Otra vez cap.3
Golpeteo con la yema de los dedos de manera aburrida la mesa en la que se encontraba desde hacia 35 minutos, pero con la mirada fija en la gran ventana que se encontraba justo a su izquierda. Una camarera se acerco con una mueca de fastidio estrellando constantemente el borrador de un mordisqueado lápiz contra una diminuta libreta, mirándola casi acusadoramente.
-Necesito unos minutos mas…-menciono la pelinegra bien vestida, suplicantemente.
-Señorita ya estamos a punto de cerrar- anuncio como si no fuera obvio la fodonga camarera. El lugar estaba prácticamente vacio ya, solo los camareros y los cantineros pululaban por el restaurante. Algunos cenando y otros platicando o quejándose de la miserable paga; incluso llego a ver que una pareja de los servidores, ambos del sexo opuesto, entraba sospechosamente al baño de mujeres. Prefirió ahorrarse comentarios.
La camarera se fue y Kagome pudo dedicarse de nuevo a su trabajo de ver sin mirar la ventana semi-abierta. Una brisa congelante envolvió su menudo cuerpo y tuvo que sobarse los brazos con las manos intentando recobrar un poco de calor. Sintió enfriarse hasta los huesos y se reprocho a si misma por no haber cargado con abrigo de esquimal ¿y quien podría culparla? Prácticamente había tenido que huir de la furia de su padrastro cuando le comento que tenia una cita con su novio; aun recordaba el modo en el que la había gritado la vez que se le ocurrió decir que Inuyasha era su novio, todo por que Naraku había exigido una explicación meses atrás del porque la cuenta del teléfono era tan elevada, y ella, que era un asco a la hora de mentir, tuvo que confesar que esas llamadas habían sido a la casa de al lado de cuando andaba de melosa con el que ahora era…¿el amor de su vida? Le pareció muy apresurado el término, pero, no encontraba una mejor manera de describirlo. Se había sentido atraída hacia muchos chicos en el pasado, pero con ninguno de ellos se había sentido ni la mitad de feliz que como se sentía cuando estaba con el. Sonrió divertida recordando aquella extraña, pero reconfortante primera cita, aun no eran novios, ni siquiera se conocían muy bien, solo eran dos conocidos compartiendo el tiempo que a ambos le sobraba, sobre todo a ella pues, en esos momentos atravesaba una crisis emocional a causa de la muerte de su madre. El le había llegado como caído del cielo, para ayudarla a cruzar ese largo puente de recuerdos y emociones que ella temía tanto cruzar.
Recordarlo tanto hizo que comenzara a exasperase. Lo amaba, y mucho, pero eso no significaba que no podía enfadarse después de que la había dejado plantada tres veces de las cinco que se habían citado en ese mes. Agradeció en silencio a todos los dioses habidos y por haber por que su amiga Sango no se encontraba con ella. Si ella se encontrara ahí seguro ahorita mismo le estaría soltando un sermón de cinco horas acerca de por que no era correcto permitir que el novio se retrasara tanto tiempo en una cita, lo cual, seria irónico considerando que llevaba ahí hora y media aproximadamente.
-¿Puedo ofrecerle algo señorita? – escucho una voz conocida a sus espaldas, y ese aliento causo que varios escalofríos le recorrieran hasta el ultimo de todos lo cabellos. Sonrió, pues esa voz tan ronca y sensual solo podía pertenecer a una persona.
-Si, ammm… ¿Por qué no me trae la cuenta? Por favor… - murmuro la muchacha tratando de seguirle el juego, a pesar de lo tonta que se sentía ¿A quien engañaba? Ese carisma natural que tenia Inuyasha no caía desde los árboles. Se sintió ridícula tratando de imitar aquella voz inocente y a la vez sexy. Al parecer, Inuyasha no pensó lo mismo.
-Ohhh por Dios… ¿es que acaso piensa irse ya? – mascullo el hombre posándose a un lado de la mesa y acercándose un poco hacia Kagome, con el timbre de fingida histeria y una mascara de falsa incredulidad. Kagome sonrió mostrando su hermosa hilera de dientes bajando la mirada, para después alzarla y posarla en la de el. ''Coqueta'' pensó el sonriendo – Usted no puede irse. Una belleza como usted debería probar la especialidad de la casa – su sonrisa se ensancho mas ante el adorable rubor que se tiño en sus mejillas al pronunciar la palabra ''belleza'', tal y como lo había planeado. Se preguntaba cuando dejaría esa chica de incomodarse ante esa sencilla verdad.
-¿Y puedo saber cual es? – estaba tomando un poco mas de confianza ante la divertida charla entre ''desconocidos''.
-El pato laqueado y una cita con su humilde servidor – concreto mientras se sentaba confianzudamente el asiento de enfrente. Sin duda alguna seria el peor mesero de la historia.
-Aja… - respondió con una sonrisa y tono de voz que destilaban sarcasmo e ironía para responder… - ¿y la ultima a que hora se sirve? – o mas bien preguntar.
Vio a Inuyasha hacer una mueca con los labios y suspirar. También lo miro posar sus manos sobre la mesa.
-Perdóname… - menciono de una forma tan sincera aquellas palabras que a la chica la invadió una ola de ternura – se que últimamente e dejado mucho que desear – prosiguió – pero te aseguro que esta es la ultima vez que lo hago. Hoy me avisaron que había audiciones abiertas en el ''Sengoku Rocks''. Como apenas era un rumor no me imagine que habría tanta gente… ¡Dios! Había tanta, el lugar estaba hasta el tope. Total, logre audicionar, cante ''Clocks'' de COLDPLAY ¿y que crees? ¡LES ENCANTO! – exclamo esto ultimo con tanto entusiasmo, dejando a su novia a la mitad de un '' ¿Qué? ''.
-Me da mucho gusto por ti – susurro con alegría mientras sobaba cariñosamente una mano del chico.
-¿Sabes? – tomo la mano de la muchacha y la aprisiono entre las suyas – No debiste haberme esperado, ¿Por qué no pediste algo de comer?
-No lo se, supongo que algo muy dentro de mi me decía que si vendrías esta vez, aparte de que no tengo tanta hambre – musito sin apartar la mirada del muchacho.
-Eso funciona bastante bien para nosotros señorita – la fastidiosa mesera se materializó de la nada ante el par de enamorados – Ya vamos a cerrar, así que por favor.
No hizo falta que la mesera les indicara con el brazo en que dirección se encontraba la salida. Ambos se pusieron de pie y caminaron hasta la puerta.
-Vaya, esa mesera si que es amargada – le susurro al oído femenino.
-¿Disculpe? –
A Inuyasha casi le da un infarto y a Kagome junto con el. Ambos se habían detenido en seco. Ninguno de los dos sabia que la mesera los acompañaba desde atrás, en un intento de ser mas considerada por haberlos corrido. Ahora toda la amabilidad se había suicidado sola. Hasta Kagome, que lo había volteado a ver con el rabillo del ojo, vio una gota de sudor frio descender burlonamente por su rostro, así como también vio su manzana de Adán moverse escandalosamente al tragar saliva.
-D-di-di-dije qu-que… - '' ¡Piensa Inuyasha, piensa!'' se ordeno a si mismo – dije ensalada, aquí es genial la ensalada…, para la próxima me asegurare de que la pruebes cariño – le susurro melosamente a su acompañante mientras le tocaba la nariz en un gesto amoroso.
Salieron del restaurante como un par de balas y se quedaron de pie en la entrada.
– Una próxima vez que nunca se dará – susurro una vez que se aseguro de que ya no había nadie que pudiera, oírlo, y mucho menos escupirle a su orden de ramen.
Kagome, que había luchado consigo misma por no carcajearse en presencia de la fodonga mesera, se sintió frustrada al no poder reprimirse ante ese último comentario.
-¿y que haremos ahora? Señor inteligente – pregunto la muchacha una vez que ya no sintió que la risa la vencería.
-Es verdad… - mascullo como si apenas se diera cuenta – esta es una noche para celebrar, y es perfecta para reponerte las otras que te debo. A ver déjame pensar – dijo Inuyasha colocando sus dedos en la barbilla, intentando que alguna brillante idea lo iluminara en esa profunda oscuridad nocturna.
-Por mi no hay problema, ¿sabes? – musito la chica tratando de aligerarle la nueva tarea que se había asignado a si mismo – lo tuyo es mas importante así que… no tienes por que presionarte… o quizá… - se le ocurrió una idea mas adecuada – podríamos hacer esto otro día- sugirió mientras miraba el cielo nocturno, que comenzaba a ser pintado por espesas y frías nubes grises, prometiendo una tormenta de lluvia y hasta relámpagos.
-¡LO TENGO! – Exclamo el chico, haciendo caso omiso a las sugerencias de la joven e ignorante de la naciente tormenta – Vamos a mi departamento – no le dio tiempo ni de decir ''pio'' cuando ya la había prensado de la mano y la arrastraba en la dirección donde probablemente se encontraba su auto en el estacionamiento.
Era verdad, su novio, a sus tempranos 18 años ya era dueño de un lujoso pent-house en uno de los barrios más elegantes de la ciudad. Ella lo había visto solo una vez, cuando aun no tenia muebles y las ventanas aun eran cubiertas por periódicos más viejos que ellos dos juntos. Era bastante amplio, calculaba que tal vez era el doble del primer piso de su casa y con las paredes pintadas de un azul lavanda tan tenue como intenso. Ese había sido un obsequio de uno de los padrinos de el, Totosai, argumentando que cuando se convirtiera en un gran cantante como el soñaba, necesitaría un lugar en donde poner todos sus trofeos, sus recuerdos, fotografías, posters, etc.
Pensaba en todo lo que haría, probablemente no seria mucho, pero estaba seguro de que a ella le encantaría, era lo menos que podría hacer por ella, toda la semana estuvo con la conciencia carcomiéndolo por haberla dejado vagabundear durante las citas que habían sido acordadas. ''Menos mal que no se trata de mi boda'' pensó mientras habría la puerta de su lujoso Mercedes negro e instaba a la joven a subir. Cerro la puerta y rápidamente rodeo el auto para subir, y una vez adentro la vio sonreírle tan sinceramente que el sintió nauseas. Honestamente culpaba a la chica, ¿Cómo podía permitirle tanto? Si se tratara de el ya habría mandado por un tubo a quien fuera que lo dejara plantado.
La forma en que el auto ronroneo al momento de ser encendido lo trajo a la realidad y lo insto a poner atención para evitar un accidente automovilístico.
-¿Tienes hambre? – pregunto al fin al ver que ella no tenia la intención de decir nada.
-Ammm… no, creo que no – murmuro Kagome indecisa.
-¿Creo? – pregunto alzando una ceja vacilonamente - ¿y eso que significa? – sonrió sin dejar de mirar hacia el frente.
- Significa… - pensó muy bien en la respuesta – que no me estoy muriendo de inanición, pero tampoco vomitaría si veo Iron Cheff America – concreto al final e Inuyasha solo se limito a entonar una carcajada agradable. Kagome solo sonrió y se sobo los brazos ante la helada que sintió. Apenas noto las gotas de lluvia que repiqueteaban insistentes en el techo del auto y que se empeñaban en bañar el vidrio de adelante. Los parabrisas parecían tener la misma insistencia en limpiarlas.
La vio frotarse los brazos y agradeció a Kami que el semáforo se tornara rojo. Aprovecho la breve pausa para despojarse de su chaqueta y posarla sin permiso en los hombros femeninos, tratando de alguna forma de protegerla del frio.
-¿A quien se le ocurre salir de noche y no llevar un abrigo decente? – pregunto examinando la insignificante chaquetita blanca que pretendía escudarla del frio mientras usaba una corta falda roja y una blusa negra de tirantes que se ceñía a su cuerpo con delicadeza. Hermosa sin duda, pero completamente inconsciente.
-Ja ja ja, es que yo… - ¿y ahora que le iba a decir? ¿Qué su padrastro por alguna razón inexplicable había tenido una ataque de ira ante la idea de que ella saldría con su novio? ¿Qué probablemente en este momento le estaría dando una parálisis facial? De veras… ¿Qué demonios tenia ese hombre? – quería estrenar esta chaqueta. La compre desde hace tiempo y no había tenido una oportunidad de estrenarla – mintió rogando al cielo por que le creyera. Como ya lo había dicho, era un asco mintiendo.
- Feh… mujeres, ¿Quién las entiende? – se quejo aliviando a la chica.
El resto del viaje fue corto y transcurrió en total silencio. Ambos pensando en cosas distintas. El: en lo que haría para impresionar a su chica. Ella: en que iría a pasar cuando regresara a casa. Ninguno de los dos tuvo mucho tiempo para pensar en sus cosas, pues llegar al departamento fue más rápido que llegar al restaurante. Afuera la tormenta de lluvia prevalecía mas intensa que nunca y hasta relámpagos comenzaban a hacer espectáculo en el cielo. Corrieron juntos hacia el interior del lujoso edificio donde varios departamentos, seguramente todos lujosos, permanecían valientemente ante la insistente tormenta.
Fue cuestión de tomar el ascensor para llegar hasta el penúltimo piso y después poder entrar en tiempo record al oscuro departamento. Inuyasha encendió la luz, al principio fue tan luminosa que Kagome tuvo que pestañar varias veces para acostumbrar sus ojos. Inuyasha regulo la luminosidad y fue entonces cuando ella pudo echar un mejor vistazo al departamento de soltero no tan soltero de su acompañante. Los muebles de la sala eran negros de cuero sintético y muy brilloso. Consistía de un sofá, un sillón reclinable y un mueble de madera pintado de negro donde una moderna pantalla descansaba ante una mesita para café de cristal. Sin duda alguna era un departamento de solteros, pensó Kagome mientras daba tres pasos hacia adelante y se detenía a inspeccionar.
La vio dar pocos y tímidos pasos hacia adelante, mirando el lugar con asombro. Vio gotas de agua recorrer su cabello hasta caer desde las puntas hasta el piso del lujoso apartamento. Se veía tan sexy con esas gotas que brillan al encontrase con la luz, apegando su cabello a su cara y a su cuerpo, mientras otras descendían por sus largas y bien toreadas piernas desnudas. Se afino la garganta ruidosamente dejando a un lado esos pensamientos. Estar tanto tiempo hablando con Miroku comenzaba a dejar secuelas en el.
-Te traeré una toalla – murmuro dirigiéndose al baño. Entro encendiendo la luz y avanzo hasta un mueble de madera donde había varias toallas dobladas. Tomo dos y dio media vuelta quedando de frente con la regadera y una brillante idea lo ilumino. Un feo relámpago eclipso la pequeña risita triunfadora que ocupo sus labios. Sin duda alguna seria la mejor manera de celebrar.
Lo vio salir de donde se suponía era el baño y acercarse a ella con dos toallas, con una se secaba y la otra descansaba detrás de su nuca. Se le hacia demasiado extraña aquella sonrisa en sus labios, pero no le tomo importancia. Solo se puso de pie, tomo la toalla que el mismo le ofreció y se dedico a frotarla sobre su cabeza de manera rápida y brusca.
-¿Sabes? Planeaba ducharme –
-¿En serio? – pregunto la muchacha sin interrumpir su labor, ignorante de que el muchacho la observaba de forma descarada y picara.
-Si, mi mamá dice que es malo mojarte en la lluvia y no bañarte, el agua ya no esta tan limpia como hace 40 años – declaro haciendo un esfuerzo sobrehumano por no sonar como Miroku al ver pasar a un bombón con minifalda – y por supuesto que no queremos enfermarnos – arguyo enfatizando los verbos en plural.
-Aja… aja…si comprendo… - era lo que la chica se limitaba a responder. Obviamente no tenía ni la más remota idea de lo que su adorado Inuyasha intentaba decirle.
-Así que… - … - decidí que la primera en bañarse serás tu – decreto al final el muchacho cruzándose de brazos.
Kagome paro en seco su trabajo y lo estudio con los ojos como platos y el ceño fruncido ¿Había escuchado bien?
-Ja, ja, ja… aja… y… ¿Dónde esta el chiste de tu broma? – murmuro sonriendo cómplice, tratando de esconder sus nervios. Tuvo más éxito del esperado. Lo vio voltear a ver a su alrededor, como si buscase algo y luego detener su mirada en ella con la ceja arqueada y una sonrisa divertida.
-En ningún lado –
-Aja si… mira… por muy apelante que suene la idea, no creo que sea posible – argumento dejando la toalla en una pequeña mesita de noche que estaba a un lado del sofá y prosiguió – No puedo quedarme, tengo una casa y horarios que debo respetar, además… - dudo si decirlo o no - no tengo ropa aquí.
Inuyasha torció labios mientras parecía analizar la situación más a fondo.
-Cabe mencionar que… - comenzó – jamás, por ningún motivo, por ninguna causa, bajo ninguna circunstancia…te voy a permitir salir de aquí con este diluvio – y como si lo hubiera planeado un relampagueo respaldo su veredicto – considérate mi prisionera hasta que esta tormenta acabe – la chica abrió la boca para decir algo y el la interrumpió – hay un buen teléfono con una muy buena señal justo a tu izquierda – la chica solo poso sus manos en las caderas mirándolo ofuscada – por la ropa ni te preocupes, tengo bastantes camisas que te cubrirán perfectamente – reprimió a regañadientes un ''o quizá no la necesites'' – y por ultimo… si yo digo que te vas a bañar es por que te vas a bañar, a menos que prefieras que te bañe yo.
-Esto es totalmente injusto, esto es un secuestro – comenzó a quejarse la chica haciendo ademanes con las manos – No puedo quedarme, Naraku enloquecerá y la que pagara las consecuencias seré yo y solo yo, tu no sa…
-¿Por qué lo dices? ¿Te ha hecho algo? - asalto interrumpiendo totalmente preocupado. Aun recordaba aquella noche, ese extraño pero emotivo gesto amoroso de su padrastro hacia ella le causaba escalofríos. Seguro exageraba, un padrastro podía querer a una hijastra, pero jamás había visto algo parecido, mucho menos conocido. De hecho, debía admitir en parte que esa era una de las razones por las que no quería que ella regresara a casa esa noche.
-No – respondió ella algo extrañada ante la pregunta tan repentina e inesperada ¿Qué podría hacerle su padrastro? – ¿Por qué la pregunta?
-Es que… - no sabia si decirle. El no era de ese tipo de personas que juzgan a las demás y si lo hacia tampoco las andaba difamando. No se dejaba llevar demasiado por la intuición. '' Eso es mejor dejárselo a las mujeres '', pensaba el – por nada… es que debe ser incomodo tener padrastro, yo no me hallaría con uno… - mintió para no asustarla.
- Si es difícil, la verdad yo… - iba a comenzar a describir la sensación y en eso se callo de súbito e hizo un gesto como si se hubiera dado cuenta de algo – Ah no, no, no, no, ni creas que me vas a desviar el tema, sigo insistiendo en que no me puedo quedar.
- Pues no tienes otra opción – camino hacia la puerta y le puso el seguro para después pararse frente a ella con los brazos cruzados y las piernas algo abiertas, como si fuera un guardia – y a menos que quieras que yo lo haga, hazme el favor de pasar al baño.
Refunfuño una y otra vez en la dichosa ducha. Ese hombre se las ingeniaba todo el tiempo para salirse con la suya. Otro relámpago sonó y eso le recordó que también la suerte se ponía casi siempre de su parte. Había intentado cinco veces esquivarlo para poder cruzar esa puerta y salir en busca de algún taxi, pero todos sus intentos fueron en vano y en la quinta vez el le volvió a pedir que se bañara. Al volverse a negar, nuestro ambariano favorito se hecho sobre la chica amenazándola con dejarla en cueros vivos para así poder bañarla. Uyyy… que coraje. Pero aun así lo amaba y no podía hacer nada al respecto… un momento… ohhh si podía hacer algo al respecto. Lo dejaría esperando mucho rato, se bañaría durante dos horas si fuera posible, como protesta a quedarse en ese departamento, además, la cuenta del agua estaría un poco más elevada que de costumbre.
-Vaya, esa mujer si que tarda – murmuro algo anonadado mientras encendía una vela de manera delicada con la ayuda de un fosforo – Bien… creo que tu eras la ultima – concluyo mirando a su alrededor y sintiéndose orgulloso de su trabajo. ''Esto le encantara a Kagome'' pensó apagando el fosforo que comenzaba a ser consumido por la pequeña llama.
Después de haber determinado el tiempo ''adecuado'' que había permanecido bajo el agua de la ducha, decidió que con eso bastaría. Cerro el grifo y tomo la toalla que colgaba de la pared. Primero seco el cabello y después continúo con el cuerpo. Termino atorando la toalla con un dobles en su pecho. No sabia si salir o no. Ordenémoslo de este modo: ella estaba sin permiso en el lujoso pent-house de su novio y semi-desnuda ¿a que se atenía? ¿Cuántas veces su madre no le había pedido que la prudencia condujera cada uno de sus actos? Se pregunto si eso seria valido en momentos como ese, porque… Por un lado, podía habérselas ingeniado para salir del lugar utilizando alguna maniobra evasiva, aun que no fuera un pockemon, o algún chantaje o excusa tonta para huir de ese lugar, pero, eso también seria una imprudencia considerando que de noche la inseguridad y la delincuencia aguardaban tal y como la tempestad natural que en esos momentos se imponía. Por otro lado, la idea de permanecer a salvo en el pent-house de Inuyasha parecía ser la idea más cómoda y conveniente, así como quizá la más escandalosa de todas las que pudieran existir. Llego a la conclusión de que lo que debería hecho fue desde el principio no haberse dejado seducir ante la idea de hospedarse en el departamento de su novio. Pensó en todo esto mientras abría la puerta del baño para quedarse helada con la vista que ante ella se ilustraba. La luz de la sala era tenue, aunque con todas esas velas encendidas no seria problema ver. Había velas por todas partes alumbrando el lugar con brillantes llamas amarillas y todas alrededor de la sala. Dio un paso, su mandíbula se desencajo y ella se quedo así, tratando de recordar como debía hacer para ponerla en su lugar. Sintió alguien en su espalda y solo tomo aire como si estuviera a punto de zambullirse en el agua. Un par de manos sostuvieron sus brazos húmedos y sintió una quijada apoyarse en su hombro. Jadeo el aire retenido cuando sintió su aliento caliente chocar contra su cuello mientras las manos masajeaban sus brazos de arriba a bajo.
-¿Te gusta? – lo escucho preguntar.
-Aja – respondió. No ganaba nada con mentir.
-¿Te encanta? -
-Aja – era verdad. Todo estaba precioso y parecía de ensueño.
Inuyasha solo carcajeo un poco y dibujo un camino hacia su cintura. Entrelazo sus manos sobre su vientre plano y la apego a su cuerpo para así poder captar mejor su aroma. Pudo sentir todas y cada una de las formas de su delicado y esbelto cuerpo mientras que el aroma de su reciente baño se adueñaba de sus fosas nasales. Fue dejando una hilera de besos desde su mejilla, recorriendo su cuello hasta llegar a uno de su hombro. La sintió temblar y respirar forzosamente. Aflojo un poco el agarre posesivo y Kagome no desperdicio la oportunidad de liberarse. La vio huir hasta el lado opuesto de la sala, donde la gran ventana se dejaba picotear por la lluvia. Lo miraba con ojos asustados y tragaba saliva a duras penas.
-Y- y-yo debo… ha-b-b-blar co- con Naraku – tartamudeo intentando despejar su mente de aquellos pensamientos poco éticos que se habían situado en su mente.
-Ya lo hice – se jacto sonriente mientras el alivio se apoderaba de el. La chica solo estaba nerviosa, fue lo único que pudo deducir por la manera en que la chica había reaccionado ante sus caricias. No era que no lo amara – esta un poco en desacuerdo con la idea de que te quedes aquí, así que no te recomiendo que le llames ahora – le sugirió mientras se acercaba sonriente y con movimientos casi felinos.
'' Demonios… debió haberlo visto venir '', se reprocho a si misma. No pensó mucho en eso, tuvo que moverse de lugar en el que se encontraba plantada al ver a Inuyasha caminar hacia ella con la mirada dorada fija en ella, como un león a su presa. Se refugió tras el respaldo del sofá, haciendo que el mueble fuera lo único que estuviera entre ellos dos.
-¿Me tienes miedo? – pregunto el muchacho de nuevo encarándola desde el otro lado de su varonil sofá.
-¿YOOO?… ¡No! ¿Cómo crees? – mintió tratando de no ser tan obvia, aun que sabia de antemano que para eso ya era demasiado tarde.
-¿Cómo creo? – Salto ágilmente el sofá hasta posarse delante de ella, quien solo se limito a dar un paso hacia atrás totalmente abrumada – te ves asustada – murmuro con una voz tan apasionada que hasta el se escamo. Dio un paso hacia adelante y ella solo cerro los ojos, tratando de no salir huyendo –Tranquila… - susurro el – esto no tiene por que ser así. No te obligare a nada que no quieras hacer, solo… quería recompensarte de la manera mas estupenda de todas por todas esas veces en las que te e faltado como novio. Quiero ser lo mejor para ti.
Y ahí estaba, la decisión era suya. La puerta estaba tras su espalda, saldría corriendo de ahí si no fuera por que de repente se había dado cuenta de que se encontraba desnuda, con una toalla como vestido. También se dio cuenta de que se arrepentiría al día siguiente. No era que no quisiera, había imaginado ese momento varias veces, y ninguna se le hacia tan magnifica como la que ahora adornaba la sala, es solo que… No estaba segura de que fuera lo mejor, ni para el ni para ella, pero… ¿como podría saberlo? Lo pensó mucho, más de lo que hubiera deseado, y solo se dio cuenta cuando Inuyasha bajo el rostro, obviamente malentendiendo su silencio.
Suspiro. Había tomado su decisión, probablemente terminaría en desastre, pero que más daba. Dio un paso hacia adelante hasta estar a solo centímetros de su adorado ambariano. Inuyasha alzo la cabeza. Poso sus blancos y delgados brazos alrededor de su cuello y atrapo sus labios en un tímido y tierno beso que no tardo en ser correspondido. Ese beso decía muchas cosas, algunas hermosas y agradables que perdurarían en su mente eternamente, y otras, que hubiera preferido no escuchar.
El beso paso de ser una suave caricia a una imperiosa necesidad en el momento en que el muchacho atrapo su cintura de forma posesiva, tanto, que hubo un momento en que Kagome creyó que rasgaría la toalla.
La arrastro junto con el hasta rodear el sofá, sin dejar de besar esos dulces labios que en estos momentos parecían ser como la nicotina para un fumador. Solo se detuvo cuando ambos estuvieron delante del sofá para poder mirarla. Temblaba de nuevo, pero esta vez no parecía que fuera por estar asustada. Un relámpago sonó de nuevo, más imponente de todos los que había, más ruidoso que ningún otro que hubiera sonado esa noche. Las tenues luces que hacían compañía a las llamas de las velas se fueron apagando y prendiendo precipitadamente hasta que se consumieron por completo. No había que ser un genio para saber que eso se debía al escandaloso relámpago que posiblemente dejo sin luz a todo el edificio.
Ambos miraron a su alrededor sorprendidos. Inuyasha solo se limito a soltar un desabrido ''Ja…'' mientras que Kagome siguió pensando en la posibilidad de que Inuyasha fuera un mago, pues nadie podía tener tanta suerte en momentos como este.
Miro el departamento más detalladamente y pudo notar que ese cambio de luminosidad le daba al lugar un aspecto más suave y erótico del que tenía antes. La piel se le puso de gallina y volvió a dudar de su decisión. Sintió de nuevo los labios del muchacho sobre los de ella y supo que ya no tenia marcha atrás. La puerta de escape se había cerrado por completo y ahora ella debía enfrentar la aventura en la que se había enfrascado inconscientemente.
Con un brazo envolvió su cintura y con el otro se apodero de su nuca, intensificando el beso de lleno de una pasión que rayaba en la ira y la agresividad. Lentamente la fue inclinando hasta recostarla en el sofá, quedando el sobre ella con mucho cuidado de no dejar caer todo su peso sobre ese pequeño cuerpo, que desde hace tiempo clamaba como suyo. Aun recordaba la vez en la que tuvo una riña con el apestoso de Kouga, la vez que se entero de que eran novios y lo provoco argumentando que seguramente la había chantajeado y había abusado del estado emocional en el que Kagome se encontraba por el fallecimiento de su madre. Había ignorado esos comentarios como si de pan comido se tratara, y todo iba como miel sobre hojuelas, hasta que al muy estúpido se le ocurrió soltar que seguramente ella no lo amaba y eso fue más de lo que pudo tolerar. Kagome estuvo muy enojada con los dos. Ahora, estaba a punto de vivir algo sumamente maravilloso y era ella la que le daba esa oportunidad, a pesar de lo nerviosa y asustada que la sentía. Quien se atreviera a decir que ella no lo amaba seguramente no es encontraba en su sano juicio.
-Kagome… - ronroneo acercando sus labios a una de sus orejas para después poder morder el lóbulo de esta. Dio una rápida ojeada al resto de su cuerpo y pudo notar el afán con el que aferraba la toalla a su pecho, en un intento desesperado por suprimir su naciente nerviosismo y ansiedad. Sin quitarse por completo de encima de ella, se levanto solo un poco para despojarse de su camisa, dejando desnudo su bello torso de hombre creciente. Sintió satisfacción ante el sonrojo de la chica mientras buscaba cualquier otro lugar en donde perder sus ojos. Poso su mano sobre la que ella tenia improvisando como tenaza sobre el amarre de su toalla y no le permitió dejarla ahí – tranquila… - murmuro de nuevo intentando reconfortarla. Tomo su muñeca y poso su brazo por encima de su cabeza y no la soltó, mientras que con la otra desanudo la toalla.
De nuevo se sintió morir y tuvo que recordarse a si misma de respirar. Sintió claramente todos y cada uno de los movimientos que hizo el para desanudar su toalla y los sintió como una tortura. Era como si un millón de miradas se posara en ella cuando el aparto la toalla para dejarla expuesta. La vergüenza y el pudor era lo único que podía existir en su mundo en ese mismo momento.
-Eres hermosa… - lo escucho decir mientras la obligaba a mirarlo fijamente tomándola de la barbilla – no tienes que hacer esto si no quieres – no quería obligarla. Era tan hermosa y frágil. El jamás había tenido nada parecido y sentía que si lo hacia seria como estropear la mas fina y costosa porcelana, a pesar de lo estúpida que sonaba la idea de compararla con porcelana.
-Yo quiero… - se apresuro a decir valientemente. Después, sintió como el se posesionaba de su cintura, ahora desnuda, y la besaba de nuevo con mucha pasión. No estaba segura de lo que estaba haciendo. Había una pequeña vocecita en su cabeza que susurraba '' No lo hagas, no sabes que pasara después…'', pero apenas y podía escucharla gracias a la otra que le decía a gritos ''OH VAMOS… QUE IMPORTA…''.
Y ahí comenzaron, con el escenario más hermoso que jamás se hubiera visto, y con solo el amor de excusa. Sin duda alguna, la excusa perfecta.
Abrió los ojos de súbito. Estaba en un cuarto desconocido. Las paredes eran azul lavanda y se encontraba en una cama de tamaño matrimonial, mientras una colcha con decoración de mosaicos blancos y negros cubría su cuerpo desnudo ¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿En donde estaba? ¿Y por que estaba desnuda?
-¿Kagome? – escucho decir.
Se giro sobre si hasta quedar cara a cara con Inuyasha. El también estaba acostado y también estaba desnudo aparentemente. Le sonrió, recordando lo que había pasado anoche. Wow… no podía creer que había estado tan nerviosa, eso había sido lo mas hermoso y placentero que jamás había experimentado. Realmente mágico.
Le devolvió la sonrisa, sabiendo lo que ella estaba pensando. Sin duda alguna, eso había sido tan especial para ella como para el. Debía confesar que no era un santo, había perdido su virtud hace mucho tiempo, y si, también debía admitir que se la había pasado de lo mejor y no tenia nada de que quejarse, pero esta vez todo había sido diferente, esta vez no solo se preocupo por sentir ese placer erótico que por lo general se busca y se encuentra al tener relaciones intimas, ahora se había preocupado por que ella sintiera lo mágico que había en eso, y hasta el había salido satisfecho de mas. Definitivamente esa mujer era una hechicera y lo había embrujado.
No podían dejar de sonreír, ¿Quién podría dejar de sonreír? Habían pasado la mejor noche de sus vidas y ahora parecía que habían dormido con ganchos en la boca. Se lanzaba miradas llenas de júbilo a cada rato desde sus respectivos asientos. El día era nublado y las calles estaban totalmente empapadas por el aguacero de la noche, pero ellos no encontrarían la diferencia entre un basurero y un campo lleno de flores.
-¿Estas feliz? – pregunto el muchacho sonriente, como si no fuera lo suficientemente obvio. La escucho carcajearse escandalosamente por lo que la volteo a mirar desde su asiento con una ceja arqueada.
-¿Es lo mejor que puedes hacer para hacerte sentir menos incomodo? – pregunto la chica divertida.
-¿Quién se siente incomodo? –
-Ohhh por favor, ¿ya viste tu sonrisa? Un poco mas y hasta Homero Simpson luciría mas atractivo que nunca – soltó la chica intentando estoicamente no reír, pues sabia que si empezaba no podría detenerse.
-¿Ahhh si…? ¿Y que razón me das de ti, eh? Tu ya podrías promocionar Colgate si quisieras – mascullo el muchacho poco ofendido ante la comparación suya y la de una caricatura mediocre para adultos, cortesía de su acompañante.
-No, tu serias mejor para eso… pronto serás una gran estrella, no te haría mal ganar un poco de publicidad antes de que inicies –
-Tienes la boca llena de razón – admitió mientras hacia un gesto de que comprendía lo que ella decía – prométeme una cosa – exigió sin apartar la vista de enfrente. No tuvo que voltear para saber que ella había girado su rostro para verlo – si me llego a hacer famoso… – comenzó – Prométeme que me dejaras darlo a saber –
-¿Ehhh…? – Pregunto la muchacha sin entender muy bien lo que le estaba pidiendo, no por que no hubiera escuchado bien, sino por que era una petición un poco tonta – Pero, Inuyasha… -
-te quiero tener cerca conmigo – demando rápidamente el muchacho interrumpiendo a la nerviosa pelinegra que viajaba en el asiento de copiloto - quiero que todos sepan que Kagome Higurashi es mía y solo mía, de nadie mas –
-Pu-pues si… pero – la mujer ya no daba crédito. En esos momentos había muchas chicas hermosas, algunas celebridades y otras con la habilidad para conocer una, ¿en serio creía que iba a seguir eternamente enamorado de ella?
-Pero nada – decreto alzando un poco más la voz – cuando sea una celebridad, quiero que tú estés conmigo, en conciertos, giras, filmaciones. Quiero que todos sepan que tu eres mi Kagome, y que vean que no necesitamos a nadie mas para ser felices, así, si algún día decides dejarme, todo aquel que se acerque a ti con la intención de cortejarte, se sentirá intimidado e insuficiente tratando de seducir a la ex novia del mejor cantante del momento –
Ohhh… ahora comprendía por que tanto capricho.
-Ósea… que te importa un soberano cacahuate que yo me quede solterona de por vida –
-Si por que… en primera, soy alérgico a los cacahuates. En segunda, así te darías cuenta de que no ahí nadie que pueda suplantarme en tu vida. Y en tercera, si no eres mía no eres de nadie.
-Ey – atrajo la atención del hombre exitosamente – te quiero, y tendrían que pasar un siglo para que yo pueda cambiar eso.
No supieron ni como, pero para cuando acordaron ya habían llegado a sus vecinos hogares. Apago el motor y se quedaron así, sentados, sin bajar del auto, como si supieran que aun no habían terminado de hablar.
-Un siglo… no es suficiente para mi – volteo a verla de manera casi dolorosa y ella se contagio al verlo.
Se acerco a el y lo beso. Debió tener mas cuidado con sus palabras, se le había olvidado que ese muchacho sabia hallarles sentidos distintos a las palabras, por mas simples que fueran. Sintió como el rápidamente la tomaba por el brazo y la jalaba hacia el. Lo sintió ansioso, lo sintió arder, sintió claramente que estaba extrañando el encuentro íntimo de la noche anterior. Tuvo que apartarlo muy lentamente de su cara, el aire se estaba haciendo escaso y ella ya comenzaba a sentir que la cabeza le estallaría.
-Adiós – fue lo único que dijo antes de darle un rápido beso en la mejilla. Tan rápido, que no le dio la oportunidad a Inuyasha de atraparla de nuevo. Abrió la puerta del auto y la cerro una vez que estuvo fuera de el. Dio media vuelta y al ver su casa se paro en seco. De pronto tuvo un presentimiento de que preferiría mil veces que se tratará de la de la película ''Monster House'' antes que de la suya ¿Qué pasaría ahora? ¿Qué era lo que la aguardaba dentro de esa casa? terriblemente terrorífica por el momento. Toda esa satisfacción y alegría que había sentido esa mañana, la habían traicionado y la habían abandonado para dejarla ahí, parada, inmóvil, plantada como una estatua al duro concreto que tapizaba la acera.
La vio quedarse congelada mirando la casa como si de una selva virgen se tratara. Salió del auto azotando la puerta de la manera mas leve posible y camino hasta posarse a su lado. Al parecer la chica no se dio cuenta de que su presencia cercana, fue ahí cuando realmente se preocupo por lo que la chica estuviera pensando.
-¿Pasa algo? – inquirió frunciendo el ceño mientras la miraba.
-No – mintió la muchacha mientras tomaba aire todo lo que sus pulmones.
-¿Quieres que te acompañe adentro? – ofreció Inuyasha. Vio a la chica soltar un suspiro y cerrar los ojos por un momento, como si estuviera buscando las palabras adecuadas y al mismo tiempo el valor que le faltaba. Abrió y miro la puerta fijamente.
-No – repitió dando un paso tras otro hasta llegar a la puerta de esa casa. Se sintió valiente en el momento en que introdujo su llave en la cerradura para abrirla, pero en el momento que se cerró la puerta tras su espalda sintió como todos sus esfuerzos fueron en vano desde un principio. Estudio la casa con suma cautela, como si estuviera inspeccionando que el terreno era seguro. Sintió un aroma de comida invadir su nariz, y tuvo que arquear una ceja. ¿Quién estaba cocinando? ¿Acaso su insufrible padrastro escondía talentos culinarios?
Camino en dirección a la cocina, esperando encontrar al responsable de aquel delicioso aroma, pero apenas y se había propuesto llegar a la entrada de esta cuando…
-HOLA KAGOME ¿COMO ESTAS CARIÑO? ¿TIENES HAMBRE? … -
Naraku la asalto hablando tan alto, como si estuviera a kilómetros de distancia y tan rápido como si alguien hubiera filmado su voz y la estuviera adelantando en una grabadora. Kagome tuvo que soportar estoicamente las ganas de gritar y luchar por no caerse mientras su padrastro la arrastraba por la casa en dirección hacia el comedor. Llegaron a la mesa, el a paso rápido y preciso y ella dando tumbos por toda la casa. Prácticamente fue arrojada a la silla antes de que pudiera preguntarse… ¿QUE DEMONIOS ESTABA PASANDO? En una fracción de segundo vio a Naraku sentado en la silla de adelante, de modo que lo único que los separaba era la pequeña mesa cuadrada. La expresión de su rostro masculino no le respondía ni le aclaraba el por que de su extraña actitud.
-Contrate una empleada domestica para que se encargue de la casa. Me doy cuenta de que te tomas demasiadas molestias en cuanto a las labores domesticas y te quejas demasiado poco para ser una adolecente – la manera exagerada en que mantenía los ojos abiertos no pasaba desapercibida, y era tanta la firmeza con la que miraba a la muchacha, que Kagome temió que estuviera intentando hipnotizarla - ¿Y como te fue en tu ''cita''? ¿Sabes que? Ni me digas, te a de haber ido genial, cenando, caminando por las calles, aunque si me preguntas, no es para nada prudente caminar bajo la lluvia, y luego con esa tormenta… – parloteaba hasta por los codos y eso solo alimento mas la confusión de la chica.
no 8:13 a.m.
Parloteo…
8:20 a.m.
Parloteo…
8:30 a.m.
Siguió parloteando…
8:45 a.m.
Ah caray… creo que se rayo el disco…
8:59 a.m.
AHHH… CHIN#€& MA&%$, CAMBIEN DE DISCO.
Arrojo de mala gana la servilleta a su regazo y lo fulmino con la mirada por enésima vez mientras el hombre continuaba con su charla personal entre el y una persona que al parecer debía ser ella. ¿Cómo habían llegado al tema de su cita de anoche al del salario mínimo que recibían los vagos de Francia? La dulce anciana que su padrastro había contratado para ser su sirvienta ya había servido el postre: un delicioso pedazo de pastel de chocolate; del cual el no había probado ni una pizca. Kagome fue obligada a fantasear con la idea de comprarle un loro gigante al parlanchín que juraba que era escuchado por la enamorada muchacha.
-NARAKU… - trato de no elevar tanto la voz y fue solo un gruñido moderado el que pudo emitir – ¿Te sientes bien? No estas parpadeando y llevas mas de media hora hablando.
- La verdad… no…no me siento bien… ME SIENTO GENIAL, y de seguro tu te debes sentir mejor que yo – nada de lo que decía parecía tener sentido – si por que ESTE ES TU hogar – profirió de un modo tan extraño y Kagome sintió escalofríos – Aquí no te falta nada, aquí es el único lugar en el que no te faltara, aquí esta lo que queda de tu familia – esto ultimo le dolió a la chica – aquí eres muy feliz… ¿verdad?
La pregunta del millón. Esa pregunta se la había hecho varias veces hace muchos años, y en todas había respondido que si, pues su madre siempre estaba presente en esa felicidad. Desde que ella ya no estaba se había olvidado de esa pregunta, y por supuesto de su importancia.
-Eh… si… - profirió, no por que fuera verdad, por que con tal de quitarse es mirada diría que hasta para saltar de un avión sin paracaídas.
Camino de nuevo por la habitación que había pertenecido a Naomi y el durante muchos años. Trazo la misma ruta que había recorrido desde hace 17 minutos.
-Maldita sea… ¡MALDITA SEA! – estampo su enorme puño contra una pequeña mesita de noche. Sus nudillos punzaron y el solo los ignoro. Se estaba acabando sin ideas, tenia que hacer algo y pronto, o si no todo se le saldría de las manos. Contratar a una sirvienta para que la muchacha se sintiera mas a gusto en esa casa había sonado muy apelante antes de haberlo hecho. Ayer ella había salido con ese… ese chico y habían pasado la noche en su departamento haciendo Dios sabe que cosas – No… no ella no lo haría. Ella no es como su madre… - no ella era completamente ella, era su Kagome, nada se la iba a quitar, mucho menos un inexperto adolescente enamorado y tonto. Pero aun así no podía sacarse de la cabeza la idea de esa muchacha, que tantos años había procurado, la había protegido, la había visto crecer y la había criado desde que la pequeña nació, ahora, entregándose sin recatos ni pudor al placer de la carne. Sintió todo su cuerpo arder en furia y celos, cosa que era notable a leguas considerando la manera en que temblaba. Hasta un medico hubiera pensado que estaba convulsionándose. Inconscientemente hizo de su mano un puño tan intenso, que sus nudillos pasaron de estar al rojo vivo a volverse blancos. Pudo ver su reflejo enfebrecido en el espejo que ocupaba las puertas de su armario y entonces…
¡CRAAAAAASH!...
Estaba mirando la tele de manera aburrida. A esa hora no había nada interesante así que solo se dedico a ver las noticias. Aun no se sentía lo suficientemente tranquila como para dejar de pensar en lo ocurrido con su padrastro en la mañana, la manera en que se había comportado con ella era totalmente indescifrable y eso no la hacia sentir mas tranquila. Por otro lado, tenia que admitir que la nueva empleada domestica era muy dulce y la había caído de maravilla. Urasue, era su nombre, y ella le recordaba a su adorada nana Kaede. El teléfono sonó interrumpiendo sus pensamientos y ella solo tuvo que estirar la mano desde la comodidad de su sofá para poder contestar.
-¿Hola? –
-¿Kagome? Soy yo, Sango – respondió la castaña desde el otro lado de la línea.
- Ah hola Sango, ¿Qué pasa? – pregunto la muchacha visiblemente contenta por recibir la llamada de su mejor amiga.
-Eso mismo iba a preguntarte yo – inquirió la muchacha alzando y agudizando mas la voz.
Kagome frunció el ceño y tomo el control para bajar el volumen de la televisión.
-¿Por qué? ¿Qué sucedió? – exigió la pelinegra.
-Sucedió que anoche recibí una llamada de tu padrastro a plenas 12:00 de la noche preguntándome que en donde estabas, y en que lugar vivía Inuyasha – soltó totalmente molesta mientras que hacia un esfuerzo sobre humano en no romper el auricular.
-¿Qué? – pregunto frunciendo el ceño y los labios mas de lo normal para un ser humano.
-Si, tal y como escuchaste. Eso, sin mencionar que estuvo media hora implorándome que me hiciera su empleada domestica y que me presentara a trabajar hoy mismo.
-Pero… ¿Cómo di…? Pero si… - no conseguía articular palabras ¿De que se trataba todo eso? – Pero si hoy ya tenía contratada a una mujer para que se encargara de eso cuando yo regrese en la mañana.
-Pues yo no se lo que este pasando con el señor Higurashi, pero si mi madre se llega a enterar de esto seguro que querrá tener una seria charla con el.
-Ay Sango, como lo siento, no tenia idea, si no me hubiera ido…
¡CRAAAAAASH!...
El sonido de algún vidrio haciéndose añicos alerto a la pelinegra, provocando que instintivamente volteara el rostro hacia las escaleras, pues al parecer el sonido venia de la planta de arriba.
-Sango algo paso… - menciono sin dejar de mirar la dirección en la que las escaleras se encontraban – tengo que colgar, luego te llamo – se despidió sin esperar que Sango le respondiera y camino hacia el segundo piso, sin dejar de preguntarse que había pasado allá arriba. Primero verifico su cuarto, pero todo estaba normal, tal y como lo había dejado, después investigo en el cuarto de huéspedes y el baño, pero todo estaba igual. El último que quedaba era el que había sido de su madre y de Naraku. Hacia meses que no se había atrevido a entrar ese cuarto, por miedo a recordar, pero ahora ya estaba mejor que antes, así que probablemente no seria tan malo como pensaba. Tomo el picaporte y lo giro lentamente, esperando lo que fuera que había ocurrido. Una vez adentro vio todo el cuarto en tinieblas. Si su madre estuviera ahí, seguro que todo luciría muy distinto. Después de hacer su ligera crítica pudo ver lo que había sido ese sonido. El espejo roto y su padrastro en medio de esa selva de vidrios despedazados con su mano sangrante decían más que lo periódicos acumulados en una de las esquinas de esa habitación.
No hacia nada, solo veía la sangre fluir de su mano y la sensación que le causaba le era tan placentera como verla. No era que disfrutara del dolor, es solo que no quería hacer nada al respecto para hacerlo desaparecer, ese dolor hacia que ya no pensara en Kagome, en que solo era cuestión de días para que ella cumpliera la mayoría de edad y volara lejos de el, como estaba escrito en el destino de muchos. Sintió a alguien posarse a su lado y su dulce fragancia a flores silvestres invadió sus fosas nasales. Alzo la vista, sabiendo de antemano de quien se trataba y acertó. Era Kagome quien estaba a su lado, tan cercana a el y sosteniendo en sus dos pequeñas manos la suya, que ya estaba pintada de rojo por completo. Se sintió tan bien a su lado, y hubiera deseado quedarse así por siempre, pero fue ahí cuando se le ocurrió mirar hacia los periódicos que había escondido en su habitación. La enorme pila estaba descansando en la esquina más cercana a su cama y tuvo miedo, miedo a ser descubierto. Ese miedo lo hizo sudar frio. Había adquirido la costumbre de levantarse en las mañanas, mucho antes que ella, para tomar los periódicos que se dejaban a diario en las mañanas y esconderlos, pues sabía de antemano que ella estaba buscando empleo y algún departamento para mudarse.
-¿PERO QUE PASO CONTIGO? –
-Este… yo… - no sabia que contestar. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué había sido victima de celos asesinos y que no pudo evitar desquitarse con un espejo? Y encima tenía que sacarla de esa habitación antes de que lo descubriera – la verdad… y-yo…
-¿Sabes que? – Interrumpió la muchacha desesperada por no recibir respuesta concreta – Olvídalo, iré por unas vendas o unas gasas para curarte eso – decreto mientras salía del cuarto como una bala de la habitación sin importarle que el herido le siguiera el paso. Algo extraño estaba pasando, y no sabía por que prefería no saberlo.
'' ¿me tienes miedo? ''
Todo a su alrededor era de color blanco y muy impecable. No se distinguían los horizontes, no podía saber si iba hacia adelante o atrás, hacia arriba o abajo, hacia un lado o hacia el otro.
'' ¿Cómo creo? ''
Dio un paso hacia adelante pero se detuvo. Vio que en el suelo, blanco por supuesto, se comenzaron a formar círculos, como si estuviera parada sobre agua. Jadeo asustada.
'' Te ves asustada ''
Miro hacia adelante y lo encontró a el, sonriéndole, de esa manera que tanto le gustaba. Después de eso, algo la impulso a mirar a los lados. Al lado izquierdo, miro a un niño, que no debía tener más de tres años. Su cabello de un color negro y brillo muy azulado, su tez pálida, sus enormes ojos color dorados y su pequeño cuerpecito la hicieron sentir un amor tan grande que ni ella misma supo el por que solo tenia ganas de correr hacia el y abrazarlo, como si nada fuera mas importante. Lo habría hecho si no hubiera volteado hacia la derecha y encontrado ahí a una mujer. Era muy hermosa, demasiado, su cabello era negro y muy largo, parecido al de ella, con la diferencia que el suyo era rebelde y con rizos desobedientes en las puntas. El de ella le llegaba más debajo de la columna y era completamente obediente. También tenía un hermoso rostro, con finas y delicadas facciones. Blanca como la leche y con enormes ojos oscuros, pero sumamente fríos y calculadores. Le tomo bastante tiempo darse cuenta de que se trataba de su hermosa hermana grande: Kikyou.
'' Tranquila ''
Vio a Kikyou convertirse en una sombra y recorrer la distancia entre ellas, pero no se detuvo con ella, se detuvo junto al niño que ella había visto. Su sombra lo envolvió también y se dirigió a otro lugar. Kagome la busco y la encontró, en el mismo lugar en el que estaba Inuyasha. El estaba ahí dejándose envolver por aquella sombra purpura. No entendía ni una pizca de que estaba sucediendo, solo soportaba el dolor que le causo que aquella nube envolviera a Inuyasha y a ese pequeño, tan hermoso ante sus ojos que su amor era casi palpable. La sombra se desvaneció y pudo ver un cuadro realmente inquietante. Para cualquiera seria una imagen sumamente hermosa, pero para ella era realmente terrorífica y sintió un retorcijón en el estomago. Kikyou lucia una hermosa sonrisa, pero no la miraba a ella, miraba a Inuyasha, y el le devolvía esa sonrisa. Frunció el ceño, el cabello de Inuyasha ya no era de color carbón, era plateado, casi blanco. En sus fuertes brazos, el niño que había visto antes, estaba aferrado a el. Su rechoncho rostro lucia triste, algo muy dentro de ella la decía que ese niño no se sentía bien ahí. Se le rompió el corazón.
'' Quiero ser lo mejor para ti ''
Intento caminar de nuevo, hacia donde estaban ellos, pero sintió que algo ataba sus pies al suelo. Miro hacia abajo y vio a Naraku y a Kouga. Ambos sobresalían del suelo como si tuvieran medio cuerpo dentro del agua de una piscina. Kouga sujetaba su pie izquierdo y Naraku su pie derecho. Ninguno tenía la intención de soltarla. Miro hacia adelante y vio como la familia de su hermana se daba media vuelta y se iban alejando lentamente. El niño lloro y pataleo por sobre el fornido hombro del muchacho, aunque a este no pareció inmutarse ni por un segundo. Vio los llorosos ojos del niño posarse en ella y mirarla suplicante, como si esperara que ella lo salvara de un horrible destino. Ella intento de nuevo avanzar, pero el par de estatuas aun seguían bajo ella aferrando sus pies a la superficie. Entonces lo sintió, sintió como se iba hundiendo en ese extraño suelo/agua. Eran esos dos los que se iban hundiendo lentamente, con rostros inexpresivos, mientras ellos también se hundían junto con ellos. Intento gritar pero nada salió de sus labios. Fue en vano intentar luchar, ahora no podía moverse para nada. Ya estaba hasta el cuello y sentía miedo y dolor, mientras veía el amor de su vida alejarse con ese pequeño y su hermana mayor. Sintió como su cuerpo se iba quebrando poco a poco y la garganta estaba seca. Sintió como si hubieran introducido una pequeña burbuja con todos los sentimientos malos habidos y por haber en su pecho y al momento de que esta explotara todos se liberaran y recorrieran su cuerpo. Era realmente espantoso.
Abrió los ojos de súbito y se encontró a ella misma en su habitación. Todo había sido una pesadilla. Una horrible y muy realista pesadilla.
Caminaron por las calles que los separaban de sus hogares, tomados de la mano por supuesto. Se habían tenido que escabullir por la parte trasera de la academia, pues se corría el rumor de que un baño de huevos, confeti y hojas de árbol secas esperaba a Inuyasha en la entrada/salida principal de la prestigiosa preparatoria. Era esa la razón por la que iban un poco mas retrasados de lo habitual, pero a ellos no les molestaba.
-Que bonito día… - susurro posando sus bonitos ojos marrones en el cielo azul, totalmente limpio y con unas cuantas nubes estorbando.
-Pues claro, vas de la mano con el próximo mejor cantante de Japón – se jacto el muchacho mientras daba a notar su gallarda sonrisa. Sintió la pequeña de ella zafarse de su agarre y volteo a verla. Ella seguía su paso con una sonrisa presumida y cómplice.
-¿Decías? – pregunto picaronamente.
-Ja, ja, que graciosa – mintió desabridamente mientras intentaba tomar su mano, pero esta no se lo permitió y el la miro extrañado. La vio enseñarle la lengua y comprendió el juego. De nuevo, intento fallidamente tomar su pequeña mano femenina, pero ella la volvió a retirar, esta vez apartándose solo un poco de el, en guardia – Ahhh… con que si ¿eh? – con los brazos trato de atraparla, pero ella fue mas rápida y lo esquivo.
La muchacha salió corriendo y el la persiguió. Ella iba riendo a carcajada suelta y limpia, a leguas se notaba que para ella era solo un juego, mientras tanto, el solo se dedicaba a intentar atraparla, con el mismo entusiasmo, pero sin demostrarlo tanto. Para el no era un juego, para el era una prueba divertida. Tan dedicados iban en su pequeña carrera, que ninguno se percato de que un lujoso auto rojo avanzaba hacia Kagome, con velocidad regular, la cual seria suficiente como para arrollar la pelinegra.
Estaba a pocos centímetros de atrapar a la divertida chica, fue solo ahí cuando noto como un auto pintado de un flameante rojo avanzaba hacia su novia. Escucho el claxon del auto sonar y actuó por instinto en fracción de segundos. Kagome, quien al parecer también había escuchado, se paro en seco, convirtiéndose en el blanco perfecto del vehículo. Eso le dio a Inuyasha la oportunidad de pescarla por el brazo y arrastrarla hacia atrás, quitándola del camino del auto, mientras este, haciendo un ruido insufrible al intentar frenar paro tan secamente, que si fuera mas ligero probablemente se habría volcado.
-¿Kagome? ¿Te encuentras bien? ¿No te paso nada? – inquirió el ambariano, ignorando la conducta del vehículo. La chica parecía tener problemas para digerir que había ocurrido, como si ni siquiera si hubiese enterado de que había estado a punto de se atropellada.
-¿Eh? ¿Yo? Si… e-estoy bien – respondió algo atontada, sin quitarle la vista de encima a ese carro, algo en el se le hacia conocido, como si tuviera alguna especie de personalidad que para ella era familiar. Vio la puerta del lado del chofer abrirse rápida y violentamente, y de este bajarse una elegante y hermosa mujer salir de su interior mirándola llena de preocupación. Kagome abrió tanto los ojos, que bien podrían haberse caído al suelo, pero era su mandíbula la que estaba más próxima a estamparse en el duro concreto.
-¡KAGOME! ¡KAGOME! Por amor de dios mujer ¿te encuentras bien? – pregunto histérica la joven conductora mientras se acercaba tan rápido como sus tacones se lo permitían.
-Oye ¿Quién es ella? – pregunto Inuyasha, que había volteado a ver a la despampanantemente bella mientras esta se acercaba a paso veloz con la cara pintada de preocupación.
-Kikyou… - susurro Kagome sin mirarlo a el, estaba mas ocupada mirando a su hermana ¿Qué hacia ella ahí? Era lo único que se podía preguntar, eso y ¿Por qué?
Recordó la pesadilla de la noche anterior, casi por instinto. Quizá seria un presagio, aun que ella no era de ser muy supersticiosa. ''Seguro que todo es una casualidad'' se forzó a pensar mientras la veía pararse frente a ella con toda la pinta de estar preocupada. Se le hizo tan difícil pensar algo malo de ella en el momento en el que la abrazo tan cálidamente. No, ella no podía hacerle nada malo, una cosa era que fuera vanidosa y exigente, y otra muy diferente era que fuera una mala persona. Ella no iba a hacerle daño, al menos no apropósito.
