Peter sabía

Peter sabía que no era tan inteligente como Remus, ni tan atractivo como Sirius, y que nunca llegaría a ser un buen deportista como lo era James. Sabía también que las bromas ideadas por él siempre eran rechazadas sutilmente por sus amigos, o tildadas de "típicas". Sabía que no era original, pero que -por algún extraño motivo- era querido. Y ese descubrimiento lo sorprendía, porque nunca había aspirado a nada más que ser soportado por su padre y ridículamente mimado por su madre.

Cada vez que, borrachos, se tiraban en la sala común y ponían un poco de música, siempre era su voz, chillona y entrecortada, la que desentonaba con el resto. En honor a la verdad (y casi de manera paradójica) Peter cantaba como un perro. Pero incluso aquello no importaba en ese momento, si estaban juntos. Y proféticamente, al poco tiempo de comenzar a entonar las estrofas de una nueva canción ya familiar para todos, y justo en el mismo instante en que Peter comenzara a sentir el feroz rugir de su estómago, Sirius diría "Oye Colagusano, ¿No me acompañas a buscar un poco de comida a las cocinas, que estoy famélico?" Y Peter lo miraría entonces a los ojos, manteniendo un contacto visual que se rompería en cuestión de segundos, agradeciendo el silencioso gesto del que era uno de sus mejores amigos. Retornarían al cabo de pocas horas para encontrar, a veces, a James y Remus jugando una partida de ajedrez, otras a ambos aún cantando en un acto desenfrenado y, en muy pocas ocasiones, a los dos amigos dormidos en los cómodos sillones que se encontraban frente a las chimeneas. En el caso de que esto último no aconteciera, la juerga continuaba hasta pasadas las 7 am, cuando ya todos los Gryffindor se despertaban dispuestos a comenzar una nueva jornada escolar. Todos menos ellos, que, despreocupados, se dirigían a su habitación con ansias de un sueño reparador. Después de todo, los profesores no podían regañarlos si "habían comido unos caramelos de Honeydukes en mal estado".

Algunos de los recuerdos más preciados de Colagusano se remontaban a su quinto año, cuando a James le había agarrado la histeria por conquistar a Evans y había dependido enteramente de él, así como también de Remus y de Sirius, que su querido amigo Cornamenta no perdiera la cordura.

Peter también tenía especialmente fresco en su memoria el recuerdo de un día frío de Diciembre, cercano a Navidad. Nadie se encontraba en el colegio por las vacaciones: únicamente ellos cuatro y algunos profesores. Peter y Sirius, los que se veían forzados a permanecer en el colegio por las festividades, habían diseñado (a modo de agradecimiento) una pancarta mágica en la que se leía "I get high with a little help from my friends", pero en cuanto te acercabas lo suficiente, una cubeta repleta de pus de calamar con un hechizo de permanencia caía directamente hasta empaparte por completo. James y Remus habían amenazado entonces con colgarlos desnudos del estandarte de Gryffindor en el próximo partido de Quiditch, pero finalmente se habían largado a reír, con esa risa tan particular y juvenil que se tiene a los quince años con toda la vida por vivir (aunque se caiga en una redundancia). El episodio había terminado con los cuatro cantando a grito pelado antes de encaminarse al Gran Comedor para el Banquete de Navidad.

Sí, Peter Pettigrew sabía todas esas cosas, así como a su vez conocía el amor que sentía por sus amigos y lo mucho que les debía. Pero Colagusano también se sabía débil, incapaz de plantarse ante Voldemort. Incapaz de resignarse ante la posibilidad de una muerte inminente. Siempre había sido un cobarde, no era novedad para él, pero luego de convertirse en el Judas de su generación no pudo más que odiarse a sí mismo. Y odiar a Voldemort, a Dumbledore, a Harry, a la loca de la profecía (tal como el conocía a la profesora Trelawney), a la guerra, a las diferencias y divisiones y a Hogwarts. Ya no quedaba nada de él, ya no era nada. Porque ya no contaba con sus amigos.

Oh, I get by with a little help from my friends, mmm I get high with a little help from my friends, mmm I'm gonna try with a little help from my friends.