Bishoujo Senshi Sailor Moon: La Alianza

Episodio 3: ¡No te escondas, Julian!

Amanecía. La luz del sol entraba en mi habitación de tal forma que me caía

directamente en la cara. Muy molesto, metí mi cabeza debajo de la almohada. Aún me sentía

agotado por la lucha que había tenido esa madrugada. Quizás hubiera sido bueno prolongarla

un poco más, pues vencer a un Dark Soldier de un solo golpe consume mucha energía.

Vi mi reloj, y la hora del día no me sorprendió mucho, 10 de la mañana. Esa era

otra ventaja de estar viviendo con mis tíos; los fines de semana podía yo despertarme

a la hora que quisiera. Era sábado, y hubiera preferido quedarme en la cama todo el día,

pero ya había acordado con Eta salir ese día para ir a buscar al segundo guerrero. Su

energía era muy notoria, según él. Eta ya se había ido, dejándome solo, como siempre.

No le gustaba esperarme. Muy pesadamente, me levanté de la cama para alistarme.

Mientras me bañaba, pensé en lo ocurrido durante el combate. ¿Quiénes serían estas

chicas? ¿Serían como yo, chicas comunes y corrientes? ¿O dedicarían todo su tiempo a

combatir contra los seres que amenazaran la Tierra? Yo ya había oído algo sobre ellas,

pero no imaginaba que tuvieran esa apariencia, por eso, cuando las vi por primera vez,

ni siquiera se me ocurrió pensar que fueran las legendarias Sailor Senshi. Desde hace un

año, de vez en cuando escuchaba noticias sobre ellas en la televisión, por ejemplo, sobre

cómo libraban a Tokyo de algún extraño demonio o de un ser maligno, pero era poca la

información que tenía sobre ellas.

No me había pasado por la cabeza la idea de que podría luchar a su lado. Según tenía

entendido, existía un grupo de Sailors llamadas las Outer Senshi, que eran muy poderosas.

Dudé seriamente en que aquellas chicas de anoche fueran ellas.

Estaba a punto de salir, y justo en ese instante escuché el timbre. Era una chica,

con cabello largo y negro. "Por Dios", pensé, "parece que soy un imán de mujeres, justo ahora

cuando no tengo que interesarme en ellas..."

"Eh... discúlpame, pero necesito ver a Usagi. Tú... tú, ¿debes ser su primo, no es

así? Mi nombre es Rei."

Se veía muy nerviosa, y no lograba esconderlo. Pero no era un nerviosismo similar

al de Ami; era como si ella temiera que yo fuera a hacerle algo.

"Si, así es. Mucho gusto en conocerte."

Permanecimos callados, y el incómodo silencio se prolongó por un largo rato. Decidí

terminar con esa situación cuanto antes.

"Rei, sabes... yo estaba a punto de salir. Pero si quieres, puedes esperarla en la

sala. Ya no tardará en bajar."

"Gracias, Nakago", respondió, mientras caminaba por mi lado apresuradamente para

entrar en la casa. Yo volteé a verla.

"¿Cómo supiste mi nombre?"

Se dio cuenta del tremendo error que había cometido, pero yo no tenía planeado

intimidarla en ese momento.

"Este... bueno..."

"¡Ah! Seguro que Usagi te lo dijo, ¿no?"

"Eh... ¡sí! ¡Así es!"

"Era de suponerse. Hasta luego."

Vaya. Antes de que yo viviera en aquella casa, Usagi me había dicho que no le diría mi

nombre a nadie, para que yo mismo tuviera la oportunidad de presentarme.

Sabiendo como era mi prima, lo más probable era que no hubiera sido capaz de cumplir

esa promesa. Pero aun así, sentía algo extraño en Rei, y además, ¿por qué ese nerviosismo

al hablar conmigo? Eso no era timidez. Debía decírselo a Eta cuanto antes.

Cerca de las once de la mañana encontré a Eta en el parque N° 4. Me vio de lejos,

y por su voz, se notaba que estaba algo enfadado.

-Ahí estás. ¿Por qué te demoraste tanto?-

-No me vengas, Eta... En primer lugar, no me dijiste dónde buscarte, y en segundo

lugar, tú no tuviste que luchar anoche.-

-En lo segundo tú tienes la culpa. ¿Quién te ordena que te esfuerces así?-

Decidí no seguir con esa inútil conversación, era un caso perdido. Me acerqué a

él, lo cogí, y me senté en una de las bancas.

"¿Has tenido algo de suerte?", pregunté. "¿Ya sabes quién es la persona que estamos

buscando?"

Por su mirada y su expresión de fastidio, era obvio que no, y así me lo dijo.

"¡No! Es algo muy extraño, pues la energía de esa persona llega a un tope en un

momento dado, y luego desaparece repentinamente. No entiendo por qué ocurre eso. Fue fácil

darme cuenta de que tú eras Warrior Eagle, pues la energía se mostraba permanentemente en

ti. En cambio, no puedo seguirle la pista a este guerrero pues su energía va y viene."

"Vayamos por partes... ¿Esa persona es capaz de hacer eso?"

"No, es imposible..."

"¡Entonces ya está! Es tu culpa por no buscar bien."

"...a menos que él este consciente de su condición de guerrero, en ese caso, sí puede

hacerlo."

Varias sombras se acercaron. Yo alcé la mirada.

"Vaya vaya... Que forma más entretenida de pasar el fin del semana. Hablando con

un gato."

Había tenido la cabeza agachada todo ese tiempo, sin darme cuenta de lo que ocurría

a mi alrededor. Era Ken, con otros dos tipos casi tan corpulentos como él, y con una cara

de pocos amigos. Ken se acercó un poco mas hacia mí.

-Eta... Esta persona es Ken. ¿Recuerdas lo que te dije acerca de él?-

-Sí. Debe tener un escaso cerebro, porque venir a provocarte después de lo que

le hiciste...-

"Puedo aceptar ser derrotado por Makoto Kino, pero no por una persona tan patética

como tú."

Pobre infeliz. Eta ya me había advertido que tratara de evitar el contacto físico y

me limitara a defenderme. Tenía unas ganas de aplastarlo contra el pavimento... pero lo

mejor era conservar la calma.

"Ken, vete por favor. No quiero lastimarte."

Creo que no fue buena idea decirle eso. Tenía una mirada cargada de ira, una mirada

casi demoníaca.

"Me has insultado por última vez, idiota. Ahora te daremos una lección."

Los otros dos muchachos corrieron hacia mi, me cogieron cada uno de un brazo y me

arrastraron hacia Ken. Eta saltó de mis rodillas y pretendió atacarlo, pero Ken lo rechazó

de un solo manotazo.

"¡Eta!"

"Oy, pobrecito niño. Has lastimado a su gato, Ken. No seas tan malo", dijo uno de

sus amigos.

Eso fue como un fulminante. Podía aceptar que se burlaran de mi, pero no que

lastimaran a mis amigos. "Al diablo con las precauciones", me dije, "estos desgraciados van

a saber quién soy yo."

"¡Nakago!"

Eran Usagi, ¡y todas sus amigas! No me había dado cuenta del momento en el cual

habían llegado. Mamoru (a quien ya había tenido la oportunidad de conocer el día anterior)

también estaba ahí, y había otra chica de cabello rubio que aún no conocía. Mamoru y Makoto

corrieron hacia donde nos encontrábamos todos. Pero yo quería darles una paliza por mi propia

cuenta.

"¡Esperen! ¡Yo puedo solo con ellos!"

"Nakago, ¡no seas tonto! ¿Piensas acabar con ellos tres tú solo?", protestó Mamoru.

"¡Váyanse! No se metan. ¡Esto es entre el mocoso y yo!", amenazo Ken.

¿Mocoso? Ahora iría ver lo que un mocoso es capaz de hacer.

Me libré fácilmente de los matones, y corrí hacia Ken. Trató de cubrirse, pero

no lo hizo a tiempo y lo mandé a volar de un puñetazo en el rostro. Ahora era el turno de

los otros dos tipos.

Corrí hacia ellos, pero me detuve en seco. Uno de ellos tenia un cuchillo.

"¿Y ahora que piensas hacer, animal?"

Por muy fuerte que me hubiera vuelto, eso ya estaba fuera de mi alcance. Eran dos,

y uno tenía un arma. Debo confesar que en ese instante, sentí algo de miedo. ¿Dónde estaba

la policía en momentos como esos? Usagi y sus demás amigas estaban horrorizadas, y Mamoru

y Makoto ya estaban a punto de intervenir. En eso, escuchamos a alguien.

"¡Deténganse!"

Todos volteamos a ver hacia el lugar de donde provenía la voz. Era un joven, de

aproximadamente unos 20 años de edad. Era alto, tenía el cabello largo y oscuro, y una

mirada muy extraña. Por alguna razón, sentía como si ya lo hubiera visto en otro lado, pero

el sentimiento desapareció rápidamente.

"¿Y tú quien eres?", preguntó Ken, quien ya se había levantado.

"Voy a darles diez segundos para que se vayan. No mas", dijo el muchacho. Por lo visto

era más valiente que yo. El sentimiento de familiaridad volvió con más fuerza esta vez,

especialmente después de que pronunció esas palabras. Y además ¡estaba empezando a sentir su

aura! Era un luchador, no cabía la menor duda.

"¿Ah sí? ¡Oigan, encárguense de ese tipo! ¡A mi déjenme a...!"

Sin voltearme, dejé inconsciente a Ken de un codazo y luego fui a ayudar a aquel

muchacho, pues los otros dos ya se habían decidido a atacarlo a tras escuchar la orden de su

líder. Pero no tuve que hacer absolutamente nada.

"Tontos..."

Muy vagamente, distinguí una ráfaga de puñetazos conectados a los rostros de los

agresores. No podía seguir sus movimientos con claridad, especialmente sin estar transformado.

Los dos tipos cayeron al suelo.

Todo había ocurrido demasiado rápido. Ese tipo era muy fuerte, pero aun así...

"Que presumido", pensé, "bastaba con unos cuantos esquives y luego dos golpes, pero

parece que le gusta exhibirse."

"¡Espera!", grito Makoto, "¡Por lo menos dinos tu nombre!"

"¿Yo?", pregunto él. Luego de sus impresionantes movimientos, todos habían quedado

boquiabiertos. Yo, sin embargo, sentía cierta desconfianza, especialmente por haber mostrado

sus habilidades sin preocuparse por lo que los demás pudieran pensar de el.

"Elías Kohatsu. No lo olviden."

Era un nombre extraño, pero esta persona, ya de por si, era extraña.

"¡Oye, muchacho!", gritó, dirigiéndose a mí. "Si no puedes acabar con eso, entonces

dudo mucho que puedas enfrentar a tus enemigos más fuertes. Adiós."

"A mis... ¿enemigos más fuertes? ¿De qué estás hablando?"

Pero él no respondió, y dando media vuelta, se fue. Makoto se le quedó viendo con una

mirada nostálgica mientras se iba.

"Saben chicos... me recuerda mucho a mi ex-novio"

"¡Ay, Makoto!", dijo Usagi, "¡lo mismo dijiste de Nakago ayer!"

"¿Eh?"

Con toda la confusión, había olvidado al pobre de Eta, quien aún estaba tirado sobre

el piso. Un gato blanco estaba a su lado, pero era algo muy raro. Parecía como si el gato

blanco estuviera tratando de reanimar a Eta, moviéndolo con una de sus patas. Yo corrí hacia

ellos.

"¡Eta!"

-Nakago... no te preocupes, estoy bien.-

-Pues menos mal... Ese animal de Ken me las va a pagar.-

Cogí a Eta, y la muchacha rubia que había visto antes también acudió, y cogió al

gato blanco. Los dos nos miramos.

"Eh... ¡Hola! Creo que no hemos sido presentados", le dije.

"Tienes razón... bueno, yo sé que tú te llamas Nakago. Mi nombre es Minako Aino, y

soy amiga de Usagi. Me sorprendió mucho lo que hiciste. ¿Estás bien?"

"¡Claro! Últimamente... he estado teniendo mucha práctica."

Todos los demás me rodearon y empezaron a preguntarme si me sentía bien. Yo les

asegure que no había sufrido ningún daño.

"Fuiste muy valiente Nakago. No cualquiera se atreve a enfrentarse a tres muchachos

al mismo tiempo", comento Mamoru.

"¿Valiente? Sólo pude detener a Ken, pero a esos otros dos..."

"No, no digas eso, Mamoru tiene razón. Pero yo quisiera saber quién era ese extraño

joven...", dijo Makoto. Usagi y las demás hicieron un gesto de "otra vez con lo mismo."

"Elías", respondí yo, recordándole su nombre.

"Nakago ¿qué fue lo que te quiso decir ese chico? ¿A qué se refiere con 'tus enemigos'?",

preguntó Ami. Rei me observó, como si esperara alguna reacción de mi parte.

"¿Mis enemigos? No lo sé. Ese tal Elías es muy extraño."

"Pero, ¿estás seguro que no sabes nada de eso?", preguntó Rei, como si yo estuviera

mintiendo u ocultando algo.

"¡Claro que estoy seguro! ¿Por qué tendría que mentir sobre eso?", grité.

"¿Qué te pasa? ¡No tienes que hablarme de esa forma!"

"¡Bueno, pues entonces..."

"Chicos", nos interrumpió Mamoru, antes de que las cosas pasaran a mayores, "¿por qué

no vamos al centro comercial, como habíamos quedado? Tu también puedes venir con nosotros,

Nakago."

Todas las demás nos observaban a Rei y a mí, con los ojos abiertos como platos. Era

muy notorio cuan incómoda y avergonzada estaba Usagi, así que preferí rechazar su invitación

(además, tenía un cronograma de acciones pendiente con Eta).

"Lo siento", respondí, "pero tengo cosas que hacer. Nos vemos después."

-Parece que no te llevas bien con esa chica-, dijo Eta, mientras nos retirábamos

del parque.

"¡Es una entrometida! No entiendo lo que quiso decir ese tal Elías."

-Nakago... mejor usa la telepatía...-

Whoops... Eta tenía razón. Unas chicas pasaron por mi lado y pude escuchar sus risitas.

-Que vergüenza... Habrán pensado que soy de otro planeta.-

-Y tienen razón. Eres de Lambda.-

Paradojas de la vida.

-De todas maneras-, dijo Eta, -trataré de investigar a Elías... Katatsu?-

-Kohatsu.-, corregí.

-Ah, Kohatsu. Ese nombre no me suena para nada, pero seguro que tiene algo que ver

con nuestra misión. Pude sentir su aura mientras luchaba. Aunque no es uno de los guerreros

de Lambda, pero es... algo familiar.-

-¿Tú también, Eta?-, le pregunté. -Yo también sentí algo familiar en él.-

-Hmmm... habrá que investigarlo. Si se refirió a 'tus enemigos', a lo mejor sabe

algo de Kohr y los Dark Soldiers-, dijo él, en tono serio.

-Hablando de investigar...-

Le conté todo a Eta acerca de Rei y lo que me había pasado con ella en la mañana.

-No seas paranoico Nakago. No creo que sólo por eso tenga algo que ver con

nosotros. Además, ayer, mientras tú hacías tu tarea, escuché a Usagi hablando por teléfono

con una de sus amigas, diciendo que iría 'al templo Hikawa para ver a Rei'.-

-¿Y?-

-Si vive en un templo, debe ser una sacerdotisa...-

-Sigo sin entender.-

-Olvídalo. Deben ser los genes Tsukino.-

Gato de porquería.

¡Qué aburrimiento! Tener que cargar con un gato por todo Tokyo. Decidí conversar

con él, quizás así estaría un poco más entretenido.

-Eta...-

-¡Silencio! ¡Necesito concentración!-

* Sigh *

"¡Oye, NAKAGO! ¡Por aquí!"

La voz de Julian era fácilmente reconocible. Se encontraba en el otro lado de la calle,

y yo crucé la pista para hablar con él. Eta se vio obligado a seguirme.

"¡Hola! ¿Que haces por aquí?", pregunté.

"Voy a alquilar unos videos. ¿Vienes conmigo?"

"¡Claro!"

Yo dije eso, pero luego me di cuenta que a Eta no le gustaría, y que me obligaría

a retractarme de eso. Para gran sorpresa mía, no se negó.

-Bueno, vamos. De todas formas no estoy teniendo éxito.-

La tienda de alquiler de videos quedaba a varias calles de distancia, así que tuvimos

que caminar mucho. Pero el trayecto se me hizo más corto por estar hablando con Julian. Ambos

nos entendíamos muy bien. Yo le conté de lo ocurrido con Ken hacía unos instantes.

"¡Vaya! No pensé que Ken fuera tan bestia", comentó. "¿Y dices que ese muchacho se

fue sin decir nada?"

"Bueno, nos dijo solo su nombre. Pero fue algo increíble, sabes... ¡no pude ver sus

movimientos! Había escuchado de personas que pueden controlar su aura para..."

"¿Su aura?", preguntó él, algo nervioso. Eta, que había estado callado todo el tiempo

y pensando en otras cosas, levantó la cabeza repentinamente y observó a Julian.

"¡Sí! El aura... ¿no sabes qué es?"

"N... ah, ¡si! Creo que es como una especie de energía... ¿no... no es así?"

"Exacto. Por la forma en que se deshizo de esos sujetos, ese tipo debe ser un luchador

consumado. No dudo en que controló su aura durante ese ataque. Maldito exhibicionista... si

sabe pelear, no hay necesidad de hacer eso."

Noté a Julian pálido, y estaba sudando.

"Oye, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?"

"Si, no te preocupes. ¡Mira! Ya llegamos."

Julian entró a la tienda de videos, y yo tuve que esperarlo afuera pues no se admitían

animales. Hubiera podido decirle a Eta que me espere, pero él me había ordenado de que me

quedara. Dijo que tenía algo importante que decirme.

"¿Que sucede, Eta?", le pregunté.

"Al fin...", dijo él, con una expresión de satisfacción en el rostro. "¡Al fin he

podido localizar al segundo guerrero!"

"¿En serio?", dije yo, incrédulo. "¡Pues vayamos a buscarlo! Aunque no se de qué

forma me excusaré con Julian después..."

"No tendrás que hacer eso. Julian es el segundo guerrero."

¡¿Qué que?!

"¡¿NANI?! ¡No puede ser! ¡¿Estás completamente seguro, Eta?!"

"Sí, lo estoy. Cuando empezaste a hablar con Julian acerca del aura, él inmediatamente

la mostró. Seguro pensó que tú estabas tratando de llegar a él por medio de una indirecta, se

puso nervioso, perdió el control sobre su aura, y bueno, ésta salió por su propia cuenta."

No lo podía creer. ¡Era algo... fantástico! ¡Julian sería uno de mis compañeros!

"¡Esto es genial Eta! Ahora ya no estoy solo. ¡Iré adentro a decírselo!"

"Nakago...", dijo él, "no creo que sea buena idea hacer eso."

"¿Eh? ¿Y por qué?", pregunte yo, extrañado.

"¿No sabes pensar? Si él quiere ser un guerrero, entonces ¿por qué esconder su aura?

Él ha estado escapando todo este tiempo, y si nosotros le hacemos saber que somos las personas

que lo buscamos, huirá. Tendremos que acercarnos a él de una forma diferente."

"¿Tienes un plan?"

"Por ahora, sólo disimula. No le digas absolutamente nada, y trata de llevar una

conversación normal. Ve adentro, y asegúrate de que siga con nosotros después de que salga de

la tienda. Yo te esperaré aquí."

"Está bien..."

Entré a la tienda de videos, tal como Eta me ordenó... pero Julian no estaba. Le

pregunté a la señorita que se encontraba en el mostrador si había llegado un joven con sus

características.

"Hmmm... ¿cabello azul, y bajo? Sí, acaba de salir por la puerta de atrás. Creo que

tenía algo de prisa."

"¡¿Acaba de irse?! ¡Maldición!"

Salí apresuradamente, cogí a Eta, y corrí detrás de la tienda, en persecución de

Julian.

"¡¿Oye Nakago?! ¡¿Qué te pasa?!"

"¡Julian ha escapado! ¡Tenemos que ir a buscarlo cuanto antes!"


Notas del autor

"¡¿Nani?!" - ¡¿Qué?!