CAPÍTULO III
Flotar, esa era la palabra adecuada. Fluttershy flotaba de felicidad como si se tratase de uno de los globos de Pinkie Pie, a pesar de que sus cuatro patas estaban firmemente apoyadas en el suelo. Sabía que parte de aquel sentimiento debía ser el exceso de vino, pero no le importaba. En todo su cuerpo reinaba una calma absoluta, haciendo que la pegaso ni siquiera se diese cuenta de lo que sucedía a su alrededor.
Excepto de Rainbow Dash.
Incluso tras todas las horas que habían compartido esta noche, no se cansaba de mirarla. Aquellos ojos carmesíes la atrapaban, igual que el ondear de su melena al viento y el suave batir de sus alas. Todo en su cuerpo atlético era más que perfecto. Estaba tan distraída observándola que tardó un momento en darse cuenta de que ya estaban de vuelta en su cabaña. Y por la mirada de Rainbow parecía que llegaba el momento de despedirse.
—Me lo he pasado muy bien —murmuró Fluttershy, reticente.
—Sí, ha sido genial, tenemos que repetirlo más veces —coincidió Rainbow con una gran sonrisa—. Bueno, adiós.
Sin nada más que añadir, Rainbow empezó a darse la vuelta, pero para su sorpresa notó como Fluttershy tiraba ligeramente de su cola, reteniéndola.
—Rainbow, yo...
—¿Qué pasa?
Fluttershy no sabía que hacer. Quería decirle a Rainbow que no se fuera, que se quedara con ella esta noche. Y no solo esta noche. Rainbow se había mostrado tan amable, tan cuidadosa, tan comprensiva... necesitaba saber si había algo más, si sus sospechas sobre la cena eran ciertas. Su garganta se negaba a emitir cualquier sonido, de modo que avanzó un paso. Y luego otro. Los ojos de Dash fijos en los suyos hacían que en su interior surgiese una calidez que le daba coraje. Solo las separaban unos centímetros. Dejó de pensar. Cerró los ojos.
Y la besó.
No era como el beso de una yegua adulta. En realidad se parecía más al beso de una potrilla que acaba de enamorarse por primera vez. Su primer beso. Tímido, inseguro, pero al mismo tiempo tan sincero que compensaba la inexperiencia. Apenas era un roce, pero eso bastaba para que el corazón de Fluttershy latiera desbocado y su cuerpo temblara de cascos a cabeza.
Estaba a punto de separarse, avergonzada por lo que había hecho, cuando de repente fueron los labios de Dash los que empujaron contra los suyos. Este contacto era más intenso, más firme, permitiendo a Fluttershy probar el sabor de Rainbow. Esto dejó a Fluttershy paralizada; no se atrevía a moverse y arriesgarse a hacer algo mal, pero antes de que pudiera pensar o intentar algo el momento acabó bruscamente.
El contacto había desaparecido sin previo aviso y cuando Fluttershy abrió los ojos vio como su amiga se había echado hacia atrás, con los ojos muy abiertos y con una expresión mezcla de confusión y sorpresa.
—¡Fluttershy! —dijo Rainbow, alterada—. ¿Tú eres lesbiana?
—Yo no... quiero decir... supongo que sí —respondió ella, titubeante, a lo que Rainbow agitó la cabeza y resopló.
—Está bien, no pasa nada. Tú has bebido, yo he bebido, solo ha sido una confusión, lo olvidamos y ya está.
—Pero Rainbow yo... tenía que decirte... yo te am-
—¡No digas eso! —replicó Rainbow con furia, haciendo retroceder a Fluttershy—. No te atrevas a decir eso. ¿No lo ves? Eso lo arruinaría todo. ¿Qué pasa con nuestra amistad, no te importa?
—Pero tú me besaste... y la cena... —el titubeo de Fluttershy se intensificó mientras su cuerpo se encogía de temor ante la ira de Dash.
—¡No te he besado! —negó Rainbow pateando el suelo con fuerza—. Eso son imaginaciones tuyas, estás muy confundida. No te he besado, no ha pasado ni pasará. ¿Creías que esta cena era algo más? Pues olvídalo, yo jamás saldría contigo, no estás a mi altura.
No estás a mi altura.
Fluttershy había escuchado muchas burlas antes, pero nunca tan pocas palabras la habían humillado tanto. Y lo peor es que esas palabras salían de la boca de Rainbow. La sensación de paz que sentía hace unos instantes se había esfumado por completo, dejando solamente un agudo dolor en su corazón. Fluttershy quería suplicar a Rainbow, pedirle perdón, pero no se atrevía a mirar esos ojos llenos de furia.
Me odia. Me odia y me lo merezco. No tenía que haberla besado. Ella tiene razón, he arruinado nuestra amistad.
Era demasiado, demasiadas emociones en una sola noche y Fluttershy ya no podía soportarlo. Sin darse cuenta echó a correr hacia su cabaña, entró como una exhalación y subió escaleras arriba para finalmente arrojarse en su cama y meterse bajo la manta. Apenas tuvo tiempo de llorar o gemir, porque apenas unos segundos bastaron para hacer que la agotada pegaso se durmiera. En estos momentos, su cuerpo sabía mejor que ella que ahora necesitaba descanso para curar sus heridas.
Afuera, un árbol se estremeció cuando el casco de Dash lo golpeó con todas sus fuerzas. Y luego otra vez. Una lluvia de golpes comenzó, haciendo que el árbol pronto perdiera su corteza y empezase a astillarse. Pero Rainbow no paró. Solo cuando sus cascos estaban manchados de sangre y demasiado doloridos para seguir se detuvo. Se dejó caer al suelo mientras limpiaba sus lágrimas. Solo entonces miró a la cabaña y susurró.
—Lo siento mucho Fluttershy. Lo siento mucho.
Al día siguiente
Cielo nublado y fuertes rachas de viento daban la impresión de que una tormenta podría desencadenarse en cualquier momento. A pesar de que el equipo meteorológico no había anunciado nada para hoy, la mayoría de ponis miraban el cielo con inquietud, cancelando planes al aire libre y procurando pasar el mayor tiempo posible bajo techo, ya fuera en sus trabajos o sus hogares.
Para Twilight el mal tiempo no suponía ningún inconveniente. Había planificado lo que iba a hacer este día mucho tiempo atrás e implicaba estar encerrada en la biblioteca, por lo que sol o lluvia poco importaban. Pero ahora se encontraba en la calle y eso era porque antes quería devolverle a Rarity la novela que le había prestado unos días atrás. Además, esta en concreto le había gustado bastante y quería preguntarle si tenía alguna más de la misma escritora.
Al llegar a la Boutique Carrusel tocó un par de veces la puerta y esperó. Antes de que pasaran dos segundos la puerta se abrió y Rarity salió apresurada con expresión de alivio.
—Ya estaba preocupada querida... —se detuvo al darse cuenta de quien estaba frente a ella—. Ah, Twilight, eres tú.
—Hola Rarity, he venido a traerte el libro que me dejaste —dijo Twilight mientras lo hacía levitar desde sus alforjas—. ¿Esperabas a algún cliente?
—No, no exactamente —tomó el libro con su propia magia e invitó a Twilight a pasar—. Había quedado con Fluttershy para que hiciese de modelo con mis últimos diseños —señaló tres maniquíes al fondo de la sala, cada uno con un vestido diferente—. Divinos, ¿no te parece? —añadió con una sonrisa que apenas duró un segundo—. Pero ya ha pasado casi una hora y aún no ha llegado.
Inmediatamente una voz de alarma saltó en la cabeza de Twilight. Fluttershy no faltaría a una cita sin motivos y su mente analítica no pudo evitar pensar que se trataba de algo relacionado con sus planes de anoche. ¿Habría pasado algo en la cena? ¿El qué? Habían repasado el plan muchas veces, ¿que podía haber salido mal?. ¿Y si..?
—¿Sabes algo sobre Fluttershy? ¿La has visto? —preguntó Rarity con cierta preocupación, quien parecía haberse dado cuenta de los pensamientos de su amiga.
—No es nada —respondió Twilight, tratando de restarle importancia—. Es solo que acabo de acordarme que ayer ella y Rainbow Dash quedaron para cenar. Por lo que pasó en la Feria de Intercambio, Rainbow quería disculparse — aclaró, antes de que Rarity pudiera preguntar—. ¿A lo mejor terminaron tarde y Fluttershy se ha quedado dormida? O simplemente se ha olvidado de vuestra cita —sugirió, no muy convencida con esta última opción.
Las dos yeguas se miraron entre sí.
—Quizás deberíamos ir a buscarla —señaló Twilight—. Solo por si acaso.
Rarity asintió y tras asegurarse de que su hermana estaba perfectamente, cerró la boutique y juntas marcharon en dirección a la cabaña de Fluttershy. Nada más llegar advirtieron que algo andaba mal; uno de los árboles del camino había sido golpeado con saña hasta casi quebrarse. Por otra parte, un buen grupo de animales rodeaban la cabaña y parecían nerviosos; rascaban las paredes, daban vueltas y se quejaban.
A ambas yeguas se les pusieron los pelos de punta y siguieron adelante, abriéndose camino hasta llegar a la puerta. Un ligero empujón demostró que no estaba cerrada. Rápidamente entraron, acompañadas por varios animales que se escurrieron entre sus patas. No parecía haber nada diferente o preocupante, salvo el mismo hecho de que la planta baja estaba desierta.
—¿Fluttershy? —llamó Rarity. Al no recibir respuesta volvió a insistir más alto—. ¿Fluttershy, estás ahí?
—Vayamos arriba —dijo Twilight. No se sentía muy cómoda invadiendo la casa de Fluttershy, pero empezaba a estar verdaderamente preocupada y la mirada de Rarity le indicaba que el sentimiento era mutuo.
Unos segundos después entraban por la puerta del dormitorio principal. Fluttershy estaba allí, envuelta en su manta, mientras Angel la agitaba insistentemente. Por un minuto ambas se temieron lo peor, pero al correr hacia la cama pudieron comprobar como el pecho de su amiga subía y bajaba con un ritmo uniforme. Aliviadas, se rieron por haberse asustado tanto.
—Será mejor que la despertemos —dijeron al unísono.
Twilight se acercó a la cama y agitó a Fluttershy. Estaba tan dormida que hizo falta bastante esfuerzo para despertarla. Sintiéndose atacada, ella soltó un grito de miedo hasta que se dio cuenta de quien estaba en su cuarto.
—Rarity, Twilight... ¿que hacéis aquí?
—Estábamos preocupadas por ti, Fluttershy —contestó Twilight—. Rarity me dijo que habíais quedado hace una hora y como no te presentabas decidimos venir a buscarte.
—¿Una hora? —Fluttershy miró el despertador de su mesilla y abrió los ojos con sorpresa—. ¡Lo siento mucho, yo no quería...! —entonces se percató de que Angel le golpeaba la pata, impaciente—. ¡Los animales! Oh dios, oh dios, oh dios —saltó de la cama y salió corriendo hacia el salón sin perder un segundo.
Sus amigas fueron detrás de ella. Los animales la recibieron con gran entusiasmo mientras ella empezaba a preparar la comida para todos. Sin pensárselo dos veces, Twilight acudió a ayudarla, consciente de que necesitaría ayuda. Rarity la siguió, aunque con mucho menos entusiasmo y procurando mantenerse todo lo lejos posible de los animales que ella consideraba "indeseables". Fluttershy les dirigió una mirada agradecida.
Los animales estaban bastante impacientes por recibir su desayuno y eso mantenía totalmente ocupadas a las tres ponis, pero Twilight no pudo evitar darse cuenta de que a Fluttershy le pasaba algo. Normalmente su amiga estaría feliz, tarareando una canción y acariciando y conversando con los animales. Hoy se la veía completamente apagada y no sonreía en absoluto.
—Rarity, ¿te has fijado?
—¿Decías algo? —dijo ella mientras ponía la comida de unas mofetas, con una cara de asco apenas disimulada.
—Fíjate en Fluttershy —las dos la miraron durante unos instantes—. Normalmente ama cuidar de sus animales, pero hoy no parece ella misma. Creo que al final si que ocurrió algo malo anoche.
—Eso es horrible. ¿No deberíamos preguntárselo?
—Será mejor que terminemos de ayudarla, luego averiguaremos lo que ocurrió.
Ambas asintieron, conformes, y luego siguieron trabajando. Finalmente consiguieron alimentar y asear a todos los animales, un esfuerzo que se había cobrado todo el tiempo de la mañana, pues ya era más de mediodía cuando las tres yeguas pudieron relajarse y descansar. Rarity se ofreció a preparar el almuerzo, para deleite de Twilight. Durante la comida Fluttershy parecía bastante normal, pero no conseguía engañar a sus dos amigas. Rarity le lanzó una mirada a Twilight y decidió tomar la iniciativa. Dudó un momento, pero finalmente decidió ser directa.
—Querida, me ha contado Twilight que anoche Rainbow te preparó una cena. ¿Lo pasasteis bien?
La reacción de Fluttershy fue instantánea; se estremeció y ocultó totalmente la cara tras su melena.
—Por favor —musitó con la voz quebrada—, no quiero hablar de eso.
—Lo siento —se apresuró a decir Rarity—. No tienes que decirnos nada por supuesto. Es solo que no nos gusta verte así de triste, si podemos hacer algo para ayudarte... —dejó la oferta en el aire, sin atreverse a presionarla.
Fluttershy asintió, pero no dijo nada más. El resto de la comida transcurrió en un silencio incómodo, salvo por algunos intentos de conversación que no salieron adelante. Entonces, cuando estaban a punto de irse, Fluttershy volvió a hablar.
—La cena estuvo bien... charlamos... bailamos... y después...
Muchos minutos después
Al principio el malestar de Fluttershy era tal que a duras penas se entendían sus palabras, pero tanto Rarity como Twilight le habían brindado su paciencia y su apoyo, hasta que finalmente puedo contarlo todo; lo ocurrido después de la cena, pero también cuanto tiempo llevaba sintiendo aquello por Rainbow. Tras compartir sus sentimientos y derramar el equivalente a un río de lágrimas, Fluttershy se encontraba mucho mejor e insistió en que podían dejarla sola. Eso no acababa de tranquilizar a sus amigas, pero finalmente accedieron, prometiendo volver a verla al día siguiente.
Ninguna de las dos acababa de encontrar palabras tras lo ocurrido allí dentro, de modo que permanecieron en silencio, cada una sumida en sus propios pensamientos. Transcurrido un rato, Rarity fue la primera en hablar, indignada.
—¿Como ha podido Rainbow Dash hacerle eso? Siempre ha sido una sinvergüenza, pero no la imaginaba capaz de algo así.
Twilight tardó un momento en responder. Había un parte de la historia que la desconcertaba; por un instante Rainbow había besado a Fluttershy, aunque luego lo negase con tal ahínco que hacía a Fluttershy dudar.
—Yo tampoco puedo creerlo, tiene que haber una explicación racional para todo esto y pienso encontrarla —agitó las alas y tomó una decisión—. Le haré una visita a Rainbow y averiguaré que está pasando.
—Buena suerte. Te acompañaría, pero ya he dejado sola a Sweetie Belle demasiado tiempo. Espero que no haya tocado ninguna de mis cosas —dijo, mordiéndose un casco con nerviosismo.
—Tranquila, seguro que estará todo bien. Nos vemos.
Twilight alzó el vuelo y con un par de fuertes aleteos se situó cerca del nivel de las nubes. Su primera idea era visitar al equipo meteorológico, a estas horas lo normal es que Rainbow Dash estuviera trabajando. No tardo mucho en localizarlos, volando en la zona norte de Ponyville. El capataz Thunder, un pegaso veterano de poblado mostacho, dirigía la colocación de varias nubes cuando advirtió la presencia de Twilight y salió a su encuentro.
—Buenos días Princesa Twilight, ¿que te trae por aquí?
—Buenos días Thunder. Estoy buscando a Rainbow Dash, quería hablar con ella.
—¡A mí también me gustaría! —replicó con energía—. Lleva todo el día sin aparecer y hoy tenemos mucho trabajo por hacer. Si la ves dile que la espero aquí mañana y con una buena explicación. Es una buena trabajadora y no me gustaría tener que despedirla.
—Sí, en cuanto la vea se lo diré, adiós.
Siguió volando, pero esta vez tomó rumbo hacia la casa de Dash. Fluttershy tenía motivos para estar afectada y descuidar sus obligaciones, pero nuevamente actitud de Rainbow no tenía sentido. No dudaba que a estas alturas Rainbow se estaría sintiendo al menos un poco culpable, pero dudaba que sus remordimientos la hubieran impedido ir a trabajar. Era ella quien había rechazado a Fluttershy, no al revés.
Perdida en sus pensamientos, casi se estrelló contra la casa de Rainbow. Retrocediendo un poco, aterrizó en la nube y golpeó la puerta, al principio suave y luego más fuerte.
—¡Rainbow, sé que estas en casa, abre la puerta!
Espero, pero nadie abrió. No estaba segura de como proceder. Podía abrirse paso fácilmente con su magia, pero no quería destrozar la casa de Rainbow. Si no fuese un pegaso sería tan sencillo como atravesar una pared... pero claro, entonces tampoco podría haber volado hasta aquí. Por suerte, sus problemas se solucionaron cuando la puerta se abrió, aunque no era Rainbow quien estaba detrás, sino Tank, su mascota. La tortuga la miró con preocupación y señaló en dirección al dormitorio.
—Muchas gracias Tank, te debo una —dijo mientras acariciaba la cabeza de la tortuga con cariño.
Incómoda, fue hacia el dormitorio, sin saber muy bien como iba a reaccionar Rainbow. La encontró tumbada en su cama, de espaldas a la puerta. Podría haber estado durmiendo, pero entonces dijo con voz irritada.
—¿Una puerta cerrada no significa nada para ti? ¿Qué quieres?
—Siento haber entrado así, pero tenía que hablar contigo —Rainbow gruñó desde la cama—. No voy a irme hasta que hablemos —insistió Twilight, sin dejarse amilanar.
—¿Ahora eres mi padre? Bien, terminemos con esto.
Rainbow se giró hacia Twilight con cierta dificultad, resoplando. Los ojos de esta se abrieron cuando se dio cuenta de que los cascos delanteros de Dash estaban envueltos en vendas.
—¿Qué te ha ocurrido? ¿Estás bien?
—Solo un accidente sin importancia —espetó Rainbow—, pero no quiero hablar de eso. ¿A qué has venido?
Twilight sintió una punzada de ira por la actitud de Dash, pero se contuvo. No había venido a buscar pelea, sino repuestas. Y ya tenía una al menos. No era difícil sumar dos y dos para darse cuenta de la relación entre las heridas de Rainbow y el árbol destrozado del camino. Ahora solo quedaba averiguar el resto.
—He estado esta mañana en casa de Fluttershy —comenzó, intentando ser imparcial—. Me ha contado lo que pasó anoche. Puedo entender que no sientas nada por ella, pero podías haber sido más sutil con tu rechazo, ¿no crees? Fluttershy es muy sensible, ya lo sabes.
—¿Y desde cuando lo que pase entre Fluttershy y yo es asunto tuyo?
—Desde que ambas sois mis amigas —señaló Twilight—. Fluttershy lo está pasando mal, ¿sabes? Al menos podrías disculparte por como te portaste anoche, tratar de animarla... y decirle que vuestra amistad no corre peligro.
Rainbow agacho la cabeza y dejó de mirar a Twilight, lo que esta interpretó como un gesto de arrepentimiento. Sin embargo, sus siguientes palabras la dejaron helada.
—No puedo hacer eso.
—¿Perdón?
—No puedo. Es lo mejor para ella —dijo mordiéndose el labio.
Twilight no daba crédito a lo que oía, se negaba a creerlo, esas palabras no podían salir de la boca de Rainbow. ¡Ella era el Elemento de la Lealtad, por Celestia!
—¿Lo mejor para ella es que crea que la odias? Porque eso es lo que piensa justo ahora, Rainbow. No puedes darle la espalda justo ahora que más te necesita. Esta mañana no parecía ella misma, ha estado llorando y...
—¡Ya lo se! —el grito de Dash resonó en las paredes del cuarto. Levantó la cabeza, dejando ver a Twilight sus ojos llenos de lágrimas—. Ya lo se. Pero no debe amarme. Tiene que olvidarme, no importa cuan duro sea.
La mente de Twilight estaba a punto de estallar. Todo esto no tiene sentido. ¿Por que Rainbow...? Y entonces la verdad apareció ante ella como una revelación. Los nervios de Dash por la cena, sus empeños para que todo fuese perfecto, el beso que negaba haber dado, sus lágrimas al confirmar que Fluttershy sufría. Todo se resumía en una simple frase.
—Tu amas a Fluttershy.
—Eso no importa —replicó Rainbow, sacudiendo la cabeza.
—¡Claro que importa, es lo único que importa! —insistió Twilight, emocionada.— ¡Ve, abrázala y dile lo que realmente sientes!
—No me digas lo que tengo que hacer —lanzó un suspiro de exasperación mientras se limpiaba las lagrimas—. La vida real no es como tus novelas románticas, Twilight, no es tan fácil. No podemos estar juntas.
—¡Eso no tiene el menor sentido! Explícame lo que ocurre.
—No lo comprenderías.
Twilight no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente.
—¿Por qué no iba a hacerlo? Solo tienes que decírmelo, estoy segura de que podemos encontrar una solución.
—¿¡Te crees una experta en asuntos de amor!? —estalló Rainbow—. ¡No me hagas reír! Hasta hace un año no tenías amigos, no sabias lo que significaba la amistad, sí, seguro que entiendes lo que es el amor —dijo con sarcasmo—. Vuelve a tu biblioteca, princesa empollona.
Cansada de discutir, Rainbow se dio la vuelta e ignoró a Twilight, esperando a que esta saliera y la dejara tranquila. Pero Twilight no se movió. Rainbow ya estaba pensando en echarla directamente cuando la oyó hablar.
—Eres idiota, Rainbow Dash. Tienes a la poni que amas justo a tu lado y la abandonas, pudiendo ser feliz a su lado. Yo he de conformarme con un recuerdo de Flash...
¿Flash? ¿Quién era Flash? Rainbow iba a preguntar cuando el recuerdo adecuado vino a su mente. Hace unos meses, en el castillo del Imperio de Cristal, cuando Twilight había ido en busca de esa unicornio llamada Sunset Shimmer, al volver de ese otro mundo sí que había hablado de un tal Flash Sentry.
—Aunque yo también soy idiota —continuó tras tomar aire—. Ni siquiera es de nuestra especie. Y mi simple presencia en su mundo podría alterarlo irreversiblemente, como pasaría si él llegase a Equestria —sonrió con amargura—. Y aunque no fuera así, solo podríamos vernos cada treinta lunas. No hay manera de que pudiéramos tener una relación... y aún así no puedo olvidarle. ¿Decías que no se nada sobre amor, Rainbow? —remarcó con un tono más duro—. Ojalá tuvieras razón. Todo sería más fácil si dejase de soñar con una relación imposible.
Rainbow no sabía que contestar. La repentina confesión de Twilight la había dejado anonadada. Ya ni siquiera estaba enfadada.
—Haz lo que quieras Rainbow. Por mi parte no le diré nada a Fluttershy. Pero ten presente esto, tú puedes elegir. Hay otros que no tenemos alternativa.
Y dicho esto salió, dejando a la pegaso sola con sus pensamientos.
