III. Do You Remember Me?
10 de Junio
Los últimos dos días, estuvo meditándolo profunda y dolorosamente. Por más que le desagradara Yu Kanda, sentía que estaba en sus manos solamente ir y decirle la verdad; porque encontraba todas las señales tan claras, pero a la vez borrosas y torcidas.
Había sido testigo del corto momento cuando Kanda pronunció el nombre del recuerdo añorado y triste que escondía en su pecho, no debía estar equivocado cuando pensaba que Kanda cargaba con la culpa y remordimiento cuando 'mató' a Alma. Pero si los documentos que leyó de reojo no mentían y el tal Alma estaba aún vivo, Allen sentía la 'obligación' de contarle la verdad al otro exorcista. No se sentiría en paz hasta hacer esto.
Pero aparte de tener que lidiar con aquella destructiva confidencia, Allen también cargaba con ésa jaqueca que deploraba día con día su salud mental y su fortaleza para evitar la llegada del Decimocuarto Noé. Ya le costaba trabajo mantener las apariencias, y además Lenalee estaba comenzando a darse cuenta. Cuando la miró a los ojos el día de ayer, notó que su amiga tenía el conocimiento de que algo no marchaba bien. Lenalee era el tipo de mujeres a las que no se le podía mentir fácilmente, porque podían ver a través de ti.
No tuvo el valor de buscarlo; porque tenía miedo de encararlo. Sin mencionar que Link lo vigilaba las veinticuatro horas, le seguía igual que una sombra. Seguro que él debía saber algo acerca del proyecto de Alma Karma ya que estaba familiarizado con los terceros exorcistas que recién habían ingresado a la Orden. Y quizás estaría equivocado.
Tenía que perderlo de un modo u otro, a costa de que se encontraría con Kanda y le haría saber de este asunto tan importante. Kanda tenía derecho a saber que Alma estaba vivo, y qué es lo que le estaban haciendo. Más allá de eso, no podía entrometerse mucho más en sus asuntos privados.
Encontraría la primera oportunidad para colarse de la supervisión de Link y se encontraría con Kanda lo más pronto posible. Todavía era de mañana y tenía mucho tiempo, suponía eso, si es que no surgía de repente una misión donde él fuera necesitado. Prefería hacerlo antes que algo imprevisto fuese a suceder.
Lo estuvo pensando durante su camino hacia el comedor, donde el desayuno del día de hoy... sí, era el favorito de muchos, incluyéndolo a él. Hoy servían comida mexicana, y normalmente las filas eran desordenadas y todos se amontonaban para pedirle todos los platillos que el cocinero Jeryy pudiera hacer. Claramente Link odiaba este tipo de conductas, pero poco podía hacer para detener los impulsos hambrientos de Allen Walker.
Pero, por mucho que Allen no quisiera perderse el desayuno mexicano, ya se había impuesto el plan de seguir a Kanda. Ya lo había pensado por mucho tiempo lo que iba a decirle. Lo pensó hasta machacarse la cabeza. Y al final algo estúpido él iba a cometer, pero debía arriesgarse. Por ése imbécil y por un completo extraño.
Se metió entre la multitud de ansiosos buscadores y científicos que buscaban ordenar primero su desayuno. Link ya no podía detener al jovencito glotón, y sin demasiada preocupación lo perdió de vista por estar rodeado de tanta gente hambrienta. El plan improvisado de Walker terminó dando resultados favorables.
Casi terminó arrastrándose bajo los pies de todo el gentío que buscaba el rico desayuno, se las arregló para pasar desapercibido, tenía los ojos fijos sobre Link, quien cruzado de brazos tenía mirando a la gente amontonada gritando y riendo ante la atención que les daba Jeryy. Allen se siguió andando con cuidado y todo el disimulo que pudo hasta llegar a la salida de la cafetería. Con éxito, el vigilante alemán ni siquiera lo notó.
Ahora, sólo quedaba encontrarse con Kanda, decir lo que tenía que decir y tal vez rezarle por primera vez a Dios porque no le convirtiera en papilla en un desate de furia. Caminó con prisa, intentando encontrarse con alguien quien pudiera a lo menos localizar al exorcista que buscaba.
Era un hombre grande, moreno y musculoso, su apariencia era un poco intimidante, pero Allen le conocía por su calma y sobriedad. Aparte que junto a Kanda, él fue uno de los discípulos de Tiedoll. Aunque Noise Marie estuviera ciego, gracias a su Inocencia Noel Organon, él tenía un oído anormalmente sensible, y podía detectar a una persona con tan sólo los latidos de su corazón.
–Allen, qué raro encontrarte sin tu supervisor. ¿Cuál es tu prisa?–obviamente había detectado la agitación de su pulso cuando él estuvo corriendo.
–Lo siento, Marie. Estoy buscando a Kanda... es algo importante.
–A juzgar por tu tono, no buscas pelearte con él, más pareces un poco temeroso. Eso es una novedad...
–Por favor, Marie. Necesito encontrarlo. ¿Sabes dónde le encuentro?–preguntó el muchacho, pareciendo más desesperado de lo que realmente deseaba aparentar. Creyó que le salió sobreactuado. Marie pareció estar pensándolo unos segundos, pero luego cayó en la cuenta de que se concentraba en escuchar a larga distancia algo que buscaba.
–...Creo que ahora mismo está saliendo de su habitación.–dijo el grandote, no parecía del todo preciso. Si Allen no lo recordaba mal, Marie apenas se había recuperado del tímpano que se quebró en aquello misión en París. Perdió también dos dedos de su mano en ésa ocasión.–¿Porqué le buscas? Creía que ustedes no se llevaban bien.
–No nos llevamos bien. Pero esto es un asunto importante...–Allen lo pensó un poco y miró unos segundos al gran exorcista.–Marie... antes, quisiera preguntarte algo.
–Dime de qué se trata.
–... ¿Sabías tú algo acerca de Alma?–la cara del exorcista mayor cambió repentinamente. Sabía algo.
–... Lo siento, no puedo decirte.–no estaba convencido de sus propias palabras.–¿Acaso es eso de lo que quieres hablar con Kanda?–Allen tragó saliva, no le gustaba la expresión que tenía Marie en su rostro, era un semblante frío y sombrío.–Debes de tener cuidado, Allen.
–Lo sé... Kanda es un idiota y podría lanzarme de un precipicio si se le diera la oportunidad.–dijo Allen sonriendo pesadamente. Marie no le encontró gracia a la bromita.–Como sea, te lo agradezco, Marie.–dijo al estrechar su mano para quebrar el hielo entre ellos, Noise no pareció importarle ésa pequeña muestra de cortesía. Era extraño estrecharle la mano a Marie, que dos dedos de su derecha habían sido amputados.
–Insistiría en que no sacaras el tema con Kanda, pero bien... supongo que no te puedo detener, eres muy terco y tonto.–aquello sonaba como una advertencia. Obviamente se veía consternado por Allen. Seguro tenía sus motivos para estar así. Si Allen tuviera un mejor juicio, tal vez le haría caso a Marie.
–Hasta luego.–brevemente se despidió y le dio la espalda a ir a los dormitorios.
–Considera lo que te digo, Allen. Es en serio.
–Gracias.–dijo en voz alta antes de irse corriendo. No tenía idea de por cuánto tiempo más Link estaría observando al gentío revuelto de la cafetería. Si no quería ser atrapado por su inspector, debía de darse prisa.
No se entretuvo con cordiales saludos durante su presurosa caminata por los pasillos, entre menos gente se le quedara mirando sería mejor. Corría escondiendo su cara con la capucha negra de su saco, sería la mejor idea. Esquivó lo más que pudo a los agentes de Crow que caminaban vigilantes por los cuarteles, aunque alguien que corriera con tal prisa difícilmente podía descartarse de sospechoso.
Comenzaron los dolores de cabeza otra vez. Su caminar se volvió torpe y aflojó la velocidad. Todavía era de mañana y ya comenzaba a molestarle otra vez. Sus sienes palpitaban con furia mientras que ése insoportable calor consumiéndolo como una hoguera. Sentía como si unas manos dentro de su pecho buscaran con desgarrarlo hacia afuera.
No. No ahora; no podía dejarle salir hoy, en estos momentos y nunca jamás. No le dejaría al Decimocuarto hacer de las suyas ahora y para siempre. Resistió. Pensó en Kanda. Pensó en Alma. Tenía que llegar a donde su mente apuntaba, no cederle el derecho de controlar este cuerpo a ése Decimocuarto Noé. Pelearía.
Caminó más aprisa, concentrándose más en resolverse la situación de Kanda. No. No iba a 'resolver' nada realmente con tan sólo pasarle la 'buena noticia' al exorcista Yu. Pero en estos momentos no sabría si tendría el tacto de decírselo del modo menos fuerte que pudiera. Estaba hablándose de Kanda después de todo.
Subió las escaleras y tropezaba de vez en cuando debido a la exagerada prisa que llevaba, casi resbaló cuando pasó de largo a Lenalee y Lavi hablando en el segundo piso. Subió y subió hasta llegar al punto más alto. Tal vez lo encontraría a tiempo antes que fuera a irse a la arena de entrenamiento a donde fuera.
Antes de esperárselo, se lo encontró cara a cara.
–¿Qué demonios quieres?
La cabeza le estaba doliendo nuevamente. Cada vez con más fuerza a punto de nublar su vista con cada palabra que intercambiaba con Kanda. Su concentración, sin embargo, no se disipaba ahí. Seguía hablándole de lo que sabía acerca de Alma muy al descaro de Kanda de querer alejarlo.
–¡Aléjate de mí! ¡Ahora!
–Pero, Kanda...
–Te lo juro, maldito hijo de perra, si vuelves a decir otra vez el nombre de Alma, te asesinaré. Juro que lo voy a hacer sin vacilación alguna... ¡No te me acerques!
Quería pensar que podía convencerlo, que por primera vez Kanda se abriría y dejaría que entraran en él. Pero era más probable que se fuera a desmayar pronto debido a la presión que estaba ejecutando dentro de su cabeza. Pronto su preocupación se fijó más a las manos que tenían rodeado a su cuello. Su garganta estaba siendo aplastada y el aire solamente hacía más difícil mantener la concentración en su propio habla.
El aire se le acababa y tenía sueño.
"Tonto, tú no haces nada bien ¿verdad?" La voz regresó, haciéndolo vibrar dl miedo en lo que luchaba por quedarse despierto de forma inútil. Y Kanda ahorcándolo no ayudaba mucho para mantenerse en esta realidad.
–Pero Kanda... lo que te digo es cierto...–fueron las últimas palabras que escuchó a sí mismo antes de que su conciencia se extinguiera al igual que la luz de una débil vela.
Después de eso, todo se hizo oscuro. Todo dolía.
11 de Junio
No mostró resistencia cuando fue llamado por Komui y rodeado por los horribles agentes de Crow. El rumor se esparció rápidamente por toda la Orden como una gripe, que el exorcista Yu Kanda empujó de un sexto piso al exorcista Allen Walker. Las razones, entre tanto, permanecían desconocidas para el resto del mundo. Pero incluso existía evidencia, eran grabaciones visuales hechas por uno de los comunicadores volantes que la Orden Oscura tenía a su disposición y como estaba a distancia de los dos exorcistas, el sonido no ofrecía mucho. Tan sólo se escuchaba el colérico grito de Yu Kanda antes de dejar caer a Walker del balaústre.
Sin embargo, la imagen mostraba claramente la escena en la que Kanda arrojó despectivamente al joven exorcista. No tendrían a nadie más quien inculparle el acto.
Komui observaba severamente al exorcista Kanda, sus ojos eran imposibles de ver gracias al reflejo de luz que proyectaba sobre sus gafas de media luna. Pero Kanda ya sabía bien qué clase de mirada le dirigía.
Hablar a solas era casi imposible gracias a este grupo de vigilantes enviados por la Administración Central, los Crow, así que el Supervisor en Jefe se sentía asfixiado... aunque claro, no podía ser nada comparado a lo que sentía Kanda, quien, hasta donde Komui Lee sabía, no había tenido buenas experiencias con estos sujetos.
Komui Lee, como Supervisor de la Orden, su obligación era conocer bien a sus exorcistas. Desde hace siete años conocía a Yu Kanda, y no había visto historia más horrible y oscura que la de aquel niño, ése jovencito que apoyó a su Lenalee durante los dos años previos a su llegada. Le debía este favor a Kanda, por lo tanto, Komui apoyaba de cerca al muchacho, hasta aceptarlo igual a un hermano.
Como fuera, esto no significaba que Kanda estaba excepto de todo problema. Ahora tenía que afrontarse a esta situación.
–Kanda, entonces, empujaste a Allen creyendo que iba a detener su propia caída.
–Te los llevo diciendo cuatro veces, Komui. ¿Te lo tengo que repetir en chino o qué?
–Necesito que me digas qué sucedió antes de que lo aventaras.
–Me hizo enojar.
–¿Lo suficiente como para ahorcarlo?
–Sabes que pude haber hecho algo peor.
–Te conozco lo suficientemente bien como para saber que no llegarías a tales extremos. Aparte que Allen no es la mitad de pesado que Lavi. ¿Me dirás qué te dijo Allen que te hizo enojar tanto?
–Komui, ése enano es un problema, tú bien sabes.
–No me estás respondiendo la pregunta, Kanda. La grabación no miente.
–Mi paciencia tiene límites con los imbéciles como él. ¿Esperabas a que soportara cada una de sus estupideces?
–Necesito saber qué discutieron ustedes dos en ése momento.
–No es nada que te incumba.
–... Kanda, tú sabes que Lvellie está ahora mismo en la Rama Americana. No te tocará.
Sí, en ése mismo instante, Kanda volvía a recordar que la arpía de Lenny Epstein era la Jefa de la Rama Americana... Y también recordó, Allen Walker mencionó a la Rama Americana también, junto el nombre de Alma. El exorcista miró crudamente a Lee y demostró acidez en su mueca. Estaba a punto de decir algo que no quería, pero lo retiró de su garganta. Pensó con más claridad.
–Dijo cosas abyectas de Alma. No quise quedarme sin hacer nada y entonces lo amenacé; no cesó no joderme y entonces lo arrojé.
Komui arqueó las cejas, palideció con oír aquel nombre repentinamente. Seguro mil preguntas entraron en la cabeza del Supervisor cuando Kanda mencionó 'ése nombre'. Lo leyó en los archivos relacionados con los Segundos Exorcistas y la tragedia colosal acontecida en el Sexto Instituto Asiático. Alma era el primer sujeto de pruebas, y el mismo Yu Kanda se vio obligado a 'asesinarlo'. Pero, más allá de eso, Komui prefería no contar con más. Era un secreto que mantenía guardado por la salud mental del exorcista.
Kanda ya estaba absorto dentro de su propio infierno y ya no quería hundirlo más en ésas tinieblas sin fin.
–¿Cómo... cómo fue que Allen... ?
–Me escuchó hablar dormido. Fin de la historia.
–Esta bien, Kanda. Pero ten entendido que serás vigilado de más cerca por los Crow por esta muestra de comportamiento agresivo. Siéntete afortunado que el Auditor Lvellie no está aquí. Podrían haberte puesto un castigo por esto.
Sí, en ello Komui tenía razón, desde que Malcolm C. Lvellie nunca tuvo una feliz relación con la orden Oscura y sus trabajadores. De hecho no había nadie más odiado o temido de Central que el mismísimo descendiente de la familia Lvellie.
–Irás enseguida a la Rama Asiática, Kanda. Acaban de comunicarme que Zhu Mei Chan desea hablar contigo
–¿Para qué necesita verme ése viejo decrépito?
–No tengo detalles de lo que quisiera hablar, pero tienes que ir ahí de inmediato. Y no se te olvide que serás vigilado.
–Como si me importara un comino, Komui.–espetó el arrogante exorcista antes de marcharse. A la salida de la puerta, como se tuvo que esperar, habían varios agentes de Crow vigilándolo. Advirtió con la mirada a los sujetos enmascarados que si se atrevían a acercarse más de la cuenta los mataría a todos.
De ahora en adelante esto sería mucho más molesto con estos tipejos persiguiéndolo como sombras.
13 de Junio
Venía aquí muchas veces todos los días, solamente para quedarse cerca de él mientras dormía apaciblemente en ésa cama de recuperación. De vez en cuando la enfermera se compadecía de la preocupación de la muchacha por su amigo y le permitía cinco minutos más de tiempo de visita. Claro, a Link le molestaban muy a menudo porque él se negaba a separarse de su 'trabajo' aún cuando las horas de visita terminaban.
Y Timcanpy, su presencia equivalía a veces a la de un fantasma, siendo un ser tan pequeño y callado, Lenalee no lo notaba cuando el pequeño gólem se posaba sobre su cabeza. El pequeño Tim difícilmente podía separarse de su amo Allen.
La enfermería usualmente era un lugar muy ocupado a todo momento, pero últimamente no estaba tan repleto como solía en varias temporadas del año. Los ocupantes más frecuentes de las camas de enfermería eran los Buscadores, quienes eran los que de verdad tomaban más riesgos que cualquier otro exorcista en la Orden. Muchos morían aquí.
Lavi comenzó a criticarla por pasar demasiado rato en la enfermería, porque en lugar de ayudar (sin ánimos de ofender) ella estorbaba en el trabajo del personal médico. Allen se pondría bien en cuestión de tiempo, y lo único que necesitaba ahora era descansar en su cama sin que le perturbaran. Sin embargo, ella solamente se podía tranquilizar cuando lo veía, pero al mismo tiempo no dejaba de preocuparse por él. Tal vez tenía algo de masoquista por frecuentar una persona que la angustiaba tanto.
Allen se reponía en silencio mientras sus párpados permanecían cerrados. Su cabeza estaba firmemente vendada y usaba en su cuello un collarín bastante apretado, que daba la impresión que no respiraba bien, pero en realidad él estaba bien. Parecía muy tranquilo a diferencia de cómo se veía cuando aconteció su caída. Aún con ése tierno semblante de paz, Lenalee no se podía quitar de la cabeza lo que dijo Kanda cuando lo atrapó.
Allen hubiera podido detener su accidente, y si hubiera estado consciente en esos momentos, el Clown Belt le hubiera salvado después de ser empujado por Kanda. Lenalee buscaba con qué más podía explicarse la razón de esto. Quería que fuera solamente un error, y que de cualquier cosa se tratara menos del... Decimocuarto Noé.
Le asustaba pensarlo.
Vio a Noise Marie entrar a la enfermería al mismo tiempo que Link se retiró momentáneamente para ir al sanitario. Era común que Marie fuese a tomarse la molestia de venir a visitar a los heridos, que él tenía mayor capacidad de simpatizar con la gente que con cualquier otro de los discípulos de Tiedoll. Lenalee saludó como siempre mientras que el gran Marie tomaba asiento cerca de la cama de Walker.
–¿Cómo está Allen?–preguntó con la voz pesada.
–No ha despertado aún.–respondió la muchacha con un timbre cristalino y triste.
–Es un niño idiota, me hace sentir culpable... el que haya tenido que terminar así.
–¿Por qué dices eso, Marie?
–... Tuve la oportunidad de detener a Allen y lo dejé ir. Tal vez sí lo hubiera frenado no se hubiera lastimado y tampoco Kanda.
Marie parecía saber qué es lo que pudo haber ocurrido. Pero dijo que Kanda salió lastimado también ¿A qué se estaba refiriendo?
–¿Sabes qué pudo haberle dicho Allen a Kanda?
–Tengo una vaga idea. Pero juré a Kanda que no hablaríamos de esto con nadie. Y de alguna manera Allen se enteró. Tendré que hablarle muy seriamente cuando se despierte.
–Haz lo que tú creas mejor, Marie.–sonrió de forma pesada la exorcista Lee, inclinando su cabeza a un lado.–Pero... ¿no puedo saber qué es?
–Lo siento, Lenalee.–replicó el exorcista ciego, demasiado maduro y despierto para dejarse llevar por esos encantos que inducía Lenalee.–Pero preferiría no decirte nada de esto a ti. Espero que no te ofendas.
–...Está bien. Entiendo.–Lenalee tenía deseos de saber a qué se refería su viejo compañero. Y su preocupación por ciertos temas desconocidos la hacían ver como una persona metiche, de eso ella estaba consciente.
–Necesito hablar con Allen una vez que despierte... quiero dejar muy claro una cosa con él.
–Habrá tocado un tema que es tabú para Kanda ¿no? Eso debió ofenderlo mucho.
–Exacto. Y por tu bien, Lenalee, será mejor que no te metas tan profundo como hizo Allen; aunque es seguro que Kanda no te vaya a hacer nada, lo mejor es que lo dejes en paz.–Marie andaba muy serio, la muchacha se daba cuenta. Como él se conocía de Kanda desde hace mucho antes que ella, entonces los lazos que tenía con él eran importantes. Debía confiar en que Marie conocía a Kanda mejor que nadie.
–Será mejor que me vaya yendo, normalmente a estas horas me pongo a ayudarles a los del departamento de ciencias.–dijo mientras se levantaba de su silla.–Nos vemos luego, Marie.
–Disculpa, Lenalee.–interrumpió de repente el exorcista ciego.–¿Te molesto con una taza de café también?
–Te la traeré enseguida.–ella simplemente no podía decir no a este tipo de favores. Ya era una costumbre.
–Gracias.
14 de Junio
Realmente había tardado en abrir sus ojos, porque su cuerpo se había acostumbrado a la sensación de estar dormido y hacer nada. Notó dos cosas antes que nada. Una; que se encontraba custodiado por Link, y dos; que estaba herido en la enfermería. En un principio no se lo logró explicar, porque hasta donde él recordaba no había salido recientemente a una misión y tampoco recordaba haber sido atacado. Tocó entonces su cabeza, detrás de su cráneo dolía. Tenía un collarín, lo que le impedía mover su cuello.
–Gracias a Dios que despiertas, Walker.–dijo Link, que no parecía especialmente conmocionado, parecía muy rutinario y ligeramente molesto.–Hay preguntas que deseo que respondas.
–Genial.–respondió con sátira el muchacho, sin que la jaqueca se le bajara siquiera un poco.–Porque también tengo yo varias preguntas, como: ¿Qué diablos hago aquí en la enfermería?
–¿No recuerdas?
–No. Lamento decepcionarte, pero no tengo idea de cómo... me hice esto.–dijo Allen con una amarga sonrisa. Y era sincero, porque realmente no sabía qué había ocurrido.
–Te me escapas por quince minutos y luego te golpeas la cabeza lo suficientemente fuerte como para sufrir amnesia interina. Qué gusto.–suspiró su vigilante alemán en frustración.
–¿Yo hice qué?
–Me oíste, Walker. No te hagas de tonto. Te escapaste de mi vigía y luego caíste del sexto piso del edificio de los dormitorios.
Aparentemente, Link no conocía demasiados detalles y ello explicaba su mal humor. O tal vez no iba a contarle qué había sucedido realmente.
–... ¿Puedo irme a comer?
–La enfermera no te ha dado de alta aún, y con ése collarín no te conviene seguir tu mala costumbre de comer rápido.
Muy a su pesar, Link tenía mucha razón. La jefa de enfermeras era un ser más temible que un demonio cuando los pacientes desobedecían las normas de la enfermería, y especialmente cuando uno se iba sin ser dado de alta. Sí, bueno, no podían matar de hambre a los enfermos, así que eventualmente les daban de su ración de comida. Eso temía Allen, porque sabía que lo que servían en la enfermería tenía sabor a engrudo.
–¿Me puedes traer algo de comer?
–No.
–¿Y por qué no?
–Puedes considerarlo como una sanción por tratar de escaparte de mi supervisión, Walker. Mientras que estés en esta cama, comerás lo que te den aquí.
–¡Eso no es justo, Link, y lo sabes!–Allen se sobresaltó, nada contento de la sentencia.–¡Yo no recuerdo haber hecho eso!
–¿Y cómo puedo saber que no estás mintiendo? ¿Qué motivo tendrías tú por escabullirte de mi inspección?
Eso dejó pensativo al muchacho albino, que no se había detenido a meditar su situación lo suficiente. Quiso recordar las últimas cosas que tuvo en mente. Forzó su mente a indagar en las esquinas de su memoria hasta encontrarse con nombres que fueran importantes. Yu Kanda. Alma Karma. Pero más allá, su mente sufría un bloqueo inconsciente, como si no existieran recuerdos que se expandieran más lejos de estos nombres clave.
–No puedo recordarlo, Link. Lo siento.–murmuró Allen, honesto y decepcionado de su propio estado.
–Es hora del desayuno.–anunció la voz de una de las enfermeras, que ella sonaba particularmente feliz, pero probablemente solamente se reía de la cara de disgusto de sus enfermos, porque les vería comerse ésa asquerosa comida.
–Alguien máteme ya.–se quejó un Buscador que estaba asentado cerca de la cama de Walker, él estaba un tantito peor, con una pierna rota, ambos brazos enyesados y su cara llena de vendajes.
–Odio el engrudo...–murmuró el chico haciendo su mueca de asco. Pero luego su atención se fijó hacia la entrada del cuarto de enfermería, donde estaba pasando alguien muy alto y que ya conocía bien.
–Ya despertaste, Allen.–era Marie, y parecía haber llegado de la arena de entrenamiento, porque hasta donde Allen se encontraba podía oler el crudo hedor a sudor desde donde se encontraba, o sería que su olfato se volvió demasiado agudo.
–Ah... Hola Marie. Qué bueno verte.
–Parece que estás poniéndote bien. Quisiera hablar contigo.
–¿De qué cosa?
Marie pareció sorprendido cuando escuchó la duda de Allen.
–Veo que perdiste la memoria de los últimos momentos antes de caerte.
–Exorcista Noise Marie ¿usted habló con Walker antes del incidente?–interrogó repentinamente el inspector alemán mirando con severidad al exorcista mayor, pero no tenía caso, porque él estaba ciego.
–Así es. Sólo fue un encuentro breve, pero hablamos por unos momentos.
–¿Lo hicimos?...–no importaba cuanto se esforzaba, no lograba recordar haber hablado recientemente con Marie; pero tenía este sentimiento de que era algo importante.
–Debe de decirme entonces qué sucedió.–exigió el inspector con voz fuerte y demandante. Allen temía de esto, pero Marie no pareció darle importancia.
–Allen buscaba a Kanda. Yo le indiqué que lo encontraría en los dormitorios. Quería hablarle acerca de un tema muy personal con respecto a su vida, y de algún modo terminó provocando a Kanda hasta hacerlo enfadar y le arrojó del sexto piso ¿es ésa información suficiente para usted, inspector?–lo dijo tan claramente, como si ningún trabajo le costara, incluso Allen se sintió sorprendido de que su compañero Marie hablara así.
Link enseguida salió corriendo fuera de la enfermería, porque la información que Marie le acababa de revelar era importante para su reporte por escribir, y Allen enseguida creyó que debía ser lógico que Link hiciera eso.
–Eso lo mantendrá ocupado por unos momentos. Quiero hablar contigo seriamente.–dijo Marie con sobriedad, que tomó asiento en donde se había sentado Howard Link. El muchacho se dio cuenta que todo esto estaba planeado por el otro exorcista.
Involuntariamente Allen se rió brevemente, pero no parecía del todo muy divertido.
–... ¿Que ése idiota me arrojó del sexto piso?...–susurró mientras se llevaba las manos a sus sienes.–¿Por qué no me siento tan sorprendido?; no lo has inventado ¿verdad, Marie?
–A pesar que te lo advertí, decidiste enfrentarte al toro por los cuernos.
–Y ni siquiera recuerdo lo sucedido en ése día.–sopló Allen con un mal humor casi superficial.–Siento tener que decirlo, pero esto una 'mierda'.
–¿Te disculpas cada vez que dices una maldición?
–Es hábito que llevo desde hace algún tiempo. No me gusta ser grosero.
Marie rió.–No es malo que descuides tus modales al hablar, nadie te va a reprochar por ello. Ninguno de tus amigos lo hará.
–A ti jamás te he escuchado maldecir nada ni nadie. Eres mucho más cortés de lo que yo sería. ¿Será por que eres aprendiz del general Tiedoll?
–Kanda maldecía decenas de veces al día y el maestro jamás le reprochó por ello.
–... Buen punto...
–Parece que te enteraste de 'aquel niño' en algún lugar.–sacudió su cabeza con tristeza.–No sé por qué quisiste hablar de 'eso' con Kanda de repente... ¿Por qué lo hiciste?
–No es que Kanda sea alguien que me agrade, tampoco quisiera sentir compasión por él, pero... creo entender un poco cómo se siente él. Es todo.
–¿Por qué?
–Yo... maté con mis propias manos a alguien a quien yo amaba mucho. Por eso... yo creo entender lo que él siente. Seremos diferentes en varios aspectos, pero yo sé que hemos pasado por cosas similares.–murmuró en un tono muy sombrío el muchacho pálido, cuya boca casi se secó al hablar estas palabras de un rincón privado en su corazón.
–Ya me lo imaginaba.–suspiró Marie como si estuviera agotado, lleno de un pesar preocupante.–Ustedes dos son iguales. Ahora entiendo por qué siempre se han llevado tan mal desde un principio.
–¿Y eso por qué?
–La oscuridad que los rodea a ustedes dos es tan profunda... que no encuentro la forma de poder sacarles de ahí.–Marie sonreía, pero no estaba feliz, más solamente se trataba de una máscara para ocultar recuerdos de algo sombrío.–Es tan frustrante, aún cuando fue él quien me salvó la vida. (1)
No podría alcanzar a comprender por completo las palabras de Marie, pero estaba seguro que existía un significado muy grande detrás de la relación que tenía con su compañero Kanda. Después de todo, Marie era de los pocos hombres por quienes Kanda sentía respeto además de Lenalee.
–... Me enteré de algo horrible, Marie. Pero creía que tal vez tenía algo feliz en ello. Creía que Kanda debía de saberlo, pero terminé hiriéndole más ¿verdad?
–¿A qué te refieres?
–Recuerdas a los Terceros Exorcistas ¿no? Ellos son... mitad Akuma ¿no? Parece que alguien tomó un pedazo del Huevo Akuma y se lo implantó a Alma. Hace poco me enteré que ése tal Alma sigue con vida.–al finalizar su frase, Allen notó que Marie casi reaccionó sobresaltado, con un miedo indescriptible que se reflejó en su rostro.
–Allen... ¿cómo...?–preguntó, mientras su cara sudaba fuertemente.–¿Estás seguro?
–Desearía haberlo imaginado escrito en el papel, quizás solamente haber leído mal ése documento. Pero yo lo sé, yo estoy seguro que el amigo de Kanda está vivo, tal vez oculto en algún lugar de la Rama Americana de la Orden. No puedo estar equivocado, Marie.
–Entonces Kanda no te creyó y por ello enfureció.–dedujo el exorcista mayor.
–Probablemente eso fue lo que pasó. Pero todavía hay algo que no me cuadra...–mencionó el muchacho, entrando en sus pensamientos, divagando en los rincones inalcanzables de su consciencia. Marie lo meditó unos segundos, luego frunció el entrecejo ligeramente, y su joven camarada supo que su mayor había descifrado algo.
–No creo que Kanda haya querido arrojarte así del último piso. Tal vez lo hizo confiando en tu capacidad...Tú mismo hubieras sido perfectamente capaz de evitar caer, Allen.
Él tenía demasiada razón. Allen sintió un escalofrío terrible por todo el cuerpo al darse cuenta de los hechos, y Marie se dio cuenta de la tensión en la que su amigo entró. Si por alguna razón sus recuerdos estaban borrosos, es que estaba aquella entidad hospedada en su cuerpo lo que manipulaba su mente. Decimocuarto.
Comenzó a recordar más vívidamente sus últimos segundos de consciencia.
"No puede ser... Ése maldito."
Noise se acercó y puso su mano en el hombro de su compañero, el contacto era un tanto reconfortante, Allen quería mirarle directamente a los ojos, pero bien sabía que ello era carente de sentido por la ceguera de Marie. Aún así, se sentía agradecido por su intento de calmarlo.
–Está bien. Ahora estás bien. Tranquilo.–dijo con voz calmada el exorcista mayor, y Allen asintió lentamente, que el collarín otra vez inmovilizaba su cuello.
–¿Le puedo pedir que se retire? Es hora de alimentar al paciente.–irrumpió la enfermera cuando menos se lo esperó el joven exorcista.
–Sí, lo siento, señorita enfermera.–no se resistió contra la petición de la enfermera y se levantó sin protestar de la silla.–Dejemos esto entre tú y yo, Allen ¿de acuerdo?–susurró con calma, haciéndole saber que él era un amigo en el que podía depositar su confianza.
–Nos vemos...–fue abruptamente interrumpido por la visión de su plato con ésa masa grisácea que parecía moverse. Allen no se comería eso, ni aunque fuera a morir de hambre por ello.
Link, su supervisor llegó en cuestión de tiempo después que Marie abandonara. Allen se encontraba dispuesto a hacer pucheros de ser necesario para no tener que ser alimentado con ésa porquería que las enfermeras se atrevían a llamar 'desayuno'.
11 de Junio
No deseaba quedarse por mucho tiempo, solamente iba a charlar con el anciano chef de la Rama Asiática. Aunque estuviera siendo vigilado por los agentes de Crow, ellos no podían seguirle hasta encontrarse en privado con Jefes de Sección. Casualmente, se encontró con el Jefe de la Rama Asiática, Bak Chan acompañado de su viejo asistente Wong. Él era joven, no mayor de treinta años, tenía los rasgos chinos de su madre, pero había obtenido el color de cabello de su padre europeo, era rubio. Así que su aspecto era algo de la más particular dentro de este lugar. Pero como Kanda no le prestaba atención a la apariencia de Bak Chan, sino que se hartaba de sus tonterías y patéticos intentos de cortesía.
–¿Viniste a hablar con el viejo Zhu?
–No vengo a estos lugares sin razón. No soy cierto Jefe de Sección que va visitando lugares sin razón.–espetó molesto Kanda, haciendo caso omiso al tenso aspecto del Supervisor de la orden Asiática.
–Bueno...–rió nerviosamente Bak Chan mientras escondía detrás de su espalda una carpeta (probablemente que tendría fotografías de Lenalee Lee).–¿Qué te urge hablar con el anciano? No vienes aquí a menos que sea algo muy importante...
–No vengo a hablar contigo, no me molestes.–la verdad, Kanda decidió desde hace mucho que Bak Chan no sería de su agrado. Aunque no quería culparlo a él por pertenecer a la familia Chan, simplemente no encontraba algo en él que le gustara. Casi nada.
Se habían sentado en el interior del pabellón que había en los jardines internos de la Orden Asiática. Su ambientación había sido diseñada con el fin de infundirle paz a quienes la visitaban, era el más típico estilo de jardines chinos, con todo y la pequeña laguna con peces Koi de todos colores. Pero nada de esto podía tranquilizar a Bak, por que el día de hoy se encontraba inusualmente estresado, y esto estaba directamente vinculado con el hecho de que Yu Kanda se encontraba sentado a un metro de él.
Y Wong no podía ayudar ni sirviendo té.
–En... ¡en cualquier momento vendrá! ¡No te exasperes! ¡Fou lo localizará fácilmente!
Todavía más silencio.
La verdad, Bak no era un hombre nervioso, sino todo lo contrario. Una actitud muy vibrante y poderosa para alguien que había perdido a sus padres de una forma tan cruel, sabiendo que eran muertes merecidas. Eran sus padres, Edgar Chan Martin y Touyi Chan, anterior jefa de la Rama Asiática, quienes habían muerto en aquella catástrofe de hace nueve años después de todo. Kanda encontraba admirable el optimismo del joven Supervisor el haber superado ésa tragedia y el haber continuado con la vida.
Habían jurado después de aquella vez, Lenny Epstein y Bak Chan, que jamás se repetiría tal atrocidad en la Orden Oscura, y no volverían a hacer de Dios su juguete como hicieron sus padres al haberlos creado a él y Alma. O por lo menos, eso es lo que había pensado.
Surgieron entonces los Terceros Exorcistas. Engendros mitad Akuma salidos de la retorcida ambición de Lvellie y Epstein por crear más armas para la Guerra Sagrada. Si aquella arpía de Lenny lamentara la muerte de su padre tan siquiera un poco, hubiera rechazado de inmediato la idea de los Terceros Exorcistas.
–Escuché que tuviste una pelea con Walker y él salió muy mal.
Y justo tenía que coger el tema del la bola para joder su paciencia.
–Lo que le pasa por ser un imbécil.–respondió automáticamente el exorcista Kanda. Era increíble cómo en cuestión de medio segundo su temperamento cambiaba tan radicalmente.
–¡Ya se enojó, amo Bak!–exclamó el asistente Wong, como un completo tarado. Bak ya quería decir que la tierra se lo tragara. Kanda de verdad se molestaba mucho cuando todos se ponían histéricos y niños miedosos cada vez que tenían la impresión que él se enojaba.
–¿Cuánto más va a tardarse ése anciano? ¿Están seguros que no se ha muerto aún?–preguntó Kanda mientras se le salía una vena marcando su frente cubierta de flecos negros.
–... Este... ¡Mira! ¡Esta aquí!–señaló rápidamente Bak fuera del barandal del pabellón, y efectivamente, ahí venía caminando, muy a su tranquilo paso, el anciano con su traje de cocinero, apenas se quitaba el gorro mientras Fou se lo llevaba a duras penas jalándolo del delantal blanco.
Era ya un hombre muy viejo y estaba medio calvo, pero el cabello que le crecía detrás de su nuca lo peinaba en una cola de caballo. Su barba estaba bien peinada, usaba un monóculo y sus dos orejas tenía varios aretes. Tenía una condición física más o menos pasable para alguien de su edad, era un poco rechoncho y se formaban esas feas bolsas en su cara y su papada era muy grande. El detalle más interesante de su apariencia era el extraño tatuaje sobre su cabeza, que eran una serie de líneas verticales que daban la forma de un rombo diamante.
A pesar que Zhu Mei Chan fuera el Jefe Cocinero de la Orden Asiática, también era el forjador de armas Anti Akuma, e indiscutiblemente él fue el maestro que forjó a Mugen, la katana que Kanda disponía hasta hoy en día.
–Kanda, qué bueno que estés aquí.–sonrió el anciano, sus ojos rasgados se mostraban siempre amables ante él.
–Usted me llamó ¿no?–respondió insolentemente el joven exorcista.
–¿Cómo te has encontrado?
–Igual que siempre.
–Muy bien. Ustedes dos, largo de aquí.–exigió groseramente la chica fantasma jalando a Wong fuera del pabellón. A Bak Chan le tuvo que sacar con una patada en el trasero, y luego se quejó altamente por el irracional comportamiento violento de Fou.–Ellos van a estar hablando solos ¿no es importante que tengan un poco de privacidad?
–¡NO ME PATEES!–exclamó Bak furiosamente a lo lejos.
Todas las interferencias se habían ido finalmente. Sola quedaban el exorcista Kanda y el anciano Zhu. Se sentó tranquilamente y suspiró cansado limpiando sus arrugadas manos en el delantal, manchado por la pintura de los vegetales.
–Mañana me iré con Bak a la Rama Americana. Es una conferencia muy importante, así que hoy no me queda mucho tiempo.
–Sólo vayamos directo al grano. No estoy para perder el tiempo, y usted tampoco.
–Bien, entiendo.–el anciano pareció contemplar su rostro lentamente, aunque parecía alegre, en realidad estaba muy triste.
"¿Todavía la ves, Kanda? Mantengámoslo como un secreto entre tú y yo. No pienses en ella. Solamente es una ilusión. Ésa flor es solamente una ilusión."
–Dime Kanda, ¿todavía puedes ver la flor?
"Antes que todos los pétalos caigan, yo seguiré esperando."
Las flores de loto estaban en todos los rincones de sus ojos, el aroma casi lo podía sentir, fragante y enfermizo, algo que él comenzó a aborrecer con el paso de los años. Hasta que él encontrara a ésa mujer, esta supuesta ilusión no cesaría de atormentarle.
(1).– Diálogo de Marie, sacado del capítulo 185 del manga. Marie sigue siendo genial.
N/A: Ediciones menores, porque el capítulo en general se encontraba bien. Nada de hogueras, por favor.
