Capitulo 3: Memoryless

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" Menón: ...aun en el caso favorable de que lo descubras,

¿cómo vas a saber que es precisamente lo que tú no sabías?"

("Menón" Platon)

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Silencio, otro momento en silencio. Se tiende sobre el sofá, sin saber porque demonios tiene que haber otra noche de sosiego. Pero no de esa magnifica tranquilidad que se encuentra al final del día, con un buen sabor de boca, justo cuando la luna en su esplendoroso cenit se alza sobre la cabeza diciendo: observa y descansa mi dulce hijo, que yo velare por todos tus sueños. No, es la maldita quietud que se presenta antes de que caiga un rayo, ese silencio que se escucha, antes de que el golpe llegue y devaste, todo su alrededor.

Y con sus ojos mortales sólo alcanza a ver las difusas y engañosas figuras de color rojo, naranja, gris, bermellón, amarillo, castaño y, su mente no recuerda el nombre de las demás tonalidades. Sin embargo sabe que sus enemigos le acechan, ocultos en cualquier mancha de color, esperando su oportunidad para lanzarse sobre su cuerpo y despedazarle. Quizás aquella extraña masa que abre y cierra sus fauces rítmicamente, es su mejor amigo aguardando para ayudarle y, aquella manchita de colores cálidos y que se mueve con gracia, no es otra cosa que su peor enemigo planeando su próximo ataque. O quizás, quizás después de todo, el cristal de un vaso de whisky con hielo, no es el mejor cristal para ver al fuego consumir los leños.

Bebe un trago de aquel líquido ambarino, intentando que su fuerte sabor opaque la desdicha de su vida, como si la fuerza de aquella bebida, pudiera borrar el horror de las palabras dichas. Sin embargo su vida no es menos triste, ni más feliz. El sabor amargo sigue ahí, atascado en la faringe sin desear salir, tal vez la maldita bebida no hizo bien su trabajo por que él es un maldito ingles y ese licor, es un estúpido invento escocés. ¡Mágico Cournalles! Él no mató highlanders en Culloden.

Ríe de su propio chiste sin gracia, y derrama el contenido sobre la roja alfombra chamuscada. El vaso de cristal cae sobre el líquido y roda un par de centímetros, sin tener una dirección fija. Se siente igual que el vaso, obligado a avanzar, sin saber a donde ir y con toda una realidad distorsionada.

Se lleva una mano a la cabeza, sube las piernas al sillón y las encoge como si quisiera parecer un hombre pensante, sin embargo pensar es lo último que desearía hacer. Pero que va, cuando uno está solo, lo único que puede hacer es hablar con uno mismo.

Alguien posa su mano sobre su hombro. Es como el delicado toque del viento, cuando uno vaga por las calles con ojos llenos de lágrimas y el viento sopla y dice: no estás solo. El levanta la cabeza y baja la mano. Su acompañante retiene el aire y su gesto por un interminable segundo. No sabe, no conoce, se asusta. ¿Merlín, en que nos hemos metido?

Lily.

Lily, Lily, Lily, es el alimento de su vida, el suspiro del amor, la luz en la oscuridad, la sonrisa radiante. Su nombre es el tintineo de la lluvia al caer, es la risa argentina que repica como dulces campanitas, la pureza virginal. Lily, la flor de la inocencia.

¿Y bien?

Sí, su amigo era un bruto. No sabía iniciar una conversación con delicadeza. Era como sí él le mostrara unas manos con llagas y Sirius, pusiera sal y limón sobre ellas.

El resoplido que salió de su garganta, intentó gritarlo todo y guardar su intimidad.

Escúpelo James, así sacas el mal. Ya sabes como funciona esto ¿no?

No para un ingles.

Sirius frunció el ceño. Desconcierto. Vivían en un mundo ingrávido

Alexander Fontela.

Y el mundo, se derrumbó.

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Esa escurridiza lombriz roja con el escudo de Hogwarts salió pitando en la dirección opuesta, dejando de tras de sí un humo grisáceo que brillaba tenuemente, a luz de la luna. Una vez más, el año iniciaba...

Un nuevo jodido año inicia. ¡Weeei!

Contigo a mi lado. Todo apesta.

Me tienes envidia nena. Y no puedes negarlo. —las cejas del chico se alzaron juguetonamente.

Vete a parir cabras idiota.

Lo haré con gusto, por lo menos ellas son más simpáticas que tú, Mia.

La joven bufó fuertemente, antes de dar media vuelta y correr por entre los jóvenes. El chico de cabellos rubios oscuros sonrió alegremente y anduvo por el lugar, con ese balanceó decadente de los músicos callejeros.

Aún lado inútil —exclamó el chico de gafas, aventando al rubio con el hombro fuertemente.

El joven más ancho rió estúpidamente al ver que el rubio trastabillaba y se balanceaba un poco, para no perder el equilibrio.

Cada vez, los hacen más idiotas. —El rubio cayó al suelo, con el empujón que le dio el más alto de los muchachos.

Los cuatro jóvenes rieron cruelmente al ver al joven en el suelo. Había hecho algo excepcionalmente grande.

Sólo los faltos de sesera reirían sin sentido —contestó cuando estuvo de pie, y se sacudía el polvo del suelo—. Pero ustedes ni siquiera llegan a eso. Claramente les hace falta, más que un buen trozo de cerebro.

Su sonrisa fue malévola, mezquina, desdeñosa.

Hablar solo ya se me ha hecho una mala costumbre.

¡Mira pedazo de...!

¡Pero que entretenido! Ahora te dedicas a entrenar monos. Que noble labor —exclamó una joven dramáticamente.

¡Esfúmate Evans!

Aún son algo groseros Lily, así que mejor no te les acerques mucho.

Los cuatro jóvenes miraron al rubio con asombro y enojo. Sirius fue el primero en dar un paso hacia delante.

Sólo un idiota, sería capaz de enfrentarnos.

Sabría de inmediato que perdería, Black. Por suerte para ti, yo no soy un idiota.

No lo estás demostrando —terció Remus.

Alexander sonrió con un deje de malicia.

¿En serio? Bueno...entonces es una promesa. Te haré hincarte y suplicar.

Me gustan las mujeres. Aunque tú tengas pintas de vieja, no me engañas.

Sus ojos brillaron intensamente, casi juguetonamente. Como el águila que ha descubierto a su presa y juega dulcemente con ella, antes de lanzar el mortífero zarpazo.

Que así sea —entonó con un halo de misterios, dando media vuelta con un lentitud desesperante. La pelirroja parpadeó antes de seguirle el paso.

A que es un imbécil —dijo Peter con desprecio.

Una risa traviesa y fría les llegó a los oídos. —Les advertiré algo. Los mejores golpes, son los que llegan inesperadamente. Cuando menos lo piense, cuando menos lo crean. Ahí estará mi golpe. No, nunca sospechara que fui yo, quien lo hizo.

Teatral. La forma de moverse, de hablar y de insinuar las cosas, era en exceso teatral. Sin embargo, por más que los chicos quisieron tomárselo de a juego, no podían dejar de pensar en que cada uno de los matices de su voz, sólo gritaba a los cuatro viento¡Lo haré!

¿Quién diablos te crees? —bramó James bastante enojado.

El rubio se encogió de hombros. Los merodeadores, no sabían si les había escuchado el joven o no, parecía que se había encogido de hombros por casualidad.

Sencillamente, Alexander Fontela.

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—Buenos Días.

Que tremenda ironía. De buenos tenían lo mismo que de soleados, o sea, nada. Las nubles se amontonaban la una en la otra, sin dejar absolutamente, ni un solo espacio. Todo el cielo era una compleja masa de algodones grises que retumbaban de vez en cuando.

Se sentó en la mesa y miró su plato vacío con pocos ánimos. Era tanta la tensión que se podría cortar en el aire, incluso se podía oler los problemas a varios metros de distancia.

Sundory desayunaba en silencio, sin dirigirle a los chicos ni una sola mirada. James y Sirius hablaban, sin embargo no había risas, ni golpes cariñosos, ni una sola de las costumbres habituales de los chicos. Remus leía la misma página desde hacía hace quince minutos, Peter miraba su tazón de cereal sin apetito. Vera desayunaba en la punta más alejada de la mesa, lejos de todos los chicos, conversando de vez en cuando, con una joven castaña. Lily mantenía una animada conversación con unos jóvenes de quinto que se encontraban reunidos en la parte más alejada de la mesa de Hufflepuff.

Siempre sería la ultima en enterarse de todo. Se sirvió un poco de jugo de calabaza y bebió un sorbo. En realidad todos sabían lo que sucedía, únicamente que no sabían como solucionarlo, tal vez no tenía una idea concreta de lo que era. Patrañas nadie quería solucionarlo. Nadie.

Lily se levantó de su asiento y siguió a los jóvenes de quinto, quienes bromeaban entre ellos. Últimamente, la joven se había estado juntando con ellos, era unos chicos escandalosos, gamberros y muy mal hablados, sobre todo esas jóvenes a las que todos llamaban insistentemente: Mary sisters. Las Mary sisters hicieron esto, las Mary sisters dijeron aquello, de acuerdo con Mary sisters. Eran como especie de diosas que todo el mundo seguía. Hasta Lily hablaba de ellas muy a menudo. Mary Love me contó….Mary Sea me dijo. Torrence sabía que ambas jóvenes pertenecían a Gryffindor, del quinto curso, no tenía idea de sus nombres reales, pues todos les distinguían como: Mary Love, y Mary Sea. Mary Love era una joven alta, morena, cabellos y ojos negros. Era en extremo delgada, pero con las caderas muy anchas, su inglés tenía un raro acento, inclusive algunas veces no se entendía lo que decía. Mary Sea era un poco más baja que Mary Love, tenía el cabello castaño claro, ojos azules y piel blanca, su inglés era un poco más culto, pero algunas veces, decía las palabras de una forma tan grotesca que no sabían a que se refería. Todo el mundo encontraba aquello encantador. Todo el mundo sabía que las dos eran sólo mitad inglesas.

A Torrence no le caían en gracia ninguna de las dos, siempre mal vestidas, diciendo palabrotas y tratando de hacerse notar. Les detestaba, pero Lily les adoraba.

Es hora de ir a clases —le gruñó Peter a forma de saludo.

Torrence alzó una ceja y bebió otro sorbo de su copa. —Yo no voy con ustedes a Defensa contra las Artes Oscuras.

Lo olvidaba. —Mentira, Peter sabía que ella no iba a esa clase. Quizás deseaba llevársela sola y chantajearla. La que traicionaba a las Damon Girls por un Merodeador. Sí, eso era ella.

Ya.

Nos vemos al rato.

Aja.

Los cuatro salieron del Gran Comedor. Torrence les observó desaparecer en silencio.

Torrence.

Ahora no Sundory, tienes clase.

La joven bajó los ojos visiblemente dolida.

Yo...

Termina de desayunar y luego ve a clase. Ya lo saben.

Sundory se levantó de la mesa bruscamente. —Tú...tú...

Yo no les he dicho nada. Son los Merodeadores, Sundory. No saben lo que es exactamente, pero saben que hay algo.

Sundory asintió con la cabeza en silencio.

Ve a clase.

La joven alzó la mano e intentó tocarle, sin embargo, antes de poner sus blancos dedos sobre el brazo de su amiga, quitó la mano y salió del lugar sin decir nada más.

¿Qué es lo que sabes, Torrence?

La chica se encogió de hombros. —Lo que sea, no es bueno.

Vera torció una sonrisa. —Una muy buena deducción¿Lo sabes?

Me estoy haciendo experta.

Torrence dejo su copa sobre la mesa y recogió su capa. Caminó en silencio a lado de Vera, sin tener un lugar fijo en la mente como meta.

Lily, Lily...

Últimamente tiene mucha energía ¿no?

Vera asintió.

Me gustaría saber como aguanta. Todas esas trasnochadas y noches enteras en vela, sin maquillaje, ni café. Hasta parece antinatural ¿no?

Ella llamó Alex, a James cuando...creo que la despertó de un sueño muy profundo.

Torrence exclamó un largo y ronco bufido. No se podía decir¡Jesucristo! En medio de los giros alrededor del Kaaba, en la Meca.

Divertido. El gran pavo real, estaba que se subía en las paredes.

¿Por qué suena a que todo esto te agrada? —ironizó.

Vera ríe secamente y mira su alrededor.

En realidad me aterra.

Torrence alzó las cejas completamente sorprendida.

Suma dos más dos, Torrence.

Nunca fue buena para las cuentas, por eso no se inscribió a Aritmancia.

Somos el centro de atención de los merodeadores. ¿A eso te refieres?

Vera suspiró profundamente. Olvidaba con quien estaba hablando.

Llama Alex a James¿Qué idiota hace eso?

Torrence se encogió de hombros. —Cualquiera, Lily...si en verdad estaba dormida, no me sorprende. Si estaban en una situación más...intima, entonces; es grave.

Vera se detuvo por unos instantes, como si le costara sopesar los puntos de vista de Torrence. Se encoge de hombros y dice—: Mierda.

Torrence sonríe vagamente, como si hubiera ganado.

Me preguntaba, si es capaz de confundir —dijo Vera—, no se. Ella, ella ¿Lo haría?

¿El qué?

¡Decírselo Torrence!

La boca de Torrence formó una hermosa y redondita O. Cerró la boca y miró el suelo, como si este fuera a contestarle.

Lo dudo —se atrevió a decir, después de varios minutos en silencio—. Quiero decir, una cosa es que confundas una persona y otra muy distinta, sentarse y relatar toda la verdad. Hay una gran abismo, así de grande como...el Támesis.

Vera asintió. —Pero da miedo.

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Cuarto año y ya estaba cansada de jugar al marimacho. Cuatro años peleando, discutiendo, golpeando y, no era más que un bicho raro.

Cansancio, aburrimiento, lasitud, espera, enfado, golpea, vacío.

¿Por qué Black es tan idiota?

Negro, profundo, misterioso, hermoso.

¿Por qué el sol sale por el este?

Ella sonríe. ¿Acaso no se ha cansado de ser el marimacho? Ella ya no quiere jugar a las muñecas, ni cree que los chicos son repugnantes. Ella quiere probar el éxtasis de los besos, la embriaguez de una caricia. Desea despegar los pies del suelo, con una mirada, quería ser seducida por la terciad las zalameras palabras y también...también deseaba perderse en el remolino del sudor mezclado de dos amantes.

Estábamos...

Era muy egocentrista. Bueno, no podía culparle, la vida...la perra vida.

¿Me estas escuchando?

Engaña, fantasea, aparenta. El juego es simple, las reglas...ella las maneja, tergiversa y deshace. Abogado del diablo.

Menos mal, creí que no me estabas poniendo atención. Como iba diciendo...

Bromear, insultar, pegar y humillar. Que juego tan más aburrido, lo que inició como la más excitante de las aventuras, ahora la veía como la más asquerosa de las rutinas.

Y al final ese estúpido animal...

Que sencillez, que fútil. Ella era de las que gustaba, de apostar a lo grande. Era como los grandes fulleros del cinco cerrado y siete abierto.

Finalmente tuvo lo que andaba buscando ¿no? Fíjate que...

Obtener lo que se busca. Saca las cartas querida, juega a lo grande con cara de póquer. Después de todo, este no es un juego completamente hecho de pura suerte, es un calculo veloz y sagaz; probabilidad, suma, resta, adelántate a la jugada del otro, engañan, muestra superioridad, no hagas ni una sola expresión.

Aunque he de decirte que Sundory...

Once jugadores, treinta posibilidades, más, menos factores extra. Tres años, mil noventa y cinco días, por, las horas extras llenas de éxtasis, entre, los minutos apáticos, elevados a la alegría y las ideas descabelladas, raíz cuadrada de tristeza y melancolía, quizás a esa debería de elevarla a la onceava potencia o más.

¡Ey! En serio, me estás poniendo atención.

Primero se tiene que pensar en el plan base. ¿Qué objetivo tiene?. ¿Para que hacerlo?

Por supuesto, es sólo que meditaba lo que decías.

¡Ah vaya! Bueno entonces...

Esté tenía como objetivo particular la diversión, quizás poco más, poco menos. Considerando eso, sólo se tiene que trazar un plan, sencillo, después pensar en factores de riesgos, constantes, variables sujetas a la suerte, conflictos, desviaciones, surgimiento de nuevos problemas y a todo esto, una pizca de ironía. El mundo, siempre te da una bofetada, cuando menos lo esperas, haciendo girar tu mundo, trescientos sesenta grados.

¿Tú que opinas, deberíamos hacerlo?

Sí. ¿Por qué no? Después de todo, el riesgo de que todo salga mal, es del noventa por ciento. Quizás exagera, pero después de todo, aún no se puede contabilizar el enojo, ni medir la tristeza. Todo está sujeto a factores sorpresa. Sin embargo la tentación es demasiado grande.

Yo no creo, que sea muy arriesgado...

¡Claro que era arriesgado! Aquello era una gran empresa.

Es por eso, que vengo contigo, para hacer un mejor plan.

Música para sus oídos. Sonrió.

Tengo un plan perfecto, saldrá...de maravilla.

Después de todo, sólo era un intento de juego. Los finos hilos del destino eran difícilmente manipulados, uno nunca puede controlar la vida de una persona, menos de tantos jugadores, como este juego; pero valía la pena intentarlo. Al fin y al cabo, sólo era...un poco de alegría y algarabía.

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El aula estaba a oscuras, por alguna extraño motivo, ella suspiró. Nadie le vería en aquel lugar, nadie le molestaría, nadie le haría preguntas incomodas. Los jóvenes garabateaban algo en sus pergaminos, lucían una radiante sonrisa y parecía que estaban envueltos en una ambiente de gran camaradería como si en verdad, el mundo pintara de rosa pastel.

Mentira.

Llevaban años de practica, sonreír sin querer hacerlo, era más un hábito, que una habilidad.

Chorradas, te lo dije Lupin, debimos presionarlas —dijo Sirius.

El hombre lobo miró a su amigo, era la primera vez que se planteaba aquella posibilidad, seriamente. —No me agrada eso Sirius.

Pues a mi tampoco me agradan sus patéticos secretitos.

Cuentas veces te lo tengo que repetir Sirius, es cuestión de...¿por qué de la noche a la mañana tendrían que decirnos todo?

¡De la noche a la mañana! —exclamó indignado.

Vale, tío...James no es más guapo que tú —dijo Remus en voz alta—. ¡Joder Sirius! —susurró—. Sundory está aquí. Trata de controlar tus reacciones.

Sirius sonrió y dijo con una sonrisa—: Te creo Moony, te creo.

No lo se chicos —dijo Peter, saliendo de su ensimismamiento que había empezado desde el alba—. No quiero presionar a las chicas, pero...vale ya está empezando a ser cansado.

¡Peter ha visto la luz antes que tú Moony!

Remus puso los ojos en blancos y soltó un sarcástico¡Ja!

Es que...tú no sabes lo que es que...¡Joder como desteto a ese Fontela! —gruñó Peter.

Los tres chicos miraron a Peter con el ceño fruncido. Hasta James, que hasta ese momento se había abstenido de comentar algo, le prestó toda su atención.

Torrence y yo estabamos... —Peter miró hacía el techo—. No tiene importancia, el punto es que, de la nada, el tipo salió a colación. La primera vez me dije: vale chaval, le extraña. La segunda dije: vaaale, respira profundo y síguele la corriente. La tercera fue de¡es un muerto! La cuarta le corte el rollo. Y la quinta, mejor ni les digo. Y cada vez que se intenta hablar sobre ciertos temas¡Me esquiva! Es decir...¿Me entienden?

Casi —murmuró James.

Mira enano, es complicado, pero creo que chasque la idea —dijo Sirius.

Pues es ese el punto.

Me gustaría verles las caras, cuando les preguntas sobre temas delicados —dijo Remus de pronto—. Que cara pondrías tú Sirius cuando te pregunten sobre tu familia. Les dirías TODO, como a nosotros.

Por supuesto que no...Bueno depende de quien me lo pregunte, si lo hace Vera, la enviaría derechito de regreso y con...

Pasamos sin detalles. Una mejor, les dirían que son animagos.

La puerta de algún lugar se abrió. El profesor entró arrastrando los pies y colocando un montón de notas sobre el escritorio se volvió hacia los jóvenes.

Equipos de tres, harán un recorrido por los pasillos enfrentándose a diversas criaturas.

Los cuatro chicos se miraron, el profesor lo había hecho a posta. Sabía que sería muy difícil para ellos decidirse, o quizás...no. Sirius y James nunca se separaban, por tanto sólo quedaba decidir entre Remus y Peter.

Ve con ellos Remus —dijo Peter —. Yo iré con Sundory.

Antes de que cualquiera de ellos pudiera replicar algo, Peter tomó sus cosas y se separó de ellos.

James avanzó hacía el inicio del pasillo, sacó su varita y sin esperar que los demás le siguieran, comenzó a andar. Sirius y Remus se encogieron de hombros y le siguieron.

Adelante Sundory —le alentó Peter.

La chica le sonrió con su típica sonrisa y le agarró la mano.

Puedo esperar, además nos hace falta uno.

¿Y Evans?

La mano de Sundory dejó de apretarle y la sonrisa se desvaneció.

¡Hola joven Fraser! . ¿Deseas acompañarnos? nos hace falta uno.

El joven de cabellos negros de la casa de Hufflepuff asintió con una sonrisa.

Que remedio ¿no? —dijo alegremente—. ¿Creen que sea dura la prueba?

Los dos chicos se encogieron de hombros y después de un rato, comenzaron a andar por el camino. Peter maldijo su mala suerte, Sundory era una experta en escurrirse. Aunque quizás, no fuera la única.

La oscuridad del pasillo pretendía hacer un ambiente cargo de tensión, enfrentarte a la oscuridad de un pasillo, era algo más que eso; pretendía enfrentarte a tú propia oscuridad. O al menos ése era el intento. Pero de oscuridad interna, ella conocía más que la mayoría de la gente, por tanto nunca se sorprendió de los vanos intentos de su profesor por asustarle, aterrarle o simplemente aterrarle, para ver como trabajaba bajo presión. Lo que su profesor no sabía, era que: bajo presión, terror, miedo, angustia, desesperación o alguno otro estado. Ella mantenía un semblante tranquilo y la mente despejada, aunque algunas veces no podía reprimir el impulso de gritar.

El chico de Hufflepuff fue el primero en salir corriendo del pasillo, cuando éste terminaba. Peter avanzó arrastrando los pies, hasta donde se encontraban los chicos. El paseo por el dichoso pasillo, le había alterado visiblemente los nervios.

Horrible —susurró.

James se encogió de hombros, al igual que Sirius.

Sundory pasó a lado de Remus, le sonrió y siguió su camino, hasta los inestable pupitres del fondo.

Nada difícil ¿verdad?

Los jóvenes miraron a su profesor en silencio.

Media hora y volverán a hacer otro recorrido, esta vez, no será sencillo, prepárense.

Sundory sacó un pergamino, la tinta y su pluma. Mojó la punta de su pluma, con un poco de tinta negra y dejó que esta se deslizara, libremente por el pergamino. Era la pluma la que llevaba el mando, al principió sólo parecían rayones mal hechos. Diminutas rayitas de diferentes grosores y formas se iban colocando en el pergamino.

Era un lugar con vegetación densa, la tierra era húmeda, las copas de los árboles se pegaban tanto las unas a las otras que el sol casi no se filtraba en el interior. Calor, hacía calor a pesar de todo. Las aves chillaban, soltaban constantes chillidos y se removían inquietas. Susurros, se entremezclaban con el viento, secretos desvelados. Molestia. Traición, nadie debería contar secretos. El viento le golpeó en la cara con despótica frialdad. Pánico. Terror. Castigo.

El pergamino y el tintero cayeron al suelo. No existió sonido alguno. El paisaje se cubrió de sangre.

Todos los jóvenes volcaron su atención en Sundory, se encontraba de pie tras haber volcado la silla en la que estaba sentada. Se miraba los pies con los ojos queriéndole saltar de la cuenca de sus ojos. Las manos le temblaban incontrolablemente. Se tapó la cara con ambas manos antes de salir corriendo del salón, sin decir una sola palabra.

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Se acomodó las gafas una vez más, se pasó la mano por el cabello seductoramente y alzó la cabeza.

Bueno, es que...Sirius dijo que tenía una cita con una chica y...no la iba a llevar a la habitación, pensé que sería un buen momento. —Trataba de mirarle a los ojos, pero ella miraba el horizonte—. Pensé que estarías en tú cuarto o...cerca de tú amiga marimacha.

Ella sonrió con delicadeza.

Evans, ya sabes como es de paranoica. Estaba con ella.

Si bueno...al menos estamos juntos...¿no?

Por los labios de ella, cruzó una juguetona risa y sus ojos brillaron con malicia. —¿Siempre eres así de elocuente, Potter?

Era la primera vez que las manos de una chica, le hacían temblar. Él siempre había llevado las riendas de una cita, pero con ella, había momentos en que las cosas se invertían.

Tra...to —susurró jugando con el labio inferior de ella.

Era la cereza en el pastel, el momento feliz del día; cuando ambos estaban juntos y gozaban del placer físico de dos amantes que no se quieren, no se aman, pero se acoplan muy bien el uno a otro. Es como esos gustos especiales, de los cuales no te haces adicto pero te gusta disfrutar, una, dos, tres o tantas veces a la semana puedas, sin embargo si no puedes obtenerlo, no sucede nada.

Ahh.

Le gustaba como sonaba ese Ahh. No muy corto, para sonar insatisfactorio, pero tampoco muy largo, para escucharse ficticio. Ella era algo así, una mezcla de realidad mudana, con fantasía irreal. Tenía un temple y un carácter en general frío e indiferente, pero cuando ponía atención a una acción, se convertía en un ser pasional. En realidad, jamás pensó que ella fuera así. Siempre la había visto como el enemigo, la chica que deseaba ser chico. Siempre a la defensiva, golpeando y gritando palabrotas a los cuatro vientos.

Y un día, esa frialdad agresiva, sencillamente se rindió en la oscuridad del obsceno deseo. Primero había peleado y luego se encontraban manoseándose y besándose como dos perros en la calle. Algo así, aunque suene sucio. Pero su relación era así. Esporádica, momentánea, caliente, prohibida y pecaminosa.

Ja..me...s.

Que rasposo sonaba su nombre en los labios de ella. Como si estuviera invocando al demonio, o algo más horripilante.

Es...

No, no, no, el no deseaba escuchar, ni una sola palabra de su boca, sólo gemidos y jadeos. Lo demás salía sobrando.

Ella trató de hablar, pero los labios tórridos de él, se lo impedían. Pocas veces hablaban, casi no se conocían. En realidad, su relación era meramente física. Se hablaban a escondidas, concertaba la cita, se encontraba, saciaban su curiosidad y al siguiente día apenas si se conocían. Nunca discutían sobre la diferencia que existía en ambos grupos, o las aspiraciones de cada uno, los gustos, etc. Se conformaban con disfrutar del momento y del placer sin ir más allá. Después de todo¿Qué otra cosa podían hacer? Pelear por la diferencia de ideas, llevaban cuatro años haciéndolo. Esperar una relación duradera, ya estaban destinados a durar, pues ninguno de los dos, planeaba sujetarse a nadie más.

Y sin embargo, ella no dejaba de sentir aquel extraño vacío que acompañaba el final y descenso del éxtasis, pues al final, sólo estaba eso: el vacío.

Él le quitó la blusa y se pegó al torso de ella. Olía a sudor joven, con un vestigio de fruta tropical bastante madura, almizcle del madera, tabaco, y ámbar, casi igual a Sirius, pero era imposible, porque Sirius no se acercaba a ella. Y sin embargo, se detuvo.

¿Sucede algo?

Nada.

Su corazón palpito fuertemente por un segundo. Aquel pinchazo de lo que fuere dolía. Pero que más daba, no eran nada. No le quería ¿verdad?

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¡AYUDA, AYÚDENME! —La sangre corría por sus manos, mientras el cuerpo que estaba en el suelo, temblaba—. ALGUIEN AYÚDENME.

La chica morena sufría de ligeros espasmos, las manos de ella trataban de ayudar a su amiga, intentado detener el flujo de la sangre que manaba de su propio cuello, sin embargo, esta seguía borbotando a montones. Las sombras se cernían sobre ella, le asechaban, risas aturdían sus oídos, alguien se reía de ella.

—¡Pericullum! —de la varita de la joven salió un iridiscente rayo rojo, que al sobre pasar por unos cuantos metros las copas de los árboles, estalló en diversas lucecitas rojas que iluminaron el cielo por unos instantes.

Sectusempra. —Ella se llevó las manos al rostro para cubrirse del destelló de luz. En brazos y mejillas se le abrieron largos y finos surcos de sangre.

Morsmordre.

El destelló verde se elevó como un comenta en el cielo, para finalmente resplandecer en el cielo, como una calavera con legua de serpiente de color esmeralda.

N...nnooo... — silbó la joven que estaba en el suelo, con la garganta chorreándole de sangre—. Vvveeee...

Tranquila, no voy a dejarte sola.

El viento sopló en el lago, cargado de un olor nauseabundo, caliente y pesado. El lago brillaba con un intenso color plata, no existía movimiento alguno.

¡Eh tía, esto está de coña...! —Las voces se escuchaban a lo lejos, se inclinó hacía el lago y se llevó una mano a la garganta.

Caliente, un líquido espeso y caliente salía de su garganta. "Tranquila, no voy a dejarte sola...sola" No deseaba escuchar la voz "...sola" Elevó ambas manos y las aventó hacía abajo, en donde chocaron contra el agua "...sola"

Gritos, la gente gritaba a su alrededor. Desesperación, su corazón latía velozmente. Muerte, su vida pendía de un hilo.

¡Lily!

Corre, huye, escapa.

Rojo, todo lo veía en tonos rojos. Su cuello estaba empapado de su propia sangre, su garganta se negaba a dejar salir un solo sonido.

Negro, rojo, bermellón. El bosque era interminable, así como el silencio. La tierra estalló en miles de trocitos, que salieron volando, mientras una luz intensamente verde le cegaba y la sangre, no dejaba de correr.

Todo el castillo se conmocionó, una joven gritó estridentemente llena de terror. Algo estalló como si miles de fuegos artificiales hubieran explotado al mismo tiempo, para finalmente dejar vislumbrar en el cielo, la marca de la muerte.

¡Sundory!

Sirius fue el primero en salir corriendo, al reconocer la voz de Sundory. Los pasillos se fueron llenando vertiginosamente de gente, chicas y chicos salían de sus clases, para saber que era lo que sucedía.

Los jóvenes se amontonaban en las ventas al ver que los profesores se dirigían inmediatamente hacía el bosque y que la gente se arremolinaba justo en la parte del bosque que colindaba con el lago.

Los merodeadores se abrían paso como mejor podían. No pasaron muchos minutos, antes de que las chicas comenzaran a chillar y lanzar gritos de histeria y pánico.

¡Sangre!

¡Ataque!

¡Han atacado a alumnos de Hogwarts!

Para los chicos, fue como si les hubieran golpeado en el estomago. ¿Alguna de las chicas había estado en el ataque? Sundory había salido corriendo del salón de Defensa de Contra las Artes Oscuras. ¿Ella había presentido algo? Esta vez, los cuatro tuvieron la misma escalofriante idea.

Sin perder ni un solo segundo más, corrieron por los pasillos del mágico castillo. De prisa, hacia donde había más tumulto. Cualquier persona herida, iría a para a la enfermería.

Azul, verde, amarillo y rojo. Las cuatro casas de Hogwarts se apiñaban en la puerta de la enfermería y se agitaban a cada vez que los profesores traían a los alumnos heridos.

Diva.

Sólo han traído a cuatro jóvenes, nada serio.

Cuatro, numero suficiente para alarmar a los chicos, quienes pese a las protestas y quejas de los demás, avanzaron a codazos, pellizcones, tortazos y patadas. Un Hufflepuff era cargado por dos de sus compañeros y avanzaba hacía la enfermería contando su versión de los hechos.

—...y entonces la tierra salió volando, fue cuando la rama me cayó sobre la pierna. Pero había alguien más en el bosque, una chica gritaba que la ayudaran.

Los chismorreos subieron suavemente, como el ligero burbujeo de la espuma de una copa de champaña.

¡Aún lado! . ¡Fuera! —Minerva McGonagall quitaba a los estudiantes que se encontraba del otro lado del pasillo—. ¡Estorban!

¡A sus salas comunes! —Madame Sprout corría a todos los jóvenes, importándole poco los estándares de cortesía.

Gritos. Chillidos llenos de miedo puro estallaron al final del pasillo.

¡Vuelvan todos a su salas comunes! —dijo Minerva una vez más.

Pero los encarnados gritos, no hicieron mas que llamar la atención de los alumnos.

Hagrid abría la comitiva, con su enorme cuerpo dejaba el paso libre para los que venían atrás. Sin embargo Hagrid al pasar por la puerta de la enfermería se detuvo, obstruyendo el campo de visión. James y los chicos se escurrieron hasta quedar a lado de Hagrid. El gran hombre tuvo la intención de no permitirles ver los que sucedía, pero algo en sus sinceros ojos negros tembló y abrazó a los muchachos. James sintió su estomagó elevarse hasta la garganta, era una mala señal.

En una camilla conjurada, Albus Dumbledore transportaba a Torrence mientras que Madame Pomfrey revoloteaba alrededor de ella, tratando de detener el torrente de sangre. La joven inconsciente sangraba imparablemente de la garganta.

¡Nnooooo! —gritó Peter. El pequeño trató de correr hacia ella, pero la gran mano de Hagrid le detuvo. Sirius intentó ayudar a su amigo, mientras murmuraba algo como "Es nuestra amiga".

Sin embargo las manos del gigante se cerraron firmemente, y a pesar de los esfuerzos de los dos no lograron moverle.

James sintió que el brazo del gigante se cernía aún más fuerte sobre ellos. Remus quedo atrapado entre Hagrid y James. Hagrid cerró fuertemente su mano, en el hombro de James.

Cuando Torrence entró en la enfermería, y la alta figura de Albus dejó de deslumbrar a todos, James sintió que la mano de Hagrid le era insuficiente para mantenerse en pie.

Lily avanzaba torpemente, asistida por Sundory y Vera. En su rostro se reflejaba la agonía pura, su uniforme estaba empapado en sangre, rostro y brazos tenía terribles cortes. Vera lloraba angustiosamente, pese que el llorar le abría y cerraba dolorosamente las heridas de su rostro que se vislumbran en entero muy profundas. Sundory parecía estar en calma, pero sus ojos reflejaban histeria completa.

James y Sirius apenas si se miraron un segundo, para conectarse y al siguiente, Sirius y él unían fuerzas y estrategias para librarse de Hagrid. El semi-gigante les soltó no porque los ataques de los chicos, hubiesen sido fuertes, si no que la sorpresa y el dolor de ver a las chicas, le tenía aturdido.

En cuanto estuvieron libres, los cuatro se lanzaron hacia la puerta de la enfermería, pero una vez más, para ellos, la puerta estaba, cerrada.

&-&-&

¿Cuan lejos puedes llegar a mentir? . ¿Qué tanto puedes engañar?

¿Y bien que dicen ustedes? —preguntó Mia.

La morena se encogió de hombros. —No lo sé Mia. Suena muy tentador sin duda, pero...no termina de convencerme.

¡Vamos Torrence!

Quizás. Bueno... —La joven junto sus manos y las miró—. Sí, tienes razón. Lo haré.

Mia alzó la cabeza y sonrió. ¡Esa es una Damon Girl!

Torrence experimentó un sentimiento de orgullo. Su pecho y su cabeza se inflaron inmediatamente.

El chico, sólo observó a Mia irse en silencio y con un suave bamboleo.

No me gusta Torrence.

La chica frunció el ceño. —¿Compadeces a los merodeadores?

¡No! —exclamó—. Eso nunca. Es que, algo no me gusta.

Se que tú opinas, que Mia es fea.

El joven rubio sonrió. —Es anti-estética y...horrible.

¿Entonces?

Algo se trae entre manos. Algo más que esa estúpida...broma pesada.

Quizás, no me importa. Sólo quiero...jugar con ellos, ya sabes. Lo de siempre.

El chico asintió con la cabeza. —¿Y que pasa, si esta vez; no es lo de siempre?

Bueno, ellos se reirán de nosotras. Y entonces es lo de siempre.

Sus ojos azules escrutaron a la joven, como si ella escondiera un mensaje subliminal, pero no había nada.

Algún día no será así.

¿Acaso es la semana de los pesimistas, Alex?

No, pero...sólo, olvídalo. ¿Qué planeas hacer la próxima salida a Hogsmeade?

Mmm...nada en especial ¿Y tú?

Pesaba invitar a comer, a una hermosa chica.

En serio ¿A quien?

Pues...es una joven que adora la moda, no sabe hablar de otra cosa que de eso. Es la mejor combinando colores y estilos, y siempre me dice que debo cortarme el pelo. Tiene el cabello negro más hermoso que he visto en toda mi vida, no...el más hermoso de todas mis vidas.

Alex. Así no conseguirás una cita conmigo.

Es una lástima, porque tendría que conformarme con Sundory.

Ella saldrá con los merodeadores —dijo Torrence—. No es verdad, Alex. Hable con ella y me dijo que Black; en persona, le había pedido salir. Después de alguna rara forma, se anexaron los demás, pero...según lo que me contó...una fuente fidedigna, Black hasta le llevó flores.

Alex puso los ojos en blanco. —No se que diablos ve ella, en esos patanes —gruñó molesto.

Además de un buen trozo de carne. Ni yo misma lo sé.

¡Por favor! —exclamó Alexander haciendo mímica con las manos, demostrando su enojo—. ¿Qué tienen ellos que...?

Que no tengas tú —agregó con malicia.

Los demás —aclaró Alex firmemente.

Alex, no los conocemos de verdad y si solo hablamos de apariencia —Torrence le miró de arriba a abajo—. Ellos salen ganando corazón.

Alexander pateó el suelo visiblemente enojado.

Ella, adora a Sirius Black, aunque...últimamente la veo muy pegadita a Potter y siempre platica con Lupin¡hasta se ríe de los chistes sin gracia de Pettigrew! —comentó la joven firmemente—. Creo que...Sundory se ha enamorado de los merodeadores.

&-&-&

Pero los merodeadores, ya estaban hartos de las puertas cerradas. Si no podían pasar por la puerta, entonces entrarían por la pared o la ventana. Que una puerta se cerrará, no significaba que ellos pararían.

¡Estás de coña! —exclamó Peter.

Quieres ver a Torrence¿si o no? —bramó Sirius.

El chico alzó la cabeza y asintió. —Pero...hacer eso.

No vengas, si no quieres —gruñó James.

Peter miró a Remus, el licántropo esta vez, estaba de lado de James y Sirius.

Da igual.

Hogwarts para ellos, era como la palma de su mano. Conocían cada uno de sus recovecos. Que el retrato de la dama gorda estuviera cerrado, con todos sus alumnos adentro —excepto los que habían sido atacados— no les afectaba. Que los pasillos estuvieran vigilados por los fantasmas y los profesores, tampoco les importaba. Que la enfermería bullera en actividad en ese momento, menos les importaba aun. Expulsarlos por irrumpir en la enfermería les importaba tan poco, con tal de ver a las chicas.

James se cerró la chamarra y tomó su varita. Los cuatro se escabulleron por los pasajes que conocían de sobra. Salir de la sala común, era lo más fácil. Andar por el castillo con ayuda de mapa del merodeador y la capa de invisibilidad de James —A pesar de que esta ya les quedaba muy corta para tapar a los cuatro— era aún más sencillo. Iban a llegar a la enfermería por medio de los pasadizos poco frecuentados y después se dividirían en dos. Unos entrarían en la enfermería con la capa de invisibilidad, por la ventana y los otros dos, por un pasadizo secreto, con ayuda del mapa. Primero entrarían los del mapa y luego los de la capa.

Peter y Remus entrarían por el pasadizo, con el mapa. Puesto que a Peter entrar por la ventana le resultaría en extremo complicado, era muy pequeño, gordo y poco hábil para esas cosas. Remus prefería ir por el pasillo. A Sirius y James les daba exactamente igual, con tal de entrar. Además se les daba a ellos mejor, eso de saltar ventanas y entrar ilegalmente a los sitios, por lugares en extremo complicados.

La noche les ayudaba, pues las sombras interminables era un buen refugio. No era más que otra de sus tunantes travesuras, escurrirse, ocultarse, pasear, merodear y dar el golpe en completo silencio.

Remus y Peter se metieron en el pasillo correcto, cinco minutos y estarían a un palmo de la enfermería. Se apresuraron a correr hasta el final, para verificar quien andaba por ahí.

Pomfrey se encontraba a lado de un Ravenclaw. Las manchitas de McGonagall y Flitwick estaban muy juntas, quizás platicaba o algo así.

Estaban locos y muy desesperados por ver a las chicas, pero tampoco iban en plan suicida. Esperarían a que se fueran, esperaban que no tardaran mucho.

Al poco rato dos manchitas muy juntitas avanzaban velozmente por las afueras de la enfermería. James Potter y Sirius Black, ya estaban observando el interior por una ventana. O al menos eso pensaba Remus.

James se acomodo las gafas, mientras que Sirius entrecerraba los ojos para ver el interior.

Un chico de Gryffindor, le ofrecía una taza de té a Sundory. La joven le rechazaba con delicadeza. Madame Pomfrey atendía a un joven de Ravenclaw que no se veía tan mal. Únicamente tenia un par de vendas en las manos. McGonagall y Flitwick hablaban entre si, aunque parecía que cuchicheaba como simples colegiales.

Barclay esta listo para irse a su sala común —dijo Madame Pomfrey.

Minerva y Flitwick asintieron.

McHardy también. Pero mañana tiene que pasar a verme señor. —El chico de Ravenclaw sonrió alegremente y tomó su túnica con sus manos vendadas torpemente.

Flitwick se apresuro a ir con los chicos y sacó a ambos, no sin antes decirles que no comentaran nada imprudente en sus casas.

A la cama señor Sinclair.

¡Ya me siento muy bien Madame Pomfrey! —exclamó el joven de Gryffindor que le había ofrecido a Sundory, una taza de té.

Es hora de dormir.

Profesora McGona...

A la cama señor Sinclair.

El joven de ojos castaños se encogió de hombros y se acostó en su cama.

Minerva se sentó en un banco y suspiró. Pomfrey siguió atendiendo a cada uno de sus pacientes, como si estuviera ignorando deliberadamente a Minerva McGonagall.

Estarán bien. Una semana en la enfermería —dijo Pomfrey de repente, después de haberle suministrado a Sinclair una botella con un contenido púrpura. El chico dormía profundamente, tras blancas bambalinas.

McGonagall miró a Pomfrey fijamente. —Ee...¿Estas segura? —Era la primera vez, que Minerva dudaba delas habilidades de Madame Pomfrey. Por una extraña razón, ella no se sintió ofendida.

Su recuperación ha sido milagrosa.

McGonagall hizo un gesto indescifrable. Se levantó de su asiento.

Iré a hablar con Albus. —Así hizo su fría salida.

Madame Pomfrey le tendió una botella a Sundory, la chica la tomó entre sus manos y se recostó en la cama.

La tomare en un rato.

La enfermera frunció la nariz, visiblemente molesta.

Si necesita algo, llámeme. —Sundory asintió. Era ese el momento en el que Madame Pomfrey se retiraba a descansar.

La puerta se cerró. James y Sirius esperaron unos interminables minutos, antes de que el estante se moviera lentamente. Peter y Remus salieron del lugar y Remus corrió hacia ellos.

Ambos entraron en la enfermería con un sigilo extremo.

Buenas noches chicos —susurró Sundory.

Porque no me sorprende —murmuró Remus inconscientemente.

La colonia de Sirius y James, es muy fuerte.

Los chicos hicieron una mueca.

¿Cómo estas? —preguntó Sirius.

Tranquila. —James ya andaba por la enfermería bastante impaciente.

Lily está bien joven Potter, la sangre no era suya. —James se detuvo al instante y puso la espalda muy rígida—. Al parecer estuvo cerca del ataque y...bueno, un asunto muy desagradable. Sólo estaba en estado de shock.

James respiró profundamente y aquellas líneas duras de su boca y frente desaparecieron por completo. Aunque hubo unas que permanecieron, Sundory supo de inmediato que no se tragaba por completo su cuento. Bueno, no debía reprochárselo, no estaba diciendo la verdad completa. Sólo a medias, como de costumbre.

Y...

Torrence, evoluciona rápidamente. Sólo tenía un corte pequeño —les explicó pasando un dedo por su garganta—. Tres puntadas, no le dejaran marca.

¿Sólo un pequeño corte? —exclamó Sirius.

Baja la voz.

Pomfrey no escuchara nada. Hechizo de silencio —dijo Remus indiferente.

Fueron tres puntadas Sirius —se atrevió a levantar la voz Sundory—. Alrededor de tres o cuatro centímetros. El problema fue que le abrieron una arteria. Bueno, verás en el cuello tenemos muchos vasos sanguíneos. El más nimio corte provocara que la sangre salga a montones. —Era sorprendente y escalofriante, la manera en la que hablaba de las heridas sin un atisbo de alteración. Le habían rebanado el cuello a su amiga y les explicaba aquello, como si se tratara de una receta de cocina.

Peter se dejó caer en una cama, la explicación a él si le había satisfecho.

Vera...bueno, no creo que le haga gracia que la vean con la cara toda...llena de pomada y vendas. Sus cortes eran...al parecer algo profundos, pero Madame Pomfrey le aseguro que no le quedaría ninguno recuerdo.

Ya lo has superado¿no?

Sundory se encogió de hombros. —La sangre...es muy impactante.

Mentirosa. Los cuatros gritaron al aire eso. Al menos así le pareció a Sundory.

Ellos ya la habían visto trabajar con completa tranquilidad ante un derramamiento de sangre. No, a Sundory la sangre no le impactaba, tampoco las heridas muy feas. Ella misma cosía heridas con mano de hierro. Otra cosa la había alterado, la pregunta era¿Qué?

¿Qué fue lo que sucedió Sundory? —preguntó Sirius sin rodeos.

Sundory estiró la sábana que le cubría las piernas, a pesar de que la sábanas estaban completamente estiradas, no existía en ellas, arruga alguna.

No lo sé.

¡Hipócrita! Claro que lo sabía.

Estuviste ahí ¿no? —gruñó James.

Sundory se encogió de hombros. —Sí y no.

Se está o no se está, no existen términos medios, Sundory. —Esta vez, fue Peter, quien habló.

Emp, es difícil explicar.

No llevamos prisa

No, ellos no le estaban dando opción alguna.

Bueno —comenzó a decir. Los chicos imaginaban que su mente estaba trabajando al máximo, iba a tener que inventarse una buena, para intentar convencer a los chicos—. Tuve un presentimiento. Uno de esos fuertes, entonces salí del lugar y corrí y fue cuando vi, por las ventanas...que había algo raro en el bosque y...fui hasta ahí. Cuando llegue, ya todo había acabado. Fin de la historia.

¡Es todo! Y como sabes que la sangre no era de Lily y...

Es que no tiene ni una sola herida.

¿Cómo te llegó ese presentimiento, Sundory?

Bueno, sólo...llegó.

Si Sundory les hubiera dicho que había visto aquello, en el fondo de una taza de té, les hubiera resultado más creíble.

No es algo que pueda explicar.

Eso si se lo creían.

Sundory miró al techo y se arrebujó. Ya no iban a poder sostener la mentira por mucho tiempo, la presión que los chicos estaban ejerciendo era tan fuerte, que sabía de ante mano, que en cualquier momento, todo explotaría. ¿Podría algo impedir aquello?

Sundory.

Le pedía, le imploraba. A su alrededor todo era un canto de suplica. La voz de Sirius, con su suave toque aterciopelado de un grave acento ingles, hacía lo que su orgullo no le dejaba. Ponía el alma y el corazón del joven de rodillas, sin escudo y al desnudo, implorándole, que le dijera la verdad. ¡Era tan conmovedor!

Las manos de la chica sujetaron fuertemente las sábanas. Pero la vida le había enseñado a no soltar lágrimas por los corazones destrozados y los espejos hechos añicos. Era una lástima que tuviera que atravesar con una espada envenenada el corazón de Sirius, pues ella siempre había respondido con el silencio.

La puerta se abrió lentamente. Sundory brincó de la cama y avanzó hacia la puerta. La figura de estatura promedio envuelto en una negra capa se paró y se irguió por completo.

Me tenías preocupada. —Ella extendió su mano, hasta adentrarse por la capucha y tocar la mejilla del desconocido—. ¿Estás bien? Tuve miedo.

El misterioso personaje, no respondió, al menos no dio una respuesta audible. Pero Sundory sonrió.

No tenías porque hacer esto. Tú...

De algún modo, el desconocido se las arregló para esquivar a la joven con delicadeza y avanzar por la enfermería. James sintió como su cuerpo se estremecía por completo, ante una sensación desagradable, algo feo y podrido se mezclaba en el ambiente.

¿Dónde...? —preguntó—. Dime...donde.

Su nuevo acompañante, no parecía estar muy dispuesto a hablar. Sundory se lo tenía bien merecido, por no contarle nada a ellos.

Sé que...no es el momento... —Nada, él o ella no estaba dispuesto a revelar nada, por el contrario prefirió confundirse con las sombras de la enfermería y los biombos que le daban un poco de intimidad a cada estudiante que se hallaba en la enfermería.

Los chicos se miraron los unos a los otros sin saber que decir o hacer. Sundory les miraba de reojo, como si esperara que de pronto, ellos acorralaran al visitante y le bajaran la capucha. Pero nada de eso iba a suceder, iban a dejar que la escena siguiera su curso, prometía ser algo digno de ser observado.

Sundory se deslizó por el suelo, sin hacer el más leve ruido. Sus ojos reflejaban preocupación, pero también un poco de alegría, la visita había entrado en el momento más inoportuno, pero por algún extraño motivo, confortaba a Sundory su simple presencia.

Eres muy amable por haber venido a... —Sirius dio un paso, pero Remus le detuvo por el hombro. Cualquier cosa que sucediera entre Sundory y su compañero, no debía ser interrumpida. Por algún motivo Remus sabía que no debían ver lo que estabas sucediendo, pues eso, no les dejaría actuar libremente.

Desde que él había puesto un pie en la enfermería, sabía que había estado jugándose algo más que una probable expulsión del colegio, pero no podía esperar hasta el día de mañana. Había entrado con la firme decisión de lograr su cometido. Y lo haría sin importar las consecuencias. Sólo que francamente, no se había esperado encontrarse con esos fastidiosos idiotas en la enfermería, había supuesto la probabilidad, pero lo creía algo remoto. Ahora veía que no era así.

Pero que importaban lo abominables de sus caras o lo aberrante de sus palabras, a él, todo le daba igual, siempre y cuando...

La mano blanca le asió por el antebrazo con firmeza. Él se volvió hacia ella y colocó sobre su mirada lila, sus frías pupilas. Un simple movimiento y ella ya no le tocaba, no le importó ver la decepción reflejada en sus ojos.

Se llevó las manos blancas a su pecho, como si estuviera rezando ¿implorando? Pero a él no le importó, su negra mirada se posó sobre su objetivo. Pálida, sus hermosas facciones estaban pintadas con un enfermizo color pálido. A pesar de eso cada fina hebra de su cabello desparramado descuidadamente sobre la almohada y parte de su inmaculado cuerpo, brillaba escandalosamente con un intenso rojo. Sus ojos del color de la serpiente le miraban desde la oscuridad, con una capa nebulosa que ensombrecía a su preciosa mirada. Las palmas de sus manos delicadamente abiertas tenía una acción implorante, como si desde su silenciosa y sensual posición, le rogara rescatarla de aquella grotesca parodia.

Avanzó, con miedo y temblor avanzó hacia ella. Extendió su brazo y con la fría y delgada punta de sus dedos le acarició la cara. Sus ojos verdes no dejaron de enfocar el horizonte, pero sus párpados se cerraron y volvieron a abrir en una acción tan lerda, que sintió como si hubieran pasado millones de años, en ese simple y triste movimiento.

Le reconocía.

Tú.

Otro lento parpadeo.

Con su fría y delgada mano le cubrió los oídos.

"No le escuches, quédate conmigo".

Su espalda se arqueó pausadamente, como si meditara cada avance. A bajo¡Más abajo! Gritaba su inconsciente. ¡Tócale!

La fría y vacía extensión de las llanuras verdes se extendieron hacia el centro, dilatando su pupila.

Suave, fría y distante. El día de hoy, por tan sólo unos momentos, para sus amargos labios, ella había estado a su alcance.

Severus —la voz de Sundory había sido un murmullo, pero había sido firme y con un dejo de irritación. La mano blanca de la joven, tiraba de la túnica del chico.

Severus se incorporó y miró a la chica con desprecio.

Vete. —Era una orden, no una sugerencia—. No es momento de jugar a los valientes.

El chico alzó su rostro con arrogancia. ¡Jugar a los valientes! . ¿Acaso Sundory le creía el imprudente, estúpido, idiota, sin cerebro de su novio?

Indignación.

Ambos sentían lo mismo.

Ofensa.

Los dos se la habían infligido.

Evasión.

De naturaleza.

Severus salió del lugar en silencio. Sundory le siguió, mientras le observaba avanzar con la cabeza en alto y mirando al frente. James se llevó la mano al bolsillo derecho, pero Remus de detuvo, no era lugar, ni momento para discutir. El Slytherin, como entró, salió. Indiferente a lo que en aquel grupo sucedía.

¿Qué diablos quería ese? —preguntó Sirius enojado.

Nada.

Nada que te importe, casi pudo escuchar Sirius. El chico rechinó los dientes y apretó los puños de sus manos con fuerza, su mente giraba y giraba en un vertiginoso remolino, lleno de resentimiento, impotencia e ira.

¿Por qué vendría aquí? —inquirió James, notablemente más sosegado, pero como si sospechara que Sundory les escondía algo, esta vez relacionado con Snape.

Sundory se encogió de hombros. Venía a verme. Es mí...

Aberrante primo, no me lo recuerdes —espetó Sirius.

La joven suspiró profundamente.

¿Acaso no podía esperar? —soltó Peter.

En cada familia, hay uno así —consolaba James a Sirius— En mi familia, tenemos a ese odioso de H.J.

Al menos él, no quiere con la chica que te gusta —observó Remus.

James miró a Remus con los ojos entrecerrados. Detestaba que le recordaran "cosas desagradables" de su familia.

Peter asintió y estuvo apunto de agregar: "Y ella no le da alas, a él". Pero al ver la mirada de James, se tragó su comentario, le gustaba la vida; no quería morir tan joven.

Hasta mañana.

Era una orden, no una petición. Snape la había sacado de sus casillas, y ellos no tenían idea de porque. Snape, pocas veces hacía eso con Sundory, y Sundory era muy, pero muy condescendiente con Snape. Aquello era...extraño.

¿Qué te hizo?

Estoy cansada, ha sido un día muy largo.

Sundory dio media vuelta y fue hacía el fondo de la enfermería. Ahí no estaba su cama. ¿qué era lo que pretendía?

Su cabello rojizo ahora caía sobre su cara en forma desordenada. Sus labios se juntaron y pegaron tanto, que parecían una fina línea delgada, dura y muy apretada, el rictus que se le había hecho, descuadraba con su eterna faz de tranquilidad y bondad.

Podía verla a través de sus abundantes pestañas negras. Ese rictus era porque le disgustaba ver, que a pesar de que ante sus ojos, se había cometido una profanación, su blanca frente, seguía tan inmaculada como antes. Ella deseaba verle en la frente ignominiosa una gran mancha negra en forma de A, como la dulce Hester Prynne.

Sundory dio media vuelta y se fue, envuelta en su mojigatería, su pomposidad y su impotencia.

James no vio la frágil figura de Sundory desvanecerse en las sombras. Cuando él llegó sólo vio la inocente forma de Lily tendida en la cama. Con los brazos abierto y las palmas en forma de ruego. No tardó, ni dudo un solo instante, en ir hasta ella y sentarse a su lado.

Podría estar mortalmente pálida —y la hipócrita de Sundory insistía en decir, que no había sido la sangre de Lily, la que había manchado su uniforme.— sobre su rostro se cernía la incertidumbre y sin embargo, sin embargo era prodigiosamente sensual. Con sus carnosos labios teñidos de un antinatural rosa, entre abiertos y ligeramente húmedos. Sus redondos y frondosos pechos subiendo y bajando al ritmo de su tranquila respiración, se dibujaban y vislumbraban entre las sábanas a la perfección ofreciendo un tentador espectáculo, como tentando a la noche a tocarlos. Y sus piernas, sus hermosas y perfectamente delineadas piernas, se encontraban ligeramente abiertas, en una pose provocativa, indefensa, pero provocativa.

No sabía controlar sus instintos. Después de todo, él sólo era un humano, un joven y hormonal humano, que siempre se había entregado a sus pasiones más bajas. Y que estaba mortalmente herido de obsesión.

Llevó sus manos al rostro de ella y en cuanto puso su primer dedo en la frente, ella abrió los ojos. Si, esos precioso ojos verdes que tanto le perseguían en sus sueños.

Hola.

Estúpido, era un completo estúpido, y no lo negaba.

Ella no respondió, pero de alguna forma, él supo que ella le daba su permiso, para quedarse. Se recostó a su lado. Ambos se observaban el uno al otro, como si fueran dos desconocidos, que se estaban evaluando y guardando sus facciones, para el próximo encuentro. Era extraño y fascinante la vez. Sólo se veían, no se tocaban.

Lily fue la primera en dar el paso. En extender su mano y colocarla en el brazo de James. Su contacto era como el suspiro del enamorado; suave, delicado, casi surrealista y sin embargo, muy profundo.

James quiso sonreír, pero supo que aquel gesto, sería grotesco y quedaría fuera de lugar. Así que se limitó a recorrer con su mano el vientre de Lily. Lo hizo en un solo movimiento. Fue fino, tierno pero firme, como el trazo de una línea de óleo en un lienzo. A esa caricia, le siguió otra, otra y otra más, hasta que se volvió una sinfonía de caricias, frugales, intensas y dejaban la piel del otro sensible.

James se tendió boca arriba, con medio cuerpo en la cama y la otra mitad en el aire. Los dedos de su mano izquierda, rozaban el frió suelo. Al principio, sus ojos intentaban alcanzar la bóveda caliza, que era el techo, pero conforme Lily avanzaba sobre su cuerpo, todo se hizo borroso y se fue apagando, hasta que de pronto se encontró con los ojos cerrados, sin saber en donde se encontraba el horizonte.

No quiso, ni se esforzó por ver la realidad. Era así como en verdad se sentía. Sabía que lo que en ese momento tenía era vano e inestable, tan inestable como las aguas del mar. Sabía que en el más inesperado momento, la marea comenzaría a subir y no le daría tregua para ponerse a salvo. Y por más que quisiera entender y comprender porque la luna ejercía una mística fuerza sobre el mar, no deseaba entenderla y comprenderla por completo, ni siquiera, estaba seguro de desear intentarlo, porque tenía miedo. Esa, esa era la verdad, tenía miedo.

Miedo de levantarse y ver que ella ya no estaba a su lado. Consternación de no saber que hacer con el nuevo conocimiento. Pavor a no poder comprender y ver que sus sueños se desvanecían. Terror a verla partir, sin poder hacer nada. Pánico a verse forzando a comprender, que ella no le deseaba, no le quería. Horror de reconocer que terminaría con el corazón, completamente destrozado.

Miedo a saber, que por primera vez, podía decir que quería algo y ese algo, no le correspondía. Que ese algo; lo veía como él, había visto a todos lo demás: como a un Don Nadie.

La joven le abrazaba y besaba efusivamente. Parecía querer arrancarle la respiración, el calor, la vida el alma. Ella le apretaba en sus brazos como; un naufrago a un tablón de madera. Sus uñas se le encajaban en la espalda, los hombros, por todos lados ella dejaba marca de su lucha. Una lucha interna que le sofocaba, le aplastaba, le mataba. Una pelea de la cual él no sabía nada, de la cual, solo ocasionalmente era espectador. Un altercado que parecía no tener fin, ni sentido, ni siquiera ganador. Una disputa en la que él deseaba forma parte, para ayudarle, anhelaba con todo su ser, que ella le gritara por ayuda, que se levantará desde el fango en el que ella se encontraba y le pidiera ayudara. Pero sólo recibía frías evasivas y desoladores vacíos.

Hoy, hoy sólo podía contribuir para hacerla sentir un poco viva, con pocas fuerzas, con nimias esperanzas. Hoy quería llorar con ella y gritarle¡Agárrate! No te alejes, no te pierdas, porque estoy a tú lado. Y ella le contestaría: Lo sé y te amo. Pero de alguna manera, él sabía, que ella de él, no deseaba, absolutamente: nada.

&-&-&

¿Cómo te sientes?

¿Cómo debería sentirme?

Emp...adolorida.

Me siento adolorida.

¿Algo más?

¿Debería?

Quizás.

Sí, quizás.

¿Cómo que?

¿Cómo que?

Si no quieres que hable contigo sólo¡Dímelo!

No quiero hablar contigo.

Remus suspiró profundamente y se sentó en el sillón de la sala común. Hablar con Vera cuando estaba con ese humor, era imposible.

Vera.

Sin respuesta, ella seguía sentada, con el libro entre sus manos y sus ojos en las páginas.

¡Podrías mírame si quiera!

Te escucho.

Vera.

Silencio.

¡Vera!

Ella pasó la hoja del libro delicadamente, sin inmutarse ante Remus.

¿Por qué?

Silencio.

Es que, no lo entiendo.

Estudia.

Remus se cruzó de brazos, respiró profundamente y miró a la joven.

Cuando uno cuentas cosas...

No seas metiche Lupin.

Con la misma pasividad que había cambiado de hoja, se levantó y subió por las escaleras del dormitorio de las chicas.

Nada fácil. —Remus giró su rostro y observó a Sirius recargando sus codos, en el respaldo del sillón.

A veces pienso que no debería quebrarme tanto la cabeza.

No eres el único —aseguró Peter, mientras se sentaba enfrente a Remus.

Pero...

Una semana y no han abierto la boca. Es como...como...

Como si hubieran hecho un pacto de silencio¿o algo así? —terminó Remus.

No exactamente. —Remus no estaba tan conectado a Sirius, como James—. Pero si he de expresarlo de alguna forma, supongo que sí.

Sonara escalofriante, chicos, pero... —dijo el licántropo.

¿Intentas asustarme Lupin? —bromeó Sirius.

Sirius, sólo imagina por un momento. Son atacadas por mortífagos y...y...

No dicen nada.

Sí, Peter.

Sirius rodeó el sillón de Remus y se sentó a lado de Peter a gran velocidad. —¡Crees que ellas...que ellas...!

¡No son mortífagas! Están en Gryffindor.

Los tres merodeadores, miraron a James quien expresaba estupefacción, ante lo que oía.

No pensaba en eso, James —le tranquilizó Remus.

Ya decía yo que era mucho —afirmó Sirius.

Pero, podría ser que...supieran algo —terció Remus. Sirius y James se miraron fijamente—. Escuchen: Sundory tiene un "presentimiento". Torrence y Vera daban un paseo por el bosque en ese instante. ¿Cuántas veces al día te dices¡Oh! se me apetece un paseo en el bosque?

Había ido a recoger plantas.

A Sundory sólo hay que creerle la mitad, o menos —replicó Sirius.

¿Qué hacían verdaderamente en el bosque? Y Lily...Lily estaba considerablemente lejos y de pronto..¡Esta bañada en sangre! Yo no se ustedes, pero ¿le ven la lógica? Si quiera¿Tiene lógica?

Remus, Remus y su fantástica mente lógica. Un ataque, dos chicas en el lugar sospechoso, sangre inexplicable, premonición prodigiosa.

Ahora...ellas tiene un "No sé que" misterioso que piensan llevarse a la tumba. ¿A quien están encubriendo?

¡Tú crees que...!

Lo cierto Peter, es que si en este momento, me dicen que ellas esconden el tesoro, con el anillo de los nibelungos y tienen que caminar por el Xibalbá, cruzar el Flegetonte, para resguardarlo en Avalón, bien podría créemelo.

Eso es exagerar un poco ¿no crees?

Sí, había una enorme diferencia, quizás...o quizás no.

Conocen un no se que, o a un no se quien, que interesa a "Quien-tú-sabes" y por eso se toman la molestia de venir hasta Hogwarts —meditó Sirius—. A mi me suena más a: desgraciado e inevitable accidente.

Sirius, hablamos de las chicas, no de cualquier estudiante.

Pero para ello. Ellas deberían tener un algo...magnánimo.

¿Estás dispuesto a no creer eso?

Sirius se llevó una mano a la barbillilla. La idea de: desgraciado e inevitable accidente, sonaba por algún motivo, demasiado hueca. No cumplía con sus expectativas. Pero la idea de algo "magnánimo" que buscará Voldemort, rayaba en la fantasía, era como creer que Mu existía ¿no?

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No dejaba de pensar en ella. Desde que descubrió la belleza de ella, no podía quitársela de la cabeza, no paraba de sentir que ella estaba, cada día más lejos de él. Como si poco a poco se fuera convirtiendo en un deseo lejano. Se tiró sobre la masa desordenada que él llamaba cama, y en la soledad de la noche, recordó su más reciente disputa.

Había ido a su cuarto, con la sana intención de dormir con ella; sólo dormir, que conste. Aunque si había oportunidad para algo más, no se negaría; ¡Jamás!

Ella estaba dormida o eso había imaginado. Su cuerpo laxó y con los brazos abiertos, se encontraba boca arriba, sus cabellos desordenados cubría parte de la cama y parecían ríos salvajes yendo en cualquier dirección.

Sonrió traviesamente y se acercó a ella. Sus ojos verdes miraban al vacío, sus labios carnosos estaban resecos. James le pasó una mano frente a sus ojos, pero ella no reaccionó, verdaderamente estaba muy lejos de su alcance.

Lily —le llamó, mientras la sacudía suavemente.

Nada, ella seguía en aquel lugar, en donde él, no podía seguirle.

¡Lilian!

Aquella era una llamada desesperada.

La tomó por los hombros, observándola detenidamente. Su piel tenía una inusual temperatura alta¡quizás tenía fiebre! Sin embargo sus manos eran frías y sudaba. ¿Se encontraba enferma? En verdad no se veía nada fuera de lugar, excepto quizás por los ojos puestos en el vacío, aquellas venitas rojas visibles en la parte blanca de los ojos y aquel feo pinchazo en el brazo derecho, en ese lugar en donde podemos ver nuestras venas.

James, llevó una mano al lugar lastimado, pero la blanca mano de Lilian le detuvo. Él alzó la vista y sonrió. Ella se pegó a su cuerpo y le abrazó con fuerza.

Alex.

Sintió como su mano derecho apretaba fuertemente la muñeca de ella, casi podía asegurar que deseaba destrozársela. Con todas sus fuerzas la aventó, separándola de él violentamente.

El sonido que hizo su cuerpo al caer fue fuerte y seco. Pero ella ni siquiera se inmuto, no hubo reacción de dolor o despreció por aquel vil acto, sólo escondió su rostro, dejando que él se fuera del lugar, con la bilis en la garganta, y la ira y el odio zumbándole en la cabeza.

¡Ah! Como le hubiera gustado que ella se le hubiera gritado, golpeado y dañado por haberle obligado a hacer eso. Pero no¡No hizo absolutamente nada! Como si él, nunca hubiera entrado, como si él, no le importara.

Quizás no le importaba.

Quería dejar de atormentarse, pero su mente le repetía una y otra vez, que todo lo que hizo por ella no iba a valer nada, porque...porque, ella no le quería. James no la entendía a la perfección, como ese...ese...maldito bastardo. Golpeó la almohada tratando de borrar aquel viejo recuerdo.

Como de costumbre con los exámenes a la vuelta dela esquina, generalmente toda la gente esta en sus salas comunes estudiando, pero ellos no, porque ellos lo saben y conocen todo. ¿Para que estudiar, si ya lo saben?

Seis personas caminaban charlando y bromeando, como si se conocieran de toda la vida. Los famosos merodeadores, quienes hacían bromas por naturaleza y dos dulces, pero peligrosas acompañantes. Sundory, la dulce pero contradictoria Sundory, y Torrence, quien tenía pocas luces —o aparentaba no tenerlas— pero le gustaba el relajo y detestaba estudiar.

Las risas y la alegría se destilaban por cada uno de sus poros. Pero de esos singulares casos de la vida, de pronto los seis quedaron en silencio. Y entonces las risas llegaron a ellos de un lugar muy diferente.

Sirius y su interminable curiosidad, decidió cachar en in fraganti a los risueños enamorados. Mala idea, conocían a la pareja y no la toleraban.

Vamos Alex, otra más.

¡Salud!

Ambos chicos chocaron la botella de cristal y rieron al terminar. Claramente, lo que bebían, no era jugo de calabaza.

¡Ey Listen baby! —cantó el chico de repente, poniéndose de pie y ofreciéndole a la pelirroja una mano.

Ain't no mountain high —continuo la joven. Enrollando sus brazos alrededor del cuello del rubio.

Ain't no vally low.
Ain't no river wide enough, baby —dijo Lilian mientras bailaba con Alexander.
If you need me, call me —Afirmó Alexander—. No matter where you are. —La pelirroja se dejaba llevar por él al compás de su propio ritmo—. No matter how far.
Just call my name —intervino ella dejando a él hacer lo que quisiera—. I'll be there in a hurry. —Ambos giraban, avanzaban y retrocedían al mismo ritmo, como si cada uno, supiera el rumbo que iba a tomar el otro—. You don't have to worry.
¡'Cause baby! —cantaron ambos fuerte mirándose fijamente—. ¡There ain't no mountain high enough! —Lily abrazo a Alexander fuertemente, como promesa de lo que estaban cantando—. ¡Ain't no valley low enough! —Dos seres al mismo tiempo se movían, cantaban, se amaban—. ¡Ain't no river wide enough! —Eran como dos gotas de agua, como dos notas dadas con la misma intensidad, en todo combinaban a la perfección—. ¡.¡To keep me from getting to you!.! ("Ain´t no mountain high enough" Versión Marvin Gaye & Tammi Terrell).

Aquella afirmación, había estado más allá del simple goce de un susurro momentáneo. No era una palabra escrita en el viento. Era el brillo del oro tras doscientos años de encierro, la fuerza del viento en la tormenta. Era de esas cosas que van más allá de la sangre, del alma, del sentimiento. Era lo que no podía ser interrumpido por el amor, ni siquiera, por la muerte.

Era la materia de lo metafísico, la esencia del saber, la fuerza de la verdad, eran las palabras que atravesaban la razón de la lógica y aterrizaban sobre el alma, afirmando con aplomo, que nunca serían rotas.

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Y al final, aquí estaba. Se lo había prometido, se había jurado no acariciar la manzana del Edén.

Pero la tentación era demasiado grande.

Le habló a la madre tierra y ella me rechaza. Le suplicó que me escuche, mas de oídos sordos se hace. Y desesperada le gritó: mírame, mírame y dime¿Qué es lo que soy? Porque no entiendo, porque no alcanzo a ver, porque he perdido el rumbo. —¿Quién era? Era la tentación, la devoción, la guerra y la sangre.

Quizás busca la respuesta a tú pregunta, o tal vez, ella no te encuentra salvación. —Eso no era lo hubiera deseado decir.

¿Entonces? —preguntó como el niño pregunta¿Por qué sonríes madre? Con esa entonación dulce y melodiosa de la inocencia.

Entonces viajaras por grises parajes, anhelando volver a sentir la luz calentando tu piel, soñando con recordar el sabor de los dulces manjares de esta tierra y entonces recordaras una y otra vez, aquel triste momento en que decidiste cambiar tu vida. Y te preguntaras¿Por qué lo he hecho?

Tú tampoco lo entiendes.

Yo sólo veo a un niña en medio de un laberinto —dijo—. Sólo veo a alguien que se ha librado de los grilletes, y lamenta su perdida.

¿Cómo puedes llamar grilletes, a las cintas blancas?

Las cintas blancas no carcomen la piel, no envenenan la sangre, ni corroen el espíritu. Sin embargo, siguen símbolo de esclavitud. Tú no sirves para la libertad.

Suave, siseante, hipnótica. La voz de él la hechizaba y le horrorizaba. De él nunca había escuchado una sola verdad, él era la cruda y lastimera realidad.

¿Y que esperabas de mi? Tan sólo soy...una bailarina.

Él arqueo una ceja, no sabría descifrar lo que su rostro trataba de decir. Era tan simple y tan complicado, siempre con ese aire de: "Vez te lo dije, la realidad siempre ha estado ahí; es sólo que tú, eres una completa idiota"

Y ya tienes titiritero.

Había clavado la daga profundamente en el corazón. —¿Y como he de vivir sin él?

¿Sin el muerto o sin el idiota?

¿Acaso no lo entiendes? Él lo era todo.

Sólo era la mascara.

Era la unión.

Mejor aun. Ya nada tienes que hacer con ellas.

Silencio. Pesado silencio.

Una vez...fueron mis amigas.

Pero ahora ya no.

¿Qué haré sin ellas? Ya no me queda nada, excepto continuar.

Lily, no le tengas miedo a la oscuridad.

Sus ojos verdes, viajaron por toda su faz, como si estuviera analizándole. —Severus, no soy tan fuerte como tú.

Fortaleza, bravura, valentía, coraje, atrevimiento, intrepidez. No él no era un héroe de leyenda. No era apuesto, su constitución, no cuadraba con la figura de los brutos vikingos que poblaron Gran Bretaña de punta a punta, y las novelas de pastas blandas —de las que Lily solía burlarse —entintaban su paginas, describiendo magistrales pasajes; llenos de sudor, aventura, y sexo.

Era más bien, como los antagonistas. Seres en exceso flacos o gordos, feos como sólo ellos mismos podían ser; amargo, sarcástico, mordaz, insípido. Era el malo de las novelas.

No soy Gryffindor. Me arrastro como la malévola serpiente.

Le regaló ella una pequeña sonrisa. Le gustaba, le gustaba esa oquedad que destilaba. Habría que ser ciego, para no ver que sus sonrisas eran irónicas y no sinceras. Todos y cada uno de sus sensuales movimientos, era como los hipnóticos movimientos de la serpientes; suaves, delicados, bellos y precisos. No ella no era la manzana del Edén, ella era la serpiente que mordía para envenenar y matar, dolorosamente. Lo sabía y se detestaba, se maldecía, se condenaba y se odiaba.

Si le preguntaran una descripción de ella diría esto: Es la frágil dulce inocencia silenciosa y bondadosa, atrapada en un cuerpo que matan por placer. ¡Que belleza tan trágica!

Severus... —Era la primera vez, que él por iniciativa propia, le ponía una mano encima y no en cualquier parte, si no que la espalda; atrayéndola hacía sí.

Yo te guiare por ella.

Dolor, veía venir el dolor, las lagrimas, los gritos; el corazón se desangraría.

Vacío, ella reflejó su enorme vacío. Ya había caminado por la luz y no consiguió si no sólo hundirse más. Ahora si intentaba por otra senda ¿Qué mas daba caer más bajo? Siempre y cuando, estuviera acompañada.

¡Oh! Y ella con sus helados labios, tocaron la negrura de su alma, permitiéndole saborear la hiel de su boca. Severus observó fascinado, como ella era absorbida por la oscuridad abismal.

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Las confesiones de Kirsche:

Tarde mucho tiempo, en escribir éste capitulo, la principio no tenía inspiración, al final...¡puf! la verdad, no tenía planeado el final que les presento, pero...me dije a mi misma ¿por qué no? Después de todo, sería interesante ¿no? De manera que; aquí vengo una vez más, con mis tintes melodramáticos y trágicos. La historia se torna cada día más y más negra y confusa, hasta parece que todo terminara en un disparate (Sí la cabeza de la autora, ya lo es¿por qué no su historia? En fin¿a dónde nos llevara todo esto?

Reviews:

Tomoe: ¡Wenas! Bueno, que decir...el otro capitulo fue intenso, éste ¡Wow! Lo ha superado con creces ¿no lo crees? Sentimientos a flor de piel, razón intricada, todo ha se va haciendo cada vez una espiral mal complicada, todo se esta desmoronando y al final: sólo hemos construido castillos de arena ¿no es verdad? XDDDD. Si bueno, espero tu comentario.

Lazenca Daidouji: jijiji, al parecer he tomado mi trabajo muy a pecho ¿no? No me canso de fastidiarles la vida, con problemas cada vez, más complicados ¿no? Jejejeje. Pronto las cosas se irán resolviendo poco a poco y claro; dolorosamente -.

BLushy Potter: ¿qué cabeza tengo? Físicamente, una normalita (Creo ;P) internamente, un desastre, no tiene pies ni cabeza, generalmente saca las ideas, de las cosas más extravagantes que lee o ve O.o, claramente no vivo en un ambiente muy sano ¿verdad:D. Si quieres una respuesta más sería, te tendría que decir esta: No lo sé. Ya vez, los misterios de esta vida. :P, Te agradezco mucho este review, me anima mucho y espero que sigas disfrutando de esta complicada y trágica historia.

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Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.

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M.O.S.

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