Resident Evil por desgracia no me pertenece, de la misma manera que Wesker y Claire tampoco.
Voy a hacer algunas menciones : A AdrianaSnapeHouse, a quien adoro con toda mi alma y huesos y músculos y órganos vitales y no tan vitales. Porque ser mi beta no es fácil, ella se lo merece todo y más:')
Y a Stacy Adler, quién me inspira continuamente con sus genialidades y sus cosas. A la que molesto las 24h del día por Whatsapp, y doy fama de pedofila. Su vida estaba tan vacía antes de que yo apareciera... :') Las quiero tanto a las dos.. FWQGRfrvgR.
Y si, ya se que me tarde un poco... mucho, pero todo es culpa de Ady, que no ejercía de beta.(?)
Okay, vamos con el fic:')
Infiltrada
Claire abrió los ojos, volviendo a la realidad y dejando atrás la seguridad del mundo de fantasía que eran sus sueños. Al menos la mayor parte del tiempo. Llevaba ahí atrapada horas, días, años, o para ella incluso siglos.
Muerta pero sin morir del todo.
Viva pero como si estuviera muerta.
En la misma posición, pareciendo una niña asustada que intenta protegerse de todos los males aguardando como si de un ovillo de lana se tratara en uno de los rincones de la sala. En algún momento logró cerrar los ojos y dejarse llevar por los brazos de Morfeo, sin embargo, al cabo de unos minutos siempre despertaba entre gritos y nombramientos a su hermano. Si sus cálculos no estaban errados, ahora mismo serían alrededor de las doce del mediodía del día siguiente... Para que iba a engañarse, no tenía ni la menor idea de que día era, ni de la hora, sólo se acordaba de que debía salir de ahí lo antes posible.
Sin embargo, Charles la había encerrado ahí y desde entonces no volvió a dar ni una sola señal de vida, y bueno, quién lo haría después de semejante bofetada; probablemente la marca de su mano sería visible en esa desagradable cara durante un par de días. Y la verdad tenía la esperanza de no volvérselo a encontrar a no ser que fuera algo extremadamente necesario. Por el otro lado aún le aguardaban más de veinticuatro horas, veinticuatro horas más las que ya llevaba sin comer, ni beber. En seguida desechó la idea de que Charles le diera algo para llevarse a la boca y si lo hiciera tampoco se lo comería; quizá no era la mente más brillante del lugar pero su inteligencia era la suficiente para deducir que eso no era una buena idea. De repente, recordó que Charles antes de tener esa pequeña rabieta le había preparado un café ahora ya frío, sí, pero no estaba en condiciones de ir por ahí andando exigiendo tratos de nobleza, ¿Cierto?
Estiró sus piernas haciendo que éstas se quejaran por el repentino movimiento, obligadas a volver al trabajo. Apoyó la espalda en la pared levantando sus brazos, echándolos hacia atrás provocando que su espalda crujiera. Se levantó del suelo y se dirigió hacia la mesa donde estaba su amado líquido negruzco, cogió la taza entre sus manos y después de darle un sorbo empezó a rodear la sala pues si tenía que estar cautiva en ese lugar, ¿Por qué no aprovechar la ocasión e investigar un poco?
Se dirigió a la gran puerta metálica por la que vio marchar a Charles por última vez pasando por el amplio y corto pasadizo que la separaba del laboratorio en el que se encontraba; una prisión de paredes blancas, hileras de frascos por todas partes y los armarios resguardaban retortas, tubos de ensayo, mecheros de Bunsen y algunos fogones por los que si querías disponer de su completo funcionamiento necesitabas algunas bombonas de gas. Cuando Claire estuvo lo suficientemente cerca pudo ver con claridad la estructura de la puerta, algo en lo que debería haberse fijado mucho antes. Al igual que en la parte exterior, también había un pequeño teclado al lado de la puerta metálica que disponía de una escalera de números; del cero al nueve y también se encontraban los signos de asterisco y almohadilla. Instantes atrás vio a Charles introducir el código, lo que hizo que se maldijera mentalmente a sí misma por no recordar esos cuatro dígitos.
La pelirroja dio media vuelta y se dirigió hacia las mesas de la sala, abriendo los cajones de éstas, revolviendo papeles y libretas. Buscando algún que otro número de cuatro dígitos que pudiera ser considerado como la llave de la puerta. La llave que abriría de esa jaula que la mantenía cautiva, retenida entre sus pensamientos. Y bueno, debían ser cosas del destino pues ¿Quién podría imaginarse que cuatro simples números podrían ser la puerta hacía la libertad? Abandonó los cajones y pasó a los armarios, su nerviosismo ya empezaba a hacerse notorio pues a veces sus manos no la obedecían, lo que provocaba que hiciera algunos gestos involuntarios como el romper un vaso de precipitados o una probeta. Otra vez. Cuando finalizó su investigación, sumida entre papeleo Claire encontró en total tres códigos. O bien uno de ellos confinaba la llave de la libertad o los tres suponían un fraude que lo único que provocarían seria la baja de autoestima de la chica. Se dirigió de nuevo a la placa metalizada que se interponía entre el cautiverio y la libertad, esta vez centrando su atención en ese pequeño aparatejo que tenía el poder de liberarla. Con ánimos renovados tecleó el primero de los códigos, con la ciega esperanza de que quedara en libertad. Sin embargo, su única respuesta fue una tenue luz roja acompañada de un leve pitido que le comunicaba claramente que aquel era un intento fallido. Claire lo volvió a intentar, cada vez con los diferentes números, derechos y del revés hasta que finalmente asumió que esos dígitos no eran los correctos.
Ese hecho desanimó a la chica, y para no hacerlo. No obstante, no se iba a rendir, le había tomado mucho esfuerzo el lograr llegar hasta ahí y ahora que las cosas empezaban a pintar mal no iba a quedarse de brazos cruzados. Era cierto que la joven Redfield podía tener muchas facetas y en su gran mayoría podía parecer una adolescente torpe y temperamental, pero a la hora de la verdad, cuando los problemas se asomaban era mucho más; jovial, decidida, con su gran sentido del deber reluciente por todo ella, capaz de todo y con el don de poder asumir el control de situaciones sometidas a medianas presiones. Regresó a las mesas que algunos minutos antes fueron víctimas de sus registros desesperados arrojando a un lado los arrugados papeles donde se encontraban esos números portadores de falsas esperanzas y se puso a buscar de nuevo.
Claro que existía la posibilidad de que la contraseña de la puerta no se encontrara apuntada en algún papel extraviado por el laboratorio. Pensándolo bien, en cierto punto sería algo lógico Albert Wesker tenía la suficiente memoria como para me apuntadas? Sería una tontería disponer de algo inútil que no te sirve de nada. Ni que solo fuera un papel.
Y entonces fue cuando Claire vio la luz al final del túnel por unos momentos, sólo para acabar entrando en otro más oscuro aún. Porque no podía ser algo tan simple. ¿O quizá sí? Tampoco conocía lo suficiente a ese hombre como para ir morizarlo, éste y todos los que hubiera por la base. ¿Pero entonces por qué tenía las demás claves por ahí con aires de ser toda una experta en Albert Wesker. Sólo conocía los detalles que su hermano le había aportado, además de todo lo que pudo extraer sobre él en el momento en que tuvieron ese desagradable encuentro en las Islas Rockford.
Volvió a coger los papeles, tiempo atrás rectangulares, que había lanzado con todo el desprecio encima de una de las mesas de la sala. Los colocó uno encima de otro formando una hilera y una vez ya colocados calculó la suma de los números obteniendo como resultado otras cifras que no había probado aún. Claire se dirigió de nuevo y por última vez a la puerta de metal que la encerraba, se acercó al objeto mecánico e introdujo el código pasando el dedo por encima del sensor táctil de cada una de las cifras. No se produjo ningún ruido, luz o movimiento fuera de lo normal, de hecho tuvo que mantenerse en la espera un buen rato antes de que todos los mecanismos empezaran a trabajar de forma coordinada. Se pudo ver como ese pequeño aparato lucía un pequeño punto de luz de un verde tenue seguido por un leve sonido que, si aún tenía duda alguna, le aseguraba que la puerta iba a abrirse de un momento a otro.
Los engranajes y mecanismos empezaron a trabajar haciendo que la puerta se abriera. Pudo notar la brisa del aire, cuando la brisa del exterior batallaba con el del interior para poder entrar en la sala y ventilarla.
Claire empezó a andar por la planta con el máximo sigilo que podía permitirse con los tacones que llevaba, que hacían queriéndolo o no algún que otro paso resonara en el eco. La vigilancia se había reducido de una manera considerable desde la última vez que cruzó esos resplandecientes pasadizos, dándole así más libertad para moverse e investigar.
¿Dónde demonios iba a ir ahora?
Estaba claro que no podía ir paseando por allá, los guardias, siempre y cuando supieran de su identidad, acabarían por cogerla o si no tenía la posibilidad de toparse con Charles es cuando se dispusiera a girar alguna esquina.
La verdad era que ese desagradable y odioso tipo que la encerró en una sala claustrofóbica era ahora mismo el menor de sus problemas pues acabaría dándose cuenta de su huida en el momento que fuera a supervisar cómo moría desnutrición y deshidratación.
Empezó a andar sin rumbo alguno, sigilosamente, procurando escuchar alguna conversación ajena que le diera información alguna sobre el proyecto que Tricell, bajo el mando de Albert Wesker tenía planeado.
Caminó hasta quedar a la merced de los agresivos rayos solares que bañaban África, hacía un calor sofocante y había una luz a la que ya no estaba acostumbrado; ahora estaba familiarizado con el ambiente frío de Rusia
Algo realmente molesto para una persona a la que le gustara el frío y la oscuridad. Wesker se alejó del helicóptero que los había llevado hasta aquel lugar alejado de la mano de Dios junto a tres hombres más que Charles insistió que fueran para escoltarlo. Algo que ni a ellos ni al rubio les hizo gracia alguna; conocía a ese tipo y era o eso o tener que aguantar miles de indirectas molestas.
Seguido por sus hombres, bajó por un estrecho y oscuro túnel que se abría paso entre la profundidad y la dureza de la tierra este desemboco en una pequeña sala, si es que así podía llamarse, en donde se daba la entrada a otros tres túneles. Wesker tomó la entrada de la izquierda, seguido por los demás cual sombra. Ante ellos se presentó una extensa cueva circular de techo alto donde en el centro se encontraba un gran agujero que permitía que los rayos del sol entraran en ésta, iluminándola. De la misma manera en el centro del terreno había una estructura redonda de piedra de quizá unos tres metros de altura, a cada uno de los lados de esta se encontraban unas escaleras de piedra para facilitar el acceso. Y en el centro de tal estructura sólo quedaban restos de flores muertas y pisoteadas, sin rastro de vida alguno.
Todo estaba tal y como lo recordaba, menos la condición de las flores claro, las tiendas pertenecientes a Tricell que años atrás plantó junto la compañía de Excella Gionne ahora descoloridas y rasgadas por su largo tiempo mantenidas en la intemperie, incluso esa vieja caja metálica con el logo de Umbrella que tiempo atrás lucía un bonito color azul marino seguía ahí.
Por lo que veía los agentes de la BSAA no se tomaron muchas molestias en desarmar la zona probablemente sólo se preocuparon por la destrucción de la plantación y no por si pudiera haber alguna muestra de ella escondida en algún lugar, aun conservado, de las instalaciones de Tricell África.
—Id a buscar entre los restos de la plantación. —Ordenó con su típica voz autoritaria que provocó que al instante que terminó la frase los hombres ya se pusieran en marcha. —Informadme si encontráis algo. — Añadió dirigiéndose hacia las viejas tiendas descoloridas que tiempo atrás ejercieron como complejo de experimentación. Una parte de la tela que protegía los soportes de la estructura cuadrangular era ahora el lugar de habitad de una colmena de abejas africanas, en el lado correspondiente a la pared se encontraba una imponente enredadera demostrado que la naturaleza estaba reclamando lo que era suyo, agujereando la fina capa de plástico que separaba el interior del exterior, habiendo transformado como su nueva maceta un preciado ordenador repleto de lo que podía ser una valiosa información.
Por lo demás todo seguía igual, de una forma u otra. Encima de las mesas aún podían hallarse gradillas con tubos de ensayo y centrífugas todo conservando una capa de polvo y tierra. Había los restos de un matraz en el suelo arenoso, aunque no venía por falta de una.
Dio un vistazo rápido al lugar inspeccionándolo superficialmente. No parecía que hubiera algo de valor entre esas viejas páginas de tinta borrosa, entre los restos que años atrás formaban un eficaz ordenador y que ahora se doblegaba frente la presencia de la naturaleza. Se acercó a una de las desgastadas mesas, rebuscando en una pila de páginas archivadas, aunque eso no evitó que el tiempo las consumiera. La mayoría de las letras eran ilegibles y las que podían llegar a descifrarse sólo contenían puras tonterías que a nadie lograrían ayudar.
Wesker empezó a leer un viejo cuaderno de tapa dura que se encontró escondido en una de las mesas el lugar, sin duda perteneciente a una mujer por la delicadeza en la que la letra fue grabada sobre el papel amarillento. Dejando atrás los garabatos salvajes que solían relucir en la caligrafía masculina.
Mientras iba avanzando en su descodificación, pasando las páginas de manera automática cada vez que lograba entender tales jeroglíficos, encontró la imagen de una bella mujer; sus ojos verde jade eran una de las cosas que más destacaban de ella, tenía un porte elegante, triunfante y arrogante en exceso. Su largo pelo moreno recogido en un moño que permitía que su rostro fuera totalmente iluminado por la luz natural, lucía un estrecho vestido de color beige junto a unos tacones de cuatro centímetros del mismo tono. Su blanca y fina piel junto a sus ropajes claros contrastaban con la figura oscura de su lado. Aún recordaba el día que capturaron la imagen, la perseverancia que mostró la arrogante mujer para lograr un recuerdo junto al que sería el rey de su nuevo mundo. Seguía encontrando patética a aquella mujer. Aunque en algún recóndito lugar de su mente permanecía el pensamiento de que haberse deshecho de Excella a la mínima oportunidad presentada fue una mala idea. Tenía que admitir que le fue de mucha utilidad y ayuda en su momento. O al menos más de lo que lo estaba siendo Charles.
El silencio del lugar junto a los pensamientos del rubio se vieron interrumpidos cuando uno de sus hombres entró en la polvorienta tienda armando un alboroto al pisar los cristales que se encontraban regados por el suelo. Tuvo suerte de no acabar con un disparo entre ceja y ceja o con el cuello roto; ¿quién en su santo juicio se acercaría ''sigilosamente'' por la espalda del capitán?
Wesker levantó la mirada de la imagen de su antigua compañera para dirigirla al intruso que acababa de entrar. El agente se encontraba alterado mirando atónito lo que acababa de pisar.
— ¿Y bien? —formuló el hombre de negro con cierto tono de desesperación; era agotador tener que estar todo el tiempo rodeado de inútiles.
—Hemos encontrado algo.
—Eso ya me lo imagino. — contestó a punto de rodar los ojos detrás de sus lentes negros. — ¿Me vas a decir de que se trata o tendré que sonsacártelo? — le preguntó mientras salía del lugar para volver a tener a clara visión lo que tiempo atrás fue la mayor plantación conocida de 'Starway to the Sun'. Ya estaba perdiendo la paciencia.
—Eh… si bueno, no estamos del todo seguros de que sea lo que estamos buscando... — intentó excusarse mientras seguía los pasos de su superior y salía al exterior. Caminaron hasta llegar a la vieja mesa donde se encontraban sus otros dos acompañantes que al instante de ver al rubio asomarse se echaron a un lado de ésta, permitiendo que la moribunda planta que reposaba encima reluciera en su esplendor. O el que le quedaba, claro.
Estaba en pésimas condiciones; el potente color anaranjado que antes pudo ser visto en sus largos y finos pétalos había sido transformado a un tono rosa pálido, su tallo, tiempo atrás luciendo un vivo color verde ahora en medio de un color fruto de una mezcla entre este y el marrón.
Cualquiera al que le preguntaras te diría que aquella flor que en un tiempo fue bonita estaba ahora marchita. Aunque en comparación con las demás era la que mejor aspecto tenía. Además a Albert Wesker siempre le gustaron los retos.
— ¿Acaso esperáis que os felicite? Haced el favor de ponerla en una maceta decente y llevarla al avión. —ordenó buscando un pequeño objeto electrónico vibrante en su bolsillo, señal de que estaba recibiendo una llamada telefónica. Cuando vio de quién provenía movió la cabeza dirección a la salida de la cueva señal de que por su bien debían retirarse del lugar antes de que descolgara la llamada.
Temer a Albert Wesker no era una clausula visible en su contrato pero con el paso del tiempo para muchos resultaba algo imposible de ocultar. ¿Y quién no le temería después de ser testigo de lo que es capaz? Uno de los escoltas del rubio fue el que traslado la delicada y última oportunidad para lograr hacer resurgir a Uroboros, volverlo a transformar en lo que alguna vez fue, el nombre de uno de los más temibles y mejores virus alguna vez creados; todo eso dependía ahora de una flor marchita que estaba más seca que la tierra en la que se encontraban.
Se alejó unos metros de sus hombres mientras esperaba a que salieran de la amplia cueva en la que se habían acabado todos ellos no por voluntad propia. Descolgó su teléfono esperando a que le comunicaran algo que le alegrara el día. ¿La posibilidad de poder crear un virus con las mismas o más y mejores ventajas de las que disponía Uroboros pero sin esa molesta planta quizá? La verdad es que eso supondría un ahorro de tiempo. Tiempo que iba a derrochar intentando revivir un puñado de raíces y fibras secas. Lo primero que llego a oír —porque el ruido que provocaba no permitía oír nada más— fue la voz de Charles quien estaba exigiendo a gritos que los ocupantes de su despacho salieran de inmediato de este. Y si ya estaba de mal humor bien que ahora sus hombres ya podían correr porque hablar con Charles siempre le arruinaba en día. Deseaba como a ningún otro que llegara el día en que se valiese por sí mismo de nuevo y pudiera despedir a su amigo de la forma en que se merecía.
— ¡Venga marcharos todos de una maldita vez y empezad a hacer bien vuestro trabajo! — exclamó desde el otro lado de la línea, cosa que provocó que Wesker tuviera de apartar el aparato de su oreja. Tenía planeado dominar el mundo con el tímpano intacto. Sino era mucha molestia.
—La próxima vez que coja el teléfono y me grites al oído me voy a ocupar de que ya no puedas sostenerlo. —dijo con voz tranquila como si amenazar a alguien de que le vas a romper un brazo fuera algo de uso diario. Aunque para él sí que lo era.
—Wesker verás. —empezó a conversar el hombre de cabellos morenos ignorando la amenaza anterior. — ¿Recuerdas la ayudante que llego el día de tu partida?
— ¿Vamos a estar jugando a las adivinanzas todo el día? Ve al grano de una vez.
—Hicimos una búsqueda por imagen y la chica resulta ser una agente de la BSAA llamada Claire Redfield. —respondió con cierto interés en su manera de hablar; tenía una gran curiosidad por saber lo que su superior iba a llevar a cabo al ser informado de que la hermana menor del culpable de que acabara arruinado ahora se encontrara en sus instalaciones.
—Haz otra búsqueda Charles es imposible que Chris Redfield haya dejado a su hermanita pequeña vagar por las instalaciones de un lugar que desconoce. —le ordenó mientras con su mano derecha estimulaba el puente de su nariz, justo bajo sus gafas. Este día estaba resultando curiosamente molesto.
¿O quizá era él que estaba más susceptible de lo usual?
Probablemente ambas.
—Cuando la he llamado por su nombre completo ella ha respondido, tú ya estabas sospechando de que pudiera ser una espía ¿Verdad? Pues aquí tienes la respuesta. — le respondió intentando no sonar a desafío, sin conseguirlo. Si bien Wesker era un hombre arrogante, con hambre de poder y con una larga lista de objetivos Charles no se quedaba atrás. Dependiendo de la ocasión ambos juntos podían formar un gran equipo siendo lobos solitarios como los que eran eso no pasaba muy a menudo, al contrario siempre estaban desafiándose entre líneas y mal disimulando el poco agrado del uno por el otro.
—Deja de tentar a tu suerte y dime dónde se encuentra ahora nuestra invitada. — le amenazó de nuevo en apenas cinco minutos, y Charles tenía suerte de estar a una gran distancia del tirano o como él lo denominaba de su jefe; de no ser así probablemente ahora estaría volando por los aires para luego toparse con el suelo o alguna pared justamente colocada que le provocaría la ruptura de varios huesos, suplicándole a Wesker que terminara con esa tortura a la que le estaba sometiendo, bañado en su propia sangre, arrastrando su cuerpo por el suelo con la mínima esperanza de lograr escapar de ahí, escapar de él.
Esa era la señal para saber que debía desconectar de toda esa gente. No es que fuera por alguna manía suya, pero por muy indiferente que le fuera la vida humana, imaginar cómo torturaba a uno de sus socios nunca fue buena señal.
Se podía decir que echaba de menos la soledad de su laboratorio, tener que preocuparse sólo por inyectarse su suero estabilizador a la hora exacta.
—Está encerrada en tu laboratorio desde ayer por el mediodía, ni tan sólo ha intentado escapar. Parece que la BSAA no se esmeró demasiado para buscar a un agente decente para la infiltración.
—Así que fue ayer por el mediodía cuando descubristeis la identidad real de la chica y me avisas ahora. Haz el maldito favor de no subestimarla por muy inofensiva que parezca.
—Está bien, está bien, ahora la llevare a una sala de retención. — respondió alzando los brazos para tranquilizarle como si ambos se encontraran en la misma habitación.
—Mañana a estas horas ya estaré en Rusia. — informó justo después de soltar un suspiro de cansancio. —Procura mantenerla quieta, y que no arme ningún alboroto.
—No hay problema, estará esperándote de una pieza, te lo aseguro. — pronunció con malicia.
Lo último que quería ahora era tener que tratar a esa espía de tres al cuarto como una princesita, como si no hubiera venido para filtrar información a sus amigos.
—Y Charles... — Wesker retomó la conversación, esta vez con una voz aparentemente tranquila pero no por eso menos feroz. —Te recomiendo que intentes mantener esos repentinos ataques de ira que sufres. Prefiero ser yo el que le dé la bienvenida a nuestra querida Claire Redfield. — dijo antes de cortar la llamada.
Wesker subió al helicóptero a la vez que guardaba el pequeño aparato electrónico que se encontraba en sus manos, con el que había establecido conversación con Charles instantes atrás.
Así que la hermana menor de Chris había decidido hacerle una visita…
Estaba intrigado por saber cuáles fueron las causas de que sus destinos fueran a cruzarse de nuevo. El espíritu aventurero y temerario de la familia Redfield siempre le sorprendía.
Un amplio número de posibilidades se mostraron frente a sus ojos. Como podía ser tan fácil torturar a Chris sin ni si quiera tener la obligación de verlo. A través de su hermana.
Sería un placer dejarle en total claridad que ahora ella le pertenecía y que por ello podía hacer lo que quisiera con su persona.
No necesitaba ni el consentimiento de la chica y papel alguno que lo demostrara, simplemente él se iba a ocupar de convertirse en el dueño de Claire Redfield.
La experimentación era similar al coro de los ángeles para él, podía someterla a un gran número de sustancias y virus, solo para poder disfrutar más adelante del efecto que iba a tener eso en su hermano.
Podía abrirla en canal, convertirla en uno de esos seres hambrientos que años atrás se hicieron con el control de Raccoon City, dejarla con ansias de carne y luego de eso dejarla libre para que Chris viera en que había transformado al último miembro en pie de su apreciada familia, que se viera obligado a arrebatarle la vida a alguien que era portador de su propia sangre o dejar que la devorara solo para que luego sus compañeros acabaran con su nueva forma de vida.
O podía torturarlos a ambos, que Chris supiera que su hermana estaba en las garras de su peor enemigo, destinada a morir cual cobaya de experimentación. Iba a dejar que la buscara, le iba a obligar a buscarla y que al encontrar el supuesto lugar donde él se ocultaba, se quedara devastado al notar que se trataba de otra sala vacía, con meros indicios de que alguna vez estuvieron ahí.
Y a ella la iba a obligar a observar como su hermano se iba destruyendo a sí mismo, paulatinamente, por su recuerdo.
Encerrada en alguna sala donde sus gritos de clemencia y socorro no fueran capaces de atravesar el grosor de los muros, en donde ella fuese la única consciente de que iba a morir en cualquier momento.
Y cuando los dos estuvieran acabados, hundidos por el deseo frustrado de proteger al otro les daría el final que merecían, con dolor y agonía, haciéndoles creer que la paz estaba cerca, cuando lo peor aún estaba por venir.
Porque de todas las formas de tortura que el ser humano había inventado, la psicológica siempre fue su favorita, y aunque no lo pareciera también era la más dolorosa.
Capaz de hacer que un hombre se arrebate la vida a si mismo solo por lograr escapar de los pensamientos que lo atormentan.
Sin duda alguna sus ratos libres serían entretenidos.
Todo estaba misteriosamente tranquilo, no como la primera vez que cruzó esos pasadizos; antes se oían a los científicos trabajar, voces graves murmurando fórmulas desconocidas a su paso y objetos de metal y cristal chocar entre sí. Pero ahora el único ruido presente era el de sus tacones, que por mucho que intentara disimular siempre podía percibirse su pequeño resonar, por lo que optó despojarse de ellos.
Tal vez debería intentar recopilar algunos documentos y luego enviarles aquella preciada información a los del cuartel.
Informarles de que su mayor enemigo seguía de pie, que sobrevivió al calor abrazador de un volcán que debía ser su tumba, que se alzó después de que dos cohetes le dieran de lleno, hundiéndolo todavía más profundo en el mar de lava en el que se encontraba.
Que burló a la muerte por segunda vez.
Quizá debieron pensar que era Albert Wesker con quien estaban tratando, quizá debieron de ir a asegurarse que la lava lo había devorado por completo, pues si pudo sobrevivir a que una de esas abominaciones creadas a partir del T-Virus, le atravesara el estómago con su garra, pocas cosas serían las que lograrían acabar con él.
Hundido por el peso de sus pecados y actos del pasado, arrastrado por la sombra de lo que pudo haber sido de haberse quedado liderando el escuadrón de los S.T.A.R.S. Así era como se lo habían imaginado durante los últimos años, sólo para que ahora resultara que ese terrorista siguiera con vida.
El silencio se vio interrumpido cuando se escuchó un portazo y un hombre murmurar, mientras las suelas de sus zapatos hacían eco por los distintos callejones en los que estaban. El ruido se fue intensificando, señal de que fuera quién fuera, se estaba acercando.
Podía ser sólo un empleado más que pasara por su lado, preguntándose si esa mujer tendría algún ligero desorden mental por ir andando a través de la planta descalza, zapatos en mano, o bien podía ser el tipo odioso que la encerró un día y medio en un laboratorio enfermándola al recordar quién era su dueño.
Y si ahora no seguía ahí cautiva fue porque ella misma se las apañó para escapar de esa cárcel de paredes blancas y artilugios de experimentación.
Probó suerte con la puerta de su derecha, ¿quién sabía? Aunque era algo poco probable, no había ninguna ley que obligara a proteger sus puertas con mecanismos, códigos y llaves.
Agarró el pomo con una de sus heladas manos y empezó a girar la muñeca y la mano junto el objeto que tenía entre ésta, provocando que se escuchara el chirriar de los engranajes al empezar a trabajar; un ruido seco cuando estos encontraron algún obstáculo que no les permitía seguir con su labor habitual.
Estaba cerrada.
Definitivamente, ese día la diosa de la fortuna no estaba de su lado.
Lo más seguro era que la hubiera abandonado el día que se vio perdida en el centro de una ciudad tomada por el demonio, infestada de muertos vivientes, insectos doblando más de treinta veces su tamaño habitual y un científico loco cuyas creaciones le habían consumido .
Hizo lo mismo con la puerta del lado derecho de la anterior, sólo para llevarse otra decepción.
Probablemente en esas salas que protegían con tanta cautela, no había más que un escritorio y unos pocos documentos arrugados, que no eran de utilidad ni para fabricar aviones de papel. Pero así eran, protegiendo todos sus conocimientos, hasta el último minuto de sus vidas por muy inútiles que fueran, sólo para así hacerse creer a ellos mismo que eran algo más que un pelele.
Nunca iba a entender los pensamientos que podían llegar a cruzar en la mente de esos científicos arrogantes. Capaces de vender su alma y su humanidad por un puñado de billetes, sin sentir culpa o remordimiento alguno por ser causantes de la muerte de tantos inocentes.
Le quedaba una por comprobar, estaba al otro lado del pasadizo paralela a la primera puerta que intentó abrir. Se dirigió hacia ella lo más rápido que pudo, intentando no hacer algún ruido fuera de lo normal; el eco de los pasos intensificándose cada vez más.
Claire tomó el pomo y lo giró abriendo así la puerta que le hacía de barrera, entró en la habitación y la cerró de la manera más delicada que se podía permitir. Soltó todo el aire que había retenido en su interior hasta ese momento y dejo caer la cabeza hacia delante, apoyándola en la blanca puerta y cerrando los ojos para intentar desconectar de todo el ajetreo que estaba sufriendo.
¿Qué demonios es lo que estaba haciendo?
¿De verdad pretendía ir paseando por aquel lugar, evadiendo a Charles, entrando en despachos ajenos, y todo por ganar un poco de reconocimiento en el cuartel?
No mentía cuando decía que Chris subestimándola y sobreprotegiéndola, la ponía enferma, la mantenía encadenada en su casa, negándole incluso ir a las misiones más simples que se le proponían.
Aunque si en esta ocasión le hubiera hecho caso ahora no estaría prácticamente en papel de rehén de Albert Wesker.
— ¿Intentando escapar de Charles? — preguntó una voz aterciopelada que provocó que Claire emitiera un grito mientras se giraba para ver quién era el culpable de casi hacía que le diera un ataque.
—Maldita sea, me asustaste. — respondió con la respiración agitada, al ver que a simple vista no se trataba de alguien que le fuera a provocar algún problema. Dejó que su cuerpo se apoyara sobre la estructura blanca de detrás suyo, su mano derecha reposaba en su pecho, en la zona del corazón que ahora bombeaba la sangre a una rapidez poco usual.
—Oh, ¿De verdad? Nunca me hubiera dado cuenta. — le sonrió sarcásticamente. — ¿Y ahora me vas a decir por qué acabas de irrumpir en mi despacho?
—Como tú dijiste, sólo intento dar esquinazo a Charles y como todas las demás puertas estaban cerradas, aquí estoy. — confesó. No le parecía un mal tipo, de hecho todos los que conoció hasta la fecha parecían ser amables, excepto Charles, claro.
Aunque eso no justificaba el hecho de que estuvieran ayudando a Wesker a destruir el planeta Tierra.
—No te culpo, hoy está más insoportable de lo normal. — dijo intentando entrar en confianza, se acercó a ella hasta estar delante para poder observar la menuda figura de la chica y le tendió la mano. — Christian, encantado.
Claire observó más detalladamente sus rasgos, era un hombre alto de pelo oscuro con algunos pincelazos rubios que contrastaban a la perfección, su piel morena no hacía otra cosa que resaltar sus ojos azules que parecían que le atravesarían el alma, y unos labios finos que se habían curvado para formar una sonrisa que dejaba a la vista sus dientes, semejantes a perlas en lo que a color se trataba. Sin embargo, lucía cansado, como si llevara algunos días con falta de descanso; unas tenues ojeras eran visibles en el parpado inferior y la típica barba de tres días ya había aparecido.
Pero eso no le quitaba el atractivo.
— Claire Redfield. — respondió mientras le correspondía al apretón de manos que algunos segundos atrás le ofreció. No encontró razón alguna para darle el nombre de su falsa identidad; dentro de algunas horas lo más probable era que toda la corporación fuera consciente de que estaba entre ellos. ¿Así que por qué seguir mintiendo?
— ¿Claire Redfield? ¿Acaso eres nueva? — preguntó extrañado por no recordar a ningún trabajador con ese nombre.
—Algo así. — respondió con una sonrisa fingida.
—No obstante, ese apellido me es familiar.
—Me dijeron que por aquí hay mucha gente con ese apellido. — mintió.
—Y bien Redfield, ¿Alguna razón en especial para que vayas por los pasadizos descalza sólo para que Charles no te encuentre?
—Ehm, no nos llevamos muy bien y no tengo ganas de llevarme una regañina y algún que otro golpe.
—Me temo que este no es el mejor lugar para esconderte; mi hermano va a venir dentro de unos tres minutos.
— ¿Tu hermano? — preguntó extrañada.
Se temía lo peor.
—No le voy a decir que escapaste del laboratorio, pero pronto lo descubrirá, así que haz el favor de irte de aquí lo más rápido que puedas. — la intentó tranquilizar, sus ojos azules como el mar profundo la miraban con compasión, como si de verdad quisiera que escapara sana y salva de allí.
— ¿Por qué? —alcanzó a preguntarle sin entender sus actos.
—Es simple, me gusta ver como pierde los estribos cuando las cosas no le salen bien.
Y ahí estaba, el carácter que le afirmó que esos dos eran parientes, sin duda alguna.
Claire salió de la habitación sin decir palabra alguna, después de colocarse sus tacones. Se dirigiría al puesto donde la asignaron; ahí se encontraba su chaqueta y la identificación que le dio Charles y que le daba total libertad para entrar y salir del recinto.
El resonar de sus tacones se clavaba en su cabeza, provocándole un dolor sobre la sien que le negaba el privilegio de pensar con claridad; eso la animaba a andar más deprisa, olvidando por completo el concepto de pasar desapercibida. La planta estaba desierta, como si todos los trabajadores estuvieran cautivos en sus lugares de trabajo, exceptuando a algunos científicos malhumorados que se cruzaron con ella y la observaron con desaprobación; ella ni se molestó en fijarse.
Con velocidad en la que iba pelirroja no pudo evitar chocar con un hombre al girar en una esquina, ambos retrocedieron unos pasos y se quedaron en shock unos segundos, preguntándose qué había pasado. Todo terminó cuando descubrieron la identidad del otro.
— ¡¿Pero qué demonios?! — preguntó él sacudiendo sus ropas con las manos, como si estuviera sacando el polvo de éstas. La ira y algo parecido al desconcierto eran visibles en sus ojos.
La chica lo único que hizo fue abrir la boca para decir algo y cerrarla segundos después sabiendo que esa no era una buena idea.
Por lo que decidió correr.
¡Cogedla maldita sea! ¡Quiero verla encadenada frente a mí ahora mismo joder! — gritó Charles quién estaba haciendo señas a uno de los guardias que vigilaba la entrada a su despacho.
Se quitó los tacones de nuevo para deshabilitar así la posibilidad de torcerse un tobillo mientras llevaba a cabo esa carrera, podía oír los gritos de Charles reclamando que le trajeran su cabeza clavada en una estaca y su cuerpo torturado para usarlo igual al de una rata de laboratorio. Unos segundos después de esos gritos histéricos pudo escuchar las botas de los guardias correr hacia ella, las armas preparadas para disparar en cualquier momento. No era la primera vez que vivía una persecución así, años atrás vivió una de gran semejanza en una de las centrales de Umbrella Corp. Así que ya era consciente más o menos de lo que eran capaces.
Desvió su camino hacia la derecha al tiempo que las armas empezaban a sonar, y el sonido de las balas abandonando sus escondrijos, rompiendo el poco silencio que quedaba y provocaba que algunos curiosos salieran de sus lugares de trabajo para terminar siendo víctimas de algún disparo mal encaminado.
Claire siguió con su carrera procurando girar a cada determinada distancia para evitar acabar como alguno de los científicos que acribillaron inocentemente, y entonces algo la agarró del brazo y la hizo entrar en una de las habitaciones.
— ¿Se puede saber qué es lo que no entiendes de la palabra sigilosamente? — preguntó Christian quién la mantenía aprisionada en un rincón de su despacho, entre la pared y él.
—Hice lo que pude.
—Pues no fue suficiente, querida.
— ¿Y ahora qué?
—Simple... — dijo mientras le daba la vuelta y la dejaba cara a cara con la pared, agarró sus brazos y los entrelazó, agarrándolos con una mano por la muñeca.
Y entonces con la mano que le quedó libre le cogió de la cabeza y le obligo a darse cabezazos contra la pared, hasta que esta quedo marcada con su sustancia carmín y ella quedó inconsciente.
—Buenas noches Claire. — le susurró al oído.
Se despertó tendida sobre una cama adornada con unas sábanas blancas. Llevó una de sus manos hacía su frente e hizo una mueca de dolor.
Maldito bastardo.
Sentía su cabeza tal como si alguien estuviera taladrando sobre ella; sentía que volvería a desmayarse y ya no despertaría.
Le tomó un tiempo levantarse de ahí, estaba cansada, dolorida y hacía tres días que no dormía de manera decente, pero lo logró. Aún con la mano en su frente empezó a examinar la sala: era la típica sala acolchada que se encontraban en los manicomios y realmente le sorprendía que no le hubieran puesto una camisa de fuerza. Una vez en frente de la puerta se atrevió a mirar por la ventana sólo para toparse con las espaladas de los dos guardias que se encargaban de que pasara encerrada ahí los días que le quedaban por vivir.
Empezó a dar vueltas y más vueltas por la pequeña habitación, maldiciendo el momento en que llego a confiar en Christian y se dejó cautivar por esos ojos azules.
Y así fue como fue obligada a pasar la mayor parte del día, envuelta en sus pensamientos, abandonada en su dolor, llorando en silencio porque sabía que no iba a ver de nuevo a sus seres queridos, y cuando pensó que la poca cordura que le quedaba iba a desaparecer se pudo oír la puerta abriéndose paulatinamente.
—Maldito cabrón, ya pensaba que ibas a dejar que...
—Shht. — la interrumpió. — veo que su personalidad temperamental sigue intacto después de todo este tiempo, dearheart.
Y ahí estaba él.
Albert Wesker se presentaba ante sus ojos, de nuevo con su calma habitual, esperando el momento perfecto para que su ira se desatara.
¿Qué iba a hacer ahora?
¿La mataría?
¿La dejaría vivir?
¿La torturaría hasta que ella misma suplicara por su muerte?
Que terminara todas las abominaciones que estaba haciendo con su cuerpo y que la transformara ya de una vez por todas en una de sus creaciones.
Su respiración se aceleró y ojos aguamarina se abrieron hasta el punto de amenazar con salir de sus órbitas, permitiendo que él luciera una de sus típicas sonrisas ladeadas en señal de victoria.
Wiii, al fin se terminó, fue horrible escribir este capítulo, excepto la parte final. Ese Christian es todo un sensualon.(?)
Aún tengo mis muchas dudas sobre mi versión de Wesker, pero mientras no cause sida a mis preciados lectores todo estará bien.(?)
Muchas incógnitas en mi vida.(?)
Okey, aquí les dejo las respuestas a sus preciosos reviews:
SlimeSpectre: ¡Que bueno que te gustó! ¿Seguirás leyéndome pese a que me tarde tanto? Espero que si, y ya sabes, nos leemos en la próxima actualización.:)
AdrianaSnapeHouse: Gracias por decir que soy chusca(?) No se si eso es algo bueno o malo, pero me da flojera buscar en el diccionario así que voy a seguir mis instintos y voy a pensar que es algo malo.
Porque si me dices chusca es similar a chusa, que se parece a chunga y chunga es algo similar a ser Hitler(?)
Sueles decirme eso de que te gustan las notas que hago entre narración, ¿Qué quieres que diga? Talento natural.
Es decir, bitch please, soy Laia.
Eso de no tardarme en actualizar no lo cumplí muy bien.. Pero más vale tarde que nunca, hubo muchos fanfics que dejé abandonados en el segundo capítulo y casi pasa con este también(?)
No lo se... yo solo quería ser popular.
Y nada más creo, nunca se me dio bien responder reviews no me culpes, fue pola quién me obligo a hacerloD:
Y nada más corasón, solo agradecerte todo lo que haces por mi :') aguantar mis constantes idioteces y berrinches no debe de ser para nada fácil... pero soy adolescente así que tengo excusa(?)
Y ahora ya no tienes excusa para no hacer la colaboración (que ahora veo que se volvió una moda ¿O como?)
Te voy a robar la manera de despedirse.. en fin.. no soy muy original, pero te quiero mucho y eso lo perdona todo(?)
Ñe:'3 nos leemos luego. Te rsuper-mega-quiero:''). Un gran beso.
Addie Redfield: Ueueueue, finalmente caíste al lado oscuro y te volviste fan del ClairexWesker PARTY HARD. XD
Aww.. ¿De verdad crees que soy buena para mi edad? :S Nope. Ahora mismo estoy sonrojada mil. D: Yo solo quería ser popular(?). Espero que te haya gustado este capítulo, ¿Valió la pena la espera o vas a matarme a chanclazos junto a Pola y Ady?:') personalmente este es mi favorito..
Y ahora si que nos leemos luego. ¡Un beso!
Stacy Adler: 36 reviews de golpe y ahora te nombro en un capítulo, ¿Pero qué está pasando aquí? Neh, no miento cuando te digo que te lo mereces, esto y mucho más, tererere. Ventajas de ser mi madre son pocas pero muy placenteras.(?)
Espero que te haya gustado como ya te dije tantas veces es mi capítulo favorito por el momento *-*
Aún espero la imagen e_e ...u_u Seguiremos hablando por Whatsapp, Skype y Fb :') Hasta entonces te envío un fuerte abrazo y miles de besos *3*
Yuna-Tidus-Love: Sip, lo continué, pero tu continuaste leyéndome lo que me hizo aún más feliz:') Charles realmente es un tipo odioso... Pero no voy a desvelar ningún avance:P
Nos leemos en la siguiente actualización:)
Polatrixu: Casi que predices el futuro y Wesker se encuentra el cadáver de Claire, la pobre casi se desangra con el golpe que recibió. XD En fin, aquí esta el capítulo tres que tantos me amenazaron para que lo publicara, espero que la espera haya bastado y que no me mates a chanclazos Dx
Solo gracias por todo:') Y ya, ponte a a actualizar PC!
Hasta la próxima actualización:D tqm.
Lia-tan: No culpes a Charles, el solo tiene mucho estrés, ser socio de Wesker es difícil. Ñe tu tranqui, nadie intentará nada raro con Claire. A no ser... O.O
Espero que te haya gustado la actualización, se que me tardé un poco... :c perdón..
Tendremos que esperar al capítulo cinco para ver que es lo que hace Wesker con Claire :P Nos leemos luego.
EstherCorcolesV: Aw,, muchas gracias, no sabes lo importante que es tu opinión:') Espero que este capítulo te guste tanto como los demás. Y ya sabes.. Paws Up! :D
VioletStreat: Ueueueue, una lectora española, ¡Creo que voy a llorar! :') eres la primera, es un honor(?) me alegra que te guste la historia, intentaré pasarme por la tuya lo antes posible, pero hoy estuve liada terminando de arreglar el capítulo tres.
Y si... Charles es realmente odioso X.x si supieras lo que tengo preparado para él... WAJAJJA XD
Nos leemos en la próxima actualización, besos.
Y hasta aquí fue todo, muero de ganas por publicar el capítulo cinco:') solo de imaginarlo lloro de emoción XD, espero que haya valido la pena la espera y de no ser así maten a Ady, yo añun tengo mucho por vivir.(?)
Hasta la próxima actualización. Un beso:)
Laia.
