Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.

Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.

La adaptación conserva el mismo nombre del libro.

Pasaporte al amor

Capitulo 2

Alice vaciló frente a las puertas abiertas de la enorme mansión, reacia a entrar sin ser anunciada. Aunque su tío le había dicho que Jasper la había invitado allí para verla, los buenos modales y la precaución evitaban que se comportara con excesiva familiaridad.

Un hombre pequeño y enjuto apareció frente a ella.

—Usted debe ser la señorita Brandon —declaró haciendo un gesto para que entrara—. El señor Whitlock la espera.

Alice sonrió débilmente y entró, muy nerviosa. Una vez en el enorme vestíbulo, el hombre empezó a gritar, sobresaltándola.

— ¡Muchachos, ha llegado la hora del descanso, así que todos fuera!

En un tiempo sorprendentemente corto, aparecieron obreros de todas direcciones y rápidamente salieron de la casa.

—El señor Whitlock vendrá en seguida, señorita —le dijo el hombre antes de marcharse también.

Alice miró hacia las ventanas y vio que todos los obreros iban hacia los edificios del rancho que ella había visto antes. Pensar que pudieran irse a almorzar aumentó su nerviosismo. De repente, la enorme casa le pareció bastante aislada, y miró con nerviosismo hacia las puertas abiertas.

Pero la frase dura y ronca que resonó en las enormes salas vacías, no le dio tiempo a que intentara escapar.

—Le agradezco que haya venido.

Alice se sobresaltó al oír la voz y dio media vuelta para verlo.

La mirada dura de Jasper Whitlock pareció engullirla por completo mientras se acercaba a ella. De repente, Alice tuvo la impresión de que él veía todo en ella, incluido el pequeño estremecimiento que le había puesto la piel de gallina.

Jasper era un hombre alto y fuerte, con el pelo rubio demasiado largo que le rozaba el cuello y un rostro duro y curtido que proclamaba que era un hombre igual a los elementos. El profundo azul de sus ojos bajo su sombrero se encontró con la mirada de Alice con una fuerza brutal. Con su sombrero de vaquero, camisa a cuadros, pantalones gastados y botas, sólo le faltaba la pistola para hacerle parecer un forajido de las películas.

Cuando Jasper se detuvo a menos de un metro de ella, Alice volvió a estremecerse. Ese hombre era más masculino que ninguno de los que ella había conocido nunca, y de repente, toda la feminidad reaccionó con una sorprendente mezcla de atracción y miedo.

Alice estaba mirando fijamente, algo mareada, cuando Jasper sonrió. Al instante, Alice se dio cuenta de que la estaba mirando de forma descarada y grosera, así que forzó una débil sonrisa mientras se esforzaba por recuperarse.

—Me... sorprendió la invitación, señor Whitlock —empezó con dolorosa formalidad.

Él se quedó mirándola con intensidad.

—La invitación la sorprendió —declaró con tono bajo y duro—. ¿Y la proposición de matrimonio?

—La proposición me... preocupó —admitió temblorosa—. Pensé que aclararíamos las cosas si venía a hablar con usted.

Alice realmente quería hablar de eso del modo más amable posible. Tío James pensaba que tener el dinero de Jasper en su banco era crucial para la supervivencia del banco, así que Alice no se atrevía a ofender a ese hombre. Y sin importar lo duro y macho que pareciera, no tenía intención de insultar su orgullo ni herir sus sentimientos. Pero, desde luego, no podía casarse con un extraño o con un hombre al que no amara, sin importar lo rico que fuera.

Cuando Jasper continuó mirándola fijamente, moviendo los ojos sobre su cara como si estuviera analizando en detalle sus facciones, Alice sintió que se quedaba sin respiración. Pero cuando esa mirada bajó despacio desde la barbilla hasta los pies, deteniéndose de forma casi indecente en cada curva, a ella casi se le paró el corazón.

Al instante, se puso colorada. Y en ese mismo instante, Jasper volvió a mirarla a los ojos.

—Entonces, no quiere casarse conmigo —declaró con un tono sorprendentemente tranquilo que contrastaba con la tensión que Alice notaba en él.

El instinto le avisó que fuera cautelosa. No conocía a ese hombre ni a nadie que lo conociera. Jasper Whitlock nunca había formado parte del círculo social de su tío y de su tía ni parecía haberse relacionado con nadie en la ciudad. Había oído rumores sobre él, sobre su reciente riqueza y lo que estaba haciendo con su dinero, pero no sabía nada personal sobre ese hombre aparte del hecho de que en ese momento era el soltero más codiciado de la zona.

Alice se obligó a sonreír débilmente.

—No lo conozco, señor Whitlock.

La tensión en Jasper pareció calmarse ante su suave respuesta.

—Eso tiene solución —declaró dando un paso hacia ella y haciendo que se pusiera muy rígida.

Escudriñó el rostro de Alice como si sintiera que estaba a punto de salir disparada, y le puso la mano en el codo de forma tan repentina y con tanta suavidad, que ella no pudo evitarlo.

La sensación de sus dedos ásperos cerrándose con firmeza en su brazo le hizo estremecerse. Alice intentó soltarse, pero él no la dejó. Ese pequeño tirón le acercó un paso más, y Alice no pudo evitar que su mano libre cayera y aterrizara sobre la camisa de Jasper.

El algodón azul estaba caliente por la piel del hombre que llevaba la prenda puesta. Bajo los dedos de Alice, el corazón de Jasper latía con ritmo regular mientras el suyo estaba descontrolado. Y mientras miraba su rostro duro y atractivo, sintió las rodillas debilitarse y empezar a temblar.

Jasper no se perdió ni un detalle en los cambios de expresión de Alice. Sorpresa, cautela, atracción, miedo... no exactamente la aprobación y el deseo que él quería ver. Pero esa mano pequeña apretada contra su pecho directamente sobre su corazón era como un hierro candente. Aunque ella no lo pretendiera, estaba marcándolo.

—Me gustaría enseñarle la casa —gruñó Jasper, apartándose para que cayera la mano de Alice.

Pero a ella no la soltó hasta que salieron del vestíbulo para comenzar el recorrido.

Alice sintió alivio cuando pudo volver a mover su brazo con libertad. En una situación normal, habría aceptado la invitación por pura cortesía, aunque en ese momento lo hizo para tener algo de tiempo y poder calmarse los nervios.

Seguía sintiendo los dedos calientes de Jasper sobre su piel, y aún temblaba por las sensaciones que le habían provocado. Y darse cuenta de que ella misma le había puesto la mano en el pecho, un gesto bastante íntimo, la había alterado. Incluso las veces que sus miradas se encontraban mientras recorrían la enorme casa, hacían que se estimulara su sexualidad.

Desesperada por distraerse, miró alrededor, obligándose a concentrarse en cada habitación y hacer las preguntas apropiadas. Pero no tuvo que forzarse para admirar la enorme mansión. La planta principal albergaba el gran vestíbulo con una escalera hasta la segunda planta, un cuarto de estar, un comedor, un estudio, una salita, un salón, una cocina enorme y habitaciones para la cocinera y el ama de llaves.

En la segunda planta había una habitación grande que comunicaba con una habitación infantil y un vestidor la mitad de grande que el dormitorio principal. Había otros seis dormitorios y unas habitaciones junto a la escalera trasera para un mayordomo.

— ¿Un mayordomo? —preguntó Alice con curiosidad.

Jasper la miró.

—Me invitaron a una fiesta en una casa en Dallas donde tenían mayordomo y me pareció admirable el modo en que mantenía todo en orden.

Finalmente terminaron en la cocina de la planta baja.

—La decoradora ya ha elegido las cortinas y alfombras —le dijo Jasper mientras se apoyaba en el mostrador cruzándose de brazos sobre el pecho—, pero puede hablar con ella mañana para ver si está de acuerdo con todo —añadió ignorando la mirada sorprendida de Alice—. Puede elegir los muebles, siempre que nuestra cama ni nada que yo tenga que usar sea recargado, muy femenino o blanco. Aún soy un ranchero y siempre lo seré.

Alice se quedó mirando perpleja mientras él le explicaba todo eso. Ella había esperado que durante la visita de la casa, Jasper recuperara la sensatez y se diera cuenta de lo tonto que era que cualquiera de ellos se tomara en serio esa proposición de matrimonio.

Pero en lugar de eso, parecía que para Jasper, aceptar la invitación de ver la casa, había sido algo así como dar su consentimiento. Alice negó con la cabeza.

—Señor Whitlock, por favor, entiéndalo. Aunque su proposición me halaga, no puedo casarme con usted.

Él la miró con dureza.

—No soy lo suficiente bueno, ¿eh?

Ella tardó unos instantes en recuperarse de la pregunta tan directa y un instante más en darse cuenta de la emoción oculta bajo esas palabras.

—No tiene nada que ver con eso, señor Whitlock. Nosotros no nos conocemos —declaró con énfasis y suavidad.

— ¿Y si nos conociéramos?

La pregunta la perturbó, y Alice se esforzó por reprimir su reacción repentina y secreta a la idea, mientras intentaba ofrecerle una respuesta serena.

—Podríamos conocernos bien y no tener el tipo de amor que requiere un matrimonio. No puedo casarme con un hombre del que no estoy enamorada. Y no creo que usted fuera realmente feliz casándose con una mujer de la que no está enamorado.

—Amor... —declaró Jasper con cinismo—. El amor no es más que un arranque de lujuria y hormonas que los tontos confunden con los sentimientos. En cuanto se satisface la lujuria, las hormonas se tranquilizan. Y entonces es cuando esos mismos tontos piensan que se han desenamorado —terminó con sarcasmo.

Alice estaba sorprendida.

— ¿No cree en el amor?

Jasper la miró.

—El amor es igual que Santa Claus, señorita Brandon, un mito infantil —explicó melancólico—. Yo no nací rico y no tengo estudios universitarios, pero soy constante, de confianza y trabajador. Seré un marido fiel y serio, un buen padre para mis hijos y una buena fuente de ingresos para una esposa fiel.

Alice apartó la mirada, desprevenida por la intensidad de su declaración, pero impresionada por su sinceridad. El amor era un mito para él, pero las cosas que deseaba no podían lograrse sin él.

Entonces, pensó en el matrimonio sin amor de su tía Bree con James. El tío James nunca le había sido fiel a Tía Bree y no le había dado nada a Bree que no hubiera procedido originariamente de la gran herencia de su tía. Y como James nunca había amado a su tía, nunca le había interesado tener hijos con ella. Y como nunca la había amado, su hogar no era un lugar cálido ni acogedor.

Los recuerdos de sus propios padres que murieron cuando ella tenía nueve años, eran de dos personas completamente enamoradas que se adoraban la una a la otra y adoraban a la hija que su amor había creado. Y Alice anhelaba ese tipo de amor y esa clase de matrimonio.

La alternativa, representada por la fría relación formal de James y Bree, era inaceptable. No importaba lo maravilloso que sonara en ese momento la promesa de Jasper. ¿Cuánto tiempo tardaría en ir mal el matrimonio sin amor que él quería?

Alice obligó a mirar a Jasper directamente.

—Ésas son metas honorables, señor Whitlock. Usted debe ser un buen hombre al pensar así —vaciló, apretando el bolso para evitar mover las manos—. Pero yo no puedo casarme con un hombre que no da valor al amor.

Jasper habló en seguida, sin pensar.

—Entonces su respuesta es no.

Alice mantuvo la mirada.

—Mi respuesta es no.

Jasper bajó los ojos brevemente antes de volver a mirarla con determinación.

—Entonces, tendré que encontrar el modo de hacer que cambie de opinión —declaró con voz ronca.

Alice se acaloró. Jasper la estaba mirando como si estuviera a punto de tomarla en brazos y llevársela a alguna cueva.

Se ruborizó, confusa entre el miedo y la excitación. No podía hablar ni moverse. La atracción peculiar que había sentido por Jasper en el pasado ascendió repentinamente a algo sensual e irresistible. La idea de que pretendiera hacerla cambiar de opinión para que se casara con él, era vertiginosa.

Pero pensar que de algún modo pudiera conseguirlo, la aterrorizó. Estaba segura de que nunca podrían convencerla para que se casara con un extraño que no creía en el amor. Pero mientras estaba ahí de pie, paralizada, incapaz de apartar los ojos del duro y atractivo rostro de Jasper Whitlock, se dio cuenta de que estaba en peligro de aceptar.

De algún modo recuperó la compostura.

—Buenas tardes, señor Whitlock —dijo muy seca y se giró y salió de la enorme cocina, aunque eso no sirvió para romper la atracción sensual entre ellos.

Y aunque sabía que Jasper la iba siguiendo por el largo pasillo hasta la entrada, consiguió mantener el paso tranquilo.

No respiró con normalidad hasta que salió y se dirigió hacia el lugar donde había aparcado su coche.

¿Y que les parecieron los primeros capítulos de esta segunda entrega de la serie "Se buscan novios vaqueros"?

Adelantos…

Pensé que os había dejado claro a las dos —empezó, incluyendo también a Alice en su furiosa mirada—, lo importante que es este matrimonio. Había esperado no tener que recordaros que el Banco Chaney está a punto de declararse insolvente, pero ya veo que debí ser más directo.

Alice sintió náuseas. El banco tenía dificultades y James la culpaba a ella. Su amigo de universidad, Embry Call, había trabajado en el banco hasta hacía tres semanas. Por haber sido un empleado brillante y capaz, James le ascendió rápidamente, pero más adelante, cuando una auditoria demostró que faltaba dinero, James sospechó de él de inmediato.

Su tío dijo que la resistencia de Alice a creer culpable a su amigo le había hecho buscar al culpable por otro lado, y el resultado fue la pérdida de una suma aún mayor. Días después, Embry Call se marchó repentinamente de la ciudad y dejó el trabajo. Y al poco tiempo, fue cuando James descubrió la verdadera extensión del desfalco y de que el amigo de Alice había sido, sin duda, el ladrón.

Yo nunca habría contratado a Embry Call de no ser por mi afecto hacia ti, Alice, y lo mucho que intento satisfacer tus deseos —dijo con tono arrogantemente suave, aunque sin duda estaba muy furioso—. Y pienso que tú deberías sentirte obligada a complacer los míos.