Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, todos son propiedad intelectual de J. :P
Hola a todos me alegra que les vaya gustando como va la historia, lo que les puedo decir es que probablemente en el próximo capítulo entenderán por qué el fic tiene rating M xD y eso, jeje espero que les guste este capi! :3
Gracias por dejarme reviews!
Snape había quedado pasmado. Hace tan solo medio segundo estaba a punto de descubrir de quién se había enamorado la mujer que le quitaba el sueño, y sin previo aviso, había quedado solo en la sala.
Solo, como a él le gustaba.
Torció los labios en una mueca de disgusto y se dejó caer hacia atrás en el sillón. Llevó sus dedos a su entrecejo y masajeó suavemente. Todo este asunto de sufrir por amor le estaba dando continuas jaquecas. Aunque no era nada nuevo para él, ya anteriormente se había enamorado y ¡Oh, sorpresa! También había significado continuos dolores de cabeza y de pecho, sin mencionar todas esas veces que había llorado hasta dormirse.
-Eres patético, Severus – Se dijo a sí mismo – Pensando que alguien podría amarte…
Flashback
Un joven Severus estaba sentado en el lago de Hogwarts al pie de un árbol, con un trozo de pergamino y una pluma en las manos. Escribía y tachaba ansiosamente.
"Querida Lily.. ¿Querida?. No, es demasiado...obvio. Umm..Estimada Lly.. No, tampoco, es muy formal. Rayos, ¿cómo se invita a alguien a un estúpido baile?"
El joven estaba perdido en sus pensamientos cuando su paz se vio perturbada por un chico de cabello alborotado que se acercaba con aires de superioridad hacia el débil muchacho que escribía en el pergamino.
-Hola, Sev – había dicho con una voz exageradamente aguda y melosa – Vaya, ¿haciendo trabajos tan temprano? Tú sí que eres aplicado, quizás debería dejar que hagas los míos, ya que lo disfrutas tanto.
Severus le lanzó una mirada furibunda al intruso, quien lo miraba con una sonrisa socarrona y sin previo aviso le arrancó el pergamino de las manos. Antes que se diera cuenta, lo estaba leyendo. El horror apareció en el pálido rostro del pelinegro al mismo tiempo que se ponía de pie y le lanzaba un grito a Potter
-¡Maldito Potter, déjame en paz de un vez! – Le arrebató de nuevo el pergamino, pero James ya se había echado a reír burlonamente.
-¡Vaya que eres patético, Severus! – Le espetó, divertido. Cambiando completamente el tono de su voz a un registro más sombrío, agregó – Pensando que alguien podría amarte. Patético.
Severus se quedó de piedra. Hasta entonces nadie había sido amable con él… pero Lily lo era. Lily era diferente. Lily era… su amiga. Claro que ella podría amarlo, ¿O no? Sí, definitivamente iría al baila con él, y estaría preciosa en su vestido y su hermoso cabello rojo, y él sería la envidia de todos los chicos pues estaría con la chica más bella de Hogwarts…
James le lanzó una pequeña piedra que había recogido del suelo, sacándolo de sus pensamientos. Snape clavó sus pupilas en él, y le dedicó una mirada llena de odio. James le sonrió mientras se le acercaba y le decía al oído.
-Sabes, Sev –La voz del chico Potter estaba cargada de malas intenciones a pesar de ser casi un susurro – Esta mañana he preguntado a Lily si iría al baile conmigo. Ha dicho que sí.
Severus sintió como algo en su interior se quebraba en mil pedazos. Quería matar al chico que tenía enfrente, quería hacer que se tragara sus palabras. Demostrarle quien era Severus Snape, ir con Lily y hacerle ver la clase de escoria que era ese chico. Quería romper el pergamino en mil pedazos, y echarse a llorar justo ahí. Y no pudo hacer nada, simplemente se quedó ahí, viendo como Potter se alejaba, posiblemente a encontrarse con la única mujer que él había amado.
Fin flashback
Sin darse cuenta Snape se había quedado viendo al vacío. Veía borroso, y le tomó algunos segundos darse cuenta que esto era a causa de las lágrimas que se amontonaban en sus ojos. Se secó con la manga de su túnica y se levantó. Por ahora tenía cosas más importantes que hacer que quedarse abriendo viejas heridas. Debía encontrar a Granger para imponerle un buen castigo por haberlo dejado con la palabra en la boca, sin mencionar que aún debía evitar que preparar su poción de amor para alguno de esos inútiles a los que él daba clase.
Antes de salir de la habitación su mirada se detuvo en su cama. Siempre perfectamente ordenada, ahora estaba hecha un desastre por haber metido a Granger ahí. Se acercó y extendió las sábanas negras en su posición inicial. Al tocar la almohada, percibió que aún estaba caliente. La tomó en sus manos y sin saber muy bien por qué, acercó su rostro a donde la Gryffindor había descansado su cabeza. Un delicioso olor a vainilla penetró en su nariz y un pequeño escalofrío lo recorrió de pies a cabeza.
Su cabello huele delicioso…
-Hermione, ¿Dónde estuviste durante el desayuno? – decía un chico con gafas de medialuna a su amiga mientras caminabas por un pasillo.
-¿Eh? ¡Ah, sí! Estaba… buscándolos a ustedes chicos… - dijo ella, no muy convencida.
Él y Ron habían encontrado a su amiga saliendo de un aula vacía y limpiándose los ojos cuando se dirigían a la clase de transformaciones. Se notaba en su rostro que había estado llorando, y cuando la vieron, ambos intercambiaron miradas llenas de preguntas. Pero Hermione no decía nada tranquilizador, daba respuestas cortas a todo lo que le preguntaban y lo hacía en un tono tan neutro que Harry y Ron no sabían si estaban hablando con su amiga o con un zombie.
-Te traje tus cosas, mione – le dijo Ron, entregándole un rollo de pergamino, un tintero con su pluma y un volumen de Transformaciones Avanzadas.
-Gracias.- ella tomó las cosas sin decir nada más, y sin siquiera mirar al pelirrojo.
Decidieron no hacer más preguntas por el resto del camino a clase, parecía que Hermione tenía mucho en qué pensar y se limitaron a caminar a su lado. Si era algo importante, sabían que ella no dudaría en contarles una vez hubiera pasado sea lo que sea lo que sucedía. Ron, en un gesto de apoyo, rodeó los hombros de su amiga con su brazo y la atrajo hacía su cuerpo, colocando la cabeza castaña entre la suya y su hombro. Para cuando se dio cuenta de lo que había hecho casi inconscientemente, las orejas de Ron estaban casi tan rojas como su cabello. Hermione se sorprendió un poco por el gesto de su amigo pero no se incomodó, ni se le pasaba por la mente que el pelirrojo podría tener otras intenciones con ella, no podía ver a Ron como algo más que un hermano, al igual que a Harry, quien a su vez había comenzado a acariciar las puntas de su rizado cabello en un gesto cariñoso. Los quería muchísimo, como a dos hermanos pequeños que toda la vida te piden que les hagas los deberes.
Sonrió, pues estaba contenta de tenerlos con ella y que no le hicieran más preguntas. Aún no estaba lista para contarle a sus amigos lo que sentía por Snape: aparte de que ambos lo odiaban casi tanto como al propio señor tenebroso, no sabía qué tipo de reacción podrían tener, si incluso para ella había sido una mezcla de reacciones desde la extrema confusión hasta la negación cuando se dio cuenta de lo que sentía.
Así siguieron caminando, Ron abrazando a medias a su amiga y Harry deslizando sus dedos entre los rizos de la chica, cuando una voz a sus espaldas los hizo ponerse de piedra.
-Díganme, señores, ¿consideran apropiado tales muestras de cariño con la señorita Granger a plena luz del día y lo que es peor, en medio de horas de clase?
Era una voz visiblemente molesta, más allá de lo que cualquier profesor lo estaría ante la situación en la que estaban, sonaba casi como un reclamo, como si dijera "no toquen lo que es mío." Pero claro, nadie más que el propio Snape lo percibió así, pues aquellas caricias eran completamente inocentes. Bueno, la de Ron, aunque con mucha torpeza, pretendía ser algo más.
Al escuchar la voz de su profesor de Pociones, el corazón de Hermione se encogió: no sabía si de emoción o de tristeza, en ese momento sentía una confusa mezcla de ambas. Rápidamente se soltó del abrazo de Ron y se giró para verlo a los ojos.
Ahí estaba Severus Snape, con los brazos cruzados sobre el pecho y una ceja levantada, esperando una respuesta a la pregunta que acababa de hacer. Sus labios cerrados en una mueca de disgusto, de repulsión. Que no toquen lo que no les pertence.-había dicho en su mente.
Pero tampoco te pertenece a ti. - respondió otra voz en su cabeza.
-No estamos haciendo nada malo –replicó Harry – Sólo consolábamos a nuestra amiga.
Snape guardó silencio y clavó sus ojos en Hermione. Ahora ella miraba al suelo, no quería que el viera sus ojos hinchados por el llanto. Su semblante cambió. Tuvo el impulso de acortar la distancia entre él y la castaña, tomar su rostro delicadamente por la barbilla y obligarla a que lo viera. Quería escudriñar en esos ojos color chocolate, que ella confiara en él y le dijera por qué lloraba. Quería ser capaz de consolarla. Sentirla cerca, y así… quizás ella podría amarlo.
-Nadie podría amarte. Eres patético. Otra vez la voz en su cabeza.
Evitó todo impulso inapropiado y descruzando los brazos, tomó a la chica de la muñeca en un movimiento un poco violento y dijo
-Más tarde tendrán tiempo para… -Le dedicó a Ron una mirada furibunda y con un profundo desprecio en su voz – consolarla. Ahora mismo Granger vendrá conmigo para cumplir su castigo por merodear en el castillo en horas inapropiadas y por elaborar una poción prohibida.
Snape se dio la vuelta y comenzó a caminar a toda velocidad, arrastrando tras de sí a la chica y dejando a Harry y Ron más confundidos que si les hubieran lanzando un confundus.
La mano de Snape era suave al tacto, pero la sujetaba con tanta fuerza que le hacía daño. La piel de Hermione comenzó a arder ahí donde Severus la sujetaba.
-Profesor-le dijo – Mi muñenca… me lastima.
Snape se volvió bruscamente hacia ella. Estaba furioso. No le había sido nada agradable que la chica saliera corriendo de su despacho en medio de una conversación tan importante para él, y encima, haberla encontrado tan cariñosa con aquellos dos idiotas que tenían el privilegio de estar siempre con ella. Aflojó un poco su mano de la muñeca de la chica, pero no la soltó. Comenzó a sentir como la sangre bajo la piel de Hermione se acumulaba en el lugar donde él había estado presionando. Se calmó un poco y, acariciando suavemente con su pulgar el lugar donde le había hecho daño, y con una voz llena de ternura le dijo
-Lo siento. – La miró a los ojos entre dos cortinas de cabello negro que caía sobre su rostro – No fue mi intención lastimarla.
El corazón de Hermione comenzó a saltar en su pecho ante la caricia y la mirada de Snape.
-No importa – contestó ella, bajando la mirada avergonzada.
Snape sintió unos enormes deseos de abrazarla. De tomarla por los hombros y estrecharla contra su pecho, poner sus manos en su espalda y acariciar su cabello. Besar su cabeza y decirle que podía confiar en él, que él no era tan malo como parecía. Pero no lo hizo. Estas cosas sólo podían ocurrir en su imaginación. Snape continuó caminando.
-Sígame, por favor – le dijo, recobrando su tono habitual – Espero que esta vez no vaya a salir corriendo, o tendré que aplicarle un castigo más severo.
Hermione se puso roja. Tenía que disculpase con él por haberlo dejado así. Tocó su capa por detrás y la jaló un poco, dándole a entender que quería que se detuviera. Snape hizo caso y se detuvo, ciertamente extrañado.
-Yo..- Las mejillas de la chica estaban completamente rojas. Aquello la hacía ver adorable ante los ojos de Snape – Lamento mucho lo que pasó antes. No debí salir corriendo así… Sé que usted es mi profesor y… que puedo decirle las cosas… pero… verá, es que nadie más que yo sabe acerca de eso… y… ¿Sabe? Sé que entre él y yo nunca pasará nada… por eso, quería darle la poción… tal vez así, dejaría de verme como un ratón de biblioteca y encima una niña… sé que no está bien hacer ese tipo de pociones, pero… - Los ojos se le llenaron de lágrimas nuevamente – Ya no sabía qué más hacer. Estaba desesperada. Verá… Yo lo quiero muchísimo. Pero él ni si quiera se da cuenta de cuánto lo quiero… - Su voz se quebró y el nudo en su garganta era cada vez más grande.
Mientras decía esto, sacó de su túnica el frasco con las espinas de la rosa y se lo entregó a Snape. A todo esto, la cara de Snape era todo un poema. Estaba extrañado, pasmado, y un poco dolido, pues estaba seguro de que aquel bastardo a quien Hermione quería, era el ser más afortunado y el más estúpido para no darse cuenta de lo que tenía en frente.
-Granger – le dijo él, alargando mucho las palabras – Usted es una muchacha muy hermosa.
¿Realmente esas eran sus palabras? Su corazón comenzó a bombear sangre a toda velocidad, ya no controlaba lo que decía, pero le daba igual. Le destrozaba tener que ver a Hermione de esa manera, sufriendo por no ser correspondida, y recurriendo a medidas desesperadas. Hermione lo miraba incrédula, pero había muchísima felicidad en sus ojos. Su Severus le estaba diciendo que era hermosa…
-No necesita de esas artimañas para enamorar a alguien, usted es inteligente, debería saber que quien no la valore, simplemente no la merece.
Snape secó una lágrima transparente que caía por la mejilla de la chica con mucha delicadeza, y le dedicó una pequeña sonrisa.
Fue demasiado para la chica, quien en ese momento rompió a llorar. No sabía si de felicidad, o de nervios por lo que Snape le decía. Sus piernas temblaban, y sin pensar en las consecuencias de sus actos, se refugió en el pecho de su profesor, ocultando su llorosa cara en su camisa negra. Snape rodeó sus hombros con sus fuertes brazos y acarició su cabello. No le gustaba que ella llorara, pero tenerla así, tan frágil y hermosa, entre sus brazos y aferrándose a su espalda, era un sueño. Casi como cuidar de un pajarillo herido.
Acarició su cabeza y suspiró, mientras Hermione ahogaba sus gemidos en el abrazo de Snape. Podía sentir los latidos de su pecho, visiblemente acelerados. Esto le llamó la atención y haciendo un esfuerzo por dejar de llorar, pegó su oreja al pecho de Snape. Su pulso era demasiado rápido. ¿Sería posible que fuera por ella? ¿Por estar así con ella? Súbitamente Hermione guardó silencio. Snape tenía el corazón alterado, y había correspondido a su abrazo; además, le había dicho que era hermosa. Si su profesor le decía aquello, era porque realmente lo creía… él creía que era hermosa, y que era inteligente… Entonces, ¿por qué nunca había sido amable con ella, y se esforzaba tanto por ponerla en ridículo durante la clase? Quizás… Si se lo decía…
Se separó de él y lo miró a los ojos.
-Profesor. Usted me preguntó a quien quería darle la poción de amor…
Snape asintió, aún con sus manos encima de los hombros de la chica. No quería soltarla, no quería perderla…
-Si aún quiere que se lo diga… Se lo diré
¿Por qué le decía aquello? En este punto el profesor de pociones ya no podía estar más extrañado.
-Si eso la hace sentir mejor, adelante. – le respondió él, disimulando sus ansias por saber. –Pero no aquí. Vamos a mi despacho. No crea que se ha librado de su castigo.
Ella asintió. En el estómago se le había hecho un nudo, pero estaba decidida a confesarse a Snape. Lo peor que podía pasar era que la rechazase… pero ya no podía seguir con aquello, tanto llorar, tanto pensar en él por las noches. Además, el había dicho que era hermosa. Un extraño cosquilleo le recorrió la punta de los dedos, y antes de darse cuenta ya habían llegado al despacho de Snape.
Lo siguió hacia el interior del lugar y Snape se sentó detrás de su gran escritorio donde calificaba los trabajos de sus estudiantes. Hermione lo imitó, sentándose en una silla justo frente al escritorio. Guardó silencio.
-¿Y bien? – Dijo el profesor, jugando ansiosamente con sus manos bajo el escritorio para que ella no se diera cuenta de lo nervioso que estaba. Quizás no podría evitar que la chica sintiera algo por algún tarado, pero sí podía hacerle la vida imposible o ponerle malas calificaciones al desgraciado. - ¿Me dirá a quien quería enamorar?
Era ahora o nunca. Respiró hondo varias veces y apretó los puños sobre su falda.
-La persona que yo amo – Comenzó ella – Se llama Severus Snape. Y es mi profesor de Pociones.
Ya está. No sabía de dónde había sacado el valor para decírselo, pero lo había hecho. Levantó los ojos de sus manos para encontrarse con la mirada seria de su profesor. Su boca se abrió para decir algo, pero no pudo decir nada, tal y como Hermione lo había hecho cuando la encontró entre la nieve. La chica soltó una risita nerviosa.
-¿Ahora a quién le comió la lengua el gato?
Snape guardaba silencio, y la miraba. Snape se ponía nervioso, entrelazaba las manos, abría y cerraba la boca una y otra vez, y aun así no decía nada. De repente sus labios se curvaron, mostrando la sonrisa más sincera y atractiva que Hermione había visto en su vida. Se llevó las manos a la cabeza y se rió. No era una risa de burla, sino una de alivio. Una risa de genuina felicidad.
Se acercó a la chica y la estrechó en sus brazos, cerrando sus ojos para disfrutar mejor del aroma de su cabello. Aquellas palabras lo habían hecho el hombre más feliz del mundo en los cuatro segundos que ella se había tardado en decirlo. Aquello era un sueño, la chica más inteligente, más hermosa, la mujer que le había robado el corazón con una mirada, le acababa de decir que lo amaba. No sabía si reír o llorar, pues en su pecho no cabían tantas emociones. Tanta felicidad y tanta incertidumbre… ¿Y si Hermione se había enterado de alguna manera de lo que él sentía por ella y lo hacía para burlarse? La idea lo perturbó, y abrió los ojos sin dejar de abrazar a la Gryffindor.
Hermione estaba más que confundida. ¿Acaso Snape estaba correspondiendo a sus sentimientos? ¿O solo la abrazaba por consuelo…? Fuese como fuese, Hermione puso sus brazos en la espalda del hombre. Su cabello rozaba su nariz y llegaba nuevamente a ella ése olor a madera y alcohol que había percibido en su cama. Su espalda estaba tensa, cada músculo de su cuerpo estaba trabajado y en ese momento la chica lo comprobó, recorriendo su espalda de arriba abajo con movimientos lentos. Él la tenía rodeada con sus fuertes brazos y podía sentir su aliento en su cuello. Suspiró, y la atrajo con más fuerza a su cuerpo. Ella soltó un pequeño gemido y se aferró a su espalda con más fuerza.
-Hermione…- le dijo, casi en un susurro, mientras acariciaba su cabello con una mano y con la otra rodeaba su cintura. Su nombre sonaba tan dulce con su voz que la chica sintió un escalofrío al escucharlo. – dígame que esto no es un sueño… dígame que lo que me dice es cierto…
Hermione no tuvo más dudas. El tono de voz de aquel hombre le demostraba que estaba realmente feliz, pero al igual que ella estaba confundido. Aflojó sus manos y con una inmensa ternura, separó a Snape de su cuerpo. Tomó su rostro entre sus manos, y mirándolo fijamente a los ojos, le dijo.
-Es cierto, Severus. Yo lo amo… -Acarició la piel de su rostro con una mano. – Y… creo que estaría más tranquilo – Su boca estaba entreabierta. Hermione acarició su labio inferior con un dedo -…Si se lo demuestro.
Sin decir nada más, la chica rodeó el cuello del Slytherin con sus manos y lo atrajo hacia ella, cerrando sus ojos. Antes de que Snape pudiera reaccionar, sus labios ya se estaban tocando, y una desconocida y placentera sensación de calidez subió por su pecho.
Espero que les haya gustado, en lo personal a mi me gustó bastante cómo quedó.. xD creo que tendré problemas para hacer el que sigue, pero bueno! :D me he divertido mucho haciendo este fic jaja lo continúo apenas pueda :3 Gracias por leerme! Saludos a todos!
