Descargo de responsabilidad: Monster Musume no es de mi propiedad y este escrito solo está hecho para fines de entretenimiento y sin fines lucrativos.
Era un número desconocido. Intento pensar, recordar, nadie le había avisado por ningún lado de un nuevo teléfono de esos de timo que parecían más para dar miedo que otra cosa, pero tampoco se fiaba; conocía los teléfonos de todos sus amigos y familiares, al menos por los que siempre le llamaban, y no tenía a nadie especial dentro de aquel país que le diera un toque. Quizás algún compañero de la uni, pensaba, mientras contestaba, aunque lo dudaba porque solían preferir simplemente un mensaje a una llamada.
-¿Hola, quién es?-
Al otro lado de escucharon un coro de voces varias, muy diferentes y difusas entre sí, hasta que finalmente una pareció que se decidía a tomar el protagonismo.
-Si…hola, ¿se me escucha bien?-, era una voz anciana, dulce y suave, algo cansada y grave; al fondo aún se escuchaban otras voces, indistinguibles.
-Si…se escucha bien, ¿puedo saber quién llama?-
-Oh, claro claro, soy Rene, tú debes de ser Geber, ¿no?-
El joven se rasco la nuca mientras se levantaba de la mesa, mostrando una mueca de incredulidad para con la voz que salía de su móvil. –Sí, soy yo…Rene, ¿cómo…?-
Antes de que pudiera terminar la frase, la perspectiva de su mundo cambio. Erin, que estaba parado por unos segundos junto a la mesa, esperando ver quien era quien llamaba, se había abalanzado sobre él.
Sentada sobre el límite entre sus costillas y su vientre, con las piernas cruzadas y presionando con ellas su cuello hacia abajo; ahora que las contemplaba de cerca, tenía una garras realmente grandes. Con sus alas y pulgares, no muy diferentes de los de una harpía, intentaba sujetar adecuadamente el móvil, como se lo había visto hacer a su anfitrión. A juzgar por el sentido del tacto, el aguijón estaba apuntando a un punto débil vital, como una orden silenciosa de que se mantuviera callado; en poco supo el porqué.
-¡¿Abuela?!, ¿eres tú de verdad?- Sus alas podían ser geniales para volar, pero no tanto para agarrar objetos, menos tan delicados; aquello no era uno de los indestructibles teléfonos antiguos; sus garras no tardaron en empezar a perforar el plástico.
-Este…puedes activar los altavoces…- , dijo el humano, empezando a coger color por la falta de oxígeno, moviendo una mano para tocar la tecla que sabía que estaba en la pantalla, aun sin verla.
-¿Erin?, ¿Erin fresita me escuchas?-, decía preocupada la voz, seguramente por no haber recibido más respuesta que aquel primer momento, tras lo cual las extremidades y la falta de costumbre con uno de esos cacharros hizo imposible de que pudiera continuar la llamada.
-Si abuela, soy yo, estoy aquí…estoy aquí…-. Su voz no sonaba prepotente u orgullosa, no hablaba con altanería o desprecio, sorprendentemente parecía…normal, llena de emociones, desde alegría a tristeza o preocupación, Geber casi parece que pudiera ver una o dos lagrimitas salir de sus ojos.
-Gracias al desierto que estas bien, creíamos que no te volveríamos a ver…-; la voz del otro lado, se escuchaba también tan emocionada como la de la joven.
-No abuela, estoy aquí, estoy viva-. Definitivamente, se le estaban escapando algunas lágrimas.
-No sabes la alegría que me das, casi se me para el corazón cuando te fuiste tú sola al mundo, pero cuando recibimos la noticia de tu desaparición…yo…-; el ruido de fondo se incrementó un poco, por unos segundos no hubo palabras, hasta que la voz de la anciana wyvern resonó de nuevo.
-Tu madre, casi destripa al mensajero al oírlo, me recordó tanto a ti…-
-¿Mama?, ¿está bien?-
-Sí, sí, no está aquí porque salió de caza con sus compañeras esta mañana, seguramente te llame en cuando vuelva por la noche…-
Erin suspiro aliviada. –A todo esto, ¿cómo me estáis llamando?-
-Con uno de estos cacharros querida, nos hemos modernizado mientras estabas fuera…-
-Uf…a la tía Krene no le gustaría…-
-Que se fastidie, si no fuera por estos trozos de tecnología que han traído a la aldea los del programa, no podía hablar contigo, mi pequeña flor del desierto, mi corazón…No sabes lo que te echamos todos de menos…-. A cada frase que decía su voz sonaba más entrecortada, sollozante, alegre pero apenada al mismo tiempo.
-Yo también os eche de menos, pensé en vosotras todos los días afuera…-
-¡Vamos, no te cortes!, ¿cómo vas por allí fuera?, ¿tienes frio, te trata bien tu casero, comes bien?, una señora muy amable del programa me ha enseñado algo que se llama tapers, parece que pueden guardan bien la comida… ¿quieres que te envié uno de los Nets al veneno que tanto te gustan fresita?-
-O dios si, por favor abuela-, el tono de la joven se había calmado, aun con las lágrimas sin secarse en su rostro, parecía que la perspectiva de una comida casera de la abuela tan lejos era algo que alegraba el corazón a cualquiera.
A todo esto, mientras Erin se removía sobre su asiento improvisado, contemplando con ojos brillante la pantalla del móvil, el cual estaba posado sobre una de sus piernas, y que no indicaba más que el tiempo de la llamada, un par de opciones y un icono general con forma de persona, Geber estaba dividido en dos frentes; por un lado, su cuerpo luchaba por respirar, contenido por su deber como casero y su escasos deseo de meterse en problemas, y su mente se preguntaba que, si apenas podía haber sostenido el móvil, ¿cómo lo había hecho ayer para vestirse y bañarse?; cierto que llevaba la misma ropa que ayer, podía haber dormido con ella, pero no se lo esperaba. Por su mente paso la posibilidad de que le obligase a ayudarla a quitarse la ropa antes de ducharse con las luces apagadas y sin tocarle siquiera la piel, como si quisiera sacarse un logro de consola como "¿quién necesita luz?".
-Te lo mandare pequeña, espero que llegue bien…-
-Y si abuela, antes de que lo preguntes de nuevo, tan pronto como estaba libre comí bien, no hace frio de momento y…para ser un humano no lo hace mal.- Fue ese posiblemente el primer cumplido que le dirigió, y con certeza el único que le diría en mucho tiempo.
-Ains… ¿aun odiando a los humanos?-
-Abuela, me secuestraron y dejaron atada dos meses en una jaula, y los muy cobardes ni se acercaban y me acercaban la comida con un palo, con cosas como esas no voy a cambiar de opinión…-
-Lo entiendo hija, y lo siento…no quería que pasase eso, espero de verdad que las cosas mejoren…-
-No te preocupes, todo irá bien abuela, todo irá bien-.
-Bueno, te paso que las demás están deseando también hablar contigo.-
La media hora siguiente, se llenó de voces muy diversas, pero en general animadas, de compañeras, amigas y familiares que se pasaban el teléfono que tenían allí como si fuera una pelota. Unas le preguntaban sobre el clima, sobre la comida, si había muchas otras liminales, o como eran los humanos de allí, por desgracia ninguna le pregunto si podía dejar respirar a Geber, que para cuando la abuela volvió a coger el teléfono, parecía que se encontraba al borde de la muerte.
-Vale, dejadla ya, que estará cansada…-, replicaba pacientemente la anciana, -además la batería se agota y tengo una cosa más que hacer antes de despedirme por ahora…-
-¿Qué es abu?, ¿decirme que también me mandaras una caja de tus galletas de sangre?-; la joven estaba relamiéndose, y algún pedazo de saliva sallo sobre el muchacho, para casi completar la sensación de estar acorralado o a punto de ser devorado por un depredador.
-No…primero hay que ver si llega bien el Net, pero no te preocupes que cocinare unas pocas para después…fresita, quiero hablar con tu casero, pásamelo.-
Ahora la mirada de Erin completaba esa sensación de estar a punto de ser devorado.
A pesar de esa mirada asesina, la joven se levantó de su anfitrión y le dejo el móvil sobre el pecho, mientras se quedaba al lado, sentada en una de las sillas de la mesa, mirándole atentamente.
Tan pronto como Geber sintió el preciado aire entrando de nuevo en sus pulmones, pudo contestar al teléfono, allí, sentado en el suelo, sin levantarse.
-Hola de nuevo señora Rene, ya tengo el teléfono-.
-Menos mal-, suspiro pesadamente, -ya me temía que mi pequeña te hubiera matado mientras hablábamos…-
-Tampoco sería una gran pérdida…- susurro ella desde su asiento.
Haciendo como que no la escuchaba, Geber continúo. –no, soy bastante resistente, no se preocupe… ¿puedo preguntar porque quería hablar conmigo?-
-Claro, es para darte las gracias, nos han contado lo que hicisteis y que ahora eres su familia anfitriona, muchas gracias por cuidar de mi pequeña, gracias de verdad…-
-Oh, no se preocupe, es un placer-, a pesar de lo que decía, aun tenia las marcas de las gruesas escamas de las patas de Erin en el cuello, se las estaba acariciando delicadamente.
-Sé que a veces puede ser un poco muy gruñona o agresiva, y más con los humanos, pero gracias por tener paciencia…-
-Ey, espera abuela-, intervino de pronto la escamosa, -no soy una gruñona, y si estos insectos se meten en mi camino la culpa no es mía…- Se precipito hacia delante, casi pegando su cara al teléfono, poniéndose de rodillas al lado de Geber.
-Hija, te quiero mucho, pero tienes que admitir que a veces te pasas de la raya, espero que tu vida allí con este chico tan majo te ayude a ver que no todos los humanos son unos monstruos…-
-Si abuela, sí que lo son-, respondió con una voz que empezaba a estar cargada de frustración y dolor.
-Hija, es cierto que has conocido a muchos horribles, pero yo también, pueden ser muy amistosos y de no ser por ellos no estarías aq…-
Dio un golpe en el suelo, justo entre las piernas de Geber, que se encogió del asombro, un par de centímetros más arriba y adiós a su posible descendencia. El suelo de madera se quebró del golpe, dejando aparecer grietas. Acerco aún más su rostro al móvil que el joven sostenía enfrente de los dos con sus manos. -Preferiría no haber nacido ha deberle la vida a ese bastardo-. Gruño con ferocidad, el cuerpo le temblaba, mientras incrustaba el puño más profundo, habría que buscar algo para tapar aquel agujero hasta que llamasen a alguien para repararlo.
La conversación de helo en ese punto, dejando varios tensos segundos de silencio, hasta que la joven suspiro y se relajó, sentándose de nuevo en su sitio y admitiendo con voz resignada y débil, -lo siento abuela-, giro la cabeza al decir esas palabras, no quería que Geber la viera disculparse.
-Fresita…-, dijo tras otro par de segundos, su voz sonaba algo triste, pero enmascarada parcialmente con calma y temple. -Que habrá que no te perdone yo, pero prométeme, por favor, que al menos intentaras llevarte mejor, al menos con tu casero…-
-Lo…lo intentare abuela-.
-Muy bien, gracias por al menos intentarlo pequeña, y a ti Geber, por favor, ten paciencia, es una gran chica en el fondo, pero le cuesta mostrarlo…en fin, creo que debería de colgar, esta cosa esta ya parpadeando en rojo…-
-Adiós abuela, por favor, llámame siempre que quieras…-
-Adiós señora, pero, antes de colgar, ¿puedo hacer una pregunta?-
La wyvern le dirigió una mirada extrañada, mientras la voz al otro lado del mundo le indicaba que podía continuar.
-¿Por qué fresita?-
-¡Oh, eso¡…pues veras…cuando era pequeña, cada vez que se sonrojaba por cualquier cosa, por decirle guapa o por pillarla haciendo alguna, se ponía la cara toda roja roja roja, como una fresa, de ahí que la llame fresita; de hecho, si logras que se sonroje, ahora no se le nota tanto como antes, pero deberías de poderla ver rojísima…y mi fresita, que te conozco, deja de intentar matar a tu anfitrión…-
-¡Abuela, pero alguien como él no tiene derecho a escuchar esas cosas!-
-Te… ¡tenia raz…raz…razón!, est…ro…a…- Dijo entrecortadamente, mientras estaba siendo estrangulado cada vez más fuerte.
-Erin Nagala, suelta a ese humano ahora mismo…-
A regañadientes, la enrojecida reptiliana soltó a su presa, que entre muerto y sonriente, solo alcanzo a despedirse antes de tener que tumbarse a recuperar el aliento.
-Adiós jovenzuelos, portaos bien…-
-Llama pronto abu…cuídate.-
-Ad…adiós señ…eeee-
Se escuchó un pequeño tono al colgar, y después el silencio…la wyvern sentada al lado de su presa tumbada, miraba al horizonte con la vista perdida.
-Supongo que tengo que hacerle caso a la abuela…humano-, dijo enérgicamente, levantándose y alejándose a asearse para salir de compras.
Geber solo pudo hacer un gemido interrogatorio.
-A partir de ahora, siguiendo los deseos de mi abuela, por mí como si te rapta una limo neurótica, tienes permiso para comer en la mesa también-. Y dicho eso, entro a bañarse.
Media hora después, a altas horas de la mañana, con el sol cubierto por una pequeña capa de nubes, que dejaba aunque su brillo alcanzase la tierra en varios puntos, dos figuras salieron de la casa en la zona residencial, camino a los barrios comerciales, con una larga lista de objetos que comprar en la cabeza.
Uno, portaba una camisa lisa de un color azul tenue, gruesas botas negras, vaqueros, colgando de su cuello un amuleto de esos que dicen proteger contra males de ojos y magias varias y un reloj en su muñeca.
Ella parecía haberse encariñado con la ropa que le "tomo prestada a su esclavo", y no llevaba nada más, dejando ver con claridad sus alas y sus gruesas piernas y garras.
Ninguno de los dos hablaba, si, normalmente cuando te acabas de conocer con alguien es común tener miles de preguntas y cosas que comentar o compartir, pero una de esas partes se temía que su compañera montaría una escena sangrienta si se iba de la lengua y la otra parte se estaba preparando para hacerle cosas que preferiría no tener que comentar si este empezaba a hablar.
Pasearon sin interrupciones notables hasta llegar al distrito comercial. No había mucha gente ese día, ni muchas tiendas abiertas, fácil de entender teniendo en cuenta los sucesos que estaban ocurriendo últimamente, si contamos que además muchos se cruzaban de acera en cuando veían venir a esos dos, tenían toda la calle para ellos.
¿Por qué los evitaban?, seguramente te preguntes, es fácil de comprender. Ella despedía un aura de agresividad, notable incluso por aquellos que no tuvieran mucha habilidad con estas cosas. Por primera vez sin otras liminales del programa, paseando sola por una ciudad desconocida repleta de lo que ella consideraba escoria, estaba alerta y cualquier gota de agua cayendo desde un canalón la ponía en alerta; súmale que sus garras dejaban marcas en la acera y parecía que en cualquier momento iba a saltar y ya lo tienes.
Pero no penséis que el parecía más amable, ¡qué va!
No era su primera vez en aquel lugar ni seria el ultimo, pero no parecía amigable. Su aspecto, un tipo occidental de dos metros y barba, que caminaba con cierta incomodidad en sus pasos, ya era suficiente para que muchos no quisieran cruzarse, pero dados los acontecimientos de los últimos días, estaba casi tan alerta como su compañera y su aura de agresividad se sumaba con la suya.
Resumiendo, que hicieron llorar a un bebe solo por pasar cerca, o esa es la sensación que le dio a la madre.
Encontraron algunas de las cosas que necesitaban bastante rápido; cepillo de dientes, un móvil para ella, algo de comer, toallas propias o un par de mantas gruesas, aun no hacía mucho frio, pero se acerca el invierno, aunque aún fuera principios de otoño, el humano no quería congelarse porque su huésped le hubiera quitado todas las mantas.
El mayor problema, era la ropa. Por temor a vándalos o ataques de los grupos que atentaron la noche pasada, muchos locales con servicio a liminales habían cerrado sus puertas y no parecía que fuerana abrir pronto. A pesar de ello la ropa era una necesidad básica y fundamental, teniendo en cuenta de que no tenía casi nada, solo la ropa interior que llevaba y los harapos de lo que fue un vestido azul de una pieza que llevo esos dos meses entre rejas, además de lo poco que le gustaba del repertorio de su casero, de las cuales ya se quejaba porque olían a humano, a pesar de que estaban lavadas cuando se las puso, necesitaba algo de vestir propio, mejor si estaba preparado para su especie.
Anduvieron durante un buen rato por toda el área, solo para no encontrar lo que buscaban. Al final el sonido de dos estómagos necesitados de nutrientes les hizo replantearse la búsqueda.
-No sé si habrá algo abierto hoy Erin, todo parece tan cerrado, la gente en general tiene algo de miedo…-
-Lo que intenten hacer una panda de humanos con sus vidas no me interesa, si intentan algo los matare y me comeré sus corazones…pero necesito algo de comer, mira, eso parece abierto…-
-No-.
-Más te vale tener una buena razón para decirme que no-.
-La última vez que fui a uno de esos, estaba en la cola de pedir y una Arachne saco una caja con el logo de la compañía…llena de pollo pasado y bichos que solo le gustaría ver a mis compañeros del área de entomología…hay tantas posibilidades de que vuelva a uno de esos como de encontrarnos una Arachne masculina travesti montando en un tren en la feria…-
-Bueno, ya tengo suficiente con los humanos como para tener que soportar otra plaga al comer…sigamos buscando un poco, me valdrá realmente cualquier cosa, después de todo, comparando con lo que me va a enviar mi abuela, todo lo que pueda hacer un humano lo tomare solo como un puñado de nutrientes sin sabor.-La boca se le había hecho agua y tenía los ojos brillantes de pensar en ese plato; si no supiera que era imposible, pediría un pedazo cuando llegase, pero seguramente entonces intentaría especiarlo con trocitos de su columna, y le tiene mucho aprecio a su columna.
Otro paseo más, todo cerrado, ni un puesto callejero, ni un restaurante que no le trajera desagradables recuerdos con seis patas, -"¿tan bestia ha sido el atentado?"-, se preguntaba internamente, -"debería buscarlo en las noticias o internet, por mucho que me guste, debería buscar información fuera de las rocas de vez en cuando…"-
Al final, la salvación apareció de la nada, en forma de Burger Fox, y encima aún tenían la promoción de pokemon, lo cual le venía genial.
-Ahí te vale-, dijo señalando vagamente con el ala, al verlo abierto, -¿o también tienes traumas con este?-
-Después de estar cargando TODA la compra durante horas sin sentarme créeme que ya no me importa como si nos sirven libélulas fritas gigantes-, de todas formas ya había probado los insectos en un barrio de comida en el norte de África en un viaje del doctorado, no estaban tan mal como suena, pero tampoco era cuestión de tenerlos vivos corriendo por el plato o recién chafados entre dos panes. –Además, que yo recuerde, siempre me han tratado bien-.
Entraron y descubrieron que la cola brillaba por su inexistencia, de forma que la hambrienta reptil se precipito hacia delante, mientras el cansado humano lo dejaba todo en un asiento al lado de la ventana.
Cuando se acercó, se la encontró dudando entre que pedir, con los ojos perdidos entre los colores del menú que estaba situado arriba de la barra.
-No sé qué elegir, dime amiga, ¿qué me recomiendas?-, dijo despreocupadamente, dirigiéndose a la lamia que la atendía.
-Oh, mire, este menú, a mí me encanta-, le tendió uno de esos menús pequeños que tenía al lado, Geber ni vio lo que llevaba pero pareció convencer rápidamente a la reptiliana.
-Sí, tiene buena pinta, póngame dos-.
-Perfecto… ¿quieren los dos alguna cosa más?-
-Eh…yo aún no he pedido nada…-
-Entonces, los dos menús, ¿son solo para ti?, no me extraña, yo me comería tres de golpe si tuviera tiempo-. Y soltó una leve risa, que fue acompañada por la de Erin, mientras Geber tenía cada vez más claro que su faceta de odio y superioridad, estaba solo reservada a una raza.
-Bien ¿y tú querido, que quieres?-.
Su estómago le dijo otro de los combos-menú que ofrecían, y su cerebro le suplico al cielo por una compañera con menos hábitos asesinos.
-Muy bien, ¿qué figuritas de pokemon queréis?-
-¿Pokeque?-
Geber suspiro, de verdad haber estado tan aislado tanto tiempo tenía sus consecuencias.
-Son…unas…mascotas digitales, por así decirlo bastante populares, aquí te dan figuritas de algunas de sus especies; mira, vengo preparado-. Y fue entonces cuando la aplicación del móvil "pokedex", demostró su utilidad.
Durante largos segundos, los ojos de la cazadora recorrieron una lista enorme de formas, colores y tipos, hasta detenerse un uno.
-Este, mola, ey, ponme un luc…lucario-.
-Lo siento, el ultimo que teníamos se lo llevo un centauro ayer, no nos quedan-.
Erin suspiro y tras unos segundos más, continúo mirando, hasta encontrar otro. -Bueno, ¿tenéis un sylveon o se lo llevo alguien también?-
Con mirada avergonzada, la lamia le contesto. –Justo el que vino después del centauro se llevó los últimos…-
-Bueno, mira, este, que también está bien, me recuerda a como nos pintaban antes los humanos, ¿noivern?-
-Sí, de esos tenemos, de hecho es un tipo dragón, te pega querida-.
-¿Estas cosas tienen dragones?-
-Sí, mira-, le dijo el joven, empezándose a emocionar por una de sus aficiones, -Están todos estos…-
-A mí no me fastidies, eso no es un dragón, ni eso, son una palmera, una babosa y un pedazo de algodón con cuello…-
-¿Y el caballero cual querrá?-, dijo la lamia, interrumpiendo la conversación antes de que descubriera al número seis de la pokedex y se cabrease por sus tipos.
-Un kabutops-, creo que no hace falta explicar porque se pide un pokemon fósil, pero tuvo que contenerse para no pedir una figurita de greymon.
-Muy bien…lo tengo, estará listo en unos minutos, no sabéis lo que os envidio, llevo sin comer nada todo el día…-
-Ven a comer con migo, acabo de llegar y no conozco a ninguna liminal, me hará bien conocer a otras especies con escamas-.
-Me encantaría, pero no puedo dejar el puesto sin atender…-
-Oh, no te preocupes-, miro hacia atrás y señalo con el ala; -el cubre tu puesto-.
Geber miro hacia atrás también, antes de caer en la cuenta de que se refería a él.
No supo si era por el encanto de las escamas, evitarse problemas, los ojitos de hambre de la lamia, que casualidades del destino, también tenía escamas, o que accediera a darle también un tyrantrum por las molestias, pero hubiera aceptado de no ser porque la medusa recibió la llamada del encargado y tuvo que retirarse.
-Podrías preguntarme antes de ofrecerme como esclavo, estaría bien la verdad-. Ambos se habían sentado con las bolsas en aquella mesa y devoraban el menú que tenían en frente.
Si las miradas pudieran matar, en ese momento volvería a estar muerto. -Ni que te hubieras negado, si estuviera comiendo con esa lamia tendría cosas más interesantes de las que hablar y comentar que simplemente tener que estar sentada mirando tu cara de tonto-.
-Si no me amenazaras de muerte a casi cada palabra que suelto, sería más fácil entablar conversación contigo-.
-Que te dirija la palabra ya es suficiente, deberías de arrastrarte tras de mí y agradecer que te patease el trasero-.
-Ya estamos otra vez, no vas a cumplir lo que le dijiste a tu abuela a este ritmo-.
-¿Estas sentado en la mesa con migo no?, siéntete el mono más suertudo del planeta, y a menos que tengas algo interesante que decir, que lo dudo, cállate.-
-Te sorprendería las cosas que se Erin-
Ella le lanzo una mirada desconfiada y sonrió de medio lado, dejando en la bandeja su hamburguesa gigante.
-Muy bien, sorpréndeme.-
El joven, que sinceramente había pensado que la conversación se acabaría allí, quizás con algún aguijonazo para dar los últimos detalles se puso a pensar.
-"A ver…no, eso no, eso otro es secreto, eso de allá…se supone que debería llevármelo a la tumba, dios, como no le diga algo, a saber qué hace…"-
-¿Tú eras del Gobi no?, ¿sabías que hay leyendas de hace siglos que hablan de una enorme especie de gusano…?-
-De hasta dos metros de largo-, le interrumpió ella, -color rojo como la sangre, grandes mandíbulas y la capacidad de escupir acido corrosivo o lanzar electricidad, conocida como el "gusano de la muerte mongol"…idiota, ¿de qué te crees que está hecho el plato que me va a enviar mi abuela?, lo llevo comiendo desde que era cría-.
-Espera, ¿tu abuela sabe cocinar el gusano de muerte mongol?-, dijo, sinceramente impresionado.
-Claro, se le da genial, primero, le inyecta cuando aún vive un poco de su veneno, le empieza a corroer los músculos y lo deja mucho más tierno, lo destripa, lo cuece durante una hora más o menos con varias hierbas típicas de la región y después de esa hora le hace agujeritos y deja que su sangre, aun liquida por su veneno, salga a la cazuela y empiece a hacerse en su propia sangre, al menos por dos horas más, cambiando de agua cerca del final; le sale delicioso-.
-Joder, nunca había imaginado nada como eso, ¿por qué usa sangre en la cocción?-
-Tiene una piel muy dura, si no usa su propia sangre siempre se queda algo correosa y es difícil de tragar…-
Y al final, sin darse cuenta, tuvieron mientras comían una larga charla sobre comidas típicas de las wyverns del Gobi.
-Bueno, ya tengo suficiente con esta comida, no estaba tan mal…pero eso, nunca debes recolectar la raíz de nirn en las cuevas, coge un tono carmesí y empeora mucho su sabor…-
-Gracias-. Ambos comensales estaban acomodados en sus asientos, alternando su mirada entre el otro, sus figuritas y los papeles que antes eran su comida, pero ante esa palabra, la wyvern se incorporó y se acercó con mueca extrañada al humano.
-Ya sé que me debes de dar las gracias por permitirte hablarme, pero algo me dice que no es por eso, ¿verdad?-
-Sep, gracias por no haberme amenazado de muerte y haber tenido una conversación civilizada y agradable-, dijo sonriente.
La reacción de Erin no se hizo esperar. Se levantó, agarro las bolsas, se las tiro encima Geber, y salió por la puerta.
Unos minutos después, un muchacho a la carrera y con varias bolsas alcanzaba a su compañera, que ni se dignó en dirigirle la mirada.
Ya descansados, continuaron su viaje en busca de alguna tienda de ropa con prendas para la wyvern que no se encontrase cerrada, pero no tuvieron suerte y el sol empezó a caer sin haber logrado su objetivo. La luna se alzaba en fase creciente en un cielo despejado, corrientes frescas de aire empezaron a rozar las escamas de la wyvern, que se encogió ante un escalofrió.
-Ey, no creo que encontremos nada, es hora de volver a casa antes de que me enfrié y necesite una fuente de calor, no pienso tocar…te, sucio bastardo-. Al darse la vuelta, se encontró con que no estaba su casero, pero las bolsas de la compra sí. En su mente solo cabía una posibilidad, el muy tramposo que había escaqueado para no cargarle más las cosas...ya le daría su lección en casa…ya se la daría. Mientras, no podía quedarse allí mucho tiempo. Agarro todas las bolsas con las garras de la pierna derecha y de un solo y potente aleteo, salió disparada hacia el cielo.
Por encima de postes, edificios y transeúntes, se deslizaba con fuerza y agilidad por las corrientes de aire de la ciudad. Al contrario que otras razas para las cuales tener sus, ejem, atributos, pudiera suponer un encierro en tierra, los reptiles posen una musculatura potente a la que dedican casi toda su energía, de ahí su necesidad de calor, por lo que no importaba el equilibrio, o el peso, solo un batir o dos de sus alas la volvía a elevar hacia el reino de la luna.
No había volado en meses, y eso se le notaba, estaba algo torpe, si la viera su madre en esos momentos, le haría volver a las clases básicas de vuelo. Ahora que pensaba en ella, ¡su madre!, debería de estar a poco de llamar, tenía que regresar rápido…pero el vuelo era simplemente mágico. Para una criatura nacida para ser fuerte y libre, las cadenas de la tierra no eran de su agrado, mecerse y dominar el cielo estaba en su sangre, más fuerte incluso que el desprecio a los humanos, ahí arriba se sentía libre, feliz, completa, si alguna vez tuviera un compañero, le gustaría que pudiera volar con ella, no en sus garras, sino a su lado, hace años que su niña interior no fantaseaba con un amigo especial y un primer beso más arriba de las nubes, pero tenía sus razones para ello.
Al final, las frías ráfagas de aire la obligaron a descender y llegar a su casa, unos minutos más tarde de lo previsto. Aterrizo en la entrada como si la tierra le diera la bienvenida de nuevo con los brazos abiertos, nadie esperaba que una criatura tan grácil al descender pudiera derribar la puerta de una patada al darse cuenta de que las ventanas estaban cerradas y no tenía llave; planeaba hacer que su esclavo la arreglase cuando volviera.
Y paso una hora, dos y tres, ya se hacia la hora de cenar, tenía hambre, en un rato empezarían las noticias, y se estaba empezando a cabrear con el humano.
El mismo joven que paso sobre los pedazos de puerta, con una cara de sorpresa, para ver a una wyvern tapada completamente con una manta encima del sofá. Cambiaron miradas, la de él decía "¿qué ha pasado?", la de ella "más te vale tener una buena excusa".
-Vale, luego la reparo, de momento, tengo cosas para ti-, admito finalmente, incapaz de mantener la mirada por mucho más tiempo. Se acercó y dejo las dos bolsas que llevaba sobre la mesa, enfrente de la joven, que se destapo para curiosear.
Una de las bolsas contenía una amplia variedad de pantalones, camisetas, tirantes, abrigos, ropa interior y demás prendas aparentemente adaptadas para chicas con alas en sus brazos.
-¿De dónde los has sacado?-, pregunto, mirando y sacando varias prendas de la bolsa. -A estas horas, las tiendas estarán cerradas, no sé dónde… ¿no te habrás atrevido a darme ropa de la basura, verdad?-
-No, nonononononono, no te preocupes, sé que me matarías si lo hago, cuando nos separamos, me caí por las escaleras que había entre las dos casas de al lado, gracias por preocuparte, tras una rápida visita al hospital para que me recolocaran en su sitio los dedos, me encontré con un viejo amigo. Él también es del programa y tiene una harpía a su cargo…pidió todo esto por interned, pero se equivocó al poner los números de las...tallas, le explique lo que pasaba y me la cedió, espero que te venga bien-. Explico de forma rápida y nerviosa, manteniéndose en pie frente a la mesa.
Ella después de olfatearlo un poco, y no oler nada de basura, las acepto. En la otra bolsa, había trozos frescos de carne, músculos varios y cinco corazones. Cuando los saco, Geber le comento que encontró una carnicería cerrando y que eran cortes de marsupiales de Australia, no quedaban más pero los compro para ver si le gustaban.
-Bien, casi estoy impresionada-, dijo dejándolo todo en las bolsas y recostándose en el sofá. -Pero bueno, es tu deber servirme asique no hace falta que te agradezca, voy a dejar mi ropa en mi cuarto, haz esos cortes de Australia-.
No hubo mucho más problema aquella noche. El armario de Erin estaba ahora lleno, incluso deberían de comprar perchas. El delicioso aroma de la carne hecha avisaba que ya era hora de comer y haciendo gala de su gran habilidad con el movimiento de sus dedos y alas, se cambió de ropa y bajo a cenar en lo que parecía un cálido pijama rojo de mangas largas que llevaba una estrella blanca en el pecho.
Cumpliendo con su palabra, esta vez no le quito el asiento ni le obligo a comer en el suelo, pero no entablaron conversación; cabe destacar que a ambos los cortes les parecieron deliciosos, aunque Erin tenía la sensación de que ese sabor, o uno parecido, lo había probado ya antes.
Terminado de comer y de que Geber lavara los platos, y reparar como pudo el agujero del suelo y la puerta, aunque nada le libraba mañana de llamar a alguien, este se subió a jugar con sus amigos, y a explicarles por qué no estuvo ayer, mientras Erin se retumbaba calentita con su pijama nuevo en el sofá a ver las noticias.
Casi todo el rato dedicado a ellas vino con relatos, entrevistas y cosas por el estilo relacionados con los sucesos de ayer, que parecían haber causado gran conmoción en la nación, pero unos pocos minutos, un titular breve, le llamo la atención más que ningún otro.
La reportera hablaba mientras en la pantalla se veía el río que cruzaba su cuidad, y a varios policías y médicos trabajando en el lugar.
-Hace unos pocos minutos, se han encontrado los cadáveres de cinco presuntos pertenecientes a una organización de contrabando, secuestro y negocio en el mercado negro con interespecies y productos relacionados. Los presuntos autores parecían tener a su disposición un todo-terreno negro donde guardaban una amplia variedad de prendas de origen no clarificado que al parecer iban a parar al mercado. Los cinco individuos parecen haber sido asesinados, aunque los informes preliminares de los forenses y la policía no llegan a ninguna conclusión clara, a todos los cadáveres les faltan varios músculos y los corazones, ahora, pasemos a nuestro enviado de campo que va a entrevistarse con la señorita Mei Silica, una liminar mujer-lagarto que nos va a explicar todo con más detalle-.
Tardo un poco en darse cuenta, pero entonces abrió los ojos y miro por el pasillo hacia las escaleras; se oía al joven reír y comentar cosas con sus amigos, como si nadie pudiera oírle.
-"Vamos, no me seáis, da igual wyvern que dragón, son mejores para empezar que cualquier ciclope, y no, no veo como todo esto de las chicas monstruo podría ser un reality…me alegro que lo preguntes, la teoría de la albóndiga cuántica de monos…"-
No, no lo parecía, le costaba creerlo. Se sentó de nuevo en el sofá, no presto atención a la tele… ¿acaso su esclavo habría? no, que locura, tenía que estar equivocada, no tenía pinta de caníbal, no.
Pero… ¿y si si?
Vale, ¿algún escritor de algún fanfic en castellano que no referenciase en menor o mayor medida aquí?, si alguien falta por favor, levante la mano y le reservare algún chiste malo para el siguiente.
Creo que este me quedo un poco extra largo, pero bueno, tenía ganas de escribir, espero haberlo hecho bien en la parte de la abuela, me base en cómo me llama la mía para hacerlo xD
Y bueno, todo continua tan normal, sin nada extraño por aquí, no se preocupen por los "cadáveres", son atrezo para otro acto, más bien preocuparos del pobre Geber, que no pudo trabajar nada en todo el día con las ganas que le tenía al nodosaurio.
En fin, este capi más largo y con más guiños es una forma mía de desearos a todos felices fiestas y gran año nuevo cargado de personas no humanas, especialmente si no os tratan como basura. Muchas gracias a todos vosotros por tomaros un segundo para leer este pequeño aporte, y a todos los que comentáis, muchas gracias y ojala este año se os cumplas vuestros sueños. Salvo el de dominar el mundo, ese me lo quedo yo.
Rápidamente por los comentarios…
-Endelstadt, por desgracia no puede llevar el control de temperatura todo el rato, pero bueno, que lo pase mal él es parte de la historia, asique tendrá que aguantar D:
Y Erin, bueno, que decir que no hayas visto ya, al menos con otras liminales es más amable xD
-Tarmo, tienes ante ti a un tío que se ha pasado el Arena, Daggerfall, Morrowind, Oblivion y Skyrim, ¡alguna referencia tenía que caer!, eso sí, dato curioso, siempre me hago un argoniano, ¿sorprendente verdad?, no se nota que comparto con mi personaje el gusto por las escamas…
-Paradoja, tu comentario es muy interesante y me ha gustado basto, ya verás en el futuro porque, de momento seré breve porque tengo que ponerme al día con tu fanfic y hacerte una review, ¡gracias por comentar!
-Alther, te entiendo, hubo una época en que me pasaba medio día cazando, y cuando aprendí que no tenía que esperar a la animación completa de un ataque de la gran espada para lanza otro, ¡fue mucho mejor!
-Falcon, eres un poco inocente si crees que desollado y colgado en un árbol seria lo único que le haría Erin si le cabrea de verdad (?), de todas formas me alegro que notases la referencia, ¡gracias y suerte con tu dragona!
Y ya, os dejo de cansinear; felices fiestas y año nuevo, ¡hasta la próxima!
