Mystic Messenger y sus personajes pertenecen a Cheritz.
Universo Alterno; las cosas no serán tal cual en el juego.
Velvet.
III.
─Momo… Uno de los señores quiere verte un momento.
─ ¿Verme? ─Dijo nerviosa.
─Sí, sabes a lo que me refiero. Te espera en una de las habitaciones, dale un buen servicio.
Tragó saliva.
Irene se dio cuenta como el rostro de la joven palideció tanto que pensó que en cualquier momento se desvanecería.
─ ¿Estás bien?
─No, no lo estoy.
No dijo más. Momo caminó rápidamente hacia las habitaciones. ¿Qué haría? ¿Qué diría? ¿Por qué alguien se fijaría en ella?
Para corromperla, seguro.
No es como si pudiera manchar más su vida.
El guardia que se encontraba en la entrada de aquella área le sonrió triste y permitió su entrada.
"Habitación cuatro". Recordó.
Sus manos comenzaron a sudar. Esta vez sí que tenía miedo. Miedo de ser vendida. Miedo de no volver a su hogar esa noche. Miedo de no volver a saludar a Coffee. Miedo de no poder volver a ver a su madre, o a Irene.
Miedo de no poder ver la luz del día una vez más.
Respiró profundo y giró la perilla de la puerta. El sonido de sus tacones hizo eco en la pequeña habitación donde solo había una cama, una mesita de noche y un pequeño sofá. Se sorprendió bastante de ver quien era la persona ahí dentro.
El chico de la mirada carmesí.
Aquellos ojos deslumbraban en la habitación casi a oscuras. La luz tenue hacía el ambiente aún más pesado, el cabello negro profundo del joven resaltaba el contraste entre aquellos ojos y su pálida piel.
El joven la vio entrar y apagó su cigarrillo.
Momo no se movía de la puerta.
─Buenas noches, señorita.
Ella respiró profundo una vez más.
─Buenas noches.
Él sonrió.
─ ¿Sucede algo malo?
─No, no pasa nada. ─aclaró su garganta y prosiguió. ─ ¿Qué tipo de servicio le gustaría recibir?
─ ¿Servicio?
─Sí, no creerá que estas habitaciones son simplemente para venir y dormir cuando se nos pegue la gana, ¿verdad?
─Entonces, ¿también hay ese tipo de trabajos aquí?
─ ¿Prostitución? Sí.
─Realmente no me lo esperaba.
─Ja, entonces ¿qué esperaba de un Casino? ¿Juegos infantiles?
─Pues no, de hecho ni siquiera puedo pensar que sea un Casino. ¿Llevan apuestas o algo por el estilo?
─Aquí cada quien apuesta lo que quiere. Perdón pero estamos perdiendo tiempo… ─Momo se acercó lentamente a él, le tomó la corbata y comenzó a desatarla. ─ ¿Qué tipo de servicio le gustaría recibir? ─Repitió.
Zen tomó su muñeca.
─No vengo buscando eso.
─ ¿Qué?
─Lo que escuchaste. Me gustaría charlar contigo un momento.
─ ¿Por qué conmigo?
─Me resultaste bastante interesante.
─Oh, bien. Supongo que una puta que baila para satisfacer los gustos y placeres de los hombres puede resultar interesante para cualquiera.
─No deberías denominarte así.
─Que desgracia, pero ese es mi trabajo, por más repugnante que sea. Si quiere hablar, hágalo ya. No tenemos suficiente tiempo, estoy segura de que John vendría en cualquier momento a cerciorarse que estoy dándole un buen servicio.
─ ¿Él suele hacer eso?
─No, pero dijo que hoy era una noche importante. No sé quién demonios son ustedes, pero vaya que lo tienen espantado.
─Bueno, justamente de eso quiero hablar. Nosotros somos…Podríamos decir que ayudamos a ese viejo a abrir este lugar.
─Ah, son ese tipo de personas.
─ ¿Qué tipo?
─Ya sabe, de esos que trafican mujeres jóvenes y esas cosas, creo.
─Tienes una idea cercana; pero no. Eso es lo que queremos venir a arreglar con tu jefe. Por alguna razón supuse que sería más sencillo hablar contigo, eres bastante directa y me ha quedado claro que no tienes pena por decir las cosas tal como son.
─Sería una pérdida de tiempo viendo la situación.
Zen señaló el sillón para que tomaran asiento. Sabía que pedirle usar la cama sería un poco incómodo para ambos.
─Bien, ¿podrías decirme tu nombre? Esto de llamarte "señorita" me hace sentir un anciano.
─Momo.
─Momo… finjamos que es tu nombre real. Así como también podrías fingir que eres dueña de esa cabellera rubia.
─Ja, quién lo dice. No crea que desde que lo vi no me di cuenta que el negro no es su color de cabello.
─Eres observadora.
─Lo mismo digo, además ¿qué esperaba de alguien que para trabajar usa pelucas todo el tiempo?
─Vaya que te comprendo. Y deja de hablarme de usted. Dime Zen.
─Y volvemos a los nombres falsos. ─El chico rio mientras ella tomaba asiento. ─ ¿Qué le… te gustaría saber?
─Bueno, Momo. ¿Sabes para quién estás trabajando?
─Para un viejo pervertido que le gusta vender chicas.
─ ¿Tienes conocimiento de eso?
─No en realidad. Pero es muy extraño que cada vez que viene cierto grupo de personas desaparezcan compañeras de trabajo. Nunca volvemos a saber de ellas.
─ ¿Y por qué no han mencionado nada a la policía?
─Porque… Para ser honesta, temía un poco de mi integridad. No sabía si había personas de por medio que pudiesen causarme daño a mí, a Irene o a cualquier otra de las chicas. Creo que no es tan simple como llegar a la comisaría y decir: "hey, soy una prostituta y en el lugar donde trabajo hay trata de blancas". Créeme, lo que más temo es que después de decir eso y salir de poner mi denuncia, alguien de esos tipos este esperándome fuera, listo para darme un buen tiro en la sien. ─Dijo esto último formando un arma con su mano y fingiendo disparar a Zen.
─Es comprensible que te sientas así, pero supongo que hay otras formas.
─No conozco otras, aun así… Si es que sobrevivía estos últimos días, estaba lista para dejar el lugar en cualquier momento.
─ ¿Y por qué no lo hiciste?
─No quería dejar a Irene sola.
─ ¿Tus padres saben de esto?
─No. Mi padre falleció cuando yo era pequeña, y mi madre está en prisión desde poco después de que cumplí 14 años. Tenía un padrastro, pero él también murió.
─ ¿Algún otro familiar?
─Nadie. Además de mi madre, Irene es lo más cercano a una familia para mí.
─Comprendo. ─Eso es algo de lo que Zen estaba consiente. Muchas de las personas que suelen caer en lugares así no han tenido una vida sencilla. Decidió cambiar el tema. ─ ¿Sabes algo acerca de esas personas que han venido a "negociar"?
─No, ni idea. Siempre vienen sin guardias, son varias personas. Parecen más una secta satánica que un grupo delictivo, aunque… Quizá usan a las chicas para sus sacrificios.
Zen rio de aquel comentario.
─Bueno, no sabremos eso hasta que lo averigüemos.
─Una pregunta… ¿Qué demonios es lo que ustedes hacen?
─Pues… En sí, uno de los tipos con los que vengo tiene una cadena de, como decirlo… Negocios, o algo por el estilo, en los cuales empleamos a personas rescatadas de prostíbulos, trata de blancas, secuestros, violaciones y todo ese tipo de sucesos en los cuales terminan por diversas circunstancias.
─Uh, algo como un montón de Robin Hoods.
Zen sonrió.
─No necesariamente.
─Entonces, ¿son algo así como una mafia o no?
─No hay una respuesta certera. Es un sí y sí.
La joven levantó la ceja, en seña de duda.
─Perdona pero no comprendo.
─Es algo difícil de explicar en poco tiempo. Pero, por favor, necesito tu completa cooperación. Todo lo que sepas sobre John será de mucha ayuda para ayudarles tanto a ustedes, como a las chicas que han desaparecido.
─No prometo nada. Creo que la más indicada es Irene y…
─Ella ya sabe todo. Gracias a ella estamos aquí.
─¿Sabes? ─la chica rió cuando aquel pensamiento pasó por su mente. ─No deberías confiar tan fácilmente en las personas.
─¿Disculpa?
─Sí. Lamento cambiar el tema nuevamente pero… Me di cuenta que me contaste todo sobre eso que ustedes hacen sin preguntarte ni una vez si realmente yo estuviere dispuesta a ayudarles o así les clavara el puñal por la espalda diciéndole todo a John para que huya.
─¿Acaso me estás diciendo que no debí confiar en ti?
─No, por supuesto que les ayudaré. Pero, creo que deberías tener más cuidado en eso de confiar tan rápido en las personas.
─No es que no sea cuidadoso. Supongo que soy bueno identificando quienes pueden ser de ayuda. Desde que te vi supe que tú no eras alguien que mereciera estar aquí.
─¿Cómo podrías saber eso? Quizá al lugar al que más pertenezco es a uno como estos, y por eso estoy aquí.
─Nadie sabe a dónde pertenece hasta que se sienta bien en el lugar donde está.
─Dejemos eso de lado. Entonces… ¿qué procede, Robin Hood?
─Tu jefe ha estado haciendo tratos con alguien más, vendiendo a las chicas y destinando las ganancias del lugar para otros fines. Este lugar solo sería un bar, uno de esos para pasar el rato. Hace un tiempo nos llegó una nota, en la cual nos mencionaban que John había hecho de este lugar un prostíbulo. Después supimos lo de las chicas, los tratos con los otros grupos, etcétera.
─Ese grupo… ¿cuántos miembros tiene?
─No tenemos idea. Hemos estado intentando investigarle desde hace tiempo pero tienen un hacker muy hábil que oculta bien su información.
─¿Eso no los deja en desventaja?
─Para nada. Nosotros también tenemos nuestro as bajo la manga.
─¿Otro hacker?
─El mejor hacker.
─Wow, que asombroso.
─¿A qué venía tu pregunta?
─Es que, desde que comenzamos a darnos cuenta de la desaparición de las chicas, varias personas venían a juntas o algo por el estilo, tal como vienen ustedes. Entraba a la oficina de John y pasaban un buen rato ahí, después pedían a un grupo entrar y cuando salían ellas se iban con esas personas. Después John venía y nos mencionaba que ellas renunciaba o algo por el estilo. Obviamente sabíamos que las cosas no eran tal cual él las mencionada, y cada vez esperábamos ser la siguiente.
─¿Llegaste a ver a esas personas?
─Un par de veces, pero cada vez venían personas diferentes.
─¿Ningún rostro que hayas visto más de una vez?
─No que recuerde.
Zen miró el reloj que llevaba en su muñeca. Tenía que reunirse con los otros.
─¿Estarías dispuesta a entrar a la "junta" que tenemos con tu jefe?
─¿Yo? ¿Por qué debería estar ahí?
─Supongo que para hacer más creíble la idea de que venimos en paz.
─No creo que sea buena idea.
─Tranquila, Momo. No pasará nada contigo, te lo prometo.
─¿Podría confiar en ti?
─Te pido que lo hagas.
─Bien, supongo que no tengo nada que perder. ─El joven de peluca oscura acomodó de nueva cuenta su corbata, permitiendo que la joven se pusiera de pie y avanzara primero hacía la puerta. ─¡Oh! Espera un segundo...
─ ¿Pasa algo?
─Una chica rubia y un tipo con el cabello decolorado.
─¿Qué pasa con ellos?
─Si no me equivoco, esas dos personas son las que más suelen venir a ver a John.
Zen sonrió. Tenían una pista a su favor.
─Lo voy a tener en consideración.
¡Hola lectores! Muchas gracias por llegar hasta aquí y leer estas pequeñas líneas.
Agradezco mucho a las personas que han leído esto, la verdad es que me emociona mucho la idea que tengo sobre este fanfic, y compartirla con el fandom; desgraciadamente, se me cruza un pequeño impedimento para actualizar. Durante las próximas semanas estaré presentando mis exámenes finales, así que el siguiente capítulo tardará un poco más en salir, probablemente sea hasta los primeros días de diciembre. Les pido una disculpa enorme, pero nos vemos aquí, definitivamente, después del primero de diciembre~
De nuevo, ¡gracias!
JK.
