N.A: Vuelvo a actualizar mi querido SouHaru. -corazón, corazón (?- Muchísimas gracias a todas las personas que se han tomado su tiempo para ponerme un comentario y animarme a seguir, sois lo más. ;; Espero que este cap os guste, trataré de actualizar con más regularidad.
Pairing: SouHaru [SousukexHaruka]
Advertencias: BxB, si te desagrada el género, mejor escapar ahora. Un poco OoC. (?)
Disclaimer: Free! y sus personajes le pertenecen a Kyoto Animation y Ohji Kouji.
Sousuke había decidido que tenía que hablar con Haruka urgentemente.
Había tomado esa decisión el día anterior, después de que, tras volver del gimnasio —al que había ido con intención de quitarse las tonterías relacionadas con Nanase de la cabeza— se encontrara con Rin fantaseando con el castaño de Iwatobi sobre que él había ido al gimnasio para fortalecerse y así impresionar al delfín con su musculatura. Y por eso ya no pasaba. Le había arrebatado el móvil al pelirrojo y se había planteado seriamente contactar a la madre de Rin para decirle que le restringiese el uso de dicho dispositivo a su hijo. Estaba en eso, en buscar el número de la señora Matsuoka en la agenda del móvil de su compañero, cuando se encontró con algo en el móvil del de ojos ardientes que nunca deseó ver.
"Sousuke y Haruka; destinos entrelazados." Ni siquiera sabía cómo había acabado en la carpeta de documentos del móvil, pero allí estaba, viendo eso. Las especificaciones del archivo aseguraban que había 320 páginas de esa maravillosa historia que por lo visto Rin se había dedicado a escribir. 320 páginas en las que, a juzgar por el título, su mejor amigo se había dedicado a crear un universo paralelo en el que Nanase y él tenían una relación o algo así. Eso ya era demasiado, superaba por mucho cualquier estupidez que hubiese hecho Rin en el pasado o que se dispusiese a hacer en el futuro.
–Rin, ¿me puedes decir qué es esto? —Había acabado por decir el más alto, mirándolo con una sonrisa que solo pronosticaba una verdadera tormenta, mientras señalaba con el dedo la pantalla del teléfono.
El color de piel del pelirrojo había descendido drásticamente cuando había descubierto que era lo que el dedo de Sousuke estaba señalando. ¿Qué tan malo había sido en su vida anterior siendo castigado de tal manera? Sousuke podría haber encontrado cualquier cosa, cualquier cosa menos, pero no, allí estaba, señalando lo que Rin más quería ocultar.
–¡Joder, Sousuke! ¡Deja de violar mi intimidad! ¡Yo no cuestiono lo que tú haces o dejas de hacer!
Y así había comenzado una discusión que había conseguido que el más alto decidiese que era más que urgente hablar con Nanase. La situación se les acabaría escapando de las manos si dejaban que Rin continuase escribiendo historias ficticias en las que ambos nadadores se amaban.
Así es como había acabado allí, es las puertas del instituto Iwatobi, esperando al chico de ojos azules. Sabía que por estar en época de exámenes ambas academia, las actividades de cualquier club habían sido suspendidas; por lo que había decidido acudir al delfín en cuanto terminasen las clases. No le emocionaba la idea, la verdad, pero menos le emocionaba el saber lo que hacía Rin cuando debería estar estudiando literatura. El solo imaginarse lo que podía estar ahí escrito le ponía los pelos de punta. No quería hacerlo, pero irremediablemente su mente divaga sin control, tanteando lo que allí podría estar redactado. Temía estar volviéndose loco, quizás el pelirrojo se había aliado con la amable cocinera del comedor de Samezuka para meterle alguna tipo de extraña droga ilegal y alucinógena en la leche y ahora sufría sus efectos. No le extrañaría viniendo del tiburón, sinceramente, que parecía dispuesto a todo para llevar a cabo sus nada sanas e irreales fantasías de amor homosexual entre sus amigos.
Por eso se alegró cuando distinguió la cabellera oscura dirigiéndose hacia la entrada, donde él se encontraba. Estaba seguro de que charlando con Nanase —más bien hablando él solo, dudaba de que el chico delfín fuese a aportar mucho a la conversación— alejaría esos mundanos pensamientos que Rin había instalado sin consentimiento en su privilegiada mente. Porque sin duda aquellas inquietudes nunca habrían surgido de motu propio en su cerebro, acostumbrado a clasificar la más selecta información y no desvaríos propios de un adolescente hormonado como era su compañero de cuarto, y, al parecer, escritor oculto, Rin Matsuoka. Pero al parecer el chico de ojos marinos no estaba dispuesto a ayudarle a disipar aquellos pensamientos, pues había cruzado la puerta de entrada al centro ignorándole olímpicamente —porque si ignorar fuera un deporte olímpico Nanase tendría su casa llena de medallas de oro. Aunque quizás el hecho de que el chico de ojos turquesa se hubiese colocado en la pared al lado de la puerta —que no permitía ser visto, pero aportaba un aire de misterio muy elegante, según el alto nadador— había tenido algo que ver en el rechazo que había sufrido. Pero Sousuke no estaba dispuesto a seguir sufriendo las consecuencias de aquel hallazgo en el móvil del pelirrojo, o al menos a sufrirlas solo, porque estaba seguro que incluso el anti-emociones de Nanase se vería afectado por tal descubrimiento. Por eso hizo su movimiento.
–Hey, Nanase. —Reclamó, buscando que el chico de ojos azules advirtiera de una vez su presencia.
Y lo consiguió, el delfín se giró ante el llamado, y aunque Sousuke no se había esperado una expresión de alegría —no solo por la inexpresividad del chico, eso también, claro, pero más por la poca o nula relación que tenían— tampoco se esperaba encontrar esa especie de intento fallido de decepción. Entendía que Nanase no le tenía en ningún altar —era recíproco—y que su presencia no le alegraba el día, tampoco, pero de ahí a mostrarse tan molesto con su visita había un trecho. Largo.
–Oh, qué sorpresa verte por aquí, Sousuke.
Aquella respuesta no había provenido del chico de ojos azules, no. Sousuke habría apostado cualquier cosa a ello. Ese toque de alegría contenida en cada palabra, era imposible para Nanase y su voz monotemática. Y menos llamarle por su nombre. Tendrían que haber bajado todos los apóstoles del cielo, alinearse 457 planetas, reaparecer los dinosaurios y que los extraterrestres enviaran un videojuego a la Tierra para que su relación contase con la suficiente confianza como para pasar de susurrar el apellido del otro con cierto recelo a canturrear alegremente el nombre de pila mutuamente. Y sus ojos viajaron inevitablemente al que le había llamado tan familiarmente.
Mierda, mierda y más mierda.
Makoto le miraba con esa sonrisa suya inalterable que le alteraba los nervios al más alto. Había llegado a pillarle tirria a la curva que formaban la boca del nadador de ojos esmeralda, es que esa risita siempre estaba ahí, como pegada con algo permanente en su rostro. No se la quitaba por nada del mundo, se preguntaba sinceramente si cuando nació ya tenía ese gesto pre-instalado. No sabía que era más exasperante, si la inalterable expresión de Nanase o la permanente sonrisa del otro. Uno nunca mostraba emociones y el otro parecía haber venido al mundo solo con una. Estaban hechos uno para el otro, desde luego.
Pero ese no era el problema —al menos no en ese momento—, la cosa era mucho más grave. Sousuke estaba tan acostumbrado a ver a Nanase con Tachibana que su mente automáticamente había ignorado la presencia del de ojos esmeralda por considerarla evidente. De la misma manera en la que tu cerebro ve la nariz pero la ignora, el cerebro del de ojos turquesa veía a Makoto pero le ignoraba por considerarle ya como un complemento del delfín. Estaba seguro de que esa innovadora función tenía algún cometido positivo —porque su cerebro nunca llevaría a cabo nada inútil— pero desde luego este no era el momento ni la situación más adecuada para ignorar al chico de ojos esmeralda. Y daría igual si quien estuviese al lado del chico de ojos marinos fuese alguien aleatorio del centro, pero se trataba ni más ni menos del camarada de Rin; graduado en generación de historias ficticias de temática homosexual seguramente explícita sobre tus compañeros. Ahora la había jodido bien. Y eso se encargaba de recordárselo Nanase con esa mirada de "eres-retrasado-o-no-comes-caballa".
Está bien, lo admitía, ir allí y saludar a Haruka sin siquiera asegurarse de si había alguien cerca —o al menos siquiera mirar si no estaba el compinche de Rin— no había sido su mejor idea en los últimos diez años, ni en los últimos cinco, probablemente había sido la peor en toda su vida —después de nadar con el hombre destrozado, esa se llevaba el primer premio a la estupidez.
–Hey, hola, Tachibana. —Se atrevió a contestar, al menos podía fingir que Nanase no era la única razón por la que estaba allí y que solo lo había saludado por su exquisita educación— La verdad es que un compañero del club me pidió que le acompañase porque había quedado con una chica y no sabía el camino y-
–Oh, ya veo. —Contestó de nuevo Tachibana, y aunque la sonrisa seguía en su sitio, podía atisbar en los ojos esmeraldas una cierta sospecha—¿Y qué compañero es ese, si se puede saber?
La madre de Sousuke le había dicho de pequeño que nunca debía mentir, porque cuando lo hacía sus orejas se tornaban rojas y era demasiado sencillo descubrirlo, por lo que nunca podría engañar a nadie. Eso explicaba sus inevitables derrotas en los juegos de cartas en los que había que marcarse faroles con el fin de alzarse con la victoria. Pero de verdad que el alto nadador esperaba que ese vergonzoso defecto de la infancia se hubiese anulado con la llegada de la pubertad, pero la insistente mirada esmeralda que tenía encima no ayudaba para nada en su intento por detener ese embarazoso enrojecimiento.
–Oh, Takuya. Pero no se lo digáis, hay alguna chica de Samezuka con la que también sale y causaríamos un conflicto.
El nadador de ojos turquesa agradeció entonces que Rin se molestase en contarle el argumento de todas y cada uno de las historias románticas que veía o leía, esta vez la trama de una le había salvado el cuello. Aunque no sabía si podría seguir tirando de clichés de pareja si el castaño continuaba interrogándole.
–Es cierto, Makoto. Creo que vi a un chico de Samezuka en el pasillo cuando fui a hablar con la profesora.
Que de repente Nanase hablase era de por si sorprendente, pero que lo hiciese para "ayudarle" era algo digno de mención y una de esas historias que Sousuke podría contarles a sus nietos cuando fuese viejo, recibir ayuda del delfín era algo mucho más increíble que cualquier batalla internacional en la que pudiese luchar en el futuro. Aunque la idea de deberle algo al nadador más bajo por su amparo no le resultaba demasiado atractiva, todo sea dicho.
–¿Y por qué no me avisaste, Haru? Me gustaría haber podido saludarle. —Por lo visto, el nadador de ojos turquesa había pasado a segundo plano en la conversación, mejor para él, por supuesto.
–Tendría que haber retrocedido para avisarte, y teniendo en cuenta que iba a hablar con la profesora Amakata para poder ir a la piscina, era más que probable que me detuvieras.
–¡Claro que te detendría, Haru! Hace mucho frío y fácilmente podrías enfermarte. Deberías preocuparte un poco más por tu salud… —A Sousuke no le habría importado en demasía que ellos siguiesen hablando de sus cosas mientras eso consiguiese calmar los instintos de inspector de Tachibana, pero parecía que el mundo hoy no estaba de su parte, pues en algún punto de la conversación en la que el castaño le recriminaba al moreno su falta de variedad a la hora de comer, los ojos esmeralda se toparon con los turquesa y recordaron su presencia— Oh, lo siento, Sousuke, estamos siendo demasiado escandalosos… Bueno, vámonos, Haru.
El más alto casi sintió que le daba una taquicardia en ese momento. ¿Había pasado toda esa vergüenza para que ahora la caballa inexpresiva y Don Sonrisas se largaran así sin más? Sentía que se iba a morir allí mismo, sentía que todo su esfuerzo había sido en vano, y que además ahora tendría que hablar con Takuya para que le cubriese las espaldas porque de lo contrario su pelirrojo compañero de cuarto no le dejaría en paz durante, al menos, los siguientes tres meses.
–Ah, Makoto, acabo de recordar que he olvidado mi cuaderno de literatura en clase, tengo que ir a buscarlo.
Algo raro estaba pasando. Nanase hablaba y no solo eso, parecía estar ayudándole para así poder hablar sobre lo que estaba pasando. ¿Ya se habían alineado los 457 planetas o quizás la droga que Rin le había metido en la comida le estaba afectando demasiado?
–Te esperaré aquí entonces.
–No hace falta, ayer no volviste a casa y estoy seguro de que Ran y Ren me odiarán si tardas hoy en volver.
La duda en los ojos esmeraldas no tardó en aparecer, para después dar paso a la sospecha. Parecía estar sopesando seriamente lo que le decía Haruka, no estaba acostumbrado a volver a casa separados, y, además, el de ojos zafiro no solía dejarse cosas en clase —porque aunque parecía despistado, al delfín le gustaba tener sus apuntes ordenados— algo allí no cuadraba. Y también estaba el hecho de la presencia de Yamazaki. Demasiadas incógnitas en una sola ecuación. El castaño desistió.
–Está bien, Haru, nos vemos mañana.
Solo cuando el de cabello oscuro dejo de ver a Makoto en la distancia, se permitió suspirar aliviado. Había llegado a pensar que debido a esa imperiosa necesidad del castaño de permanecer pegado como una lapa al delfín, sería imposible mantener una conversación a solas con el de ojos océano. A veces se preguntaba como haría Nanase para ir al baño, si tendría al chico orca esperando en la puerta cual guardaespaldas o si incluso se metía en el cubículo con él. La verdad, esperaba no llegar a conocer la respuesta nunca. Estaba tan concentrado tratando de quitarse la horrible imagen mental que su cerebro había creado sobre una posible situación en la que el delfín tuviese que ir al baño que no se dio cuenta cuando éste pasó a su lado, sin siquiera prestarle atención. Solo cuando escuchó los pasos alejándose se dio cuenta de que Nanase se dirigía al instituto —quizás él no había buscado apoyarle y en realidad sí se había olvidado el cuaderno, y puede que incluso hubiese visto a algún chico de Samezuka, en realidad muchos solían quedar con chicas de Iwatobi e iban al centro a buscarlas.
–¡Hey, Nanase! —Su tono de voz sonó un poco más alto de lo que había buscado, y no pudo evitar mirar hacia los lados, asegurándose de que el castaño con complejo de madre no estaba espiando entre los arbustos y había asomado la cabeza al oír que alguien llamaba a su cría— Tengo que hablar contigo, ¿no te habrás creído la tontería que he contado antes, no?
Haruka no pudo evitar rodar los ojos —aunque su expresión de perpetua neutralidad no varió en el proceso— ante el exceso de ego que Sousuke expulsaba por cada uno de sus poros. Era evidente que no le había creído, y aún así el chico parecía tener el ego lo suficientemente alto como para considerarse un gran actor.
–Yamazaki, ¿sabes qué tus orejas se ponen rojas cuando mientes? —Respondió con naturalidad el de ojos océano, viendo como la vergüenza se apoderaba del más alto— Creo que eso responde a tu pregunta.
El de ojos turquesa no pudo evitar sonrojarse violentamente —no solo sus orejas, estaba seguro de que hasta sus cejas lucían rojas en ese momento— al verse descubierto de una forma tan evidente. No era bueno de por si saber que esa inútil costumbre suya no había sido eliminada con la llegada de la pubertad, pero peor era saber que Nanase contaba ahora con un dato tan embarazoso sobre su persona; algo así podía ser usado en su contra en cualquier momento y no dudaba de que el chico delfín encontrase el instante más adecuado para hacerle pasar la vergüenza de su vida como venganza por el pasado evento de la máquina expendedora —porque aunque se había disculpado y quedado en supuestos buenos términos con el más bajo, Sousuke seguía pensando que detrás de esa fachada de estoicismo, Nanase planeaba algo a escala mundial atacando a su persona.
–Puedes decir eso, pero te recuerdo que si ahora no tienes a Sonrisillas pegado cual chicle derretido detrás es gracias a mí. —Refutó, nunca dejaría que el moreno le dejase en vergüenza. Jamás.
–Intuyo que ese es el sobrenombre que le has impuesto a Makoto. —Contestó de nuevo Haruka, esta vez girándose completamente para encarar al más alto— Y obviando eso, deberías saber que él tampoco se ha creído lo que has dicho. De hecho, estoy seguro de que ni un niño de 3 años se habría creído tu historia.
Dicho por cualquiera otra persona, aquellas palabras parecerían parte de una regañina. Pero cuando era la voz monótona del delfín la que las pronunciaba, simplemente eran un reflejo de la realidad objetiva. Y aquello enfurecía a Sousuke más que nada. Era como una máquina que te recordaba tus errores periódicamente, porque el más alto estaba seguro de que lo único que había hecho Haruka era recordarle sus fallos, contestarle monosílabos carentes de significado o saludarle con frases estándar que en realidad no tenían la mínima intención comunicativa. Nunca el chico de ojos marinos le había dicho algo bueno sobre su persona. Aunque no es como si le importara, la verdad. Se valoraba lo suficiente a sí mismo como para poder vivir sin una opinión positiva por parte del delfín —o eso creía.
–Oh, lo siento. Tú en cambio hiciste una actuación estupenda. —Siseó con sarcasmo; aunque en realidad el más bajo si podría tener futuro como actor, ya que su expresión no variaba nunca, ni cuando mentía. Pero eso daba igual, lo importante era que le importaba una mierda la opinión de Haruka… ¿Le importaba una mierda, verdad?
–Sé que mis dotes dramáticas no son las mejores, tan solo trataba de evitar que siguieses haciendo el ridículo. —Otro golpe bajo a la autoestima de Sousuke— Empezabas a dar vergüenza ajena.
El más alto se arrepintió de no haber tenido el móvil en la mano para grabar lo que acababa de decir Haruka. Sabía que el chico no lo decía con mala intención —o al menos trataba de creer que era así— pero era evidente que precisamente no le estaba echando flores, no. Le habría gustado poder restregarle aquella conversación a Rin por la cara, para que entendiese de una vez que entre ellos no podía haber nada romántico si ni siquiera había una previa amistad y la conversación más larga que habían mantenido hasta el momento era esa, en la que el chico de ojos océano no escatimaba en palabras para recordarle cuan denigrante había sido su actuación anterior.
–Vale, ya lo has dejado claro, caballa. —Contestó de mala gana, sin poder ocultar su irritación, ante ello Haruka solo le miró sin comprender a que venía ese malestar–—Pero si he pasado todo ese ridículo ha sido porque necesitaba hablar contigo, cosa que deberías saber si mi actuación ha sido tan mala.
–Sé que habías venido a hablar conmigo, y también sé que seguramente sea por lo que Rin y Makoto hacen últimamente. La única razón por la que vine hacía aquí era porque quería que al menos nuestra mentira tuviese un mínimo de coherencia si yo realmente entraba a la academia y tu permanecías unos minutos más ahí fuera. —Soltó con naturalidad, ante la perpleja mirada del más alto— Makoto no es del tipo de persona que espían, pero… —Sousuke rodó los ojos ante eso último, estaba seguro de que el castaño era el tipo de persona que se disfrazaría con periódico en la cara para perseguir a Nanase si éste le dijese que saldría con otra persona— Con la influencia de Rin, no sé hasta dónde llegaría. Aunque evidentemente no ha servido de nada porque en cuanto he dado cinco pasos has gritado como si estuviésemos a eones de distancia y cualquier persona en un radio de diez kilómetros ha podido escucharte.
Sousuke estaba seguro de que aquella era la conversación más larga que tenía con Haruka desde que se habían conocido. De cuando eran pequeños, el más alto solo podía recordar pequeñas discusiones con el delfín en las que Rin era el centro de atención —para variar— que paraban cuando —para variar otra vez— aparecía don Sonrisas a intervenir defendiendo a su cría. Para cuando se encontraron de nuevo, ya habían crecido y madurado —o eso creía Sousuke— pero su única comunicación había sido contra una máquina expendedora y después alguna que otra frase suelta. Por lo que, de algún modo estaba orgulloso de haber conseguido hablar con Haruka de manera más o menos cordial sin empotrarlo contra ningún mobiliario público para que le hiciese caso, aunque no estaba tan orgulloso del contenido de la conversación, seamos sinceros. La sinceridad es buena, se dice, pero en exceso dan ganas de partirle la cara con mucha sinceridad al que se pasa de listo diciendo las cosas con tanta franqueza. De hecho ahora mismo él se encontraba en esa hermosa fase en la que debía contar hasta 132638 para intentar calmar sus instintos asesinos contra el delfín, porque como bien había dicho éste, mamá orca podía estar escondida detrás de alguna farola y supuso que saltaría cual bestia si veía a alguien atacar a su niño.
Suspiró fuertemente, tanto que Haruka pensó que Sousuke era similar al lobo del cuento de "Los Tres Cerditos", capaz de derribar casas con sus soplidos. Supuso que aunque sus soplidos no fueran suficientes, el más alto podría derribar dicha construcciones a la fuerza, porque músculos no le faltaban. No fue consciente de lo que había pensado hasta que el de ojos turquesa le ofreció con un intento de sonrisa —que aunque no se rió, a Haruka le pareció bastante gracioso— que se fueran "de una puta vez a tomar algo a un jodido sitio donde se callara y dejara de tocarle los cojones con lo que había hecho mal en el día, que ya le llegaba con Rin como para tener que aguantar las lecciones morales de una caballa inexpresiva y su madre adoptiva con complejo de orca sonriente que seguramente estuviese en un puto arbusto espiando porque no sabía despegarse de su puto niño que por cierto es más jodidamente mayor que él". Al menos con aquello, la próxima vez que Makoto le preguntase que pensaba de Sousuke, le podría decir que le parecía una persona con un carácter bastante fuerte —y muy malhablado—, aunque nunca le diría —no porque se lo quisiese ocultar, sino para evitarle una taquicardia— que inconscientemente se había descubierto pensando que en realidad el cuerpo de Sousuke era similar al de una escultura griega que había visto en un documental el día anterior.
Sería un pequeño secreto. Nanase jamás confesaría aquello, como tampoco Yamazaki confesaría que, a pesar del cabreo que tenía encima gracias al chico de ojos océano y su admirable capacidad para sacarle de sus casillas, se había sentido —de alguna forma—feliz cuando Haruka había considerado la invención de Sousuke como una mentira de ambos.
