Caso Candy Candy tercera parte.

Ahora el objetivo inmediato era lograr una peleíta entre Candy y Terry, nada más para que fueran conversando y gustándose un poquito. Lo malo es que tenía poco tiempo, porque el Festival de Mayo era en tres días más, y Terry no se dejaba ver para provocar una pelea entre él y Candy.

-Oye... – le dije esa tarde a Candy - ¿qué opinas de Terry Granchester?
-¿Quién? – preguntó Candy, abriendo mucho los ojos – Ah, el duque. Sí, igual; no sé. No lo conozco mucho, lo he visto como tres veces y me parece rarito.

-¿Rarito?

-Sí, es que dice tonterías, no se toma nada en serio... no sé, Annie. Es sólo un aristócrata presumido ¿Él te gusta? Ojalá que no, Annie. A la mitad de las chicas del colegio les gusta. Sinceramente no le encuentro nada del otro mundo.

-No, no me gusta – mentí (¿a quién no le gusta Terry??? )-, es que me pareció que a ti te interesaba.

-No sé, es que lo conozco poco, y hace tiempo que no hablo con él. ¿Cómo te puede gustar alguien que no conoces? Yo no soy de las que se enamoran simplemente de la belleza de los hombres.

"Claro" – pensé – "Supongo que te gustó el príncipe de la colina por su talento con la gaita, y Anthony porque cultivaba rosas. Ni tú te la crees".

-Pero no hablemos más de Terry. – pidió Candy - ¿Qué opinas de Archie?

-¿Archie? – pregunté - ¿Qué hay con Archie?

-Le gustas – dijo ella -. ¿No te habías dado cuenta?

Creo que me puse muy roja, porque Candy se rió de mí.

-No, nunca me había dado cuenta – dije después de un rato – Pensé que a él le gustaba otro tipo de chica.

-Sí, me dijo que le gustó mucho que hayas aceptado que eras del Hogar de Pony y eso lo había hecho fijarse más en ti. ¿Y qué opinas de Stear?

-¿También le gusto a Stear? (Rayos, estaba causando furor, lo que nunca me pasó en la realidad...)

-No... – dijo ella – él me gusta a mí. ¿Crees que me quiera?

-¿QUÉÉÉÉÉ???? – grité. (¿Candy y Stear? ¿Universo paralelo???)r

-¿Por qué gritas? ¿Acaso él te gusta? Si es así, Annie, yo renunciaré a él, porque tú eres mi amiga y...

-No, no me gusta, pero ¿No le gusta a Patty?

-¿A quién?

-A Patty, la chica de lentes... tu am... – iba a decir "tu amiga, nuestra amiga", pero me acordé que ella y Candy nunca se hicieron intimas, porque llegué yo...

-No lo sé, creo que no... Pero no me has dicho que opinas de Stear, de Stear y yo juntos.

Sus ojos, lamentablemente, brillaban al decir eso. ¿Candy y Stear? Él me caía bien, es un personaje de lo más amoroso, pero... ¡No es Terry!

-No sé, Candy, te veo con un hombre más rebelde, decidido, romántico, de pelo largo...

-Yo creo que Stear es perfecto – me dijo Candy con una de sus "sonrisas Candy" – Lo invitaré a que sea mi pareja en el Festival de Mayo.

-¡No puedes hacer eso! – exclamé.

-¿Por qué?

-Porque... ¡STEAR ES GAY!

Sé que es totalmente inmoral lo que hice, pero fue un recurso desesperado. Total, después me las arreglaría para juntar a Patty con Stear y arreglar el embrollo.

-¿Stear es gay? – dijo ella - ¿Qué significa eso?

Me había olvidado de que en ese tiempo no se usaba ese término. ¿Cuál se usaba? ¿Cómo llamaron a Oscar Wilde? Ah, sí.

-Es sodomita – le dije.

-Sodomita... repitió Candy. Quedó pensando un momento - ¿Y qué es un sodomita?

Se lo expliqué al oído, y la pobre se puso como tomate.

-Oh... eso – murmuró y se quedó callada -. Bueno, creo que cada persona tiene derecho a vivir como le plazca. Hablaré con él y le diré que lo apoyo.

-¡No, no! – pedí – es que él no sabe que yo sé, yo lo oí sin querer, así que si tú le dices, sabrá que yo sé y que tú sabes y se sentirá avergonzado. Así que no le digas para que no sepa que tú sabes y que yo sé.

-Bueno – aceptó ella. Conversamos de otras cosas y llegó la hora de dormir. Quedaban sólo dos noches para el Festival de Mayo.

Yo tenía pensado hablar con Terry el día anterior al Festival, o quizás el mismo día en la mañana, para no darle tiempo a decir que no; igual lo busqué en la cena, pero no estaba. Y pude oír a la hermana Margaret hablar con otras monjas.

-Terry está desesperado por irse – comentaba en el almuerzo. - Y lo entiendo.

-Pues debería quedarse para templar su carácter – decía la hermana Clice.

-Pero es que ha sufrido tanto... ¿recuerdas cuando tenía doce años y esperó a su padre todo el día de festival en la puerta del colegio?

-Sí, y en la noche no quería irse a dormir. Lo recuerdo.

-Por suerte la Madre Superiora lo dejará partir un día antes, así no verá los preparativos.

Oh-oh... si Terry se iba esa madrugada, no tendría tiempo de hablar con él.

A menos que...

A menos que fuera a su habitación en la noche.

¿Para qué mentir? La idea de meterme en la habitación de Terry me tenía ansiosa y emocionada. ¡Conocería a TERRY en persona! ¡En carne y hueso! Ideas locas sobre agarrarlo a besos y manosearlo un poquito me vinieron a la mente, pero la dignidad prevaleció y me decidí a ir sin hacer ningún escándalo. Bueno, no más escándalo que el hecho de escaparme de mi habitación de noche, saltar por la cuerda como lo había hecho Candy, y escabullirme en la habitación de un chico con mala reputación.

Me fui temprano a mi habitación con el pretexto de un dolor de cabeza, pero realmente quería planear lo que iba a decirle a Terry. Al final me decidí a escribir una invitación y entregársela en nombre de Candy.

Como a las doce llegó la hora de ir. Lancé la cuerda, salté, llegué al balcón de Terry. La ventana por suerte estaba abierta. La luz estaba apagada. Mejor, así él no vería lo roja que yo estaba.

Se veía poco, pero se notaba que no había nadie sobre la cama. No estaba. Mejor; me sentía demasiado nerviosa y ya no pensaba que era buena idea lo que estaba haciendo. Mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad, yo buscaba una mesa, algo para dejar la invitación. De pronto algo claro en el piso llamó mi atención, y sin pensar en que era meterme en lo que no me importaba, lo recogí.

Era un pedazo de una foto grande de Eleonore Baker.

-Ah, rayos – dije – Esta es la famosa foto. Debe estar aquí hace días. ¿Acaso este tipo nunca limpia su habitación?

-No – dijo una voz -. Me gusta tener mi espacio a mi manera.

Una luz se prendió. Me volví, y ahí estaba TERRY GRANCHESTER.

Guau.

¿Qué puedo decir de él? Todo el mundo lo conoce. ¿Qué puedo aportar, aparte de que era lindo, bello, hermoso, precioso, guapo, perfecto, adictivo?

Y que me miraba con esos ojos azules, brillantes, de pestañas largas, con esa sonrisa torcida en el rostro.

-¿Vienes a entregarme eso, o a criticar mi habitación? – dijo él.

-Aaaaaa... – dije.

-Puedes colocar tu invitación con el montón que está en la basura – dijo – porque no pienso aceptar ninguna. Me voy de acá.

-Aaaaaa... – dije, y reaccioné - ¿el montón de invitaciones?

-Sí, todos los años me llegan como cien o ciento veinte invitaciones para el festival – respondió él sin mirarme.

-Aaaaaa – dije, embobada nuevamente.

-Haz el favor de cerrar la boca, pequeña Tarzán Drácula – me pidió, sonriendo un poco.

¿Tarzán Drácula? ¿A qué se refería?

-¿Por qué' – le pregunté.

-Porque estás mojando la alfombra con tu saliva – respondió.

(Era verdad; tenía un pequeño charquito a mis pies)

-No, me refiero a... ¿por qué me llamaste Tarzán Drácula?

Él se levantó de un salto, se puso frente a mí y sonrió burlón.

-Una cuerda cruza la noche – dijo – y en ella viaja... ¡Una Tarzán! Pálida, pálida, como un vampiro que jamás ve la luz del sol. Por eso, por pálido. Tú eres muy pálida. ¿Te lo explico con manzanitas?

No supe que responderle. ¿Tarzán Drácula? ¿Ese chico se dedicaba a ponerle apodos a todo el mundo?

Pues, sí. ¡Terry!

Me acordé de cuando le dijo a Candy Tarzán pecosa, mona pecas, pecosa... cuántos recuerdos. Yo me sentaba con las chicas frente al televisor. Teníamos nueve años y creíamos que Candy terminaría bien (era la primera vez que la veíamos). Sufríamos con las desventuras de Candy, odiábamos a Elisa y le echábamos maldiciones a la Gusana mientras comíamos pan con palta. ¡Qué tiempos aquellos!

-Oye, sé que soy un aristócrata guapo, pero no es como para que te quedes embobada – me dijo Terry, moviendo sus manos frente a mí.

Volví al presente.

-Aaaaaa – lamentablemente eso era todo lo que atinaba a decir.

-Bueno, Tarzán Drácula, si te vas a portar como todas las estúpidas de este colegio más vale que te vayas porque necesito dormir. Y para dormir necesito desvestirme.

-¿Desvestir? – mi cerebro reaccionó ante esa oportunidad única.

-Sí, y una dama como tú no debe ver a un hombre en esos menesteres.

-No importa. A mí no me molesta – se me salió decir.

Eso lo descolocó y no supo que responderme; entonces, pasé al ataque.

-La invitación al Festival de Mayo no es mía – le dije -, sino de mi mejor amiga, Candy. Tú ya la conoces, la viste en el barco que los trajo a Europa desde América.

-¡Ah, Tarzán Pecosa! – se veía muy interesado y por primera vez ya no tenía esa sonrisa cínica -. ¿La conoces?

-Es mi mejor amiga – le repetí.

-Ah, sí – dijo él -, ya lo habías mencionado. Bueno, ¿ella te habló de mí?

Me pareció prudente no comentar lo que Candy había dicho de él.

-Candy desearía que fueras su pareja en el Festival de Mayo, pero es demasiado tímida como para pedírtelo.

-Tarzán pecosa no me parece una chica tímida – dijo él -, en nuestro encuentro en el barco se mostró bastante valerosa.

-Sí, pero en estas cosas es tímida.

-Y por eso manda a su amiga a meterse en la habitación de un chico de mala reputación...

-No – interrumpí -, ella no sabe que estoy aquí. Y si tú le dices algo al respecto ella sabrá y no quiero que sepa que yo sé que le gustas porque sí que le dará vergüenza. Así que no le digas que yo sé y que tú sabes, para que ella no lo sepa.

Me parece que se perdió un poco en mis argumentos, porque me miró desconcertado. Pero al fin me dedicó una de esas sonrisas que enloquecen, y tomó la invitación. Olió el papel.

-¿Este perfume es de Tarzán Pecosa, o Tarzán Drácula?

-Usamos el mismo perfume – no mentía en este asunto; compartíamos perfume porque a ella se le había quebrado el suyo...

-Pues es de lo más exquisito... bien, Tarzán Drácula, dile a tu amiga que acepto su invitación y será un gusto acompañarla.

-¡Excelente! – exclamé, y me di media vuelta para retirarme, pero Terry me sujetó por un brazo:

-Oye... ¿crees que deba llevarle una flor, o algo – preguntó, dudoso.

-No sé, no conozco bien las costumbres de Inglaterra.

-Pero eres una chica... ¿crees que le gustaría una flor, o preferiría una joya?

-Una flor estará bien, Terry. Buenas noches.

-¿Y qué color le gusta?

-El rosado.

-¿Hay rosas rosadas?

-Sí, encarga en alguna florería. Nos vemos mañana.

-Nos vemos...

Al fin pude irme. Ese último instante de inseguridad de Terry me dejó perpleja. ¿Desde cuando que él dudaba? Bueno, quizás era un buen síntoma. Si estaba nervioso por la cita con Candy, es que ella le producía "cosas"... jejeje.

Me dormí con una sonrisa optimista en el rostro y desperté con un calambre en la cara, pero... son cosas que pasan.

Se me corrió un punto del calcetín al ponérmelo, pero... son cosas que pasan.

Se me rompió la peineta mientras me peinaba, pero... son cosas que pasan.

Pero cuando llegué atrasada al desayuno porque el reloj se me había parado, y la hermana Grey me hizo leer doscientos versículos del Apocalipsis, me di cuenta de algo:

Ese no era mi día.

Y temblé.

Candy se acercó a mí después del nefasto desayuno. Estaba saltando de alegría.

-¡Ya lo arreglé! – me dijo.

-Arreglaste qué... – quise saber.

-Ya sé quién será mi pareja en el Festival.

-¿Tu pareja?

-Lo arreglé en el desayuno. Dijiste que me convenía un chico de cabello largo, decidido, romántico y rebelde. ¡Albert!

-¿QUÉ?

-Albert, pues. Archie me dijo que Albert, un antiguo amigo, estaba en Londres, así que se me ocurrió que a él no le molestaría ser mi pareja. ¿Qué opinas? ¿Nos escapamos esta tarde para hablar con él?

-Pero, Candy... – mi cabeza se quedó en blanco. No se me ocurría qué decirle a Candy. No podía repetir la excusa que di con Stear. ¿O sí? ¿Creería que Albert es gay? No, se supone que Annie no conoce a Albert... No puedo decirle que Albert es gay.

Aunque...

-¿Albert es un joven rubio, alto, que trabaja en un zoológico?

-Sí... ¿lo conoces? Es muy simpático.

-Um... es que es pareja de Stear.

Candy palideció.

-¿Pareja... así como pareja, pareja, de Stear?

-Sí, pareja pareja.

-Vaya... hablaré con él, y le diré que apoyo su decisión... eso es lo que se espera de una amiga.

-¡No! Mejor no le digas nada, o sabrá que tú sabrás y que yo sé, y según lo que sé, ni Stear ni Albert quieren que nadie sepa. Y si saben que se sabe, sabrán que yo lo dije y se enojarán porque yo dije lo que sabía.

-Bueno, Annie. Pero eso me deja sin pareja para el Festival.

-Ah, es que tú no sabes que alguien quiere ser tu pareja y sueña con ese momento.

-¿Quién es? ¡Me muero de curiosidad!

-Pues tendrá que morirse, señorita Andley, que están atrasadas para la clase – dijo una voz a nuestras espaldas. La hermana Margaret.

Ese día, por suerte, las clases eran sólo hasta las once, porque teníamos que preparar lo del Festival. Yo estaba ansiosa porque terminara la clase, ya que tenía que juntar a Candy y a Terry y hacer que decidieran ir juntos al Festival.

Como a las diez, Candy fue al baño. Se demoró un rato y volvió muy molesta. No quiso decirme nada...

Pero a las once, cuando sonó la campana, me pasó tres rosas, un papel y me dijo:

-Terry te mandó esto. ¿Desde cuándo que se envían flores ynotitas los novios? Y dile que no me use más de correo. Tampoco quiero que tú me uses de correo. Qué decepción, Annie. Caíste en las garras de ese despreciable aristócrata. ¿Cómo pudiste?

Se fue corriendo, me pareció que conteniendo las lágrimas. Elisa y sus secuaces me miraban con asombro. Un grupo de chicas corrió tras Candy y una o dos se me quedaron mirando, a ver qué hacía yo.

Automáticamente, sin pensar, leí la nota de Terry:

"Saludos en Transilvania, Tarzán Drácula: Tengo problemas con el regalo para Candy. Hay por lo menos tres tonos de flores rosadas en las tiendas, son las que te envío. Elige la que mejor venga con los ojos de Candy. Necesito tu asesoramiento. Además, tienes que decirme qué medida de anillo usa Candy, que quiero regalarle uno. ¿Será adecuado? ¿Qué piensas? Encuéntrame a las doce en la colina."

Rayos...

¿Se arreglarán las cosas con Candy?

¿Se enterarán los "gays" de las habladurías de "Annie"?

¿Saldrán, por fin, Candy y Terry?

La verdad es que aún no lo sé...

¡Gracias por leer!!