Mientras en una remota parte del castillo de Hogwarts, ocurría lo que nadie se esperaba:

— ¿Tú crees que el director nos consiga?, no quiero parecer mala – decía Natalie.

— Obvio que no, todos los hechizos que usamos, y total, no estamos haciendo nada que sea ni bueno ni malo – responde Draco.

— Por ahora – espetó pícaramente Natalie, viendo a su hermanastro a los ojos y, acercándose a paso lento y sinuoso.

— ¿Tú crees que yo caeré tan fácil ante tus encantos?, sabes bien que no lo haría nunca, te veo desde hace 2 años pequeña – le dijo Draco un tanto nervioso.

— Claro – respondió Nat sarcástica – Ven y detenme entonces – le retó.

— Sabes que no puedo, ante todo, soy un hombre – le dijo Draco a una Natalie que estaba a un metro de distancia.

— Te dije que no podrías – dijo Natalie acercándose más a Draco.

— Creo que te estas divirtiendo, ¿cierto? – le preguntó Draco.

— ¡Pues sí, y mucho! ¿Te agrada la cercanía? – le preguntó Natalie a su hermanastro.

— En serio, ¿es necesario responder eso pequeña? – le dijo Draco mientras la miraba de forma hambrienta y queriendo acercarla más.

— Sí, quiero escucharlo, ¡Sabes que me gusta! – expresó Natalie queriendo acortar todo el espacio posible.

— Te lo puedo demostrar si gustas – le dijo Draco a su hermana.

— Como gustes tú, hermanito – respondió Natalie.

— Entonces… - dijo Draco mientras que agarraba a su hermana de la cintura y la hacía sentarse sobre él, para que no existiera más distancia entre ellos.