Nuevas Esperanzas

(Milk la Leona)
Versión H.S

- ¡Entréganos tus esferas del Dragón! –ordenó autoritariamente el más pequeño de ellos, su voz sonaba cansada, temblorosa y aguda.

El sol se encontraba a sus espaldas, por esto, Milk no podía distinguir bien sus rostros, pero aún así, no les entregaría nada.

- ¡No! –contestó ella decididamente.

- ¡Entrégala ahora mismo o te arrepentirás! –amenazó él pequeño, haciendo un ademán con el puño al aire.

- ¡Ya te dije que no se las estregaré!

- Muy bien, si así lo quieres… -reflexionó en voz alta-. ¡Shu, Mai, quítenle la esfera y tráiganmela! –Ordenó alzando la voz en un grito que le provocó un grave acceso de tos. Mai y Shu lo miraron preocupados un momento.

- ¿Se encuentra bien Gran Pilaf? –preguntó Mai juntando las manos frente a ella.

- ¡No se preocupen por mí, tráiganme las esferas!

- ¡Como usted ordene! –dijeron al unísono Mai y Shu parándose tan erguidos como podían y bajaron lo más a prisa que pudieron (con una agilidad que ni la tortuga de mar envidiaría), del gigantesco vehículo.

Bajando el último escalón, Mai cayó con las dos piernas abiertas, le temblaron demasiado por el último brinco que dio, pero se mantuvo en pie, al contrario que Shu, como era más pequeño, la caída fue de más alto y no pudo mantenerse en pie y cayó de espaldas. Rápidamente Mai fue a ayudarlo, caminaba con una mano en la cadera y otra apoyándose en un largo bastón, tardó cerca de un minuto llegar hasta donde él pequeño perro se encontraba.

- ¿Te encuentras bien? –le preguntó.

- Sí… a… ayúdame a levantarme –pidió dolorosamente Shu. El esfuerzo de ayudar a su compañero a levantarse, provocó en la espalda de Mai un horrible crujido doloroso que por poco la tira al suelo.

- ¡¡Dejen de perder el tiempo y quítenle las esferas!! –gritó Pilaf y volvió a tener un acceso de tos. Mai y Shu lo miraron suplicantes, estaban excesivamente cansados para seguir haciendo eso, se miraron desesperanzados, suspiraron y miraron a Milk, que en todo ese tiempo los había mirado, compadeciéndose de aquellos pobres ancianos locos.

- Entréganos tus Esferas del Dragón –pidió Mai, su voz parecía más una súplica que una orden.

- No –respondió Milk muy decidida, aunque comenzaba a flaquear, aquellos viejecitos le habían provocado un poco de lastima, una parte de su mente le decía que quizá sería mejor entregar las esferas a los más necesitados, que en este caso eran ellos.

- En ese caso… -comenzó a decir Shu y a la asombrosa velocidad con la que la tortuga de mar se desplazaba por tierra, sacó de su chaleco una pequeña capsula que presionó y aventó lo más lejos posible de él (unos 10 centímetros).

¡PUM!

La explosión de la capsula lo derribó de nuevo, esta vez Mai no se molestó en ayudarlo y sacó de su bolsillo una capsula, que presionó y arrojó al suelo, se cubrió los oídos y cuando la cortina de humo se disipó, había en el lugar dos robots de diferentes tamaños.

Mai saltó al interior del que estaba frente a ella con mucha dificultad, mientras Shu seguía tirado quejándose en el suelo. Con ayuda de su robot, Mai introdujo a Shu en el robot frente a él. Con cada una de las acciones que ellos hacían, Milk sentía más y más lastima por ellos; "Pobrecillos" pensaba. Lo que ella no sabía, era que los robots que habían sacado, no dependían mucho de la velocidad y fuerza de sus ocupantes. Éstos, estaba acondicionados para que fueran controlados de una manera fácil y sin mucho esfuerzo, por lo que los robots eran en verdad máquinas asesinas.

- ¡JA, JA, JA! –Se burlaba Pilaf, después de que la tos se le pasara, agregó-¡Ahora pagarás por haber lastimado a mis hombres!

¿Por haber lastimado a sus hombres?, se extraño Milk, ella ni siquiera los había tocado.

Mai y Shu se colocaron a ambos lados de la mujer que miraba desconcertada a Pilaf, el pobre marciano no dejaba de toser violentamente, y ahora a tos era acompañada de fuertes arcadas, parecía que estaba intentando vomitar el estómago.

¡PAS!

El golpe que recibió en el rostro la derribó al suelo, Shu e había dado cuenta de su distracción y decidió que era el momento justo de atacar. Milk yacía derribada en el suelo, aunque en su juventud había sido muy fuerte, los años no pasan en vano y el dolor se extendió por toda la parte de su cuerpo que estaba apoyada en el suelo.

Lentamente se levantó, no permitiría que le robaran las esferas. Miró a Shu y levantó los puños. La expresión del perro dentro del robot, cambió lentamente de cansada a cansada y sorprendida. Él recordaba la posición en la que su enemigo más poderoso colocaba las manos para pelear contra ellos. Y la mujer frente a él, los había colocado igual.

Corriendo, Milk atacó a Shu, los reflejos de este eran tan lentos, que ni el robot pudo reaccionar para evitar ser golpeado en la parte delantera. El robot se tambaleó un poco, pero no cayó. Milk cayó sobre sus dos pies ágilmente y estaba lista para atacar de nuevo, pero el robot de Mai la detuvo por el cuello, dejándola completamente inmóvil.

- ¡JA, JA, JA! –volvió a reír Pilaf y la tos regresó.

- Deje de hacer eso Gran Pilaf, sabe que le hace daño –le recordó Mai.

- No importa, denme las esferas.

Shu fue quien avanzó hacia el aerodeslizador de la mujer y buscó dentro. Sacó la mochila y la acercó a donde se encontraba el vehículo más grande.

Mientras tanto, Pilaf había bajado de éste y esperaba con una inmensa sonrisa (sin atreverse a reír para evitar la tos), las preciadas esferas. Mai había bajado también de su robot, el cual no dejaba de apresar a Milk, quien gritaba y pateaba pidiendo su pronta liberación.

- Por fin –se regocijaba Pilaf- por fin están en mi poder y ese mocoso no ha venido a interrumpir –levantó la mirada y miró alrededor, como si esperara verlo por algún lugar del cielo.

- Y ahora que tiene las esferas¿qué va a pedir Gran Pilaf? –preguntó Shu cansinamente.

¿Qué sería bueno? Siempre había deseado ser el gobernador del mundo, pero estaba demasiado viejo para eso, no podría gobernar por mucho tiempo ya, seguramente su muerte se acercaba, entonces, sería mejor desear algo que disfrutara antes de su muerte. Sí, eso sería lo mejor; desear algo que lo hiciera feliz antes de morir, algo que disfrutaría junto con sus dos fieles sirvientes: Mai y Shu, quienes siempre le habían servido fielmente sin protestar¿pero qué podría disfrutar junto con ellos?

- No tengo idea –confesó finalmente el Gran Pilaf-, llamemos primero al Dios Dragón y después ya pensaré en mi deseo.

Con manos temblorosas, Shu colocó las siete esferas juntas, un poco apartadas de donde se encontraban. Regresó lo más rápido que pudo a lado de Mai y espero.

Mai también esperó.

Milk miraba cómo su esfuerzo ahora resultaba inútil, le habían tapado la boca y no podía decir nada, Pilaf recordaba muy bien como aquel cerdito había arruinado sus planes y no pensaba caer en la misma tontería de nuevo.

El Gran Pilaf no se movía, Mai, Shu y Milk sólo podían ver su espalda. Pilaf respiraba profundamente, quizá la emoción era tanta que no podía hacer otra cosa. Todos esperaban, y esperaron demasiado, comenzaron a impacientarse. Mai y Shu intercambiaron una mirada de desconcierto¿en qué demonios estaba pensando el Gran Pilaf?, decían sus miradas. Quizá, pensaron, no recordaba las palabras para llamar a Shen-Long. Lentamente, Mai se animó un poco y se acercó a Pilaf. Cuando lo rodeo por fin y pudo verle el rostro, éste estaba dormido.

- ¡Por favor Gran Pilaf, despierte! –Lo zarandeó ella para despertarlo. Él despertó desconcertado.

- ¿Qué¿Qué sucede?

- Tiene que llamar al Dios Dragón –le informó Mai, Pilaf la miró confundido, unos instantes después, recordó lo que estaba haciendo.

- ¡Es cierto¡Apártate! –Ordenó y Mai regresó junto con Shu. Milk no podía creer que fuera capturada por un trío de ancianos que se quedaban dormidos en la mejor parte. Era vergonzoso, afortunadamente nadie de sus amigos la veía.

- Sal… -pronunció Pilaf y se quedó callado, mirando hacía el cielo- Mai… -susurró- acércate un momento –ella obedeció.

- ¿Qué sucede Gran Pilaf? –preguntó susurrando también.

- ¿Cómo se llama al Dios Dragón?

- Se dice: "Sal de ahí Shen-Long para que puedas cumplir nuestro deseo" –informó Mai y se retiró, cansada de todo lo que estaba sucediendo, si dependiera de ella, pediría una cama confortable y una botella de buen vino. Desgraciadamente, el deseo no dependía de ella y Pilaf seguramente lo desperdiciaría en una babosada.

- ¡¡¡Sal de ahí Shen-Long y cumple mi deseo!!! –La voz de Pilaf se vio amplificada por alguna especie de magia que todos en el lugar desconocían.

Las esferas a sus pies brillaron con la intensidad del sol, al mismo tiempo que inmensas nubes negras cubrían el lugar, dejándolo todo en absoluta oscuridad. "Oooh" exclamaron con asombro Pilaf, Mai y Shu, dirigiendo sus ojos hacia el cielo. Relámpagos que llegaba a caer desde el mar de nubes sobre sus cabezas iluminaban repentinamente el lugar. El sonido de los truenos hacia vibrar el suelo bajo sus pies.

De pronto, una fuerte explosión se escuchó muy cerca de ellos y la onda expansiva los empujó hacía atrás. De las esferas emanaba un torrente de luz dorada que se elevaba al cielo a una velocidad sorprendente, serpenteaba entre las nubes, danzando de un lado a otro. "Pronto aparecerá" pensó Pilaf, recordando la figura imponente del Dragón que flotaba en el cielo y lo miraba con sus enrojecidos ojos fijamente, como si de un momento a otro se lo fuera a tragar entero. Era aterrador tenerlo enfrente de uno. Sin embargo, el torrente de luz dorada bajó de nuevo al suelo, estrellándose contra este con gran estrépito entre Pilaf y el lugar donde se encontraban las esferas.

Cuando Pilaf se descubrió los ojos, frente a él se encontraba la horrible figura sonriente de aquel enano coludo, sólo que ahora le faltaba la cola y ya no era tan enano, lo miraba sonriendo, se divertía de verlo envejecido. Sí, seguramente se burlaba porque sabía que Pilaf nunca había y nunca podría derrotarlo. ¿Qué demonios hacía allí, en ese preciso momento, y donde diablos estaba Shen-Long?

- ¡Hola! –saludó Gokú mirando a las personas que se encontraban frente a él. Mai y Shu abrieron desmesuradamente los ojos al verlo. Se miraron sorprendidos y sin esperar a su "jefe", echaron a correr como cuando tenían muchos años menos. Cada uno abordó su robot (Mai liberó a Milk) y huyeron del lugar. Pilaf los miró alejándose, no podía hacer otra cosa, así que subió también a un robot y se fue detrás de los otros dos.

- Vaya, pensé que querían pedir un deseo –reflexionó Gokú mientras miraba como se alejaban a toda prisa.

- Gokú –lo llamó Milk enormemente emocionada y con las manos frente al pecho.

Él la miró y dibujó una enorme sonrisa de felicidad en su rostro.

- ¡Hola Milk!

Sin poder resistirse más, ella echó a correr a los brazos de su amado esposo, quien la estrechó contra su cuerpo mirándola tiernamente.

- Te extrañaba tanto –dijo al borde del llanto- estaba tan preocupada por ti cuando no regresaste y después todos me dijeron que te habías marchado con ese odioso Dragón.

- Discúlpame por preocuparte Milk, pero Shen-Long no me permitió despedirme de ti –confesó él sonriendo.

- Volvamos a casa –le pidió ella con los ojos llenos de lágrimas.

- No puedo hacer eso Milk, tengo que cumplir con lo que le prometí a Shen-Long, es mi deber cuidar de las esferas ahora.

- ¡No!, cualquier otro puede hacerlo, que lo haga Kami-Sama o ese tipo raro que está siempre con él.

- No, Kami-Sama no puede hacerlo o las Esferas dejarían de existir, y Mister Popo, tiene que cuidar del Templo Sagrado, no es posible que ellos se encarguen de esto. Además, es agradable ser el guardián de las esferas¡puedo cumplir cualquier tipo de deseos! –Confesó él acentuando aun más su sonrisa.

- Entonces cumple mi deseo –le exigió ella-: deseo que vuelvas conmigo a casa –la expresión de Gokú se hizo seria en ese momento, Milk no apartaba la mirada de sus ojos.

- No puedo hacer eso –confesó al fin.

- ¿Por qué no? –Preguntó su esposa golpeándole el pecho con ambos puños, desesperada.

- Tengo que cumplir con lo que Shen-Long me pidió.

- No es justo –murmuró Milk deshaciéndose en el pecho de Gokú-. ¡No es justo! –Se quejó y gruesas lágrimas comenzaron a emanar de sus ojos, había hecho ese viaje tan largo para nada, después de todo, no pudo hacer que su marido volviera con ella.

Se sentía tan feliz a su lado, Gokú la rodeaba con sus brazos y la calidez que emanaba de él era tal y como ella recordaba, se sentía tan bien, no quería separarse de él nunca y la estúpida promesa a Shen-Long a ella no le importaba. ¿Qué podía hacer para que él volviera con ella?

- ¿No vas a pedirme ningún deseo? –interrogó Gokú.

- Quiero que te quedes conmigo.

- No puedo hacerlo.

Entonces deseaba morirse, si no podía él quedarse con ella a su lado, deseaba estar muerta y no saber nada más de nada. Pero entonces, la idea se le ocurrió de repente y las lágrimas cesaron un momento.

- ¿Puedo irme contigo? –le preguntó, apretándolo contra ella aun más fuerte, no podía escuchar los latidos de su corazón, pero su cuerpo era tan poderoso. Gokú pensó en las palabras de su esposa, ella aguardaba pacientemente por su respuesta, los latidos de su corazón se hicieron más fuerte s y rápidos, su respiración entrecortada¿podría?

Gokú se tardaba demasiado en contestar, por un momento, Milk pensó que se habría quedado dormido así como hizo Pilaf, no se atrevió a mirarlo, tenía miedo de que él le dijera al rostro que no podía acompañarlo, así que no tenía otra cosa más que hacer.

- Gokú –dijo firmemente abrazándolo con todas sus fuerzas- deseo irme contigo.


Lo que suceda después de esas palabras, depende de sus mentes.

Dedicado a Zely, maldita seas tú y la maravillosa inspirancia que me otorgas.

«-( H.S)-»