisado ese lugar. Ahora, su prima Cloe dormiría en él. Serena sonríe ante el recuerdo de horas antes: A penas habían llegado, los habían recibido con sonrisas, abrazos y regalos. Desde hace muchos años que no se veían, el único contacto que tenían era por cartas y llamadas. Y ahora que estaba frente a frente, la alegría no podía ser más grande.

En cambio ahora, solas las dos en ese ático, todo era silencio.

- ¿Segura que prefieres dormir aquí y no en las otras habitaciones de huéspedes o conmigo? – pregunta Serena.

Cloe le dirige su mirada sobre su hombro. Siempre inexpresiva, y llena de sentimientos que preferiría no saber.

- Estaré bien. – fue la escueta respuesta que recibió de su prima. – Gracias. –añade con una media sonrisa.

Serena asiste. Se despide de su prima deseándole unas buenas noches, mañana tendría clases y tenían que llegar temprano los cinco para terminar de arreglar los papeles de sus "primos".

Cloe escucha los pasos de Serena al bajar las escaleras. Frunce el ceño al escuchar como cerraba la puerta. Algo le molestaba, y no tenía nada que ver con su prima Serena.

Le había ordenado no volver, que no regresara a ese lugar. Pero la había desobedecido. Podía sentir su esencia en toda la habitación, tan añeja e incolora, por el largo tiempo de no haber pisado nuevamente ese lugar.

Suelta un suspiro. No tenía caso molestarse por cosas vanas.

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Había cosas más importantes…

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El golpeteo del lápiz contra la mesa era el único sonido que se escuchaba en el aula. Había llegado, de nuevo, demasiado temprano. En parte, por querer estar sola y poder pensar; también porque Cloe y los otros necesitaban hablar con el director para arreglar las cosas que faltaban para su inscripción.

- ¡Buenos días, Serena! – saludo Amy muy animada, con una sonrisa adornando su rostro.

- Hola Amy – devolvió el saludo con una sonrisa sincera.

La peliazul ocupa su asiento sin nombrar palabra alguna, y sin borrar su radiante sonrisa. Serena la observa extrañada, no recordaba verla con semejante sonrisa. Iba a preguntarle que era lo que le sucedía, pero prefirió no hacerlo. Se recuesta sobre su pupitre, apoyando su cabeza entre sus brazos. Cerraría un rato los ojos y dormiría hasta que llegara el profesor.

- Hola Bombón, si has llegado temprano.

Una voz varonil interrumpe su sueño, provocándole un vuelco al corazón. Abre pesadamente sus ojos, dándose cuenta de que ya el salón se encontraba repleto y que pronto llegaría el profesor. Dirige su mirada a Seiya, quien la observaba sonriente frente a ella.

- Seiya… Hola – saludo Serena con una sonrisa.

- ¿Cómo te fue ayer?

Esa pregunta la desubico por segundos. La había pronunciado de forma seria y neutra, que por momentos no había entendido de que hablaba.

- Bien, fui a…

- Buenos días jóvenes. – la voz del profesor interrumpió su respuesta. – Por favor, tomen sus asientos. Tengo un anuncio importante que darle.

Serena se estremeció.

Sabía sobre qué se trataba ese anuncio, pero eso no dejaba de sentirse nerviosa y con ansiedad.

- Hoy se nos unirán cuatro nuevos alumnos. – Muchas caras sonrieron de manera traviesa, como intuyendo de quienes podría tratarse. – Chicos, por favor, pasen.

Se escucharon pequeños grititos, suspiros, y murmuros de admiración cuando los nuevos alumnos entraron. Serena no entendía que sucedía, pero le resto importancia.

- He de suponer que no necesitan de presentación. – comentó el profesor con una sonrisa. – Pero he de pedir que se presenten chicos.

- Axel Kauro, un placer. – Con el gakuran abierto mostrando una camiseta azul que competía con el de su cabello; y con sus mangas remangadas. Axel sonríe provocando que todas las chicas suspiraran.

- Mi nombre es Cloe Tsukino – Vistiendo una gakuran abierta de par en par, dejando ver una camiseta blanca; su cabello dorado estaba sujetado por una coleta baja. Sonreía de forma picara sin despegar la mirada de Serena.

- Nosotras somos las hermanas Kinomoto. – dicen las gemelas a la vez, que, a diferencia de los otros dos, llevaban el uniforme sailor fuku de verano.

- Yo soy Itzel.

- Y yo soy Cassiel.

- Es un placer estudiar con ustedes, y con nuestra Serenita-chan. – Ambas hermanas sonríen con inocencia. A lo que Cloe rueda los ojos con hastió y Axel sonríe con algo de vergüenza por la inocente revelación de las chicas provocó en el aula.

Se hizo un silencio denso. Todos procesaban la información que se acababa de dar. Observan a Serena buscando una respuesta, pero está se encontraba muy nerviosa por la actitud de sus compañeros que no lograba entender.

Suelta un suspiro masajeándose la cien, después se encargaría de esas dos.

- Serena Tsukino es "nuestra" prima. – confiesa Cloe frunciendo exageradamente el ceño ante los ensordecedores gritos de todo el alumnado. "Idiotas", pensó.

- Así me había comunicado el director. – dijo el profesor – Por favor, tomen asiento.

Los cuatro jóvenes acatan la orden del profesor.

Itzel y Cassiel ocupan sus lugares, ambas, frente a Lita. En cuanto a Cloe, ella camino al puesto vacío que estaba justo detrás de Seiya, dejando que su aroma a canela y a agua de rosas invadiera sus fosas nasales. Ya había olido ese perfume, pero, ¿dónde?

Axel camina con las manos en los bolsillos dispuesto a ocupar el puesto que se encontraba libre al lado de Cloe. Lentamente saca su mano derecha de su bolsillo. Al estar a la par de Serena, enrolla sus dedos en la rubia cabellera de ella, y lo suelta creando un suave riso. Seiya observo la escena con el ceño fruncido y la mandíbula tensa. Lo confesaba, le había molestado tal acción.

Más cuando Serena le dirige una radiante sonrisa.

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- ¡¿Ella es tu prima?

El grito fue escuchado a la hora del almuerzo, cuando habían logrado por fin escapar de la muchedumbre que trataban de llamar la atención de la nueva banda de la escuela. El grupo completo se encontraba comiendo en las áreas verdes de la escuela, y las chicas un pudieron resistir las ganas de reclamarle a Serena el no haber dicho nada de su prima.

Serena no entendía a que venía tanta sorpresa. Por lo que no dudo en preguntarles, pero en cambio, recibió una mirada seria por parte de sus amigas.

- ¡Ellos son los Shadow Night! – exclamo Mina con ese típico brillo en los ojos cada vez que veía a alguien famoso. - No puedo creer que seas prima de Cloe, la líder de la banda.

- ¿Banda? – ahora su mirada paso a ser una de sorpresa a una de verdadera molestia que fue dirigida a su prima. – Creo que hay algo que no me has dicho.

Cloe masticaba su comida con suma tranquilidad al igual que sus acompañantes, ignorando olímpicamente la mirada molesta de su prima. Se estaba divirtiendo con ella y sus amigos, quienes veían asombrados la similitud de las dos chicas. Y es que Cloe y Serena eran muy parecidas, la única diferencia que había a simple vista era el peinado de ambas.

- Algo sin importancia, créeme. – fue toda la respuesta que recibió Serena por parte de Cloe después de tragar su bocado.

Serena infla sus mejillas de manera molesta. Cloe siempre tenía que ser tan dulce al hablar.

- ¿Quiénes son tus amigos, Conejita? – pregunta Axel terminando su almuerzo y dispuesto a robarle un trozo de rool de carne a Cloe.

Serena parpadea un par de veces, hasta que cae en cuenta de que no los había presentado. Con una enorme sonrisa presenta a sus "primos" a las chicas. Cuando era hora de presentarles a los hermanos Kou, Cloe la interrumpe.

- Seiya, Taiki y Yaten. ¡Cómo no conocerlos! – interrumpió Cloe con una sonrisa seductora. – He escuchado mucho de todos ustedes por lo que mi prima me ha contado.

- ¿Por qué Serena no nos ha contado nada de ustedes? – pregunto Amy con cierta desconfianza que hizo que la sonrisa de Cloe se ensancharan.

- Secreto de familia. – respondió sin prestarle atención al tono de voz de la chica.

- Eso no es un secreto de familia, Cloe. – le recuerda Serena observando a su prima con el ceño fruncido.

Cloe lo medita por unos segundos y añade:

- Es verdad, pero como te decía, es algo que no tiene importancia en lo absoluto.

- Parece, Serena, que tu prima le resta importancia su carrera como artista. ¿O me equivoco? – dice Taiki

Cloe ignora la pregunta recostándose a unos de los árboles del patio de la escuela. Serena suspira y Taiki frunce el ceño, le había molestado es actitud tan altanera. El timbre suena, dando inició a las nuevas clases, Seiya ayuda a Serena a levantarse y camina junto a ella, siendo observados por la otra Tsukino con una sonrisa maliciosa. Tenía planeado pasarla bien con ellos.

- Hay cosas más importantes que la fama, Kou. – susurra Cloe al pasar al lado de Taiki, dejándolo confundido por segundos.

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Las hojas verdes de los árboles danzaban al ritmo del viento. Las chicas disfrutaban una de sus típicas tardes libres, después de que Rei diera un grito al cielo al conocer a los Shadow Nigth; más tarde, cuando Cloe y los demás fueron presentados a Haruka y Michiru, y que la primera mirara a Cloe con cierta desconfianza; que Kakyuu entablara una amena conversación con los nuevos integrantes; y que ahora Cloe estuviera coqueteándole a Seiya, y él respondiéndole de forma similar, pero más inocente. Cosa que ha Serena le estaba poniendo los nervios de punta.

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Por alguna razón, odiaba esa situación…

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Apenas se estaban conociendo y ya estaban con estas. Sabía que Cloe era así con todos, que no coqueteaba realmente, pero eso, por alguna razón que ella desconocía, no le agradaba. Seiya tal vez sólo estaba siendo cordial con ella, tenía que ser realmente eso, porque a Seiya no le gustaba a Cloe, sino a ella.

- ¿En qué diablos piensas, Serena? – pregunto Cloe con el ceño fruncido, pronunciando la pregunta de la misma Serena se estaba haciendo mentalmente.

Serena se da cuenta que todos los estaba observando con extrañeza. ¿Cuánto tiempo había estado perdida en sus pensamientos? Pareciera que fue mucho por la mirada que todos le daban.

Dirige su mirada a su prima, quien la observaba con el ceño fruncido esperando una respuesta que no sabía dar. Siempre seria y fría, aunque algunas veces picara y risueña, había cambiado un poco todos estos años.

- ¿Bombón? – la voz preocupada de Seiya fue la que la devolvió a la realidad.

- Lo siento, no estaba escuchando. ¿Qué decían?

- Seiya te preguntaba si no había problema en que los chicos y yo fuéramos con ustedes al cine. – respondió Cloe.

¿Era eso lo que le preguntaba? Si hace un momento estaba "coqueteando" con él, ¿por qué tenía que pedirle permiso a ella?

Un golpe en la frente la hizo reaccionar. Cloe la había golpeado con dos de sus dedos mientras le decía "tonta". Eso hizo que inflara sus mejillas indignada.

- No vuelvas hacer eso, Cloe. – dijo Serena tratando de sonar amenazante, pero eso no inmuto a su prima que le sonreía con sorna.

- Entonces, no te pongas a estar pensando tonterías y responde.

Serena observa fijamente a su prima antes de responder.

- Por supuesto que puedes ir, tonta. No sé por qué tienes que preguntar.

- ¡Que carácter! Yo sólo te estaba pidiendo permiso, no tenías porque insultar. – dijo Cloe con fingida voz dolida y una sonrisa burlona.

Ella tenía el don de sacar de las casillas a Serena en menos de dos segundos. Se salvaba que era su prima, de otra manera la odiaría con todas sus fuerzas.

- Tonta – murmuro Serena con las mejillas. Cloe le guille un ojo y le sonríe.

- Chicas, hay problemas. – la voz de Rei sonaba angustiada cuando apareció por unos de los pasillos del templo.

Rei se detiene bruscamente al ver a los Shadow Nigth observándola confusa. Había olvidado que estaban ahí. Tenía que pensar algo rápido para no levantar sospechas.

- Etto… ¡Se acabo el hielo! – dijo Rei con lo primero que se le vino a la mente.

Todos se quedaron en silencio, al no entender la indirecta de la pelinegra. La primera en reaccionar fue Haruka, seguido de los demás. No era la falta de hielo lo que Rei se refería con problemas, era algo más.

Kakyuu se quedó con los primos de Serena, después de que todos los demás se fueron dando confusas excusas. Cloe enarca una ceja y se encoge de hombros, los amigos de su prima se comportaban extraños.

- ¡Neko-kawaii! – exclamaron las gemelas al tomar en sus brazos a los gatos blanco y negro. Cloe se compadeció de ellos.

- ¿Qué tal el viaje? – pregunto Kakyuu con una sonrisa.

Cloe bebe un poco de su bebida antes de responder, ya que las gemelas estaban muy entretenidas con Artemis y Luna como para prestar atención a una conversación. A diferencia de Axel, que se negaba en abrir la boca.

- Bien. – respondió Cloe observándola indiferente. – Como siempre.

Luna observaba la conversación de la princesa de fuego con la prima Serena. Desde la noche anterior, no le había agradado del todo la presencia de esos chicos, sentía que ya los conocía pero no los lograba recordar. Una pesadez inunda su cuerpo. Lo sentía cansado, y el sueño llego a ella de repente. Ladea el rostro y encuentra a Artemis profundamente dormido y ronroneando en las piernas de Itzel. ¿Por qué de la nada le había dado tanto sueño?

Lo último que escucho fue a la princesa Kakyuu decir algo referente al abuelo de Cloe, pero no lo había entendido del todo bien.

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Estaban en el parque luchando con extrañas criaturas semejantes a gusanos. Asquerosas y repulsivas, pero era poderosas en sí mismas. A las Sailor scouts le costaba acabar con ellas, pareciera que, cada golpe, no le afectaba en lo absoluto.

Todas se encontraban agotadas y con heridas leves. Las criaturas habían causado grandes estragos alrededor del parque. Si no la detenía, podía acabar con la ciudad.

- ¡Tierra Tiembla!

- ¡Láser de estrella fugaz!

Ambos ataques impactaron contra una de las criaturas, pero está no recibió ningún daño. Uno de los gusanos se acerca peligrosamente a Sailor Moon, separándola del resto del equipo, lo que impedía que pudieran ayudarla. Sailo Star Fighter trata de hacer algo, pero un haz de luz plateada desaparece a las criaturas.

Todas dirigen su mirada a los recién llegados. Cuatro scouts con alas de ángeles se encontraban a unos metros de ellas. La que había realizado el ataque para salvar a Sailor Moon, llevaba un traje negro con adornos plateados en forma de estrella en el borde superior, botas negras como las de Sailor Moon, su cabello dorado estaba sujetado por una coleta. Una tiara y la gargantilla marcaban la diferencia de sus acompañantes.

Otro de los tres, el único hombre del grupo, vestía un traje similar al del Príncipe Endimión, pero sin capa, de un color azul profundo. Las otras dos ángeles tenían un traje de color verde y naranja.

Nunca antes los habían visto.

- ¡Cuidado!

El grito de Sailor Marts rompió en silencio del lugar. Una chica, de traje vinotinto, aparece atrás de Sailor Venus y Sailor Júpiter dispuestas a atacarla.

- ¡Estrellas de Orión!

Una cadena, perteneciente al hombre, rodea a la chica obligándola a caer al suelo. Forcejea para liberarse, pero no lo logra. El ángel rubio se acerca a la prisionera, pasando muy cerca de Sailor Moon, dejando un perfume característico de alguien que conocía, pero dudaba que fuera ella… No podía serlo.

- ¡Suéltenme! – exclama la chica con odio en su voz. - ¡No voy a volver a ese horrendo lugar! ¡No me harán volver!

- Siento decepcionarte Sailor Achlys, pero eso te sucede por traidora. – respondió el ángel de negro con voz neutra. – Ángel Andrómeda, ya sabes que hacer.

El ángel que tenía el traje color verde asiste con la cabeza, haciendo que su cabello rojo se meciera de manera sutil.

- ¡Portal Nebular!

Un portal se abre frente a todos, absorbiendo a Sailor Achlys, quien seguía lazando maldiciones a quienes la había capturado.

- Se ha ido. – murmuro Sailor Venus sorprendida al igual que los demás. - ¿C-cómo lo hicieron?

Los ángeles ven a las scouts y se disponen a marcharse sin nombrar palabra alguna.

- ¡Esperen! – llamó Sailor Moon antes de que desapareciera. - ¿Quiénes son ustedes?

Sailor Moon sujeta al ángel negro para detenerlo. El aroma del ángel inunda su nariz, dándole la respuesta a sus preguntas internas. ¿Cómo era posible?

- Sólo somos Ángeles Guardianes, princesa. – respondió el ángel soltándose del agarre de Sailor Moon. – Yo soy el Ángel Shadow, General en jefe de las Sailor Scouts de cada rincón del Universo y mundos paralelos. Los otros ángeles que me acompañan son mis compañeros: Ángel Orión, Ángel Andrómeda, y Ángel Titania. – dice a la vez que va señalando a cada uno respectivamente.

- ¿Qué están haciendo en nuestro sistema solar? – sisea Sailor Urano colocándose en posición de ataque. No confiaba en ellas. - ¿Qué quieren?

- Esas son dos preguntas con respuestas muy diferentes, Urano. Yo puedo estar donde quiera que yo desee y cuando lo desee, mis órdenes hacia ustedes son más altas que la de su princesa… Y sobre la segunda pregunta – hace una pausa y sonríe con sorna. – Todo a su tiempo.

Sin decir nada más, los cuatro ángeles desaparecen como una ilusión.

- Esto no me gusta. – dice Sailor Star Healer con el ceño fruncido.

- Tampoco a mí. – apoya el comentario Sailor Urano.

Sailor Moon permanecía observando el sitió donde antes estaban los ángeles, estaba sorprendida.

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¿Sería posible?...

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- ¿Dónde estarán todos? – pregunta Seiya al no encontrar a nadie.

Donde se suponía que debería estar los Shadow Nigth con la princesa de fuego, solo se encontraban los dos gatos que se estaban estirando al despertarse de su sueño.

- Luna, ¿dónde están todos? – pregunta Amy a la gata.

- Estaban aquí. No sé a dónde pudieron haber ido.

- ¡Hola chicos! Tardaron en llegar. – saludo Nicholás con algunas raspaduras en la cara. – Nos hemos cansado de esperarlos y decidimos hacer algo mientras. Vengan.

Los chicos lo obedecieron y se dirigieron a la parte trasera del templo, donde se podía escuchar algunos gritos. Las gemelas hacían porras mientras que Kakyuu observaba con preocupación hacia la copa de los árboles. Axel los recibe con una sonrisa mientras permanecía apoyado a una de las columnas del templo con los brazos cruzados.

- ¿Qué sucede? – pregunta Serena dando un vistazo a alrededor, al no encontrarla, le dirige de nuevo la mirada a Axel. - ¿Dónde está Cloe?

El peliazul señala a la dirección hacia donde las gemelas y la princesa la tenían, Serena ahoga un gritito. ¿Cómo se le ocurría hacer una cosa así?

Cloe se balanceaba en la copa del árbol, subiendo más y más con agilidad. Llega a la copa del árbol, y de entre las ramas saca un disco que se la lanza a Cassiel. Ahora, el descenso. Las ramas crujían y temblaban al paso de la rubia, pero no llegaban a romperse. Serena tenía el alma en cuello, se sentía angustiada de que su prima se diera un traspié y cayera. Desde esa altura, la caída sería fatal.

Pero, para la desgracia de los presentes, una de las ramas se rompió y Cloe pierde el equilibrio. Antes de dar traspié contra el suelo, la chica logra agarrarse de una rama para disminuir la fuerza del impacto y cae al suelo de pie.

- ¡Por todos los cielos, Cloe! – exclamo Serena molesta. - ¿Cómo pudiste asustarme de esa manera? ¿Qué rayos hacía allá arriba?

Cloe se pone erguida, y guarda las manos en los bolsillos en una posición despreocupada, antes de mirar a Serena y responder.

- Estábamos jugando con el disco, y no sabía que la señorita Kakyuu tuviera tanta fuerza… Sólo fui a buscar el disco, Serena.

- Pero…

- Discúlpame Serena, ha sido mi culpa al lanzarlo tan fuerte – se disculpo Kakyuu muy apenada.

Serena no dice nada, observa a su prima que la miraba con las manos en los bolsillo y mirada indescifrable. No podía con ella. Su carácter rebelde y temerario le hacía la vida insufrible a Serena, pero así era ella.

- Cloe – dijo Serena con voz apagada. - Vamos a casa.

No espero respuesta. Se despidió de sus amigos y siguió su camino a la salida del templo, pudo escuchar a lo lejos cómo Cloe se disculpaba por los daños causados. A los pocos minutos, ya tenía a su prima pisándole los talones junto a los otros tres.

Espera hasta que estén lo suficiente alejados del templo para detenerse, y dar una media vuelta brusca que casi tropieza con sus propios pies. Cloe la ve con una ceja enarcada, le parecía extraño la mirada seria de Serena.

- Ustedes… - La duda no la dejo continuar. ¿Y si no eran? Estaría poniendo en peligro su identidad como Sailor Moon. Pero no le importaba ahora. - ¿Ustedes son los Ángeles Guardianes?

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oOoOoOoOoOoOo~"Los lazos de la amistad son más estrechos que los de la sangre y la familia"~oOoOoOoOoOoOo

- Giovanni Boccaccio -

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¡Tanto tiempo!

Disculpen la tardanza. Con la computadora dañada, las clases, y la inspiración que se me fue de vacaciones antes de tiempo, no había podido editar la historia y subirla. No se si ya les había dicho que yo ya la tenía escrita desde hace tiempo, pero que le estoy cambiando varios detalles, sobre todo en la parte de redacción.

Cuídense mucho, y mil disculpas por la tardanza.

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Quejas y sugerencias

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