Música del capitulo - "From lowering skies" - Moonspell.
Nota— Y tras como 3 semanas al fin puedo actualizar. Estoy feliz con el resultado del capitulo. En el momento en que decidí cortarlo, me sentí mal, porque las cosas se les dieron muy fácil, así que les puse un par de baches a nuestros pequeños conejos y de paso me di el lujo de mostrar las habilidades de la mayoría. Vale pues, Agradezco infinitamente sus comentarios, los he respondido vía mensaje. Así que bueno, sigamos con esto.
Sacro culto
II.- "From lowering skies"
I
Habían pasado por tres salones sin mucho éxito. Ese lugar era enorme, bajaron escaleras y recorrieron varios pasillos, dieron vueltas e incluso creyeron pasar por el mismo lugar más de dos veces. Ryuuji no dejaba de quejarse de que estaba muy cansado, pero era ignorado por el resto. En la mente el pelirrojo la frase "Conejo, conejo, conejo" pasaba una y otra vez, mientras salivaba y sonreía. Osamu pasó la mayor parte del tiempo callado.
—¡Esperen!— Ryuuji paró en seco y viró su vista a un pasillo que ya habían recorrido.
—¡Ya fuimos por ese camino y no es!
—¡No, no!— negó rápidamente encaminando sus pasos al corredor—¡Mr. Bunny death!— exclamó mientras sus ojos se iluminaba—. Viene hacía acá, lo puedo escuchar—corrió dejando atrás a su grupo.
—¡Espera, no vayas!— le gritó Grand sin poder hacer nada. Chasqueo la lengua—bueno, da igual— siguió andando y Burn le siguió de cerca. Saginuma había ido por Ryuuji.
Fue fácil seguir sus pasos, el aroma que despedía era demasiado particular. No tardó en dar con él, y le miró forcejando con un niño de cabello lavanda. Entre ellos se gruñían y se jalaba el cabello, maldiciéndose y peleando por la custodia del pequeño objeto.
Se abalanzó sobre el chiquillo de uniforme cuando le vio sacar de sus ropas una daga, con la intención de atacar al dueño legitimo del conejo. Lo levantó con un solo brazo y le aventó varios metros estrellándolo contra la pared. Ryuuji sostuvo a su pequeño conejo y le sonrió a Osamu.
—¡Gracias! Me has vuelto a salvar.
—La próxima vez, no te despegues del grupo— ofreció su mano para ponerle de pie.
—¡GUARDIAS!— Gritó el niño con todos sus pulmones Y ambos le miraron con asombro. Sin dudarlos dos veces. Osamu se acercó a él, tomándolo de la cabeza y acercándolo a su rostro— ¡Bájame ahora o verás!— ordenó pataleando.
—¡Anda! Quiero que lo intentes— apretó su cabeza, y este chilló como rata atrapada en una ratonera.
—¡Dinos por dónde es la salida!
—¡No!— agarró con sus dos manitas el gran brazo de Osamu, inútilmente.
—Te romperé el cráneo.
—¡No me importa!— lloriqueó. Sintió la presión y el truene en su cabeza. Ese sujeto lo iba a matar. Sus ojos se humedecieron y las lágrimas escaparon de estos, apretó sus dientes y logró susurrar un "de acuerdo" Le tomó por el cuello y lo aferró a su cuerpo, apresándolo en un abrazo.
—Bien ¿Por dónde?— y el pequeño sólo señalo la dirección contraría por la que venían en primer lugar. Ambas miradas se cruzaron y corrieron en la dirección indicada.
II
—¡Lo lograré, lo lograré!— se decía con entusiasmo al ver que la partida le favorecía. —La Diosa de la fortuna me sonríe— frotó sus manos, saboreando su triunfo.
La puerta se abrió de golpe, dando paso a algunos guardias, quienes entraron a toda prisa, sin dar previo saludo. Los generales les vieron desconcertados.
—¡Señor, señor Kidou!— gritó aterrado buscando con la mirada al de rastas— ¡Han derrotado a Atsuya! ¡Los vampiros lo han acabado!
—¡¿Qué!?— Sakuma tiró la taza en la que bebía. Y Genda apartó los ojos de su libro. Mientras que el de larga capa no despego la mirada del tablero—¡Yuuto!— llamó el demonio moreno, aterrado.
—Ya escuche— analizó su siguiente movimiento—, llamen a los cabos para que se hagan cargo de ellos.
—¡Ya han exterminado a todos los cabos, los quemaron vivos!— elevó la mirada.
—¿Qué hay de los guardias del segundo piso?
—Decapitados.
—¿Y los perros de seguridad?
—También a todos.
—Ya veo— se puso de pie, dejando la partida inconclusa para desgracia de su rival—. Genda, Sakuma, andando.
Ambos asintieron siguiendo al de rastas.
III
Bajaron las escaleras hasta llegar al primer piso, podía oler el aroma de las pequeñas Moonlilis floreciendo a inicios de marzo. El hedor de la laguna, el lodo alrededor y el pasto recién cortado. Se sonrió al sentir el aroma de la libertad.
—¡Ya lo puedo ver!— exclamó Burn acelerando el paso.
—¡Rápido!
—¡Mierda, espera!— Gazell haló la chaqueta del pelirrojo, tratando de detener el trote— ¡No avancen!
Pararon el seco, al momento de ver las cadenas en el piso. Tan cerca de la puerta principal. Un largo corredor, alfombrado, decorado bellamente por gárgolas y candelabros. Calculó unos 15 metros de distancia, y viró su ojos a la parte superior, pudiendo observar pequeños balcones de dónde guardias les observaban con espadas y lanzas en sus manos. Gruñó por lo bajo.
—Fin del camino— se escuchó resonar en todo el corredor. Del centro de este, se abrió un charco de oscuridad y emergió una alta figura, cubierta completamente con una capa negra, de la que salían cadenas, las cuales se acomodaban de tal forma que parecían serpientes listas para atacar, imitando incluso el vibrar de estas.
Sus ojos se paralizando en una silenciosa confrontación. El castaño ladeo sus labios, en una mueca de descaro, al tiempo que sus ojos verdes les escudriñaban. Ambos pelirrojos retrocedieron un par de pasos.
—Soy Fudou, uno de los diez generales supremos— se presentó en modo mecánico, sonando a una rutina que le obligaban a hacer día a día.
—Mierda…— susurró el Burn. El vampiro en su espalda se aferró se aferró más a él—. Sostente fuerte, voy a sacar lo que me queda de comida—le dijo en voz quedita. Moviendo el brazo de manera cautelosa, acercó su brazo a los bolsillos en sus caderas y sacó un pedazo de carne, lo llevó a su boca y lo mordió rápidamente.
—No va a ser fácil— dijo Grand mirándole de reojo— ¿Crees poder con este sujeto?
—¡Seguro!— le miró con toda la confianza—. Puedo con ese sujeto, incluso con piernas largas en mi espalda.
—Me sorprende que hayan llegado hasta aquí. Son las primeras aberraciones que sobreviven a Atsuya— llamó su atención—, pero su juego ha terminado.
—No es por nada grandote. Pero si quieres vivir para contarlo, te recomiendo que te quites de mi camino— mostró sus colmillos. A lo que el castaño río por lo bajo—. No le encuentro lo gracioso a la situación.
—Lo cierto es…— elevó la mirada, encarándolos— que encuentro divertido el hecho de que tras cien años, por fin tendré una pelea de verdad ¡Vamos!— exclamó— les daré la ventaja. Tres contra uno.
—Maldito…— mustió Grand apretando los puños— se está burlando de nosotros y eso no lo tolero…— le miró de pies a cabeza, tratando de encontrar algún desperfecto en su formación. De cierta forma; no sabía el método de ataque de aquel sujeto. Las cadenas en el piso podían ser bien, una formación defensiva, que sólo le ayudara a contrarrestar ataques. Por otro lado, existía la posibilidad de que, en conjunto aquellos eslabones conformaran su formación ofensiva. Mordió su lengua y miró alrededor. Debía existir un punto frágil en algún lugar. Sus ojos se detuvieron en los demonios que le observaban con cautela. Y sonrió para sí. En sus manos, yacían las armas perfectas para él—. Oye… Burn— susurró llamando la atención del otro pelirrojo—, necesito llegar allá arriba— señaló con su cabeza— ¿Crees poder lazarme?
El aludido escaneó la situación con cautela, miró por encima de ellos y calculó la fuerza necesaria, tomando en cuenta el cuerpo que tenía a sus espaldas.
—Seguro…— respondió— ¿Qué tienes en mente?
—Sólo hazme llegar hasta allá. Del resto me encargo yo. Protege a Gazell hasta que vuelva a bajar— miró al frente
—En verdad, hombre ¿Qué planeas?
—¿Y bien? —Fuduo elevó una ceja, se estaba desesperando.
—Está bien, mira— se acercó un poco más a él. Juntó sus manos entrelazando sus dedos—, cuando yo te diga, te apoyas aquí y saltas. Yo te daré el impulso.
—De acuerdo— miró de reojo al castaño.
Fuduo escudriñó la situación con el cuidado que lo requería; bostezó demostrando su desidia, rolando los ojos, molesto. Su misión era llevarlos con vida, pero lo que quería era acabar con ellos, en ese momento, finalizar el asunto e ir a dormir. Miró como el pelirrojo bajito entrelazaba sus dedos, planeaba algo. Agudizó la mirada.
—¡Ahora!— gritó y en automático dio un par de pasos, pisando las manos de Burn para dar un salto, tembló un poco al sentir el impulso y su cuerpo se elevó por encima de ellos. Llegó hasta el balcón y se aferró del mismo, sorprendiendo a un par de guardias quienes retrocedieron asustados.
—¡Qué diablos!— las cadenas reaccionaron ante la sorpresa de su dueño— ¿Qué demonios hace?— abandonaron el piso y se dirigieron hacia la parte superior del lugar— ¡No puedes escapar!
— ¡Y tú no puedes escapar de mí!— exclamó Burn soltando un zarpazo en llamas por el frente del general. Las cadenas le impidieron asestar el golpe. Gruñó dando un par de saltos hacia atrás—, estúpidas cadenas.
—No van escapar— repitió entre dientes. Su preocupación principal se encontraba encima de él y no podía alcanzarle. Bufó con enfado, y decidió dar fin con ese molesto par de aberraciones. Dejó de lado su idea de atacar a Grand y concentró su atención al frente.
Lanzó cuatro cadenas qué rápidamente fueron sostenidas por Burn, dos en cada mano. Las enrollo alrededor de sus extremidades y prendió fuego, como una mecha se encendieron directo al de capa larga. Los eslabones de la cadena se rompieron antes de llegar a él. Cayeron estruendosamente al piso y el pelirrojo trató de soltarlas de sus manos, pero estaban completamente aferradas a sus muñecas, las sacudió molesto varias veces.
—¡Maldita sea!— gruñó.
—Buen intento— dijo Fudou. El sonido de un chaqueo se escuchó de entre sus ropas. Y no tuvo tiempo de reaccionar ya que sus brazos estaban siendo jalados de lado a lado por los pedazos de cadena. Se escuchó el crujir del metal. Y la risa de aquel individuo—, quizás también deba arrancarte los brazos como lo hiciste con Atsuya.
Apretó los dientes, haciendo fuerza, tratando de jalar las cadenas hacia sí; para oponer resistencia. Pero éstas le halaban de tal forma que el cuerpo colgado a sus espaldas comenzaba a estorbarle.
—Maldito Grand ¿Dónde está?— susurró Gazell buscándolo con la mirada.
IV
Posó sus ojos verdes en los enemigos que tenían ante él, contó: 58 en total. En sus manos, tenía una lanza que había arrebatado a uno de los demonios. La giró con su mano derecha, esquivando varios golpes de los guardias. Desarmó a una parte, mientras que, entre más podía la clavaba en los cuerpos para matarles y abrirse paso a su objetivo principal. Mostró los dientes asestando golpe tras golpe. Dio un salto por encima de tres de los demonios y dejó caer todo su peso sobre uno en particular, quien en su mano sostenía una Katana. Atravesó su cráneo esparciendo la sangre alrededor.
Se limitó a tomar el arma. La empuño con ambas manos, bajando un poco el cuerpo, dobló sus rodillas y se posicionó para atacar.
—Esta espada no será mi amada Gaía, ni Génesis, pero al fin y al cabo sirven para lo mismo— sonrió lamiendo sus labios.
Se abalanzó con gran rapidez sobre los demonios.
V
—No creo aguantar mucho— jadeó el de cabellos de fuego, haciendo fuerza. Tenía un As bajo la manga, pero con el peliblanco en su espalda, le era imposible realizar esa jugada. Aunque si le dejaba caer, su única preocupación sería defenderle, pero no tendría la suficiente movilidad y su punto de ataque de vería reducido a dos o tres metros a la redonda. Por otra parte, la segunda opción era la más arriesgada. Pero más práctica—. Muérdeme.
—¿Qué? — su cuerpo se tensó.
—Anda, muérdeme. No lo puedo hacer todo yo— le miró de reojo—, y creo poder resistir tu mordida.
—Mi fuente principal de alimento, no es la sangre. Dudo que sobrevivas si me alimento de tu persona.
—Mientras me dejes lo suficientemente lucido, bastará– miró al frente, contempló la figura de Fudou ante él y los cuerpos cayendo desde el balcón. Grand se la estaba pasando en grande desde allá arriba. Suspiró molesto—. Yo seré tus piernas. Tú se mis brazos—sonrió de lado. La sola idea parecía absurda, pero sí se meditaba detenidamente, era la mejor.
—No estoy acabado aún— aferró sus piernas a las caderas el pelirrojo, ignorando los pequeños crujidos que esta acción le provocaban, haciendo fuerza con su mano izquierda para sostenerse del cuello de su compañero—. No me dejes caer.
Miró con lujo de detalle el panorama ante él. Tenía a Fuduo centrado, incluso perfectamente posicionado en la alfombra, lo que le dio un ángulo ideal, tres cadenas a su alrededor, dos a la izquierda, una del lado contrario. Estiró sus largos dedos, y de ellos sobresalieron tres pequeñas cuchillas de hielo que se comenzaron a formar rápidamente. Entrecerró los ojos y las lanzo contra el castaño. En automático, las cadenas le protegieron. Soltó un bufido y repitió la acción.
—Eso no te servirá.
—Tienes un punto débil— formó otro tercio de cuchillas—. Y voy a dar con él— lanzó. Siendo el mismo resultado.
—Podríamos pasar toda la noche aquí. ¿Sabes? Es inu… til —dio un respingo. Sintió un ligero piquete que le rozo la mejilla derecha—. Qué demonios…— viró su cabeza y en el suelo logro divisar, lo que parecía ser una aguja, muy finita y delgada. Le encaró de nuevo, y le sonrió—. Vaya eso sí que no me lo esperaba.
—A la próxima le daré a tu ojo.
—No me hagas reír, escoria chupasangre.
—Personalmente— hizo una pausa—, no me gusta mucho la sangre. Pero cuando te mate, estaré complacido en que seas mi alimento.
—Si pudiera yo mismo te ejecutaría. Pero te necesito vivo— ladeo la cabeza—, cuando no duermo, me pongo verdaderamente de malas. Y eso me fastidia.
—Muere— sentenció en seco. Lanzando de manera veloz una serie de agujas.
El de capa larga se defendió con las cadenas. Las giro y las movió de tal forma que formaron un escudo a su alrededor. Su ceño se ensombreció, sintiendo como varias pequeñas agujas se clavaban en su capa. Del al menos veinte tandas, cuatro de ésas insignificantes agujas habían acertado. Sin duda, la vista de aquel sujeto era muy aguda, como para lograr divisar la pequeña brecha que se formaba entre los eslabones de sus cadenas. Nadie antes, había cruzado su defensa. Burn sintió sus ataduras aflojarse, relajo los brazos cuando cayeron a sus pies. El metal se alejó de ellos; regresando a su dueño, debajo de sus ropas.
—Bien hecho.
—Acércame un poco más.
—¿Qué tanto?
—Lo más que puedas, necesito acercarme más y darle a sus manos.
—¿Sus manos?
—A un inicio— dijo sin parar su ataque—, creí que controlada las cadenas con sus ojos, pero sospecho que en realidad debe usar sus manos. Por eso se oculta debajo de esa capa. Le cortaré las manos y tú lo decapitas
—Perfecto— acomodó de nuevo a Gazell, asegurándole con sus brazos. Al tener esa comodidad, pudo usar ambas manos. El ataque se intensifico.
Avanzó a paso rápido, dándole al chico encima de él un mejor campo de visión. Dio un saltó por encima de dos hileras de cadenas, que se abalanzaron tratando de impedirles el paso. Fudou les vio acercarse, no pudo deshacer el escudo. Sería una idiotez si lo hacía. Lanzó una segunda tanda, usando las cuatro cadenas que rompió para evitar el ataque de fuego. Fue una pérdida de tiempo, Burn esquivaba a la perfección cada uno de sus ataques. Observó con cuidado el modus operandis de ambos vampiros. Frunció el ceño.
—¡Qué molestos son!— Divide y vencerás.
Una de las cadenas que fue esquivaba, giró sobre sí, dirigiéndose a los vampiros, al cuello de Gazell para ser precioso. Le ahorcó arrebatándolo del cuerpo del pelirrojo. Esté, ante el sorpresivo movimiento, trato de alcanzarle, estiro su manos y sus dedos se rosaron, pero la acción fue más veloz. Los separó en menos de tres segundos.
—¡Joder, no!— exclamaba Burn siendo arrojado hacia la entrada del salón, las cadenas le sostuvieron de sus extremidades superiores impidiéndole cualquier movimiento. Trató de prenderlas para fundirlas rápidamente, pero fue detenido cuando sintió un golpe en seco en el pecho provocado por el choque de tres cadenas, jadeó tratando recuperar el aire.
—El plexo solar, Manipura, aquel que controla la energía mágica de raíz fuego— dijo Fudou dándole la espalda—, un humano normal hubiera muerto atravesado, pero creo que eso te detendrá por un rato— avanzó dando pequeños pasos, contemplando la figura delgada arriba de él—. Ahora me encargaré de ti.
Mientras, su compañero permanecía colgado del cuello, resistiéndose a la presión ejercida contra él. Exhaló varias veces, tratando de jalar aire. Al verse inútil, tomó la cadena sobre su cabeza, e hizo fuerza con sus brazos, halando su cuerpo hacia arriba, para poder reducir el peso. Trató varias veces más de aflojar su atadura con su mano derecha.
—Yo te ayudo— canturreó.
Le liberó del agarre, y su cuerpo se desplomó, produciendo un sonido seco. Tosió repetidas veces, llevando las manos hasta su cuello. Escuchó los pasos dirigirse hacia él. Miró de reojo examinando al sujeto delante de él.
Éste le sonrió, asestándole un golpe en la mandíbula que lo sacó de sí por varios segundos. No gimió, ni produjo ningún sonido. Su cuerpo se ladeo boca arriba, miró los candiles arriba de él. Cerró los ojos, tratando de recuperar la poca cordura que le quedaba tras ese puntapié.
—¡Oh vaya!— Se escuchó el canturreo de su voz, denotando falsa sorpresa— ahora entiendo el por qué ¡Tienes una pierna rota!— Le descubrió las piernas, dando pequeños golpes con la punta de sus botas reforzadas. Aun así, el vampiro seguía sin producir sonido alguno— ¿No te duele?— ladeó la cabeza, molesto—. Cuando estoy en combate, me gusta mucho escuchar a mi oponente gemir. Me estresa que tú no lo hagas—posó su pie encima de la herida—, vamos. Quiero oír de nuevo de tus labios que me matarías— silencio— ¿No?— hizo un poco más de presión— ¡Grita!— bramó, sus orbes verdes parecían encenderse.
Sus miradas se cruzaron, por dos segundos. Se paralizo en el momento en que cayó en los orbes grisáceos, su cuerpo tembló ligeramente, dejando escapar un suspiro de sus labios. Su mundo tembló. Retiró su bota de la pierna, y se inclinó sobre sus rodillas para poder verle mejor. Las cadenas cayeron estruendosamente alrededor de ellos. Burn logró caer sobre sus tobillos, sin problema.
Grand miró la escena y arqueo una ceja. Había acabado con esos molestos demonios. Su siguiente objetivo, estaba totalmente desprevenido.
VI
—¡Te matará, te matará, te matará!— Repetía el pequeño tratando de zafarse del agarre de Osamu— ¡Mi maestro te matara!— Mordió la mano que le sujetaba del dorso, pero no logró reacción alguna.
—¡Ya cállate, enano!— Exclamó el bajito corriendo a su lado— ¡¿Ahora, para dónde?!
—¡No sé, lo he olvidado!— Le retó con la mirada, provocando una mueca de disgusto en Ryuuji.
—¡Osamu, mátalo!— Ordenó acelerando el paso— no sirve de nada, sólo nos hace perder el tiempo.
—Como gustes— tomó con más fuerza el pequeño cuerpo y le apretó contra sí, este dio un pequeño respingo.
—¡No, no, no!— Se movió inquieto— ¡Te digo, te digo!
—Habla.
—¡Regresen por dónde venían y den vuelta a la derecha, eso los llevará al salón de baile— les guio hasta dar con la gran puerta—, necesitan pasar por aquí, de lo contrario tendrán que pasar por un pasillo muy largo y eso les quitara tiempo. Ese ventanal —señaló con su pequeña mano —, los llevará hasta el jardín.
—Necesitamos un medio de transporte. ¿Qué hay?
—Si logran atravesar el jardín, encontraran las cocheras. Allí están los carros de la milicia.
—¿Y las llaves?
—¿!Qué!?— le miró sorprendido— ese no es mi problema.
—Para eso te traemos— Acotó el gran sujeto—, tendrás suerte que no te deje caer del carro en pleno movimiento.
—¡Un escape en auto, qué emocionante!— sonrió Ryuuji, sus ojos brillaron— siempre quise hacer algo como eso.
Entraron al lugar, siendo maravillados por la decoración, el piso reluciente, pareciendo un espejo, reflejando sus pasos, a medida que se acercaban al centro, los pilares tallados y firmes alrededor. Por encima de ellos se encontraba un candelabro con cientos de velas apagadas. Eran iluminados por la luz de las tres lunas que se colaba desde el jardín. Se detuvieron cerca del centro y dieron un pequeño respiro.
En un parpadear, sus cuerpos fueron atraídos hacia el piso, cayeron sobre sus rodillas, al instante, trataron de resistirse; pero la fuerza ejercida sobre sus cuerpos era inmensa. Como si una roca les aplastara.
—Miyabino, ven para acá— se escuchó dentro de las sombras, al sentir su cuerpo libre avanzó dejando las dos siluetas tras de él. Sonrió al lograr divisar las dos figuras en la oscuridad.
—¡Maestro!— Sonrió aferrándose al pecho del demonio del parche.
—¿Te han hecho daño?
—Sí— lloriqueo—, me apretaron la cabeza ¡Casi me la rompen! Ese enorme sujeto es una bestia y la chica es muy gritona.
—¿La chica?— ladeó su cabeza sin entender, miró a los vampiros, y comprendió— ¡Oh, Genda lindo, es tu novia!— canturreó mirándole de reojo.
—Supéralo— roló los ojos, cruzando los brazos. Sakuma infló las mejillas con aparente enfado— acabemos con esto— se dirigió al centro del salón, causando un eco seco por todo el lugar. Y les miró por encima del hombro, aun tratando de resistirse a la magia de gravedad—. Han causado mucho escándalo en el castillo— pronunció sin expresión en su rostro— y han matado a los cadetes que entrene con tanto esfuerzo. Escuché también que lograron vencer a Atsuya. Se han ganado mi admiración, pero como general de este castillo, no puedo permitir que sigan adelante.
—El señor Kageyama los quiere con vida.
—Jirou, suelta al grande.
—¿Estás loco?— enarcó su ceja.
—Quiero probar fuerzas con él— sonrió ligeramente ante la idea—, pudieron detener al guardián del castillo. Debo comprobar que tan fuerte son.
Frunció el ceño, aun sin estar convencido por la idea, dejó en libertad al gran vampiro. Encararon miradas. Genda dio un par de pasos hacia atrás. Retirando su capa, arrojándola cerca del par de demonios, quienes miraban la escena expectante. Levantó sus manos, abriendo las palmas.
—¡Venga!— Retó— quiero ver de lo que eres capaz.
—No soy una bestia dispuesta a mostrar su capacidad— sacudió sus ropas—, soy más civilizado, incluso de los que habitan en este castillo— miró a Ryuuji quien seguía sometido bajo la gravedad, trató de levantarle, pero su cuerpo pesaba diez veces más de lo usual. Genda entrecerró los ojos, cuando el cuerpo del bajito se despegó el piso. Por solo unos instantes, por solo unos milímetros.
El gesto de Sakuma se distorsionó. Abrió la boca sorprendido, apretó el cuerpo del pequeño contra él. Ejerció más fuerza en el cuerpo del vampiro, haciendo que este se adhiera más al piso. Osamu gruñó molesto, el peso se había duplicado a lo ya establecido. Ambos se miraron, suspiró molesto.
—Déjalo—dijo, tronando sus nudillos—. Me quieres a mí.
—Los quiero a los dos.
—Nosotros no les hemos hecho nada— Ryuuji hablo quedito— ¿Para qué nos quieren?
— Esa información es secreta— dijo Sakuma.
—¡Tonterías!
—Mira— Genda suspiró viendo al techo—, hagamos algo, si logras sacarme de la pista de baile, les dejaremos ir— rascó su nunca, aparentemente exasperado—. La verdad es que son los primeros en salir vivos de la torre. Tras varios cientos de años, todos habían muerto a manos de Atsuya. Y nunca se había presentado una situación de alto peligro para nosotros. El hecho de que hayan acabado con todos los cadetes que yo mismo entrené, quiere decir que estoy fallando como general— le miró a los ojos, cruzando nuevamente los brazos—. A decir verdad, ya he olvidado la razón por la cual traemos toda clase de seres a pelear con Atsuya.
—Mil trecientos cincuenta y dos años— pronunció de manera monótona Sakuma—, es el tiempo que llevamos buscando y trayéndolos aquí. Dos guerras mundiales ha habido en ese periodo de tiempo. Tres guerras santas y para nosotros es un abrir y cerrar de ojos.
—Kidou armó su expediente— analizó el castaño—, a decir verdad nunca le había visto tan centrado en algo. Paso más de 50 años enclaustrado en su habitación. Para él. Ustedes son su mayor hallazgo.
—Como si fuéramos animales— apretó sus puños, mostrando sus filosos colmillos.
—De verdad que no me mal interpreten—dijo Genda— si el maestro requiere de ustedes. Les llevaremos con vida: Lo que haga o no, no nos interesa.
—Has dicho que nos dejaras ir si te venzo—le señaló en voz grave— ¿Qué hay de eso?
—Lo dije, los dejaré ir, pero aún hay más enemigos aparte de nosotros dos. Para estos momentos, Fudou ya debe haberse hecho cargo de los otros tres. Grand, Burn y Gazell, si más no me equivoco.
Analizó la situación con más cuidado, si lograba ganar, podrían usar el plan original: Salir al Jardín, tomar un vehículo y escapar. Por otra parte, pensó en el menudo hecho de que estaban en el Infierno. Su vista se enfocó al jardín y la luz que emanaba de él, era de una tonalidad rojiza, ligeramente naranja. Muy tenue. De lograr escapar ¿A dónde irían? Maldijo por lo bajo. Posó sus ojos en Ryuuji.
—Bien, será como ustedes gusten— concluyó Saginuma.
El castaño se sonrió, volvió a tomar posición.
Osamu tronó su cuello, tratando de aliviar la tensión que había acumulado en las últimas horas. Se preguntó a sí mismo como diablos fue que paro allí, pero lo único que pareció acudir a su mente, fue ese extraño perfume, una vieja memoria enterrada en alguna parte de sus recuerdos, la sensación brumosa y el rechinido de los engranes. Bufó molesto. Y sus ojos oscuros se posaron en la figura del castaño, quien ya le esperaba ansioso en posición, con un gesto socarrón en sus labios y sus furiosos ojos azules. Un escalofrió le recorrió de pronto, se estremeció, siguiendo con la mirada una delicada línea en el piso, que se arrastró hasta quedar debajo del general. Dudó un poco en hacer su ataque, pero Ryuuji le importaba más que cualquier cosa en esos momentos.
Rugió mostrando sus colmillos y se abalanzó a paso rápido en contra de Genda. Elevó sus manos para chocar contra su oponente, quien sólo sonrió al verle aproximarse, se preparó al tiempo que su gesto se descomponía en una mueca de duda. No se movió y al producirse el choque de bestias, sus brazos se contrajeron y escuchó el crujir de sus huesos. Osamu le dedicó un gesto de superioridad, al tiempo que ejercía presión, tratando de derribarle, pero su cuerpo, era endemoniadamente un monolito, anclado y estático
Le había roto sus brazos.
Se alejó, soltando las extremidades rotas, dio un par de pasos hacia atrás, mirando con asombró la escena ante él. La sombra alargada que yacía bajo los pies de Genda, estaba deformada, cortada en varios lados. Su nivel de sorpresa fue tal, al grado de no emitir sonido alguno. Se quedó allí estático. Los gritos de Sakuma resonaron en el salón de baile, haciendo un hermoso eco, la acústica del lugar era asombrosa. Dejó la pequeña figura en sus brazos para poder alcanzar a su compañero.
—¡Koujiro!
—¡Maestro!
El castaño se desplomó; aún consiente. El demonio lo tomó entre sus brazos, mirando con presurosa preocupación las heridas producidas. Lo vio ante él; No se movió, su cuerpo se aferró al piso mismo como si la gravedad le jugara una mala pasada. Le llamó varias veces, desesperado, mientras la sangre empapaba sus ropas y el perfecto -pulido- piso del salón.
—¡No me importa lo que me digan!— La mirada de Sakuma se posó en el par de vampiros, bramó con ira reprimida, apretando los dientes, haciendo vano esfuerzo en contener emociones—¡Los voy a matar!
Tras el gritó ahogado, el silenció sentenció la atmosfera. Se miraron por un par de segundos, intentando saber que había pasado; porque ambos desconocían a ciencia cierta porque el general no se había movido de su lugar o puesto resistencia alguna. Sakuma enredó a su amante entre sus brazos, en un gesto, por extremo: Protector. Les enfocó y susurró el hechizo que recurrentemente usaba para manipular la gravedad. Sus labios se movieron y al dar fin a la última frase, sus palabras se quedaron entre los dientes. Tembló ligeramente sintiendo un par de dedos rozarle el cuello, por debajo de sus ropas. Dudó si voltear o no. Su gesto palideció, sudando frio y las gotas resbalaron por sus cienes, sintiendo que algo le atravesaba el pecho, ahora sí: Le robaban el alma. Soltó un pequeño gemido cuando el éxtasis que experimento por un par de segundos cesó, eso que le había atravesado, ahora se deslizaba por el piso, como serpiente escurridiza tras huir de un enemigo; regresando a su cueva, en su caso, al cuerpo de Ryuuji inerte por su hechizo.
Arqueó la ceja, sin dejar de salir de su estado de extraña excitación. El sonido agudo de la risa del vástago pequeño pareció como un par de arpegios haciendo la escena más ligera. Se incorporó lentamente, retando las leyes gravitatorias a las cuales Sakuma le había condenado. Observó a la figura incorporándose como una muñeca con la cuerda recién halada. Un títere arrastrado por los hilos de su amo. El gestó le pareció tan mecánico pero a la vez encantador, que olvido por una fracción de segundo el cuerpo en sus brazos, al chiquillo en sus espaldas, y a la bestia enfrente de él.
—Él me lo prometió— cantó al aire—, que te mataría, perra— Osamu le miró por encima del hombro, con un gesto apacible, tratando de ocultar su desconcierto ante la serie de escenas que se presentaban frente a sus ojos. Ryuuji se posó a su lado, y aquel escalofrió que experimentó momentos antes, le invadió nuevamente
—Acabemos con él— limitó a decir su compañero de huida.
—Claro…— le sonrió ladeando la cabeza, dando un pequeño asentimiento. Apretó al conejo entre sus brazos, al cual protegía celosamente, tras este gesto de amor, lo apartó de sí, elevándolo a la altura de su cabeza, sonrió ampliamente, mostrando sus colmillos. Y lo dejo en el piso, entre él y su compañero—, le agradas— dijo a lo que Osamu le dedico una mirada llena de duda— este es mi secreto— posó un dedo en sus labios—, nadie debe de saber de él. Será de los pocos en saber su nombre.
—¿A qué te refieres?
—Se testigo del poder… — sus ojos se posaron en las tres figuras demoniacas y en el líquido bermellón en piso. Su gestó en ensombreció, ensanchando sus sonrisa, que para entonces se trasformó en una mueca—. Del amo de la Tormenta Géminis ¡REIZE!—exclamó elevando su brazo izquierdo.
La pequeña figura a sus pies tembló. De ella, una sombra se expandió llenando el gran salón con una bruma negruzca, espesa y por demás densa. Aquel perfil se delineó ante ellos, en una mancha humanoide, se apreciaron las extremidades superiores e inferiores, el dorso y una cabeza en punta, rodeada de oscuridad, una sombra andante sin rostro.
Está por demás decir, que Sakuma trató de evitar que se acercara, exclamando más de un conjuro, la bruma no desapareció, Reize no retrocedió, y lo único seguro era su fin. Miyabino se aferró a su espalda, tratando de encontrar un refugió, pero la sombra acercarse a ellos les heló la sangre.
—¡Gravira!— exclamó tratando de manipular el entornó y el cuerpo que tenía enfrente de él.
—Que estúpido es— dijo el Midorikawa sonriente, mirando como la sangre del chico del parche manchaba el piso—. La sombra no tiene gravedad. Carece de masa y volumen. De donde vengo existe un dicho que dice: Cuando veas el resplandor en mis ojos, sabrás que tu fin ha llegado.
Osamu se limitó a mirarle de reojo. Ese chico: No era tan estúpido como parecía.
VII
Limpió la comisura de sus labios, relamiendo aún la poca sangre que quedaba en ellos. Dejó caer el cuerpo, ahora seco, del treceavo demonio, del cual se había alimentado; Particularmente la sangre de demonio no era de su agrado, se la hacía fuerte al grado de tirar en lo amargo. Siendo simples guardias, no le aportaban poder o algo en particular.
Estaba satisfecho. Pero no recuperado. Incluso sintió que volvería toda la sangre en cualquier momento.
Retiró la molesta camisa, llena de sangre, la dejo caer delicadamente sobre aquellos cuerpos destazados y secos a su alrededor. Tomó suavemente la pequeña trenza que caía sobre su hombro izquierdo y la enrosco en su cuello, así, no le estovaría en batalla. Rozó con sus delgados dedos la zona, notando como ya no llevaba su amada cadena. Gruñó con enfado y fastidio. Saldría de allí, la información que le había proporcionado era totalmente falsa; retornaría a Japón –quisiera o no- a reiniciar la búsqueda, pero antes iría por la cabeza del responsable y por el cuerpo de Sakuma.
Miró la escena desde el balcón, aquel sujeto de las cadenas estaba completamente desprevenido. Dio un pequeño salto y subió al barandal, calculó la distancia y de un impulso de lanzó encima de él.
Empuñó la Katana con ambas manos, por sobre su cabeza, listo para partirlo en dos.
El metal resonó y ambas armas cantaron siendo una.
El estoque relució, brillando al igual que su portador. El de rastas estaba frente a él, protegiendo la espalda de Fudou, quien seguía pasmado ante la presencia del de ojos grises. Su sonrisa era una mueca confiada, detuvo el ataque empuñando su elegante espada con una sola mano.
Grand dio un par de pasos atrás sin bajar la guardia. Le miró con resentimiento, curvado la línea de las cejas. El verde de sus ojos se había tornado en un bermellón brillante y siniestro.
—¡Akio!—Exclamó el lentes dorados—¡Akio responde!— contemplo la figura de aquel vampiro que le había robado el sueño noche tras noche. Escudriñó cada una de sus facciones, sin dudas, los pocos dibujos de tinta que sobrevivieron con el tiempo no le hacía justicia a su infernal belleza. Darle la espalda, ahora que se había alimentado podría ser su error más fatal—¡Akio, no le mires a los ojos!— el pelirrojo ladeo la cabeza, mirándole, oliéndolo, su sonrisa de curvo—¡Te robara tu energía!
—Parece que nos conoces muy bien— llamó Grand.
—Te sorprendería saberlo, Kira Hiroto.
El gesto del pelirrojo se contrajo.
—A ti también te cortaré en varias piezas— articuló entre dientes.
—Será un honor.
Se lanzó en una rápida estocada que el pelirrojo logro esquivar, aún ofuscado por las palabras salidas de sus labios, blandió su sable, tratando de contrarrestar la serie de pequeños ataques que habían comenzado por parte del de rastas. Dos, tres, cuatro. Retrocedió varios metros. Su estoque parecía ser más rápido que su brazo. Tan elegante que incluso la capa que portaba bailaba con cada movimiento. De tener su amada Gaía en manos, esa podría ser una perfecta danza de espadas.
Frenó en seco al ver una pequeña pausa en el ataque del castaño, se abalanzó en un tenaz movimiento, blandiendo el sable, tratando del partirle en dos, justo de frente, pero la espada ropera volvió a interponerse en su camino, quebrando la insignificante katana; no se sorprendió, de hecho su gestó seguía frio y armonioso. Kidou sonrió para sí.
—Me pregunto sí… — el de lentes bajó el arma, sin cuidado— de ser la famosa Gaía, mi espada hubiera sobrevivo a ese ataque.
—El sable no importa— empuñó el objeto roto a la altura de su rostro, miró la figura de Burn incorporándose en el reflejo de esta—. Si está rota o no, eso es irrelevante. Lo importante es la técnica.
—Kenjutsu; Estilo Kira; la espada…hizo una pausa, admirando su reacción— Alpha Noir Omega White; Grand de Génesis. Tenía la Fe puesta en ti—le apuntó con la espada, tomó posición de ataque, posando su mano izquierda en la espalda y flexionando sus rodillas.
—Sabes demasiado.
—Ese es mi trabajo.
Dio por segunda vez una estocada. Pero su blanco se movió, dando paso a una llamarada, grande y potente, logró cortar el fuego con su espada, creyendo con eso librarse de un ataque. De las flamas, lo único que logró ver fue el brazo de Grand emerger entre ellas y su puño estrellándose contra su rostro. Se tambaleo, soltando la espada, al tiempo de recibir un izquierdaso; Un segundo puñetazo, que logro hacerle retroceder varios pasos, chocando con la espalda de Fudou, sacándolo del trance en el proceso.
—¡Qué demonios!— logró articular Fudou, sacudiendo su cabeza. Miró a su alrededor, y viró su cabeza chocando miradas con las de Kidou, sus lentes habían caído de su rostro, mostrando unos voraces rubíes—¿Qué haces ahí? ¡Levántate!
—¡Por poco y mueres y lo primero que haces es gritarme!
—¡Burn, toma a Gazell, vámonos de aquí!— exclamó de pelirrojo a pelirrojo. Gracias a la confusión Burn fue más veloz y tomó entre brazos la finita figura del ser de hielo. No tardó mucho y al estar al lado de Grand se dispusieron a dar la vuelta y correr a la entrada. Tan cerca y tan lejos de su punto para salvar su partida como en un mal juego en el que se había involucrado. Estiro sus brazos.
Las puertas se abrieron de golpe, resonando como viejas cadenas oxidadas. Le olió y su gesto se deformó en asco. El olor más particular y propio de un demonio de alto rango; carne podrida. Escuchó el grito gutural de su compañero, dejando caer al Gazell de sus brazos y devolviendo la carne que antes había consumido. Se alejó de ellos chocando con una de las columnas. No paraba de vomitar. Gazell le miro con la ceja enarcada, observando de reojo como la niebla de la noche se colaba en la habitación y varias figuras se emergían de la puerta.
—Ahora sí estamos jodidos— pronunció Grand retrocediendo varios pasos, quedando a la par de él. Se miraron por una fracción de segundo, como sí trataran de encontrar la respuesta el uno con el otro.
—¡Buenas noches caballeros!— dijo el ser que encabezaba el pequeño grupo de demonios. Ocultando sus facciones bajo una túnica rojiza. Alto y delgado— veo que he llegado a tiempo a esta pequeña reunión— rió con egolatría. Se desprendió de la capucha, dejando su largo cabello rubio flotar ligeramente. Fudou y Kidou se incorporaron de golpe, las cadenas volvieron a hacerse presente, tomando a los tres vampiros por el cuello, sin hacer presión, solo reteniéndoles—. Mis queridos niños, son unos descorteses, dos de mis invitados estaban perdidos en el jardín, por suerte Demonio les encontró y los trajo de vuelta a esta celebración, pero por favor; No sean groseros.
Tras la figura de autoridad, aquel que correspondía al nombre de Demonio, de rebelde caballera castaña, con rastas hasta la cintura, y apacibles –aburridas- orbes cafés; sostenía en sus brazos la pequeña figura de Ryuuji, inconsciente y con semblante pacifico, apoyando sobre el pecho de este. Un poco más atrás, un pequeño grupo de guardias trataban de sostener el tosco cuerpo de Osamu.
—Veo que ha sido una fiesta algo agitada — admiró su alrededor, los demonios muertos, la sangre y el lugar deteriorado tras la batalla—. Pero me siento afortunado de que al fin estoy un paso más cerca. Kidou—llamó.
—¡Si, señor!
—Lleven a nuestros invitados a mi despacho. Será un verdadero placer hablar de negocios. Fudou: Haz que limpien todo esto—hizo un ademán con la mano, y se encamino, ignorando la presencia de Grand ante él. No le miró, y eso le enfureció. Demonio le siguió al igual que el resto de los guardias.
—¡Si, Mi señor Kageyama!— entonaron al unísono.
Fudou resopló molesto, haló al trio como animales directo al matadero. Obligándoles a seguirle, Grand ayudo a Gazell rodeando su cuerpo con sus extremidades, mientras que Burn les seguía un poco más atrás con un semblante descompuesto y pálido. Tambaleándose de momentos. El castaño sacó de entre su capa la punta de las cadenas y se las entregó a Kidou.
—¿Te encuentras bien?— le cuestionó el de rastas.
—Lo único que quiero es que acabe este maldito día de mierda— respondió, dando un par de pasos a la derecha para recoger las gafas que se le habían caído a su compañero momentos antes. Se las colocó e hizo un ademán con su cabeza.
—Te ves ridículo— dijo sin expresión en su rostro. Se estaba burlando de él y darle ventaja era un grave error.
—Lo dice quien las usa— rio ligeramente. Ladeando la cabeza.
—Estás loco— no evitó esbozar una mueca tonta—. Te hace falta dormir— se sonrieron—, anda, limpia esto y ve a dormir— le entregó las gafas volviéndoselas a colocar. Dirigió su atención a los pequeños animales, quienes ignoraban la escena—. Andando— a diferencia de su compañero, este no jaló las cadenas, sólo comenzó su andar, esperando que le siguieran por voluntad propia.
—Tienes mucho tiempo libre— pronunció Grand mirando la espalda del castaño
—Es mi trabajo.
—Me parece curioso que alguien de tan alto nivel le preste atención a un quinteto de vampiros, mas corrientes que comunes— miró a su alrededor, dibujando un mapa mental en su cabeza— ¿Qué deseas?
—Todas tus preguntas… — hizo una pausa breve. Mirando de reojo a un grupo de guardias que salían del salón de baile con lo que parecía ser Sakuma y Genda en brazos; Corrían frenéticamente de un lugar a otro tratando de pedir ayuda. Mover o no los cuerpos podía ser un gran error. Miyabino salió del salón, ayudado por un cadete de cabellera rubia y rebelde. Le abrazaba, cubriéndolo con una frazada. Se miraron, y al notar las tres presencias tras de él, se escondió en el pecho de su compañero. Temblando—, serán respondidas pronto… son más fuertes de lo que pensé— terminó en su susurró.
Dejó atrás la escena, levemente preocupado por sus compañeros. Sakuma y Genda, eran, sin duda de los más fuertes dentro de toda la armada. Llevaban varios cientos de años trabajando a la par y sabía perfectamente de lo que eran capaces. Torció la boca tratando de contener su frustración.
Sus grandes creaciones –Hallazgos en realidad- eran infinitamente más fuertes de lo que creyó. Pasó una parte de su tiempo escuchando del folclor de la vieja Europa, las tierras orientales y el nuevo continente. De un momento a otro los Vampiros se habían expandido como la peste por todo el mundo. Poco a poco, los "Dioses"; se habían encargado de exterminar toda la población posible de estos seres.
Tras aquel diluvió que el Dios del Trueno; de los cielos y rey de reyes, mandó para destruir a cierto porcentaje de la población humana. Notaron que estos extraños seres sobrevivían; no obedecían sus mandatos, pero tampoco los de la muerte; del Dios de inframundo, del juicio. –Y cabe mencionar que aquel amante vengativo- y de la noche. Los Vampiros iban en contra de toda regla natural y retaban la ley universal de la vida: La misma muerte. Inmortales, inteligentes y peligrosos, por un tiempo, ser un hijo de la noche se había convertido en el peor de los escenarios: Pero era aún más abominable, extraño y por mas decir: Especial. Ser un hijo de "Rabdos"; un Híbrido.
Atrás de él, tres híbridos caminaban, como quien es sentenciado a la milla verde.
To be continued
Nota— Y hasta aquí. Joder, maldigo la Universidad por quitarme tanto tiempo; pasé por periodo de exámenes y fue tan stresante, pero todo salió como esperaba. Bueno, me divertí bastante durante las peleas, No tenía planeado mostrar los poderes de los demás tan rápido, me quería esperar a algo grande, pero pues, tendré tiempo de pulir sus habilidades. Yo espero ya el próximo capitulo terminar de explicar las dudas e ir de lleno a la trama. Pero vale, gracias por leer~
§ Lexington Rabdos H. §
