Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece; me adjudico la trama de la historia.

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Lágrimas de Cristal

Verdades.

- Siéntate, pequeña, me imagino que debes tener mucha hambre.

- La verdad es que si- admitió tímidamente la castaña.

- No te preocupes. Sé que te estás esforzando mucho en el curso - le contestó Natsuko cariñosamente.

Pidieron el almuerzo en absoluto silencio, Hikari no sabía que decir y en cierto grado, se sentía intimidada por aquella hermosa señora. La mujer, por otro lado, la observaba cariñosamente. No podía creer cuanto había crecido y la hermosa señorita en que se había convertido.

Cuando sus órdenes ya habían llegado, la Sra. Takaishi se propuso comenzar con el fin del encuentro porque notaba que la pequeña Yagami no sabía que decir.

- Hikari, quiero que sepas que no te cité aquí para interrogarte ni nada, sino para conocerte. Hace muchos años que dejé de verte…-

- ¿De verme?, ¿A qué se refiere? No la entiendo…- musitó la joven.

- Cuando yo era joven conocí a tus papás- la menor de las Yagami abrió sus ojos al máximo ¿cómo era eso posible?- Íbamos juntos a la universidad. Tus padres eran jóvenes pero ya tenían a tus hermanas mayores con ellos, salvo Aiko y tú. Con mucho esfuerzo los tres logramos sacar nuestros estudios y al final nació tu hermana. Ellos estaban muy felices con las cuatro, mas les era complicado mantenerlas - Hikari la miraba ansiosa en saber que seguía ¿por qué sus padres nunca les contaron eso?

- Y tú llegaste de repente. Ellos pusieron su negocio de costura y yo conocí a mi difunto marido. Ya tenía a mi hijo mayor conmigo y cuando te conocí sentí que debía ser tu madrina. Tus papás así lo pensaron también. Pero en un momento nos tuvimos que trasladar del país y perdí todo contacto con ellos. Cuando regresé los busqué y fui ahí cuando me enteré que ellos ya no estaban con nosotros – observó a la niña que se haya enfrente y no pudo más que dar gracias por haberla encontrado. Se notaba indefensa y llena de temores, la quería ayudar – Por lo que decidí hacerme tu tutora legal sin que nadie supiera hasta que fuera el momento adecuado.

- O sea que usted ¿conoció a mis papás? Ellos nunca la mencionaron.

- Nos distanciamos hace muchos años, tú tenías apenas tres años, por eso no recuerdas. Quiero que confíes en mí en lo que necesites. Jamás podré igualar a tu mamá, pero si puedo ser tu madrina ¿quieres intentarlo?

- Si, gracias por tu preocupación, Sra. Takaishi – sus ojos estaban llenos de lágrimas y es que recordar a sus padres aún le causaba un gran dolor.

- Bueno, es mejor que termines de comer para ir a compras.

- No es necesario, de verdad – intentó negarse Hikari.

- Claro que sí. Te debo muchos regalos por las fiestas y tus cumpleaños. Además, una de las misiones de las madrinas es consentir a sus ahijadas – le sonrió. La joven le contestó con una pequeña sonrisa más repuestas y siguieron comiendo tranquilamente.

Al terminar, fueron directo a las tiendas. A pesar de las quejas de la pequeña Yagami, su madrina le compró todo lo que quiso. Faldas, camisetas, pantalones y zapatos, más accesorios y todo lo que ella quisiera. Incluyó, también, un notebook para que pudiera hacer mejor sus trabajos y no tener que quedarse hasta altas horas de la noche en la biblioteca.

Le contó que su hijo mayor cumplía 17 años la próxima semana y estaba invitada. Para ello, debían escoger el vestido ideal y no podía ser cualquiera puesto que era una fiesta de disfraces. Fueron a una boutique exclusiva de diseños y Natsuko pidió que le diseñaran el disfraz de princesa que ella quisiera. Si bien sus hermanas podrían hacérselo, no se comparaba con uno de alta costura, pensó.

Iba a ser rosa pálido, de eso estaba segura y el diseño era sorpresa. También sabía que iría a la par con el hijo de su madrina, del resto no sabía más. Se tomaron un café en el atardecer y Hikari partió a su hogar cargada de bolsas. Ambas reconocieron, en su interior, que la pasaron muy bien.

La semana siguió su rumbo. Mimi al fin apareció pero no dijo nada de su ausencia. Ese día Takeru se acercó al final de clases a hablar con ella. Ahí le contó el porqué de sus ausencias: su madre había enfermado gravemente y su padre se había ido de casa. Tuvo que cuidar a su hermano menor y consiguió que una tía lo recibiera por el verano. Aún no sabían que era exactamente lo que tenía su mamá pero se presumía que era cáncer. Si esa teoría era cierta, no tenía muchas esperanzas de vida-

Mimi lloró como hace mucho no hacía. El mayor de los Takaishi se limitó a consolarla, no sabía que decir. Era un tema delicado y sabía que su amiga pocas veces confesaba lo que le pasaba. Cuando ella se sintió más calmada le pidió que por favor no dijera nada sobre lo que habían conversado, a lo que él le contestó que estuviera tranquila y que cualquier cosa no dudara en pedírsela.

Ella le sonrió levemente y le dijo que se pondría al día con el ensayo final del curso. Para eso, se quedaron ellos dos más Hikari y Minako. Ya era sabido por todos que el rubio y la pequeña castaña tenían una relación especial. Si bien no podían llamarse novios con todas sus letras si habían muestras de afecto en público que los comprometían.

Ellos eran historia aparte. Cuando estaban juntos se escapaban del mundo y eran capaces de olvidarse los problemas que tenían. Planeaban mil y una actividades para las vacaciones, los momentos libres del colegio y sus sueños a futuro.

Tk quiere ser escritor y Kari educadora de niños. Ambos querían seguir viviendo en la misma ciudad y ayudar a sus familias. Vivían día a día sobrellevando sus dolores y sus alegrías, compartiendo con el mundo y disfrutando de los detalles. Fue quien le enseñó todo aquello, quien le dijo un día – si tú no miras el mundo con otros ojos no eres capaz de darte cuenta de las maravillas que te puede entregar – y ciertas fueron sus palabras.

Lamentablemente ese fin de semana no pudieron compartirlo. El día viernes en la noche Hikari no pudo dormir bien a raíz de los constantes dolores que sentía en el pecho. No encontraba una razón para ellos y no quiso decirles nada a sus hermanas. Despertó tarde el sábado cosa que extrañó a las mayores de los Yagami, pero lo atribuyeron a la presión de los últimos días de clases.

Hikari estuvo todo el día en pieza, puso su celular en silencio y se dedicó a descansar, y trabajar en su parte del ensayo mientras podía. En momentos los dolores desaparecían y aprovechaba de trabajar algo. No quiso contestar el teléfono en todo el día ya que el dolor era cada vez más intenso y fingió dormir mucho para escapar de los interrogatorios.

El día domingo fue igual, con la excepción de que los dolores bajaron un poco y pudo estar más tranquila. Terminó su parte del proyecto y se dedicó a leer algo. Ayudó en lo que pudo en la casa, mas no probó bocado ya que si comí le dolía al tragar.

Para Takeru fue algo estresante. Para el otro sábado estaría en su gran fiesta de cumpleaños. Debía afinar detalles como confirmar invitados, ver su disfraz y la ornamentación. Su madre le había informado que asistiría su ahijada y que debía recibirla bien. Dudaba entre sí invitar a Hikari pero prefirió que no, puesto que se imaginaba el interrogatorio de su madre.

La fiesta, al final, no sería en la residencia de los Takaishi, sino en el salón de eventos del hotel más prestigioso de la ciudad. El cambio del lugar se debía a la repentina lista exacerbada de invitados que el joven no sabía de dónde había salido. Entre tanto ajetreo se puso a revisar el informe del curso y ayudar a sus amigas, como también llamar a su pequeña princesa. Le extrañó que le diera buzón de voz el celular pero lo dejó pasar.

El lunes se reencontraron como siempre. Ella había decidido hacerse una revisión para descartar cualquier complicación en su cuerpo, pero no le diría a nadie. Acudiría al terminar el curso y pondría la excusa que se iría de vacaciones unos días, así Takeru no sospecharía.

La semana fue llena de emociones. Por un lado el primo de Takeru, Yamato, no dejaba de molestarlo con la tan esperada fiesta de cumpleaños. El menor de los rubios le decía una y otra vez que no lo hiciera porque Hikari no sabía nada. Sora lo reprendía por ocultarle aquello, ya que una relación se basaba en confianza y Minako lo miraba incrédula: en el instituto todos sabían que la niña nueva era su "amiga" pero él no era capaz de llevarla a la fiesta.

Aquello los fue distanciando. Cada uno con sus conflictos interiores de no hacerle saber al otro lo que pasaba por su mente. El día viernes, el último en aquel salón de clases que los juntó, la joven Yagami hizo crisis. Nadie sabía porque se hallaba tan taciturna y misteriosa. Lo único que sabía ella era que no aguantaba el dolor ni la lejanía de Takeru.

Al terminar la clase salió corriendo al baño porque no aguantaba más. Lloró por miedo a que lo de sus dolores en el pecho fuera algo grave, por no confiárselo a él ni a nadie, cuando sabía que debía. Por el distanciamiento de él, las frases con doble sentido que le lanzaban sus amigos, por todo. Fue un cumulo de cosas que no pudo aguantar y se sintió frágil y menospreciada, traicionera e inconsciente de lo que pensaran los otros.

El rubio, al darse cuenta de que ella no volvía, la fue a buscar. Tocó la puerta y le respondió una acongojada castaña por lo que decidió entrar a la fuerza. La encontró hecha un ovillo en el piso del baño y corrió a refugiarla en sus brazos. La susurraba que la quería y que confiera en él mientras ella se aferraba con fuerza a su camisa.

- No me dejes – susurraba entre sollozos.

- Jamás, princesa, jamás – le respondía él.

- Te quiero – volvió a murmurar ella, a lo que él le respondió – Yo también.

Después de aquel episodio, y que Hikari se calmara, fueron juntos por un helado a celebrar el cumpleaños de Takeru. Ese era el día oficial de su nacimiento y encontraba que no había mejor manera que pasarlo junto a la persona que quería.

Disfrutaron de una tarde en el parque entre risas y paseos en el lago, helados y chocolates. Ella le obsequió un pañuelo de seda con sus iniciales hecho por ella misma. Era un detalle pequeño y que a muchos no les hubiera encantado, pero él fue el más feliz con aquel regalo. Fue hecho por ella misma.

Al terminar la tarde y después de una puesta de sol en el lago, él la fue a dejar a su casa. Sólo fue a la entrada pero era la primera vez que iba ahí. Las hermanas de ella la asecharon en preguntas sobre aquel apuesto joven, como lo habían bautizado y ella se sonrojó al instante lo que hizo estallar en carcajadas a las mayores.

El gran día había llegado. Un estilista fue después de almuerzo a la residencia Yagami a peinar y maquillar a la más joven de las hermanas mientras ellas suspiraban por la hermosa confección del disfraz. Su cabello fue recogido en un hermoso moño con una cascada de bucles y algunos cabellos sueltos. Para acabar, una fina tiara de plata fue colocada al frente.

El maquillaje fue suave y en tonos rosas. Un poco de sobra rosa pálida en combinación con su vestido, delineado en color pastel y los labios con gloss rosa, también. Le aplicaron un poco de colorete y ya se encontraba lista para la gran noche. Alrededor de las 6 de la tarde habían acabado con esos dos ítems.

Sus hermanas procedieron en ayudarle con traje: un bello vestido rosa pálido fue ajustado a su cuerpo. Con corto digno de una princesa en strapless. La falda era vaporosa pero recatada, se tul y seda; completaba el diseño pequeños diamantes por el frente del vestido en forma de tallo de flor. Por la espalda era entrecruzado y al final terminaba en una fina rosa (1). Los zapatos eran plateados y tacón medio, adornados con finos cristales en forma de flor (2) al igual que la diadema (3). Para acabar con el atuendo, unos pequeños diamantes blancos iban como pendientes (4).

Sus hermanas le sacaron mil y una foto para recordar por siempre el día en que ella vistió como una auténtica princesa, todos los detalles que había pedido la Sra. Takaishi eran impresionantes.

A las 7.30 de la noche pasó Taro por ella y la llevó al salón de eventos más importante del lugar. Hikari admiraba todo a su paso y estaba ansiosa y nerviosa por llegar, solo esperaba encajar con alguien para no estar sola en un rincón toda la noche.

Por su parte, Takeru se enfundó en un traje digno de príncipe: chaqueta cerrada hasta el cuello color verde oscuro con finos y elegantes adornos en la delantera. Llevaba unos pantalones color caqui hasta la rodilla y unas botas negras altas, todo un traje medieval. En su cabeza debía llevar una corona, pero la rechazó (5).

Desde muy temprano se encontraba en el lugar, puesto que su madre había arrendado una suite para que se arreglara y no tuviera que viajar de un lado a otro por la ciudad. Su madre había escogido un elegante vestido negro clásico para recibir a los invitados.

La hora inicial del evento estaba programaba para las 8 de la noche y poco a poco los invitados fueron llegando recibidos por el anfitrión y su madre. Muchos llegaban con regalos y aunque no era una exigencia, agradecía el gesto.

Entre los asistentes, Hikari notó que había mucha gente de clase alta y se intimidó por lo que decidió entrar rápido al lugar y pasar desapercibida. La opción inicial era huir, pero Taro ya había marchado. Subió uno a uno los escalones tratando de no tropezar y pasar desapercibida, cosa que no logró, ya que su bello vestido resaltaba por sobre los disfraces comunes.

Cuando llegó a la entrada se encontró con su madrina quien la recibió con alegría.

- ¡Hikari! Qué bueno que llegaste, me estaba preguntando dónde te habías metido.

- Es que no quería subir.

- Pero ¿por qué no? Si estás hermosa, hija, eres una verdadera princesa y ten la seguridad que la única esta noche.

- Gracias – respondió ella con un sonrojo.

- Ven, que te voy a presentar a mi hijo inmediatamente. Como aún no llega el grueso de los invitados es una buena oportunidad.

Se dejó guiar dentro del lugar junto a Natsuko. Miraba atentamente el camino en caso de que se perdiera o quisiera irse luego. Todo estaba ordenado exquisitamente y en la pista principal se concentraba la multitud. Por un lado estaba la barra donde ya se servían diversos tragos a los asistentes, mozos que se paseaban con bandejas llenas de bocadillos, personas agrupadas conversando en la orilla de la pista.

Un enorme candelabro adornaba el salón y por la escalera principal venía bajando un joven vestido de príncipe, pero no cualquiera, ya que Hikari reconocería a Takeru a metros de distancia. Quedó sorprendida y más aún cuando Natsuko la tomó del brazo y la llevó al encuentro de él. Ambos jóvenes se miraban sorprendidos y embelesados por el ambiente que había alrededor.

- Hijo, ella es mi ahijada, Hikari Yagami – los presentó la mujer.

- Hikari – susurró él con agonía. No entendía qué hacía ella ahí, en ese lugar.

- ¿Se conocen? – preguntó su madre.

- Si – respondió tímidamente la pequeña.

La Sra. Takaishi los miró a ambos repetidas veces hasta que captó lo que su hijo le ocultaba hace tiempo, esa era la chica que lo tenía en las nubes. No pudo evitar una sonrisa y sentirse tranquila, ya que ambos eran buenos jóvenes, no había nada que temer. Les pidió permiso para retirarse y partió a otro sector del lugar, ya habría tiempo para hacer las preguntas pertinentes.

Ellos, por su parte, seguían sin entender que pasaba ahí. Ninguno de los dos pensaba encontrarse con esa sorpresa y ella jamás asoció los apellidos de ellos. Él, por su parte, se sentía culpable al no decirle que se celebraba su cumpleaños ese día. No sabía que decir ni como pedirle perdón para que ella entendiera.

- Así que – comenzó la castaña.

- Combinamos – respondió él inconscientemente y se reprendió por tal barbaridad.

- Sí, pero ¿por qué no me dijiste de esto? – le reclamó ella dolida.

- Porque no quería presentarte a mi mamá en estas circunstancias y menos arriesgarnos a un interrogatorio. Me parece extraño que se haya ido sin decir nada.

- Pensé que confiabas en mí, que estábamos juntos en esto.

- Y lo estamos, pequeña, perdóname – le suplicó él.

Ella lo miró y no pudo más que perderse en sus ojos, aquel mar azul que la hipnotizaba. En cierta parte lo entendía y si no fuera porque su madrina pagaba sus estudios, ella no hubiera acudido. Le sonrió, finalmente, y Takeru le correspondió. Tomó su mano y entrelazó sus dedos, lo que indicaba que no estaba sola y juntos enfrentarían cualquier cosa. Hikari se acercó tímidamente al rubio y depositó un casto beso en su mejilla, lo que hizo saltar de júbilo a su enamorado.

Ya habría tiempo para las preguntas y las respuestas, ahora debían disfrutar de las vueltas del destino mientras podían, ya que no sabían que deparaba el futuro.

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Continuará…

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(1), (2), (3), (4) y (5) en mi perfil.

Autora:

Lamento los 4 años de demora, explicaciones en el perfil. Queda un capítulo más y el epílogo. Lo bueno, es que este último lo tengo listo, así que sólo falta el capítulo 4.

Besos,

Chikage-SP.