Molly
- Y así se fabrican las mentiras - susurró John, mirando intensamente a Sherlock.
- Así, querido doctor Watson – contestó Mycroft -, se protege a las personas que esperan que quienes tenemos algo de poder, nos aseguremos de que el mundo parezca un lugar un poco más seguro. A veces eso sólo podemos hacerlo ocultando el verdadero peligro mientras lo combatimos, otras modificando la verdad. La mayoría de las veces se hace tomando decisiones con las que tenemos que vivir aunque vayan en contra de todo aquello en lo que creemos.
- ¿Qué hay del personal? La mayoría estaba a las órdenes de Eurus –. Lestrade parecía haber recobrado la voz, hojeando el contenido del dossier sin profundizar en nada concreto.
- Han sido reemplazados, incluso los limpiadores. Se están rastreando sus antecedentes para llegar a todos los que han tenido cualquier tipo de contacto con la red de Moriarty, aunque sea en la escuela infantil. El resto que ha sido influenciado por Eurus, será evaluado y tratado en centros especializados para que puedan volver a su vida con las menos secuelas posibles de los desafortunados acontecimientos. Las precauciones adicionales que se tomarán con respecto a mi hermana, evitarán que nadie pueda estar expuesto a ella durante más de un minuto y nunca sin la estricta supervisión audiovisual de personal cualificado.
- O sea que la aislarás aún más – susurró Sherlock. Torció los labios, removiéndose inquieto -. ¿No has pensado que la causa de lo que ha hecho es, precisamente, por estar aislada? La habéis apartado tanto del mundo que para ella ha dejado de ser real.
- Ha matado a más personas de las que imaginas, Sherlock. ¡Víctor fue para ella sólo un juego para llamar tu atención y sólo tenía seis años! Estaba celosa y lo hizo desaparecer de una forma cruel y nada infantil. Cuando eso no le dio lo que quería te puso el siguiente en la lista... su balanza del bien y del mal no existe, no tiene remordimientos, no se comunica como una persona normal.
- Yo hablé con ella en varias ocasiones.
- ¡Mientras fingía ser otra persona, John! Construyó un personaje para acercarse a ti y conseguir un objetivo. La persona con la que trataste no era realmente ella.
- Quiero tener acceso a Eurus – los tres pares de ojos se volvieron a Sherlock con asombro.
- No estás hablando en serio -dijo John, arrugando el ceño.
- ¿Por qué no? De algún modo ha conectado conmigo, en su juego, su obsesión o lo que sea. Si puedo llegar a ella, quiero hacerlo. Hay infinitas posibilidades para estudiar...
- ¡No es uno de tus malditos experimentos! – cortó John, levantándose con el rostro contraído por la frustración – Esto no es mirar por un microscopio y desechar el resultado si no es el que buscas. ¡Ha muerto gente! ¡La probabilidad de que vuelva a ocurrir es grande! ¡Y tú quieres sentarte con ella! ¿A qué? ¿A contaros vuestras experiencias con Moriarty? ¿O se trata de probar quién de los dos es más antisocial?
- John...
- ¡NO, Sherlock! Casi me ahogo en un maldito pozo por su culpa, me pediste que le volara la cabeza a un hombre porque lo exigía ella, y te he visto a punto de morir por su jodido juego -. Se detuvo a tomar aire e intentar tranquilizarse, el rostro enrojecido y los puños apretados -. Para mí Eurus ha terminado – siseó -, no quiero saber nada más de esto... y si fueras inteligente, tú tampoco querrías -. Cogió el dossier que estaba frente a él – Me voy a casa -. Y sin despedirse, salió de la sala dejando a los tres hombres en un tenso silencio.
- Dale un respiro - Greg puso una mano sobre el hombro de Sherlock, sentado a su lado -. Cuando descanse y todo vuelva a ser relativamente normal, te escuchará.
- No me preocupa lo que John vaya a pensar. Está enfadado por lo ocurrido y en parte tiene razón. Pero con el tiempo entenderá -. Los ojos de Sherlock se centraron en su hermano que tampoco había tomado bien la petición de Sherlock -. Quiero tener acceso a mi hermana, y antes de eso quiero hablar con nuestros padres para que me cuenten todo lo que no recuerdo.
- No sabes lo que me estás pidiendo Sherlock. Tendré que decirles...
- ¿Qué les mentiste? Supongo que sí. Pero se lo dices tú o se lo digo yo.
Estaba sentado en el banco más alejado de la zona infantil del parque. Faltaban más de veinte minutos para que pudiese recoger a Rossie de la guardería. Si algo quería mantener, eran las rutinas de su hija, bastante tenía con haber estado alejada de su casa durante los primeros días en los que faltó su madre. Cuando parecía que habían conseguido algo de estabilidad, el incidente con Euros la alejó de él durante cuatro días. Estaba ansioso por verla, echaba de menos su olor, los escasos balbuceos y risas de su pequeña. Lo ocurrido en Sherrinford iba a pasar más factura de la que había esperado en un principio, pues pasadas las horas parecía sentir con más fuerza cada sensación experimentada en aquella isla.
El teléfono vibró en el bolsillo de su chaqueta, comprobando que era Sherlock antes de rechazar la llamada. En los último diez minutos lo había hecho cinco veces y se estaba planteando apagarlo.
El mensaje llegó de forma instantánea, sin necesidad de mirar quien lo enviada para saberlo. Decidió ignorarlo, al igual que los siguientes, hasta que tuvo que levantarse para acercarse definitivamente a la guardería. Sabía que su actitud con Sherlock quizá no era la adecuada, pero aún necesitaba tiempo. Al repasar los mensajes una sonrisa curvó sus labios sin poder evitarlo.
16:42
He hablado con Molly. SH
16:42
No he salido ileso. SH
16:43
Deberías haberme acompañado. Lestrade no ha sido de ayuda. SH
16:44
Por favor contesta. SH
16:46
Estás siendo muy obstinado. SH
16:49
Al menos dime que estás bien. SH
Se compadeció un poco de su amigo. Desde que se habían reconciliado nunca había dejado de cogerle el teléfono o contestar a sus mensajes por muy ocupado que estuviese.
16:53
Estoy bien. JW
16:55
Recogiendo a Rossie. Hablamos después. JW
16:56
¿Puedo pasar a verla? SH
Era una excusa, John lo sabía. No dudaba de que Sherlock quisiese ver Rossie después de días desde su última visita a Baker Street, pero esta vez la usaba para acercarse a él. No iba a negar que le producía cierta sensación agradable, aunque no estaría de más hacerlo sufrir un poco.
17:06
Trae cena, la nevera está vacía. JW
17:07
Estaré en 1 hora. SH
Era una mentira decirle a Sherlock que la nevera estaba vacía ya que después de dejar las oficinas de Mycroft, había dedicado la mañana a hacer las compras y ponerse al día con quienes habían cuidado de Rossie esos días, en un intento de volver a una normalidad que le diera algo de paz. Tras un almuerzo algo apresurado, se había dedicado a leer el dossier que el mayor de los hermanos Holmes había preparado para él, plagado de medias verdades y manipulaciones de los hechos para hacerlos coincidir con la versión que a grandes rasgos les había brindado. Las fotos del hermano de James Moriarty dejaban a las claras que el parecido entre ellos era sorprendente, sólo el estilo de ropas que usaba el jefe de estación lo distinguía de James, además del extremo cuidado por su aspecto que había mostrado este último. Por lo demás, cualquiera que viese al tal Jefferson creería sin dudarlo que estaba ante el mismísimo James Moriarty resucitado. De la participación que tanto Mycroft, Sherlock y él mismo habían tenido en los acontecimientos de Sherrinford, no había mención alguna, y sólo se justificaba la presencia de Mycroft como coordinador de la fuerza de asalto que liberó la prisión.
Una vez terminado de leerlo, lo había apartado con el amargo sabor de verse atrapado en un juego manejado por Mycroft y del que difícilmente podría escapar a corto plazo. Abandonó su apartamento y pasó las dos horas siguientes en el parque, sentado mirando desde lejos a los niños jugar mientras que sus pensamientos daban vueltas, una y otra vez, sobre la situación en la que se encontraba. La única constante que aparecía en sus dudas era Sherlock y el modo en que una vez más estaba poniendo su vida patas arriba. Esa mañana, en las oficinas de Mycroft, se había dado cuenta de que estar cerca de él podía poner en peligro la vida de su hija.
La acogida de Rossie estuvo llena de risas y besos por parte de John. No se había dado cuenta de cuanto la necesitaba hasta que por fin la tuvo en brazos. Cuando llegaron a casa le dio un baño y esperó jugando con ella a que llegara Sherlock antes de darle la cena y prepararla para dormir. El invitado llegó puntual y John salió a recibirlo con Rossie en los brazos. La sonrisa sincera que adornó el rostro del detective al ver a la pequeña, disipó en gran medida el enfado de John, que se apartó para dejarlo entrar.
- He traído China.
- Está bien. Ponte cómodo, voy a preparar la cena de Rossie -. Ésta dio un grito, reclamando la atención de su padrino, que parecía no saber qué hacer con las manos y la comida que traía -. Deja eso en la cocina - indicó John, apiadándose de él -, quítate el abrigo y hazte cargo de Rossie, mientras preparo su papilla.
Con rapidez, Sherlock hizo lo que le pedían, tendiendo los brazos a la pequeña que se echó a ellos sin reservas. Sherlock la recibió, dejando un beso en su cabeza y en sus mejillas.
- Hola Watson. Tengo algo para ti.
- Nada de experimentos, Sherlock.
- Es sólo música, John.
Y diciendo esto se acomodó en el sofá, sacando su móvil para buscar las pistas de música. En pocos segundos comenzó a sonar una de las melodías que Sherlock solía tocar para Rossie en las visitas que hacía a Baker Street, de notas limpias y alegres, mientras que ella probaba la resistencia del cabello de su padrino y la infinita paciencia que sólo tenía para ella. John, desde la cocina, observaba conteniendo apenas el aliento. ¿Quién tenía el privilegio de ver a Sherlock Holmes comportarse como una persona afectuosa, aparte de él o la señora Hudson? ¿Cuándo había ocurrido ese cambio del que tan pocos era testigos? ¿Podía ser que esa petición que hizo esa misma mañana de tener acceso a su recién descubierta hermana fuera algo más que el deseo de enfrentase a otro enigma? Con un suspiro resignado aparto la vista para volver a la cocina, consciente de que debía enfrentar los cambios que se avecinaban, y de una forma u otra Sherlock formaba parte de ellos.
Cuando John bajó de la habitación de Rossie, Sherlock de había ocupado de poner en platos la comida de los cartones y calentarla, poniéndolos en la mesa de la cocina. Había sacado una botella de vino de la nevera que estaba a medias, buscando dos copas en las que servirlos.
- Creí que tenías la nevera vacía – dijo, tendiéndole una de la copas a John, levantando apenas la esquina de sus labios en un atisbo de sonrisa.
- No tenía ganas de cocinar.
Sherlock se acercó despacio, tentativo, invadiendo el espacio personal de John sin romper el contacto visual entre ellos. Sabía que algo había cambiado en las últimas horas, que John estaba dándole vueltas a algo que dos días atrás no estaba allí, y temía que los pequeños avances en su relación no llegaran a ningún sitio. Hacía mucho se había resignado a no pasar al plano físico los sentimientos que había admitido por su compañero de piso en los años que pasó en Europa, pero John los había alentado. Le había confesado que, de no ser por Mary, tras su regreso quizá habrían podido tener algo más que amistad, y estaban milagrosamente en el camino... hasta Sherrinford. Ahora, Sherlock sentía como si se le estuviese escapando de las manos, y esa pequeña burbuja de calma y entendimiento a la que habían llegado, parecía a punto de explotar si no daba el paso correcto. El pequeño beso que habían compartido de madrugada había sido más consuelo que otra cosa, y eso era algo que Sherlock no quería. Él quería a John, con su fuerza, su lealtad, sus enfados, sus regaños, sus dudas, sus miedos... Él quería a John como parte esencial de su vida, y quería a Rossie en ella porque era parte de John y todo lo bueno que quedaba de Mary, a quien echaba de menos a pesar de todo.
Sus ojos se fijaron en los labios de su amigo, inhalando apenas al levantarlos de nuevo esperando permiso para acercarse. Tras largos segundos de silencio, fue John el que carraspeó, rompiendo el contacto y apartándose en dirección a la mesa.
- Vamos a cenar – murmuró sin querer ver la expresión de decepción en su amigo -. Estoy seguro que no has comido nada desde el desayuno. Cuéntame que pasó con Molly - se sentó a la mesa, viendo como Sherlock de dejaba caer en la silla frente a él con desgana -, ¿qué es eso de que no saliste ileso?
Comenzaron a comer obviando el momento pasado y el detective volvió a su tono habitual.
- Mycroft envió un equipo a la casa de Molly para rastrear los dispositivos de vigilancia que puso Euros y buscar si realmente había explosivos. Tal como hace las cosas mi hermano, esperó a que ella comenzase su turno en Bart's para que el equipo invadiese su apartamento, esperando que no llegase a enterarse de que habían pasado por allí y ahorrarse explicaciones y ocasionales amenazas para que guardase silencio al respecto. Lestrade debió perderse el momento en que Mycroft hablaba de la necesidad de ser discreto con esa información, porque lo único que se le ocurrió decir para calmarla cuando me vio aparecer por la morgue, era que no había sido un caso el motivo para la llamada que recibió, sino un juego donde su piso saltaría por los aires igual que el nuestro. Al mencionar la palabra "juego" dejó de gritar y dejó claro que no me quería allí, abofeteándome. Todavía no entiendo como tiene esa fuerza con esa complexión tan frágil.
- Tú eres un ejemplo - soltó John, observando medio divertido como Sherlock se acariciaba la mejilla, sin duda dolorida aún. No era la primera vez que Molly expresaba su parecer con respecto a Sherlock con algo más contundente que las palabras -. Tú pareces vivir del aire y, sin embargo, tienes más energía y fuerza de la que parece. ¿Cómo lograste que te perdonara?
- ¿Quien dice que me ha perdonado? - soltó un bufido de incomprensión -. No quiere verme en su tuno en la morgue, no quiere que la llame y, si alguna vez está en peligro de muerte y soy la única persona que puede evitarlo, debo encargar flores porque prefiere que la próxima vez que la vea, haya dos metros de tierra entre ella y yo.
- ¡Dios, sí que está dolida!
- Tendré que alejarme del laboratorio durante unas semanas. No la llamaré ni la molestaré...
- Eso tengo que verlo – dijo, sonriendo y llenado de nuevo las copas que casi habían terminado -. Te entrará el aburrimiento y buscarás para hacer experimentos. Tendrás que ser muy cuidadoso si no quieres enfadarla más.
- Lestrade ya me deja ir a las escenas del crimen. Molly aprovechó que estábamos allí para darle el informe del estado de mis adicciones. Así que podré buscar una alternativa. Además está Baker Street, hay que hacer reparaciones.
- ¿De dónde saldrá el dinero? El seguro no cubre los gastos por explosión y sería injusto que la señora Hudson estuviese fuera de su casa por mucho tiempo, al igual que tú.
- Mycroft se hará cargo, ya que ha sido cosa de nuestra hermana...
Un nuevo silencio se instaló entre ellos, parecía que la mención de Eurus era suficiente para que volviese la incomodidad.
- ¿Dónde te quedarás esta noche? - el tono de la pregunta de John era casual, pero Sherlock detectó el nerviosismo de su amigo, sin identificar qué respuesta era la que esperaba.
- Lestrade me ha ofrecido su casa, el sofá para más señas, y Mycroft quiere que ocupe la habitación de invitados de la suya hasta que el apartamento esté habitable.
- Puedes quedarte aquí de nuevo.
- No hay habitación de invitados y el sofá no es apto para dormir en él -. La mirada volvió a quedarse clavada en los ojos de John -, y no creo... que me estés invitando a compartir tu cama.
- No sería la primera vez -. Lo había dicho en un tono más bajo del que había utilizado hasta ahora, como si fuese un secreto entre ellos -. Además - cambió el tono, levantándose para retirar los platos de la mesa -, llevamos cuarenta horas sin dormir. No estás en ningún caso y debes descansar después de la tensión de estos dos días. Mañana podremos afrontar los cambios ahora que la familia ha crecido.
