Capítulo 2.

Los días continuaron transcurriendo con normalidad. Arthur se dedicó plenamente a ordenar aquellas cosas que por trabajo había dejado de lado. Como llamar a su madre… Hace bastante tiempo que no hablaba con ella y si bien fue un lindo "reencuentro" luego trajo consigo cenas y citas a los cuales debía acudir para visitar a la familia. Cuando finalmente cortó la llamada, suspiró algo arrepentido por ello. Sabía, (lo sabía perfectamente) que los deberes familiares golpearían a su puerta para regresarlo a la realidad. A la horrorosa realidad.

.

.

.

.

.

-¿No puedes?

-No…

-Pero es trabajo…

-Lo sé, pero tengo un contratiempo.

-¿Y qué haremos…? No creo que nuestro cliente espere demasiado…

-Lo dejaremos, ya podremos conseguir otro trabajo.

Ariadne y Eames alzaron las cejas al mismo tiempo. Arthur los miró extrañados.

-¿Qué?

-¿Qué has dicho?

-…

-No puedo creerlo… tú, Arthur "el hombre clave"diciendo "lo dejaremos" –Dijo Eames haciendo comillas con sus dedos.

-"Ya podremos conseguir otro trabajo" –la muchacha completó la frase con el mismo tono escéptico que Eames.

-No los entiendo… -dijo el moreno algo aturdido.

-Tu jamás dejarías un trabajo… -Comenzó la castaña.

-Ni siquiera me has dejado tomar un descanso… -La secundó Eames.

-Ni me has dejado días de estudio…

-¡Ni me has dejado visitar a mi madre!

-¡Tú nunca dejas el trabajo! –Concluyeron ambos compañeros, al mismo tiempo.

Arthur estaba en blanco. Se encogió de hombros. ¿Desde cuando se había vuelto tan… pesado?

-Lo lamento… -Dijo nervioso.

-Ya, deja. –Dijo Eames con un suspiro y dejando caer su mano sobre su hombro izquierdo.

Ariadne suspiró de la misma forma.

-¿Eso quiere decir que tenemos un descanso? –Preguntó la muchacha tomando sus cosas.

-Supongo que sí… -admitió el moreno con la mirada perdida.

-¡Genial entonces! –Festejó Eames aún recostado sobre la silla del bar. Parecía que Eames no tenía demasiados ánimos de marcharse todavía.

-Bien, entonces los veré cuando el trabajo regrese… -Comentó Ariadne. Los saludó tímidamente con la mano, quería agregar algo más pero las palabras no salieron de su boca, a lo que decidió darse la vuelta y marcharse. Parecía algo insegura.

-Nunca pensé que llegaría el día… -Dijo el castaño viendo cómo se alejaba.

Arthur nuevamente tenía los nervios a flor de piel. ¿Acaso le comentaría lo de la noche pasada? ¿Le diría algo ahora que estaban los dos solos luego de mucho tiempo? ¿Le contaría lo que había pasado con Ariadne?

Arthur lo miraba expectante, intentando guardar la compostura. Alzó las cejas a modo de pregunta.

Y captando su interrogante Eames respondió:

-¡El día en que finalmente estuvieras lo suficientemente estresado como para pedir un tiempo fuera! –Se llevó el pequeño vaso de whisky que había pedido y se lo tragó de un solo saque. Exhaló y le sonrió animadamente. Arthur bajó la guardia liberando una sonrisa y bebió un buen sorbo de su café. Sí, necesitaba descansar.

.

.

.

.

.

.

Aunque rodeado de bebés, de tías gritonas, tíos hartamente jocosos y parientes curiosos por su trabajo… no descansaría. Pero el deber era el deber y allí estaba: en casa de su tía Ruth quién había tenido el "agradable" gesto de invitar a toda la familia, puesto que el pequeño Artie había vuelto a Norteamérica.

La familia de Arthur era grande. De parte de su madre tenía apenas dos tías, pero de parte de su padre tenía cinco y dos tíos, y claro, cada familia tenía sus hijos, y los hijos de sus hijos, y hasta los hijos de los hijos de sus hijos. Toda una graan familia.

-¡Artie querido, te extrañábamos! –Exclamó la tía Alice unos minutos antes de abalanzarse encima de su sobrino.

-Y-yo también… Agh… -Logró exhalar ante el potente abrazo.

-Ya déjalo Al, ¿no ves que el chico no puede respirar?

-Ah perdona… Tú sabes, es la emoción –Dijo ruborizándose mientras soltaba al moreno.

Arthur sonrió, se refregó la nuca y escapó elegantemente con un "debo ir al tocador, disculpen…" Corrió hacia dentro donde los niños corrían de un lado hacia el otro jugando a las escondidas.

-¡Arthur, Arthur! –Exclamó una pequeña niña rubia corriendo hacia el mayor.

-¡Maddy! –Respondió este tomando a la niña en brazos. La menor rió dejándose llevar por su tío favorito.

-¿Porque nunca vienes a visitarme? –Preguntó la niña haciendo puchero.

Arthur sonrió apenado, si fuera por la niña iría todos los días a visitarla. Pero antes de que el moreno pudiera inventar alguna excusa, una niña de unos nueve años de edad (que debía tratarse de alguna prima segunda aunque no lo recordaba bien…) la señaló y comenzó a gritar, y correr hacia el patio trasero.

-¡Encontré a Maddy! ¡Encontré a Maddy!

La pequeña aludida se revolvió encima de su tío queriendo zafarse de su agarre, el mayor la colocó en el suelo con suavidad y la niña desapareció chillando que no era justo.

Arthur rió con ternura viendo como los niños corrían en la marea verde y resplandeciente que era el jardín. Y de pronto un recuerdo fugaz lo raptó de la realidad unos segundos. Vio a los niños jugar, correr y gritar de alegría… y de pronto una figura conocida tomaba a dos niños entre sus brazos. Estos lo despeinaban, todos reían. Y aquel hombre se daba vuelta para dedicarle una sonrisa.

-Hey, aquí estas.

Una mano en su hombro lo despertó de su ensoñación.

-Laura… -Murmuró Arthur al ver a su hermana, la madre de Maddy. Ambos eran dos gotas de agua, morenos de cabello lacio y ojos oscuros, labios finos y hasta el mismo ceño fruncido cuando se ponían serios.

-Cualquiera diría que Maddy es la hija de la florista

-Oh calla, que todos dicen lo mismo… Lo bueno es que es igualita a su padre, así que pueden estar seguros que no engañé a nadie –comentó entre risas.

Arthur sonrió y volvió a absorberse en la luminosidad del día. Todo brillaba…demasiado.

-Tú andas en algo…

Arthur volteó sorprendido. Su hermana siempre podía pillar cuando algo le ocurría.

-No… ¿por qué lo dices?

-Ah vamos Arthur, te conozco desde que nací. Seré la menor de los tres pero te aseguro que te conozco más que Rose. Eso debes admitirlo.

Tenía razón. Rose era la mayor y muy diferente a ellos en aspecto físico, pues era castaña y llena de rizos como su madre, Laura y él habían salido como su padre. Y si bien Rose era un encanto de persona, era más despistada e inocente. Todo lo contrario a Laura, quién era mucho más perspicaz y ácida que Arthur y Rose juntos.

Lo pensó dos veces antes de afirmar que en efecto, sí, algo le pasaba.

-Lo sabía. –Dijo victoriosa su hermana menor. –Ahora anda, dime de qué va.

Arthur hizo unos ademanes en el aire intentando encontrar las palabras para decir de manera sutil "creo que me he vuelto gay" pero no. No había manera sutil de decirlo.

-¿Es sobre tu… trabajo?

-Algo así. –Dijo asintiendo algo resignado.

-¿El que es "tu trabajo" o el real? –Preguntó en voz baja. Laura era la única de toda su familia que sabía con exactitud de qué iba eso de entrar en los sueños y robar información. Al principio, cuando ella tenía 16 años no le creía nada en absoluto. Ya para ese entonces Arthur era apenas un niñato de 21 años que tenía gran habilidad para investigar personas en secreto. Todo un prodigio a su edad. El suegro de Cobb lo había contratado clandestinamente en la universidad puesto que para ese entonces él estaba trabajando en Estados Unidos cerca de Brooklyn. Él fue quién le presentó a Dom y que más adelante se volverían íntimos amigos.

-Ja ja, digamos que con el real…

-Y sí, otra cosa no haces…

Arthur la miró con cierto recelo. ¿Ahora ella también le diría que era un maníaco del trabajo?

-¿Qué? No me mires así. ¿Acaso haces otros trabajos de los que no me enteré?

-No, no es eso.

-¿Entonces?

Arthur guardó silencio unos segundos hasta que por fin abrió la boca.

-¿Acaso soy muy obsesivo?

-¿Con qué?

-No lo sé… ¿con el trabajo…?

-Siempre lo has sido, con todo bah.

-¿Con todo?

-Sí, en la escuela, en las talleres, hasta con algo tan absurdo como las reuniones con tus amigos. Recuerdo que te pasabas horas antes arreglándolo todo y preparando meticulosamente cada detalle para la reunión. ¡Ja ja! ¡Hasta me has hecho acordar que tenías horarios!

-¿H-horarios…?

-Sí, a tal hora esto y aquello, a las 9 comerían luego a las 10 jugarían a la playstation…

-Oh Dios…

-Hey, ¿estas bien?

-No… -El moreno se cubría el rostro con las manos.

-Pero esta bien Arthur, tú has sido siempre así…

-Demasiado estructurado…

-Quizás…

Arthur se había recostado sobre el sofá de la sala aún con las manos en su rostro. Su hermana se había sentado en el brazo del sofá acariciándole el cabello.

-Te diré un secreto…-El moreno había corrido un poco las manos para destapar sus ojos que miraban al mismo vacío.

-Dime…

-Creo que soy gay.

Su hermana había guardado silencio un largo rato. Se podía escuchar el murmullo de la familia en el patio, las risas de los niños que aún corrían pero esta vez detrás de una pelota, al perro del vecino que ladraba sin parar. Algunos autos a la redonda. Todo transcurría de manera normal.

-Bueno… -Dijo finalmente la morena. -Eso explicaría algunas cosas. –dijo con una sonrisa cálida en el rostro.


Bueno, No actualizaba este fic porque no encontraba la manera de continuarlo. Pero para mi sorpresa esta historia dio un nuevo giro y aquí estamos de nuevo n0n

¡Ah! Casi me olvido. He buscado información sobre Arthur y no he encontrado absolutamente nada, salvo lo que ya conocemos (¡Ni siquiera figura su apellido!) Así que me tomé la libertad de inventarle una familia y un pasado que poco a poco se irá relatando (: Espero que, si hay en alguna parte esa información que estuve buscando, los que la saben no se ofendan conmigo que yo hice mi mejor esfuerzo xD Y, sea dicho de paso, ¡pásenmela que me gustaría (si es que hago otro fic de Inception XD) adaptarme a la información verdadera!

Muchas gracias por leer

(Si es que todavía quedan lectores n_ñU)