Disclaimer: Candy Candy y sus personajes pertenecen a sus respectivas autoras, la historia a continuación es de mi autoría, realizada con el propósito de entretener y no de lucrar.
CAPITULO 3
Oh por dios! Estabas ahí…
Voltee a ver a Terry, buscando una explicación, una razón, un motivo, algo que me dijera que diantres pasaba, una cosa era verte por azares de la vida, algún día; pero otra muy diferente era verte ahora, aquí, en mi casa, en mi fiesta, y con esa….
- Todo está bien pecas – me dijiste acercándote a mi oído – sonríe, nos está viendo, que te vea feliz, plena, segura, realizada, no le des el gusto de verte destruida, ya paso la tormenta pecas, es hora de renacer
-Terry… - le dije sorprendida – estas seguro?
- Si Candy, feliz cumpleaños
- Pero…
- Pero nada pecas, solo hazme caso si – me pediste mientras tomabas mi mentón cariñosamente y te acercabas para darme un beso en los labios – después te pondré al tanto de todo mi niña bonita, hoy solo disfruta, y deja disfrutar de este sueño que hemos tenido juntos, pero que se acaba hoy mi pecosa linda, pues hoy tienes que comenzar a retomar tu vida, pero no se la pongas fácil ehhh
- Terry….
- Vamos Candy, es hora de actuar, así que a ganarse un Oscar mi amor… sonríe
- Si Terry, lo que tú digas – respondí, no sé de donde saque fuerzas, no sé cómo ni porque, pero tenías razón, era hora de retomar mi vida, de buscar respuestas, de ser feliz, de ser yo de nuevo… y que pase lo que tenga que pasar…
Recorrimos el salón, saludando a todos los invitados; pero a pesar de haber comenzado segura, ya me estaba poniendo nerviosa, y es que faltaba tan poco para llegar a ello, pero tú estabas conmigo, siempre a mi lado, cuidándome, incondicional..
- Candy, querida – me saludaste intentando abrazarme
- Señora Andrew como está usted – te respondí frenándote en seco, pues no quería ni que me tocaras
- Pero Candy, por favor si somos amigas, tu puedes decirme Annie como siempre – respondiste sarcástica
- Señora Andrew, creo que usted ha olvidado que nuestra amistad se vio resquebrajada por… - dude en que palabra usar – acciones desleales – lo dije seria – por lo que no creo prudente tutearla, y le pediría por favor que se dirija a mi como Señora Grandchester, pues ya ningún lazo nos une, que disfrute la fiesta – termine de decirte dándome media vuelta y dejándote parada con los brazos estirados y cara desencajada
- Fenomenal querida, fenomenal – me dijo Terry con su sonrisa torcida, esa que pone cuando disfruta de alguna travesura o pequeña maldad
- Tuve un excelente maestro cariño – le respondí siguiéndole el juego, no sé qué se traía entre manos mi adorado rebelde, pero ya me lo diría, y a las finales del día, yo había aprendido a confiar en él ciegamente, sabia dentro de mí, que él jamás me dañaría
- Ahora nos toca el pez más gordo mi vida – dijiste mientras mirabas en dirección a Albert – podrás?
- No lo sé Terry, sinceramente, no me creo capaz – le dije temerosa
- Bueno, entonces haz como si no existiera, ignóralo Candy, y cuando Albert llame tu atención, has como si se tratara de Niel; eso te ayudara
- Esta bien Terry, vamos – le dije mientras nos dirigíamos hacia Tom y Albert
Conforme avanzábamos, iba concientizándome en que debía ignorarte, así que solo miraba a Tom, nadie más existía a su lado, Tom estaba solo tomado una copa en el bar, no había nadie a su lado, claro según yo…
En cuanto estuve cerca, me solté del abrazo de Terry y corrí hacia ustedes como si fuera una niña chiquita, recordando los tiempos en los que me acurrucaba en tus brazos y me sentía segura, lanzándome con fuerza y siendo atrapada por ti, llorando sin querer por estar de nuevo en casa después de 3 años lejos
- Pequeña – me dijiste mientras me abrazabas – como esta mi hermanita bella
- Tom, mi Tom, mi hermanito lindo, como has estado? – te pregunte aun sin levantar la vista, y es que se sentía tan bien estar entre tus brazos
- Pues aquí, solo, triste y abandonado, desde que mi hermana se fue y me dejo, todo por un pelafustán – dijiste serio y yo me asuste pensando que eso era lo que pensabas de Terry
- Tom, no fue así – te respondí levantando la vista, y pude ver que estabas sonriendo – Tom! Casi te creo, y hasta pensé que ahorita te agarrarías a golpes con Terry
- Mi amor como crees – dijo Terry detrás de mí – si Tom me adora, o no cuñado?
- Pues… no sé… déjame pensarlo – dijo Tom mientras soltaban las carcajadas y se abrazaban saludándose, para esto, ya había olvidado en serio que Albert estaba ahí; y es que hablar por teléfono, no es lo mismo que abrazar a tu hermano, pero el rubio tenía que hablar…
- Y a mí no me saludas Candy? – preguntó, con esa voz aterciopelada que hacia vibrar mi corazón
- Oh, es cierto – dije sorprendida – que descortés de mi parte, disculparas William que te ignorara, pero es que hace años que no veo a mi hermano – termine mi frase mientras estiraba mi mano para tomar el brazo de Terry
- Entiendo Candy, yo también estaría emocionado de ver a quienes amo después de tanto tiempo – respondiste, sin disimular tu asombro por haberte llamado William
- te presento a mi esposo William - te dije sacándote de tus cavilaciones, mientras Terry estiraba su brazo hacia ti para darte la mano.
- William Andrew - dijiste serio, mirando a Terry con recelo
- Hasta q por fin te conozco William - dijo Terry causando curiosidad en el rubio y terminando de presentarse - Terriuce Grandchestes, es un placer al fin conocerte personalmente y poderte dar las gracias William - dijo el castaño con fuego en los ojos, lo que me dijo de inmediato que aquí habría guerra
- Agradecerme? - preguntaste intrigado - por qué razón Terry - te atreviste a tutearlo con la confianza de tener casi a misma edad.
Yo esperaba tranquila el momento en que la guerra estallará, ya te conocía bien y sabía que bien podrías jugar tus cartas con guantes blancos, pero lo que dijiste después, realmente no me lo esperaba…
- Por ser el imbécil que dejo ir a esta hermosa mujer, que felizmente hoy es mi esposa, William - dijiste lento y claro, disfrutando del momento y del placer q te daba el poder decirle al hombre más importante de América en cuanto a negocios, que era un reverendo imbécil
Albert se quedó con la cara desencajada y Tom casi se atora con su trago de la impresión, soltando luego una sonora carcajada, que causo que los invitados se voltearan a vernos, fue ahí cuando te diste media vuelta y me tomaste de la mano para ir al centro del salón y agradecer a todos por su asistencia…
- Esta velada es para agasajar a mi hermosa esposa, mi compañera, la mujer que ha sabido domar mis demonios y hacer de mi un dulce gatito, espero que compartan con nosotros la felicidad que nos embarga pues después de años hemos vuelto a casa, a nuestro hogar, a recuperar lo que nos pertenece y sobre todo ser felices - dijiste a todos y luego volteaste a verme a mí - espero que te haya gustado tu regalo de cumpleaños amor - mencionaste coqueto mientras yo te respondía con una sonrisa - salud amigos, salud por mi esposa - y un salud se escuchó en respuesta mientras a lo lejos, al final del salón unos ojos azul cielo nos miraban fijamente y Tom planeaba su espalda con compañerismo; y al otro extremo dos damas nos veían, una con odio y rencor dibujado en su rostro y la otra con perspicacia y curiosidad...
...
Ahora si chicas, ya lo subi bien, eso creo, cualquier cosita me avisan; gracias por sus comentarios, gracias por estar aqui y leerme, cuidense mucho, besos bye
