Capitulo 3
Lenguaraz
…
¿Sigues ahí, Sesshomaru?
Sí. ¿Qué has hecho?
Preñarla. Ha sido delicioso.
Desgraciado.
Me pidió que no lo hiciera, que mona. Lo disfruté aún más. Aún estamos dentro de ella.
¡Sácalo!
¿Para qué? Ya la hemos preñado. Asegurémonos una buena camada llenándola un poco más.
Te digo que salgas de ella.
Oh, vamos, Sesshomaru. ¿No lo sientes? Se esta tan a gusto aquí dentro. Ya nos estamos endureciendo. Se ha dado cuenta. Mira como tiembla.
La tiene justo debajo de él, su pequeño cuerpo cubierto de sudor se agita. Siente el calor de su interior, envolviéndole dulcemente. Su intimidad se estrecha y él no puede evitar adelantar las caderas en respuesta. Ella emite un gemido lastimero y hace un puchero. Es tan pequeña, tan indefensa y está tan rota.
El Lord sin corazón la contempla con los ojos desenfocados, espantados. Como si fuera un mero espectador de la barbarie cometida.
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"¡Criatura repugnante! Yo era una niña pura como una perla, y mira lo que has hecho de mí."
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Se aparta evitando mirarla, ya ha visto más que suficiente para una vida. Una serie de imágenes le atormentan. La ve de pequeña correteando por un campo lleno de flores bajo su atenta mirada. Tanto que se había preocupado porque nada la dañara para acabar siendo el monstruo que se abalanza sobre ella para hacer algo peor que devorarla.
Siente los golpes en su espalda. Sus puños impactan contra él mientras le insulta. Si fuera cualquier otra ya estaría muerta.
― Rin ― le dice con voz paciente. Lo hecho, hecho está y se lo merece ― Basta.
Ella se derrumba contra él. Cualquier otra no querría tocarle. Lo sabía, no era la primera vez que cometía tal barbarie, pero era un yokai con necesidades.
Llora contra su espalda, boquea arañándole.
― Yo le quiero… Le quiero… Le quiero…
Aquello estaba terriblemente mal. Su mente debía haber sufrido un fallo terrible. Lo lógico en aquellos casos es odiar. Un sentimiento humano que él sí conocía y aceptaba e incluso había profesado y aún profesaba.
― Le amo… señor Sesshomaru… ― le confesó entre hipidos reposando su frente contra la espalda desnuda del infame Lord del Oeste.
― Te he forzado, Rin. Deberías odiarme.
Le recriminó a sus ojos llorosos que le contemplaban con temor y veneración.
― No puedo… No quiero.
― Me irritas.
Se volvió hacia ella y su cuerpo tembló cuando sus garras la rodearon para levantarla y ponerla sobre él.
Le miraba con pasmo, sin comprender.
Trató de alejarse cuando la posicionaba para volver a poseerla.
― Estate quieta y colabora esta vez.
― Es muy grande. Me da miedo.
― Un poco tarde para eso, ¿no crees?
― Duele mucho. No me lo haga más, por favor, señor Sesshomaru.
Se queja, llora y se retuerce mientras la penetra.
― Mentían. Estaban mintiendo.
― ¿Quiénes? ¿De que hablas?
― Kumi y Sayuri, decían que se sentía bien. Que era muy rico.
― Y no se equivocan, ya lo verás. Déjame que te lo muestre. Las primeras veces siempre duele, Rin.
― No quiero. No quiero. Me hace daño.
― Sentirás dolor hasta que te acostumbres a mi y permitiré que lo hagas.
Permaneció dentro de ella. Mordiéndola y besando su piel cercana. Los únicos movimientos eran lo que ella hacía cuando saltaba al besarla en algún sitio que le gustaba o cuando algo le hacía cosquillas y reía. Cuando su pequeño cuerpo se agitaba él se derretía, gemía y la empujaba; aquello le hacía gracia a la chiquilla.
― Si te ríes es que no te duele. Voy a empezar a embestirte.
― ¡No! ¡No! ¡Espere! ― sus pequeños brazos delicadamente rodearon su cuello y una sonrisa curvó sus labios llenos ― Espere ― se movió sobre él, despacio, sus brazos como anclaje de su cuerpo al suyo. Ella le montaba, él se dejaba montar; mirándola, devorando sus pechos que tenía deliciosamente cerca. La toma por la cadera, la acelera y Rin se percata de lo que esta a punto de pasar.
― No. Espere. No lo haga dentro, señor; por favor.
― El gran Sesshomaru se derrama donde el Gran Sesshomaru desea, Rin y eso es dentro de ti.
― Pero es que si lo hace, entonces yo…
― Lo más seguro es que ya estés preñada, Rin.
La semilla de su señor brota de su cuerpo y se escurre por sus piernas. Ella la contempla, extrañada.
― ¿Qué es? ― le pregunta, solo por el placer de oírselo decir. Su señor, estoico y tan frío, nunca habla más de lo debido y rara vez dice palabras inconvenientes.
― ¿No lo sabes? ¿Acaso no me suplicabas que no lo dejara dentro de ti?
Solo quiere oírte decirlo, Sesshomaru. Complácela.
― Es mi semen.
Una pequeña sonrisa involuntaria curva sus labios llenos y se nota que trata de dominarla al añadir ― ¿Es venenoso?
― ¿Cómo va a serlo? Si lo fuera estarías muerta.
¿A dónde quiere llegar?
Si no lo sabes tú…
― Entonces, ¿Se puede comer?
La madre que la parió. Ahora sí, la mato.
Ja, ja, ja
Deja de reírte.
¿Qué pretende, Sesshomaru? ¡Mira!
Rin está delante de él y le ofrece su dedo índice empapado en… eso.
¡Ja, ja, ja! ¡Está loca! ¿Lo hacemos, Sesshomaru?
El Lord la agarra por el brazo y se hunde aquel pequeño dedo en la boca. Ella sonríe, triunfadora.
El que ríe el último…
― Yo he tomado una pequeña parte, pero tú tomarás una medida entera. Directa de la fuente, sin intermediarios.
Su rostro se deforma, ¿es una mueca de horror, de asco?
― ¡No!
― Arrodíllate.
― ¡No! ― sacude la cabeza de un lado a otro y su pelo, aún empapado le salpica el torso desnudo.
Eso de su rostro no hay duda de que es horror. Sí, horror. ¿De verdad pensamos hacerlo, Sesshomaru?
No, pero me ha cabreado y merece un severo castigo.
Y tan severo.
― No me gusta repetirme. Hazlo.
Pobrecilla, mírala como tiembla. ¿No te da ternura?
Yo no sé que es eso.
Y bien que lo sé, es algo que solo una parte de ti siente y creo que es muda.
― Ahora lámelo. Es una orden de tu amo. Obedece.
No puedo, no puedo. Es demasiado cruel. Mira como nos mira, Sesshomaru. No va a hacerlo. Yo no lo haría.
― Rin. Ahora.
Debo admitir que es una visión celestial. Mira su espalda. Mira su lengua, como nos recorre… Dile que abra la boca, Sesshomaru.
Aún es pronto.
Ya lo sé.
Entonces, ¿para qué?
Para hundirte ella.
¿En su boca?
Sí.
¿Y eso es correcto?
No lo sé, pero lo quiero.
― Abre la boca, Rin. ¡Que la abras te digo!
Húndelo, Húndelo… ¡No tanto! Pobrecilla, por poco la ahogas.
Es culpa tuya.
― Ya pasó, Rin.
¡Vuelve a abrirla! ¡Le ha gustado a pesar de tu torpeza! Lo esta metiendo ella sola. ¡Oh, Dulce niña libidinosa! Te adoro. Te amo tanto. Díselo, Sesshomaru.
No.
Como no se lo digas tú, se lo digo yo.
Te mataré si lo intentas.
Oh! Mírala. Es tan tierna. Nos hace sentir tan bien. Dile que nos gusta, que nos hace sentir bien. Díselo.
― Muy bien, Rin. Sigue así. Me agrada.
Buen chico.
Se deleita con su placer, el que le da con su lengua mientras contempla lo que sale de ella. Brota, se humedece; es su esencia más natural.
¿Hueles eso? ¡Se esta mojando!
Lo sé, lo huelo.
Estamos cerca, Sesshomaru. ¿De verdad lo haremos? Se atragantará y no se lo merece. Se ha portado tan bien. Nos ha dado tanto placer.
― Apártate, Rin.
―…
¿Qué le pasa? No obedece.
¡Se ha vuelto adicta a nosotros!
¿Qué?
¡Apártala, Sesshomaru! ¡Y dile que saque la lengua! ¡Que la saque bien!
Le tira del pelo y la aleja de él.
― Saca la lengua, Rin. Mucho más.
Ahora córrete… Córrete sobre ella. Sobre su lengua… Sí…
Su pequeño rostro compone una mueca extraña cuando lo siente impactar; tan caliente, espeso y amargo. Se escurre por su mentón, llega hasta su pecho e incluso mancha su pelo.
― Hay mucho. ― comenta contemplándose y su sorpresa divierte al depravado Lord del Oeste.
― ¿Y te agrada que así sea?
― ¿Cuánto más haya más le ha gustado al señor Sesshomaru? ― Pregunta con toda su inocencia.
― Así es.
Mentiroso. Aunque debo admitir que es una imagen maravillosa verla cubierta por nuestra semilla. Se la ve hermosa.
…
― Tengo miedo, señor Sesshomaru. ― le pregunta mientras caminan el uno junto al otro en dirección al prado donde espera Jaken. Rin se aferra a su kimono destrozado para que no se le abra y revele más de lo debido. Por suerte lo más perjudicado fue el Obi, el resto está casi intacto.
― ¿De qué?
― No quiero tener cachorros. A la señora Kagome le dolió mucho. Gritaba un montón.
― ¿Sangras cada mes, Rin? ― le preguntó sin mirarla siquiera, con la vista al frente y manteniendo el paso de la chiquilla. Por alguna razón no quería dejar que se retrasara como solía hacer siempre. La quería a su lado.
― Uhm… No.
― Pues entonces no habrá cachorros.
La niña lo miró pasmada y luego una sonrisa se apoderó de su boca. Que cosas había hecho esa boca, pensaba el Lord mirándola de reojo.
Qué niña tan loca.
Volvió a la realidad en cuanto sus ojos vieron a su medio hermano, el hanyou, parado en mitad del prado torturando a su sirviente. Miró hacia ellos con una sonrisa condescendiente, durante unos segundos todo fue como siempre, pero en cuanto llegaron a su altura y sus ojos se posaron en su protegida su expresión se derrumbó y la furia que le dedicó no tenía barrera de contención y era más pura que nunca.
― ¿¡Qué has hecho!? ― el horror con el que les contemplaba se reflejó en Jaken, quien ya sospechaba algo y aquello confirmó sus peores temores. ― ¿¡Sesshomaru, maldito bastardo, te he dicho que qué has hecho!?
El Lord le ignoró, pero Rin no pudo hacerlo.
¿Como había sido tan tonta? Se había olvidado por completo del fino olfato del hanyou.
― Y no te has limitado solo a frotarte contra ella, ¿verdad? ― resopló por la nariz airado, molesto, asqueado por el olor que despedía Rin mientras le gritaba a la espalda de su hermano que se alejaba seguido por un Jaken reticente.
― ¡Ahg! ¿¡Como has podido!? ― ignoró a su medio hermano y se giró hacia la pequeña Rin. Su kimono destrozado, sus labios hinchados, las marcas de mordiscos en su cuello… Se mordió los colmillos tratando de contener el impulso de salir corriendo y matar a Sesshomaru.
― ¿Estas bien?
― Sí, señor Inuyasha.
El hanyou retrocedió y se quedó mirando a la niña abochornada con una expresión de sorpresa y el más puro horror.
― Rin, tu aliento…
Giró su cuerpo, tenso como cuerda de piano, vibrando por el odio que su hermano le inspiraba al haber realizado tan vil acto.
― ¡MALDITO BASTARDO DESGRACIADO! ¿¡COMO HAS PODIDO!?
La niña le sostuvo la manga sin apenas tocarlo. Sabía que al hanyou no le agradaba el olor que desprendía.
― Basta, señor Inuyasha. Por favor.
El hanyou se tranquilizo sin poder dejar de mirarla. A la pequeña Rin. No podía dejar de pensar en ella como la pequeña Rin.
― Volvamos a la aldea. Están todos preocupados.
― ¿Le puedo pedir un favor, señor Inuyasha?
El hanyou asintió solemne mirandola con preocupación.
― No le diga nada a nadie, se lo ruego.
― ¿Cómo iba a decirlo? No tengo ganas de hablar de ello, ni siquiera quiero pensar en ello. Lo que ha hecho mi hermano es vil, cruel y aberrante.
― Solo me ha hecho el amor.
― Permíteme que lo dude. ― la contradijo con inquina.
― ¿Y lo que ha hecho con tu boca, qué? ― añadió reticente haciendo un gran esfuerzo para aplacar el desagrado y el rechazo que le inspiraba Rin, lo normal en estos casos ya que para eso la había marcado ese mamonazo de Sesshomaru, para que ningún macho se acercara a ella. Buf, es que realmente apestaba a él. Era muy desagradable.
― ¿Eso? Yo le he hecho el amor a él.
Inuyasha se quedó petrificado
― Parecía gustarle mucho. Me hizo muy feliz. No lo estropee.
― No te… ¿No te forzó? ― le preguntó Inuyasha extrañado.
― No… Bueno, al principio sí, pero por culpa mía.
El hanyou roló los ojos.
― Sí, claro. Le obligaste a punta de katana a que te violara.
― No, pero jugué con él. No estuvo nada bien hacer eso. El pobre señor Sesshomaru estaba tan duro. ― su rostro tierno era una mueca de tristeza.
Inuyasha se tensó como una vara de escoba.
― ¿Co…Camo dices? ¿Como sabes tú…? ¿Lo viste? Digo, ¿Se abultó…o…algo?
― No. Lo toqué.
Esta niña… ¿de qué va todo esto? ¿Qué es eso de que lo tocó? Me duele la cabeza.
― Cuéntame que ha pasado, Rin.
La niña tomó una gran bocanada de aire…
"Salí de la aldea detrás de él cuando vi que se había ido sin despedirse siquiera. Estaba enfadada. Corrí como los conejos y me caí varias veces, pero lo alcancé. Gracias a los dioses no habían llegado muy lejos.
Me pasé toda la tarde jugando con Jaken y luego, como hoy me tocaba, y aprovechando que tenía el río cerca; me bañé. El señor Sesshomaru apareció mientras me bañaba. Me miraba raro. Yo estaba tan enfadada… y me acordé de lo que me dijeron Mika y Sayuri sobre los hombres y como se podía jugar con ellos."
El rubor cubrió sus mejillas.
Inuyasha ya empezaba a arrepentirse de haberle preguntado.
"Dejé que me viera desnuda, salí del agua y le toqué el pecho, como me había dicho Sayuri. Le dije cosas sucias, pero de verdad que no se de donde salían, simplemente salían. Él me cogió la mano y la puso sobre su… ahí."
La mandíbula de Inuyasha se cerró en un sonoro clack.
"Yo no la aparté… lo toqué. Lo toqué mucho y le dije que si quería jugar conmigo. De pronto dijo una palabra fea y se lanzó sobre mí y empezó a quitarse la ropa y a quitármela a mí.
― Espera, ¿qué es eso de que te dijo una palabra fea? ¿Qué te dijo ese desgraciado? ¿Te insultó?
― No. Me dijo que quería follarme o algo así.
"Será desgraciado" pensó el hanyou, pasmado.
― Ah, va… vale.
"Bueno, sigo. Pues me quitó la ropa y yo sabía lo que iba a pasar, no soy tonta. Me entró miedo, pero no me resistí. Yo quería hacerlo con él."
― Y yo voy y me lo creo ― soltó irónico el hanyou.
"En serio, yo quería, solo que fue un poco brusco. Dolió mucho. Pero que mucho, mucho y como no paraba de moverse dolía todavía más. Pero luego el pobre señor Sesshomaru se veía tan arrepentido. Él no quería hacerme daño, fue culpa mía. ¡No me mire así, señor Inuyasha! Es verdad.
Luego me… me, esto, confesé. Le dije lo que sentía por él. Y lo volvimos a hacer. También dolió cuando me lo metió, pero el señor Sesshomaru dice que las primeras veces siempre duele y se portó muy bien. Me dejó hacerlo a mí y todo. Y me empezó a gustar y todo. Y aunque yo no quería y se lo pedí él se vino dentro de mí, pero no pasa nada porque como no sangro cada mes no voy a tener cachorros, él me lo dijo. Luego su cosa esa blanca empezó a salir de mí y yo, no sé porqué, fue algo que me dio; le obligue a probarla. Creo que él se enfado y por eso me hizo lamerle… ahí. Me pidió que abriera la boca y me lo metió en la boca, solo que llegó a mi garganta y me ahogué. El lo sacó enseguida y parecía preocupado por mí, pobre señor Sesshomaru, es tan amable. Pero como me gustó, seguí. Que rico era. Se sentía tan bien. ¡Y a él le gustaba! Me pidió que parara, pero yo no podía parar porque estaba tan y tan rico. Entonces me tiró del pelo y me pidió que sacara la lengua mucho, mucho y yo lo hice. Y me cayó en la lengua, y fue increíble. ¡Estaba muy caliente y sabía muy mal! Pero me gustó mucho. Me palpitaba el cuerpo, por abajo, entre las piernas. Me hacía pum, pum, pum. Y no sabe cuanto salió. ¡Salió muchísimo! Hasta me manchó el pelo y todo ja, ja, ja.
Inuyasha necesitaba aire. Aquella niña siempre había hablado demasiado. Pero esta vez había hablado más que demasiado. Estaba saturado de información que no deseaba tener. Habría pagado porque le borraran la memoria y sacarlo de su cabeza. Ya no podría mirar a la cara a su medio hermano sin acordarse de lo que Rin le acababa de contar con esa inocencia y naturalidad que la caracterizaban.
Abrió la boca para decir algo pero volvió a cerrarla, ¿qué podía decir? Él se lo había buscado, le había dicho que se lo contara con la esperanza de que no lo hiciera, y pensando que si lo hacía la niña se iba a ahorrar los detalles escabrosos. Era tonto a más no poder.
― ¿Señor Inuyasha?
― ¿Eh? ¿Ah? ¿Sí?
― No se lo contará a nadie, ¿verdad?
¿Y repetir todo eso usando su propia boca? Ni en un millón de años.
― No te preocupes, Rin. Solo lo sabremos tú, yo y ese idiota de Sesshomaru.
"Ese maldito pervertido asqueroso de Sesshomaru" pensó para si.
…
¡Que niña esta! Cada vez que lo leo me río imaginando la cara de Inuyasha mientras le esta soltando toda la historia con ese desparpajo que tiene la Rin. Jajajaja.
Espero que os haya gustado este capi. Esta forma de narrar es más ruda y cuesta hacerse, por eso os aconsejo que después de leer lo que ha pasado de boca de Rin, releáis el punto de vista de Sesshomaru y lo entenderéis mejor.
Gracias por los rewiews.
Por cierto, seguiré con el tipo de narrativa de este capitulo en los siguientes que es mas llevadera y os prometo mucho lemon intenso, sin ser como una porno, eh?
Ay, Dios, ayer leí un fanfic que me traumó soberanamente. Era tan insólito que el "trío" que tengo preparado es un paseo por el campo de la mano de tu primo pequeño. Echadle un ojo y me decís que os parece.
