Disclaimer: Los personajes pertenecen enteramente a Stephenie Meyer. Yo solo me adjudico la trama de esta historia.

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Summary: Dos rayitas, una carita feliz y un "embarazada" me decían que las sospechas de mi mejor amigo, Edward, eran ciertas: estaba jodidamente embarazada de uno de los tantos hombres que han pasado por mi cama.


Error de Cuentas

Capítulo 1: Promesas Rotas


Bella POV

Los brazos que me envolvían en un abrazo me hicieron suspirar. Era así como quería estar toda mi jodida vida. Con el hombre de mi vida a mi lado. Miré hacia arriba y me fijé que el hombre no tenía un rostro definido. Fruncí el ceño un poco y luego le sonreí. No me importaba cómo era de apariencia. Él era definitivamente el amor de mi vida.

—Belly —susurraron en algún lugar—. Psst. Bells.

Hice caso omiso a la vocecilla y me acerqué a la boca del hombre. Le iba a dar un beso justo cuando todo comenzó a temblar. Fruncí el ceño y el hombre se deshizo entre mis brazos.

—¡Bella! Vamos, despierta. —Me zamarrearon un poco hasta que abrí mis ojos.

Frente a mí estaba la otra Cullen. Vanessa.

—¡Belly-Bells! —La pelirroja se me tiró encima y me abrazó fuertemente entre sus brazos. Yo respondí el abrazo torpemente por estar aún un poco adormilada—. Te he echado tanto de menos, Bella.

Me reí entre dientes y la abracé fuerte.

—Yo también te extrañé, Ness.

Vanessa Carlie Cullen Platt era la hermana menor de Edward. Era cuatro años menor que nosotros —tenía 19—. Era alta, delgada y pelirroja. Tenía unos hermosos ojos azules, iguales a los de Carlisle (el padre de Edward y Ness). La verdad es que siempre me había llevado bien con ella, ambas nos juntábamos a hacerle la vida imposible a Edward cuando éramos más pequeños.

No había visto a la pequeña Nessie en todo el año, ya que ella iba en la Universidad de Illinois, en Chicago, y los tres no teníamos nada de tiempo con todos los putos exámenes y trabajos como para viajar a otro estado.

—¿Cuándo llegaste? —pregunté.

—Ayer en la noche. Creo que eran las 11 o algo así. Ed estaba durmiendo, así que lo llegué a saludar hoy en la mañana. —Sonrió.

Estuvimos hablando un poco más hasta que decidí que ya era hora de irme a mi casa. Eran las 10 y pensaba disfrutar el día con Edward y con mi papá. Nessie salió de la habitación y me vestí con un pantalón de yoga que tenía en el armario de Edward y una camiseta de él.

Cuando finalmente salí, me encontré con Ness a un lado de la puerta. Juro por Dios que me dio un susto de mierda. Y sí, se podría decir que la chica parecía una jodida lapa, pero la amaba demasiado como para molestarme por eso, y debía confesar que yo también la quería a cada puto momento a mi lado.

Llegamos a la cocina y el malditamente delicioso olor a tarta de arándanos me hizo llegar al mesón casi corriendo. Amaba esa mierda y mucho más si estaba recién hecha por Esme, quien por cierto se iba cada mañana a las 9 para su pequeña tienda.

Buongiorno, signorina —me saludó Carlisle—. Me alegro de verlas juntas de nuevo. —Sonrió mirándonos a Ness y a mí.

Carlisle Cullen, el padre de Vanessa y Edward, era descendiente de italianos, por lo que cada vez que tenía oportunidad, decía una que otra palabra en italiano, el cual lo había aprendido por su abuelo paterno. Él era, definitivamente, el doctor más entregado a su trabajo que he conocido en mi vida.

—Hola, Carlisle —respondí mientras me servía un gran pedazo de tarta—. ¿Y Edward? No lo vi esta mañana.

—Debe estar trotando aún, se fue temprano.

Vi el reloj de la pared y eran las diez veinte aproximadamente. Fruncí el ceño. Siempre que Edward iba a trotar no regresaba más tarde de las 9:30 de la mañana. Tal vez había ocurrido algo y simplemente quería quitarse el estrés trotando. O quizá simplemente fue a desayunar a la pastelería de Esme. Seguramente, el cabrón estaba comiéndose todos los jodidos pastelitos.

Carlisle se sentó con nosotras a tomarse un café antes de entrar a su turno en el Saint Joseph Hospital, en el cual trabajaba desde que éramos unos bebés. Y también, por cierto, era el hospital que me estaba guardando un lugar cuando me graduara de medicina. Sip, estaba estudiando la jodida carrera de medicina. Y sólo para aclarar, era una de las mejores alumnas de la puta generación.

Después de unos minutos, Carlisle se levantó y besó nuestras cabezas para irse al trabajo.

—¿Y? ¿Cómo te ha ido en la universidad? ¿Cómo está Chicago? —pregunté a Nessie.

Ella se sonrojó casi de inmediato. Solté una risita. ¿En qué estaría metida esta chica?

—Mmm… pues bien, todo va muy bien. Demasiado bien, se podría decir. —Sonrió pícaramente.

Abrí mis ojos y grité:

—¡¿Qué no me has contado, pelirroja?!

—Bueno… puede que tenga un novio esperándome allí —dijo como si no fuera gran cosa.

—¿Así que ya comenzaste a dejar corazones rotos?

—Nop, nada de corazones rotos. Me encanta… Creo que estoy enamorada de él —susurró la última parte.

Casi me atraganto con lo que dijo. ¿Amor? ¿Es que esta chica no aprende de las desgracias ajenas?

Claro que susurró la última parte, no quería que la escuchase. Yo era la menos indicada con quien hablar estas cosas, y ella lo sabía.

Era la menos indicada, porque simplemente no era de las que se veía que buscaban un amor para toda la vida. Pero, sin embargo, sí tenía una pequeña esperanza de que apareciera casi de la nada y que obviara lo puta que he sido en casi toda mi adolescencia y mi adultez. Que estuviera esperando a aquel hombre indicado, no quitaba que yo fuera casi una jodida alérgica al tema del amor. Sí, lo buscaba, pero tenía miedo a que me ilusionaran nuevamente y me rompieran el corazón como lo habían hecho hace tantos años atrás. No era una insensible de mierda, así que sí me he enamorado, hace —pareciera— millones de años. No he experimentado tal sentimiento desde aquel momento.

Alec McVey era el chico más introvertido de la escuela, era estudioso, afanado a la ciencia ficción, casi un nerd, pero también era muy, muy guapo. Estaba realmente bueno, y eso era decir mucho para un adolescente de 17 años. Nadie lo había notado. Nadie, excepto yo. Él iba en mi clase de arte y tuvimos que hacer el trabajo de final de curso, juntos. A él, claro, no le agradó en nada la idea, pero yo estaba que saltaba en una pata. Alec era mi amor platónico desde que habíamos entrado a la secundaria; tanto así, que Edward estaba harto de que le hablara de él todos los días. ¿Pero qué quería que hiciera? Era mi primer amor de adolescencia.

Todo pasó muy lento entre los dos. Alec era tan tímido que tuve que aprender a ser una lanzada. Le daba pequeñas pistas cuando nos juntábamos para terminar el proyecto final de arte, pero él parecía indiferente a ello. Así que tuve que confesarle mis sentimientos.

Decirle que estaba enamorada de él no fue nada de fácil. Él pensaba que le estaba haciendo una jodida broma de mal gusto, así que decidí que Edward le confirmara todo. Hablaron solos, y hasta hoy no sé qué se habían dicho, pero funcionó. Alec lo creyó finalmente.

No duramos mucho la verdad. Empezamos un Junio y terminamos en Octubre del mismo año. Fueron cuatro efímeros meses, pero eso no me impidió enamorarme más de lo que ya estaba y que sus caricias quedaran grabadas en mi piel. Sí, él fue mi puta primera vez. Y, bueno, yo no fui la suya —según él—. Luego de un mes de relación, él ya me estaba diciendo que me amaba profundamente, y yo, como una jodida estúpida, le creí con lo más profundo de mi corazón.

Ese verano, Alec volvió cambiado del campamento —el cual duraba 3 semanas— que le obligaban a ir sus padres todos los años. No me di cuenta en ese momento, pero Edward sí que lo hizo. Me advirtió, incluso, de que tuviera cuidado con él, pero no le hice caso.

El caso es que desde Junio a finales de Octubre el cabrón me tuvo completamente engañada. Sí, toda la jodida relación había sido una total y vil mentira de su parte. Me había dicho que me amaba para acostarse conmigo, mientras hacía lo mismo con otras chicas de otras escuelas. Al parecer, el parecer tímido sólo era una maldita fachada.

Luego de que Edward lo atrapara engañándome (si, Edward lo hizo), yo despotriqué frente a su cara que era un maricón y que se lo haría saber a todas las chicas con que se acostaba. Él por su parte, me amenazó con contarles a todos la verdad un poco alterada: diría que yo le había engañado y que era una hija de puta. Finalmente, cuando Edward escuchó aquello (sí, Edward estaba a mi lado cuando ocurrió) se abalanzó contra él y le golpeó hasta casi dejarlo inconsciente. Si yo no le hubiera detenido, mi mejor amigo lo deja muerto a mitad de la calle. Con esos golpes pudimos evitar, por suerte, los rumores que tenía planeados Alec.

Fueron semanas de sufrimiento, en las cuales Edward fue mi mayor apoyo.

Pero hubo un día que me desperté con una rabia casi irracional. ¡El hijo de perra se iba a salir con la suya! Cada día en la escuela, Alec me miraba con una sonrisa satisfecha en su rostro, como si mis ojos hinchados y rojos por el llanto le alimentasen ese horrible monstruo que estaba dentro de él. No podía soportar que él me viera así. Necesitaba vengarme de una forma u otra.

Lo mejor que se me vino a la mente en ese minuto de rabia irrefrenable fue comportarme como una ramera. La decisión no fue para nada aceptada por Edward, pero yo era una testaruda que necesitaba llamar la atención de sus padres —recién divorciados— de alguna forma. Para mí, esa opción resolvía todos mis problemas.

Con el tiempo, me di cuenta que no era así, pero el maldito de Alec se quedó tan tatuado en mi mente, que tuve miedo de iniciar relaciones formales unos años después.

—¿Enamorada dices? —pregunté con una sonrisa amable. Tampoco era tan hija de puta como para quitarle todas las ilusiones a mi pequeña amiga.

—Mmm… Eso creo. —Ella sonrió—. Quiero decir, él es todo lo que pudiera desear en un hombre. Es tal y como me imaginaba a mi hombre indicado. Tiene una sonrisa tan perfecta y unos ojos color miel tan cálidos. —Suspiró.

Me reí entre dientes. ¡La chica sí que había caído a los pies del hombre! Edward se moriría cuando lo supiera.

—¿Y cómo se llama? —pregunté.

—Jacob Black.

Casi se me sale una risa. ¿Jacob? ¡Tenía nombre de perro!

—Tiene nombre de perro —dijo una voz seria a mis espaldas.

Y no pude contener más mis risas. ¡Con Edward siempre pensábamos putamente igual!

—Ja, ja, miren cómo me rio —dijo Ness con sarcasmo.

Edward sonrió de lado y le dio un beso en la frente a su hermana. Ella no se pudo resistir y le devolvió la sonrisa. Sé que si Edward no estuviera totalmente sudado, Nessie se le hubiera tirado encima para darle un abrazo.

—Buenos días, Edward-Sudado-Cullen —saludé.

—Oh, hola. ¡Se me olvidó darte el abrazo de buenos días! Ven aquí, Bells. —Abrió sus brazos y dejó al descubierto todo el sudor en su camiseta que tenía bajo de éstos.

Abrí mis ojos como platos, me levanté como un resorte de mi silla y salí corriendo. Lamentablemente, el niño era más rápido que yo y me alzó en el aire.

—¡No! —chillé.

—¡Buenos días, niña-ruidosa-para-dormir! Supuse, con tooodos esos ronquidos que hiciste anoche, que dormiste bien.

—¡Mentiroso! Sabes que yo no ronco. —Fruncí mis labios y el ceño a la vez.

Él me bajó, me dio un beso en la frente y el maldito se rio de mí.

—Sí lo haces. —Finalizó la conversación—. Ahora, volviendo al tema de tu novio con nombre de perro, Ness.

Lancé un gritito de exasperación y me dirigí a la puerta de entrada, cuando el brazo de mi tonto mejor amigo me atrajo a él.

—Ya, pequeña fiera, relájate.

Me quité su brazo de encima y me quedé a un lado enfurruñada con los brazos cruzados.

—Ya, lo siento, ¿sí? —susurró Edward en mi oído.

—Bien —acepté vencida y le sonreí para que no le quedara ninguna duda que ya todo estaba olvidado. No podía durar ni un minuto enojada con él, maldita sea.

—Entonces, háblame de ese tipo con nombre de perro, Vanessa —pronunció serio con los brazos cruzados. Tuve que aguantarme las risas. Pobre chico cuando conociera a la bestia de los celos Cullen.

—Hey, ¡ya basta! Deja tranquilo a Jake.

Me reí con toda la fuerza que tenía.

—¡¿Jake?! ¿Le dices así, como al perro que tenían cuando éramos pequeños? —pregunté entre risas. Edward se me unió y comenzó a decir incoherencias sobre qué bueno sería conocerlo y mostrarle fotos del dicho perro para compararles y saber si se parecían.

—¡Ya! ¡Basta! —gritó Ness con su rostro enrojecido de furia—. No es justo que los dos se junten y confabulen contra mí.

—No confabulamos contra ti, chiquitita —informé—, sólo nos reímos del nombre de tu novio. —Me encogí de hombros y sonreí.

—No es justo, Bella, no le conoces, ¡él es un buen chico!

—Bien, más le vale que lo sea —amenazó Edward—. Ahora lo importante, ¿cuántos años tiene?

—Uhh… tiene 24 —dijo susurrando.

—¿24 dices? ¡¿24?! —gritó Edward.

Abrí mis ojos, impresionada. ¿De dónde salió este Edward celoso y demandante? ¿Dónde estaba el Edward dulce, alegre e inalterable? ¿En serio estaba gritando por cinco años de diferencia? Quiero decir, es la puta vida de Ness, a él no debería de importarle ni una mierda si sale con chicos "mayores."

—¡No puedes estar saliendo con un graduado!

—¡No se ha graduado aún! —gritó de vuelta la hermana.

—Independientemente, Vanessa Carlie, no puedes salir con un chico mayor que tú por cinco putos años. ¡Tiene mi jodida edad!

—Oye, oye, oye, Edward —interrumpí—, ¿estás hablando en serio? —Él me miró con una ceja alzada, como diciendo: "¿Tú que crees, joder?"—. ¡Son cinco malditos años de diferencia! ¡Vane tiene 19! Entiéndelo de una puta vez. Diferente sería si tuviera 17, pero ya es mayor de edad, Edward, no puedes ponerle trabas en un noviazgo, porque es su vida, suya, Edward, no tuya.

—No te metas aquí, Bella —gruñó.

—¡Eres un jodido exagerado! No logro saber cómo Kate aún te soporta. Y siento compasión por tus futuras hijas.

Edward me miró como si quisiera que miles de cuchillas vinieran de la nada y me atravesaran lentamente solamente para ver mi sufrimiento. Y yo, por mi parte, lo miré como si quisiera que una bola demoledora lo aplastara contra el muro de un edificio.

—Hey, chicos —llamó Ness—. No es por interrumpir la batalla de miradas que están teniendo aquí, pero como que es mi asunto si Jacob tiene 24 años. No me importa lo que diga ninguno de los dos, o que si tiene el nombre de nuestro perro de cuando éramos pequeños, solo me importa que es una excelente persona y que lo amo, y nadie podrá hacerme cambiar de parecer.

Al parecer, con ese pequeño discurso, Edward pudo calmarse completamente. Pude vislumbrar una pequeña mueca de comprensión en su rostro, como si él estuviera pasando exactamente lo mismo. Supongo que lo sentía con Kate.

—Okey, Vane, lo siento, tienes razón —le sonrió Edward y le dio un fuerte abrazo.

Suspiré tranquilamente y me dispuse a irme a mi hogar. Me despedí de los chicos y salí por la puerta principal. Casi me caigo corriendo por el césped para llegar a mi casa, pero logré llegar a salvo.

Cuando abrí la puerta principal de casa, mi papá estaba sentado en el sillón reclinable con el periódico en sus manos. Parecía concentrado.

—Hola, pá —saludé.

—Hey, pequeña, ¿cómo estaba Edward?

—Bien.

—Esme nos invitó a cenar —informó concentrado en el periódico.

—¡Qué bien! ¿A qué hora debemos estar en la residencia Cullen? —pregunté con un raro acento, era entre británico e italiano.

Charlie me vio con una ceja alzada y una sonrisa de diversión en los labios.

—A las 7:30, así que no hagas planes, por favor. Supongo que nos quedaremos hasta tarde.

—Okey —respondí.

Me fui a mi habitación y dispuse a bañarme. ¡Me sentía hecha un puto asco!

Antes de meterme a la ducha, llamé a Alice, Jasper y Rose —quien estaba por Denver visitando a una tía— para invitarlos a la cena que se haría en la casa de Esme. Ella siempre nos decía que podíamos invitar a quienes quisiéramos; además, Esme los conocía a todos muy bien.

.

Después de que mi rutina de limpieza hubo acabado, preparé pollo con verduras para almorzar con mi padre. Ya era el segundo almuerzo que compartía con él y sabía, por sus gestos, que había extrañado mis comidas. No era que mi padre no cocinara nada de nada, pero él prefería mil veces la comida que hacía yo a la que hacía el.

Justo cuando acabamos de almorzar, mi mamá me llamó a mi celular.

—¡Bella! —exclamó mi madre cuando contesté.

—Hola, má.

—Ayer te llamé incontables veces a tu móvil, hija, ¿dónde estabas que no contestabas? —preguntó en un tono serio.

Carajo, sabía lo que se venía, siempre era lo mismo. Siempre que utilizaba ese jodido tono era para "regañarme" —entre comillas, ya que nunca lo dejaba expresado— por mi estilo de vida. Aunque intentara por todos los putos medios de que mis padres no sospecharan lo que hacía en las fiestas a las que iba, ellos lo sabían, claro que lo hacían, no eran tontos.

—Salí con Rose, mamá —respondí.

—Sí, okey, eso suena bastante convincente, Isabella —me dijo en un tono irónico—. Sólo te diré que te cuides, ¿bien?

—¡Mamá! Ya —la corté—. No quiero hablar del tema. Sólo te diré que Rose te envió bastantes saludos anoche.

—Bien. Supongo que al menos leíste mi mensaje.

—Sí, má… Edward quería saber si…

—Sí, está invitado, obviamente —me interrumpió—. Él ya me dijo que vendría, así que supongo que tú también lo harás —dijo alegre.

Suspiré.

—Ese es el plan —respondí más relajada—. Creo que estaremos un par de semanas aquí en Denver y luego partiremos a Jacksonville.

Mi madre se había cambiado a Jacksonville a principios de este año. Ella amaba el calor, así que era un lugar perfecto para ella.

—Está bien, cariño. Sólo avísame cuando tengas el horario del vuelo para que yo los vaya a buscar al aeropuerto, ¿sí?

—Tenlo por seguro.

Luego de unas palabras más, mi madre se despidió y colgamos.

La cena con los Cullen comenzaba en unas cuantas horas más, así que decidí ir antes para ayudar a Esme en lo que pudiera.

Fui a mi cuarto, y buscando entre la ropa que traje en mi gigantesca maleta —de verdad era gigante, nada de sarcasmo por aquí—, decidí utilizar un vestido corto. Era azul, con encaje blanco en la parte del pecho. Era ajustado hasta la cintura y luego era suelto hasta arriba de las rodillas. Elegí unos tacones altos color crema, y finalmente, mi pelo lo dejé suelto y en ondas. La razón de por qué iba tan "elegante" era porque todas las cenas que organizaban los Cullen al principio del verano, cuando todos estábamos en Denver, eran semi-formales.

Salí de mi habitación poniéndome los tacones a trompicones, dirigiéndome a la puerta de entrada.

—Hey, hey, hey, jovencita, alto ahí —exclamó Charlie.

Lo miré fijamente y con las cejas alzadas una vez que estuve completamente derecha sobre mis zapatos.

—¿Adónde vas tan arreglada? —preguntó con una mirada severa.

—Donde los Cullen, papá. Iré a ayudar a Esme con la cena. Al fin y al cabo, vienen todos, y cuando digo todos, eso incluye a Emmett, sabes que hay un montón de comida por preparar.

—Oh, bien, lo siento. Dile a Esme que llevaré un vino de la reserva.

Oh, sí, mi padre, un policía retirado hace un par de años, coleccionaba vinos desde que se casó con mi madre, hace más de veinte años. La verdad es que tenía una gran variedad, y Carlisle cada vez la aumentaba con una o dos botellas más cuando iba a las conferencias de médicos en los distintos estados del país.

Después de despedirme de papá me fui tranquilamente a la casa de al lado.

Esme me abrió la puerta con una sonrisa y un delantal con tres pares de manitos pintadas en él. Sonreí por verlo impecable y sin ningún daño. Esme siempre decía que era uno de sus mayores tesoros, ya que lo habíamos hecho Edward, Ness y yo cuando éramos pequeños. En el delantal salían nuestras manos con nuestros respectivos nombres arriba de ellas. Y cerrábamos la "obra de arte" con un «Te amamos.»

—¡Bella, cariño! —Me saludó, dándome un gran y apretado abrazo—. ¿Qué haces aquí, cielo?

—Quise venir a ayudarte un poco. Supe que venía Emmett, así que…

Luego de que Esme me agradeciera y yo le dijera que Charlie traía el alcohol, nos dirigimos ambas a la enorme y hermosa cocina de Esme.

—¿Y Edward? —pregunté al no verlo merodeando por ahí, buscando qué comer.

—Está en su habitación hablando con Kate.

Asentí con la cabeza y me puse el delantal que Esme me ofrecía.

Kate Lockwood era la actual novia de Edward. Era bastante simpática; la chica que mi mejor amigo merecía, porque, ¡rayos!, ella era jodidamente dulce. Si es que no hubiera tenido que correr a cuidar a su abuela que estaba enferma, seguramente nos hubiéramos hecho buenas amigas, ya que pasaba la mayoría del jodido tiempo en nuestro departamento; ya se imaginarán para qué…

Esme estaba haciendo carne asada al horno, así que para acompañar decidimos un puré de papas, y verduras salteadas; además de varias ensaladas que Edward haría.

Faltaba media hora para que la carne estuviera lista (y para que la cena comenzara) cuando llegó Emmett, el tío-muy-joven de Edward. Emmett Cullen era hijo del segundo matrimonio del papá de Carlisle —Edward—. Eso los hacía sólo medios hermanos, pero ellos se trataban como si lo fueran completamente. Emmett tenía sólo 27 años.

—¡Hola, Chocolate! —exclamó cuando entró a la cocina y me vio junto a Esme.

—Hola, tío Emm —lo molesté de vuelta.

Me entrecerró los ojos reprobatoriamente y luego me abrazó como sólo él lo sabe hacer: rompiéndome todos los putos huesos.

—¿Dónde está tu menta, eh, Chocolate? —preguntó cuando ya me puso sobre mis pies.

—Está hablando con su novia. —Me encogí de hombros. Emmett saludó a su cuñada, Esme, con un beso en la mejilla.

Él jadeó dramáticamente con una mano en su corazón.

—Eso es imposible, Chocolate. Sabes que el relleno de menta no puede estar separado de su chocolate.

—Bueno, eso díselo a él.

—Y me tendrá que escuchar, Chocolate, como el tío que soy.

Todo el tema de "chocolate y su relleno de menta" era como Emmett se refería a Edward y a mí. Era una simple cosa sobre los colores de nuestro ojos —yo los tenía del color del chocolate y Edward del color de la menta—. En un principio sólo lo decía por separado, pero como luego se dio cuenta que pasábamos todo el jodido tiempo juntos, que decidió llamarnos «Chocolate Menta» cuando nos veía juntos, y cuando no lo estábamos, simplemente nos reprendía y comenzaba a despotricar que su genialidad de apodo no funcionaba así.

De a poco, fueron llegando los invitados: Rose, Jasper, Carmen —la abuela de Edward—, Alice, Carlisle y Charlie. Rose, Jasper y Alice siempre estaban incluidos en las reuniones "familiares Cullen-Swan" simplemente porque Jasper era mi primo y Alice y Rose ya eran de la familia. Esme les había tomado mucho cariño a todos.
Nos sentamos todos en la mesa, unos diez minutos después que todos llegaran, y de a poco comenzamos a conversar de variados temas, la universidad, Nueva York, Chicago, y el más temido por mí: matrimonio.

—Y díganme, Chocolate Menta, ¿cuándo tendremos la boda? —Emmett preguntó, haciendo que reinara un enorme silencio en la mesa.

Lo miré seriamente y sacudí la cabeza, comenzando a molestarme. No le di importancia y seguí comiendo la putamente deliciosa comida que preparamos con Esme hace algunas horas.

Supuse que nadie iba a seguir lanzando esos putos comentarios de mierda que nos comprometían a mí y a Edward como una pareja enamorada cuando Carlisle preguntó sobre la universidad a Alice, pero mi querido primo —sip, sarcasmo puro— siguió el jueguito de Emmett:

—Emmett tiene razón, Bell, supongo que se la pasan bastante bien en el departamento en Nueva York ustedes solos —dijo con voz contenida para no soltar la carcajada.

Suspiré y no hice caso, tratando de concentrarme en lo que Alice estaba contando, reanudando lo que Jasper había cortado.

—Si se quedaron callados, Chocolate Menta —dijo Emmett en un tono más alto, haciendo que todos se le quedaran mirando—, supondré que Jasper tiene razón. Sólo espero que no traigan un bebé al mundo muy pronto. —Movió las cejas.

—¡Oh, no! —exclamó Charlie—. Edward sabe muy bien que deben casarse primero, ¿cierto, yerno?

Edward a mi derecha se aclaró la garganta y miró a su plato a medio comer. Su postura era tensa, al igual que la mía. Creo que como nos quedamos callados, sin protestar nada, los presentes supusieron que sus jodidos comentarios no nos molestaban y siguieron:

—Oh, claro que Edward propondrá matrimonio antes de tener hijos, se le ha criado como un caballero —aportó Carmen.

—¡¿Imaginas los bebés de Bella y Edward, Allie?! —exclamó Rose emocionada a mi izquierda.

—¡Apuesto que serán hermosos! —respondió.

—Retiren lo que dije —agregó Carmen—. Edward, cariño, ¿podrían ya ponerse a hacer bebés? Estoy ansiosa por ser bisabuela.

—¡Quiero sobrinitos! —exclamó Ness dando aplausos pequeños.

A estas alturas, estaba respirando pesado y mi uñas se enterraban en mi palma.

—Sí, sí, todos estamos muy ansiosos por los bebés de Chocolate Menta —dijo Emmett—. Así que, yo sólo diré que espero la invitación a la boda pron…

Y exploté.

—¡¿Pueden parar?! —grité, parándome de mi silla. Creo que más de alguno saltó por mi grito—. ¿No pueden entender acaso que no estamos enamorados? Edward no me ama a mí, y yo no lo amo a él. Y si por si se lo preguntaban, no nos enamoraremos en un futuro, ni próximo, ni lejano, eso nunca pasará. No habrá matrimonio, no habrá bebés, en ningún… puto… orden.

»Lo siento si rompimos sus esperanzas de un próximo matrimonio, sobrinos, nietos o bisnietos. Simplemente entiendan de una maldita jodida vez que Edward y yo no somos compatibles, no de esa forma. Él es mi hermano, no tengo otra forma de verlo.

En todo mi pequeño monólogo, mi voz cambiaba a cada vez más alto en las partes de los negativos para resaltarlos, y no había ninguna mosca volando.

—Permiso —dije con la respiración agitada.

Salí de la casa Cullen, no sin antes tomar mi chaqueta de cuero del sillón, la cual me había traído Charlie cuando había llegado.

Hola! n.n Espero que hayan disfrutado el capi. Las cosas se pusieron un poco tensas, pero nada que no se pueda arreglar :)

Solo quiero hacer una aclaración: La historia ya empieza con algo muy cliché, con lo de la amistad y que uno esté enamorado del otro, además de que Bella empezó con su "vida libertina" por una desilusión amorosa, así que el resto de la historia no va a serlo demasiado, con el tiempo sabrán a lo que me refiero ;)

Díganme lo que opinan de los nuevos personajes que se van viendo :) Jake aparecerá, pero no será un problema :3 "Muchas, muchas gracias por comentar, dar favorito y alerta a la historia :D De verdad me alegro cada vez que me dicen que les gusta :)

Un beso y un abrazo n.n

Saludos desde Chile ;)

Lizzie

PD: Espero que todas las chicas que viven en Chile también, estén muy bien :* Fuerza! Y Felices Fiestas Patrias! (A todas las que las hayan tenido en estos días)