Hacía frío y los extraños ruidos procedentes de todo su alrededor, le hicieron despertar. Ianto se movió con dificultad, pues tenía algo en la pierna que no le daba suficiente movilidad. Todo estaba confuso en su cabeza, los últimos recuerdos de lo que había ocurrido, como habían llegado allí y lo que era más importante, donde estaba Jack.
Una sombra se colocó en la puerta, apoyado en el marco y tras un segundo de duda, se dio cuenta que se trataba, sonrió y se incorporó apoyando los brazos en la cama. Todo comenzó a dar vueltas a su alrededor.
"Deberías permanecer tumbado, el veneno sigue en tu organismo y tardará un par de días en salir de tu organismo." Jack se acercó poco a poco a la cama, mientras el muchacho le hacía caso y se tumbaba de nuevo, al menos así las nauseas eran menores. "¿Cómo te encuentras?"
"Como si me hubieran dado una paliza."
Jack sonrió y se sentó a su lado en silencio, mientras lo veía acomodarse un poco mejor en la cama. Jack le colocó bien la ropa de la cama, sin ninguna arruga y agradecido, Ianto suspiro y cerró un momento los ojos.
"No deberías haber venido, por nada del mundo te hubiera puesto en peligro. Además pensaba volver a la Tierra, tan sólo necesitaba un tiempo para pensar y recuperarme. Han sido unos días terribles para todos…"
"Jack a estas alturas te conozco mejor que nadie, así que no intentes decirme que después de lo que ha pasado y de lo que has tenido que hacer, ibas a estar bien en unos días, porque se que no es cierto."
Ianto alargó la mano y la colocó sobre la de Jack. Le acarició el dorso de su mano y mostró una sonrisa dulce, la misma que siempre había sonreír también al capitán, sólo que ahora no lo consiguió.
Desde que habían terminado con los 456, Ianto se había preguntado hasta que punto era posible que Jack hubiera cambiado, que hubiera dejado ser el mismo capitán Harkness del que se había enamorado.
Lo cierto era que Jack era perfectamente capaz de ocultar sus sentimientos ante todo el mundo. Podía parecer estar perfectamente bien, cuando la realidad era muy distinta. Jack estaba en el fondo de un profundo pozo, del que Ianto estaba seguro que ni el propio capitán sabía salir. Pero lo que más le preocupaba era si en realidad, tenía alguna intención de salir de allí y si le dejaría ayudarle.
"No quería traerte y lo sabes." Ianto sintió una punzada en el corazón, aunque en el fondo ya sabía que Jack le iba a decir aquello, aunque el capitán también sabía que el muchacho no se iba a rendir fácilmente.
"Y tu sabías que no te iba a dejar marchar sólo, no otra vez." Jack le acarició la mejilla. "No Jack ni siquiera pienses en dejarme en la tierra y marcharte con el Doctor, porque te aseguro que no te servirá de nada."
Ianto protestó al moverse, no se había percatado del dolor que sentía en la pierna hasta ese momento y Jack tuvo que hacer que volviera a tumbarse. Los dos se quedaron mirando un momento, las miradas de ambos puestas en el otro.
Hacía días que no se miraban así y lo cierto era que no habían tenido mucho tiempo. Todo había sido salvar a los niños del mundo, salvar el planeta entero, evitar el desastre, incluso el embarazo de Gwen había sido más importante que ellos dos. Pero ahora estaban solos.
Ahora todo aquello había terminado, ahora tan sólo estaban Jack y Ianto en una habitación de la TARDIS, con el tiempo suficiente para poner al día sus pensamientos y sobretodo sus sentimientos.
Por muy difícil que fuera para Jack, demostrara que se había vuelto a enamorar, que Ianto no era simplemente el muchacho con el que se acostaba de vez en cuando, si no que había algo más, que lo suyo era real.
"No voy a dejarte." Pero Jack no le dejó continuar hablando, pues había colocado dos dedos sobre sus labios.
"Esto esta mal y lo sabes." Dijo Jack completamente serio. "¿Qué quieres que te diga? ¿Qué te quiero? Pues lo siento, pero no lo voy a hacer, porque se mejor que tu como va a terminar todo esto. Lo he vivido tantas veces que no me siento con fuerzas de volver a repetirlo.
Ianto tomó la mano de Jack y cerró la suya a su alrededor.
"¿De que estás hablando?"
Pese a lo mucho que le costó hacerlo, Ianto consiguió incorporarse y quedar sentado en la cama. Las ganas de vomitar regresaron y tuvo que respirar profundamente para no hacerlo realmente. No le importaba, había luchado durante demasiado tiempo para conseguir tener a su lado a Jack, había incluso escuchado a Gwen, a Tosh y a Owen decirle que lo suyo no sería posible, que estar enamorado del capitán no tenía sentido porque al final terminaría por romperle el corazón. Y aún así seguía ahí, al otro lado del universo que el conocía, en el interior de la TARDIS, con el Doctor y Jack intentaba echarle de su lado. No le iba a ser tan fácil.
"Tengo más de dos mil años de edad."
"Aunque casi dos mil los pasaste bajo tierra." Jack sonrió con malicia.
"Bueno pues al menos durante casi doscientos he conocido suficiente gente, me he enamorado, lo he dado todo en algunas relaciones y el final siempre es le mismo. Todo el mundo muere menos yo."
"Jack…"
Sin poder evitarlo, Ianto se acercó al capitán y le abrazó, escondió el rostro contra el hombro de Jack. Lo apretó con fuerza, aunque sentía que el capitán intentaba liberarse, pero no se lo iba a permitir, no iba a soltarle.
"Ianto esto no puede funcionar."
"¿Por qué lo dices porque al final me moriré Jack? Lo siento pero es cierto, dentro de cincuenta o sesenta años moriré y volverás a estar igual que antes de conocerme, pero que es mejor no volver a sentir nada por nadie, no enamorarte de ninguna otra persona. No puedes hacerlo y menos siendo tu." Ianto sonrió al mismo tiempo que se ruborizaba por lo que acababa de decir, con la esperanza de que Jack no se lo tomara mal. "Lo que intento decir."
"¿Sabes cuantas veces me han roto el corazon?"
"¿Y sabes cuantas cosas no podré hacer antes de morir? Voy a dejar muchos libros poder leer y personas a las que apenas habré conocido cuando ese momento llegue, pero al menos habrá algo de lo que nunca podré arrepentirme."
"¿No me digas que te sientes tan orgulloso de haber…"
"Jack estoy hablando en serio. Lo que intento decir es que nunca podré arrepentirme de haberte conocido, de haberme enamorado de ti y de ser preciso, de morir por ti."
Jack se retiró, como si le hubieran dado una descarga eléctrica, se puso tenso e incluso Ianto creyó que había dejado de respirar. No podía imaginarse, ni en sus peores pesadillas que eso pudiera ser verdad, que Ianto tuviera que morir por él, bien por salvarle la vida, bien por alguna misión, alguna cacería o por el motivo que fuera; la sola idea de perder Ianto, le producía un terrible dolor.
"No se te ocurra volver a decir eso."
"Pero es la realidad Jack. ¿Cuánto agentes de Torchwood conoces que hayan muerto como viejecitos felices después de una intensa vida? Piénsalo fríamente Jack, no esperó vivir muchos años, pero al menos espero, durante el tiempo que tenga por delante, ser feliz."
"¿Y no conoces ninguna forma más segura de ser feliz, una en la que no tengas que arriesgar tu vida?" Ianto negó con la cabeza, mostrando una sonrisa llena de picardía. "A veces eres imposible."
"Creo que ha estas alturas he aprendido del mejor."
Jack lo miró un momento y se preguntó si eso era cierto, si realmente le había enseñado algo que merecía la pena recordar o simplemente se había limitado a poner su vida en peligro una y otra vez.
En ese momento, Ianto apoyó la cabeza sobre el hombro de Jack, las nauseas se estaban haciendo cada vez más fuertes y no estaba seguro de poder controlarlo durante mucho tiempo. Se sentía igual que si estuvieran en un barco y notara la nave subir y bajar sobre las olas.
"Tendrías que dormir, es lo mejor para pasar estos días.
"No, por favor, no quiero dormir, cada vez que cierro los ojos siento que caigo por un remolino y es peor." Jack le besó en la frente, le recordaba a un niño que no quería ir al colegio en su primer día. "Podrías enseñarme la TARDIS, me has hablado tantas veces de ella, que desearía conocerla. Por favor." Ianto alargó las dos últimas palabras hasta que se convirtieron en una súplica.
"¿Y que hay de la pierna? Apenas puedes andar." Lo ojillos de cordero degollado en el rostro de Ianto, hicieron imposible a Jack continuar negándose a la petición de su joven compañero.
¿Cómo podía entonces también negarse a reconocer que estaba enamorado de él, que haría todo lo que Ianto le pidiera? Jack era tozudo, testarudo como pocos hombres había conocido Ianto, pero el muchacho también sabía que siempre lo tendría a su lado, pese a lo que le decía, pese a las veces que intentaba dejarlo atrás para protegerle, Ianto siempre estaría allí.
"Nunca vas a perderme." Le dijo Ianto.
Jack se levantó y alargó las manos hacia Ianto. El muchacho se levantó también, lentamente, intentando que la cabeza no le diera vueltas, se tambaleó y se dejó caer sobre Jack, sin apoyar la pierna herida.
"Creo que a estas alturas ya me he percatado." Y sin dejar que Ianto dijera nada más, Jack le besó apasionadamente, mientras intentaba quitarse de la cabeza y del corazón, el miedo a perderle por culpa suya.
