¡Hola!

Tiene tiempo que no actualizo… espero poder hacerlo más seguido. Cuento con 8 capítulos. Espero que al menos sean de agrado y realmente deseo volver a tener un golpe de inspiración.

Sin más, disfruten de la tercera entrega y una disculpa si parece algo flojo o hay errores, sinceramente comencé la construcción cuando no conocía bien de los personajes, mejoraré conforme la marcha de los siquientes; gracias por su atención.

Fanfic AU.

Agradecimiento especial a mi lector piloto: Veoux.

Los personajes pertenecen a J.R.R. Tolkien.


Capítulo 2 - De la marcha.

Por: Zukamori.

Era el cuarto día de viaje desde que salieron de los bosques. Marchaban a paso apresurado y se tomaban el menor tiempo en algún descanso o refrigerio, pues no querían hacer perder tiempo a sus respectivos reyes, quienes generosamente (pese a las dificultades y lo acontecido en los Bosques días atrás) se mostraban generosos y cálidos.

El manto celeste cubría el cielo con un azul profundo inundado de estrellas brillantes, que, allá arriba fuera del alcance de todos, parecían tener una danza para celebrar algo, quizá que ellas no estuvieran involucradas en tan dolorosas matanzas.

Tendido sobre el pasto, se encontraba el guerrero de cabello oscuro. Miraba con sus ojos melancólicos aquella bóveda llena de luces diminutas. Los ejércitos estaban silenciosos pero vigilantes, y los centinelas se rolaban los turnos para tener bien cubierto el área de descanso.
Elrond suspiraba de vez en vez y se relamía los labios con la frecuencia de quien los siente resecos.

Volver a la guerra. Sinceramente no tenía deseos de hacerlo.

No era porque su corazón fuera débil, tampoco carecía de la valentía necesaria. Más bien, siempre había sido más sensato que su compañero... Thranduil.

Suspiró, se hundió en sus pensamientos girándose hacia el costado sobre donde estaba acostado.
Desde que lo había conocido hasta la fecha, era algo que le disgustaba del Rey Elfo. Pero a la vez era lo que más curiosidad le causaba, pues el Rey Elfo, aunque no siempre ocultaba sus emociones, era muy cuidadoso al mostrar cada una de ellas, desde ser el más expresivo hasta parecer el más desinteresado. Pero siempre había razones ocultas tras de aquellas máscaras. En realidad, extrañaba los tiempos en los que podían pasar más rato juntos... compartiendo la vida y la dicha... compartiendo el... cariño.

Se sentó de golpe sintiéndose incómodo. ¿Por qué en momentos como ese es que se le ocurría aparecer a sus recuerdos? Si no fuera porque todo estaba sorpresivamente despejado, pudo haber culpado al efecto relajante del rocío.

Pero no había rocío ni estaba relajado sino todo lo contrario.

En ese momento se sintió observado, se percató que llevaba ya un rato sintiéndose de esa manera, se le iría la vida en suspiros. Se sobó el tabique de la nariz e hizo un ademán de descontento con los labios.

─Ha pasado mucho tiempo, lo sé.

─ ¿De qué hablas?

Elrond volteó a mirar al Rey Elfo, quien se encontraba a escasa distancia, de pie, con la mirada perdida hacia la nada o más allá de los árboles en los que se habían refugiado.

─ ¿Desde qué momento estás ahí?-volvió a romper el silencio el guerrero de cabello negro sin poder esperar la respuesta─ Creí que estarías cubriendo guardia.

─Desde hace un rato ya, antes de que entrara la madrugada; y aún no es mi turno. A tu primera pregunta...-pausó intentando hacer suspenso.

─No es bueno espiar a los demás. Menos cuando a propósito se han alejado para pensar un poco.
─Oh, no pretendía molestarte-replicó─...pero si tanto es tu deseo de que me vaya, lamento no poder complacerte.

Podía sentir la sonrisa de Thranduil aun cuando le dio pereza voltear a verlo. El Rey Elfo era de esa manera, dado a degustar de sus victorias como si lo fuera todo en su vida. El silencio prosiguió, ni siquiera se escuchaban los cantos de los insectos nocturnos. Al poco rato, el Rey Elfo se sentó a un lado de Elrond y reanudó la conversación, recargando los brazos hacia atrás para estirar la espalda.

─ ¿A quién quieres engañar?-utilizó un tono suspicaz y socarrón, muy característico de él─ No estabas pensando precisamente en lo que nos depara el mañana. Más bien, estabas sumergido en los recuerdos. ¿No es así?-inquirió no sólo con la voz, sino acentuó con la mirada.

─Tal vez, Sir...-volteó a ver el cielo nuevamente─ Me conoces bien.

─Sigues siendo el ingenuo que cree que puede esconderme cosas.

─Me alegra saber al menos que algo no ha cambiado-retrajo una rodilla y colocó ahí el antebrazo─...Al menos algo se mantiene intacto del pasado.

Pareció que Thranduil puso interés en el punto que Elrond miraba y observó hacia el mismo lugar.
─Extraño muchas cosas-respondió─...y me pesa que hayan cambiado muchas otras, pero no es que hayan terminado-se relamió los labios de la misma manera en que Elrond lo hacía anteriormente─, sin embargo, he de confesarte que no me atreví a hablarte de eso, pues noté que la tristeza había crecido en ti y no supe cómo ayudarte.

─Alejándote... fue lo peor que pudiste hacer. Si es que hacer algo estaba en tus manos. Y ahora has aceptado la guerra y me has arrastrado contigo. No siempre tu sabiduría te da para las mejores decisiones... Y aquí estamos, querido Rey Elfo, en medio de la nada, añorando el antes de los cambios pero estando conscientes de que nunca fue el fin.

Elrond sonrió de una manera que parecía dolida, sus ojos parecieron aguarse, pero no era más que el reflejo de la luna sobre ellos, una luna casi muerta y tan triste como él.

El Rey Elfo hizo una mueca de desagrado pero no objetó; Elrond se caracterizaba por ser el más metódico y el más razonable entre ambos... Eran tan contrarios que la intensidad de los sentimientos que se tuvieron entre ambos demostraba la ironía de la vida misma.

Negó suave, pero no se disculpó.

─Comprende mi dolor y mis razones-replicó y suspiró después─...No puedo quedarme de brazos cruzados y lo sabes. Esta guerra me concierne a mí tanto como a ti, Elrond, no puedes decir que te he obligado realmente. Marchaste con tu ejército desde tu lejana Rivendel hasta mis tierras. ¿A qué ibas entonces sino a pedirme que fuera contigo?

─A pedir un consejo.

Ambos volvieron a callar. A Thranduil le dio la sensación de que terminaría gritando de seguir así. Rompió distancia entre ambos y comenzó a hablar por lo bajo, gruñendo, gritando a oído sordo.
─Perfecto. Si tanto te duele venir conmigo, puedes regresar por el camino. Lo conoces bien y mejor que yo. Pero deja de tratarme como si todo lo que yo hiciera estuviera mal. Por el contrario a ti, quería darme un poco de más valor, y por lo menos, si muero, sería tal vez viéndote por última vez.

Elrond rió, casi sofocando una carcajada.

─Morir juntos, qué romántico.

Fue cuando el Rey Elfo no lo soportó más y se separó de golpe, poniéndose de pie. Se dio media vuelta y caminó con el enfado suficiente como para hacerse notar. Se detuvo, pero no volteó, cuando la voz del guerrero del cabello negro volvió a articular palabra.

─Thranduil-pausó, como pensando las palabra a elegir─...Nunca dejé de quererte, incluso ahora.
─Te repito-respondió cortante pero lo más calmado que podía─ Las cosas no han terminado.

─Es también parte de mis deseos.

El Rey Elfo volvió a su andar brusco mientras que el guerrero de cabello negro tomaba nuevamente su lugar en el pasto. Sonrió muy levemente, esperaba que aquellas palabras fueran ciertas.