A/N: Muxas muxas muxas gracias a todos los que estais leyendo El castigo y muy especialmente a los que me dejais reviews. No se que sería de mi sin vosotros, snif snif...

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A Taichi Yagami no le gustaban los domingos.

A decir verdad, lo que no le gustaba era que terminasen y llegara el lunes; sin embargo ese domingo en concreto no se podía quejar. Aquel fin de semana había sido de los mejores de su vida.

Todo había comenzado el viernes cuando Matt se había quedado a esperarle hasta el cierre de la biblioteca (para alegría de Tai) y juntos había ido a comer algo para acabar en el parque jugando como críos en los columpios. En realidad ya no tenían edad para algo así, pero ahí estaba lo bueno de salir con Matt: podía actuar tal como era por tonto o infantil que pareciera su comportamiento porque Matt ya lo conocía y, para orgullo de Tai, su rubio amigo podía llegar a ser tan o más infantil que él en ocasiones.

Acabaron por marcharse a casa después de ver la sorpresa en el rostro de los niños que jugaban a su alrededor, y la de reproche de los padres que les acompañaban.

El sábado fue aun mejor.

Había podido asistir en vivo y en directo a uno de los ensayos de los Teen Wolf. El grupo de Matt tenía un concierto importante en unas semanas, y estaban ensayando como locos para que todo saliera perfecto; de ahí la sorpresa de Tai ante la invitación de su amigo cuando fue a buscarlo a su casa ese día por la mañana, para que, según sus propias palabras, actuara como juez.

Nunca en su vida se había sentido tan especial.

De esa manera había pasado gran parte del día, sentado en el suelo del garaje de Akira (uno de los miembros del grupo) escuchando una a una sus canciones, desde las más cañeras hasta las más románticas (en las cuales no paro de sonreír como un idiota mientras Yamato cantaba sin quitarle la vista de encima)

Esa era la explicación por la que ese domingo estaba tan feliz, cuando según lo que tocaba, de acuerdo a su odio establecido, era estar lloriqueando porque al día siguiente había colegio.

No podía evitarlo.

Aun se le iluminaba la cara cada vez que recordaba a su amigo cantándole a él.

Sólo a él.

Entonces se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Básicamente lo que llevaba haciendo todo el día.

Pensar en Matt.

Taichi malo- se reprocho- Deja de pensar en él como lo que nunca será, y concéntrate en su amistad. No en su dulce voz, o en su mirada tan azul, o en su pelo rubio, o en su sonrisa, o en su paciencia conmigo, o en su asombrosa rapidez para leer libros...

Salió de su ensimismamiento cuando sonó el timbre de la puerta.

¿Quién podía ser? Sus padres y su hermana habían salido a dar un paseo hacia poco tiempo y él no esperaba visitas...

Abrió la puerta y como por una ironía del destino hay estaba Yamato.

-Tai-que-bien-que-estabas-en-casa.-Verás-mañana-acaba-el-plazo-para-entregar-el-libro-y-no-se-si-voy-a-poder-ir-a-clase-Pensábamos-ensayar-y-eso.-Bueno-te-dejo-Ya nos-veremos-mañana-o-pasado. -Y se marcho.

Nunca en su vida, había oído a nadie hablar tan rápido (bueno, quizás a Davis alguna vez cuando había metido la pata en algo y esperaba una buena bronca), pero nunca al siempre calmado y perfecto Matt.

Cerro la puerta y se quedo mirando el libro, aun un poco aturdido. El retrato de Dorian Gray. Matt sabía perfectamente que podía entregar el libro cuando quisiese –privilegios de ser amigo del bibliotecario-, así que no entendía su actitud. Por no hablar de lo nervioso que parecía. Quizás la presión por el concierto estaba pudiendo con él...

Fuese lo que fuera, no pudo evitar echarse a reír pasada la sorpresa inicial. Yamato siempre era la viva imagen de la tranquilidad, y lo que acababa de pasar era surrealista incluso para él.

Tan animado estaba burlándose mentalmente de su amigo que el libro se le cayo al suelo, y para mayor desgracia, cuando se agacho a recogerlo descubrió que el libro se había abierto por las paginas del final y supuso que alguna d ellas se habrían dañado. Maldiciendo para sus adentros, comprobó que tres de las hojas se habían doblado, así que con paciencia comenzó a estirarlas con cuidado. Cuando repetía el proceso con la ultima pagina algo le llamo la atención. Había algo en la hoja entre la ultima doblada y le cara interna de la contraportada. Coloco bien las hojas y lo miro. Y apunto estuvo de volver a tirar el libro al suelo al reconocer lo que vio.

En la penúltima hoja del libro estaba dibujado su retrato y debajo de este su propio nombre: TAICHI.