Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, esta historia puede contener escenas no aptas para menores de edad.


Encontrándome

Capítulo 3

Al sentir el calor masculino proveniente de la enorme excitación de Albert, Candy olvido todo y le desabotono el pantalón y lo acaricio íntimamente mientras seguían besándose. Albert, nunca se había imaginado que Candy fuera tan audaz. En verdad que moría por despojarla de su ropa y hacerla suya en ese mismo instante, pero al abrir los ojos, para poder admirarla, miro que a lo lejos venia un autobús.

-Candy el autobús…

Solo con esas palabras Candy recobro su cordura.

-Lo siento, me tengo que ir, no te invito a pasar, mis hijos vienen y pues...-

-No te preocupes-le acaricio con ternura su alborotada cabellera-yo entiendo. - Le dio un beso en la frente. Luchando contra las ganas de arrancar el auto y llevarla con él a un lugar lejano. Albert realmente no podía creer lo pronto que las cosas habían progresado con Candy, pero de algo estaba seguro; esta vez no la dejaría escapar de su lado.

La rubia salió presurosa y completamente apenada, sin despedirse, ni nada.

Albert espero a que Candy ingresara a su casa y se fue, realmente le hubiera gustado conocer a los hijos de esta, pero ese no era el momento adecuado.

Una vez dentro de su casa Candy corrió a lavarse su rostro, sentía como si su corazón fuese una braza amberina; sentía como el fuego la quemaba por dentro e irradiaba por cada poro de su tersa y blanca piel ahora teñida de rojo. Se miró al espejo mientras secaba su rostro y se apeno a mas no poder al recordar cómo había "atacado" a Albert. Él ahora en estos momentos tal vez estaba pensando lo peor de ella, o peor aún, pensaría que nunca lo olvido. Su orgullo femenino la hizo reprocharse por su comportamiento. Lo de hace un momento no debería volver a repetirse.

Al oír que sus pequeños ingresaban a la casona seco su rostro apresuradamente y salió a saludar a sus hijos.

-Hola chicos, ¿Cómo les fue en la escuela?

-Bien, -dijeron los tres y uno a uno se acercó a darle una beso y abrazo a su mamá, estaban muy emocionados de que ella estuviera en casa. Usualmente era Dorothy quien los recibía, pero hoy al tener una cita médica, no había podido estar a la hora de su llegada.

-Tengo hambre, -Ben se quejó mientras se dirigía a la cocina.

Las tres lo siguieron y Candy recordó que no había comido nada desde el desayuno. Por andar embelesada por volver a ver a Albert, hasta se había olvidado de comer. Eso sí que era grave, pensó Candy con desagrado. En definitiva, tenía que controlarse. Ya no era una jovencita y además tenía hijos en los que tenía que pensar. No podía darse el lujo de tener una aventura con alguien. Además, que le asustaba lo intensamente que Albert la hacía sentir. Temía el olvidarse de ella misma. Ahora que por fin se daba cuenta que ella valía mucho y la única persona que podía otorgarle la felicidad era ella misma no pensaba volver a dejar su corazón al descubierto.

-Pues mientras cocino algo, puedes comer fruta o un yogurt. - Explicaba Candy mientras sacaba, pasta y vegetales y ponía a calentar unas pechugas de pollo congeladas, que ya venían cocinadas, a las cuales pensaba agregarles una salsa enlatada. -Hoy comeremos pasta Alfredo y una rica ensalada. - Explicaba mientras le subía la temperatura a la estufa en donde había colocado una olla con agua para cocinar la pasta. A Candy no se le daba muy bien eso de cocinar así que casi siempre que cocinaba algo compraba ingredientes prefabricados para ayudarse. En verdad que se odiaba por ello, ya que sabía que para sus hijos era mejor el comer comida hecha de ingredientes frescos. De hecho, Terry había contratado un chef privado para que Candy no tuviera que cocinar porque él siempre se quejaba de lo mal cocinera que era.

- ¿Otra vez pasta? Extraño la comida de Dorothy. Yo no quiero pasta, quiero pizza. Mamá mejor ordenemos pizza.

-Ben tiene razón, es mejor ordenar pizza, -Sofie le dio la razón a su hermanito, aunque adoraba a su mamá, su sazón dejaba mucho que desear. -Mamá no te enojes, yo creo que sería buena idea que tomaras clases de cocina, -la aconsejaba Sofie mientras miraba como cortaba los vegetales con dificultad.

-Jajaja, tienes mucha razón Sofie, en cuanto tenga una oportunidad tomare clases de cocina. Pero ordenamos pizza ayer, ¿lo recuerdan? Nuestro trato es no comer pizza más de una vez a la semana para estar sanos. - Candy, en verdad que odiaba el ponerle límites a Ben, pero él estaba muy de sobre peso ya que siempre comía, eso se debía a que la que fuera su madre biológica casi no los alimentaba por gastar el dinero en sus vicios y ahora que había comida, Ben siempre quería comer, era como si temiera el tener hambre. Candy sintió como se le estrujo su corazón al recordar cómo habían sufrido esos pequeños por culpa de su madre Eliza, la cual antes de morir le había pedido a Candy que cuidara de sus hijos.

Eliza y Candy habían sido adoptadas por una pajera que las había tratado como hijas propias. Los padres adoptivos de Candy habían llenado tanto a ella y a Eliza de amor, pero Eliza nunca había podido superar la vida de maltratos que había sufrido en manos de sus padres biológicos y había caído en la drogadicción y muchas otras cosas autodestructivas. Eliza, al cumplir los dieciocho se había ido de casa y corto todo contacto con ella y sus padres adoptivos. Solamente los contactaba cuando necesitaba algo de ellos. Sus padres al enterarse que Eliza vivía en Nueva York, en donde ese entonces estudiaba Candy, se mudaron de su adorado Lakewood para estar más cerca de sus hijas. Desafortunadamente, ellos habían muerto en un accidente automovilístico, cuando Candy estaba en la universidad, a causa de ir en auxilio de Eliza, quien había sido detenida por la policía.

Candy había resentido a Eliza por causarle tantos problemas a sus padres y después del funeral nunca volvió a saber de ella, ya que Candy se mudó a California, al otro lado del país junto con Terry para buscar el éxito en Hollywood. Supo de Eliza hasta que la contactaran los servicios sociales para informarles de la existencia de sus sobrinos y del maltrato que sufrieron a causa de Eliza. Candy fue a ver a Eliza, quien estaba en la cárcel por distribución de drogas y maltrato infantil, y ella le había pedido a Candy que por favor se hiciera cargo de sus pequeños, que ellos merecían el tener una madre amorosa, como estaba segura que lo sería Candy. Candy sin pensarlo dos veces le prometió a Eliza que ella siempre cuidaría de los pequeños. Al día siguiente le dieron la noticia que Eliza se había suicidado en su celda. Eliza le dejo una carta en donde le pedía perdón por haber sido la causante de la muerte de sus padres. Candy se sintió muy culpable, tal vez si ella hubiera buscado a Eliza después de la muerte de sus padres todo habría sido diferente. De hecho, para el funeral de sus padres Eliza ya estaba embarazada de su primer bebé y Candy nunca lo supo.

Todo eso había sido muy traumatizante para Candy y desafortunadamente Terry no había podido estar a su lado porque estaba como siempre, grabando o promocionando sus proyectos. Ahora que Candy lo pensaba con detenimiento, hacía mucho tiempo que en su matrimonio Terry había dejado de apoyarla. Tal vez había sido desde el momento que ella no había podido embarazarse o tal vez había sido mucho antes. Sin embargo, a Terry le pareció una buena idea el que adoptaran a sus sobrinos ya que quería tener hijos, pero no hacia actividades con ellos, como llevarlos a pescar, como Ben tanto deseaba. Candy pensó en que la razón por la que sus hijos se habían adaptado tan bien al vivir lejos de Terry era porque casi no habían tenido contacto con él.

Mientras Candy les preparaba la cena a sus hijos y pensaba en el pasado intentando calmar el latir de su corazón por un apuesto rubio. En uno de los estudios más importantes de Hollywood, Terry grababa una escena para su nueva película de acción. Su personaje había perdido a su esposa en un atentado y debía actuar como si hubiese perdido todo en la vida hasta si mismo. La escena lo hizo extrañar a Candy y a los niños.

El adoptar a los pequeños había traído consigo muchos cambios drásticos que Terry en ocasiones resentía. Por ejemplo, Candy ya nunca más lo había acompañado a ninguna locación. Ahora que lo pensaba, aunque él adoraba a sus hijos, él en cierta forma había resentido el que Candy dedicara tanto tiempo a ellos. Se sentía desplazado porque para todo eran primero los niños. Al no sentirse más el centro de atención de Candy el actor se había refugiado en los brazos de Susana. Terry suspiro, en verdad que se parecía a su padre, mucho más de lo que le gustaría admitir.

Ayer le había hablado a Candy para preguntar por el bienestar de los niños ya que los extrañaba mucho. Pero en lugar de hablar con cortesía y expresar lo que realmente sentía le había reclamado a Candy el que se los llevara tan lejos. El escuchar la voz de su ex y escucharla tan tranquila lo había afectado mucho más de lo que esperaba. El vivir con Susana era tan diferente al vivir con Candy. Susana era una caprichosa y ya lo tenía cansado. No deseaba el regresar a casa a escuchar innumerables reclamos, sin embargo, sabía que lo mejor era regresar lo antes posible, no quería más problemas. Ahora que lo pensaba, Susana lo había manipulado desde el principio, ella le había dicho que si buscaba a Candy o a los niños ella abortaría a su bebé. Por esa razón se había alejado de los niños, para proteger a su bebé. Él, para tener a Susana contenta y alejarla de las miradas inquisidoras había aceptado el viajar por Europa. Ahora que Terry analizaba las cosas había terminado haciendo la voluntad de Susana, hasta de sus amigos se había alejado por petición de ella. En verdad que no había contactado a sus hijos por muchos meses y eso era lo que más le dolía. Por esa razón ayer había llamado a Candy, no era porque la extrañara, intento convencerse. Él había decidido el que divorciarse de ella era lo mejor ¿pero porque le dolía tanto que ella no pidiera nada de él? ¿ni manutención para los niños? Él había firmado los papeles de divorcio y los papeles en los que renunciaba a la custodia de los pequeños pensando que así Candy estaría más tranquila al igual que Susana. Además de que se sentía muy culpable y apenado de haber golpeado a Candy por eso accedió a todos sus deseos. Pero ahora se arrepentía, en verdad que extrañaba a esos pequeños remolinos. Sin pensar en las consecuencias marco el número de uno de sus amigos en verdad que necesitaba hablar con alguien.

Albert ingreso a su casa después de comprar su cena que consistía de una simple ensalada. En verdad que le hacía falta una cocina, o una estufa por lo menos, mañana se compraría una parrilla, para cocinar afuera. Ahora que lo pensaba tal vez era buena idea el agregar el diseño de una "cocina" exterior. Se sentó en el gran comedor y suspiro al ver lo vacía que estaba su casa y lo fría que estaba. Afortunadamente el aire acondicionado todavía funcionaba, pero no regulaba la temperatura. Hasta Candy se había sorprendido de ello ya que el aparato era demasiado viejo. Habían quedado en que mañana irían a la ciudad a elegir los electrodomésticos, a buscar un mejor sistema de aire acondicionado y calefacción y a escoger y ordenar los materiales para la remodelación de la cocina. Candy había dicho que, si él estaba cansado, no era necesario que fuera, que ella podía mandarle fotos de los diferentes materiales y traerle muestras para que él escogiera el que fuera de su mejor agrado. Claro que él dijo que eso no era necesario que la acompañaría porque quería el mismo ver los diferentes materiales. Lo cual era una completa mentira por lo que con él respectaba Candy podía arreglar la casa como ella quisiera. Pero no pensaba desaprovechar el poder estar todo un día a su lado. Albert inexplicablemente estaba seguro que Candy y él estaban destinados a estar juntos. No tenía ni la más mínima duda que Candy en su juventud había podido ver algo que él no había podido. Los dos tenían una gran compatibilidad y al parecer Candy se había dado cuenta de ello a muy corta edad. En ese entonces Albert solo la veía como la mejor amiga de su hermanita hasta el día en que ella entrara a su habitación a declarar su amor. Lo más difícil que había tenido que hacer en su vida fue el rechazarla. Nunca antes se había sentido tan atraído por alguien. Albert se dirigió a tirar los restos de su ensalada y se prometió que conquistaría a Candy y la convertiría en su esposa. Nunca antes había estado tan seguro de algo en su vida.

A la mañana siguiente Candy intentaba calmar su nerviosismo mientras tomaba su café. Había quedado con Albert que él pasaría por ella para ir a la ciudad a escoger los materiales para la remodelación de la cocina. Pensó varias veces en llamar para cancelarle, con el pretexto que tenía que estar presente en la remodelación de uno de sus proyectos, pero ella no pensaba ser una cobarde, eso nunca más. Aun no sabía cómo lo haría, pero sobreviviría el día que la esperaba con su corazón intacto. Fue a cepillar sus dientes y volvió a revisar su atuendo. Vestía un lindo, pero sencillo, vestido primaveral color turquesa con escote en v lo que hacía alargar su cuello, complemento su atuendo con unas sandalias que tenían unos detalles en el mismo color y unos delicados pendientes. Se había maquillado discretamente y su cabello lo había enlaciado, lo cual la hacía lucir más sofisticada. Al observarse nuevamente en el espejo, se reprochó. Se había vestido como si fuera a una cita y se dirigió inmediatamente a su enorme vestidor de donde saco unos shorts de mezclilla y una blusa turquesa que combinaba con sus accesorios.

Anqué a Candy no le gustaba maquillarse lo hacía cuando tenía que ir a la ciudad, a juntas de la escuela de sus hijos, a citas médicas, o simplemente al ir a traer leche al supermercado. Esa costumbre era culpa del tiempo que estuvo casada con Terry. Como esposa de uno de los actores más renombrados siempre tenía que estar vestida al último grito de la moda y tenía que cuidar su apariencia, ya que no sabía cuándo un paparazzi obtuviera imagines de ella. Hasta había tomado tutoriales sobre maquillaje y sabia cuales colores le favorecían más. Candy suspiro, aunque ahora su closet consistía en su mayoría de atuendos casuales y mucho más económicos de los que solía usar, hacía apenas seis meses, la verdad era que eran de muy buen gusto. Si alguien le hubiera previsto que ella que se la pasaba trepando arboles con jeans y camisetas holgadas tendría un guarda ropa de ese estilo. Nadie lo hubiese creído, mucho menos ella, en verdad que por mucho tiempo solo vivió para ser la esposa "perfecta" para Terry. Ahora cuando era más feliz era cuando hacia una actividad con sus hijos y cuando trabajaba remodelando casas, o cuando simplemente se dedicaba un tiempo a ella.

Le encantaba reinventar espacios, buscar que gama de colores favorecerían más a la arquitectura del lugar. No sabía el porqué, pero desde niña siempre se había sentido atraída a la arquitectura de siglos pasados. Adoraba las antigüedades y sus trabajos de remodelación eran increíbles e insuperables porque a pesar de renovar lugares les devolvía su esencia original. Por un tiempo pensó en ser doctora, pero por una razón u otra se sentía sumamente atraída al pasado. Como uno de sus padres había sido restaurador de antigüedades y el otro tenía una compañía constructora, ella había aprendido de los dos. Adoraba el ayudarlos en sus sitios de trabajo desde que era niña y desde muy poca edad tenía el conocimiento que muchos expertos desearían tener. En la universidad había decidido estudiar negocios, clases de historia y diseño, su plan era el dedicarse a remodelar/revitalizar casas, pero quería tener el mayor conocimiento posible. Mientras estudiaba en la universidad se dedicaba a restaurar antigüedades, para tener fondos extras. La verdad no necesitaba el dinero ya que sus padres adoptivos, aunque no eran tan ricos como los Andrew, tampoco eran pobres, pero quería sentirse independiente y no ser una carga para ellos. Candy se sentó en su cama para calmarse un poco y sonrió con dulzura al observar una foto de sus padres sobre su buro. Los adoraba y no había día que no le hicieran falta. Gracias a ellos no tenía que preocuparse por dinero, sentía como si todavía siguieran cuidando de ella.

Candy y Terry se habían casado por bienes separados a petición del padre de este ya que la familia de Terry era muy adinerada y no quería que al haber un divorcio las propiedades del actor corrieran algún peligro. Candy pensó que el haber hecho caso a Terry y no haber trabajado habría sido algo catastrófico sino contara con la herencia de sus padres. Ellos le habían heredado a ella y Eliza sus bienes, la mitad a cada una, la herencia de Eliza estaba ahora en inversiones para sus hijos. Nuevamente Candy se reprochó el no haber buscado a Eliza y dejarles ese trabajo a los abogados. Ellos nunca la encontraron o tal vez ni la buscaron y el dinero que le hubiera podido ser de utilidad a ella y a los pequeños nunca dispuso de él. Candy se sentía tremendamente culpable. -Si te hubiera buscado, tal vez estarías viva Eliza y nuestros pequeños no hubieran sufrido tanto…

Su teléfono sonó, era Albert quien le mando un texto haciéndole saber que esperaba por ella. Inmediatamente sintió como su corazón parecía taladrarle su caja torácica. Recordó que aún no escogía un bolso y lentes de sol para completar su atuendo y corrió al vestidor por ellos. Bajo las escaleras a toda prisa y se sintió como una completa adolescente atolondrada y al darse cuenta de ello detuvo su andar y respiro profundo controlando su agitada respiración lo más que pudo. Al abrir la puerta principal se llevó tremenda sorpresa al encontrarse a Albert esperando por ella.

- ¿Lista hermosa dama? - Le dijo mientras la saludaba con un beso fugas cerca de la boca.

Inmediatamente el delicioso aroma a Albert invadió sus sentidos. Lo cual descontrolo a Candy y utilizo todo su auto control para no "atacarlo" como lo había hecho el día anterior, intento actuar naturalmente reprimiendo a la maniaca sexual en la que se estaba convirtiendo. Pero es que el aroma de ese hombre era inconfundible y totalmente apetecible.

-Claro, vámonos, me gustaría llegar antes de mediodía, - la rubia se disponía a cerrar la puerta cuando recordó que olvido su estuche de maquillaje y su tableta. -Olvide algo, si gustas pasar. Ya que lo pienso, si gustas pasar a darle un vistazo a mi cocina. -

El rubio la miro interrogante.

-Es que anoche estaba pensando que un estilo similar le iría bien a la cocina de tu casa. Me gustaría saber tu opinión. Deja y voy por mi tableta para mostrarte algunas ideas de diseños.

Candy salió como un torbellino, dejando a un sorprendido hombre admirándola. En verdad que Candy, sin importar lo que vistiera lucia hermosa. Después de admirar a la mujer pudo observar el recibidor. Parecía como si hubiera ingresado a otra era, las antigüedades que decoraban el lugar eran superbas. No había duda que antes las cosas se hacían con mucha más atención al detalle. La decoración era exquisita, se adentró más y observo como las escaleras eran el centro focal de un enorme salón. Después observo a la derecha donde los cristales de unas enormes puertas francesas dejaban ver un enorme comedor formal, abrió las puertas y miro una chimenea que tenía el logo de la familia Leagan. Albert se acercó más y pudo observar que era muy parecido al de la familia Andrew y que la casa en su arquitectura era muy similar, aunque esta casona era más pequeña que la suya. Era casi una mini replica, en verdad que eso le hizo recordar que los Leagan y los Andrew tenían vínculos familiares. Pero los Leagan al parecer no habían tenido descendencia. A la izquierda, al otro lado del enorme salón, se encontraba una sala de estar formal que también tenía una enorme chimenea por lo que imagino que si abría la puerta al final del comedor ingresaría a la cocina si es que el diseño seguía el de la casa Andrew. Efectivamente, la cocina estaba al abrir la puerta y se sorprendió en demasía al ver como a pesar de ser una cocina ultramoderna parecía encajar perfectamente en la arquitectura tradicional del lugar. Era una lástima que la pared que separaba la cocina del comedor formal no fuera demolida, Albert estaba acostumbrado al concepto abierto que había tenido su ultimo condominio en Londres. Pero al tomar en su vista toda el área de la cocina se dio cuenta del porque Candy había dejado la pared, a un lado de la cocina se encontraba otra sala de estar, esta era mucho más informal que la principal y en ella se encontraba un enorme televisor y había una consola de video juegos. Al parecer ese era el lugar en donde la familia de Candy pasaba las tardes.

- ¿Qué piensas? Claro que tu cocina, sea lo que decidas, será mucho mejor que esta. Tu mansión necesita una cocina digna de ella. -Candy hablaba como si la casa tuviera vida propia y Albert podía ver el brillo en su mirada al hablar sobre la remodelación. Albert se dio cuenta que a Candy en verdad le apasionaba lo que hacía y eso lo hiso alegrarse por ella.

-Por lo que a mí respecta una cocina igual a esta sería perfecta, -dijo honestamente.

- ¿De verdad? Que bien, así será más fácil elegir los gabinetes y todo lo demás. A mí lo que más me gusta es que este material es resistente, -acaricio soñadora la superficie- al principio quería que la parte de arriba de esta área fuera de madera para que hiciera contraste y le diera más calidez a la cocina, pero para hacer pan pensé que era mejor que fuera de mármol o granito. -Acariciaba la suave superficie soñadora imaginando como olería de rico al hornear unos baguettes o unas galletas de chispas de chocolate.

- ¿Entonces te gusta hornear pan? A mí también, ¿así que este material es bueno? Entonces en mi cocina tendrá que ser de un material similar. -Albert estaba completamente sorprendido, por lo que él recordaba Candy era una pésima cocinera.

-Aaaah, bueno…nunca he cocinado pan, pero un día cuando aprenda a hacerlo utilizare esta área de trabajo, -en verdad se apenaba en admitirlo, pero ella había diseñado la cocina pensando en todas las cosas que podría cocinar en ella, pero la verdad era que ella de cocinar no sabía mucho, o más bien, casi nada. Por las tardes cuando los niños salían de la escuela el autobús usualmente los dejaba en casa de Dorothy quien les daba de comer. Dorothy no quería cobrarle por ello, pero Candy había insistido que si no le cobraba tendría que buscar otra niñera. Pero más que una niñera, Dorothy se había convertido en una gran amiga.

- ¿Puedo? -pidió permiso al abrir uno de los enormes hornos dobles, le parecía perfecto para su cocina y quería ver el verdadero tamaño y contuvo una carcajada al darse cuenta que estaban como de fábrica, al parecer los hornos nunca habían sido usados.

-No te burles, mira que como siempre he sido tan mala para la cocina solo hasta ahora que tengo a mis pequeños es cuando he puesto algo de empeño. -Candy no le dijo que cuando estaba recién casada hasta había tomado clases de cocina, pero habían sido un rotundo fracaso.

-Si quieres aprender a hornear pan, yo te puedo enseñar, mira que es una gran lástima que estos hornos de calidad comercial estén siendo desperdiciados. Aunque tengo una mejor idea, puedes instalar estos mismos hornos en mi cocina y en los huecos que queden puedes tener más espacio para guardar tus golosinas. -Albert uso ese tipo de palabras porque estaba casi seguro que Candy lo tomaría como un reto y le tomaría la palabra. La Candy que él conocía nunca le decía que no a un reto.

- ¿Te estas burlando de mí? Te apuesto a que me enseñó a hornear pan antes que termine la semana.

- ¿A qué hora quieres que venga a darte clases?

-Mañana a las 7 de la noche.

-Por mi esa hora estaba bien, pero tendrás que ir a dormir tarde porque preparar pan adecuadamente toma su tiempo.

-No importa, mañana será sábado. Vámonos que es tarde y como te dije me gustaría estar de regreso para medio día para ir a terminar unas cosas a la remodelación de la casa Montgomery. Por estos días me he podido ausentar porque están trabajando en pulir los pisos de madera y como ha estado lloviendo no puedo hacer muchas cosas afuera.

-Está bien, yo también quiero que terminemos temprano, recuerda que prometiste ayudarme a escoger un auto y posteriormente quiero invitarte a comer.

-Si hacemos todo eso llegaremos más tarde. Ya son las ocho y cuarto, tenemos que darnos prisa. -Candy saco de su bolso sus lentes de sol y camino decidida.

Al verla así, Albert pensó que llamaría la atención de más de una persona. Era hermosa.

Una vez en la ciudad inmediatamente se dirigieron a las diferentes tiendas.

- ¿Qué te parece este de aquí Candy? -Le preguntaba Mike, mientras miraba a Albert algo despectivo.

-Este color es el que tenía en mente, ¿Qué opinas Albert?

-Es perfecto, -la tomo por la cintura, se había dado cuenta como ese Mike la miraba y pensaba dejarle en claro lo que había entre Candy y él.

Por su parte Candy se estremeció e inconscientemente se dejó abrazar. Lo cual no fue desapercibido por Mike.

Una vez en el auto Candy le reclamo, -Albert me gustaría que no me abraces en público. -Candy realmente estaba asustada de como el simple rose de su cuerpo contra el cuerpo de Albert le hacían revolotear mariposas en el estómago que producían un calor que viajaba hasta el centro de su feminidad.

El hombre se sorprendió con el reclamo tan directo de Candy, pero él sabía que conquistarla y hacerla bajar sus defensas no sería tan fácil, a pesar de los besos que habían compartido el día anterior, así que intento que eso no lo afectara.

-No te preocupes solo lo hare en privado, olvide por unos instantes que eres muy conocida, - le dio un leve apretón en su mano.

Las palabras del rubio desarmaron a Candy quien no supo que contestarle.

Después de mirar diferentes vehículos Candy estaba sorprendida que a Albert le interesaban los SUV'S.

-Si yo fuera tú me compraba ese convertible…

-La verdad yo prefiero este, es mucho más práctico, -explicaba mientras abría la puerta de un Jeep Grand Cherokee, - ¿Qué opinas? ¿En rojo, negro o plateado?

Candy suspiro, ese era Albert, a él no le importaban los lujos a pesar de venir de una familia muy adinerada.

-Tal vez el plateado, creo que se le notaran menos los rasguños o las piedras que le lleguen a revotar. - Candy se imaginaba a Albert usando ese vehículo para ir a acampar.

Después de comprar su nuevo auto, Candy manejo el coche de renta y lo regresaron a la compañía.

Albert siempre tan caballeroso le abrió la puerta para que ingresara a su nuevo auto.

-Por cierto, Albert, me sorprendí mucho cuando me enteré que Lakewood todavía pertenecía a tu familia. Yo recuerdo que cuando Annie y yo nos fuimos a la universidad tus padres habían puesto la propiedad en venta.

-La verdad es que yo les pedí a mis padres que no vendieran la propiedad, yo la quería comprar, pero en ese entonces no tenía el dinero así que les pague la propiedad a pagos.

Candy se sorprendió muchísimo, ella había asumido que los padres de Albert seguían siendo los dueños o que le habían regalado la propiedad a Albert.

-No sabía que dedicarse a escribir blogs sobre viajes y tomar fotos de lugares exóticos dejara tantas ganancias.

-Pues esos no son mis únicos ingresos. - Sonrió Albert divertido, él se había negado a seguir con los negocios familiares y él había estudiado fotografía y escritura. Al principio sus padres habían puesto el grito en el cielo, pero como eran buenas personas habían aceptado el camino que su hijo había decidido seguir. Aun sin trabajar en la empresa de su familia él era uno de los socios mayoritarios junto con sus hermanos así que contaba con una gran cantidad de dinero mensual, si él lo deseara no tendría que trabajar el resto de su vida.

- ¿Qué te gustaría comer?

-Cualquier cosa, tengo tanta hambre que lo que sea está bien, aunque siendo honesta tengo antojo de comida mexicana.

Una vez que estaban sentados en una mesa al lado de una ventana la mesera les entrego el menú mientras no dejaba de mirar a Albert con interés y completamente ignoraba a Candy.

Candy miro a fijamente a Albert mientras este observaba el menú, algo que no se había atrevido a hacer en toda la mañana. Pero al sentirlo distraído leyendo se animó a darles de comer a sus ojos y en verdad que a sus ojos les gustaba lo que veían.

El cabello rubio de Albert se veía tan sedoso que tuvo que empuñar sus manos para detener el deseo de pasar sus dedos por esa cabellera, la cual él llevaba un poco larga, pero es que un mechón rebelde cubría uno de sus ojos y tentaba a Candy a tocarlo para comprobar que era tan sedoso como lucia. Como Albert había dejado el menú sobre la mesa para poder leer tenía que agachar su rostro. Esto le daba acceso a los ojos de Candy de poder observar el rostro que hacía mucho había invadido sus sueños. Siempre había pensado que Chris Hemsworth le recordaba a Albert, pero realmente Albert era mucho más atractivo, al igual que su cabellera era más rubia. Candy recordó como cuando en un evento lo había visto a lo lejos y por un instante pensó que el actor era Albert. Cuando Terry se percató de como Candy lo había estado observando este se había puesto muy celoso. Sin darse cuenta Candy suspiro, Terry siempre había sido muy posesivo. Candy aparto sus pensamientos de su ex y se enfocó en el monumento de hombre frente a ella y se dio cuenta que Albert la observaba divertido. También sus ojos eran mucho más azules que los de Hemsworth, en definitiva, solo en Albert había visto ese azul. Ni su hermano Anthony, aunque era muy parecido, casi idéntico a Albert, tenía ese azul en sus ojos.

- ¿Te gusta lo que ves? -pregunto mientas le dirigía una de sus sonrisas que habían derretido a más de una.

Candy sintió como su rostro se teñía de carmesí. En verdad que solo Albert la hacía sonrojar de esa manera, para él ella parecía ser un libro abierto.

-Claro, ya sé que es lo que quiero comer. - Le dirigió una de sus más seductoras sonrisas. Ahora Albert fue el que se sonrojo y Candy no lo podía creer.

Albert parecía que diría algo cuando se detuvo al ver como la mesera se acercaba con sus bebidas, salsas y totopos.

-Una limonada para la señorita y una cerveza para el caballero. ¿Están listos para su orden o desean unos minutos más? - Pregunto la mesera dirigiendo una provocadora sonrisa a Albert. Candy inmediatamente sintió celos al ver como la hermosa mujer le coqueteaba a Albert. Por un instante la mesera pareció prestarle atención a Candy, esta miro el preciso instante en el que la mesera la reconoció. - ¿Es que usted es la ex esposa de Terry Granchester?

-Me gustaría ordenar una torta de milanesa con todo, una gordita de chicharon prensado y una orden de tacos mixtos. - Candy realmente amaba la comida mexicana y como no podía decidirse por una cosa decidió ordenar lo que más se le antojaba. Pensó que lo mejor sería ignorar la pregunta de la mesera, siempre le había disgustado que desde que se había casado con Terry era simplemente conocida como la esposa del actor. Parecía que realmente había perdido su propia identidad.

La mesera la miro sorprendida, no solo porque ignoro su pregunta y pidió su orden en perfecto español sino por la cantidad de comida que esta había pedido.

-A mí me trae una orden de tacos al pastor. -Albert sonrió a la mesera mientras no podía creer todo lo que la diminuta mujer frete a él pensaba comer.

- ¿Qué? - Pregunto Candy ofendida al ver como Albert la observaba divertido.

-Es solo que es gratificante el comer con una mujer que no solo pide ensaladas.

Albert había tomado la mano de Candy y le dio un beso en la punta de sus dedos. Solo con esa acción Candy sintió calor liquido en su vientre. Candy se soltó presurosa y le dio un profundo trago a su limonada en un fallido intento de apagar su deseo por el rubio.

La comida había estado deliciosa y finalmente Candy le pidió a Albert que le ayudara a terminar con su orden. Los dos parecían una pareja que llevaban años juntos mientras compartían su comida.

El viaje de regreso a Lakewood fue sumamente ameno, el cual fue acompañado de carcajadas por las ocurrencias de Candy o Albert y también por silencios los cuales no eran incomodos sino agradables porque iban el uno al lado del otro.

Al mirar que pronto estarían frente a su casa a Candy le entro una gran nostalgia; quería pasar todo el resto del día con Albert.

Albert se bajó del auto para abrirle la puerta.

-Disfrute mucho de tu compañía, te veo mañana a las 7.- Mientras Albert le decía estas palabras la abrazaba y después le dio un beso, el cual solo pensó que sería leve, pero al probar los labios de Candy se dejó llevar por el deseo de probar cada rincón de su boca e introdujo su lengua provocando un gemido de placer en la rubia que fue ahogado por la boca de Albert.

Candy estaba realmente disfrutando ese beso y se entregaba a él sin tapujos y al sentir como Albert le acariciaba la espalda con pequeños círculos solo para detenerse justo antes de llegar a sus glúteos ella acerco su cuerpo al cálido cuerpo masculino y se estremeció al sentir lo que ella provocaba en el caballero. En ese momento sus miedos huyeron y la seguridad de saber que quería ser de ese hombre y que ese hombre fuera de ella la consumieron. Los niños estaban en la escuela así que podía invitarlo a pasar. ¿Y porque no hacerlo? Al fin de cuentas ella era una mujer que sabía lo que quería y en ese momento lo que quería era a Albert. Con pesadumbre se apartó de los labios de Albert solo para invitarlo a pasar. Este le tomo la mano y la siguió a su casa. Una vez frente a la puerta sus nervios no la dejaban abrir la puerta así que Albert tomo las llaves de las manos temblorosas de Candy y la abrió.

Candy entro de inmediato y tomo la mano de Albert para guiarlo a su habitación. Ella era una mujer con una misión: llevar a ese hombre a su cama.

Albert seguía a Candy mientras sentía como su corazón parecía desbordársele. Moria por volver a probar sus labios, pero sabía que si lo hacia la haría suya en el recibidor así que dejo que Candy escogiera el lugar, al parecer lo llevaría a su habitación.

Una vez frete a la puerta de sus habitaciones Candy abrió la puerta y se dio la vuelta para mirar a Albert, sus ojos llenos de deseo hicieron que sus pantis se humedecieran más si es que eso era posible.

Albert la tomo en sus brazos, ella automáticamente se puso de puntitas, la volvió a besar en la boca, en su cuello, en una oreja…sus manos recorrieron las hermosas curvas de sus senos sobre su blusa e inmediatamente sintió como los pezones de la rubia se hacían aún más duros. Su punzante erección se lastimaba con la tela de su pantalón. Nunca había deseado poseer a una mujer tanto como en ese preciso momento deseaba a Candy. Uso todo su auto control para no desgarrarle la ropa y hacerla completamente suya.

Por su parte Candy nunca había sentido tanto placer en su vida y eso que apenas estaban dando inicio a una de sus fantasías. Albert la besaba y la acariciaba íntimamente como en uno de sus tantos sueños eróticos. Cuando Albert le quito la blusa y solamente se quedó luciendo un sostén de encaje negro Albert la miro con tanto deseo y sintió tanto poder femenino que ella misma desabotono sus shorts y quedo luciendo un lindo conjunto de encaje negro.

Albert sintió como su garganta se secaba; nunca se había sentido tan sediento como en ese instante. Se volvió a apoderar de la boca femenina en un intento de saciar su sed, mientras con maestría la despojaba de su sostén y después hizo un camino de besos para apoderarse de uno de los pezones mientras con una mano acariciaba el otro.

Unos gemidos de placer escapaban de los labios de Candy quien se sorprendió así misma porque sus oídos no reconocían esos sonidos que su garganta producía. ¿En verdad era ella? Pensó, pero sus pensamientos la abandonaron al sentir como Albert la mordisqueaba levemente.

Candy moría por sentir más cerca el calor de Albert y como pudo, con manos temblorosas, tomo en sus manos el borde de la camiseta de Albert y él le ayudo a quitársela. Inmediatamente sus manos acariciaron el bien definido pecho masculino seguidas por sus labios después bajo por el vientre plano solo para detener su avance a la altura del botón de sus pantalones. Aun a través de la tela, la enorme erección del rubio era visible. Inmediatamente lo desabotono y con cuidado le bajo la cremallera y miro con impaciencia que unos calzoncillos grises cubrían el paquete al que quería llegar. En solo segundos lo despojo de sus ropas y lo admiro en su magnífica masculina gloria y sus manos tocaron su rígido miembro provocando en el hombre un erótico gemido. Al sentir como pulsaba en sus manos Candy sintió como su boca se secaba y lamio sus labios y se puso de rodillas; quería probarlo y así lo hizo.

-Candy por favor, sino paras esto terminara antes de que... - Albert sentía que si esos labios lo seguían besando tan íntimamente en cualquier momento explotaría.

Candy dejo de besarlo y él inmediatamente le acaricio el rostro, la puso de pie y se apodero de la boca de Candy la tomo en sus brazos y sin dejar de besarla la coloco sobre la cama.

Albert dejo de besar su boca para trazar un camino de besos hasta cada uno de sus senos. Fue bajando poco a poco por su vientre y la toco sobre sus pantis y le fascino el sentir la humedad que sus caricias causaban. Con sus dientes los quito provocando temblores de placer en Candy. Una vez que Candy estaba completamente desnuda la observo.

-Eres hermosa…-le dijo su voz ronca por el deseo y bajo su boca a uno de sus muslos y la abrió para él con una de sus manos, moría por probar su sabor así que su lengua lamio su centro.

-Por favor…-gemía Candy mientras con sus dedos acariciaba la cabellera de Albert.

Con esas palabras Albert introdujo un dedo seguido por un segundo mientras besaba su clítoris y sintió como Candy se contraía y luchaba por no llegar al clímax.

-Déjate llevar. - Solo con esas palabras, Candy se dejó llevar por las olas de la pasión y grito el nombre de Albert mientras experimentaba su más intenso orgasmo.

Albert ya no podía más y abandono la cama para ir en busca de su cartera, pero se dio cuenta que los bolsillos de su pantalón estaban vacíos.

Candy quien inmediatamente había resentido el abandono del cuerpo de Albert y por un instante había pensado en reclamarle, pero después se dio cuenta que lo más probable era que iba en busca de un condón; sintió como se humedecía aún más al darse cuento que pronto…sus pensamientos fueron interrumpidos al oír lo que decía Albert.

- ¡Maldición, olvide mi cartera en el auto!

-Ven, no tienes que preocuparte por protección, yo no puedo embarazarme y por lo que dijo mi médico estoy limpia…-Candy agacho la mirada al admitir eso ya que después de enterarse de la infidelidad de Terry ella se había hecho estudios para estar segura que no la había contagiado de algo porque al parecer él había tenido sexo sin protección.

Albert la miro interrogante, pero moría por estar con ella así que de inmediato regreso a la cama.

-Yo también estoy limpio, así que…-Albert volvió a besarla en la boca y en una envestida estaba dentro de donde siempre estuvo destinado a estar. -Estas tan húmeda-le susurró al oído mientras encontraba el ritmo perfecto y fue así como después los dos alcanzaron el clímax al mismo momento y Albert grito el nombre de Candy mientras la abrazo fuertemente y derramaba su semilla en ella.

Continuará…


Quejas a una neurótica:

Terry: Mira que ser "escritora" de erótica no te queda, aun estas muy verde mujer.

Cris: Lo sé, pero esta no es una historia erótica, es una historia de amorz (mirando mi pantalla con corazones en los ojos) pero en el próximo capi espero redimirme.

Terry: Mientras no sea publicado hasta el próximo año. No me gusta en la clase de mala persona que me estás haciendo actuar en tu historia. Solo porque para mí la actuación es como el aire que respiro es que sigo siendo colaborador en tus locos proyectos. Por cierto, donde te habías metido, dejaste este intento de historia abandonada.

Cris: Pues tu sabes como es mi vida…ni se te ocurra encender ese cigarrillo recuerda que hay niños en casa.

Terry: No será que tienes miedo que tu marido nos descubra aquí en el ático. (Dice burlón mientras enciende su cigarrillo e inhala el humo solo para después exhalarlo frente a mi rostro)

Cris: Cof, cof, cof…Mi esposin no se molestaría si me encontrara contigo a solas en el ático en cambio si Albert…

Terry: ¡Ya no sigas! Para ti solo existe Albert. (Se retira sumamente molesto)

Después de unos minutos Candy ingresa a la oficina totalmente sonrojada.

Candy: Oye no me parece que me estas convirtiendo en una mujer tan… fácil. Estas perdiendo la esencia de mi personaje. ¿Qué pasa con todas estas cajas por toda tu casa? (Lo dice mientras se sienta sobre una caja en donde he guardado unos abrigos de invierno).

Cris: Ni te hagas, que fuiste tú quien insistió que después de mi último intento de historia era mejor que no me anduviera por las ramas y fuera al punto directo... Con lo que respecta a las cajas ¿no recuerdas que nos mudaremos de estado el mes que entra?

Candy: (Se sonroja totalmente) "Amiga" más te vale que termines esta historia antes de que te mudes, te conozco y no escribirás nada hasta que te adaptes a ese lugar.

Cris: Perdón, ten un poco más de fe en mí amiguis.

Candy: Eso hace mucho que deje de hacerlo. Por cierto, yo creo que necesitas deshacerte de algunas cosas. Al paso que vas pronto te veré en uno de esos programas de acumuladores que ves.

Cris: Lo sé, pero es tan difícil el escoger que nos llevaremos (llorando…)

Candy se retira y me deja en mi ático rodeada de cajas y un capitulo a medio terminar.


Hola, si es que alguien aún sigue esta historia, millones de disculpas por la ausencia, espero no aburrirlos con mi explicación: Soy madre de cuatro niños y la mayor parte de mi tiempo lo dedico a ellos. Además, que estos últimos tiempos también era estudiante de tiempo completo. Como esta historia tiene (según yo) escenas candentes me es difícil el escribir ese tipo de escenas cuando no tengo casi tiempo para dedicarme a mí misma. Pero por fin me pude dar una escapadita al mundo de mis locas fantasías. Espero sus comentarios y sugerencias.

*Millones de gracias a las chicas que me han dejado comentarios. Sus lindos comentarios son los que me han animado a darle continuación a esta historia.