ANTEPONIÉNDOTE
Los días se hicieron meses, y los meses años. No supe en que momento las pequeñas distracciones me alejaron de lo que más quería, volver a intentarlo. Tampoco supe en que momento mi cabello dejo de brillar, y cuando tu renunciaste a un nosotros. Pero lo que si sé, es el momento en que deje que el egoísmo que hacia brillar mis llamas se llenara de amor y me ahogara.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Suzanne C.
2.
TROMPICONES
Las olas del mar resuenan, a veces me parecen tranquilizantes y otras no. Annie dice que con el pasar de los años ya ni siquiera las notare… que casi serán como respirar. Aunque su comentario solo logró alarmarme, porque yo no preveo vivir aquí para siempre.
El cuatro no es mi hogar, no puedo percibirlo como tal. Hay un olor a agua salada y es extremadamente caluroso. Para mi solo existe un hogar, y son los brazos de Peeta, nuestro bosque y nuestra casa.
Haymich no esta de acuerdo con mi partida, el insiste que yo debo de estar allá, en el distrito doce, con ellos. Sin embargo la distancia será buena para mi chico del pan, el necesita alejarse de su más grande monstruo, yo, de nuevo. No importan los seis años que han transcurrido desde la guerra… mi diente de león intento quitarse la vida por mi culpa, porque no deseaba lastimarme más.
No podía soportar que alguien más muriera, menos el.
Hace una semana que Peeta esta en el hospital, hace tres días que yo abandone mi hogar. El verlo despertar solo para intentar quitarse la vida, de nuevo, y de nuevo, es… no existen palabras para describir el dolor que aprieta mi pecho.
Recordar sus gritos pidiendo que me alejen, sus lagrimas, esos ojos llenos de tanto sufrimiento…
Sé que mi mudanza es lo mejor; yo necesito que el regrese, y sin importar donde este, sea feliz… que regrese a ser mi chico del pan, rebosante de bondad y solidaridad.
Haymich no lo comprende.
Mi mentor lo único que hace es decir que Peeta me necesita, "que su muchacho me necesita; que nos necesitamos para superarlo todo, como siempre". Pero yo no puedo lidiar con el hecho de que Peeta haya llegado a intentar quitarse la vida, me sobre pasa; nos sobre pasa.
-Katniss ¿Podrías llevar a Txaber a la escuela?- Es Annie, quien se ha parado frente a mi con su pequeño hijo en brazos. Ella me sonríe dulcemente.
–eh, sí – mascullo. Ella me extiende a el niño y quien hace pequeños ruidos mientras esta sumido en la inconsciencia, y rápidamente se acomoda en mi hombro. Es incomodo.
Conocí al pequeño hijo de Finnick unos meses después de que nació, y debo admitir que instantáneamente me embargo un deseo de protegerlo, aunque no como el de mi hermana. Txaber disfruta de jugar con mi trenza, y su risa siempre me llena de un amor que no sabia que podía sentir. A Peeta también le encanta, generalmente el le hace rostros chistosos y cada vez que el pequeño lo reconoce estalla en carcajadas.
–¿Sabes donde es la escuela?– Annie coloca sobre mi hombro derecho una mochila y de repente la imagen de Peeta desaparece. Mis ojos se llenan de lagrimas y carraspeo intentando alejarlas.
–Sí, lo se; te veo luego– le respondo. No miro a Annie mientras abandono su casa con su pequeño en brazos.
El camino hasta el centro del distrito es largo y al cabo de veinte minutos me siento cansada, el niño ha crecido. Veo a un par de mujeres que caminan, todos parecen felices.
–Txab ¿quieres caminar?
El niño se revuelve en mis brazos para bajar y talla con sus manitas sus ojos, luego suspira. Sonrío enternecida.
–Tía, ¿por qué tengo que ir a la escuela? – pregunta mientras frunce el ceño y hace un pequeño berrinche. Yo me encojo a su nivel y arreglo sus cabellos despeinados.
–¿No te gusta ir a la escuela?
–No– Su labio tiembla haciendo un puchero.
–Ya… pero sabes, en la escuela harás grandes amigos, amigos para toda la vida– le sonrió suavemente y el parece calmarse un poco.
–¿Qué amigos hiciste tu para toda la vida?– Su pregunta congela mi corazón, porque la única amiga que yo hice murió hace mucho.
–allí conocí a Peeta– le digo sin saber que más responder.
