Misterio O2

The old man of cards.


—¡Muy bien! Hoy tendremos día de diversión en familia. —su Tío Stan azoto el periódico en la mesa. Mabel dejo de comer sus panqueques con miel de maple al escuchar a su tío. Y al parecer, seguía siendo un animado por la familia.

Lanzo una pequeña risa. —¿Qué quieres hacer hoy Tío Stan?

—Nada importante en realidad, es necesario ir de compras y que alguien cargué las cosas. Este lugar parece un basurero. Sin Soos aquí nadie asea, nadie barre, nadie lava los platos y necesitamos nuevos para reponer los sucios.

La chica reprimió una risa. —Y, oye tío Stan, no quiero ofenderte, ni nada, pero... ¿Cómo es que la Cabaña del Misterio sigue abierta… contigo?

—Excelente pregunta calabacita. Como tu Tío Ford y tu hermano son unos cerebritos obsesionados con experimentos caros necesitan dinero para realizarlos... y comida. Por lo tanto. El hecho de que este lugar no se haya ido al vacío es gracias a mí. —su tío sonrió con orgullo. —pero son temas demasiado complicados para una niña.

—¡Ya no soy una niña!

—Además, tus padres venían a visitar este lugar y necesitaban ver que tu hermano se alimentara, les gustaban las atracciones de la Cabaña del Misterio.

—Entiendo. —le giño un ojo mientras sonreía. Luego observo el resto de la cocina decepcionada. —Pero Dipper y el Tío Ford siguen en su laboratorio. ¿Cómo los sacaremos?

—Eso déjaselo a tu tío.

Mabel lo observo irse. Después lo único que escucho fue el sonido de la escotilla del sótano abrirse y el grito del anciano —¡Bomba de humo! —después fue la explosión y a su familia gritar.

Comenzó a reír desde la cocina. Esto podría ser muy divertido a veces.


En un momento todos estaban en el auto de caminó al mercado sureño de Gravity Falls. Donde encontrabas lo mejor de lo mejor a solo mitad de precio, según su Tío Stan. Observo a su hermano. Dipper estaba junto a ella en el asiento trasero y observaba la ventana sin ganas. Tal vez y no quería ir.

Lo miro con atención mientras sus tíos peleaban sobre la música a poner en el auto. Llevaba una playera a cuadros, jeans y una gorra de tela. Su cabello estaba desordenado, talvez y podría tejerle un gorro. ¿Qué habrá hecho con aquella gorra de pino?

Quería contarle muchas cosas. Hacerle muchas preguntas. Pero había descubierto que no iba a ser tan fácil. Comenzó a acercarse a él, disimuladamente moviéndose por el asiento del auto. Y se detuvo bruscamente cuando él la observó extrañado.

Aun así era su momento.

—¿Que divertido es esto no? —gran sonrisa. —Vamos a pasear un poco, apenas y recuerdo como era Gravity Falls. —comento un poco nerviosa.

Dipper no le había quitado la vista. Luego solo asintió y regreso su vista a la ventana.

Mabel termino de acercarse. Y en un momento desprevenido le pico su estómago haciendo como su gemelo saltará y se contrajera.

—¡No hagas eso! —reclamo.

—Tu... ¿Cómo ha sido vivir aquí? —le preguntó, lo más dulce que pudo.

—A ti no te interesan esas cosas.

—Si lo hacen.

—Si antes no te interesaban menos ahora. ¿Recuerdas? Demasiadas cosas de nerds.

Regreso a mirar la ventana. Mabel resopló derrotada y regresó a su lugar original del asiento.


Estuvieron recorriendo el mercado la mitad del camino. Las cosas que vendían no eran tan raras como parecía, aunque se desconocía su procedencia original y las fechas de caducidad. Y aunque estuvieron caminando un ratito en ningún momento pudo cruzar palabra con su hermano. Solo por los comentarios de sus tíos y las peleas del arte de negociar de su tío Stan con los vendedores. Tomó su celular para poder tener algo que hacer. De inmediato se preguntó, ¿Dipper tendrá celular? Observó la hora. Le había prometido a Candy y a Grenda que las vería en la cafetería y ya faltaba muy poco.

—¡Tío Stan! ¿Puedo ir a la cafetería? —pregunto a la mitad de una pelea.

—Ahora no cielo, tu Tío Stan resuelve asuntos. —respondió sin dejar de ver amenazante al vendedor que se negaba a hacerle un descuento a una gran cantidad pegamento blanco y platos elegantes.

—Pero les prometí a mis amigas que estaría ahí.

Y cómo estaba en un asunto importante no quería interrupciones —¡Muy bien! —declaro, la chica se puso alegre. —¡Dipper! Lleva a tu hermana a la cafetería.

—¿Qué? —reclamo el muchacho.

—Solo hazlo... —le ordeno el mayor. Y Dipper no tuvo de otra más que acceder.


Al entrar a la cafetería del Grasoso se sorprendió de ver el lugar exactamente igual a como lo había dejado antes. Con animales entrando y saliendo y comiendo la madera, mientras una camarera los seguía con una escoba para correrlos.

—¡Mabel! ¡Mabel! —y de inmediato reconoció las voces de sus amigas.

—¡Chicas! —grito, saltando y saludándolas mientras corría hacía ellas.

Dipper la siguió con las manos en los bolsillos y resoplando. Se sentó en la barra mientras su hermana iba con sus amigas a una de las mesas.

—Mabel, creímos que no ibas a venir.

—Claro que sí. Pueden contarme lo que quieran ahora.

—Vaya, ¿Dipper te vino a dejar? —pregunto una Candy sorprendida.

Mabel no entendió la sorpresa. —Sí, es que mis tíos querían comprar unas cosas y lo convencí para que me acompañara.

—Hace mucho que no lo veíamos salir… —Candy observo al chico con una media sonrisa.

—¿Que vas a ordenar niño? —pregunto la desaliñada Linda Susan mientras le daba el menú.

—Amm... nachos. —contesto simple y le regreso la carpeta.

—Hace mucho que no te veía. Cada vez creces más. ¿Esa es tu hermana? —la señaló.

—Sí, regreso apenas.

—Oh, qué alegría, mira, esta tan linda. Ya es todo una señorita… siempre era tierno verlos juntos. Espero que sea un largo verano. —comento mientras servía café en una taza y se la dejaba en la barra. —la casa invita.

—Gracias... —la camarera se fue.

Dipper observó el humo de su café.

—¿Pines...?

El chico siguió la voz de quién le llamaba.

—¿Dipper Pines? —un anciano al otro lado de la barra con aspecto decadente lo señalo.

Dipper observó a su alrededor si alguien más lo veía. Pero como todos estaban entretenidos en sus pláticas no le prestaban atención.

—Si... —vio al anciano sonreír sin dientes —¿quién es usted? —no era el viejo McGucket, el había cambiado su vida en mayoría. Era más decente a pesar de que seguía viviendo en el basurero, a veces su tío Ford iba a hacer tratos con él por materiales.

—Mi nombre no es importante. Solo vengo a decirte tu futuro.

—¿Qué? —lo observó extrañado.

—Es un futuro un poco lejano. Vas a lastimar a alguien, así que alguien te va a lastimar a ti. —la voz del anciano era seria y de suspenso.

Y Dipper después de verlo varios segundos con la ceja levantada lo miro resignado. —Ya entiendo, son uno de esos juegos para sacar dinero ¿no?

—¡No...!

Lo interrumpió. —Hubiera pedido mejor solo unas monedas y listo. Se levantó y sacando su billetera le dejó unas monedas y dejo el dinero de la cuenta del restaurante.

—¡No niño! ¡Esto yo no lo estoy inventando! Lo dicen las cartas.

—See... —respondió y dejo que el anciano hablara. —Mabel. —fue por su hermana —Vámonos.

—¿Eh? Pero acabamos de llegar.

—Pues ya nos vamos. —y se veía molesto.

—Lo siento chicas. —se disculpó mientras se levantaba y corría detrás de su hermano que ya comenzaba a salir de la cafetería.

—¿Que paso? —pregunto mientras caminaban.

—Nada.

—¿Entonces porque nos fuimos? El Tío Stan debe venir por nosotros.

—Nos iremos caminando.

—Pero la cabaña está muy lejos.

—Entonces tú puedes quedarte.

Mabel lo observó quieta. Y por un momento se sintió enfadada. Pero no podía reclamar. Así que sólo siguió a su hermano por el pueblo hasta la cabaña.


Llegaron para el atardecer. El calor del verano había hecho que Mabel jadear y que deseará agua lo más rápido posible, y eso que no tuvo el valor para hablar con su hermano de ningún caso. Principalmente porque todavía se veía molesto. No se parecía en nada al Dipper que dejo aquí hace tres años. Ya no le contaba nada.

Cuando llegaron, el auto de su tío Stan estaba ahí y al entrar el mayor los regaño por haberlo obligado a conducir gastando combustible a buscarlos para que no estuvieran donde los había mandado.

—Lo siento tío Stan. —murmuro Mabel apenada.

—No importa... —Dipper se quejó —Tío Ford y yo estábamos haciendo algo impórtate y creó que el laboratorio ya está ventilado. Así que Tío Ford… —se dirigió ahora al gemelo. —¿qué te parece si retomamos la investigación?

Mabel observó cómo los ojos le brillaron a su hermano al decir esas palabras. De nuevo estaría ahí adentro y no podría estar con él cómo quería. Observó el piso decepcionada.

Stan noto las reacciones de su sobrina. Las había notado desde el auto. Y antes de que ambos gemelos llegaran tuvo una pequeña conversación con su hermano. A Mabel le dolió más su separación que a Dipper y ella venía a verlo principalmente a él. No podían pasar todo el verano dentro del laboratorio. Y como Ford comprendió eso, lo arreglaron.

Stan golpeo a su hermano con el codo después de escucharlo.

Ford carraspeo —De hecho Dipper, estaba pensando que, lo que viene a continuación son solo pruebas de muestras, nada que tu no sepas hacer. Puedo hacerlo yo solo. ¿Qué tal si tu llevas a Mabel a que vea tu habitación? Maravíllala con todo lo que has aprendido.

Dipper observó a su hermana quien de inmediato subió sus ánimos y lo miro alegre y esperanzada.

Suspiró. —Está bien.

Y a pesar de todo Dipper seguía distraído pensando en todo lo que aquel anciano le había dicho. Iba a lastimar a alguien. ¿A quién? Seguro era solo un juego.

—Dipper... —regreso su atención a su hermana. La chica había tomado uno de sus calcetines y le puso ojitos que quien sabe de dónde saco. —¿Recuerdas? —sonrió con alegría y comenzó a pasarle el calcetín por el rostro mientras reía. —¡Pap!

Dipper puso una sonrisa a medias. Si, lo recordaba. —Por favor dime que está limpió. Nunca lavabas tu ropa interior. —murmuro cuando saco el calcetín de su mano. Dipper solo se encogió de hombros.

Observo la habitación, la gran cantidad de portes de ciencia y ciencia ficción y mucho experimentos extraños. Mas una enorme repisa de libros de misterio. La habitación de su hermano era un desastre, con su ropa sucia sobre una silla y miles de notas pegadas al ordenador. A Mabel le daba la tentación de correr y tocar todo.

—¿Qué es esto? —la castaña, curiosa, se acercó a un raro artefacto que parecía sacar rayos. Lo tomo y comenzó caminar con el.

—Ten cuidado. —advirtió su gemelo. —es frágil.

—¿Es uno de tus experimentos raros?

—No son raros, son...

Y de repente se le resbalo de las manos —¡Uy! Lo siento. —se inclinó rápido a recogerlo.

—¿Qué hiciste? —pero su hermano, lo hizo primero.

—Fue un accidente. —murmuro apenada. Y es que no había sido su intención.

Dipper resoplo. Le había tomado seis meses armar ese reloj eléctrico, y ni siquiera estaba terminado. Mabel se inclinó en el piso junto a él.

—Perdóname. —pidió.

—Mejor olvídalo. —el chico se levantó molestó —Jamás entenderías esto.

Mabel lo observo con el sentimiento de dolor en el pecho. Y comenzaba a pensar que no era tan buena idea, se levantó sobando su brazo mientras su hermano trataba de arreglar esas cosas que realmente no entendía. —Creo que... voy a mi cuarto. —murmuro caminando hacia la puerta. Entonces escucharon un golpe.

—¿Que fue eso? —murmuro la chica observando la puerta. Dipper la miro un segundo para levantarse también y caminar hacia ella. Eso había sido raro. El golpe no venía de la cocina ni de ninguna otra parte de la casa.

—Creo que viene del laboratorio. —respondió el chico, saliendo de la habitación y observando toda la oscuridad que había en el lugar. —Voy a ver.

Y no se lo había pedido, pero aun así sintió los pasos de su hermana ir apresurados detrás de él.

El pino abrió la puerta de la escotilla y comenzó a bajar las escaleras. Mabel lo siguió con algo de duda. El laboratorio era oscuro y frio, tenía pocas luces neón por todos lados y botones raros.

—¿Esta vacío? —pregunto después de ver cosas raras dentro de algunos jarrones. Trató de hacerse a la idea de que eran falsos, como las atracciones de su tío Stan.

—Tal vez solo es el tío Ford.

Y cuando llegaron al área de trabajo se sorprendieron de ver la escena. La pequeña ventana que conectaba el sótano con el bosque estaba rota. Los vidrios esparcidos por todo el piso. Su tío Ford estaba recargado sobre las hojas durmiendo y roncando. A lado suyo y en el piso estaban todos los diarios, abiertos y maltratados.

—¡Los diarios! —Dipper se apresuró a recogerlos. —¡Tío Ford despierta! —lo sacudió mientras ambos pasaban las hojas de los diarios. —¡Tío Ford! —lo sacudió de nuevo hasta que logro sacarlo de la silla y despertarlo de golpe.

—¿No viste nada? —pregunto rápido. Pero su tío apenas y podía recordar donde estaba.

—¿De qué hablas Dipper? —no, no parecía saber que alguien entro al laboratorio y rompió una ventana tratando de escapar... o de entrar.

—Dipper... —escucho el llamado de su hermana. Ella tenía el diario 2 observaba una sección del libro.

Corrió a ver. La parte del plano del portal de las dimensiones no estaba. Habían arrancado las hojas. Entonces reviso el resto de los diarios.

Iguales.

Alguien había robado los planos.

¿Pero quién? O más importante, ¿para qué?

—¡Tío Ford! ¡No están!

—¡¿Qué?!

—Los planos, los planos del portal de las dimensiones. No está, arrancaron las hojas. —explico el pino mientras le enseñaba los diarios.

Su tío se ajustó los lentes. —¿Pero porque? —hizo la pregunta más para sí mismo.

Mabel se sintió algo excluida de la conversación, así que observo la ventana. El lugar por donde alguien entro o escapó.

—¿Crees que tenga algo que ver con Bill Cipher? —pregunto el menor revisando las hojas y sintiendo un escalofrío.

—No lo creo, Bill es más práctico. Hubiera robado la fisura.

—Pero la reparamos. ¿Recuerdas?

—Aun así, es más fácil volver a romperla. No te preocupes. Quien sea, si no fue Bill, si no saben leer mi diario no sirve de nada. Si fue Bill... a mí me tomó años construir este portal con todos mis conocimientos y ayuda extraterrestre. No lo lograran.

—Aun así tenemos que saber quién fue. —contesto el chico mientras trataba de buscar culpables.

—Dipper...

—Ahora no Mabel.

La chica se acercó. —Pero Dipper, mira esto. —se lo puso en la cara.

No era más que un manojo de pelo blanco. —Lo encontré entre los vidrios rotos.

—Puede ser cualquier cosa.

La chica sonrió —Pero nosotros no tenemos el pelo blanco. ¡Y no solo eso! —regreso a la cocina por su mochila y regreso corriendo al laboratorio. Todo tan rápido que ni la vieron pasar. De su mochila saco un cuaderno rosa grande y gastado con el título "Memories of Mabel" de color azul.

Dipper la observó atentamente. Todavía lo conservaba. La chica solo paso unas hojas hasta la parte de su último verano en que lo uso.

—¡Aquí esta! —canto victoriosa.

En la imagen había una foto del novio gnomo que conoció el verano hace tres años. Junto con otra foto de ambos gemelos cuando tenían 12 años. Y en la otra hoja, estaba aquello que la chica realmente buscaba. Un mismo manojo de pelo blanco pegado al libro con cinta.

—Es un manojo de barba de un gnomo. —revelo observando a su hermano.

El sonrió de vuelta. Y entonces, Mabel pudo ver que había algo más que hacía que su hermano se emocionara que no eran los experimentos.

—Tenemos un sospechoso.

—Y un nuevo misterio...


See you next summer.