ADVERTENCIA: Este fic puede tener algunas escenas no aptas para todo público, mucho agradecería consideraran lo siguiente antes de continuar. Sin embargo, dichas escenas son tratadas con el mayor realismo posible y el total respeto a la personalidad de dichos personajes. La historia de Candy Candy no me pertenece, este fic sólo persigue fines de entretenimiento, ningún lucro en particular.
Pues este es el tercer capítulo y agradezco los comentarios a favor y los tomatazos también, jejejeje...algunos señalamientos como corchetes y flechitas significan sueños y flash back, debido a que no se manejar textos en html jejejeje (detalle que estaba olvidando precisar). Gracias por leer mi escrito.
UNA ROSA PARA SIEMPRE
Capítulo III
De vuelta a Londres
por Angelysoul
- ¡¿Qué se han ido a dónde?! - Archie se levantó de su silla al escuchar lo que el tío abuelo le contaba - ¿pero cómo ha sido posible eso? ¿por qué no los detuviste, Albert?
Aquel hombre rubio continuó parado junto al gran ventanal, su mente buscaba alguna solución. Sabía que debía hacer algo ¿pero qué?.
- Archie ¿crees que de haber podido no lo hubiera hecho? Esos dos son capaces de todo. No tengo ni idea para qué van a Inglaterra detrás de Candy, pero no debe ser para nada bueno.
- ¿Hasta cuando van a dejar de molestarla Eliza y Neil?, ¿qué es lo que quieren?
- Lo mismo me pregunto. Sé que Eliza no vio con agrado mi actitud ante el anunció del compromiso entre Candy y Neil. Algo es seguro: harán lo posible por salirse con la suya.
- Neil quiere casarse a toda costa con Candy... después de lo que la hecho sufrir, ¿cómo osa siquiera imaginarse que su amor puede llegar a ser correspondido? ¡Está completamente loco!
Albert se alejó del ventanal con la mirada fija en el suelo.- Por el momento, querido sobrino, no nos queda más que esperar. Por otra parte, Candy es una joven muy lista que ya está acostumbrada a los sucios planes de ese par, así que no creo que esto pase a mayores salvo un mal rato que con seguridad le harán pasar a la pobre.
- Supongo que no tenemos más remedio que esperar - asintió resignado tratando de disimular su preocupación, Archie se dirigió a la puerta - Tengo que ir a visitar a Annie, no tendré más remedio que contarle todo. Pobre, se va angustiar demasiado, pero de todas formas se va a enterar así que más vale que sea yo quien se lo diga
- Sí, tal vez sea mejor que tu le informes cómo está la situación.
Archie se dirigió a la puerta con paso presuroso.
- Archie...- le llamó el hombre justo antes de que abriera- Hay algo más quisiera platicar, no sólo lo del viaje de ese par.
- Tú dirás- se regresó aceptando el asiento que de nuevo le ofrecía aquel hombre que tenía a su cargo el poderío de esa familia.
El hombre rubio tomo asiento en otro sillón individual apoyando sus brazos sobre sus muslos, dejando caer su cabeza con la vista al suelo.-
Los Britter han venido a visitarme ayer por la tarde...
Archie miró sin entender el trasfondo de lo que Albert quería decirle, una visita de los Britter no era para tanto salvo que algo muy grave sucediera.
- ¿Pasa algo malo Albert? - preguntó sin más.
- No precisamente, salvo que tú lo consideres que lo es - hizo una pausa para tomar aire e incorporarse y ver de frente a su joven sobrino - Me han, digamos, puesto en claro cual será la dote de Annie para cuando se case; y créeme, es muy generosa.
- ¿Qué estás diciendo?
- Los Britter han puesto las cartas sobre la mesa para cuando tú decidas pedir a Annie en matrimonio, y tras el noviazgo que ustedes han tenido no es más de esperarse que ustedes dos se casen. Te confieso que eso es algo que yo también he dado por hecho - vio que el rostro de Archie palidecía - pero por tu cara supongo que me he equivocado.
Confundido, el joven se puso de pie.- Albert, Annie es una mujer realmente hermosa con todas las virtudes que debe tener una esposa, pero no creo estar listo para casarme. Todavía no
- ¿Por qué?
- ¿Por qué? Pues porque...bueno, deseo terminar mis estudios, tengo que ofrecerle un futuro digno de ella.
La carcajada de Albert resonó en todo el salón.- Pero si tu futuro ya está asegurado, Archie, no en balde trabajo de sol a sol para mantener la fortuna de esta familia; te aseguro que por problemas económicos no tienes de que preocuparte, con lo que te toca de la fortuna tienes para vivir tranquilo por el resto de tu vida y con una numerosa familia, si así lo prefieres - añadió divertido.
- Tienes razón, - su mirada se tornó sombría - pero si he de ser sincero, entonces creo que debo confesarte algo...
- Aún no has olvidado a Candy - concluyó de pie y vio como su sobrino lo miraba con gran asombro.
Su secreto había sido descubierto, Archie nunca se lo confeso a nadie, sólo su hermano muerto fue testigo de la historia de cómo se dio su noviazgo con Annie, pero Albert continuó hablando - No soy ciego, todos estos años me he fijado en tu actitud hacia ella, la forma en que la miras, el tono de tu voz cuando mencionas su nombre.. soy hombre y puedo reconocer la mirada de otro hombre cuando está enamorado.- el joven magnate caminó hacia su escritorio - Pensé que al final el cariño que le tienes a Annie podría convertirse en amor, pero veo que me equivocado.
- Albert...yo...yo sé que no puedo fallarle a Annie. Sí, en verdad la quiero, no puedo decir que no he aprendido a amarla en cierta manera, su forma de ser es tan dulce, sin embargo la imagen de Candy me confunde, es un sentimiento que no he podido enterrar por completo...¡no sé que hacer!.- inclinó su rostro con gesto de derrota.
- Querido sobrino, no te preocupes - trató de calmarlo al ver que empezaba a alterarse un poco - Cierto que tienes un compromiso con Annie que parece ineludible, pero antes que nada tienes un compromiso con tu honestidad y con la confianza que siempre ella ha puesto en ti. Debes aclarar tu mente y tu corazón primero. Si te he comentado lo de los Britter es porque considero que debes estar al tanto de esto, al fin y al cabo eres el principal implicado. Nada me daría más gusto que verte felizmente casado, iniciando tu propia familia. Pero piénsalo todo muy bien, luego volvemos hablar, por lo pronto no le comentes nada a Annie hasta que no lo platiques bastante contigo mismo.
Tanto su corazón como su mente le dijeron que ese consejo debía seguirlo, hablaría muy seriamente consigo mismo, y luego hablaría con Annie.
Al entrar a su camarote, Terry se sorprendió al ver a su madre sentada en un pequeño sofa - ¿Qué haces aquí? Alguien pudo verte.
- No te preocupes, nadie lo hizo - le sonrió dejando a un lado el libro que leía mientras esperaba a que su hijo llegara. - Te preguntarás por qué estoy en este viaje.
Terry comenzó a acomodar su equipaje, y le habló sin verle a la cara .- Tal vez. No te voy a negar que me sorprendió verte llegar al muelle.
- ¿Estás molesto?
- ¿Porque vas a Inglaterra? No - notó que no estaba siendo precisamente amable con su madre - Es sólo que estoy algo cansado. Me imaginó que el señor Hattaway te ha invitado ¿cierto? ¿Actuarás con algún personaje en particular?
- Sí, y lo pensé mucho antes de darle una respuesta. La verdad que no quería incomodarte, pero sentí que debía hacer este viaje, algo me lo decía en mi corazón.
Aquellos ojos azul profundo vieron a la madura mujer con cariño, tal vez no lo expresaba abiertamente, pero Eleanor Baker sabía que se había ganado poco a poco el amor de su hijo, aunque no toda su confianza; era difícil hacerle hablar sobre sus preocupaciones y en ese momento su mirada reflejaba cierta tristeza.
- Creo que será mejor dejarte descansar un rato. Sólo vine para explicarte mi presencia en este viaje - suspiró resignada la mujer, quería saber que era lo que le tenía tan preocupado, pero como siempre Terry se quedaba callado - Te veré en la cena, supongo, con Susana.
- Sí, con Susana - dijo cansado
La espigada figura se dirigía hacia la puerta.
- ¡Madre! - la llamó el joven.
- ¿Sí? - se detuvo para verle el rostro, y lo que descubrió en él la llenó de una infinita tristeza. Su hijo estaba sufriendo, y mucho, algo le decía que lo que iba a decirle le traería a Terry aún más dolor - Dime -trató de hacer una de sus actuaciones más difíciles: fingir ante su hijo que no notaba el sufrimiento de su corazón.
- Le pediré formalmente a Susana matrimonio, pondremos la fecha de la boda al llegar a Londres.
Ella no soportó escuchar su tono apagado y ver su mirada llena de amargura. Suspiró, cerró los ojos y se dio la media vuelta para ya no ver esa imagen abatida de su más preciado tesoro, sin embargo atinó a decir:
- No tiene caso que dé mi opinión, sé que no cambiarás en tu decisión, pero lamento que vayas a cometer el error más grande de tu vida. - salió del camarote.
- No - dijo ya sólo con un tono de sarcasmo - el error más grande de mi vida ya lo he cometido, sólo estoy pagando las consecuencias.
El viaje apenas comenzaba y era largo, sin embargo él deseaba que no llegara nunca a su término, pero cumplir ese compromiso no podía posponerlo más, y aún si pudiera ¿qué caso tendría? ¿es que estaba esperando un milagro para que todo fuera como antes? Un milagro, recordó, una vez pidió un milagro para que Candy se quedara en Nueva York, pero parecía que hasta Dios se negaba a escucharlo.
En la esquina de aquel lujoso restaurante se apreciaba a una pareja cuyos rasgos eran muy similares, tanto como la maldad en su corazón. Sentados en aquel rincón, discutían sus bien fraguados planes.
- Espero que no nos sea muy difícil encontrar a Candy en Londres - dijo Neal Leagan al tomar su café.
- No lo creo - le contestó Eliza sin dejar de leer el periódico en la sección de sociales y espectáculos - Tan sólo hay que buscar la residencia de los O´Brian - siguió leyendo - Vaya, vaya, pero mira quién llena la columna de espectáculos - su mirada adquirió un brillo malicioso y su tono de voz hizo voltear a su hermano con repentino interés.
- ¿De qué hablas?
- De mi adorado Terry Grandchester...mmmmm...parece que le está yendo muy bien desde que le partió el corazón a la ilusa de Candy - soltó la carcajada, y sin esperarlo su hermano le arrebato el periódico.- Oye...
- ¡Maldito bastardo! - veía con furia la foto publicada de Terry, hasta que reparó en lo que decía el artículo - Escucha esto hermanita, probablemente te quite tu aspecto de felicidad: "La compañía teatral Stratford viajará a Londres para el afamado festival de William Shekaspeare, donde los mejores representantes y críticos del género se harán presentes; la carta fuerte de este grupo de actores será Terruce Grandchester, quien sin duda elevará aún más su carrera con sus actuaciones de Romeo y Hamlet.".
Neil aventó el pedazo de papel con furia y la cara de Eliza no reflejaba un mejor humor.
- No puede ser, Terry en Inglaterra - logró decir ella. - No es posible ¿te das cuenta de lo que esto significa?
- Tranquilízate ¿quieres? - trató de controlarse al momento que su mente analizaba la situación - ¿qué probabilidades hay que se encuentren?
- ¡¿Qué probabilidades?! ¡¿qué probabilidades?! - se levantó más que furiosa y alzando la voz - ¡Idiota! Todas las probabilidades del mundo. El festival de Shekaspeare seguramente no pasa desapercibido en Inglaterra y Candy estará allá en las mismas fechas, es muy probable que se entere que Terry también está allá.
- Candy no lo buscará, eso es seguro.
- No tientes al destino, Neal. Vámonos, tenemos que salir a Londres cuanto antes - salió del lugar y Neal corrió tras ella luego de dejar el dinero de la cuenta.
La vista ante sus ojos era realmente impresionante, era como si fuera la primera vez que hubiera visto ese paisaje, sin embargo recordaba muy bien el lugar que tenía ante sus ojos: el puerto Southhampton. Esta vez no habría nadie esperándola, ni tampoco se toparía con un chico misterioso de mirada azul intensa. Definitivamente, suspiró Candy, ese era un viaje muy distinto.
A pesar de la guerra en Europa, el territorio británico no estaba viéndose afectado directamente. Sin embargo, sabía que al otro lado del canal de la Mancha, sangre era derramada en los campos de batalla. Eso la hizo recordar aquella vez que en la que tuvo la oportunidad de participar como enfermera de guerra, si lo hubiera hecho, tal vez nunca hubiera pasado las cosas como fueron y no se hubiera separado de esa manera de Terry.
-¡Terry! - dijo en un suspiro al sentir la brisa que alborotaba sus rubios rizos, mientras el barco poco a poco se acercaba al muelle - ¡Inglaterra! Los recuerdos vuelven a mi mente. Siento que algo presiona mi pecho.
- Candy...- Paty se acercó a ella - ya está listo el equipaje. Un joven nos ayudará a bajarlo. - los obscuros ojos de la joven observaron el puerto con una mirada llena de nostalgia - Inglaterra, no creí que volvería pronto a ella. Parece que han pasado siglos desde que partí a América.
- Sí, a veces se tiene esa sensación - contestó Candy algo distraída.
Paty observó la triste sombra que cubría la mirada de su amiga, sabía lo difícil que era para Candy realizar ese viaje. De pronto tuvo la necesidad de contarle lo que había pasado en Nueva York, ese viaje había sido un tormento para ella, tener que callarse ante su amiga que estuvo a punto de reencontrarse con Terry, no fue fácil.
- Candy... - dijo con cierta timidez la chica, sin atreverse a decirle ese secreto que comenzaba a considerar como una falta de lealtad hacia Candy, pero tal vez era preferible eso a provocarle más dolor -...yo.. te agradezco mucho que me estés acompañando en este viaje. Sé los malos recuerdos que puede tener este país para ti.
La rubia la miró dibujando una sonrisa en su rostro -¿Pero que estás diciendo Paty? Yo no tengo ni malos ni tristes recuerdos de Inglaterra, al contrario; aquí fue donde pase y viví una de las mejores etapas de mi vida. Fue en este país donde encontré a una amiga excepcional - la miró significativamente -, también fue durante mi estancia en el San Pablo que recuperé la amistad de Annie y ...- bajo un poco la mirada - fue en un viaje cómo este donde tuve la oportunidad de conocer el amor de mi vida.
- ¡Oh, Candy! Discúlpame. - dijo más por no decirle lo de Terry que por decir una frase imprudente.
- Siempre la misma, no tienes porqué disculparte. Anda vamos a bajar ya de este barco que muero por pisar tierra firme - le sonrió jalándola del brazo.
Candy y Paty buscaban algún carruaje que las llevara a Londres, pero entre tanto pasajero era difícil conseguir alguno libre. Comenzaban a pensar en pasar el día en el puerto y salir al día siguiente a primera hora, cuando un elegante vehículo se estacionó a su lado. Por la ventana se asomó un atractivo joven de cabellos obscuros.
- Señorita Andrey, señorita O´Brien...
- Señor Westport - se sorprendió la rubia.
- Van a Londres si mal no recuerdo...
- Er...bueno sí.
- ¿Podemos llevarlas? - salió del auto e inmediatamente se asomó la joven morena que le acompañó durante el viaje.
- Oh, Candy - le dijo la chica - ¿por qué no se van con nosotros? También vamos a Londres.
El par de jóvenes dudó unos instantes, hasta que la cortesía y los buenos modales les hicieron aceptar; además, estaban seguras que al menos ese día les sería imposible poder encontrar quien las llevara a la ciudad y por otro lado, esa peculiar pareja de hermanos había sido muy gentil con ellas durante el viaje.
Mientras el equipaje era acomodado por el chofer, Candy se dio cuenta de algo: estaba de vuelta en Inglaterra, el lugar donde vivió una de las etapas más hermosas de su vida, entonces un nombre resonó en su mente y su corazón y una gran nostalgia llenó su alma
El auto avanzaba tanto como su velocidad le permitía, la rubia estaba perdida en su pensamiento ajena a la amistosa plática que tenían sus acompañantes; por la ventana miraba de nuevo las grandes mansiones y uno que otro palecete propiedad de algún noble y de pronto surgió una duda ¿Cuál sería de los Grandchester?
- ¿Los conoce? - la voz del joven la sacó de su distracción.
- ¿Perdón? - se obligó a sonreír - estaba distraída
- ¿Qué si conoce a la familia Grandchester, señorita Andrey? - la mirada oscura la veía con curiosidad.
Candy no cabía de la sorpresa ¿acaso habló en voz alta? Era obvio que sí. Miró a Paty, cuya expresión en el rostro le confirmaba que sin duda lo había hecho, es más su amiga estaba pálida, seguramente de haber escuchado que Candy mencionaba tan prestigiado apellido.
- Este... bueno...er...sí - optó por ser sincera, total, no había nada de malo en contar esa parte de su vida - Este... estuve en el mismo colegio en el que estudiaba uno de los miembros de esa familia.
La joven de largos cabellos obscuros no pudo ocultar su sorpresa - ¿estuviste en el Real Colegio San Pablo? ¡No lo puedo creer!
- Bueno sí, hace algunos años - la rubia trató de controlar su nerviosismo repentino - de hecho ahí fue donde Paty y yo nos conocimos - trató de desviar la plática sin lograrlo con mucho éxito, pues el rostro de la joven morena no escondió su intención de continuar con el tema.
- Mi hermano y yo estuvimos a punto de entrar a ese colegio, sólo que mi madre insistió en llevarnos a una escuela en Francia, su país. ¿Es cierto lo que dicen?
- ¿Qué? - respondieron Paty y Candy al mismo tiempo.
- ¿Que el primogénito del duque de Grandchester era un conquistador de primera? Porque por tu edad deduzco que fue a Terruce a quien tú conociste, el mayor de los herederos del duque, - su tono indicaba el claro interés por tratar de confirmar algún rumor - Dicen que solía embaucar a jovencitas inocentes y que bueno...pues...- bajó el tono casi en un susurro - se aprovechaba en ocasiones...
- Catherine - la reprendió su hermano.
- Oh, lo siento
Candy no pudo evitar la carcajada ante un rumor tan absurdo, era increíble; sin embargo, no le gustaría saber si en ese rumor se comentaban los supuestos nombres de esas víctimas de los encantos de Terry, y en su caso, si ella tenía alguna mención en especial.
- Para nada, eso son puros rumores, estar encerrados a veces provoca ideas descabelladas... y más aún a esa edad - dijo riéndose y sin pensar agregó - Terry nunca fue así. - muy tarde se dio cuenta lo que su boca había soltado.
El brillo inconfundible en la mirada de Kate, le decían que ahora estaba metida en un lío mayor, pues aquella chica parecía muy interesada en el tema.
- ¿Terry? Lo conociste entonces - agregó sin fingir su admiración - Dime si no es verdad que era un joven guapísimo, con una clase y un aire de indiferencia...- suspiró - y esa mirada, un vistazo y estás perdida.
En esta ocasión fue Leonard el que no pudo evitar soltar la carcajada.
- No puedo creer que te expreses así de Terruce Grandchester, apenas si te hacía caso en las fiestas. Por lo visto nunca se te pasó el enamoramiento.
- Oh Leo...he crecido, pero no me negarás que era un chico muy atractivo y con seguridad lo es más ahora que ha crecido.
- Eso yo no puedo contestarlo, lo que sí puedo decirte es que nunca fue un tipo muy agradable, siempre haciéndose el interesante en las reuniones y viendo cuanta chica inocente caía en sus encantos.
- Me pregunto si volverá a Inglaterra algún día - dijo casi para sus adentros Catherine. - Después que dejó el colegio ya no lo hemos vuelto a ver.
Candy no pudo evitar poner atención a la plática de ese par de hermanos.
- Quien sabe hermanita - continuó el joven como si de pronto estuvieran ellos dos solos en el auto - por lo que tengo entendido le va muy bien con eso de estar en el mundo de la farándula; por otra parte, no creo que el duque esté muy contento con eso, seguramente lo deshereda y el título recaiga en su hermano menor, Nicholas.
- ¿Nicholas? - su gesto fue de desagrado - ¡Por Dios! Él nunca tendrá el porte para ser el heredero del título, nunca como Terruce- y luego miró a Candy divertida - quien los viera, son tan distintos, a veces pienso si no es adoptado...- soltó la carcajada.
- ¿Quién? - preguntó Candy impulsivamente.
- Nicholas - contestó sin más la joven morena - nada que ver: Terruce tiene el porte del padre, en cambio los otros tres están tan feos como la madre. Es una suerte que al menos uno de ellos no haya heredado esa cara.
-¡Catherine! - la reprendió el hermano - Ya te he dicho que no te expreses así de la duquesa - miró hacia Candy y Paty y les sonrió - disculpen a mi hermana, parece que las escuelas en las que ha estado no le han servido de mucho para mejorar sus buenos modales.
Catherine no parecía dispuesta a dejar de lado el tema aún, miraba a Candy y Paty pensando tal vez como hacer la siguiente pregunta.
- Hay otro rumor...- las miró con mucha curiosidad, ignorando la mirada de advertencia de su hermano - Es bien sabido que Terruce dejó el colegio, la versión oficial dice que se disgustó con su padre cuando éste no aceptó que estudiara actuación, aunque hay otras personas que comentan otra historia, especialmente algunas ex-alumnas que estudiaron en la misma época que Terruce.
- ¿En serio? - abrió sus ojos expresivamente Candy.
Paty no pasó desapercibido que el rostro de Candy trataba de aparentar una sorpresa repentina, sin embargo pudo notar que en esos ojos verdes había dolor y algo más que no pudo descifrar
- Comentan que él realmente dejó el San Pablo a causa de un lío de chicas.
- ¡¿Chicas?! -esta vez fue Paty la que no disimuló su sorpresa. Vaya, ahora decían que chicas, pensó.
Leonard vió a su hermana con severidad - Creo que es de mal gusto que repitas esa historia hermanita.
- Oh, déjame Leonard - lo ignoró callándolo al continuar con su historia, sin notar que tanto Candy como Paty estaban pálidas - Dicen que él dejo la escuela porque lo sorprendieron a altas horas de la noche en una situación bastante comprometedora con una joven, la cual, dicen, provenía de una muy buena familia y bastante acaudalada.
- ¿Cuál era su nombre? -preguntó sin dudar Paty.
- Mmh! - trató de hacer memoria - No lo sé, nunca lo mencionaron, al parecer eso la mantuvieron en secreto las hermanas del colegio.
- Pues mira que es pequeño el mundo - dijo Paty ayudando a su amiga que seguramente estaba lidiando con algún cúmulo de emociones encontradas - Y las cosas de las que se viene uno a enterar. Lamento decirte Catherine que en el tiempo que Candy y yo estuvimos en el colegio no escuchamos ningún rumor; por supuesto que nos enteramos cuando Terry dejó el internado, y lo único que supimos fue que tuvo un disgusto con su padre y se fue a América, suponemos que se fue sin el permiso del duque de Grandchester. Pero esa otra historia que cuentas, no sé de donde ha salido
- Por lo visto todo ha sido un simple rumor - intervino Leonard - Lo dicho hermana, no debes hacer caso a tanto cotilleo que tenga que ver con los Grandchester.
- A mí no me importa lo que tenga que ver con los Grandchester, sólo estaba platicando - respondió la joven con repentino disgusto.
- Oh no, permíteme corregir, sólo lo que tenga que ver con el hijo mayor del duque.
Candy y Paty se sorprendieron ante ese comentario, era obvio que este par de jóvenes conocía a la noble familia. De pronto, fue la misma Catherine quien decidió cambiar de tema, preguntándole más a Candy y Paty sobre los Estados Unidos.
Continuaron con el trayecto rumbo a Londres, charlando de diversas cosas. Candy tardó rato en reponerse de su sorpresa, ¡nunca pensó que vendría a conocer precisamente a viejos conocidos de aquel adorable aristócrata! ¿qué más podrían ellos saber sobre su vida previa al instituto? Sin duda siempre fue un chico con encanto, se dijo a si misma al recordar la expresión ensoñadora de Kate cuando mencionó su nombre. Su corazón no pudo evitar querer saber más del pasado de su gran amor.
En menos de lo que pensaron llegaron a aquella ciudad de Europa. Estaba un poco cambiada, observó Candy, o tal vez no, salió tan pocas veces del colegio que no podría decir que era un lugar que conociera ampliamente, ni tampoco estar segura de todos los cambios que pudo haber tenido esa ciudad en ese par de años.
- Oh, Londres, es lindo volver a casa - dijo Paty entusiasmada sin apartar su vista por la ventanilla - Creo que tiene algunos cambios.
- ¿Tienes mucho tiempo fuera? - preguntó Leonard
- Dos años
- Es bastante. Nosotros tan sólo nos ausentamos un par de meses, estuvimos en Boston con unos familiares.
-¿Ah sí? Dicen que es un lugar muy bonito.
- Lo es. Por cierto, ¿a qué parte de Londres se dirigen?
- Mi padre tiene una residencia en las afueras de la ciudad - explicó y procedió a darles los detalles de cómo llegar.
Al arribar a aquella enorme reja llena de flores, Candy no pudo evitar relacionarla con la mansión de los Andrey, pero era algo distinta; al abrirse aquellos enormes hierros por un par de criados, pudo ver un largo camino sombreado por una fila de arboles a sus costados que se enredaban entre sus ramas; hasta entonces no había sido consciente de la riqueza de su amiga, y que Paty era otra chica afortunada que le tocó nacer en pañales de seda.
-¡Señorita O´Brien,! - le saludó respetuoso uno de los hombres.
Hola señor Smith! - les saludó la joven desde el auto, antes que éste emprendiera la marcha.
Candy quedó aún más sorprendida al ver la casa de Paty, era una enorme mansión de principios del siglo XIX, de grandes ventanas y puertas, rodeada de amplios jardines. Al instante varios sirvientes se acercaron para bajar el equipaje, Paty les dio amablemente unas breves instrucciones luego de que le dieran la bienvenida.
- ¡Qué lugar tan hermoso, Paty! - no pudo evitar decir cuando salieron del auto, acompañados de los jóvenes Westport - Tu casa en Inglaterra es preciosa.
- Gracias - respondió la chica con su acostumbrada timidez.
Leonard observó el entusiasmo de Candy. Era tan distinta a las jóvenes ricas de sociedad que había conocido, irradiaba una luz que deslumbraba con tan sólo verla una vez; no podía negarse a sí mismo que le gustaba, y mucho, que tonto fue al pensar que una mujer como ella no tuviera aún compromiso alguno. Nadie en sus cincos sentidos la dejaría, se dijo.
- Candy, Paty - empezó a hablar Catherine - Me gustaría que mientras estén en Londres, nos visitaran. De hecho daremos una fiesta por nuestro regreso, desde luego están invitadas.
- Sería todo un placer atenderlas y contar con su presencia -le secundó su hermano.
- Una fiesta al estilo inglés -sonrió Paty - Desde luego, es muy amable de su parte que nos inviten.
- Les enviaremos la invitación en estos días - tomó a su hermano del brazo, Catherine - pero mientras seguiremos en contacto.
- Cuenten con ello, ¿verdad Candy? - dijo Paty y obtuvo una respuesta afirmativa de su amiga que como siempre lucía su bella sonrisa.
- Hace mucho que no voy a una fiesta en Londres - dijo Candy risueña, despidiéndose de los jóvenes que de nuevo se subieron el auto y partieron del lugar.
Candy y Paty entraron a la mansión, unos jóvenes subían las maletas por la enorme escalera de maderas finas que enmarcaba el gran salón.
- ¡Qué casita! - admiró sin disimuló la rubia.
- Pues esta es la residencia de los O´Brian - le respondió - Espero que estés cómoda.
- Ya sabes que yo me acomodo donde sea - río.
- Lo sé, no tienes que decirlo. - concordó risueña también, mientras la guiaba a conocer parte de la casa.
Esos cuatro días en ese barco sobre el mar le habían parecido miles de años, era un viaje largo y sin embargo no quería que llegara a su fin. Estar encerrado en aquel camarote, hacía todavía más agobiante la travesía. Desde que subieron al barco, tan sólo en un par de horas Susana comenzó a sentirse mal, el médico a bordo dijo que era normal que algunas personas se marearan y el golpe que ella había recibido no hace mucho tiempo, la hacía más sensible al vaivén de la nave.
Durante esos días, Terry no tuvo opción más que hacerle compañía a la muchacha, incluso cuando ésta dormía. Al menos en esos ratos aprovechaba para estudiar sus líneas de los dos personajes que interpretaría en el Festival de Shekaspeare: Romeo y Hamlet, sus dos magníficas actuaciones que el público ovacionó en cada presentación. Las líneas de Hamlet las sabía letra por letra, era su último éxito en Broadway; y a pesar de que habían pasado un par de años desde su última interpretación de Romeo, también podía recitarlo perfectamente.
Terry recordó cómo se negó en un principio a actuar de nuevo a este jovenzuelo personaje, tan lleno de vida y profundamente enamorado. Las diferencia de edades entre Hamlet y Romero, había sido su excusa, además que no era ya un adolescente para hacerla otra vez de Romeo.
- Tonterias Terry, hablas como si fueras un anciano,- le había dicho el hombre cuando el joven se rehusó a actuar de nuevo ese personaje - ¡por Dios! Tan sólo han pasado un par de años. Cierto, te han cambiado un poco las facciones, pero aún conservas esa imagen que da fuerza al personaje. Eres el Romeo perfecto para muchas chicas de Nueva York - rió el señor Hattaway.
- Creo que tal vez Michael estaría mejor que yo - intentó convencer al hombre, pues no quería hacer de nuevo esa obra, no quería recordar y muchos menos en Inglaterra. No lo podría soportar.
- El es buen actor, hijo, pero creo que tú sigues siendo el adecuado para ese personaje; es como si William lo hubiera escrito pensando en alguien como tú.
Al final tuvo que aceptarlo. La actriz que interpretaría a Julieta, no sería la misma, las mujeres no podían ocultar tan bien los años, le había dicho el director. Era una joven muy bonita en realidad, le recordaba a la Susana de ese entonces, y al igual que ella, la joven no podía ocultar su agrado por trabajar al lado de Terry; él estaba consciente de que no era indiferente a las miradas femeninas y más de alguna actriz de la compañía le había coqueteado, unas con disimulo y otras no tanto, pero le daba igual. Nunca, nadie podría suplantar a aquella Julieta que vivía en su corazón.
Sentado en aquel sillón mientras Susana dormía, vio como las letras empezaron a mezclarse unas con otras sin tener hilación alguna, su mente comenzó a divagar y sin darse cuenta, se quedó dormido y sueños intranquilos ocuparon su mente.
" Hacía frío, un frío que calaba hasta los huesos, pero que importaba, ya nada tenía sentido. Todos estaban celebrando el año nuevo, pero él no tenía nada que celebrar, su destino era estar solo por el resto de su vida pagando la culpa de ser concebido como un bastardo. De pronto algo se movió en la penumbra, con disimuló limpio las lágrimas que corrían por sus mejillas.
- ¿Hay alguien ahí?
Y de entre la penumbra surgió un ángel, al menos eso pensó, ¿acaso era real esa imagen de verde mirada y rizos dorados? ¿pero qué estaba pasando? No, eso ya lo había vivido: el barco, la celebración, y esa chica...esa chica... era Candy. Su mente no alcanzaba a comprender porque de pronto estaba viviendo una situación tan familiar que a la vez le parecía de lo más extraña; pero no, su mente lo traicionaba otra vez, no era el barco, sino que estaba en el colegio, el colegio San Pablo, pero todo estaba oscuro y Candy sólo lo miraba cómo si él no estuviera ahí. Se acercó corriendo a ella y su figura se desvaneció, corría y corría como un loco en la oscuridad, gritando su nombre
- ¡Candyyyyyyyyy! ¡Candyyyyyyyyyyy! ¿Dónde estás Candy? - gritaba hacia todos lados cansado de correr una distancia que le había parecido una eternidad.
- ¡Teeeeeeeeryyyyyyyyyyy!- se oía la voz de la chica entre ecos y a lo lejos - Teeeeeeeeeeerrrryyyyyyyyy!
- ¿Dónde estás? - la angustia comenzó a llenar su alma, no entendía que estaba pasando, pero tenía que encontrarla.
Exhausto, aún en la oscuridad, cayó el suelo, sus piernas ya no le respondían y todo su cuerpo se negó a moverse, en su desespero continuó llamando a la chica hasta quedarse dormido. En sus sueños sintió como unos cálidos dedos comenzaron a peinar sus cabellos, luego su frente; abrió los ojos, había luz, pero la luz más hermosa era la que provenía de esos ojos color jade."
- ¿Candy...?- alcanzó a murmurar.
- Estabas dormido - le sonrió - Es más, te quedaste dormido
- Lo...lo siento - confundido, se incorporó de la posición en que estaba, con su cabeza apoyada en el regazo de aquel ángel.
Advirtió que el lugar era muy hermoso, bajo la sombra de un enorme árbol en aquella colina que le parecía algo familiar, la temperatura era cálida. Había cosas que no podía entender, sentía una enorme felicidad al tener a su lado a su pecosa que en esos momentos parecía un sol resplandeciente; pero ¿qué horrible pesadilla era la que lo atormentaba que no lo dejaba disfrutar de su compañía? ¡Qué importaba! ¡Por fin estaban juntos!.
- ¿Qué soñabas? - le preguntó ella sin dejar de verle a los ojos.
- Tuve...una pesadilla - la veía absorto, fascinado de estar a su lado - Ya no recuerdo - le tocó un rizo, temeroso de que se desapareciera - Estás aquí - de pronto recordó su ruptura en Nueva York y sin tratar de buscarle una lógica a la situación le dijo - Has vuelto.
- ¿Por qué no me detuviste? - la chica le cuestionó con mirada triste.
- Yo...yo...no supe que hacer, todo fue tan repentino, no me dejaste pensar - respondió con rapidez.- Decidiste por mí.
Tú no habías tomado todavía una decisión, Terry y sólo hubiéramos prolongado la agonía.
De pronto, un resentimiento guardado se apoderó de su corazón, provocado por la emoción de verla de nuevo y perderla tal vez otra vez - No me dejaste decidir, si tan sólo me hubieras dejado hacerlo. Debiste haber esperado, pero te fuiste y ni siquiera volteaste a verme, tan sólo me pediste que fuera feliz.
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Candy - Sólo debiste haber hecho una cosa y con seguridad podríamos haber solucionado todo, Terry.
- ¿Qué?
- Nunca me dijiste que me quedara, nunca dijiste que me amabas y yo me marché.
Candy - su voz se quebró - yo siempre te he amado, siempre lo haré.
No pudo resistirlo más, sentados en el césped acortó la distancia que lo separaba de la chica, tomándola de los hombros, besó sus labios.
- Candy, yo siempre te he amado. - se apoderó anhelante de sus labios que aún sabían a verano, a un lejano verano en Escocia.- Tu fuiste quien no me diste tiempo de pensar - murmuró sin dejar de besarla y acariciarla, recostándola sobre el césped - Si me hubieras dejado hacerlo...
Ya no pudo hablar, la rubia comenzaba a tomar de sus labios el dulce néctar como él lo hacía de los de ella. Quiso decirle que esta vez no la dejaría ir, pero no podía hablar, tenía un nudo en la garganta al sentir de nuevo en sus brazos a ese ángel mirada color jade que le borraba todo pensamiento coherente.
Sus manos buscaron temerosas los botones de su vestido y sentía como aquellas suaves manos también buscaban ansiosas descubrirle el pecho. Terry sentía un gozo enorme y un gran temor.
- Esta vez no te marcharas - murmuró al momento que le descubría sus hombros y continúo amándola con aquel mudo lenguaje, en el que las palabras no eran necesarias."
Susana no dejaba de admirar a aquella figura recostada en el sillón, su rostro reflejaba una ternura que ella nunca le había visto, tal vez era la relajación del sueño lo que le da esa fachada, pensó ella. Se dedicó a contemplar a ese hombre que tanto amaba y por el cual aún luchaba para conquistar su corazón.
Por un unos instantes, Susana se atrevió a pensar que Terry era completamente suyo, que no había más recuerdos de un fantasma de cabellos rubios. Observó su alargado y bien proporcionado cuerpo, sus varoniles manos...pronto se casarían y ella sería su mujer, la simple idea la hacía temblar. Cuánto ansiaba sentirle a su lado, besarlo y tocarlo, ese sueño la perseguía cada noche, pero siempre terminaba soñando que no era ella con quien él estaba sino con una chica de Chicago, cuyo nombre no se atrevía ni a mencionar.
El sueño de Terry era cada vez más inquieto, notó Susana, y le escuchó de su voz algunos murmullos, pero no pudo distinguir lo que dijo.
-...Candy...- la voz de Terry fue clara y Susana se quedó helada al escuchar ese nombre que ella no se atrevía ni recordar. Terry soñaba con ella, pensó con dolor y vio como él se iba inquietando más en sus sueños.
-...Candyyyyy...- con su desesperante llamado, el mismo se despertó incorporándose confuso y sudoroso, tardando en comprender qué había pasado, hasta que recordó que se había quedado dormido y que otro de sus interminables y angustiantes sueños le habían acompañado, pero Terry no acató de la presencia de Susana hasta que ésta le habló.
- ¿Estás bien? - disimuló no haber escuchado nada - tu grito me despertó, parecía que tenías una pesadilla.
Yo...estoy bien- se levantó tratando de disimular su turbación ¡esos malditos sueños! ¿cuándo dejarían de atormentarlo? - Sólo estoy tenso por lo del festival, en unos días llegaremos a Londres y me siento algo nervioso; será mejor que me retire un rato a mi camarote; buscaré a tu madre para que te haga compañía -sin esperar su respuesta se marchó de la habitación.
Al quedarse sola, Susana no pudo contener las lágrimas.
- Candy, Candy, Candy - dijo ya en voz alta, golpeando con rabia el colchón de su cama - Siempre Candy, ¿es que no vas a olvidarla nunca? ¡La odio! ¡La odio! - rompió en llanto dejándose caer sobre la almohada.
Al siguiente día, poco después del amanecer, aquel barco arribaba a Inglaterra. Terry Grandchester apreció aquel paisaje con una sensación de tristeza mayor que la vez que se marchó y dejó el Colegio San Pablo; aquella vez tenía una ilusión, una esperanza, esta vez tenía un compromiso por delante que no podía evadir más.
Sintió una opresión en el pecho al momento de ayudar a bajar a Susana del barco, pronto le pediría matrimonio y fijaría la fecha oficial de la boda. Al fin y al cabo, pronto, Candy también uniría su destino al de otra persona, pensó.
Al ver a su hijo tomado de la mano de aquella jovencita rubia y cómo su rostro mostraba una sonrisa vacía cuando conversaba con otros compañeros, Eleanor Beaker no pudo evitar sentir rencor contra Susana Marlowe. No podía ver más a su hijo en aquella situación. Esa boda no debía llevarse a cabo, se dijo, reprimiendo una lágrima de tristeza.
Continuará...
