CAPÍTULO DOS
COFFEEHOUSING: El acto de distraer a un oponente a través de charlas y bromas.
Al día siguiente, Berwald arribó a su nuevo hogar con todas sus pertenencias empacadas en cajas. Al ver todas sus posesiones guardadas en su auto, repentinamente cayó en cuenta cuán poco era suyo después de todos estos años. Algunas ropas, algunos libros… y todo lo demás lo perdió durante algunos juegos en el circuito. Cuando abrió una de las puertas de su auto, algunas de las cajas cayeron en la entrada. Suspiró y se agachó para recogerlas.
"¿Necesitas una mano?"
Berwald volteó para encontrarse con Noruega, quien le miraba con su rostro serio. Parecía ser la única expresión facial que tenía.
"Sí, seguro."
Sólo fue necesario un viaje para que Berwald y Noruega pudieran meter todo en la enorme casa y a la pequeña habitación de Berwald al final del pasillo. Berwald colocó su carga en el suelo y asintió. "Gr'cias."
Noruega dejó las cajas en un montón con un fuerte estruendo. Su expresión seguía sin cambiar. "Lo que sea. Ponte cómodo. Is y Fin están en la escuela. Din está durmiendo. Yo saldré."
Berwald decidió que le agradaba Noruega. Aún cuando era un poco raro. Era callado e iba al grano.
"Bien. Adiós."
Y no estorbaba. Berwald volvió a asentir cuando Noruega salió por la puerta, dejándolo solo en la… bueno, 'habitación' no era la palabra adecuada para eso. Resultaba que la 'alcoba' a la cual Dinamarca se refería, en realidad era una parte de la habitación de Tino dividida por cortinas. Las habitaciones de la vieja casa eran gigantes, pero eso no cambiaba el hecho de que todo lo que separaba a Berwald de Tino era un par de cortinas.
Berwald realmente no quería ir al piso de abajo, pues le preocupaba encontrarse con Dinamarca, así que pasó el tiempo desempacando sus pertenencias y tratando de no pensar en ver a Tino otra vez. La alcoba no estaba tan mal, de hecho. Había una cama, un escritorio y un armario, y el espacio suficiente para moverse cómodamente. Sin embargo, para llegar allí tenía que entrar por el lado de Tino, que era abierto, soleado e indudablemente el cuarto más limpio de la casa.
No había visto a Tino desde la tarde anterior en la cocina, pero desde entonces era todo en lo que Berwald pensaba. Esos enormes ojos violeta permanecían en su memoria. Estaba al tanto de que eso era ridículo… Berwald sabía muy poco sobre Tino, pero se estaba mudando a ese lugar sólo por él. Jamás había creído en algo tan absurdo como el amor a primera vista pero rápidamente comenzó a reconsiderar esa opción. Probablemente había otra manera para explicar este repentino, abrumador y aplastante encaprichamiento pero Berwald ciertamente no era capaz de descubrir eso tan fácilmente. Berwald jamás había estado enamorado antes, estaba muy seguro de que nunca había sentido amor y que probablemente jamás lo haría. Pero ahora, de la nada, este encuentro repentino con la persona más perfecta que sus ojos verían se había concretado. Y de no haber perdido ese juego, jamás hubiese conocido a Tino. El destino podía ser tan azaroso como los juegos de cartas.
Algunas horas después, Berwald alzó la vista y notó a través de su pequeña ventana que la luz se desvanecía lentamente. Sacó su antiguo reloj de bolsillo de su pantalón. Era, de seguro, el único objeto de sus pertenencias que tenía algún valor, y era también el único objeto del cual nunca se separaría. Las manecillas de estilo antiguo marcaban las cuatro p.m. Berwald no había comido desde el desayuno, estaba demasiado ocupado tratando de desalojar su apartamento antes de la fecha tope. Así que pateó la última caja vacía hacia un rincón y decidió con valentía que iría a la cocina para rebuscar algo de comida.
Groenlandia y Feroe no se habían movido de sus lugares en el sofá. La televisión destellaba con un constante flujo de horribles programas de juegos en la amplia y silenciosa sala. Berwald se abrió camino hasta la cocina y esperaba no encontrarse con Dinamarca, incluso cuando sabía que en algún momento tendría que hacerlo. Esperaba, al menos, posponerlo tanto como fuera posible.
Berwald entró en la cocina y ojeó la habitación. Lo primero que notó fue que Dinamarca no estaba allí. Lo siguiente que notó fue que Tino sí estaba allí. A Berwald se le revolvió el estómago. Alzando la vista de su café, Tino dio un pequeño chillido e inmediatamente se recostó contra el cimiento detrás de él. Durante unos momentos sus miradas permanecieron entrelazadas. Berwald fue el primero en desviar la suya. No sabía qué decir. Nunca sabía qué decir. Tino sólo parecía temerle, pero Berwald estaba acostumbrado a eso. Aclaró su garganta antes de hablar. "P'rdónam' por invadir tu habitación."
Tino sacudió su cabeza, ojos bien abiertos. "Está bien." Tomaba su taza de café con tanta fuerza que sus dedos comenzaban a perder color. "Digo, ese cuarto es inmenso."
Berwald asintió. Muy bien. Buen comienzo. Al menos Tino no había salido corriendo. "¿Qu' 'stás 'studiando?" preguntó, tratando de ser social. Tuvo que esforzarse.
Tino lucía confundido. "¿Estudiando?"
"En la univ'rsidad."
"Oh, um…" Tino se puso rojo y dirigió su mirada al piso. "Aún estoy en la preparatoria."
"Oh." Berwald no estaba seguro sobre cómo responder.
"Bueno, estoy en mi último año de preparatoria, digo, ya casi termino. Estaré en la universidad el año que viene, me imagino. Soy amigo de Is desde hace mucho tiempo, así que cuando necesité dónde quedarme él me sugirió que viviera aquí. Islandia es hermano de Noruega, probablemente no lo has conocido aún. Oh, debes estar confundido por los nombres. Verás, Dinamarca es algo… un poco… bueno, está completamente loco. En realidad no está tan mal, pero debes estar un poco desconcertado, Dinamarca es un tanto activo ¿verdad?" Tino habló rápidamente, mirando el suelo y agarrando la taza de café con manos temblorosas. Parecía estar aterrorizado pero Berwald estaba totalmente cautivado. "Lo siento. ¿Estoy hablando mucho? Suelo hablar de más cuando estoy nervioso. No es que esté diciendo que me pones nervioso, excepto que eres un poco tenebroso y…" Tino se detuvo, su rostro consternado. Se quedaron en silencio durante unos momentos antes de que Tino finalmente alzara la vista hacia Berwald y, quizás al quedarse sin palabras, susurró, "¿Te gustaría una taza de café?"
Berwald tan sólo asintió. Tino lentamente colocó su taza en la barra y cuidadosamente la empujó hasta el otro lado. Berwald no pudo evitar que se le escapara una minúscula sonrisa. "Gr'cias."
"De nada," dijo Tino, aún susurrando. Rápidamente comenzó a hacer la otra taza de café, mordiéndose los labios en concentración. Berwald trató de no mirarlo fijamente. Tino ya lo tenía fascinado. Aún cuando se moría por saberlo, Berwald no preguntó el por qué Tino necesitaba un lugar donde vivir cuando aún estaba en la escuela. Parecía ser un tema difícil.
Después de otro momento de silencio, Tino tomó un respiro profundo y continuó. "¿De qué estaba hablando? Ah, cierto. Supongo que los nombres de Dinamarca son pegadizos. Aquí no tenemos problema con eso. Son divertidos. Dinamarca estaba más que contento de añadir un finlandés a su pequeña Escandinavia. Mi familia se mudó aquí de Finlandia cuando tenía diez años."
"Vin' de Su'cia cuando t'nía quince."
Al menos eso era algo en lo que ambos concordaban. Tino cruzó su mirada con la de Berwald por un breve momento y sonrió. El corazón de Berwald se detuvo.
"Bueno, Dinamarca es obviamente danés. Y sobre Noruega e Islandia, su madre es islandesa y su padre noruego." Tino se encogió de hombros. "Fue suficiente para Dinamarca."
"¿Y los tipos d'l sofá?" preguntó Berwald, desesperado por mantener la conversación, aún cuando notó que había hablado más en ese momento que en todo un año.
"No tengo idea. Creo que vinieron con la casa."
"Ah."
"Entonces, um, ¿vas a la universidad con Dinamarca y Noruega?" preguntó Tino quedamente, mirando con concentración su café mientras lo revolvía.
Berwald pausó y bajó la mirada hasta su propio café. La pregunta que él odiaba contestar. "No," respondió dudoso. "Trabajo allí. Jardin'ro."
Tino respondió fervientemente. "Oh, interesante. ¿Te gusta?"
Berwald alzó la mirada, desconcertado por la respuesta genuina de Tino. Estaba acostumbrado a que la gente reaccionara mal cuando les decía su trabajo… pero Tino no era presumido ni creído como solía ser la mayoría de la gente. Berwald comenzó a responder pero fue interrumpido por alguien que entró a la cocina. Bebió un poco de café entonces.
"Buenas tardes Is," dijo Tino alegremente. "Él es nuestro nuevo compañero, Berwald."
Is ojeó a Berwald de pies a cabeza y silbó sonoramente. "Así que tú eres Suecia. Eres todo un grandote ¿eh?"
Oh. Islandia. El tipo del teléfono. Berwald se sonrojó un poco.
Islandia parecía tener la misma edad que Tino, con cabello blanco, botines blancos hasta la rodilla y los pantalones blancos más ajustados que Berwald había visto. Islandia cruzó la habitación, abrió el refrigerador y lentamente se inclinó para llegar al estante del fondo. Berwald casi dejaba caer su taza. Después de lo pareció ser demasiado tiempo, Islandia finalmente se irguió y volteó con una lata de refresco. "Vaya, esta cosa estaba bien atascada allá atrás." Le guiñó un ojo a Berwald, quien sólo le observaba, algo perturbado. Islandia se volvió hacia Tino. "Fin, apresúrate si quieres que te ayude con tu tarea de mate, estaré indispuesto después de la seis p.m."
"Oh, seguro." Tino aparentemente no había notado el pequeño espectáculo de Islandia… o a lo mejor estaba acostumbrado a ello. "¿Qué hora es?"
Berwald rapazmente sacó su reloj de bolsillo, agradeciendo la distracción. "Son las cuatro y v'int'."
Tino se acercó con pasitos dudosos y observó la antigüedad. "Ese es un reloj muy hermoso," dijo, sonriendo tímidamente. El pulso de Berwald se aceleró. Estaba perdido. "Supongo que te veré después."
Berwald asintió, con su boca seca. "Hasta luego."
Is le dio un pequeño saludo a Berwald y salió de la habitación bamboleando sus caderas. "Adiós por ahora, Suecia."
Berwald dejo salir un suspiro profundo. Su cabeza estaba revuelta de sentimientos confusos. Luego de ver a Tino por segunda vez, estaba más convencido que nunca de que estaba completamente perdido. Esa sonrisa tímida, sus adorables modales, la manera en la que hablaba tan rápido que parecía no tener tiempo para pensar en lo que estaba diciendo. Sin embargo, Berwald podía ver que ponía a Tino un tanto nervioso. Berwald no trataba de provocar esa reacción en la gente, a pesar de que ya estaba acostumbrado a eso. Deseaba poder encontrar una manera para decirle a Tino que no debía tener miedo, pero Berwald nunca era bueno con las palabras.
Berwald se mantuvo en la relativa seguridad de la cocina durante la siguiente hora o algo así, cogiendo algo para comer y limpiando la masiva cantidad de platos sucios en el lavabo. Sólo después de que la habitación estuvo reluciente de limpia fue que se atrevió a aventurarse hasta la sala. Inmediatamente deseó no haberlo hecho.
"¡Suecia! ¡Qué bueno que te encuentro! Es que tenemos algunas reglas que debemos repasar, muy importantes, no tomará mucho de tu tiempo." Dinamarca tomó a Berwald por el brazo, lo guió hasta un mueble y prácticamente lo arrojó a éste. Berwald le observó con enojo. Eso solía asustar a la gente pero Dinamarca seguía allí parado, con sus brazos cruzados.
"Dinamarca, ¿de verdad tienes que hacer esto todo el tiempo?" preguntó Islandia mientras él y Tino entraban del estudio trasero. Tino se colaba detrás de Islandia, sonriendo a manera de disculpa hacia Berwald y susurrando algo que parecía ser un 'lo siento'.
"Por supuesto que tiene que hacerlo. Esta es la única vez que puede ejercer un poco de poder," murmuró Noruega. Berwald no lo había visto sentado en la mesa detrás de ellos. "Lo hace sentir como un hombre grande. Patético."
"¡Ohhh, alguien está enojado porque no ha recibido suficiente atención hoy!" dijo Dinamarca con voz canturreante. "No te preocupes, dulzura. ¡Te daré un masaje de pies más largo esta noche!"
"Me tocas los pies y te patearé los dientes con ellos."
"¡Pobre bebé gruñón! Te estoy manteniendo despierto hasta muy tarde ¿verdad?"
"Algún día, Dinamarca. Algún día. Ni siquiera lo verás venir."
"Tonto Noruega. ¡Muy bien! ¡Reglas de la casa!"
Tino alzó una mano con indecisión. "Um, Dinamarca, asustaste a los últimos tres compañeros de piso con esto…"
"¡REGLAS DE LA CASA!" gritó Dinamarca. "Número uno: La renta se paga cada Lunes y se coloca en el jarroncito al lado del refri."
Berwald. Muy bien. Parecía entendible.
"Número dos: No se traen visitantes después de las dos a.m."
Islandia le guiñó un ojo y Berwald inmediatamente evitó su mirada.
"Número tres: Si alguien llama y te pregunta qué estás vistiendo, no hagas como Finlandia hizo la primera vez, no le des una descripción detallada de tu conjunto incluyendo tipo de tela y nombre de diseñador y luego comiences una discusión profunda sobre las tendencias actuales de moda." Tino se puso rojo y escondió su cabeza detrás de Islandia. "Simplemente le das el teléfono a Is."
Berwald se permitió sonrojarse un poco nuevamente.
"Número cuatro," continuó Dinamarca, "No pasees por el jardín del número 47. Suiza tiende a disparar primero y a hacer preguntas después. Número cinco: No fraternices con los rusos de al lado." Dinamarca volteó y susurró para sí mismo. "Malditos rusos, siempre detrás de Escandinavia."
"Um…" comenzó Berwald.
"¡Número seis! No les des alcohol a los del bloque británico a dos casas de aquí. Esto es más una norma que una regla, pero si decides ignorarla, que los dioses estén contigo y no digas que no te lo advertí. Número siete: no preguntes sobre el hacha en el cobertizo. Número ocho: olvida que mencioné la regla número siete. Número nueve: los huevos en el refri con las caritas sonrientes son míos. No te los coman. Compra los tuyos. ¿Estás escuchando, Noruega?"
Noruega le enseñó el dedo del medio a Dinamarca sin siquiera alzar la mirada.
"Regla número diez: toca a Islandia y te mato. Regla número once: toca a Finlandia y te mato. Regla número doce: toca a Noruega y él te matará. Te lo digo en serio. Regla número trece: toca a Groenlandia y Feroe sólo si debes hacerlo, no te haré preguntas, no soy quién para juzgar."
"¡Oye!" se escuchó la voz de Groenlandia… o de Feroe… desde el otro sofá.
"Regla número catorce: si alguien toca la puerta y hace cualquier pregunta, la respuesta correcta siempre será 'Él no se encuentra en el país.' Regla número quince: Bajo absolutamente NINGUNA circunstancia se permite escuchar ABBA en esta casa. Entiendo que eres sueco y que por eso esto será un poco difícil para ti, pero créeme, no quieres saber el por qué de esta regla, y si llegas a romperla inmediatamente te arrepentirás de haberlo hecho. Regla número…"
"Creo qu' ya 'ntendí," dijo Berwald casi gritando. Esto tenía pinta de durar toda la noche. "Si t'ngo alguna duda, t' preguntaré."
Dinamarca esbozó una sonrisa. "Bien pensado, Suecia. Si de todas maneras necesitas un recordatorio, las reglas están puestas en el estudio."
"Bueno. Bien. Um. Me ir' ahora." Berwald se levantó y salió de la habitación tan rápido como pudo sin tener que correr.
Detrás de él pudo escuchar a Dinamarca riendo estruendosamente. "Me agrada, será divertido."
"Ya lo creo," concordó Islandia.
"No sean malos, chicos." La voz de Tino fue lo último que escuchó Berwald antes de subir las escaleras. "Él es simpático. Me agrada… creo."
Continuará…
Trataré de subir los capítulos más rápido, Hevith. ¡Pero no prometo nada! x'D
Creo que aún no lo he hecho y por eso quiero agradecerles a todos los que han leído mis traducciones hasta ahora. Sé que a veces me pierdo y tardo mucho en actualizar pero realmente aprecio que sigan conmigo a pesar de eso.
Gracias por seguir conmigo y tenerme paciencia. Aún cuando suelo tardar, tengan por seguro que jamás abandonaría este proyecto.
¡Hasta luego! ¡Besos!
