El Descenso de Mercurio

Eclipse, parte 2

¿Qué es este lugar?

No tengo mucha memoria de lo que ha sucedido antes de llegar aquí. Desconozco el por qué. Mi mente es un torbellino de ideas y pensamientos que no cesan de bullir. Lo único cierto… es el dolor. Es la sensación de que cada fibra de este cuerpo fuera violentada por una fuerza invisible y cruel. ¿Y qué es este cuerpo? Se siente como una prisión de carne, se siente como si nunca antes hubiera tenido esta compleja formación de huesos y tejidos. Quizá habré permanecido demasiado tiempo en una forma etérea y amorfa, sin volumen ni consistencia, pero la duda es si siempre he sido así o si ya tenía un cuerpo antes. Lo que queda en el medio es saber por qué pasé de un estado a otro.

Lo seguro es que este cuerpo duele, creando infinidad de sensaciones de las que no tengo registros en mi memoria. Tampoco puedo recordar con exactitud quién era o qué hacía o qué iba a hacer aquí. Tenía la impresión de haber caído en una laguna de olvido. Quizá los recuerdos vuelvan por sí solos, o nunca lo hagan. Espero que éste sea sólo un lapso, es difícil seguir adelante sin conocer qué camino se venía recorriendo.

Todo alrededor de mí arde envuelto en llamas. Aún estoy parado en una depresión en el suelo, e intuyo que aquí habré caído. Al salir entonces de este superficial hoyo, puedo contemplar que me rodean unas extrañas formaciones, sostenidas por gruesos cilindros irregulares, de los que emergen ramificaciones cubiertas de filamentos verdes. No parecen ser formas de vida móviles Árboles. Los he visto en otros lugares, y sé que se agrupan en bosques.

Entonces, estoy en un "bosque". Y con mi caída le he hecho daño, el fuego está consumiendo una parte de él. Ese calor no me afecta, más bien es reconfortante. Quiero seguir avanzando para conocer el resto del lugar. El tacto de mis… cascos, con el suelo fue al principio un poco doloroso, pero a medida que continuaba dando un paso detrás de otro, se aliviaba, como si sólo necesitara ejercitar cada uno de estos cuatro miembros para que se acostumbraran al movimiento. Me adentré en la espesura, abandonando así el sitio en el que había despertado, pues quedarme allí no lo sentía tan seguro como partir, lo sabía por una certeza indescriptible.

El bosque me deleitaba con todo el conjunto de sonidos que producía. Pero estos ruidos no pertenecían al bosque sino a sus habitantes. Podía percibir la presencia de muchas criaturas a lo largo y ancho, podía percibir que poseían espíritus hostiles y poco racionales, por lo que más conveniente sería mantener distancia de ellos. Tenía una vaga idea de sus características, y este conocimiento también parecía ajeno a mi memoria. Era como si estuviera conectado a otra consciencia, proveedora de los saberes necesarios para transitar este nuevo mundo. Eso sonaba plausible y a la vez absurdo, nadie puede apoderarse de la estructura mental de otro ser. Quizá sólo se tratara de un vínculo inorgánico, algo que puede explicarse de otra forma.

Una extraña emanación de energía me indicaba qué dirección tomar. Parecía querer llevarme a un sitio específico, no sé por qué. Pero si eso era capaz de ayudarme a entender qué estaba ocurriendo, para resolver las dudas que se producían en mi mente, entonces iría allá, y descubriría su misterio.

En un momento me topé con una corriente de agua que me impedía el paso al otro lado. Aquella superficie cristalina, líquida y en continuo discurrir se presentó como una maravilla a mis ojos, y al mismo tiempo le temí. Introduje una de mis extremidades apenas superficialmente, y el extremo pronto se volvió tan frío que debí retirarlo por el pavor de esta nueva sensación. Con esto, estaba seguro de que debía evitar tener contacto con el agua para pasar al otro lado. ¿Pero cómo lograrlo?

No conocía al cien por ciento mis capacidades físicas como para intentar una maniobra. Pensé en rodear esa extensión, en caminar por el borde hasta hallar el sitio en donde tuviera fin o donde algún accidente del terreno me permitiera evadir esa serpiente de agua. Mi objetivo se encontraba hacia la derecha del arroyo, por eso viré en esa dirección.

Tras un rato de marcha, me había alejado del curso de agua.

Venía pensando en mi condición tan distraído que no alcancé a detectar a la criatura que saltó frente a mí, con la disposición de atacarme. Su cabeza estaba rodeada por una espesura de pelo de un color mucho más oscuro que su pelaje, tenía una mirada feroz y gruñía de forma intimidante. Su cola contrastaba en color y forma, terminando en un puntiagudo aguijón, y poseía grandes alas. Lo examiné con detenimiento. Mantícora.

No le tenía miedo al ser, sólo me preocupaba la forma en que me defendería de éste. Mi inexperiencia podía ser fatal. No obstante, cuando la mantícora saltó para atacarme, quiso el azar que yo reaccionara de una forma distinta. Sobre mi cabeza tenía una rara formación resistente y delgada, un cuerno, del que emergió un poderoso rayo de energía que al golpear al monstruo lo hizo retroceder, haciéndolo aullar pues le había quemado el pecho. Fue algo espectacular, pero no había tiempo de deleitarse por lo ocurrido. Aún mi contrincante no estaba vencido.

Necesitaba estar seguro de cómo funcionaba esto. Magia. Ése era el concepto de lo que había hecho con mi cuerno. Traté de concentrarme y de hacer fluir mi "magia". Era sin dudas la sensación más grata de todas cuantas había tenido desde que despertara horas atrás. La criatura del bosque ya se había levantado y repuesto del ataque, y se disponía a darme pelea otra vez. Rodeándome, quiso atacarme por el costado, evadiendo algunos de los rayos que yo le lanzaba. Alzó vuelo y con una embestida por aire extendió sus garras hacia mi rostro, más ninguna llegó a tocarlo, ya que sin querer yo había puesto a mi alrededor una especie de barrera mágica, justamente pensando en protegerme.

Un nuevo instinto comenzaba a latir dentro de mí. Veía a la mantícora como un sujeto de amenaza e incertidumbre, por eso tuve la fuerte inclinación de hacerle mucho daño. Lentamente me invadía la ira. Descubrí que con mi capacidad mágica recién activada, podía transportarme a otro sitio, lejos de mi oponente. Haciendo esto, lo tomé por sorpresa, y echándome a correr hacia él le propiné otra descarga de magia, la cual lo hirió mucho más. También usé mis extremidades para propinarle coces, hasta que quedó tendido en el suelo, aún vivo pero sin voluntad de rendirse.

No importaba qué tan fuerte fuera esta criatura, yo era superior porque con este poder podía atacar y defenderme sin poner mi cuerpo en riesgo. Ser consciente de esto me llenaba de un placer increíble, de una enorme satisfacción. Todavía no llegaba a procesar con exactitud todo lo que había hecho, sólo había actuado por mero instinto de supervivencia. También agradecía disponer de información para medir las variables del enfrentamiento.

Pero no era suficiente. No me era suficiente ver caída a la mantícora. Algo más pulsaba, algo de índole salvaje, que gobernó mi mente, un extraño deseo de ver arder al monstruo, de envolverlo en llamas por su atrevimiento de atacarme. No me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta que los gritos… los gritos desesperados del desafortunado ser me sacaron del trance…

Contemplé el cuerpo casi todo chamuscado, cuya piel estaba llena de ampollas y había perdido casi todo el pelo, y despedía un olor desagradable. La criatura gemía sin prestar atención a nada más que a su dolor, pero intentando arrastrarse, alejarse de mí. Percibí su miedo, su desesperación. De repente toda la satisfacción y la prepotencia que surgieron en mí desaparecieron, para dejar lugar a un amargo arrepentimiento, a un desagrado contra mi propio ser por esa crueldad injustificada.

-.-.-.-.-

Abandoné a la bestia del bosque. No me correspondía hacer nada.

Continuando mi camino, arribé a un amplio terreno abierto, frente a mí se abría un gran vacío, y en medio de éste, se erguía una construcción muy peculiar. No pertenecía a nada de lo que fuera capaz de crecer aquí, probablemente fuera obra de las criaturas de esta tierra. Pensé que se hallarían allí dentro, pero el aspecto en general daba la impresión de hallarse completamente abandonado.

Castillo. Ruinas. Estas palabras surgieron en mi mente, producto de ese anexo en mi inconsciente, como un discreto espíritu oculto que me daba las instrucciones para continuar mi camino. Debía cruzar el abismo, y el único medio era un "puente" nada seguro a primera vista. Examiné la gran grieta. No era demasiado ancha ni imposible de saltar, con la fuerza adecuada. Tras mi lucha con el monstruo, había cobrado una gran confianza en mí mismo, y tenía la seguridad de que era perfectamente capaz de saltar al otro lado.

Entonces, retrocedí unos cuantos pasos, concentrándome lo mayor posible en el acto que iba a ejecutar. No podía dejar que me venciera el temor. Cerré mis ojos e inspiré profundo. Los abrí y me eché a la carrera. El vértigo de la velocidad se sumó a la lista de las sensaciones increíbles. No pensaba en otra cosa que no fuera mi objetivo. Cuando estuve por pisar el borde, salté. En ese mismo instante, di mayor impulso a mis cascos traseros con ayuda de mi magia… ¡Ah, no puedo elegir las palabras más adecuadas para explicar lo sorprendente y lo vigorizante que fue realizar este gran esfuerzo! Caí con éxito en la otra orilla, mis cuatro extremidades hicieron retumbar el suelo al aterrizar, tanto que un dolor paralizante recorrió hasta el más ínfimo nervio de mi médula.

Permanecí allí, respirando con dificultad, agitado y nervioso por la hazaña cumplida.

La intensidad de la energía que emanaban estas ruinas se había multiplicado, y alteraba toda mi compostura. Era como un constante mareo. De repente no me sentía yo, y a medida que mis cascos me llevaban al interior de la estructura, como si tuvieran una voluntad propia, cada vez más me invadía el enajenamiento.

¿Cómo explicar lo que ocurrió allí con palabras exactas, claras, precisas? ¿Cómo entender la asombrosa serie de visiones que tuve al llegar a determinado sitio de esa vieja construcción? Lo cierto es que aquello me producía una curiosidad inconmensurable. A pesar de que en ciertos instantes me sentía como si ya hubiera estado allí, lo cual era imposible porque era la primera vez que pisaba el lugar, las imágenes instantáneas e inmediatas que aparecían y desaparecían ante mis ojos me producían la impresión contraria. Estas paredes alguna vez fueron majestuosas, todo este lugar alguna vez fue el hogar de dos nobles y bellas criaturas… pero la que aparecía frente a mí, no era igual de feliz ni igual de noble aunque con una belleza terrible. Luces y sombras alteraban todo el escenario, la veía ya de una forma, ya de otra. Con furia parecía gritarme a mí y al mismo tiempo a alguien más, a un tercero que no era yo, pero sin embargo nadie había más que yo aquí. E inexplicablemente, mientras la veía me llenaba de pesar y de tristeza, y yo quería agradarle, y la sentía como si antes ya le hubiese conocido, pero no podía entender por qué. Tampoco yo comprendía por qué no respondía a lo que yo le decía, y hablaba cosas que yo no entendía, las que sentía conocer pero no eran mías.

¿Será que estoy viendo las memorias que han quedado guardadas en estos muros?

"Sólo una... habrá en Equestria…"

Esto dicho impactó fuertemente en mi cabeza. Aquella fuerza estaba enloqueciéndome, sólo quería salir de allí. Me retiré en la medida en que pude controlar todas las pulsaciones que generaba aquella energía, que parecía haberse introducido en mí, fundiéndose con mi esencia, siendo asimilada por mi propia energía. Todo mi ser era un caos por cuanto me debatía entre irme de allí o quedarme a descubrir cada misterio que envolvía lo que me estaba ocurriendo.

No obstante, mi camino de retirada continuó, hasta haber salido al exterior. Otra nueva fuerza se me revelaba, pues algo nuevo procesaba mi psique, entre los muchos intentos de recuperar mi memoria anterior. De acordarme qué hacía yo antes de caer en ese agujero, de despertarme aquí en este bosque, con todas estas criaturas y todo esto que ocurría sin que pudiera razonarlo adecuadamente. Pero entonces, sin saber cuál era, por ahora, mi identidad y mi procedencia, antes me preguntaba: ¿cuál es mi propósito? ¿Por qué estoy aquí, y qué es lo que se requiere que yo haga? Las alucinaciones tenidas en las ruinas… me habían querido decir que estoy aquí porque algo debo hacer, más no sé qué.

"¿Cuál es mi propósito?" me dije, y habiendo mantenido mi vista fija en el suelo, estando ya fuera del todo, alcé mi rostro y vi al "cielo". Allí… allí, presidiendo toda la extensión roja que rodeaba el bosque y todo alrededor del bosque, sostenida fijamente había una enorme esfera oscura, de tonos rojizos, y envuelta en un halo de rayos rojos, allí reconocí a mi astro. Reconocí sin querer que yo era el señor de esa esfera, y que por alguna razón que todavía me vedaba el misterio de mi inconsciente, me había separado, escindido de ella, para buscar aquí, en un enorme cuerpo celeste mucho más majestuoso y complejo que aquél en el que yo vivía, lo que fuera que creía mi propósito.

"Mi propósito…"

La fuerza huésped y mi energía natural entonces parecieron fundirse en una, abundando mi ánimo en determinación. Buscaba aquí algo que no tenía allí, pero tampoco habría de deslindarme de ese planetoide. Su luz mortecina y opaca, refulgente y cálida, esparciéndose sobre toda la superficie de ese planeta… eso sentía que quería, que todos lo apreciaran, que todos lo adoraran, que fuera la única stella matter regente de ese mundo. Era como un deseo tan ajeno pero tan mío, que no sabía qué pensar.

"…conquistar Equestria"

Algo dentro de mí se revolvía, como si ese no fuera mi propósito, como si aquello que era objeto de mi verdadera búsqueda estuviera más allá. Sin embargo, por fin fui capaz de recordar algo anterior a todo esto, y eran las pequeñas criaturas de este planeta que rendían culto a mí y a mi astro. Aun sin comprender a la perfección lo que esto significaba, sentía que debía gobernar para ellos, que por muchas centurias habían permanecido en el aislamiento. Debía darles la libertad de abrirse a este mundo, de formar parte más activa de su sistema. Debía buscarlos e iniciar su camino a la vida más próspera. Mi razón volaba e iba más rápido que nunca. Así este propósito era lo más elevado de todo cuanto he deliberado. Me sentía con el poder, el ánimo y la voluntad de hacerlo, por muchas dudas que tuviese. Mas hallar a mis terrestres adoradores significaba la posibilidad de solucionar toda incógnita hasta ahora planteada.

"Mi propósito es conquistar Equestria…"