Capitulo dos: Tómate un tiempo a solas… todo se solucionará.

Un plato se rompió. Cerró los ojos una vez más para mentalizarse en la idea de que no volvería, necesitaba que Leonardo volviera, pero no sabía cómo contactarlo y por ahora tendría que sobrevivir.

– Perdón papá – alzando la cabeza vio a su hijo de tres años, este miraba bastante apenado hacia la tasa que estaba en el suelo, fue bastante curioso, pensó sinceramente que era un plato.

– No te preocupes James, es solo una tasa – agachándose recogió los trozos, y tomando en mango se dio cuenta cual era… su favorita… la de Albert Einstein con la lengua afuera.

Soltó un suspiro de decepción, pero no podía hacer nada… ya todo estaba hecho. Tomando todos los trozos se dirigió a la basura y siguió preparando la leche para James cuando sintió pasos en la cocina.

– ¿Qué rompió esta vez? – preguntó Abril al entrar con una bata azul y unas ojeras más oscuras que la máscara de su esposo.

– Solo una taza linda, nada importante. – mientras ella se sentaba al lado izquierdo de su hijo vio que este estaba mirando un nuevo libro azul.

– ¿Qué miras mi amor? – el niño girándose la observó con sus enormes ojos café como su padre, exceptuando que el pequeño era un niño humano.

– Miro las imágenes de la enciclopedia, es el volumen tres de historia – la adulta asintiendo le beso la mejilla con ternura.

Su hijo James era muy inteligente, no era de extrañar, los genes le favorecían en todos los sentidos de la palabra, con sus ojos café como su padre, el pelo marrón oscuro y unas pecas en su nariz le dada un toque infantil y adorable. Aún se acordaba cuando le hicieron la primera ecografía.

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Estaba en el sillón donde toda la familia miraba el espectáculo, su esposo tomó el gel y lo pasó por su estomago. Abril miró a su hermana mayor y le tomó la mano con nerviosismo, ella le sonrió de vuelta, también esperaba que naciera sano.

Las posibilidades de nacer con deformidades eran altas, era una ventaja si nacía como un mutante por completo o como un humano, porque si era un híbrido la capacidad de perpetuar la especie desaparecía por completo.

Si era mutante tendría que renegarse y aceptar su condición de sub especie, no podría hacer una vida normal, y las posibilidades de mejorar y ser aceptado en la sociedad no sería posibles. Sería una vida dura… pero lo enfrentarían como lo hacían con sus parejas ahora mismo…

Si era humano sería todo lo contrario, pero claramente eso eran menos posibilidades, su sobrino Rafael era un mutante, y ella no podía esperar lo contrario.

– Es humano – todos girándose hacia Donnie vieron como este sonreía con orgullo.

– ¿En serio? – pregunto ella con perplejidad. Él como respuesta se agacho y le beso los labios con dulzura, luego le acerco la pantalla y ella pudo apreciar cómo era cierto, veía claramente un perfil y cuerpo humano, lloró de felicidad entonces.

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Un grito la despertó a la realidad, pero antes que pudiera reaccionar vio que Donatello desaparecía por la puerta en un santiamén. Segundos después llegaba con un bebé de un año en sus brazos.

– Dámela mi amor- le pidió mientras le estiraba los brazos.

– No Abril, tienes que dormir, ella puede estar un rato con su papi ¿verdad? – girando al bebe para quedar frente a frente vio a su pequeña con una sonrisa, mientras ella somnolienta bostezaba lo miraba con pesadumbres.

Abril. Su pequeña de un año, era la viva copia de su madre, en todo sentido de la palabra; con su cabello rojo, sus ojos verdes, las pecas en el marco de la nariz como su hermano, era una humana y era la regalona de su papi.

La adulta sin armar un escándalo se fue sin decir una palabra, estaba cansada como nunca antes lo había estado en su vida y por ello se fue directamente a la cama, no le importó nada en absoluto. Solo cerró los ojos para descansar una hora, luego seguiría con su rutina, o eso tenía planeado.

Oye escuche algo. Alguien viene – Se sintió extraña al escucharles… ¿Qué pasaba?

Debe ser Miguel Ángel – respondió el maestro Splinter… Debían averiguar, ¿Y si estaban en peligro?

¿Alguien llamó a mi nombre? yo estoy aquí – ¿entonces quien llegó?

No pudo responder, todo se volvió negro, pero antes de entrar en la inconsciencia escucho unos gritos de sorpresa y exclamación… no recordó nada más.

Se durmió

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Los pasos hicieron eco en el andar por las alcantarillas. Las huellas mojadas dejaban un rastro casi imperceptible, hacía solo cuatro años que no volvía allí…a su… ¿hogar?

Era su hogar, allí se había criado, era el lugar donde todas sus memorias se fundaron, tantos recuerdos, tantas cosas habían pasado por delante. Pero por alguna extraña razón, estar ahí le daba una sensación de encierro, una extraña necesidad de liberarse de eso, le agradaba volver, pero nunca era para quedarse. Se obligaba a irse para querer volver, obviamente después tenía que hacerlo y eso era su vida, un ciclo sin final.

Miró hacia el suelo y vio a su hijo caminando con las manos a los lados, no llevaba expresión alguna en su rostro. Definitivamente estaba colérico, solo él podía ver eso en su pequeño, pero no podía evitarlo.

– Kenshō no quiero que hablemos japonés frente a la familia, no en público, eso es algo descortés – el niño asintiendo siguió caminando, pareciendo que no había escuchado lo que le habían dicho.

Pero Kenshō no estaba allí, seguía pensando en ese día, había sido horrible la despedida, nunca se había sentido así de vacío. Era un sentimiento nuevo para él, nunca había tenido la necesidad de extrañar a alguien con tanta fuerza. Se preguntaba si su padre sentía esa sensación ¿Cómo lo hacía para sacársela de encima? Porque le estaba resultado de lo peor.

Los vio a todos reunidos allí, le miraban con tanta pena, todos lloraban a su despedida. No quería irse de allí, era su hogar… donde todos le amaban y respetaban con afán. Pero era algo que no podía evitar, entonces vio que sus mejores amigos se le acercaron para despedirse.

– ¿Volverás verdad? – viendo que los hermanos Juan y Gabriel le abrazaban con devoción no pudo ocultar sus sentimientos, pero no se permitió llorar, no frente a su padre.

– Debes escribirnos, dinos como es la gran manzana – Catalina besándole la mejilla se le arrojó a sus brazos mientras Marco esperaba pacientemente su turno.

Cuando fue su momento se deshizo en lágrimas, no podía evitarlo, se conocían hace tanto tiempo, fue un momento tan maravilloso, tan triste y sentimental a la vez…. Que todo lo que estaba pasando ahora era algo que le pesaría en el futuro.

– Nos vemos – volviéndose hacia atrás vio a su mejor amigo… Felipe.

Este le dedicó una sonrisa amable, siempre característica de él. Fue con él la primera vez que pudo hablar con alguien, con quien pudo interactuar con un niño de su edad, era su mejor amigo, el niño con quien realmente sentía ese vínculo especial. No estaba preparado para irse.

Le abrazó con tanta fuerza que dejó que el humanito se recostara en su hombro, y comenzara a llorar. No dejó de hacerlo y eso le agradó… le demostraba tantas cosas… tanto sentimiento real…Kenshō le acariciaba la espalda, era un sentimiento real… real.

– Toma – estirando las manos dejó verlo… su pelota de futbol.

– Pero Felipe, es tuya… debes quedártela – el niño negó con la cabeza.

– No… es prestada, me la devolverás cuando sea el tiempo. – kenshō entendiendo la recibe con un brillo en los ojos.

– ¿Promesa? – asintió con la cabeza.

– Promesa –

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Antes de darse cuenta ya estaban en el umbral del hogar, estaban en el inicio de las escaleras para llegar a la entrada. Ambos de pie, sin decir palabra alguna se adelantaron y escucharon voces provenir de la cocina. El padre sin avisar comenzó a bajar las escaleras sin hacer sonido alguno, pero su hijo no se movía.

¿Cuándo fue la última vez que estuvo ahí? No podía recordar muy bien en realidad, ¿De verdad era tan oscuro este lugar? Lo recordaba con más luz, o… no, en realidad siempre estaba jugando en las penumbras, por eso aprender a adaptarse a la oscuridad no fue problema.

Pero no le agradaba, le dio un sentimiento de encierro, de profunda desesperación, no quería estar ahí. Se había acostumbrado a la luz de Centroamérica, a ese calor insoportable que le provocaba escoses. En ese lugar hacia frío, siempre estaba frío, húmedo, era definitivamente lo peor que había experimentado hace…. Cuatro años.

– Kenshō, no te quedes ahí – el niño alzando la mirada vio a su padre con profundo rencor, él lo había obligado a venir.

Leonardo notando esa mirada subió rápidamente para quedarse a su altura, lo vio fijamente a los ojos, suspiro y expiro…

– No es nuestra culpa kenshō, tenemos que hacer algo aquí y cuando terminemos nos iremos – el niño sintiéndose descubierto lo miró con impresión a los ojos.

Pero entonces recordó que le había mentido y todo rastro de felicidad se vio remplazada por una mirada de seriedad.

– Solo acabemos con esto – y el niño bajando lo más rápido que pudo terminó saltando los últimos tres escalones.

Al alzar la mirada pudo verles a todos mirándoles desde el marco de la puerta de la cocina, todos con miradas de impresión, todos excepto uno que ya conocía muy bien, uno que no había querido ver… él… estaba ahí no lo miraba fijamente pero sabía que lo estaba mirando… tuvo miedo… mucho miedo.

Entonces recordó que había alguien que si le esperaba en casa, ellos le estaban dando animo desde lo más lejano de Centroamérica. Debía respirar tres veces… sólo tres veces… sus amigos lo esperaban… tres… sus amigos le querían… dos… no importaba lo que dijera el viejo… Uno…. Alguien si le amaba…

– Kon'nichiwa – inclinándose hacia adelante sintió las potentes miradas de todos los adultos sobre sus hombros.

Estaba en terreno enemigo.

"La amistad lo es todo. La amistad vale más que el talento. Vale más que el gobierno. La amistad vale casi tanto como la familia"

Vito Corleone

TBC


Lamento la demora, he tenido problemas para subir pero no se me acaba el animo de seguir.

Nos leemos pronto