Millicent
— ¡Te dije que la cuidaras una semana! ¡UNA SEMANA! —chilló el pelirrojo, quien pocas veces en su vida había perdido la compostura a bordo del Finalizer. Era el caballero de Ren quien siempre gozaba de esa reputación explosiva, no él, pero cuando se trataba de Millicent todo era distinto.
Hux era la cara del estoicismo, el nervio de acero arriba de la nave y quien congelaba a todos al entrar en un lugar, era tan extraño verlo así de exaltado. Kylo, por ese motivo, sonreía bajo su casco. Que perdiera la compostura por una condenada gata era lo más gracioso del mundo.
— Pues no está, yo la dejé aquí y no está. Lo siento, pero tuve que atender unos asuntos importantes para el líder Snoke y créeme que tu gata no estaba entre esos asuntos —se defendió.
— Al parecer ha sido robada —observó Hux, ignorando sus ironías y explicaciones, recuperando la calma de a poco, pero solo aparentemente—. Ni siquiera está su jaula, por lo que fue robada, Ren. ¡FUE ROBADA!
Cómo odiaba que le gritaran. Hux y Arkim lo harían explotar y eso no sería gracioso, ¿Debería ir a pedirle el jodido animal a la chica y dejarlo por ahí para calmarlo?
Nah.
— ¿Quién en toda la nave quiere un gato? Todos tenemos preocupaciones, incluso los de más bajo rango. ¿Robar un gato? General Hux…
— Maldito ineficiente —gruñó Hux y fue por su datapad. Parecía un niño caprichoso que no está obteniendo todo lo que desea. Kylo lo siguió con la mirada desde su posición, aun sonriendo y aprovechando que el casco ocultaba sus gestos—. Mitaka, rastrea a Millicent AHORA.
Ren descruzó sus brazos sobre su pecho y fue hacia donde se encontraba el pelirrojo.
— ¿Pondrás a Mitaka a buscar bajo las camas de los soldados acaso?
Hux le envió una mirada recelosa y lanzó su datapad a su escritorio.
— Desde la última vez que la dejaste huir, Ren. Millicent tiene un dispositivo de rastreo. Averiguaré quién me la robó y te juro que pagará las consecuencias.
Ahora sí que había metido en problemas a la chica esa. Tenía que ir a ponerse la estúpida peluca rubia y salvarla antes de que fuera muy tarde.
¿O ya era muy tarde?
— ¿Es todo? —preguntó fingiendo fastidio para poder irse pronto.
— No. Tú y yo vamos a esperar los resultados —explicó el general, revisando unos papeleos mientras hablaba. Estaba convencido de que quien tenía en frente había ocultado a Millicent en algún lugar y cuando comprobara que eso era así se vengaría licenciosamente.
Hux debía ser probablemente el único ser en todo el Finalizer y la base Starkiller en importarle un comino que Ren tuviera la fuerza de su lado.
— No tengo tiempo para tus tonterías y tus animales…
Justo entonces la puerta sonó. Era Mitaka.
— Adelante.
— Señor —lo saludó el pequeño oficial de mirada asustadiza y postura siempre correcta—. Su… su gata se encuentra en la planta baja, según el dispositivo.
Hux alzó la mirada hacia Ren, quien solo podía pensar en cómo diablos sacar de aprietos a esa chica. No era tan malvado, ella no le había hecho nada. Bueno, gritarle un poco sí, claro, pero era su cómplice, su copiloto, incluso era graciosa cuando no estaba de mal humor.
Maldijo mil veces a esa gata. ¿Cómo era posible que Hux estuviera tan obsesionado con ella?
— ¿En la planta baja? —repitió el general, amenazante.
— Específicamente me indica un punto en el mapa en donde se encuentran, si no me equivoco, las habitaciones de los técnicos del Finalizer, señor.
Ahora sí que se encontraba ofendido.
— ¿Un técnico tiene a mi gata, Mitaka? —preguntó con una mirada asesina. El pobre oficial quería desvanecerse adentro de sus zapatos y dejar de existir.
— Es lo que indican los datos, señor.
Resopló con indignación y se puso de pie, alisando un poco su perfecta chaqueta negra.
— En tres horas quiero que averigües exactamente quien tiene a Millicent y lo traigas aquí. Ahora tengo que hacer, retírate.
Se puso de pie cuando Mitaka se largó de la oficina y Kylo le impidió pasar.
— ¿Qué? —gruñó el pelirrojo.
— ¿Podrías dejar de reaccionar de esta manera tan absurda? Es un gato.
— Y un miserable técnico de esta jodida nave me lo ha robado, Ren. Apártate.
Sin perder más tiempo, dejó ir a Hux y se apresuró a ir por Arkim. ¿Cómo la iba a salvar de ese problemón? Aun no pensaba en ello.
Había pasado tan solo cinco días con la gata y ya sentía que la amaba. Bueno, eso era muy típico de ella con cualquier mascota, pero esta era especial. Aun no decidía qué nombre ponerle porque no respondía a ninguno. Era muy independiente, cariñosa y sorprendentemente parecía quererla de vuelta. Cuando estaba en el baño cepillando sus dientes, la gata se paseaba por sus piernas o la observaba desde el estanque del baño, hacía sus necesidades en la cajita de arena que le había conseguido y le encantaba jugar con bolitas de lana.
Estaba tan feliz.
Esa mañana le había dejado algo de agua y comida y al volver luego de almuerzo se encontró con ella y le fue a dar algo de atención antes de cepillar sus dientes y volver al trabajo. Se preparaba para sus actividades cuando tres golpetazos en la puerta la hicieron saltar.
Frunció el ceño, preguntándose quién querría tumbar su puerta a esa hora y por qué, y se encontró de frente con Ragant, su superior.
¿Estaba en problemas?
— Arkim, vístete y preséntate en mi oficina en diez.
Ella asintió, atontada. Ni siquiera atinando a preguntar qué sucedía. En un par de segundos, Ragant giró sobre sus talones y se largó.
Cerró la puerta y lo primero que vio fue a la hermosa gata mirarla desde su cama.
— Deséame suerte -se encogió de hombros y fue a terminar de enjuagarse para ir con su teniente.
En diez minutos exactos estuvo frente a Ragant en su pequeña oficina en la segunda planta. Esperó un par de segundos a que la mujer terminara de anotar unas cosas en su datapad y luego fue observada como si hubiera cometido una ofensa grave.
¿Ella? ¿En sus tres años a bordo? Tenía que ser una equivocación.
— Arkim, será mejor que me cuentes lo que sucedió antes de ser enviada arriba -Ragant estaba jugando a ser su aliada, pudo ver. Lo que le irritaba más que eso era no tener idea de "lo que sucedió" y ¿Arriba? ¿Quién la había llamado desde arriba?
— Yo... yo no sé de lo que habla, teniente Ragant.
La morena pareció impacientarse.
— Bien, te lo diré de otro modo: ¿Qué fue lo que hiciste exactamente para ser llamada a la oficina del general Hux, Arkim?
Oh no, oh no, no, no, no.
Era su fin. Era su jodido final y sospechaba que tenía algo que ver con Matt. Debía salvarse de algún modo.
— Teniente, con su permiso, quisiera reportar que Matt, el nuevo técnico, puede haber ocasionado este altercado del que no tengo mucha información.
— ¿Ah sí? ¿Y cómo? —preguntó la mujer con escepticismo.
— Hace un par de días descompuso un panel del tipo 3. Le estaba dando las indicaciones correspondientes y él simplemente arrancó todos los cables. Es impertinente y al parecer no tiene conocimientos básicos sobre una nave como esta. Yo quise reportar el incidente con usted pero él no me dejó...
Era la peor escoria que existía en el planeta por andar de soplón. Pero de ningún modo dejaría que el pelirrojo la lanzara a la nada por culpa de Matt.
— Quizás fue tú culpa y tus indicaciones no fueron adecuadas, Arkim.
— ¿Qué? -no pudo evitar decir y con un tic en el ojo izquierdo.
— Matt está altamente recomendado para el trabajo, es decir, tiene un fuerte respaldo en el Finalizer. No podemos culparlo de algo semejante y confiar en tu palabra contra la suya.
Vala hizo un enorme esfuerzo para no bufar como un toro enfurecido ni entornar los ojos al escuchar eso. Ahora resulta que el idiota está recomendado, lo que en pocas palabras significa que alguien lo protege.
— ¿Podría preguntar por quién, teniente? -se hizo la educada. Con Ragant había que tratar de ese modo para que las cosas fueran viento en popa, de otro modo comenzaba a tenerte en la mira.
— El comandante Ren, Arkim. Así que haré como si no hubiera escuchado esa acusación por tu bien. Eres competente y hasta este momento jamás problemática, es por eso que vuelvo a preguntar ¿Qué es lo que hiciste?
Vala no sabía qué decir, si Ragant planeaba tenerla ahí hasta que confesara algo que ni ella sabía, estarían todo el día juntas. Pero de pronto se le ocurrió algo.
Su gata.
¿Acaso Ren le había dado la gata a Matt? ¿Cómo diablos había conseguido la aprobación y el aprecio de una persona como esa? ¿Acaso eso había estado mal?
— Esto debe ser un error, teniente, pero si el general Hux requiere mi presencia, es mi deber asistir —se rindió.
Ragant asintió secamente.
— Bien. Me han avisado que requiere tu presencia a las cinco de la tarde, asegúrate de ser puntual como siempre.
La pelivioleta asintió. Fue en ese momento en el que su corazón decidió que era buen momento para inquietarse y golpearle el pecho. Salió de la oficina de su teniente con ganas de vomitar y llorar. El general no llamaba a cualquier persona por ofensas menores de las que podría encargarse cualquier otro mientras él hacía cosas de mucha más importancia y, sinceramente, hasta la capitán Phasma le inspiraba menos terror que él.
Estaba podrida.
