Nota del autor:
!Hola todo el mundo! Perdonen la demora pero últimamente he tenido muchos problemas personales, por lo cual provoca que tenga muchos bloqueos, una disculpa, espero y poder subir para la próxima semana el siguiente capítulo, es lo planeado :D así que les pediría poquita paciencia.
También quiero darles un agradecimiento por sus lindos comentarios me hace muy feliz el recibirlos :3, sin más que decir me despido hasta la próxima!
"Please help me forget"
Capítulo 3
"¿¡Una cita!?"
-"Ritsu…"-
-Papá…- oh cielos ahora en que problema se había metido.
-Ricchan está tardando más de lo normal.- menciono el pequeño castaño que aun se encontraba esperando a Onodera en el departamento de manga.
Todo el mundo se quedo en silencio pretendiendo ignorar el comentario del menor mientras se dedicaban a hacer su trabajo; sin embargo estaban algo preocupados, todos en el lugar sabían que Ritsu no se llevaba muy bien con su familia y al recibir una llamada de sus padres nunca significaba nada bueno.
De todos el mas angustiado por supuesto era Takano, se moría de ganas por saber en qué problema se había metido su amado castaño, tal vez su madre quería poner en pie nuevamente el compromiso entre An y Ritsu, o quizás solo tal vez querrían que regresara con ellos para hacerse cargo de la empresa. Sea cual sea el motivo estaba más que seguro que serian malas noticias para ambos.
Onodera no quería regresar junto a sus padres y hacerse cargo de la compañía de eso no le cabía duda, Ritsu quería ser independiente, sobresalir por sus esfuerzos no por los de su padre, no quería que lo conocieran como "el hijo de papi", el castaño tenía demasiado orgullo para dejar que lo llamaran de esa manera. Por esa razón él había renunciado y ahora se encontraba trabajando como editor de manga Shojo.
Pero y si lo alejaban de él, se sentía aterrado de tan solo pensar en separarse del ojiverde, prácticamente estaban juntos todo el condenado día, eran vecinos y trabajaban juntos, además tenían sus encuentros íntimos y amorosos, era imposible que el azabache sobreviviera sin el joven, prácticamente hacían todo juntos, para que así de un día para el otro lo alejaran de su lado, estaba seguro que moriría si llegara a ocurrir.
-será mejor que vaya a buscarlo.- nuevamente interrumpió el mutismo el pequeño castaño provocando que el hilo de pensamientos del azabache se rompiera.
Misaki miro por un momento al ojimiel esperando su aprobación, temía que si hacia algo mal el estado de ánimo de todos empeoraría.
Takano por su parte asintió dándole a entender que era una buena idea y podía retirarse.
Sin más contratiempos el ojiverde hizo una pequeña reverencia mientras susurraba un con permiso, sin más se retiro rápidamente del lugar en busca de su angustiado amigo.
Decir que no estaba aturdido era una mentira, su padre se había ido al grano sin dejarle protestar, si pensaba que tenía problemas pues estaba muy equivocado ahora si el mundo se le había venido totalmente encima, ¿Qué iba hacer?
Con paso lento se dirigió al departamento de manga, estaba seguro que ahora si tomaría ese descanso que el tirano de su jefe le estaba negando, tan solo arrastraría a Misaki con él y trataría de tener una comida decente y tranquila, aun que para ser sincero su apetito se había ido por la borda después de esa llamada.
De hecho en ese mismo momento sentía como toda su vida se había ido por la borda, los problemas no se cansaban de acosarlo era como una maldita maldición, ¿Qué se supone que iba hacer? Pretender que nada malo estaba pasando, que ese mal sabor de boca nunca existió, no era tan fácil, al menos no para él. ¿Desde qué momento su vida le parecía tan conflictiva? ¿Desde cuándo le costaba incluso respirar?
Era estúpido hacer ese tipo de cuestiones cuando él sabía bien las respuestas, el decidió ser como era en la actualidad, una persona impasible a la cual le costaba mostrar sus sentimientos, siempre trato de culpar a Masamune pero en realidad no tenía la culpa, el hombre no lo obligo a cambiar y montarse su retorcida personalidad, ¿Qué acaso era masoquista? Como era posible que se cargara tanto sufrimiento cuando lo tenía todo, Takano a cada hora del día le declara su amor sin vergüenza alguna, está trabajando dando buenos resultados y tenía buena salud (o eso creía), entonces si su vida lucia perfecta ante los ojos de todos ¿Qué diablos era lo que le faltaba para dejar de sufrir? Día a día le dolía el despertar, que era lo que lo sofocaba y hacia que cada noche le pareciera un infierno.
¡Oh! Santo cielo como si no lo supiera. Si lo tenía todo incluso una compañía la cual muy pronto estaría bajo su mando; sin embargo lo más importante se lo habían arrebatado desde que tenía memoria: la anhelada libertad.
Su madre siempre ha sido una manipuladora, lo que ella ordenaba siempre se cumplía, era tan frustrante, toda su vida lo controlo decidiendo que debía comer hasta como debía vestirse, pero todo cambio cuando él decidió al menos tomar unas pocas decisiones por su cuenta y cuando se enamoro rompió todas sus cadenas, Saga en ese entonces había sido su detonante, conoció el amor con ese hombre y saboreo un poco de libertad al romper las reglas.
Pero el mundo es cruel y tan bello a la vez, le mostro los hermosos colores y el significado de estar vivo para arrebatárselo y restregarle en la cara la realidad de la cual estaba escapando.
Masamune rompió su corazón y estaba seguro que nadie sería capaz de repararlo, por eso se resigno a vivir una vida monótona, él sabía que si llegaban a herirlo ya no sería tan profundo, el ya se encontraba roto en más de un sentido.
Pero la vida da vueltas inesperadas y el mundo es tan malditamente pequeño que el destino hizo que una vez más se reencontraran. Después de diez miserables años tenía nuevamente al azabache frente suyo desbordando un amor tan puro que a veces lo asfixiaba.
No quería admitir lo obvio, pero le era inútil negar la realidad que no se cansaba de azotarlo contra el suelo y reírse de su miserable existencia. No quería admitir que amaba al hombre más que a su propia vida, porque de hacerlo, otra vez le saldrían alas y surgiría de la maldita jaula en la cual el mismo se había enclaustrado, volaría tan alto saboreando nuevamente esa apreciada libertad para después caer, pero en esa ocasión el golpe seria más duro y estaba más que seguro que no sería capaz de levantarse. Su mundo se desmoronaría y el desgastado y roto corazón que Masamune nuevamente había reparado se convertiría en polvo y no habría piezas las cuales unir.
El ya lo sabía, pero si ya lo tenía previsto entonces ¿Por qué lo hizo?
Una amarga lagrima bajo por su mejilla deslizándose hasta su barbilla para morir en el inmutable suelo.
Sabía que sería herido nuevamente, pero el solo quería disfrutar aun que sea un poco, poder amar antes de que lo condenaran a pasar una insufrible vida.
Una risa histeria salió de sus labios. Si, él ya se esperaba que arruinaran sus planes y lo confinaran nuevamente a la soledad, pero nunca se imagino que fuera esa persona, siempre creyó que su madre lo arrastraría a su mundo de amargura y terminaría siendo su títere, pero no fue así ahora el que lo había traicionado no era nadie más ni menos que su padre.
La poca fuerza que aun mantenía pareció filtrase de su cuerpo, ya que sus rodillas flaquearon obligándolo a ceder y deslizarse por la pared que tenia detrás suyo. Que patético, daba gracias el haber encontrado ese lugar solo a mitad del camino hacia el departamento de manga y haberse encerrado para que nadie viera el cómo se estaba desmoronando.
El tan solo recordad la conversación que tuvo con su padre hacia que se le torcieran las tripas.
-"Hijo vaya ha pasado mucho tiempo, dime ¿Cómo has estado?"-
-Estoy bien, ¿ha pasado algo? ¿Está todo bien?- pregunto el castaño con prisa, la inseguridad lo consumía, quería saber el motivo de la llamada.
-"No te preocupes, estamos bien, ¿qué tiene de raro que quiera hablar con mi propio hijo?"-
-"¡Ah! ¡No será porque nunca me llamas!"- se dijo mentalmente el ojiverde mientras pellizcaba el puente de su nariz.- no es solo que… bueno yo.-
-"Ritsu necesito que vengas a casa."-
-"¡oh Dios ya me lo temía"- pensó el castaño al momento que analizaba la situación ¿para qué rayos su padre quería que volviera a casa? Sabía que nada bueno saldría de esa llamada telefónica.
-"¿Sigues allí?"-
-oh si lo siento, pero espera, ¿para qué me necesitas? además tengo trabajo no puedo dejar todo a medias he ir a casa.- dijo rápidamente el joven castaño, el no quería ir y ver a sus padres, por más cruel que sonara en verdad no quería verlos, el apenas se estaba independizando y de la nada le decían que volviera a casa.
-"Necesitamos hablar hijo, es importante."- insistió la voz del otro lado de la línea.
-Pero papá…-
-"Ritsu no se diga mas, te estaremos esperando tu madre y yo el domingo al medio día."- soltó el mayor de los Onoderas con voz autoritaria para después colgar y dejar al castaño sorprendido.
-"¡Mierda!"-
No era tan estúpido, el sabia para que lo querían era por esa razón que se sentía tan destrozado, como si sus padres quisieran tener una estúpida reunión familiar solo para pasar el rato, le daba asco en tan solo pensar en ello.
Un suspiro tembloroso salió de sus labios, tenía que calmarse aun le quedaba trabajo que hacer y además estaba seguro que Misaki lo estaba esperando, no le quedaba de otra más que fingir que todo estaba bien, formar una de sus mejores mascaras para que el azabache no sospechara y lo dejara en paz el resto de la jornada.
¡Oh Dios! Y para rematar tenía que pedir permiso, era la semana del infierno lo que significaba que no habría días de descanso, tendría que pedir el domingo libre y ponerse al corriente con sus manuscritos, no podía dejar su trabajo a medias.
Exasperado tiro de sus castaños cabellos, su padre lo había metido en un gran problema. Tomando un último respiro se levantó de su posición en cuclillas, con sus manos se fregó el rostro borrando todo rastro de lagrimas no se permitiría que lo vieran así su orgullo se lo impedía.
-Se fue…-
-Si Ricchan, dijo que ya habías tardado demasiado así que decidió salir a buscarte.- le hizo saber Kisa al castaño el cual había llegado para encontrarse con que Misaki se había ido.
-Come conmigo.- dijo casualmente Masamune sin apartar la mirada de los documentos que sostenía.
-¡Ah! ¡Por supuesto que no!- grito airadamente el ojiverde mientras miraba a su jefe.
-tsk que molesto.-
-Me pregunto quién es el molesto aquí.- contraataco Ritsu soltando un resoplido.- como sea me tomara mucho tiempo buscarlo, será mejor que lo llame.- "¿me pregunto porque él no lo hizo?"- se pregunto mientras buscaba entre sus contactos a su pequeño amigo.
Un notorio tic se formo en su ojo izquierdo al percatarse de su estúpida pregunta.- "¡Bravo Ritsu bravo! No se supone que tu padre te estaba llamando en ese momento, es obvio que Misaki no te llamaría."- se reprendió mentalmente,a veces llegaba a pensar que la estupidez se pegaba ya que Takano se la estaba contagiando.
-"Hola."-
-¡Ah! Misaki, ¿Dónde estás? Lo siento tarde demasiado y por eso fuiste a buscarme.- se disculpo rápidamente Ritsu al escuchar la voz de menor al otro lado de la línea mientras se alejaba de los demás para tener una conversación mas privada.
-"Ricchan, está bien no te preocupes, y disculpa pero que te parece si dejamos la comida para otro día, mi descanso ya termino tengo que regresar o se molestaran conmigo."
-lo siento por mi culpa no comiste nada, en verdad lo siento.-
-"No te preocupes compre algo en la máquina expendedora, lo que me preocupa eres tú ¿ya has comido algo?"-pregunto Misaki con preocupación, ya que sabia los desordenes alimenticios de su amigo, vaya que para ser un adulto no se cuidaba como debía.
-Yo estoy bien no te preocupes por mí, lo siento Misaki te prometo que te lo recompensare en estos días.- soltó el castaño con voz apagada, últimamente las cosas no le salían como planeaba y eso lo estaba sacando de quicio.
-"Ricchan ¿Estás bien?"-
-¿uh? ¡Sí!, ¡estoy bien! ¿Por qué lo preguntas?-cuestionó el mayor, vaya era más difícil de lo que pensaba el aparentar otra cosa, era doloroso mentir a las personas cercanas a ti, una mentira por más pequeña que sea en el futuro traerá consecuencias, por mínima que sea siempre las traerá.
-"No es nada solo ignóralo."-respondió restándole importancia el pequeño castaño, bueno en realidad no del todo ya que este se preocupaba por su amigo.
-Tengo que colgar Misaki, Takano-san esta llamándome.- mintió.- Hoy tampoco podre acompañarte, lo siento.-lo único que quería era terminar esa llamada, aun que él fuera el que la había hecho, Misaki no era un ignorante, por alguna razón el muchacho sabía leerlo muy bien he ahí la razón por la cual ya no quería hablar con él en ese momento, no quería preocuparlo con sus asuntos personales, era un joven el cual no necesitaba exponerse a cargas innecesarias y mucho menos si esas cargas eran suyas.
-"Lo entiendo, hoy comienza esa semana infernal ¿no es así?"-
-Sí, lo más probable es que estemos en vela durante la semana y no podre regresar a casa, avisa a Usami-sensei, aun que creo que el ya está al tanto pero por si las dudas.-
-"Esta bien, entonces no vemos Ricchan, no te exijas demasiado cuídate."-
-Tú también Misaki, nos vemos.- termino por decir Onodera soltando un suspiro.
-¿ya terminaste?-
-¡Ah! ¡Takano-san podrías por favor respetar mi privacidad!- se quejo el castaño mientras miraba airadamente a su jefe.
-Vamos hoy comerás conmigo.- ignorando olímpicamente tomo a Ritsu por la muñeca obligándolo a caminar detrás suyo.
- ¡¿Qué?! ¡Estás loco yo nunca dije que comería contigo!- se quejaba el pequeño ojiverde.- ¡Takano-san escucha cuando las personas te están hablando!-
-¿Ya comiste?- cuestiono el mayor sin detener su paso.
-¡Sí! ¡Ya lo hice así que suéltame para que pueda continuar con mi trabajo!-
-Mentiroso, ya cierra la boca y ríndete.-
Un notorio tic se hizo presente nuevamente en uno de los ojos del castaño, con Takano nunca se podía, sacaba sus aires de grandeza y cuando lo hacía sabía que era una batalla perdida, oh como lo odiaba por eso era tan injusto. Derrotado se dejo arrastrar a un pequeño restaurante familiar cerca de Marukawa.
-Y ¿Qué vas a pedir? Espero y no pidas pan y verduras nuevamente. -reprendió Masamune al menor malhumorado que se encontraba sentado frente suyo.
-Takano-san no sé por qué insistes en comer una vez al día conmigo, ¡esto es ridículo, puedo cuidar de mi mismo! ¡Ya déjame tranquilo!-oh el pelinegro era tan insoportable, como lograba sacarlo de quicio ¡lo odiaba! ¡Lo odiaba!
-ah esto se ve bien, tomare las órdenes de ambos.-
-¡No me ignores!- soltando un suspiro de frustración Onodera dejo que el azabache hiciera lo que se le antojara, al fin de cuentas siempre era lo mismo tomaba las decisiones sin ni siquiera preguntarle primero, era tan irritante.
Una vez la camarera se retiro con sus pedidos el silencio se apodero del lugar, Takano miraba de vez en cuando al castaño por el rabillo de su ojo, era él o lucia más delgado, ya no sabía que pensar o que hacer, Ritsu era realmente terco, el tan solo quería cuidar de su alimentación y mira como se lo pagaba, quejándose todo el santo día y recibiendo miradas matonas, a veces ya no lo entendía y comenzaba a desesperarse.
Quería entender al castaño, saber que era lo que estaba pasando por su cabeza ayudarlo con lo que estaba mal y salir adelante juntos, pero este no se lo permitía, Onodera era una persona tan reservada, en el pasado podía leerlo tan fácilmente; sin embargo la persona que se encontraba frente a él había construido muros inquebrantables que le costaba demasiado saber lo que estaba sintiendo.
Una cosa estaba clara, por más que Ritsu tratara de ocultar sus sentimientos no lograba esconderlos del todo, las fatiga se hacía más notable con los días, las ojeras bajo sus ojos, sus hombros a diario estaban caídos, su insoportable carácter estaba presente pero no era ni la mitad de lo que solía ser y por si fuera poco aun estaba más delgado que antes, pero lo que más denotaba su cansancio eran sus hermoso ojos esmeraldas, el brillo en ellos se estaba apagando con cada hora que pasaba.
No era estúpido, Onodera estaba muy equivocado si pensó que no se daría cuenta, Masamune siempre estaba al pendiente de él, así que se le hizo ridículo que el castaño tratara de ocultarlo.
Y estaba aun mas equivocado si pensó que pasaría de largo el que sus ojos estuvieran enrojecidos cuando regreso después de tomar esa llamada telefónica, algo había salido mal y él descubriría por las buenas o por las malas lo que estaba molestando a su amada castaño.
-oye…- llamo el pelinegro a su pequeño acompañante.
-¿Ahora qué?- respondió de modo grosero Ritsu sin siquiera mirar a la cara al mayor mientras tomaba un pequeño sorbo de agua que les habían traído previamente.
-¿Por qué estabas llorando?-
El agua que una vez estaba en la boca del castaño salió disparada de sus labios por la repentina pregunta, provocando que este se atragantara y desesperadamente jalara aire.
-¡¿Qué?!- logro preguntar una vez se había recuperado un poco.
-¿Por qué estabas llorando?- volvió a preguntar el azabache con voz serena.
-¡¿De qué estás hablando?!- ¡Diablos! sí que Takano era astuto.
-De lo obvio.- respondió Masamune mirando fijamente al hombre frente a él.
-no sé que se te habrá metido a la cabeza para hacerme ese tipo de preguntas, pero yo no estaba llorando.- dijo Ritsu con el seño fruncido mientras se ruborizaba furiosamente.
-Estas mintiendo, no lo hagas te conozco.- contradijo el azabache a su subordinado un poco molesto.
-No es verdad, ya déjame tranquilo.-
-¡Onodera!-
-Quieres bajar tu voz, estas molestando a los demás.- pidió el castaño en un susurro para evitar llamar la atención.
-El que comenzó a elevar la voz fuiste tú.- declaro un poco más tranquilo Takano provocando que el ojiverde se ruborizara una vez más.
Un suspiro se escapo de los labios de ojimiel al ver que Onodera no le daría respuesta alguna.- ¿Hay algo mal con tus padres?- pregunto con sutileza.
-No quiero hablar de eso.- declaro rápidamente el menor escondiendo sus ojos verdes bajo su flequillo.
Masamune una vez más iba a interrogar a su pequeño subordinado pero fue interrumpido por la mesera que había traído sus pedidos. Un silencio incomodo nuevamente se apodero de la atmosfera a su alrededor, ninguno de los dos decía nada, solo se dedicaban a ingerir los alimentos que tenían frente a ellos.
-Takano-san…- se atrevió a romper el silencio tímidamente Ritsu, ya no lo soportaba todo a su alrededor era sofocante.
-¿Si?- prestando atención al castaño lo miro intensamente mientras esperaba a que continuara hablando.
Por otro lado Onodera se movió incomodo en su lugar, no le gustaba que lo mirara de esa manera, se sentía tan expuesto bajo esos ojos color miel.-yo…bueno sé que no es el mejor momento para pedirlo… pero me preguntaba si tu…-
-Solo dilo.- animo el azabache a Ritsu a que continuara, no entendía como en otras ocasiones lograba ser tan directo y ahora estaba tartamudeando como un loco mientras temblaba como si el mundo se fuera a acabar.
-me preguntaba si podría faltar el domingo al trabajo.-dijo en un susurro, ¡Dios! sabía que su jefe se enfadaría con el pero en verdad necesitaba ese día libre.- ¡yo prometo tener todo terminado para el sábado, hablare con sensei para que tenga el manuscrito a tiempo!- dijo rápidamente mientras sentía como su rostro se ponía rojo remolacha.
-ah… acaso ¿tienes algo planeado para ese día?- pregunto con clama el azabache; sin embargo no iba a negar que se sentía sorprendido por la petición, Ritsu era un adicto al trabajo como para faltar un día a sus deberes.
-No es que lo tuviera planeado…- murmuro con algo de enojo al recordar la plática que tuvo con su padre.
-Está bien, siempre y cuando tengas todo terminado para el sábado como dijiste.- dijo Masamune para después meter algo de comida a su boca.
-¿En serio?- expreso algo sorprendido el castaño al ver la reacción positiva de su autócrata jefe.- no sabes cómo te lo agrades…-
-Pero además tendrás que tener una cita conmigo.- declaro sonriente el ojimiel mientras miraba con diversión a su pequeña presa.
-¿Ah?- miro desconcertado Ritsu al hombre frente a él.
-Como lo dije, si no hay cita no hay permiso.-
-¿Eh? ¿Una cita?- pregunto con incertidumbre el pequeño castaño ya que aun no le cabía la idea.
-Si una cita, este sábado tú y yo, te llevaré a cenar.- dijo por último el azabache. Sin decir más se levanto de su lugar para dirigirse a la salida dejando atrás a un confuso castaño.
-¡¿Ehhhhh?! ¡No puedes hacerme esto, no es justo! ¡Esto es abuso de poder! ¡Takano-san!-
